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sábado, 3 de julio de 2021

PUERTA PALATINA

Archivo Municipal

José Martínez Aloy nos habla de una puerta palatina que ha visto en el interior de un edificio situado en la calle Embany número 30, que no es otro que el Palacio de Fos, que según escritura de 1834 había sido vendido por el descendiente del industrial sedero, D. Joaquín Fos y Ferraro a D. Vicente Orduña y Marqués. Una puerta de nogal con aplicaciones profusas de talla dorada que representan armas, insignias y atributos reales. 

Por casualidad, dice “la hemos visto en un edificio privado”. Y atribuye su tenencia a los derribos del Palacio del Real o al de la Bailía, aunque también cabe la sospecha que lo fuera por su abandono durante el siglo XVIII, pasando a sus manos por medio de algún intermediario de aquellos años. En la actualidad está depositada en el Palacio Marqués de Dos Aguas.

Por su afán viajero, Joaquín Manuel Fos se lanzó a la busca de los secretos para la producción de tejidos de seda, muy en especial los referentes al tinte de los moarés, y por su éxito logrado, Fernando VI le concedió el título de “prensador de la Real Casa”, lo que le procuró pensiones vitalicias y empleos lucrativos, con los que pudo atender al desarrollo de su industria, a su propio encumbramiento y al de sus paisanos en general, y según se dice gracias a él, Valencia tuvo el primer Observatorio Astronómico situado sobre el tejado de su propia casa de la calle Embany, donde existía una especie de trastero bastante grande, que se adivina en la foto, y que a su través se salía a un pequeño terrado en el que existía una pequeña torreta.

Archivo Municipal

Joaquín Manuel Fos hizo instalar en la puerta de su palacio un escudo real que pregonaba su título. Todo el edificio, nos informa Martínez Aloy, tiene el sello churrigueresco del siglo XVIII, en su fachada conserva su pintura policroma que la convierte en un bello ejemplar de las tendencias barrocas. Pues bien, en el interior de la casa separando dos habitaciones principales, “es donde hemos tropezado con esas hojas de puerta que ostentan los atributos propios de la soberanía”,  nos dice el historiador.

¿Serán acaso testimonios de adhesión y gratitud? ¿Tal vez vanagloria? Pudiera ser, pero como es posible que dentro de poco salgan de España, que buena mano se dan los chamarileros, quedara cuanto menos sentada la correspondiente partida en público inventario.

Las fotos nos sitúan en el sitio exacto del palacio -que fue derribado entre los años 1973/1974- en especial la tomada desde la calle Asilo de la Infancia, mientras que la que encabeza la entrada y en su segunda planta una mujer observa al fotógrafo en el momento de su trabajo por la década de los sesenta del siglo pasado.

Fuente: José Martínez Aloy

jueves, 30 de julio de 2020

UN BERLIET EN VALENCIA SUD

Tractor Berliet en Cementos Lemona.- Años sesenta.-El mismo modelo que los valencianos. -Archivo Spanish Railway

Desde 1998 hay un pequeño tractor eléctrico encima de un viejo pontón metálico y el conjunto en el centro de una zona ajardinada entre el aparcamiento de disuasión, para que los usuarios dejen sus vehículos de motor y continúen viaje en los trenes de las líneas 1, 2 y 7 del metro, y las Oficinas Centrales y Talleres de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV), en la estación València Sud, la segunda en superficie del itinerario hacia el sur, que finaliza en Villanueva de Castellón.

A los apasionados de los trenes, autobuses, automóviles y motos antiguos, nos gusta verlos funcionando, o estáticos en museos y monumentos que los libera del desguace y posibilita que tras su restauración puedan rodar nuevamente.

 Estación de Torrent.- abril 1975.- Esteban Gonzalo

Ese pequeño tractor eléctrico y una gran locomotora de vapor, ex Renfe y tipo Mikado en la Universidad Politécnica de València, son los únicos monumentos ferroviarios en el término municipal de València. A ellos hay que añadir la gran cantidad de material motor y móvil almacenado en los antiguos talleres de Torrent para el tantas veces prometido gran museo de los transportes y del que sólo hay una pequeña muestra visitable.

La historia del tractor comenzó cuando en 1924 la Compañía de Tranvías y Ferrocarriles de Valencia (CTFV) compró a Berliet de Lyon (Francia) tres tractores térmicos para sustituir a locomotoras de vapor en las maniobras en estaciones del ferrocarril Valencia-Jesús a Villanueva de Castellón y su ramal hasta Nazaret, compañía que había añadido a su patrimonio ferroviario. Ellos y los autovías para esta línea por la Ribera Alta fueron los únicos vehículos con tracción térmica, primero con motores a gasolina y después diésel, que tuvieron los trenets valencianos hasta que fueron transferidos a Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha (FEVE) en 1964, entidad estatal que los traspasó en 1987 a la Generalitat Valenciana. FEVE trajo locomotoras y automotores diésel para mantenimiento de las líneas férreas y para continuar el servicio de viajeros cuando cambiaron las catenarias.

Tractores que en 1926 sustituyeron a la tracción animal en la línea del tranvía, de 4 km. de longitud e inaugurada el 1º de marzo de 1896 entre el centro urbano de Villanueva de Castellón y la estación de Puebla Larga, en la línea de València a Xátiva y Almansa, el Ferrocarril de Campo, que en 1891 se unió a Norte, y en 1941 pasó a formar parte de Renfe.

Fue un mal negocio para la CTFV, ya que tras modernizar el trazado y las instalaciones del tranvía uniéndolas con las del trenet que en 1915 llegó a Villanueva, lo suprimieron en los últimos meses de 1930 por falta de rentabilidad.


València Sud.- 2019 -  Esteban Gonzalo

Con la paulatina electrificación, entre 1943 y 1956, del mencionado trenet a Nazaret, Torrent y Villanueva, fueron transformando en eléctricos los tractores Berliet y los repartieron entre esta línea y las que tenían a Pont de Fusta como estación central. Aprovecharon el chasis con los equipos de rodaje, enganche y choque, la cabina la desplazaron al centro y les adaptaron motores de tranvías urbanos de València, renumerándolos T-10, T-11 y T-12. El primero es el que está en el monumento a la espera de su paso al museo, el siguiente lo compró un aficionado a este tipo de vehículos, que lo tiene en orden de marcha accionándolo con el motor de una carretilla Fenwich, y el tercero fue desguazado. Finalizaron su vida con el cambio de voltaje de alimentación de la catenaria, de 600 a 1.500 voltios, en 1981 en la línea sur y en 1988 en la zona norte cuando adaptaron las líneas a Bétera y Llíria como 1 y 2 del metro.

Hasta su jubilación en 1981 el principal cometido del T-10 fue remolcar el vagón escalera para el mantenimiento de la catenaria entre Valencia y Villanueva de Castellón.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

lunes, 13 de julio de 2020

BALANZÁ, BARRACHINA Y LAURIA

MIRANDO HACIA ARRIBA
La foto de autor desconocido por los años 60. Remember-València.

Disfrutamos de ellos durante una larga época, fueron las cafeterías punto de reunión o de quedada para los valencianos durante muchos años, en pleno centro; en la hoy plaza del Ayuntamiento, nacieron los tres antes de la guerra civil y ahora son un recuerdo, ya que el Balanzá de hoy está en otro mercado, me parece.

Aquí disfrutamos de varias fotos, que coinciden con ser nocturnas y en blanco y negro, pero nos devuelven a aquellos años 50, 60, 70. Todas ellas están tomadas desde tierra con la mirada hacia arriba, al anuncio luminoso del local.

Casa Balanzá nos muestra lo fácil que era sentarse a la fresca y disfrutar de sus sabrosas recomendaciones para tomar hacia mediodía un vermú, luego entrar a comer y más tarde rematar con un café, o un carajillo.

Disponemos de otra foto mucho más antigua, pero mirando hacia abajo, es decir en picado, también nocturna, en la que bajo a la derecha aparece la primitiva Casa Balanzá la situación geográfica era la misma, pero el tamaño infinitamente más reducido. Crecieron bien, tanto el negocio como el nuevo edificio.

Foto autor desconocido ca. 1915? Remember-València

En el caso de Barrachina la foto nos muestra una de las divisiones del amplísimo local de que disponía, la de pastelería y dulces, había restaurant, cafetería, heladería, incluso en la parte trasera, la del pasaje tenía su club nocturno. Podías pedir un bocadillo para comer fuera o allí mismo con su cervecita, era muy adaptable al consumidor. También Barrachina empezó en un edificio anterior al actual, situado en el mismo lugar, sirviendo a los viajeros de la entonces cercana estación de ferrocarril (hoy el edificio de Telefónica) bocadillos y avíos para comer.

Foto autor desconocido, años 60. Remember-València

Le toca ahora el turno a la inicialmente Lechería Lauria, en los bajos del Hotel Lauria-Roma, que luego era cafetería, pastelería, cervecería, etc. El edificio es el mismo que hoy cubre la esquina de Paseo Ruzafa-Roger de Lauria, ahora reformado. Podemos ver que igual que en los casos anteriores las aceras de València siempre sirvieron para sentarse, ver y dejarse ver, tomando una horchata, un café, leche, cerveza, helado o cualquier cosa apetecible.

Foto autor desconocido, años 60. Remember-València

Como prolongación natural de las anteriores fotos, y también con toma desde tierra mirando hacia arriba está el Paseo de Ruzafa, entre Lauria y Balanzá, donde a primera vista aparece la también desaparecida Cafetería Hungaria y los coches aparcados, muchos luminosos, más la gente que paseaba e iba a los cines y teatros ubicados en la entonces calle de Calvo Sotelo. 

Por cierto fijaos que en el conjunto de las fotos triunfa el Renault 4-4.

Foto autor desconocido, años 60. Remember-València.

Texto de Enrique Goñi Igual

domingo, 16 de febrero de 2020

CONFECCIONES LA PURISIMA

Viendo la procesión del Corpus.- Años sesenta.- Francesc Jarque.

Comercio histórico en la calle Bolsería números 7 y 9 cuya especialidad es la venta de vestuario industrial, sanitario y para hostelería. Lo fundaron en 1933, comenzando en el bajo del nº 7, Vicente Miquel Tordera y su esposa María Gresa Capella, ambos con experiencia familiar en el comercio, ya que Vicente era hijo de Josefa Tordera de Confecciones Virgen del Remedio en la calle Bolsería nº 16, y María era hija de José Gresa, con tienda en la calle Trench nº 13.

En 1978 les sucedió su hijo José Miquel Gresa, aunque desde joven ayudaba a sus padres, que junto con su esposa María Victoria Pascual y Mansego, y su dependienta Maribel, atienden a sus fieles clientes.


José Miquel Gresa en la tienda.- 05-11-2019.- Esteban Gonzalo

Confecciones La Purísima, que años atrás fue ampliada con el contiguo bajo del nº 9, fue reconocido como Comercio Emblemático de Valencia en noviembre del año 2013, siendo de los 45 galardonados el único de vestuario laboral.

Invitaban a las Hermanitas de los Ancianos Desamparados de la calle Sagunto para que varias monjas vieran desde el balcón del primer piso del edificio familiar y comercial las procesiones de la Virgen de los Desamparados y del Corpus. 

Belleza y emotividad se entremezclan cada año en ambas procesiones cuando la Mare de Deu y la Custodia con el Santísimo son recibidos con sendas y espectaculares cascadas de pétalos de rosas rojas tiradas al unísono desde los dos balcones del edificio Bolsería nº 7, tal y como vemos en la foto de Antonio Cortés.

Sólo participaron los años 2006, 2007 y 2008 en el concurso de embellecimiento de fachadas de la Festa Grossa en sus inmuebles de la calle Bolsería, pero con gran éxito, ya que fueron galardonados por Amics del Corpus con tres primeros premios consecutivos. El primer año en nº 1 de la citada calle y los siguientes en el 4.

CORPUS 2006.- Primer premio fachadas adornadas.-
Foto archivo Familia Miquel-Pascual.

La muy comercial calle Bolsería o Bossería, como también la llamaban, ha visto sucederse en sus bajos diferentes tipos de artesanos y vendedores con el paso de los siglos. En el XIX albergaba a muchos luthiers valencianos, pioneros españoles en la fabricación de guitarras, así como cordelerías, guanteros y bolseros que trabajaban con seda, piel, cuero e hilo, la famosa imprenta de Agustín Laborda y turolenses que abrieron tiendas para la venta de paños y tejidos. Los luthiers se trasladaron en el siglo siguiente a otros barrios y sus bajos los ocuparon otros negocios.

Calle muy transitada en la que ha habido gran modificación comercial en lo que ha transcurrido del siglo XXI.

Protagonismo también en Fallas, ya que además de tener monumento siempre muy satírico junto al comienzo de la calle en el Tros Alt, es la ruta principal a seguir hacia el barrio del Carmen, con la falla de la sección especial en la plaza Na Jordana y muchas que compensan su pequeñez con altas dosis de humor e ironía.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

domingo, 5 de enero de 2020

YA VIENEN LOS REYES. Sueño de un niño de los sesenta y más


El sueño de los niños y no tan niños, porque lo han sido y ¡Quedan tantos recuerdos!

Es como un cuento del “Érase una vez...”

Érase una vez un niño que creía en la magia. Escribió con ayuda su carta y la metió en una boca de león de la calle Correos. Hizo falta que su padre le aupara.

Tenía miedo de que el león cerrara su boca y la mano quedara allí atrapada, pero le podía más el imaginar que los Reyes Magos recibirían la carta con los juguetes que tanto le gustaban, y aunque el año anterior no le habían dejado el coche teledirigido, igual este año se había portado mejor y se lo traían.

Al día siguiente, cinco de enero, acompañado por sus abuelos, acudieron al puerto, pues en Valencia los reyes magos vienen en barco, para eso tenemos mar.

Una barca llena de banderitas de colores y  otras barcas que acompañaban a sus Majestades.

Había un pasillo por el que pasaban los Reyes y toda la comitiva, y veía muchos camiones y furgonetas cerradas, que nunca pudo a llegar a entender como cabían allí tantos juguetes como niños habían.

Debían de darse prisa para llegar a la plaza del Caudillo, porque ellos tenían que llegar hasta allí, para subir en una grúa que los dejaba en el balcón del Ayuntamiento.


Desde allí nos decían a todos los niños que fuéramos buenos y que esta noche llegarían a nuestras casas para dejarnos los juguetes que les habíamos pedido, o ... lo que sus Majestades quieran.

Un poquito de turrón con una copita de mistela de Turís y un puñadito de algarrobas para los camellos y a dormir.

Texto de Amparo Zalve Polo

domingo, 13 de octubre de 2019

EL INGENIOSO PERNALES



Los ingenieros industriales de Valencia le hicieron entrega de la insignia de honor en reconocimiento de lo imposible que él hacía posible.

El Pernales (1912-1983), así hacíase llamar Don Ricardo Cánoves Macián, sin estudios, más que los primarios; y trabajando desde la infancia en el negocio de su padre. De ayuda imprescindible para arquitectos e ingenieros de la época en el gremio de la construcción.

De inteligencia natural, sumada a su pericia, gran ingenio y afán trabajador pasó fronteras,  y con solo su hábito de leer, realizó las más grandes hazañas que se recuerdan en Valencia, resto de España y parte del extranjero.

-“Eso solo lo puede hacer el Pernales” - se comentaba cuando se encontraban en alguna dificultad en relación a cualquier tipo de transporte. Sus acciones eran increíbles. Durante la riada del 57, cayó un puente al fondo del Carraixet y él lo rescató. Los tranvías sobrantes  los colocaba como adorno en lugares insospechados, y si caía algún tren por un precipicio nadie se atrevía al rescate, tan solo, el Pernales.

Podía con cualquier peso y ¡sin cortar tráfico!, ya que se encargaba de ingeniar rieles, palancas, rodillos y artilugios que nadie habría pensado hacer. Siempre le salía bien.

Dos hazañas curiosas en la ciudad de Valencia:



En la plaza de la Virgen se colocaban unos grandes postes para anclar los toldos en dos fiestas claves: El Corpus y  La Virgen. El Pernales, en los años sesenta, advirtió que frente a la Basílica se estaba construyendo un edificio. Ni corto, ni perezoso, habló con el arquitecto para proponerle unos grandes enganches en la zona superior. En aquel momento desaparecieron los postes, y mediante unos cables anclaron los toldos a los enganches.


Otra hazaña destacable fue a raíz de la aprobación del Plan Sur. El viejo camino del Grao se iba a remodelar, pero las autoridades urbanísticas se encontraban con el problema de que el tráfico en la zona tenía que interrumpirse el menor tiempo posible. ¿Y cómo iban a hacer eso? El proyecto era arrancar los árboles gruesos de las dos largas hileras, eliminar la doble vía de carro y las dos vías de tranvía. No hacía falta que le preguntaran cómo, solo hacía falta dejarlo hacer. Nunca fallaba. Así fue, en dos noches estaba hecho, y sin cortar el tráfico.

¿Si hubiese estudiado, habría sido El Pernales?

Texto de Amparo Zalve Polo

jueves, 18 de abril de 2019

SOLO DOS INSTITUTOS EN LA CAPITAL


Instituto Luis Vives

Durante los años 40 a 60 la capital de Valencia solo contaba con dos institutos diferenciados. Uno para chicos, Luis Vives, y otro para chicas, San Vicente Ferrer.

La separación de sexos era rigurosa. ¿Nos preguntamos por qué sería?

Eran momentos en los que los padres de familia elegían para sus hijos una formación bien en centro religioso, o bien en centro laico, hasta incluso los últimos cursos terminarlos en el laico, con el fin de que el salto a la Universidad no resultara tan brusco.

Es evidente que la necesidad de algún otro instituto era innecesaria. La ciudad no superaba el medio millón de habitantes y además el porcentaje de estudiantes era menor.

Tanto el instituto de los chicos como el de las chicas ocupaban ya sus lugares actuales.

Instituto San Vicente Ferrer

El femenino de San Vicente Ferrer ocupaba el solar de la calle Almirante Cadarso. El chaflán actual no existía y solo daba a la citada calle. A través de un pequeño jardín se accedía al vestíbulo donde se encontraban los bedeles. Atravesando éste, al fondo, se situaba un patio, y las aulas de estudio repartían un número inferior a quinientas señoritas de entre 10 y 17 años.

El instituto masculino de Luis Vives ocupaba su espacio exterior unos grandes árboles que impedían contemplar la grandiosa fachada desde la calle Játiva. Los techos de gran altura y los bancos en rampa escalonada hacían que los alumnos que se sentaban al fondo quedaran más elevados que la tarima del profesor. El patio central o claustro siempre con la permanente estatua de Luis Vives, y como no había ningún tipo de jardinería, en las horas de recreo se podía jugar plácidamente al futbol.  La capilla recaía al cobertizo de San Pablo, por el que se pasaba a la plaza de San Agustín, y en la que obligatoriamente se asistía todas las mañanas a misa de nueve. La disciplina estaba impuesta. El instituto a la hora de entrada ya cerraba sus puertas  y no eran de nuevo abiertas hasta la hora de salida.

 ¡Escaparse no se escapaba nadie!          
                                
Texto de Amparo Zalve Polo

miércoles, 19 de septiembre de 2018

UNA ALQUERÍA EN BENICALAP - III

-III-

Hoy estaba al lado de la pila que abastecía el agua potable. Me viene a la memoria que la cocina mantenía todavía la estructura de lo que había sido. Unos arcos, que ayer alacena, eran hoy ubicación de artículos sobrantes. Había alrededor de la antigua chimenea estantes de mampostería que en su momento permitía tener muy a mano los  artículos que para la cocina se necesitaban. Peroles, cazuelas, chocolateras, morteros, tazones, vasos y una gran cantidad de platos. Unos usados como vajilla diaria, mientras que otros para eventos especiales. Recuerdo que los platos de uso diario eran cerámica popular, adquiridos la mayor de las veces por canje con el trapero que acudía por el barrio cambiando pieles de conejos por platos de Manises. Entre los antiguos y vajilla especial, destacaban bandejas  pintadas  con color azul propio de la cerámica de Alcora y unos platos dorados de la cercana Ceramo.

No faltaban las licoreras que se ofrecían en las festividades de los patronos Sant Roc y el Cristo; y de manera especial en las onomásticas de los propietarios de la alquería, que en mantel blanco y en vajillas especiales, estaban repletas de rollets d´anis, rosegons, malenetes del forn de la tia Paca, rollests de mistela. Las licoreras tentaban con mistela especial, anís María Brizad, uno de color transparente y otro de azul marino, no faltando la botella de anís del Mono, pero el rey de la mesa era especialmente el coñac.

En el primer piso de la alquería estaba la cambra. Las paredes estaban llenas de oquedades que dejaban ver las puntas de guijarros que mezclados con arena y cal mostraban la “barrecha”, construcción original de la alquería. El suelo estaba formado por losetas de barro que por el deterioro del tiempo estaban cuarteadas, o se habían aprovechado ya algunas en algún remiendo. Era frecuente ver esparcidas cebollas, cacahuetes y maíz, esperando  secarse, mientras que colgando del techo unas vigas carcomidas aguantaban unas cañas entrecruzadas de las que colgaban la cosecha de tabaco, cuyas hojas, en principio verdes, esperaban estar en condiciones de sequedad y humedad para su venta.

Recuerdo los cirueleros de un color vidrio jaspe que eran la delicia de la chiquillería. Estaban a la entrada de la alquería. Toda la alquería estaba protegida por una pared con salida lateral a la acequia de Tormo. En el interior, un campo en el que se cultivaban hortalizas y cosechas para uso y consumo interno. No olvidemos las higueras napolitanas de dulce sabor a miel que se encontraban a la entrada interior de la alquería.

Las cuadras de animales estaban en un espacio adjunto a la pared en el extremo lateral del corral de la alquería. Gallinas, conejos, cabras y cerdos, y frente a ellos se amontonaban cañizos de maíz, arena y paja. Se arrojaba como “chas“ para los animales del corral y la cuadra. La alquería daba en su parte oeste a un estrecho callejón por el que se conectaba la plaza de Benicalap a la acequia de Tormo, que regaba una inmensa huerta,  perdiéndose en su extenso verde alternado por alguna barraca o la casa de Pepe el Sort en la carretera de las Barracas  de Lluna.

Adherido a la alquería estaba el Portalet. Era paso obligado entre la plaza de Benicalap y el forn de Canya. El único horno que abastecía al vecindario en sus origines. Recuerdo los arcos que lo formaban. Habían dos espacios centrales con arcos cuyas inervaciones arrancaban del suelo para confluir en la parte central de El Portalet. Arcadas moriscas de ladrillo cocido rojizo que iba descascarándose y tiznaba las manos al tocarlo. La constancia y aseo de los propietarios de la alquería al enjalbegar su interior y exterior, devolvía el lustre al conjunto.

El Portalet ha sido siempre parte de la "Alquería de la Retora". Siempre ha existido, entre leyenda y realidad, que en tiempos antiguos, para defenderse de las incursiones de piratas y ladrones, había un pasadizo que comunicaba la alquería con otros lugares seguros.

Conocí por trasmisión oral que al construir la iglesia actual a principios del siglo XX  se encontró parte del pasadizo, pero lo que me corroboró su existencia fue en la década de los setenta en dos casas laterales al Portalet: la casa abadía y "casa Gracieta". Hubo un desprendimiento del suelo en esta casa, se hundió todo un cuarto con cama, mesitas y demás enseres. Su hundimiento dejó al descubierto y permitió  ver el túnel que venía de la alquería  junto con las arcadas que lo formaban.

¡Lástima que la construcción de los setenta eliminara justificantes de nuestra historia!

Texto de Eduardo Donderis

viernes, 10 de noviembre de 2017

LA ESTACIÓN DEL NORTE Y LAS ALCO AMERICANAS, UN COMPADREO DE MEDIO SIGLO.


Foto de los años sesenta en Valencia. Autor desconocido. 

Archivo Esteban Gonzalo. 

La apertura al servicio de la nueva estación de Valencia fue una mejora muy importante como también la incorporación de nuevas locomotoras en 1917 para agilizar, principalmente los servicios de viajeros, en las líneas de Norte, ex AVT, entre Almansa y Tarragona, extremos donde los trenes continuaban hasta Madrid y Barcelona, respectivamente, por vías de la compañía MZA (Madrid-Zaragoza-Alicante).

Quienes tenemos más de sesenta años tuvimos ocasión de escuchar en la Estación del Norte o cuando los trenes cruzaban la avenida Peris y Valero, el puente de hierro, la avenida del Puerto y la estación del Cabanyal, un pitido de locomotora diferente al de las restantes del parque de tracción pero igual a las que remolcaban los convoyes norteamericanos que veíamos en películas de Hollywood.

Eran las americanas, con aro de latón en la corta chimenea y varias tiras de ese metal embelleciendo la caldera, que adquirió la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, la Norte, a la American Locomotiv Company (ALCO) de Estados Unidos, ya que con el estallido de la Gran Guerra no había posibilidades de encargar la construcción de material ferroviario a empresas europeas.

Un lote de 55 locomotoras de vapor tipo 1-4-1 (seis ejes siendo motrices los cuatro centrales) que Norte repartió entre sus depósitos de Valencia y ciudades gallegas. Fueron las únicas de ese tipo de rodaje con ténder en la vía ancha española hasta que Renfe adquirió 242 Mikados entre los años 1953 y 1960.

Las antiguas americanas fueron jubiladas en la red ferroviaria española a partir de 1964, aunque algunas aún remolcaban trenes en 1967, ya que al parecer Renfe no consideró rentable transformarlas para que quemaran fuel en lugar de carbón, al tener suficiente material más moderno y estar comenzando la masiva sustitución de las locomotoras de vapor por las diésel y las eléctricas.

La centenaria 141-2001 está preservada en el Museo Nacional Ferroviario de Madrid-Delicias.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

martes, 3 de octubre de 2017

ARTESONADO EN EL PALAU



Años 60 - Bajo el reinado de Alfonso el Magnánimo es cuando se inicia la construcción del Palau que tuvo su primera función como sede de la Diputación General del Reino de Valencia, institución que había sido creada por el Monarca en 1418, ejerciendo este cometido en edificios próximos al de su definitiva sede, iniciada su fábrica muy pocos años después. 

Ya en el siglo XVI y para su mayor presencia se construyó el torreón próximo a la Casa de la Ciudad, separados por un estrecho callejón. Para el necesario lujo, se encomendó al carpintero y artista Gines Linares la construcción de los artesonados para las dos estancias situadas en el entresuelo, ocupando dos años de trabajo: las conocidas como el Salón Dorado grande o Studi Daurat y el Salón Dorado pequeño o Retret Daurat. 

Su ejecución consistió en una meticulosa obra en la que iba a combinar la forma renacentista con la mudéjar y la ojival. El pintor Joan Cardona se encargó del policromado de tan preciosa obra que fue inaugurada en 1535.

Año de inicio de las necesarias ampliaciones con una audaz escalera para enlazar la planta principal con los pisos superiores del torreón, así como otras dos secundarias, también de piedra, para comunicar en el entresuelo las salas citadas con tan bello artesonado.

Vemos en la foto de los años sesenta un parcial de la estancia que se corresponde con Salón Dorado grande.

jueves, 29 de junio de 2017

MEDIO SIGLO SIN TRANVÍAS PEQUEÑOS EN VALENCIA

Colección Juan B. Cabrera

Los tranvías pequeños, los de dos ejes, dijeron adiós a Valencia el día 5 de enero de 1967, cuando realizaron sus últimos viajes los vehículos que atendían a la línea 16 entre las barriadas de Abastos y Sagunto. Inaugurada el 28 de junio de 1948 para facilitar los desplazamientos al nuevo mercado de abastos y a la barriada que crecía en su derredor, fue la última línea construida y la de vida más corta. 

Dejaron de rodar por la calles de Valencia los tranvías de las series 100 y 200 y todos los remolques, quedando en servicio solamente los vehículos de la serie 400, zeppelines y mastabas sobre bogies. El 16 circulaba alternando con y sin remolque. 

Los tranvías eléctricos fueron sustituidos por autobuses, que entre las Torres de Serranos y la calle San Vicente, realizaban el mismo itinerario que los tranvías, mientras que en el trayecto del centro hacia la calle de Sagunto, sustituyeron el tramo de Campaneros y Micalet por el más largo por las calles Paz y Comedias, plaza San Vicente Ferrer, calles Trinquete Caballeros y Palau, y plaza de la Almoina para salir a la plaza de la Vírgen tras pasar bajo el puentecito Catedral-Basílica. Recorridos con variaciones posteriores hasta la supresión del servicio público por la plaza de la Vírgen y calles adyacentes.

Archivo del Museo Vasco del Ferrocarril

Un adiós de las cuatro ruedas definitivo para el servicio público, porque todos los vehículos que ruedan desde 1994 por los nuevos trazados son articulados y descansan sobre bogies, pero no para el turismo, ya que Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana tiene previsto que comience a circular los domingos de este año, aunque sin fecha de inicio concretada, el restaurado coche motor 216, supongo que con su remolque 206, aprovechando que tanto el ancho de vía como el voltaje actual son los mismos que en las antiguas líneas de tranvías.

Será “Un Tranvía a la Malvarrosa”.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel                    

miércoles, 29 de marzo de 2017

LA PILARETA CUMPLE CIEN AÑOS



Años 60. - En la esquina de las calles Moro Zeit nº 13, esquina con la calle Conquista, y ambas adyacentes al Tros-alt, en pleno centro histórico de Valencia, el antiguo bar Pilar cumple cien años hoy día 29.

El antaño ultramarinos, con venta también de vinos y licores, comenzó con licencia de bar el mencionado día de 1917, el mismo año que fue abierta al servicio público la Estación del Norte el 8 de agosto.

El Bar Pilar fue lugar de encuentro de ferroviarios cuando rendían viaje en Valencia, así como de artistas y empleados del mundo del espectáculo, principalmente del cercano teatro Princesa.

Durante la posguerra las tapas cobraron protagonismo, principalmente las “clochinas” a la plancha, siendo normal tomar “un entero” de ese molusco acompañado de un “pilar” de cerveza.


De esa época son el chapado de azulejos negros y rosas y las mesas de madera, que fueron diseñadas para que puedan sentarse 6 comensales ante 6 enteros de clochinas y sus respectivos pilares en el centro.

El Princesa sufrió un incendio y fue derribado, han cambiado las modas y los gustos con el paso de los años, pero el bar Pilar ha sabido acomodarse a ellos sin perder su prestancia histórica y es un lugar de referencia para los numerosos visitantes españoles y de otros países que acuden para saborear sus clochinas al vapor, pero también otras tapas, montaditos y bocadillos. De tal manera se ha acomodado el establecimiento, que en el año 2010 le cambiaron su razón social por La Pilareta, ya que con ese nombre es familiarmente conocido por los valencianos.

Su fundadora doña Pilar Contell regentó el establecimiento de 1917 a 1983.

Un histórico de Valencia gestionado por Paloma y Juan Carlos que está abierto todos los días de 12 a 24 horas. Sólo cierran el 1 de enero y el 25 de diciembre.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel.

Fotos de La Pilareta y Esteban Gonzalo.

lunes, 28 de noviembre de 2016

LA NOCHE QUE ARDIÓ EL MIGUELETE.

                
Años 60 - Cuando el 28 de Noviembre de 1657, en el vetusto Alcázar de Madrid, nació el décimo hijo de Felipe IV, tercero de su segundo matrimonio con Mariana de Austria, poniéndole por nombre Felipe Próspero, y nombrado seguidamente Príncipe de Asturias, nadie pudo presagiar, un suceso poco conocido, que conmovió a Valencia.

Gran regocijo hubo en el alcázar madrileño, por éste nacimiento, pues por fin, había un heredero en la familia austríaca, el posible Felipe V Habsburgo.

Corrió la magna noticia por todo el reino, se dispusieron fiestas, y en Valencia ente otros festejos populares, se dispararían fuegos artificiales.

Los Jurados de la Ciudad los autorizaron, y los encargados de montarlos, lo hicieron en lo alto del Miguelete, para que de todas tierras próximas pudieran disfrutarlos.

En los primeros días de Diciembre, se llevaron a efecto los festejos, fiestas en las calles, y al anochecer los fuegos artificiales desde lo alto del Campanario de la Seo.

Empezaron los fuegos de artificio, las gentes asombradas mirando hacia lo alto, sólo luz y fuego veían; la luz del artificio y el fuego que prendió a la gran espadaña, todavía de madera, viniéndose abajo la campana de las horas, quedando hecho un tizón todos sus grandes y gruesos maderos. Las gentes aplaudían ante tal demostración pirotécnica, ignorando que lo que se quemaba era el Miguelete.

Para reparar los daños ocasionados, por las autoridades, se decidió en 1660, levantar una nueva espadaña, pero de piedra.

Consta que en 1671, la nueva espadaña aún no estaba terminada, dando por concluidas las obras años mas tarde. Las piedras fueron traídas de las canteras de Godella y Burjasot.

Un suceso, tal vez menor, pero  que forma parte de la historia de nuestra Catedral.  
 
Texto Germán Gómez


viernes, 4 de marzo de 2016

EL ROMÁNICO IRRUMPE EN VALENCIA



Fue en el año 1262 cuando comenzó a construirse la Catedral de Valencia una vez derribado el anterior templo asentado sobre la antigua Mezquita Mayor de la Valencia musulmana. Sobre el maestro picapedrero Arnau Vidal y por instrucción del Obispo Albalat, recayó la responsabilidad de su construcción y muy pocos años después ya tenía dispuesta su puerta románica, hoy conocida como de la Almoina, situada en el mismo punto que el de la entrada principal de la que había sido aljama mahometana. 

Pero no fue esta la primera muestra de su arte en nuestra ciudad con su arco de medio punto.  En la Iglesia de los Hospitalarios de San Juan, la más antigua de la ciudad, unos diez años antes que en la de la Seo ya se podían contemplar las nuevas lineas arquitectónicas que iban a borrar las huellas del estilo mahometano en beneficio del cisterciense que se había impuesto en monasterios y conventos. En la misma medida, el Rey Conquistador ordenó la ampliación del Convento de la Roqueta, donde el arco de medio punto igualmente dejaba su impronta.

En la foto de los años sesenta vemos el aspecto que mostraba su puerta románica cuando el futuro del complejo hospitalario navegaba en la incertidumbre. Los macetas que daban vida a su alfombra vegetal, contribuían al sustento de su dignidad.

viernes, 3 de abril de 2015

LA SEMANA SANTA MARINERA

años 60 semana santa marinera
Colección Paco Mañez


Años 60 - Recordar la Semana Santa Marinera de mi niñez es retornar a olores y sabores nunca olvidados, a imágenes y sonidos imposibles de borrar de la memoria. De aquellos días destaca para mí la noche del Jueves Santo.

Recién bañados, bien peinados y con la ropa nueva nos encaminábamos a casa de mis abuelos Víctor y María junto al cine Imperial, o a la de mis tíos Paco y Neleta. Se reunía toda la familia y amigos, era una ocasión especial que no volvería a darse hasta el año siguiente.

Tras repartir besos, recibir caricias, escuchar varias veces "cuánto has crecido" y demás frases similares, corría con mi hermano a la cocina. En el banco se encontraba un auténtico banquete típico de las fechas: Titaina (sofrito hecho con tomate, pimiento rojo asado, piñones, ajo y tonyina de sorra), pastel de pescado, empanadillas de atún, cocas con sardinas, albóndigas de bacalao (con su correspondiente all i oli y habas fritas a elegir), y diferentes viandas. Hoy sólo con pensar en ellas siento sus sabores en mi paladar.

Como cada vecino hacía en su tramo, en la acera se encontraban preparadas las sillas en dos filas ocupando justo el largo de la fachada. La primera era para los niños, la segunda para las mujeres y personas mayores. De momento estaban vacías y todo el mundo andaba por allí hablando de sus cosas. Las mujeres reñían a quien osase adentrarse en la cocina antes del momento de la cena, su esfuerzo de muchas horas o incluso días le había costado para que todo estuviera en su punto y perfecto. Los pequeños teníamos un aperitivo, trenzas hechas con la pasta sobrante de las empanadillas o nos dejaban robar alguna albóndiga.

Ajenos a conversaciones animadas y risas, jugábamos con primos y sobrinos (aunque tener un sobrino de mi misma edad era entonces para mí un misterio insondable). De pronto alguien hacía correr la voz avisando: la procesión no tardaría en llegar. Raudos como centellas nos sentábamos en primera fila con nuestra cena. Aquel "no tardaría", se transformaba en un largo y tedioso rato, porque en aquel entonces media hora, por ejemplo, era un tiempo enorme.

Ya aburrido y medio dormido escuchaba a lo lejos las cornetas y tambores. El momento se acercaba. Comenzaba entonces el desfile de colores y sonidos: sayones regios y misteriosos vestas encapuchados (penitentes), ensordecedoras cornetas, romanos y diversos personajes de la Biblia, redoblaban los tambores y poderosos brazos golpeaban los bombos. Casi era una desilusión cuando desfilaba una banda tocando alguna marcha de Semana Santa. De pronto alguien se arrancaba una Saeta. El sueño se pasaba y si hacía frío se combatía con una manta en las piernas; porque entonces, no lo olvidemos, todos los niños llevábamos pantalón corto.

Bajo la perspectiva de un niño así transcurría hace medio siglo El Entierro, como simplemente lo llamábamos. Se trataba de un acontecimiento único no superado ni por la Navidad donde la reunión era de la familia más intima.

Texto y foto de Paco Mañez

viernes, 20 de marzo de 2015

LA NIT DE LA CREMÁ


Cremà d'una falla. Anys 60
Archivo de Rafael Solaz

Son las doce de la noche. La fiesta fallera quema su último suspiro. Las pavesas revolotean, huyen del fuego con la misión cumplida cual sainete vecinal. Llenas de orgullo levantan el vuelo tras su misión purificadora de aquello que durante todo el año ha sido noticiable. Y tanto en lo bueno como en lo malo, con sus luces y con sus sombras, loas y miserias en fin, se han mostrado desde la caricatura en aplauso al sentido del humor que el artista transmite en su obra.

Terminada la cremá, de inmediato, un nuevo ciclo comienza en la noche. Es el momento que ilumina al maestro fallero. Toma sus notas. El fuego derrite el asfalto al tiempo que le inspira. El calor de las llamas que obliga unos pasos hacia atrás, no es más que el avance a un nuevo trayecto, aceptado el reto en su afán de superación.

Arde la falla en la Avenida del Oeste en los años sesenta ante dos chaflanes a la calle Beata.

Un bajo comercial brilla, Almacenes Castaño, mientras que un nuevo edificio espera su inicio.
 
¡Adiós a las fallas! Hasta pronto.

lunes, 23 de febrero de 2015

LA ESTACIÓN DE LAS TORRES SERRANOS

 años 60 estacion autobuses torres serranos_
Años 60. En febrero de 1970 entró en funcionamiento la flamante estación de “Autobuses del  Norte” que estaba llamada a concentrar en su mejor servicio a los diversos puntos de estacionamiento esparcidos por la ciudad, en especial, aquellos que dirigían sus trayectos hacia el  norte de la provincia, mientras iba a ser otra, la situada en la avenida Waksman, la llamada a cobijar las líneas hacia las localidades del sur de Valencia.

Ante la ausencia de un lugar adecuado, junto a las Torres y por su amplitud, se utilizaba la explanada como punto de parada para los autobuses que vía carretera de Barcelona, en su inicio junto a la Torreta, comunicaba la ciudad con los pueblos del norte, El Puig, Puzol, Santo, etc.

Y tal y como vemos en la foto, la marquesina de cemento ponía en orden y concierto a las diferentes líneas que en aquellos años y junto a los tranvías, dominaban el tráfico de la ciudad. La estampa permaneció hasta su derribo por la piqueta, cuando con la entrada en servicio de la nueva terminal junto al río en la zona de Tendetes, los autobuses en las calles se limitaban a sus líneas urbanas.

Lugar muy bien comunicado, pues junto a las torres y en el otro flanco, existían las paradas de diversas líneas de tranvías, así como también por la cercana estación del Pont de Fusta, a la otra parte del rio.

Almenas al viento y ruedas sobre el asfalto nos acercaban en eficaz vuelo a la Calderona.

domingo, 15 de febrero de 2015

EL PALACIO DE BATLIA

PALACIO DE LA BAYLIA

El Bayle General del Reino de Valencia era el encargado de velar por la administración de la Hacienda y el Real Patrimonio. Tenía su residencia en la actual plaza de Manises, en el existente Palacio de Batlia en su función de Magistrado de la Institución Foral.

Con el reinado de Isabel II, el palacio pasó a propiedad privada, al noble José Juanmandreu Sitges, quien dentro del estilo neoclásico elevó el edificio con un segundo piso. En los años 40 del pasado siglo pasó nuevamente a manos de la Diputación de Valencia, con una nueva restauración y ampliación utilizando el antiguo huerto del palacio, a cargo del arquitecto José Manuel Cortina Pérez.

En la actualidad es la sede de la Diputación de Valencia, cuya misión es la de colaborar con la administración de los ayuntamientos de la provincia.

Vemos una instantánea de los años sesenta que nos ofrece una vista parcial de su fachada con un Seat 600 aparcado en la puerta, en su misión de hacer más cercana la distancia entre la administración y el municipio. 

lunes, 22 de septiembre de 2014

CAFÉ MADRID

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Años 60 - En 1932 era conocido como el Café Berlín y en 1940 como Cervecería Madrid, lugar donde a partir de 1956 su nuevo dueño dio cobijo a la Valencia bohemia, al tiempo que daba conocer un nuevo cóctel que se convirtió en “El manantial que pronto inundó el mundo con el Agua de Valencia plena de luz de las playas de Sorolla”, según reza en un lateral del establecimiento, y que alcanzó gran prestigio en las décadas de los sesenta y setenta -con aquella deliciosa combinación que aún otros imitan- como punto de grato encuentro en tan “singular café” que se ubicaba en el corazón de Valencia, próximo al Palacio del Marqués de Dos Aguas.

cafe madrid


Lugar de tertulias literarias y debates de ilustrados de la época, también reunía en su interior al mundo del escenario, a pintores de lienzos y a “combatientes enfrentados” sobre un tablero de ajedrez.

Todo aquel ambiente lo reflejó su dueño, Constante Gil, con una colección de cuadros fruto de su propia paleta que decoraban las paredes del local.

Café o Cervecería Madrid que mostró el pulso de la ciudad ceñido a lo más relevante de su vida social, en unos años en los que competía con otros lugares que se iban adaptando al rumbo y a los nuevos vientos que surgían tanto en el hábitat pólitico como en los ratos de ocio y en lo social.

jueves, 24 de julio de 2014

CASA-MUSEO DE ALFREDO SOLAZ

COLECCIÓN DE CERÁMICA VALENCIANA
Calle del Pintor Fillol. Mi casa con la balconada. Dibujo de Ginestá, años 60
Mi casa con la balconada
(Dibujo de Gisnestá)

Años 60 - Mi casa paterna era un viejo caserón procedente del siglo XVI situado en la calle del Pintor Fillol, nº 9 (Barrio del Carmen). La colección se hallaba en el piso principal del edificio (unos 250 metros de superficie, cinco habitaciones y un gran salón). Las paredes estaban totalmente forradas por azulejos enmarcados que era la colección de mi padre, gran aficionado a la cerámica valenciana, impulsado por mi madre, María Albert, que era también una entusiasta. Mi casa la visitaba González Martí , estableciendo una tertulia con mi padre. Juan Luis Corbín vino a hacer un reportaje y éste fue recogido en su libro sobre El Carme.

-¡Che Solaz hemos de hacer el museo más grande de España!- decía por entonces Manuel González Martí. Y estas palabras se hicieron realidad, surgiendo el Museo Nacional de Cerámica.

Casa Museo de Alfredo Solaz, padre de Rafael Solaz. 1978 Casa Museo Alfredo Solaz

Mis recuerdos en la casa son muchos. Tan sólo voy a referir que era centro de reunión de artistas y apasionados por la cultura. García Berlanga, el citado González Martí, el pintor Juan Reus… y muchos de los profesores y alumnos que frecuentaban la Escuela de Bellas Artes de la calle del Museo, ahora Centre del Carme.

Sobre 1986 vendimos la casa y posteriormente fue adquirida por la Generalitat, cayendo en total abandono. Durante muchos años estuvo rodeada de andamios hasta que hace unos años decidieron su demolición, conservándose tan sólo el portalón de entrada con sus piedras de sillería.

En mi casa, con mis padres. 1976 1978 – Rafael Solaz con sus padres Alfredo Solaz y María Albert, y su hija Eva

Así, de la Casa-Museo de Solaz tan sólo permanece la puerta del edificio, una entrada a muchos recuerdos que forman parte entrañable de esa Valencia que se fue. Quizá algún día construyan un nuevo edificio y pongan un azulejo recordando su existencia.

Texto de Rafael Solaz

Fotos de Rafael Solaz