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miércoles, 28 de junio de 2023

LA AVENIDA DE BURJASOT

Foto autor desconocido

La chimenea de la Papelera Levantina, Bombas Gens con su peculiar torreta, el Miguelete, las Torres de Serranos, un trozo de huerta que alcanza el camino de Marchalenes, casas tan solo con sus primeros pisos y la avenida de Burjassot de los años cuarenta.

La Valencia de nuestros primeros años para los ochentones de ahora. Una avenida sin tráfico por la que discurría la línea de tranvías número 23 en su trayecto Valencia-Burjasot-Godella. Nacía en sus primeros años de la Glorieta, atravesando la plaza de Tetuán para discurrir por Pintor López y al atravesar el puente de Serranos y tras avanzar por la orilla del rio, enfilaba la avenida de Burjassot para alcanzar Godella.

Avenida de peatones y carros que en ocasión de la fotografía están ausentes por su captador, como si quisiera dar vida a una ciudad dormida cuando las sombras reflejan el atardecer de un día cualquiera.

La foto nos regala la nostalgia y nos lleva al recuerdo de nuestra juventud con su recorrido, las más de las veces, en ligero caminar desde el centro de la ciudad hacia la zona de nuestras vivencias juveniles.

En la actualidad, Bombas Gens Centre d'Art es todo un referente cultural y gastronómico con muy buenas exposiciones donde priva el arte y el buen gusto.

martes, 29 de septiembre de 2015

LA PAPELERA DE LA AVENIDA BURJASOT

Archivo Rafael Solaz

1934 Ca- Desde 1916 la Papelera Levantina de "Monllor, Crespo y Compañía, fue santo y seña de un trozo de la actual Avenida Burjasot, durante un tiempo conocida como de Adolfo Beltrán. Entre las muchas existentes en el entorno urbano de la ciudad, fue una de las que más y mejor resistió los diversos cambios producidos en el sector, una vez avanzada la segunda mitad del siglo XX. Amenazas de toda índole llevaron a la desaparición de las tres últimas compañías: la que nos ocupa, la Papelera Valenciana y la de Patuel S.A. del Camino de Algirós.

Recuerdo la Papelera Levantina caminando a lo largo de su enorme paredón durante casi dos décadas de mi juventud con su enorme chimenea.

Dice la crónica que en 1934 una fuerte tormenta acompañada de un formidable vendaval y durante un cuarto de hora puso en jaque a los vecinos de gran parte de la ciudad, especialmente a los de Marchalenes.

El viento derribó la chimenea de la Levantina en horario de trabajo con gran confusión para los empleados. El tejado de la nave de calderas se vino abajo, con un enorme destrozo en tuberías y válvulas, afectando también a la de trituración de trapos, donde milagrosamente dos operarios salvaron sus vidas. El vendaval se llevó quince metros de techumbre del almacén lanzados a gran distancia. Don Francisco Monllor, el dueño de la fábrica, recibió tal impresión que el pobre hombre enfermó, metiéndose en la cama. Ni que decir tiene que muchos otros edificios de la zona se vieron afectados; sin embargo y por fortuna, no hubo que lamentar ninguna desgracia personal.

Pero la anécdota, si como tal puede tratarse, que me obliga a prestar especial atención al caso, fue lo sucedido en el mismo Camino de Burjasot, en su número 96, razón del establecimiento de D. Juan Bautista Viñals, donde el viento arrancó una estantería que hizo saltar por el mostrador con daños de gran importancia. Un hijo del Sr. Viñals, de tres años de edad, resultó con ligeras heridas tras recibir un golpe en la cabeza ante el espanto de su hermano mayor.

El cartel publicitario de Papelera Levantina nos invita a estos recuerdos relatados en las crónicas de un papel que con seguridad tomó su forma en el interior de tan largo paredón.