1959 - Finalizaba la década de los cincuenta y desde la Parroquia de Nuestra Señora de la Canterería, en su deseo de construir un albergue comedor para la infancia, su párroco, tuvo la feliz idea de iniciar una campaña para recoger botellas de vidrio bajo el slogan de que "cada una de ellas equivalía a un ladrillo". En su labor de recogida contó con la colaboración de grupos sociales que se encargaban de ir almacenando el fruto de su trabajo que iban recogiendo por los barrios de Valencia. Joaquín Sancho Albesa, el párroco de la feliz idea, alcanzó gran popularidad, siendo reconocido con el cariñoso y merecido apodo del “Padre Botella”. También contó con la ayuda de las emisoras de radio, que se volcaban de forma generosa ante cualquier campaña en beneficio de la sociedad.
Y en un tiempo récord, consiguió el suficiente número de botellas para llevar a cabo aquel sueño que iba a beneficiar a la población infantil de su zona. ¡Una botella, un ladrillo! una ilusión, un trabajo, puestos de manifiesto en un personaje singular e irrepetible.