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sábado, 7 de enero de 2023

EL PAVO REAL


Años 20 - Barberá Masip

La calle Popul en los años veinte nacía en la plaza de la Merced y con su número 1 aparece en esta foto con seguridad próximas las fiestas navideñas cuando el pavo estaba presente en la mayoría de las casas. Por lo menos una vez al año hacía su presencia en las más de las mesas en fraternal reunión familiar.

La tienda Pavo Real, como sucesora de Viuda de Moliner -notable comercio de sedería, peletería y novedades- de la que había vaciado sus anaqueles de ropa dispuestas para los días de cualquier festiva celebración y mutaba a la venta de animales de pluma para hacer su agosto en los días más fríos del año.

Pavos y gallos se apoderaban de la plaza de la Merced, donde la chiquillería buscaba su divertimento y el olor a paja y las plumas que revoleteaban en su torno, contribuian a recrear una atmósfera de ilusión, mientras el huertano con su botijo en la mano siempre atento a la espera de la llegada de su clientela.

Los años desamortizadores del XIX habían derribado al convento de la Merced de San Pedro Nolasco y con su esponjamiento, apareció la plaza con su nombre que tenía su continuidad en la calle de Gracia, la vía popularmente conocida como "de las cestas” que aún hoy surte, viste y decora el interior de la casas por muy bajo precio.

Céntrica plaza donde los teatros y con sus carteles logran embadurnar la fachada de un bajo con tres amplios ventanales que se antojan abandonados.

Y en el número 1 de la calle Popul el rótulo de Pablo Moliner, tienda que ofrece su surtido de sedería, como relevo familiar que en su abandono del local que después albergaría la tienda Pavo Real, iba a patrocinar tan peculiar transformación mercantil para alegrar las fiestas de Navidad.

Todo es añejo y entrañable en la foto de Barberá Masip. La Valencia que un día fue y cuyo recuerdo no fenece.

martes, 26 de julio de 2022

FARMACIA ROYO, LA CATEDRAL DE LA MAGNESIA

 

Farmacia Royo - Años 20.

Si no hay que confundir la gimnasia con la magnesia, los valencianos del cap i casal lo hemos tenido siempre muy claro. La mayor evidencia de ello se manifestaba en la esquina de la calle Ruzafa 37 con Cirilo Amoros 1, donde la ya centenaria Farmacia Royo fue todo un referente desde 1879. La magnesia efervescente de D. Adolfo Royo ocupaba todas los botiquines domésticos y significaba el mejor alivio para los trastornos estomacales.

Su venta y en exclusiva en la farmacia situada en la calle  por unos años nominada de Pi y Margall, una de las más concurridas de la ciudad, hizo que fuera uno de los establecimientos de mayor popularidad.

Y con los años, tal era su popularidad, que su mayor publicidad se evidenciaba en la prensa, donde, además de la que se publicitaba con su nombre, otras tiendas  y negocios proximos se anunciaban con su vecindad a la Farmacia Royo, la mejor llamada para su propia localización.


Entre sus muchos fármacos, los sellos pilulares del Dr. Deschamp aseguraban el adelgazamiento corporal, el fin de la obesidad.

El Ferinol ponía punto y final a la Tosferina; al igual que el Agua de Rocafort que era la "curación segura" para las enfermedades del estómago, higado, riñones y la diabetes.

El Disco Ebar hacía desparecer los dolores de cabeza en cinco minutos, todo un prodigio. 

Para la tos las Pastillas Aspaine, que de forma radical aseguraban su desparición por el módico precio de 1 pts. la caja.

Farmacia Royo aseguraba la salud y la magnesia fue su principal reclamo.

miércoles, 15 de septiembre de 2021

UN CABALLO QUE ACABÓ EN BALNEARIO

Esta sorprendente historia sucedió allá en los años veinte cuando un industrial, Enrique Miralles, que vivía en el centro de la ciudad tenía un caballo de pura raza, un capricho de equino para cualquier amante de montarlo. Tanto llamó la atención de un amigo suyo poseedor de un terreno en el Cabañal, que le hizo la proposición de realizar el intercambio, un terreno por un caballo. En un principio parece así contada una idea descabellada, pero vamos a ver como no lo fue tanto, la suerte del destino llamó a la puerta de Enrique.

En esa época había ausencia de agua potable en la zona del Cabañal y como el hombre y su esposa construyeron en la parcela un chalet, requirió los servicios de un pocero que perforó hasta 49 metros y de allí comenzó a brotar agua a borbotones, apareció un buen manantial. Imaginemos la alegría del matrimonio.

Solo era el comienzo de un hecho que les iba a cambiar la vida, a ellos y a muchas personas más.

La pareja hizo un viaje al norte de España y a París. Allí se comercializaba un aparato mecánico que se usaba para lavar ropa. Se le ocurrió la idea de traerse varios para montar un negocio, ya que había encontrado esa gran cantidad de agua en su terreno. Montaron una lavandería moderna para el Cabañal con dos puertas de entrada, la principal daba a la calle Progreso. Se llenaba de propietarios de hoteles, de sábanas, mantas e incluso fundas de asientos de coche.

Cerca de su casa vivía un matrimonio que frecuentaba la lavandería. La esposa era diabética y su salud no era muy buena debido a ello. El agua del lavadero salía fresca y se veía apetecible de beber. Conforme iban pasando los días la mujer iba encontrando mejoría apreciable. Cuando pasaban días en la ciudad notaba como empeoraba. ¿Sería el agua de la lavandería? Así lo pensaron. ¿Mira que si era el agua fresca y apetecible lo que le disminuía la glucosa?

Como sucede en estos casos, comenzó una constante peregrinación para beber en la lavandería del agua curativa. Diabéticos de todas partes acudían para llenar sus garrafas y tener en casa. Se armó un gran revuelo en prensa. Tanto fue que en 1933 se llevó una muestra al Laboratorio Químico Municipal para ser analizada, al menos que no tuviera efectos nocivos para la salud.

Ahora aparece la tercera persona de la historia, Emilio de Palma Rosetti.  Lógicamente si era tan milagrosamente curativa, lo que procedía era la creación  de un balneario, algo a lo que Enrique Miralles acobardó. Él ya tenía un buen negocio que le iba “viento en popa”, y para qué iba a emprender otro. Emilio de Palma le ofreció una pensión vitalicia mensual de 1500 pesetas para el matrimonio, y en el caso de fallecimiento de uno de ellos, para el que quedará se reduciría a la mitad.

Así es como se convirtió la lavandería en un balneario. Para embellecerlo se modificó la fachada y se rodeó de hermoso jardín, con algunas palmeras de su vecino huerto de Robillard.

El mayor homenaje que tuvo Enrique Miralles  de toda esta historia es que al balneario se le puso el nombre de  Sellarim “que era el apellido leído al revés.

Texto de Amparo Zalve Polo

jueves, 11 de junio de 2020

TAVERNES BLANQUES. VIRGEN DE LOS DESAMPARADOS

Ermita Virgen Desamparados - Archivo Rafael Solaz - Años 20

ERMITAS DE VALÈNCIA

Habíamos hablado de ermitas en València, pero tendremos tres excepciones, que creo no debemos omitir. Esta primera corresponde con la muy antigua ermita de la Virgen de los Desamparados situada en Tavernes Blanques en la parte izquierda de la antigua carretera a Barcelona junto al puente que cruza el barranco del Carraixet.

Durante la edad media en la ciudad de València como en otras existía la pena de muerte y se ejecutaba con el ahorcamiento del reo en la actual plaza del Mercado. Para dar ejemplo el cuerpo del ahorcado se dejaba bastante tiempo a la vista de todos los que acudían al Mercado, por ello la Cofradía de la Virgen de los Desamparados creó un cementerio junto a la ermita construida en 1447 para depositar los restos de aquellos desgraciados ahorcados. La actual ermita es heredera de la primitiva, y es lo único que nos queda de aquella obra.

Vista de la ermita. Foto E. Goñi, febrero 2019.

Como toda ermita tenía su fiesta, se celebraba el 24 de febrero, y consistía en dar una comida a base de caldero compuesta de verduras, arroz y carne, a los pobres de la ciudad y reino, para pedir con sus oraciones por los ahorcados y a continuación darles sepultura definitiva.


Cerámica superior de la fachada. Foto E. Goñi, enero 2020.

Está claro que actualmente la ermita no está en el término municipal de València, pero arrastra una muy fuerte relación con la capital. Incluso podemos creer sin ninguna duda que en el momento de su erección era término de la ciudad. Por eso se ha incluido.

Cerámica inferior de la fachada, Foto E. Goñi, enero 2020.

 Texto de Enrique Goñi Igual

martes, 13 de junio de 2017

EL JARDÍN BOTÁNICO

(Con mi agradecimiento a Vic Payá)

En 1928 cuando se estaba preparando en Sevilla la Exposición Hispano Americana para la primavera del próximo año, se pensó en la conveniencia de que el Jardín Botánico de Valencia tuviera entre sus pabellones acto de presencia. La noticia saltó a la palestra cuando el jardín estaba dirigido por Francisco Beltrán Bigorra, como catedrático de la Facultad de Ciencias. La iniciativa se debió al jardinero Fernando LLopis que también destacaba por sus artículos periodísticos en torno a los exóticos ejemplares que extendían sus arboledas en el interior ajardinado.

Su existencia venía de antiguo, pues fue en el siglo XVII cuando la Universidad pensó en su creación. Se sabe de su primer emplazamiento -tuvo otros- en un huerto situado junto al Hospital de San Lázaro y tuvieron que pasar muchos años para que ocupara una nueva y definitiva zona, la ideal por la proximidad del Turia y a su vez regada por la acequia de Rovella en su camino hacia el interior de la ciudad. Así pues, no sería hasta principios del XIX cuando gracias al botánico Cavanilles se adquirieron en 1802 los terrenos actuales.

La excelencia del clima valenciano hacía posible el cultivo de especies llegadas desde Oceanía, África y Brasil y cuando terminaba la década de los veinte del pasado siglo, más de 2.500 especies daban importancia a un Jardín Botánico que podía codearse con los mejores europeos, pese a la dificultades económicas que hacían prohibitivo poseer el necesario centro tecnico de investigacion, pues baste decir que mientras que su homólogo madrileño disponía de 40.000 pesetas anuales para gastos extraordinarios, el de la calle Cuarte, apenas disponía de 4.000.


Archivo Municipal

Sin embargo, la prensa de la época ya destacaba la presencia en su interior de umbráculos y estufas a lo largo de sus senderos con especies que por su singularidad causaban un gran impacto a los visitantes extranjeros, en especial por una araucaria de 50 metros de altura, la primera conocida en Europa. Sin embargo, la importancia del Botánico carecía de interés para los valencianos.

Valencia tuvo su presencia en la exposición sevillana, mediante la representación de una casa rural obra del Arquitecto Emilio Artal Fos, sin que nos conste que aquella idea de Fernando Llopis se llevara a efecto.

sábado, 25 de febrero de 2017

LA CRUZ DE MISLATA


Archivo Municipal

Dos eran los caminos por los que se accedían a Valencia desde la capital madrileña: el que lo era a través de Almansa, y el que se conducía por la Venta de Contreras, que a su entrada en la ciudad, en su linde con Mislata, se colocó un "cruz de término" como era costumbre en todos los accesos al “Cap i Casal”.

Según Carreres, ésta debió construirse torno al año 1381, cuando acordaron los Jurados establecer una cruz de piedra en todos los caminos de entrada.

Años después, entre 1433 y 1435, para darle mayor realce, fue cubierta por un templete enriquecido con una talla de madera interior, obra de Juan LLobet, el joven, aprovechando la ocasión para un mejor ornato de la misma Cruz.
 
El historiador Salvador Carreres, ya en siglo XX, dice de ella “Esta cruz ha llegado a nuestros días en muy mal estado de conservación; sobre un gradería se eleva prismática columna que corona blasonado e historiado capitel que, por su factura, parece pertenecer al siglo XV que sustenta restos de la antigua cruz, viéndose por una parte la imagen de la Virgen, sobre la que se ha puesto una sencilla cruz de hierro para sustituir a la primitiva de piedra”.

En la imagen de los años veinte vemos su aspecto tal y como nos la relata el historiador, siendo destruida en los años de la guerra civil para su reconstrucción en el mismo lugar, ya rodeada de moderna edificación y aunque situada en Mislata, su propiedad, pertenece a Valencia.


Fuente: "La escultura Pública en Valencia" de Elena de las Heras Esteban

viernes, 3 de febrero de 2017

MONUMENTO AL PINTOR PINAZO, DESAPARECIDO

Archivo Municipal

Años 20 - El Círculo de Bellas Artes fue el gran promotor del monumento al Pintor Pinazo bajo la batuta, mejor sería decir pincel, de Don Joaquín Agrasot, animador de la entidad creada en la última década del XIX junto a los más importantes artistas de la época.

Es así como se entiende que en aquella fecha inaugural, 3 de Febrero de 1918, el Círculo tuviera gran protagonismo en un acto que se inició en la alcaldía, donde se dio lectura del acta de donación del mismo por parte de su presidente Agrasot, donde se habían congregado el “comité ejecutivo del monumento” y Mariano Benlliure, éste como director general de Bellas Artes.

Desde el Ayuntamiento en la calle de la Sangre partieron los congregados hacia el jardín junto al Palau en una comitiva encabezada por una sección de la guardia municipal montada con traje gala, a la que se adhirieron gran número de sociedades culturales representativas de todos los sectores de la ciudad, junto a los gremios con sus respectivas banderas. La comitiva la cerraba el Ayuntamiento precedido de los  maceros con un presidencia formada por el Alcalde Sr. Valentin, el Sr. Benlliure, el General Tovar, el Gobernador Civil, el Presidente de la Diputación, el rector de la Universidad, abundando la misma con un representante de Su Majestad y de Hacienda.

Junto al Palau esperaban el Prelado y el Presidente de la Audiencia y con la llegada sonó la Marcha de la Ciudad para continuar con la interpretación del particular Himno Valenciano, con letra de Teodoro LLorente y música de Salvador Giner, que habia sido utilizado para la inauguración de la Exposición Regional a cargo de la Sociedad Económica de Amigos del País en 1883, en un acto donde fueron muchos quienes tomaran la palabra en homenaje al pintor que había fallecido hacía poco mas de un año.

Fue Don Joaquín Agrasot, quien descubrió la estatua sedente de Ignacio Pinazo, obra del Vicente Navarro Romero, que iba a desaparecer, décadas después, por los disturbios habidos durante la guerra civil.

domingo, 8 de mayo de 2016

FRUTO DEL DESAMPARO

Archivo Municipal

La devoción a su patrona tiene un fuerte arraigo entre sus hijos. Virgen de los Desamparados que es considerada por muchos como la “Mare dels bons valencians”: grito de fervor popular efectuado al calor de la celebración en su festividad del segundo domingo de mayo, cuando el traslado de su imagen desde su Basílica a la Seo, llevada en andas por sus fieles devotos, tal y como vemos en la foto de los años veinte.

Pero el origen de su devoción nos llega del lejano siglo XV en consecuencia a unos hechos relevantes que han dejado en las páginas de nuestra historia hitos de gran trascendencia social. La primera mecha se produjo en 1409 en el interior de la Catedral, ante el sermón del padre mercedario Juan Gilabert Jofré, impresionado al ver el abandono e insultos que sufrían por las calles de la ciudad quienes en aquellos años eran considerados como “locos”, cuando no eran más que unos pobres desgraciados.

La reacción ante aquella denuncia fue inmediata. En 1410 gracias al patricio Lorenzo Salom, patrocinador junto a otros de un centro hospitalario para estos necesitados, se obtuvo la bula pontificia de Benedicto XIII y el privilegio del rey Martín I, siendo nominado como “Hospital de Ignoscens, Folls e Orats” y la Virgen María su especial abogada.

En 1413, Lorenzo Salom y ya con el hospital en sus funciones, aunque cada vez con mayores problemas por aumentar el número de acogidos, crea la "Cofradía de Santa María dels Ignoscens" para obtener así una mejor ayuda económica de quienes estaban dispuestos a la caridad.

El refrendo constitucional y definitivo, para satisfacción del patricio, se vería rubricado en 1414 en la ciudad de Morella por gracia del Rey Fernando I, en el que entre otras potestades establecía para la Cofradía la posibilidad de recoger los restos de los ajusticiados en la horca para su traslado a una nueva ermita proxima al barranco de Carraixet y para su sepultura.

En muy pocos años estaba en marcha una inmensa obra de caridad que daría vida a la Virgen de los Desamparados, fruto de una devoción necesitada de imagen.


sábado, 2 de abril de 2016

FIESTA VICENTINA, MOÑOS Y GORRAS.


Años 20 - El moño quedaba atrás en tan humilde moda, junto a los largos faldones que en su complemento uniformaban a la mujer de la época.  El tapado masculino se corresponde con la gorra. Las manos en los bolsillos indican relajo. Entrega al acto popular, que no rendición.

Les “covetes dels sants joans” quedan ocultas por el gentío que acude a la representación milagrera en modesto y festivo fervor. Un friso de banderas decora la base del escenario ante el barroquismo del gran retablo en la trasera de la evangélica iglesia de los Santos Juanes, frente a la Lonja.

Fiesta de San Vicente Ferrer, de gran tradición popular, como se demuestra año tras año en recuerdo de los milagros vicentinos escenificados por niños, lo que asegura su continuidad.

Su antigüedad se remonta al siglo XV cuando en la calle del Mar, en lugar próximo al de su casa natalicia,  se celebró la primera representación teatral callejera en homenaje al santo patrón de Valencia.  Fiesta que en la actualidad se celebra pasada la fiesta de la Resurrección de Cristo.


Fiesta y tradición, moños y gorras.  Todo se complementa.

sábado, 12 de marzo de 2016

EL VIEJO CLAUSTRO DE LAS ESCUELAS PIAS


(Con mi agradecimiento a Amparo Cerverón LLeó)

El incendio que dejó en muy mal estado la parte del colegio situada sobre la panda del claustro pegada a la Iglesia, fue provocado en 1939 en el momento de su abandono por quienes lo habían tomado durante el periodo de la guerra civil. 

Ya en 1874 se había producido otro incendio, pero en el lado opuesto que da a la calle Villena, evidenciado hace escasos años por una reforma interior con la aparición de vigas quemadas.

Para la reconstrucción de la zona dañada, los padres escolapios vendieron su casa de Godelleta a los salesianos, ahora convertida en centro de convivencia y escuela medioambiental. Fueron tan escasos sus medios económicos que la nueva edificación redujo su altura con sólo dos plantas, más estrechas y sin pasillo interior. Su menor volumen benefició al claustro que pasó de tener cinco arcos laterales a siete. La biblioteca del colegio que estaba situada en una de las plantas destrozadas, utilizadas también para aulas, se trasladó con el tiempo a la planta baja para estudio de los nuevos investigadores.  

En las fotos de los años veinte vemos su aspecto de entonces con la rejas como adorno. Al quitarlas tras la restauración que se había iniciado en 1939, terminada en 1944, quedaron unos huecos en los bancos aprovechados por los alumnos cuando jugábamos a las canicas utilizados como "guás" durante varias generaciones. Ahora, hace alguna década, se taponaron con cemento y con ello se acabo con el juego.



El viejo claustro escolar, espacio de festejos, vital para los instantes del recreo y la gimnasia, se convertía en pista de baloncesto como orgullo escolapio, especialmente en la década de los cincuenta, con los encestes de los Bernat, Penades, Carceller, Ripoll, Aranda, Machancoses, Ruá, Zanón, Sáez, Ribera, Fernández, Requeni... y el largirucho entrenador Miki: 

¡Los héroes del domingo!

viernes, 10 de abril de 2015

LA PLAZA DE LA REINA


Archivo Municipal

Tras el derribo del Convento de Santa Tecla y la puesta en marcha de la calle de la Paz, surge un nuevo espacio urbano llamado a concentrar durante medio siglo la vida comercial de la ciudad junto a la plaza de Santa Catalina, que por su menor dimensión y como punto de paso al mercado, había sido el epicentro de la Valencia decimonónica. Placita que por el incesante trasiego humano en la zona, el esponjar sus calles se había convertido en el principal anhelo del consistorio.

Surge pues la plaza de la Reina, así bautizada en 1878 como homenaje a la esposa de Alfonso XII y se convierte en el punto de encuentro de calles de principal importancia: San Vicente, Paz y Mar, donde se ubicarían nuevos establecimientos comerciales que iban a significar un nuevo hábito de compra en la familia valenciana.

En ella se instalan los almacenes de La Isla de Cuba, Máquinas Singer, el Bazar Quirúrgico, la  Joyería Martínez, el Precio Único, Bovi Peluquero, La Perla del Turia, tiendas a las que entre otras acudían su fiel clientela; el Café El Siglo en la esquina de la calle Paz era punto obligado, entre agua y azucarillos.

Se iniciaba la motorización y son escasos los coches sobre una calzada donde los carros se resisten a abandonar, que vemos en la foto de los años 20 ante la entrada del azucat de "Angosta de Borriol". Carros y mulas que existirían durante bastantes años por nuestras calles.

Tendrían que pasar más de sesenta para que una nueva y amplia plaza de la Reina dejara en el olvido la del Micalet a pies de su torre. 

Y de aquella plaza de Santa Catalina apenas queda la taza caliente de chocolate, aunque el bullicio de la gente siga intacto.

jueves, 12 de febrero de 2015

EL POETA NICOLÁS Y SUS ZAPATOS VOLADORES.

 
El poeta Nicolás junto a  una falla del centro histórico de Valencia. Años 20 – Falla centro histórico


Bohemio personaje que fue popular en la Valencia de la primera mitad del siglo veinte. Le conocí cuando ya anciano lo habían acogido en el Asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados y lo enviaban periódicamente con las cuchillas y las placas de la picadora de carne para que se las afilaran en una firma comercial de maquinaria para la alimentación cuya oficina estaba en la calle San Vicente Mártir, empresa en la que trabajé mis primeros nueve años laborales. Una de las veces, en 1959, me regaló la foto que acompaño con una rimbombante y cariñosa dedicatoria en su reverso (Pongo a su disposición este retrato como recuerdo de la causa que lo indujo a apreciarme. Nicolás), y en otra ocasión nos comentó a mayores y jóvenes su último invento, los zapatos voladores, “ya que colocando tacos de goma muy elásticos bajo las suelas podríamos andar más rápido”. Me ha recordado que hace pocos años vi en televisión anuncios y comentarios sobre artilugios colocados en los pies para andar más veloz.

Reverso de la foto del Poeta Nicolás.-Valencia. Reverso de la foto

Cuando me dio la foto se la enseñé a mi madre, quien me contestó que había sido un personaje muy conocido, sin malicia, que cuando menos lo esperaban los viandantes se detenía en una calle y le dedicaba apasionados versos a una señora o señorita de algún balcón o ventana.

Según el periodista Rafael Brines Lorente era un hombre menesteroso pero con gran dignidad, que improvisaba versos, unas veces más acertados que otras, los declamaba principalmente en la Alameda formando corro y falleció en los años sesenta en el citado asilo. Según mi madre era soltero y el único Nicolás de los años sesenta en el citado centro asistencial, tras las pacientes averiguaciones de la Hermana Ana, fue un turolense casado que falleció en 1971.

O fue este señor o posiblemente tuviera otro nombre y Nicolás se lo puso él como admirador de poetas como el valenciano Nicolás Núñez, famoso en el siglo XV, y el cubano Nicolás Cristóbal Guillén, muy importante en el siglo veinte.

En la foto, de autor anónimo y realizada en los años veinte junto a una falla del centro histórico, está el poeta Nicolás sobre dos piedras y ataviado con un amplio abrigo en cuyos grandes bolsillos guardaba hojas con poesías.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

lunes, 2 de febrero de 2015

EL MERCADO CENTRAL EN CONSTRUCCIÓN

años 20 plaza del mercado

Desde su inicio, las obras para la construcción del Mercado Central fueron muy lentas, tanto desde el comienzo de los derribos iniciados en 1910, como cuando más de cinco años después, el 30 de diciembre de 1915, se procediera a la colocación de la primera piedra del que iba a ser uno de los mercados cubiertos de mayor superficie de Europa.

No sería hasta octubre de 1916 cuando se acordara el derribo de los pórticos y cuerpo central del Mercado Nuevo que había sido construido en 1839. Y es en 1917 cuando el Capitán General acepta el traslado de la Guardia del Principal a la Lonja enfrente, para dar mayor rapidez a unas obras (velocidad que por el momento no se logró) que no se terminarían hasta 1928 con su inauguración el 23 de enero, onomástica del Rey Alfonso XIII.

En los primeros años de la década de los veinte y por problemas económicos las obras estaban casi paralizadas, con mayor celeridad a partir de 1924.

Observamos en la foto (cuando la plaza aparecía en el nomenclátor como del Guerrillero Romeu) el mercado en plena ebullición, con los puestos en la calle y las vendedoras abrigadas del frío con sus puestos de verduras y frutas. El edificio de ladrillo cara vista y próximo a los Santos Juanes ya está terminado, a la espera de que lo sea en su totalidad, para  que el mercado callejero ocupe los puestos de tan singular obra modernista que con los años iba a tener un gran  atractivo turístico.

domingo, 25 de enero de 2015

ABANICOS CARBONELL, VARILLAS DE ARTE


AÑOS 20 ABANICOS CARBONELL san vicente 58

En la Valencia del ochocientos la incipiente burguesía,  a ritmo lento, buscaba su acomodo pese a los sucesivos cambios políticos que no hacían más que frenar un avance industrial llamado a germinar en una clase media que acortara la distancia piramidal propia del antiguo régimen.

La industria del abanico tenía un reconocimiento ganado a pulso. El necesario para ajustar unas varitas de peral que a su apertura mostraran sobre tela o papel, toda la belleza y gracia propias de la sensibilidad y buen gusto de sus artesanos.

Porque Valencia los tenía. Y entre sus numerosos talleres iba a destacar el de Abanicos Carbonell que ha llegado hasta nuestros días situado en la calle Castellón núm. 21, local inaugurado en el año 1941. Con anterioridad la fábrica estuvo un tiempo en la calle Sevilla.

abanicos carbonell-tarjeta

Iniciada su andadura en años prerrevolucionarios, abrió sus puertas en 1864 en la calle amurallada de Guillén de Castro, 136.  Pese a las dificultades, mantuvo el garbo de sus varillas para fijar una nueva ubicación en el centro de la ciudad, "ensartando" su nueva red comercial dado el éxito obtenido, mediante otras sedes en lugares estratégicos: Gran Vía núm. 14 y en los años treinta María Cristina núm. 4 hasta 1991. Tiendas que iban a refrescar Valencia aventando el arte.

La foto de los años veinte de la calle San Vicente en un día festivo nos muestra en el balcón la exquisitez de su ornato que como no podía ser de otra manera, viste de abanico.

Fuente: Abanicos Carbonell

lunes, 19 de enero de 2015

EL PALACIO DE JURA REAL

años 20 palacio de jura real

Años 20 - El Palacio de Jura Real estaba situado en la plaza Emilio Castelar. Ocupaba una parte de la actual manzana lindante entre las calles Cotanda y En Llop con su lateral recayente a ésta: vecindad que dio origen a un singular anecdotario urbano.

Palacio de finales del siglo XVIII era la residencia del prócer Francisco Castillo, quien fue invitado a Madrid a la jura del Príncipe de Asturias y luego Rey, Carlos IV, regresando con la otorgación de un título nobiliario que daría nombre a su residencia. Lo que fue motivo de una envidia urbana que iba dar vida al Nano del Carrer d'en Llop.

El palacio que observamos y ante él una parada de tartanas, los taxis de la época, fue derribado con la reforma de la plaza consistorial, y como recuerdo, una de sus puertas fue trasladada en un principio al recinto de la Feria de Muestras, para su utilización final como una de las diversas entradas de los Jardines del Real, la situada en la calle Jaca.

Y fue con estas, cuando mientras el “marqués” se fue a los Viveros, el "nano", emprendió su camino hacia un chalet de La Cañada donde actualmente permanece.

miércoles, 14 de enero de 2015

LA CASA DE LOS CANÓNIGOS

 años 20 la casa de los canonigos

Años 20 - La Casa de los Canónigos unida a la Catedral y taponando las capillas de uno de sus laterales, daba este aspecto a la calle del Micalet, que pese su estrechez, era capaz de dar paso a los tranvías y en su doble vía.

Su interior tenía comunicación con la Catedral facilitando su servicio; al fondo de la imagen se observa el reloj que alzaba las miradas a los paseantes por la zona.

En 1970 fue derribada ocupando su lugar un jardincillo decorado con los mismos pináculos que remataban el edificio, y unos bancos de piedra que invitan al descanso. Con su ausencia, quedan al descubierto los ábsides de cuatro de sus capillas, y por ella, una parte de la historia catedralicia ha desaparecido, pero la imagen nos recuerda su pasado, obligada a su deber que tanto nos enriquece en un lugar que aún con el paso de los años, siempre está concurrido por la atracción que ejerce sobre los valencianos, sea cual fuere su motivo.

¡Divino...o humano!

miércoles, 7 de enero de 2015

LOS ESCALONES DE LA LONJA

Joaquin Collado 1972
1972 – Foto del autor Joaquín Collado

La ciudad de Valencia, de la que se puede decir que es plana como la palma de una mano, no está necesitada de colocar escalones para comunicar sus calles, plazas y barrios, al estilo de otros lugares.

La excepción está fijada en la popular calle que vio su luz tras la construcción de la Lonja de la Seda en el siglo XV, conocida en el nomenclátor con diferentes nombres, entre los que por un tiempo figuró el de “Escalones de la Lonja”, por derecho propio ejercido, como lo es el actual y desde 1996, de Pere Compte, el maestro cantero y “molt sabut en l’art de pedres” y creador de aquel “templo de mercaderes”.

Joaquin Collado 1970 1970 – Foto del autor Joaquín Collado

El hecho de que el suelo de la calle esté elevado y al mismo nivel de la Sala de Contratación, se produce fundamentalmente por las bóvedas existentes en los subterráneos de sus casas aledañas, lo que obligó a su colocación, siendo mayor su número de escalones por donde se comunica con la plaza del Mercado.

 Joaquin Collado 1969
1969 – Foto del autor Joaquín Collado

Los “escalones de la Lonja” han sido extensión del mercado, lugar de encuentro, de descanso momentáneo, incluso para los de alpargata con meñique al aire, también para quienes procuran tertulias con bastón, y en especial, un muy buen lugar para quienes dispuestos al cambalache, acudían con sus relojes de pulsera y de bolsillo, mecheros de rasca y gasolina, en una costumbre de mercadillo que tiene su continuidad en el artista callejero que ofrece bocetos de la ciudad hechos a plumilla.

Anuncio Excelsior. Esquina a la Lonja. Años 20
Años 20 – Archivo de Rafael Solaz

La que se conoció como calle de los “Escalones de la Lonja”, con sus losas desgastadas por el constante paseo peatonal. 

Entre idas y vueltas y de plaza a plaza: las del  Mercado y Collado.

miércoles, 1 de octubre de 2014

LA CAFETERÍA RESTAURANT DE LA ESTACION DEL NORTE

estacion del norte_restaurante
Foto de Barberá Masip

Años 20 - La antigua cafetería restaurante de la Estación del Norte que diseñara Demetrio Ribes de estilo modernista tenía en correcto maridaje el costumbrismo de la huerta valenciana, su albufera, sus barracas, sus flores y el punto emblemático entonces de la ciudad que suponía “el Micalet”, en una decoración de paneles cerámicos realizados en la fábrica de Burjasot de “Azulejos Antonio Bayarri Hermanos” y de la mano del pintor ceramista Muñoz Dueñas.
Lugar no solo de “parada y fonda” para quienes esperaban el pitido de salida desde uno de sus andenes del tren dispuesto a inundar de vapor nuboso el umbráculo ferroviario, sino como punto de encuentro relajado, al igual que coqueto, que en sus funciones de restaurant lograba que el cliente se encontrara de inmediato inmerso en la Valencia huertana, fuera como visitante interesado o como vecino de la ciudad.

restaurante estacion norte
(Con mi agradecimiento a Carmen Pinedo Herrero)

Las botellas de agua sobre la mesa de mármol suavizaban el sabor del café humeante de la mañana o de la media tarde y las vemos en su presencia formando parte de tan singular recinto –hoy lugar útil para exposiciones culturales – en el que el Maître y el camarero uniformados posan a la cámara para mostrar en su conjunto uno de los lugares más increíblemente bellos de la Estación de Norte de Valencia.

sábado, 12 de julio de 2014

ERNEST HEMINNGWAY - VALENCIA LITERARIA

Heminway pasaporte Su pasaporte

Años 20 - El conocido escritor (Premio Nobel) y periodista (Premio Pulitzer) fue un gran amante de nuestro país, de la fiesta taurina y de la gastronomía. De sobra es conocida su pasión por los Sanfermines, pero a Hemingway también le gustaba mucho nuestra ciudad y en ella estuvo en muchas ocasiones. De hecho, en sus libros, Por quién doblan las campanas, Muerte en la tarde y Fiesta, hay numerosas referencias a Valencia. Y también en la correspondencia que mantenía con sus amistades, podemos encontrar buenas palabras sobre Valencia.

Estos son algunos de lugares de nuestra ciudad que frecuentaba el escritor:

1. Hoteles.

- Hotel Inglés (c/ Poeta Querol): allí se hospedó con su primera mujer, Hadley Richardson, una bella pelirroja norteamericana, en su primera vista a nuestra ciudad en 1923.

- Hotel Palace (C/ Paz), actualmente conocido como Hotel Vincci Palace. Durante la Guerra Civil española, el periodista enviaba desde el teléfono de este hotel sus crónicas periodísticas a los diarios americanos de los que era corresponsal.

- Hotel Reina Victoria: era el preferido por Hemingway, reconocido aficionado al arte de los Toros, ya que en el mismo hotel se solían hospedar sus amigos toreros, como Antonio Ordoñez o Luis Miguel Dominguín. Alojado en este hotel, comenzó a escribir una de sus más grandes novelas Fiesta, en 1925.

- Hotel Metropol (C/ Jativa): Hemingway también se alojó en el Metropol, justo enfrente del coso taurino. Existe la leyenda, tal vez sea cierta, que fue expulsado del Metropol por hacer prácticas de tiro con una colilla que su amigo Orson Welles —otro gran aficionado a los toros—, sujetaba en su boca.

- Hotel Royal: allí fue donde se hospedó en su última visita a Valencia en el año 1959.

1959 valencia foto de canito En ocasión de su última visita – Foto de Paco Cano (Canito)

2. Oficina de Correos (actual Plaza del Ayuntamiento)

En 1925, desde esta oficina, mandó a su padre (Illinoise – USA) una reveladora carta donde le anunciaba, con la expresión "Tengo 60.000 palabras”, el nacimiento de su primera gran novela: Fiesta, basada en la vida del torero Cayetaño Ordoñez.

3. Restaurante La Pepica – La Malvarrosa

Hemingway disfrutó mucho en Valencia, de los toros, el mar, del buen tiempo y también de su gastronomía. En una carta enviada a su amigo Waldo Pierce en 1928, le cuenta: “En Valencia es condenadamente estupendo comer en la playa ...”.

Y en su libro Fiesta nos descubre su restaurante preferido en Valencia:

la pepica Fuente – Restaurante La Pepica

“La cena en casa de Pepica fue excelente. El restaurante era grande, limpio y al aire libre, y todo lo cocinaban a la vista del cliente. Se podía elegir lo que desearas, asado o a la plancha, y el mejor pescado, y los arroces eran los mejores de la playa. Estábamos de buen humor y hambrientos, y comimos bien. Pepica es un negocio familiar y todo el mundo se conocía.[...]".

En el restaurante La Pepica podemos ver muchas fotos del escritor degustando su famosa paella.
4. Plaza de Toros (C/ Jativa)

Indudablemente fue el lugar preferido de Hemingway en nuestra ciudad. En ella paso muchas tardes disfrutando de corridas de toros que tanto le apasionaban.

 Hemingway- Años 50
Años 50 - © Paco Cano (Canito)

El fotógrafo alicantino Paco Cano, más conocido como "Canito", inmortalizo en muchas ocasiones al genial escritor en la Plaza de Toros de Valencia, siempre bien acompañado de amigos, gente de cine y, por supuesto, de maestros del toreo.

Texto de Mauro Guillén

Fuente: “ABC”

miércoles, 9 de abril de 2014

CRUZANDO EL RIO

el paso de la barca AÑOS 20

Fuente – Salvador Monmeneu

Ca. 1928 - El rio Turia en su parte final al mar siempre tuvo agua incluso después de su desvío por el “plan sur”, pues la mantuvo hasta la urbanización de la zona de Monteolivete en el desaparecido azud de oro. Muy atrás quedaba cuando el río era verdadero río y aún no se había construido el puente de Nazaret que entraba en funcionamiento en 1931. El paso de una ribera a otra, en el tramo que en el cauce aún no existían los pretiles, lo facilitaban unas barcas en diferentes puntos recreando momentos como el de la foto en el que un señor mayor y una jovencita, estirando de la cuerda, cruzan el río con absoluta tranquilidad rodeados de un bosque de cañas en las primeras horas del día. Río, barcas, y hasta barqueros había.