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martes, 4 de diciembre de 2018

MORRO DE VAQUES

Los Jurados - Grabado de la época

Desde el siglo XIV existía en el cap i casal la figura del verdugo, el encargado de ejecutar las órdenes de la justicia desde arriba del cadalso, personaje conocido con el nombre de “Morro de Vaques”, auxiliado en su trabajo por un ayudante que tenía como propio el de “Mala Ropa” o “Poca Ropa”.

Pasados unos siglos, el 9 de enero de 1673, los Jurados dispusieron para el Morro de Vaques una nueva función, la de perrero: el encargado de recoger de las calles los perros, gatos y otros animales muertos que quedaban abandonados por la ciudad.

Y por este trabajo retribuido con seis pesos al mes, se le proporcionaba, ademas, un jumento, ropa, y una escalerilla para colocarse sobre el sombrero, a semejanza que la de metal y en alusión a la escalera del cadalso, ostentaba cuando su función de verdugo.

Enseña que debía portar incluso cuando se vestía con ropa normal, y con la obligación, al igual que para su ayudante, de calzar guantes en las manos y portar un junquillo para tomar las cosas que compraban en el mercado.

miércoles, 7 de junio de 2017

LA CASA VESTUARIO

Archivo Municipal

1910 Ca. - En torno a la Seo giraba la vida política de la ciudad con sus edificios próximos cuales eran el Palau y la Casa de la Ciudad. La Basílica de la Virgen recogía y recoge el fervor de los valencianos que buscan su amparo ante un "Micalet" atento.

Vida social y política que se refrendaba en el interior de la catedral con gran boato, tanto en cuanto eran los jurados de la ciudad quienes en traje de gala acudían a cuantos eventos eran requeridos en su representación municipal, tanto oficiales como festivos.

Es con este objeto cuando nace la Casa Vestuario frente a la puerta gótica en su función de lugar donde los protagonistas de la historia cambian su ropa de calle por la de gala que dignifican tanto el acto como el cargo.

Construida en 1800 para darle mayor realce y en consonancia con el entorno, ya existía años antes en el lugar un modesto edificio que al igual que hacían los jurados ennobleciendo sus vestimentas, fue Cristóbal Sales el encargado de sustituirlo por otro de nueva planta, según un proyecto que había realizado Josef García, arquitecto mayor de la ciudad.

Utilizada después con otros fines públicos, también culturales, curiosamente, y para cumplir con su finalidad, todos los jueves del año, fieles a la milenaria tradición, los síndicos del Tribunal de las Aguas al toque de las doce campanadas del "Micalet", salen desde su interior hacia la puerta catedralicia para establecer justicia, una vez han sustituido su ropa de calle por el negro blusón huertano de las mejores galas que portan con dignidad.

jueves, 30 de octubre de 2014

LA CASA DE LA CIUDAD

 


Archivo Municipal

1350 Ca. - La que fue conocida como “Casa de la Ciudad”, estuvo muy ligada a la historia del “cap i casal”, tanto en cuanto su anecdotario es rico en acontecimientos. De inmediato a su Reconquista, Jaime I creó los Jurados que rigieron la Ciudad, en un principio establecidos en diferentes sedes de los alrededores de la Seo.

A mediados del siglo XIV los Jurados consiguieron del rey Pedro II el Ceremonioso, también conocido como el del “puñalet”, la cesión del antiguo Palacio de Vidaure, residencia de Doña Teresa Gil de Vidaure (noble dama aragonesa de quien Jaime I se había apasionado y tomada en secreto como tercera esposa) lugar que había sido de festines cortesanos y con gran pompa, limitado entre cuatro  calles: Caballeros, Hierros,  Baylia y Reloj Viejo.  Edificio que había sido adoptado en un principio como Ayuntamiento, en el año 1311 por orden de Jaime II.

 El edificio se fue adaptando en los años a las necesidades de los ediles, perdiéndose su anterior suntuosidad de reminiscencias arquitectónicas árabes, llena de fascinación.

Desde el primer momento y por decisión del Conquistador, también fue lugar de cárcel hasta el siglo XVI. No obstante, en su interior, se procuró la dignidad que le correspondía, con su pavimento marmóreo de las canteras de Porta Coeli, arcos góticos, capiteles, rico artesonado, vestido a la sazón con una importante pinacoteca real, y escudos de armas de la nobleza de Aragón, de Castilla y demás dominios soberanos, destacando el Salón del Consejo o Sala Daurada, con su magnífica techumbre artesonada, en la actualidad restaurada en el Consolat del Mar de la Lonja, con su espléndido balcón corrido de forja a la calle Caballeros, con dos torres en los flancos y sus cuatro puertas principales, situadas cada una de ellas en sus cuatro frente laterales.

Un voraz incendio en 1585 consumió gran parte de su archivo documental, así como su ornato, al parecer debido a un fuego iniciado por los presos que fueron trasladados a otros lugares de presidio. Pese a su restauración y posteriores reformas, la Casa de la Ciudad entró en un proceso de degradación por el abandono de gran parte de su interior con cortinas de silencios.

Debido a otro incendio, finalmente, el Consistorio, albergado en el viejo caserón,  fue trasladado a la Casa de la Enseñanza de la calle de la Sangre, en un proceso que culminó torno a 1860.