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domingo, 8 de septiembre de 2024

LA TELEFÓNICA OBSERVA ATENTA LOS CAMBIOS EN LA CIUDAD.

 

Archivo Municipal

Iniciada la década de los treinta por la calle Játiva y en su tramo frente a la Plaza de Toros y Estación del Norte, ya se habían iniciado los derribos para dotar al mismo de la modernidad que en la nueva década se iba imponiendo en el centro de la ciudad.


Ya más avanzados los mismos desde Amalio Gimeno hasta la calle Rivera, a los edificios a su derecha la piqueta algo más lenta continuaría en su labor para la apertura de un solar donde el Hotel Metropol ocuparía su lugar más prominente.


Se observa en la foto la estrechez de la calle Rivera, que con la nueva urbanización que se avecinaba ganaría en amplitud.


La cúpula del edificio de la Telefónica al fondo y ante la plaza Castelar, donde la modernidad ya se había impuesto, nos da una idea de su nueva anchura, escondida por los nuevos edificios en su fase terminal de la calle perpendicular de Convento de Santa Clara, que durante unos años de aquella década tomó el nombre del Periodista Castell, para retomarlo en 1939.


Cuatro paseantes dan vida a una foto en una zona que con sus nuevos edificios, y ya como tramo comercial de primer orden, se vería saturado en apenas unos pocos años.


Valencia cambiaba su piel y la foto en blanco y negro nos informa de un pasado de hace un siglo.

sábado, 7 de septiembre de 2024

FINAL DE LOS SESENTA EN LA CALLE JÁTIVA


Era una España de finales de los años sesenta muy particular. El optimismo crecía tanto en afán de progreso que hasta la producción automovilística nacional de coches prácticos de principios de década había cambiado a la búsqueda del atractivo tanto en la carrocería como en los terminados interiores.

La fotografía del tramo de la calle Játiva hasta el primer tramo de la calle Guillén de Castro ofrecen estos coches de la época: Un Renault 8, que hacía poco que se había lanzado, ya que lo hizo en 1965, de impecable comodidad en los asientos, la furgoneta Ebro Siata con gran capacidad para el transporte, que ya había salido al mercado dos años después, y el Seat 124 un año más tarde que la Siata.

La doble dirección en calle Játiva permitía el acceso rápido a distintos puntos de la ciudad, pasando ante la gran mole del edificio Garcerán, o cuyo nombre habitual es la Finca de Hierro, donde en los bajos de su chaflán se lee a duras penas el nombre del cupón por él creado: Cupón Regalo Comercial.

Para continuar hacia la Calle Guillén de Castro habría que pasar por el cruce de la elegante Avenida del Oeste, de esbeltos edificios, para llegar a la iglesia de San Agustín.

Para otros la soleada mañana invitaba a sentarse en la terraza del bar de la esquina con la calle Bailén. Los escaparates de la Casa de los Caramelos estaban repletos arriba y abajo, y los gajos de naranja y limón reclamaban la atención sobre el mostrador. Que por cierto, la sucursal que ocupaba el número 20 y 30 de la calle se acabaría de establecer hacía muy poco, pudiera ser ese mismo año de 1969. A continuación unos carteles luminosos en la pared indicaban que a pocos metros de entrar en la calle Pelayo, en el número 5, anunciaban la tienda de Pepe Vello, cuya referencia era la de Joymar, que además de ser un empresario dedicado a los artículos de piel, así como cinturones, bolsos, y artículos de viaje, era un conocido seguidor del VCF.

Parece como un colgante adherido al anterior cartel el anuncio del Supermercado Játiva, conocido supermercado del momento, instalado allí desde 1960, y que estaba unos metros más allá, en la calle Convento Jerusalén, que previamente era un pequeño ultramarinos de principios de los años treinta en la calle Matemático Marzal.

Texto de Amparo Zalve

lunes, 6 de mayo de 2024

LA CALLE JATIVA, ANTE SU CAMBIO DE PIEL

 


Este es el aspecto que ofrecía la calle Játiva en los últimos años de la década de los veinte del pasado siglo.

La estación del Norte ocupaba su nuevo espacio desde 1917 y en la Avenida de Amalio Gimeno el cine Rex venía ofreciendo sus espectáculos desde 1923, con su inicial nombre de Gran Teatro y sus funciones de ópera. El Luis Vives estaba a la espera de que en los solares próximos se alzaran nuevos edificios que iban a dar modernidad a una de las zonas con más futuro de la ciudad, comunicado a su espalda con la plaza de San Agustín a través del Cobertizo de San Pablo, llamado a desaparecer por su lúgubre aspecto.

Vemos en la foto el Convento de Jerusalén entre la calle con su nombre y la de San Vicente, que había sido fundado en 1500 bajo la custodia de la Orden Franciscana de Gandia.

Desde la Iglesia de San Agustín se estaba en la creencia del proyecto Aymami que iba a comunicar la plaza en una nueva avenida con su final ante el Puente de San José.

La Terraza Imperio aún no le había llegado la hora, de cuando los derribos a espaldas del Gran Teatro, que tomaría su nombre por una gasolinera en la zona, y luego desplazada a la Gran Vía Ramón y Cajal.

Tendrían que pasar tres décadas para que la Finca de Hierro, como palo mayor de la zona, abriera sus alas al viento con una transformación urbana que nos fascina.

miércoles, 27 de marzo de 2024

LA CALLE JÁTIVA LUCIRÁ NUEVO ASPECTO

 

Archivo Municipal

1927 - En la cabeza de los munícipes estaba el cómo iba a ser la futura plaza Castelar, llamada a configurarse de forma triangular; había desaparecido la Bajada de San Francisco y la fachada del nuevo Ayuntamiento reinaría en la plaza frente al nuevo Palacio de Correos y Telecomunicaciones, en lado angular al edificio de la Telefónica que se estaba culminando.

El traslado de la Estación del Norte a la cercana calle Jativa había posibilitado el nuevo aspecto de la plaza donde la tortada de Goerlich esperaba su puesto. La segunda mitad de los años veinte fue frenética en nuevas construcciones en una zona llamada a convertirse en el centro comercial, lúdico, bancario y social de la ciudad, mientras que la burguesía valenciana se ufanaba en la zona como el más óptimo lugar de residencia.

No podía quedarse atrás en aquel objetivo la calle Játiva, frente a la Plaza de Toros y la nueva Estación del Norte. A la retícula entre la calle Pi y Margall y la avenida Amalio Gimeno le había llegado su hora y en noviembre de 1927 el alcalde Marqués de Sotelo cito en reunión a todos los propietarios de este tramo para anunciarles la necesidad de los derribos, con el fin de levantar nuevos edificios en consonancia con los que se estaban construyendo en la plaza consistorial.

La asistencia de los interesados fue masiva, recibiendo el alcalde por parte de ellos toda clase de facilidades. Reunión a la que solo faltó don Enrique Monforte, propietario de la casa de la calle Játiva lindante con la Avenida Amalio Gimeno, que por su importancia fue citado de inmediato.

Edificio este que fue reemplazado por el de la Unión y el Fénix, construcción de Enrique Viedma que entró en servicio en el año 1933. El cambio en la zona fue radical junto al Hotel Metropol en el otro extremo del arquitecto Francisco Almenar, que había sido inaugurado un par de años antes. Y el City Bar en la esquina de la calle de Ribera: lugar bohemio de los años cincuenta y sesenta.

La Valencia de los primeros años de la década de los treinta estaba en ebullición y la antigua zona torno al Convento de San Francisco derribado en su totalidad en la última década del XIX, con su vecina Estación del Norte, iba a ser el punto de llegada de los visitantes por ferrocarril.

viernes, 3 de julio de 2020

CALLE JÁTIVA: ¿PEATONAL?

Archivo Municipal

1923 - Habia quedado algunos meses atrás la temporada de verano en el Luna Park frente a la Estación del Norte y el parque de atracciones quedaba en silencio, el teatro de verano dejó atrás las comedias que tanto hacían paliar los cálidos días.  

El día a día volvió a la normalidad y la calle Játiva seguía siendo un ir y volver de transeuntes que caminaban por el suelo adoquinado, el mismo que solían comentar las señoras cuando los finos tacones se les incrustaban entre piedra y piedra.

Las casas no levantaban más de dos alturas, la que más tres, aunque apenas se notaba el desnivel, con la estrecha calle Ribera en el centro del tramo. Los anuncios publicitarios llenaban las fachadas con carteles que anunciaban cualquier negocio que distaba de allí pocas manzanas. Los carros se adueñaban del adoquinado, siendo el tráfico principal, razón por la que ciertos “fematers” recogían los excrementos de las caballerías que servían como buen abono para la huerta.

Archivo Municipal

Pocos coches se veían, y el que pasaba llamaba la atención. Si no iban de techo cubierto, pasaban con cierta arrogancia cubiertos de guardapolvo, gafas grandes y gorro. Diligencias también, especialmente las que venían de los pueblos. Ocupaba el centro de la calle la línea del tranvía de circunvalación .

¿Podrían ir a pasear desde la esquina de la calle Pi y Margall hacia Amalio Gimeno, llegando a misa en San agustin?, ¿Sería diciembre y se dirigían a sacar las entradas del recien acabado Gran Teatro en Amalio Gimeno, puesto que se inaugura el dia 6 con la zarzuela Doña Francisquita? ¿O quizas a esperar al Tren expreso de Madrid que llegaba a la novísima Estación del Norte inaugurada tan solo apenas seis años antes?

Raro no ver a los “paseantes”, no sería la hora, con los niños de dos en dos y en filas paralelas, llevándolos al colegio, o de vuelta  a sus hogares en la ruta diaria.  

Eso sí, mujeres con cestas y buen peso, llenas de hortalizas, de vuelta del Mercado Central.

Texto de Amparo Zalve Polo