lunes, 6 de junio de 2022
UNA REFORMA DE NECESIDAD
jueves, 24 de febrero de 2022
LO QUE FUE UN PELIGRO PARA SANTA CATALINA
1929 - Entre otros muchos proyectos a lo largo de los años veinte y treinta del pasado siglo, emanados de la "reforma interior" de Federico Aymami de 1908, el de Francisco Javier Goerlich para la plaza de la Reina, entre otras propuestas, contemplaba el derribo de la Iglesia de Santa Catalina, dejando exenta su torre campanario barroca para darle continuidad a la calle de la Paz, hasta su conexión con las Torres de Cuarte. El diario Las Provincias mostraba en sus páginas cómo iba a ser la Valencia de los próximos años.
Proyecto éste que presentado por el arquitecto municipal en 1935 dio ocasión, como era lo natural, a una fuerte polémica, donde la oposición de otros arquitectos fue manifiesta, toda vez que abogaban por una toma de decisiones colegiada, y al mismo tiempo daban suma importancia al mantenimiento de la trama histórica.
Retículas que venían siendo amenazadas por constantes proyectos con la pretensión, y con el común denominador, de una necesaria "reforma interior", que no eran más que continuadores de la estela iniciada por Vicente Blasco Ibáñez en 1901, cuando se expresaba en estos términos: "Hay que derribar casa, abrir nueva vías, ...., hay que hacer desaparecer los barrios antiguos en el centro de la ciudad".
Proyectos que felizmente no se llevaron a cabo, como lo fue el de seguir abriendo la Avenida del Oeste hasta el puente de San José, que dio fin a una serie de propuestas urbanas que pasaron a ocupar los baúles de los despachos municipales.
domingo, 18 de julio de 2021
SOLARES EN LA CALLE JÁTIVA
La torre del edificio de la Telefónica es la que fija nuestra atención en la foto del Archivo Municipal que nos lleva al año de su inauguración. Que lo fue a finales de 1928. También destaca un miramar en una costumbre muy arraigada en la ciudad.
Una foto tomada dejando a la espalda la plaza de Toros, desde donde vemos los recientes solares de la calle Játiva y la muy estrecha calle Ribera, cuyos derribos iban a procurar a la zona un nuevo aspecto urbano, merced a una edificación muy de acorde con la que al mismo tiempo se iba construyendo en la plaza de Emilio Castelar.
Los inicios de la década de los treinta significaron una nueva perspectiva para el centro urbano del cap i casal: que por lo común gran parte de sus edificios iban a ofrecer vistosos templetes en lo alto y suntuosos chaflanes al estilo de los que se venían construyendo en el “ensanche” y en la calle de la Paz.
La obras de derribo se habían iniciado en la segunda mitad de la década de los veinte, para la entrada en servicio de gran parte de la nueva edificación en los primeros años de la década de los treinta.
Uno escasos caminantes se dirigen hacía el futuro por los escombros del pasado.



