sábado, 25 de julio de 2020

LA PARROQUIAL DE SAN MARTIN


La Iglesia de San Martín, la del caballito construido a base de láminas de bronce, fue mezquita musulmana muy próxima a la puerta de la Boatella de la muralla árabe hasta la Reconquista. Con el reinado de Martín el Humano, en 1400, el templo cristiano se convirtió en parroquia, al tiempo que se construía de nueva planta, con posteriores restauraciones.

La que nos acerca a su configuración actual, con nuevo diseño de sus dos puertas laterales, construidas por el escultor Ignacio Vergara y el cantero Tomás Miner ofrecieron su nuevo aspecto en 1751.

Sus plantas son diferentes, pues la recayente a la plaza de la Comunión de San Martín forma un angulo recto, no así la de la calle de Abadía de San Martín que sigue su trazado rectilíneo, tal y como se observa en esta imagen de los años cincuenta.

La puerta de la Abadía con frontón curvo y cornisa partida, está flanqueada por dos cuerpos salientes cubiertos con medias cúpulas de teja azul. En el centro, arriba, un relieve representando a San Antonio orando, es rematado con un jarrón piramidal. En su portal destacan dos pilastras sostenidas por ménsulas. 

Las dos puertas son de gran belleza, pero la de la Abadía tiene un sabor especial con sus ventanas ovaladas en un conjunto arquitectónico sencillo pero muy singular.

Parroquia entroncada en su origen con los antonianos de la calle Sagunto.

jueves, 23 de julio de 2020

COLLA MONLLEÓ, PARA DETENERSE EN LA PLAZA REDONDA

1911 - Plaza del Cid - Biblioteca Valenciana 

Capta grandemente la atención de los visitantes la variada y colorista exposición de cerámicas de la tienda-obrador de Colla Monlleó, sita en el número 12 de la plaza Redonda, antigua del Cid.

Su origen se remonta a 1860 cuando Vicente Monleón López montó una tienda en el número 14 de la plaza para vender utensilios para uso doméstico (pucheros, cántaros, cazuelas,…) procedentes de los alfares de Alaquás, Chiva y Villar del Arzobispo.

Le sucedieron sus hijos: Luis Monleón Salvador, que continuó regentando la tienda, y Vicente Monleón Torres, quien abrió en el número 12 de la plaza un negocio con la razón social Cerámica Los Peces, ya que vendía ambos productos, teniendo los peces de vivos colores en un recipiente para que los clientes pudieran elegir los que querían para su pecera doméstica.

Colla Monlleó.- 2020 - Esteban Gonzalo

Su hijo y nieto del fundador, Vicente Monleón Lacomba, en los años ochenta dejó la venta de peces y se dedicó exclusivamente a la cerámica con la razón social Colla Monlleó, Monleón en valenciano, y fue cambiando de la cerámica cotidiana a la decorativa, precisamente lo que buscan ahora, mayoritariamente, los visitantes españoles y extranjeros. 


Incluso copias de lo que han visto en el cercano Museo Nacional de Cerámica Manuel González Martí. Llenó la tienda,  en la que estaba su esposa Presentación Pérez García, con amplia representación de los ceramistas más importantes de la Comunidad Valenciana y de producción propia que realizaba en el taller con mufla ubicado en el entresuelo al que se accede por una escalera de caracol. Su calidad le hizo merecedor de importantes premios.

Mónica y Amparo en la tienda.- 2020.- Esteban Gonzalo

Sus hijas y biznietas del fundador, Amparo y Mónica Monleón Pérez, siguen con la tienda, mientras que su hijo Vicent continua con el preciosista trabajo en el obrador, siendo muy diestro en la creación de diferentes tipos de cerámicas que componen atractiva oferta para los compradores.

Informan por las redes sociales que Cada azulejo decorativo y pieza de cerámica es diferente al resto, y las creaciones son elaboradas a mano siguiendo técnicas artesanales tradicionales de València. Que venden artesanía valenciana: reproducciones desde el siglo XIII, azul gótico, socarrat del siglo XV, cerámicas de los siglos XVIII y XIX, así como moderna. Asimismo, que hacen piezas por encargo y a la familia Colla Monlleó les gusta compartir sus creaciones con sus clientes”.

Mónica a la entrada de la tienda.- 2020.- Esteban Gonzalo

Están muy bien considerados en las redes sociales, donde empresas turísticas y particulares manifiestan que es un lugar ideal para “encontrar el regalo perfecto y el capricho que surge al ver lo expuesto”.

Única tienda con obrador que hay en la Plaza Redonda.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

martes, 21 de julio de 2020

CALLE SORNÍ


 Finca de la calle de Sorní. Foto E. Goñi - 2020. 

MIRANDO HACIA ARRIBA

Si dando un paseo por el centro comercial de la ciudad nos acercamos hacia la calle de Sorní nos encontraremos con una calle encarada al antiguo puente del Mar, una antigua salida hacia el marítimo desde el centro, en la que actualmente proliferan negocios ya que forma parte del eje comercial formado por sus vecinas Colón, Jorge Juan, Cirilo Amorós y Conde de Salvatierra de Álava.

Justo en el tramo entre Grabador Esteve y Conde de Salvatierra tenemos un edificio que se puede considerar parejo a los vecinos, pero que goza de una característica que lo diferencia notablemente del resto, disfruta de un gran quitasol para la parte central de la curiosa gran balconada del último piso de viviendas. La finca en cuestión de cinco plantas aparenta ser de principios del siglo pasado y estar realizada para una familia con buen poder económico, y buen gusto.

Mirando desde bajo ya se caracteriza como algo distinto, pero si te fijas ves que ese quitasol está bellamente pintado, lo que le da pie a ser mirado con detenimiento y felicitar tanto al autor de la pintura como al propietario que la impulsó. De vez en cuando vale la pena pararte, mirar hacia arriba y encontrar  cosas hermosas.

Veamos cómodamente el quitasol. Detalle de la finca. 

Foto E. Goñi, 2020.

Texto de Enrique Goñi Igual

domingo, 19 de julio de 2020

DE SAINETE CORTO CON EL PARDAL Y LA COTORRA



C-¡Bon día pardalet!
P-¡Bon día cotorreta!
C-¿Has visto hoy a la señora del porrat?
P-¿Aún no ha llegado?
C-Te noto algo callado.
P-No he dormido bien. En la calle Bolsería anoche hubo jaleo.
C-¡Pardalet! que no estás acostumbrado. 

¡Pepinos, tomates, lechugas!

P-¡Cómo no voy a estar acostumbrado si llevo aquí muchos más años que tú! He visto de todo, o casi de todo. Cuando tú no habías llegado aún, tenía que tragarme todo el griterío del mercado en la plaza.

C-¿Y por qué no les hacías callar?

P-La bola que llevo colgando del pico no me deja levantar la voz. No como tú.

C-Pero dime, ¿Ves por ahí al hombre del clavel rojo en la mano? ¿Tú crees que la de la falda roja será la destinataria, o será la del vestido blanco? 

¡Melones, sandías, melocotón!

P-¡“ Dotora”, más que “dotora


C-¡Eh, tú, pececito, despierta! ¿No ves que debes de cuidar tus bajos? Estás en tu veleta para que todos vean que custodias el pescado. ¡Muévete que haces falta! En vez de un "pez espada", pareces un "pez navaja". Luego dicen que con todos me meto.

 ¡Boquerón, merluza, calamar!

P-Parece que hoy la Lonja tiene abierta la puerta de las escaleras. 

C-¿Por qué? ¿Para qué? Dime qué sabes, que yo desde aquí no la veo. 

P-!Pregúntaselo a la Paquita, a la Asunción o a la Amparín!, que seguro que ellas lo saben bien. ¡“Dotoras”, más que “dotoras”!

C-Siempre vas con tus secretos. De lo que ves no cuentas. ¡Eres un estirado!

¡Aceitunas, salazones, bacalao!

P-Yo desde mi altura veo historia: desde el Tros Alt hasta la plaza del Doctor Collado, la Lonja, La Compañía y hasta la Plaza Redonda. Y si el viento me gira, el palacio de los Valeriola y la gran cúpula de las Escuelas Pías. Siempre con la cabeza bien recta y hacia donde el viento me la quiera girar. Elegante, culto, poeta y contador de historias.

C-Y... ¿Algo más? Creo que me miras demasiado. Claro que... teniendo delante las gárgolas picantonas de la Lonja...

 ¡Pollo, conejo, morcilla!

P-Siempre estás mirando hacia abajo. No puedes saber si te miro. Suficiente tienes ya con tus cotilleos del mercado.

C-¡Anda bonico! Que algún día, en alguna restauración, a mi me enderezarán el cuello, a ti te quitarán la bola y por fin podré mirarte... Como Dios manda. Un pardal y una cotorra...

¡Patatas, pimientos, cebollas!

Texto de Amparo Zalve Polo

viernes, 17 de julio de 2020

ACADEMIA VALENCIANA DE LA SABIDURÍA


A Gregorio Mayans, el erudito valenciano, impulsor de la Ilustración, personalidad dotada de un riguroso sentido crítico, se le debe la creación de la Academia Valenciana de la Divina Sabiduría, cuya sesión inaugural se llevó a cabo el 25 de agosto de 1742 en el Colegio de los Niños de San Vicente Ferrer, día aquel en el que se aprobó el reglamento que iba a guiar la conducta académica de la nueva institución. 

"El fin de la Academia Valenciana debe ser recoger e ilustrar las memorias antiguas y modernas pertenecientes a España en todo género de artes y ciencias", decía su primer artículo. 

"Puede ser académico cualquier noble o ciudadano, o doctor en cualquier arte liberal o ciencia", continuaba en su articulado.

Se eligió como símbolo y lema la cornucopia o cuerno de la abundancia que ya había figurado en el primer escudo conocido de la ciudad. 

Sus promotores se nutrían del sector universitario en su mayor escala, del eclesiástico y del Hospital General. 

El Colegio Imperial, cercano a la calle de las Barcas, se estableció como sede donde se iban a reunir los académicos todos los primeros viernes de cada mes.

Decía don Gregorio Mayans:

"Yo escribo en un tiempo en que las ciencias se ven renovadas en toda Europa y totalmente descaecidas en España, donde suele tenerse por política -introducida por hombres bien tallados en su ignorancia- no hablar de la propia nación sino alabándolas. Si alabarlas fuera hacerlas buenas y hacer creer su bondad a los extranjeros, yo sería el primero que las alabaría; pero disimular y aun autorizar la ignorancia y la superstición -y más quien está obligado a no tolerarlas ni permitirlas- es ejemplo pernicioso".

miércoles, 15 de julio de 2020

LA CASA DE LOS BOTIJOS Y MÁS

Panel con la saga familiar.- Esteban Gonzalo 

1 Vicente Monleón López y Amalia Salvador López -2 Luis Monleón Salvador, -3 Gregoria Ayllón Abarca, -4 Amalia Salvador López, -5 Gregoria Ayllón Abarca y Josefa Monleón Ayllón, -6 Amparo Monleón Ayllón, y -7 Amparo Martínez Monleón.  

Los visitantes van con la imagen de una tienda que vende botijos y se encuentran con la grata sorpresa que además de modelos de ayer y actuales de refrescadores de agua hay una variada exposición de cerámica doméstica y decorativa, donde a la amplia representación de alfares y ceramistas de la Comunidad Valenciana (Alfabegues, benditeras, socarrats, reproducciones de azulejos de los siglos XV al XIX, piezas con reflejo metálico, platos pintados a mano...) se une la exclusiva de la cerámica de Sargadelos. 

Interior tienda.-  2020.- Esteban Gonzalo

Comercio del centro histórico de València atendido por la cuarta generación de la saga familiar que inició Vicente Monleón López (Vicent, el Canterer), cuando en 1860 montó "La Casa de los Botijos", un negocio en el número 14 de la Plaza Redonda para vender utensilios para uso doméstico (pucheros, cántaros, cazuelas,…) procedentes de los alfares de Alaquás, Chiva y Villar del Arzobispo, y los famosos botijos de Agost, en la provincia de Alicante. 

Luis Monleón Salvador, hijo de su segunda esposa, Amalia Salvador López, continuó regentando la tienda paterna.

Luis y su esposa Gregoria Ayllón Abarca, tuvieron como continuadoras a sus hijas Amparo y Josefa Monleón Ayllón, y a ellas Amparo Martínez Monleón, hija de Amparo Monleón Ayllón y de Salvador Martínez Conejero.

Fachada establecimiento.-  2020.- Esteban Gonzalo

Establecimiento cuyos escaparates y estanterías, llenos de cerámicas de variados estilos y decoraciones, ayudan grandemente a dar color y vida al antiguo Clot, después plaza del Cid. Atractivo complementado en la fachada con una selección de fotografías de la saga familiar que llaman poderosamente la atención de los visitantes, ya que ven en ellas como han cambiado los atuendos con el paso de los años y como la tienda la han ido adaptando a la demanda.

Amparo Martínez en la entrada de la tienda.- 2020.- Esteban Gonzalo

Y allí está Amparo para orientar al indeciso visitante ante tan llamativa variedad, que actualmente ocupa los bajos 14 y 15 de la Plaza Redonda, desde los populares imantados con imágenes de monumentos hasta cerámicas de mucha calidad.

Comercio cuya longevidad fue reconocida y homenajeada por la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de València.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

lunes, 13 de julio de 2020

BALANZÁ, BARRACHINA Y LAURIA

MIRANDO HACIA ARRIBA
La foto de autor desconocido por los años 60. Remember-València.

Disfrutamos de ellos durante una larga época, fueron las cafeterías punto de reunión o de quedada para los valencianos durante muchos años, en pleno centro; en la hoy plaza del Ayuntamiento, nacieron los tres antes de la guerra civil y ahora son un recuerdo, ya que el Balanzá de hoy está en otro mercado, me parece.

Aquí disfrutamos de varias fotos, que coinciden con ser nocturnas y en blanco y negro, pero nos devuelven a aquellos años 50, 60, 70. Todas ellas están tomadas desde tierra con la mirada hacia arriba, al anuncio luminoso del local.

Casa Balanzá nos muestra lo fácil que era sentarse a la fresca y disfrutar de sus sabrosas recomendaciones para tomar hacia mediodía un vermú, luego entrar a comer y más tarde rematar con un café, o un carajillo.

Disponemos de otra foto mucho más antigua, pero mirando hacia abajo, es decir en picado, también nocturna, en la que bajo a la derecha aparece la primitiva Casa Balanzá la situación geográfica era la misma, pero el tamaño infinitamente más reducido. Crecieron bien, tanto el negocio como el nuevo edificio.

Foto autor desconocido ca. 1915? Remember-València

En el caso de Barrachina la foto nos muestra una de las divisiones del amplísimo local de que disponía, la de pastelería y dulces, había restaurant, cafetería, heladería, incluso en la parte trasera, la del pasaje tenía su club nocturno. Podías pedir un bocadillo para comer fuera o allí mismo con su cervecita, era muy adaptable al consumidor. También Barrachina empezó en un edificio anterior al actual, situado en el mismo lugar, sirviendo a los viajeros de la entonces cercana estación de ferrocarril (hoy el edificio de Telefónica) bocadillos y avíos para comer.

Foto autor desconocido, años 60. Remember-València

Le toca ahora el turno a la inicialmente Lechería Lauria, en los bajos del Hotel Lauria-Roma, que luego era cafetería, pastelería, cervecería, etc. El edificio es el mismo que hoy cubre la esquina de Paseo Ruzafa-Roger de Lauria, ahora reformado. Podemos ver que igual que en los casos anteriores las aceras de València siempre sirvieron para sentarse, ver y dejarse ver, tomando una horchata, un café, leche, cerveza, helado o cualquier cosa apetecible.

Foto autor desconocido, años 60. Remember-València

Como prolongación natural de las anteriores fotos, y también con toma desde tierra mirando hacia arriba está el Paseo de Ruzafa, entre Lauria y Balanzá, donde a primera vista aparece la también desaparecida Cafetería Hungaria y los coches aparcados, muchos luminosos, más la gente que paseaba e iba a los cines y teatros ubicados en la entonces calle de Calvo Sotelo. 

Por cierto fijaos que en el conjunto de las fotos triunfa el Renault 4-4.

Foto autor desconocido, años 60. Remember-València.

Texto de Enrique Goñi Igual

sábado, 11 de julio de 2020

ALGO DE HISTORIA DE LA PLAZA DEL MERCADO: CURIOSIDADES

Biblioteca Valenciana - Lévy

No se trata de hablar sobre la Plaza del Mercado actual, tampoco del edificio del Mercado Central, ni de la bellísima construcción gótica de la Lonja. Tan solo un breve resumen en el tiempo sobre curiosidades y pequeños apuntes históricos, donde la vida comercial de la ciudad de Valencia se estableció dando salida a los múltiples productos de nuestra huerta.

I- Una plaza en principio que fue zoco musulmán, que llegada la conquista del rey Jaime I le concedió el privilegio de celebrar un mercado semanal, y que la autorización diaria se la dio el rey Pedro IV el Ceremonioso.

II- Fue cementerio durante la dominación musulmana (antes de 1238). De ahí una sátira del poeta Jaime Roig:   
 
“Ni menjaria carn del mercat, si hom penjat algú hi había"         
                                    
"Ni del mercado carne comiera, si algún ahorcado en él hubiera"

En 1672 durante las obras de les Covetes de San Joan aparecieron cadáveres y osamentas en cantidad.  Detallando algo al respecto sobre este lugar de la plaza: Durante el mercado, aquí se encontraba la zona de Les Estaques, destinado a recibir las caballerías de los concurrentes; allí se anclaban, debajo de la terraza de la iglesia de los Santos Juanes, desde la escalera  por donde a ella se subía, hasta la calle que iba a la Capilla de la Comunión de la misma iglesia. Formaba una pequeña plaza. 


Archivo Municipal

Llegó el momento de hacer obras de saneamiento y renovación de la iglesia, y al maestro de obras, en pago a su trabajo, se le concedió esa parte de la fachada. Hizo varias cuevecillas y las disfrutó. Más tarde, por testamento, las volvió a ceder a la iglesia, pero con ciertas obligaciones. Una de ellas era la de no alquilarlas por más de 20 libras, pero que al final no se cumplía. Conforme iban desapareciendo el resto de las estacas, se fueron ampliando les Covetes.

III - La primera fuente pública que se instaló en la ciudad fue en esta plaza. Se extraía mecánicamente el agua de una acequia. Una fuente que se adornaba en las festividades y procesiones. Alrededor de su taza había un rótulo que decía: “En lo any 1672”.

IV - Se celebraban fiestas y grandes concurrencias. Como si con ellas se quisiera borrar el horror de las ejecuciones que se realizaban junto a la Lonja. Un hecho significativo fue la última ejecución por la inquisición en España. Corridas de toros, brillantes funciones ecuestres. Lugar donde las comparsas de las cabalgatas guardaban al paso sus mejores habilidades y acrobacias esperando el aplauso de la concurrencia.

V - Estaba dividido el mercado por zonas en las cuales se ocupaban de vender los productos que hacían los artesanos, aves, carnes, pan, o bien, los productos derivados de la huerta, cuyas labradoras en sus puestos desmontables ofrecían sus patatas, alcachofas, lechugas... con toda la frescura de lo recién cogido al amanecer. Los puestos estaban numerados, llegándose a contar hasta 1.480. Los cercanos a las droguerías eran considerados los más céntricos y apreciados para las vendedoras.

Se vendía desde el amanecer hasta concluir la venta y si los de derecho no estaban ocupados, aparecían las revendedoras que vendían al menudeo alguna ganancia. Solo se les permitía a estas últimas a partir de las diez de la mañana, por lo que se les daba preferencia a las labradoras para que pudieran vender sus artículos directamente.


Archivo Municipal

VI - A partir de 1839 se hizo el  Mercado Nuevo, ocupando ya el solar que dejó el Convento de Magdalenas. Se diferenciaba del anterior principalmente en que los puestos de venta se hicieron permanentes, aunque los desmontables se conjugaban con ellos. Formaban un rectángulo con dos filas de casetas, más o menos setenta, con espaciosos soportales delante sostenidos por columnas. Había un depósito para los pesos, pesas y medidas que alquilaban a las vendedoras. El centro de los soportales estaba ocupado también por dos hileras de tinglados cubiertos de forma que formaban tres calles. En estos se establecían los panaderos y los tableros para la carne.

VII - El Mercado Nuevo se retiró bajo el reinado del rey Alfonso XIII, el cual acudió dando unos golpes conmemorativos con una piqueta de plata.


Archivo Municipal

Un romance titulado “La despedida de Valencia“ de la biblioteca de Mayans:

            Adiós Plaza del Mercado,
            con tu comercio y bullicio
            en donde todos encuentran
            con que saciar su apetito.
         
             Adiós portales y tiendas
            de canela y clavo fino,
            con todos los ramilletes
            que deleitan los sentidos.
            
               Quédate en paz calle nueva
             con tus mercaderes ricos,
             donde galanes y damas
             sacan trajes exquisitos.

Texto de Amparo Zalve Polo

jueves, 9 de julio de 2020

EL V CENTENARIO DE LA CONQUISTA


1740 - Un libro de Joseph Vicente Orti

En el año 1738 se había celebrado con gran pompa el V Centenario de la conquista de Valencia por Jaime I. Y aquellos días de grandes solemnidades, debían quedar reflejados para la posteridad en el negro sobre blanco.

Con este fin, los Jurados encargaron dos años después a José Vicente Ortiz la recopilación en un libro que glosara la efeméride llevando a cabo una obra con más de quinientas páginas que, además encierran bellos grabados. La aceptación popular fue muy exitosa.

La descripción de las fiestas celebradas en todas las parroquias y casas  nobles de la ciudad dieron al libro un importante valor documental que se completaba con las estampas de los muchos altares que se levantaron. Tan espléndido trabajo tuvo la consecuencia de la publicación de muy bellos poemas que no sólo ensalzaban la fiesta, sino también el libro que fue confeccionado en el taller del impresor Antonio Bordazar, que a su vez lo era del Santo Oficio y del Ayuntamiento, de donde recibía sus encargos.

1238 - Valencia mora

Una de sus singularidades fue la presentación entre sus páginas de un plano de cómo era la Valencia de 1238, con la indicación de las ocho puertas de la muralla árabe en su cartela superior, confeccionado básicamente para este fin, con un imaginario trazado interior en su retícula urbana, que se corresponde con el plano más antiguo de la ciudad. 

martes, 7 de julio de 2020

DE ACEITES A CAMISERÍA Y AHORA COMPLEMENTOS

1983 El Bazar Juanito - Esteban Gonzalo 

En lo que llevamos de nuevo milenio la céntrica calle Trench se ha despersonalizado históricamente, ya que al adaptarse a los nuevos tiempos la mayoría de sus locales comerciales se dedican, principalmente, a captar compradores de recuerdos entre los numerosos visitantes, nacionales y extranjeros, que diariamente la transitan. 

El Bazar Juanito tuvo cambio de negocio antes del año dos mil, pero más cercanamente desaparecieron el Horno del Trench, Confecciones José Gresa, Salazones Bonanad y otros comercios, y el pasado 15 de febrero le llegó el turno a Confecciones Aparisi por jubilación del propietario, Francisco Aparisi Roda, quien atendía la tienda con su esposa Carmen Navarro, al no tener continuadores generacionales, ya que sus hijos Pablo y Silvia han seguido otras actividades laborales. Sin embargo, como la calle es muy transitada y comercial la utilizará como ampliación una vecina tienda de complementos.

Francisco Aparisi y su hija Silvia.- 14-02-2020.- Esteban Gonzalo

Donde hubo un comercio de aceites Francisco Aparisi Giner montó en 1946 una “botiga” para vender ropa interior, camisas, pijamas, calcetines y géneros de punto, que atendió con su mujer Carmen Roda Zapater. Les sucedieron, consecutivamente, su hermana Carmen Aparisi Giner, y el hijo de los fundadores, Francisco Aparisi Roda, quien con su esposa han iniciado el merecido descanso laboral.

 Día anterior al cierre.- fachada 2.- 14-02-2020.- Esteban Gonzalo

Tras una sencilla fachada, con escaparate y sin rótulo, había una pequeña pero muy surtida tienda de confecciones con atención personalizada en el número 12 de la calle Trench.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel 

domingo, 5 de julio de 2020

MIRAMARES. TORRE MIRAMAR, AVDA. CATALUÑA

MIRANDO HACIA ARRIBA


Hace once años, en 2009 -cómo se nos va el tiempo- finalizó en València una obra que mejoró la entrada desde la autovía V-21, la entrada a València desde el norte por Sagunto, eliminando el puente que pasaba por encima de lo que fue la vía del trenet al Grao y ahora es la gran rotonda formada por el cruce de la Av. Cataluña, Ronda Norte, Dr. Vicente Zaragozá y Av. de los Naranjos, con paso directo subterráneo hacia y desde av. Cataluña. 


                 Torre Miramar en la av. Cataluña. Foto E. Goñi, febrero 2019.

Esto que no era más que una rotonda de las importantes en los accesos a la ciudad, y que sustituía al bien llamado “Semáforo de Europa” quiso el ministerio de Obras Púbicas o de Fomento, ejecutor de la obra, darle un aire de calidad y prestigio, creando en el centro de la rotonda unas fuentes y sobre todo colocando una torre de 45 metros de altura, con acceso subterráneo, que curiosamente llamaron Torre Miramar, y que efectivamente estaba provista de un ascensor y una plataforma en voladizo, con tres lados acristalados con vistas hacia la mar con capacidad para unas 150 personas a la vez. Una vez inaugurada duró unos tres meses en funcionamiento y desde entonces está cerrada.

Actualmente la Torre Miramar tiene averiado el ascensor, con partes metálicas oxidadas y no ha sido recepcionada por ninguno de los distintos Ayuntamientos que ha tenido la ciudad desde su construcción, al contrario que el resto de la obra. Es un elemento que nadie cree que pueda dar beneficios, y sí tener un cúmulo de gastos de vigilancia y mantenimiento con bajos posibles ingresos. Por otro lado hay bastantes fincas por su alrededor que son más altas.

Fundamentalmente es su nombre el que nos ha incitado a incluir la Torre en estas anécdotas ciudadanas.

Texto de Enrique Goñi Igual

viernes, 3 de julio de 2020

CALLE JÁTIVA: ¿PEATONAL?

Archivo Municipal

1923 - Habia quedado algunos meses atrás la temporada de verano en el Luna Park frente a la Estación del Norte y el parque de atracciones quedaba en silencio, el teatro de verano dejó atrás las comedias que tanto hacían paliar los cálidos días.  

El día a día volvió a la normalidad y la calle Játiva seguía siendo un ir y volver de transeuntes que caminaban por el suelo adoquinado, el mismo que solían comentar las señoras cuando los finos tacones se les incrustaban entre piedra y piedra.

Las casas no levantaban más de dos alturas, la que más tres, aunque apenas se notaba el desnivel, con la estrecha calle Ribera en el centro del tramo. Los anuncios publicitarios llenaban las fachadas con carteles que anunciaban cualquier negocio que distaba de allí pocas manzanas. Los carros se adueñaban del adoquinado, siendo el tráfico principal, razón por la que ciertos “fematers” recogían los excrementos de las caballerías que servían como buen abono para la huerta.

Archivo Municipal

Pocos coches se veían, y el que pasaba llamaba la atención. Si no iban de techo cubierto, pasaban con cierta arrogancia cubiertos de guardapolvo, gafas grandes y gorro. Diligencias también, especialmente las que venían de los pueblos. Ocupaba el centro de la calle la línea del tranvía de circunvalación .

¿Podrían ir a pasear desde la esquina de la calle Pi y Margall hacia Amalio Gimeno, llegando a misa en San agustin?, ¿Sería diciembre y se dirigían a sacar las entradas del recien acabado Gran Teatro en Amalio Gimeno, puesto que se inaugura el dia 6 con la zarzuela Doña Francisquita? ¿O quizas a esperar al Tren expreso de Madrid que llegaba a la novísima Estación del Norte inaugurada tan solo apenas seis años antes?

Raro no ver a los “paseantes”, no sería la hora, con los niños de dos en dos y en filas paralelas, llevándolos al colegio, o de vuelta  a sus hogares en la ruta diaria.  

Eso sí, mujeres con cestas y buen peso, llenas de hortalizas, de vuelta del Mercado Central.

Texto de Amparo Zalve Polo

miércoles, 1 de julio de 2020

PROHIBIDO EMPINAR EL CACHIRULO


La imagen de los años cincuenta nos muestra a un niño dispuesto al vuelo de un cachirulo a la espera de una ligera ráfaga de viento que lo eleve. Nos indica de su pericia, con el único peligro del "fil trencat". Pero no siempre fue así.

Corría el año 1737 y el Consejo de Ciudad, entre sus muchas otras preocupaciones, tuvo que tomar la decisión que afectaba a una costumbre ya muy arraigada entre los valencianos que venía de muy antiguo; se dice de época árabe. 

Por lo visto era frecuente alzar el vuelo de los cachirulos desde torres, azoteas y tejados, incluso desde los miramares, por lo visto en posiciones muy arriesgadas, pues fueron varios los accidentes, alguno que otro mortal, al caer el osado "cachirulero" desde la altura de una casa, que, por su consecuenciadebía ser elevada.   

El Consejo se vio obligado a dar un pregón municipal el 1 de marzo de 1737 que salía al paso de esta diversión, aplicado sin distinción de edades.

Costumbre citada por vez primera en el dietario de mosén Juan Porcar, capellán de San Martín, quien narra un rico anecdotario de la ciudad entre los años 1589 y 1629, mencionando un cachirulo que volaba en 1606 sobre el Convento de la Zaidia con la imagen de San Vicente Ferrer en dirección hacia el Puente de la Trinidad, donde el hilo de cuerda se enganchó a un cable y tras caer sobre el cauce, el Santo siguió navegando sobre sus aguas. 

El pregón aconsejaba su disfrute siempre y cuando no supusiera riesgo alguno para sus promotores, instando al empinado de los cachirulos sólo desde el ras de los campos, el de las calles o el de las plazas, advirtiendo de severos castigos a quienes incumplieran lo dispuesto, que incluso podía llegar a "quince días de cárcel", con el costo añadido de los gastos de Justicia. 

La foto de los años cincuenta no puede ser más inocente, pero su práctica allá por el setecientos, tenía sus peligros.