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domingo, 5 de septiembre de 2021

VÍAS METÁLICAS PARA CARROS - I

El Camino Nuevo al Grao.

Muy pocos años después de que Jaime I conquistara València declarándola capital del nuevo reino, que aportó a su corona de Aragón, el 27 de mayo de 1249 ordenó la creación de un nuevo pueblo justo al lado del mar, en la costa cercana a la capital. Así nació Villanueva del Grao, que desde entonces fue considerado como una calle más de València, con lo que la ciudad tenía un acceso, difícil, pero directo al mar. A partir de ahí nacieron los diversos intentos de realizar un puerto que facilitase el intercambio de mercancías desde otros lugares de la corona y no un desembarcadero en el que los buques debían echar el ancla alejados de la costa por falta de profundidad, y a través de pequeñas embarcaciones cargar y descargar las mercancías con el sobrecosto económico que ello conllevaba.

Puerta de entrada a Villanueva del Grao. Grabado ca. 1850.

Así se mantuvo el Grao con variados intentos de realización de un puerto, hasta que en 1826 se independizó de la capital dando lugar a  Villanueva del Grao; también su zona pesquera, hoy Cañamelar-Cabañal se independizó con el nombre de Pueblo Nuevo del Mar, ambos fueron reincorporados a la ciudad en 1897, cuando, por fin, ya se había comenzado la construcción de un auténtico puerto.

Plano Municipal de Villanueva del Grao en 1856. A destacar a la derecha las vías del nuevo ferrocarril y el Cementerio. Abajo en el centro el Camino Nuevo del Grao.

Hasta fines del siglo XVIII, para comunicarse con la capital hubo tres caminos fundamentales, el hoy casi desaparecido Camino de Algirós enlace con la zona pesquera, el llamado Camino Viejo, hoy calle Islas Canarias y más al sur el Camino Hondo del Grao, hoy  poco reconocible. Dado lo intenso que llegó a ser el tráfico de carros de transporte desde la ciudad al puerto y lo estrecho de los anteriores caminos, el Ayuntamiento solicitó a su arquitecto en 1788, entonces Vicente Gascó, la creación de un nuevo camino amplio y más directo que uniera capital y puerto.

Grabado de Laborde del Nuevo Camino del Grao. A  la izquierda la muralla de València y su plaza de toros desmontable, en el centro el puente del Mar y a la derecha el desaparecido convento de san Juan de la Ribera.

En 1802 el rey Carlos IV inaugura el nuevo camino de unos 30 metros de amplitud, que comienza a los pies del puente del Mar y va junto al río (hoy Alameda) hasta la plaza de Aragón desde donde va directo (Av. del Puerto) hasta la antigua puerta del Grao, en el Óvalo del Grao, muy cerca de donde estuvo el paso a nivel ferroviario. Desde allí para alcanzar el puerto continuaba por la estrecha y sinuosa calle Mayor del Grao y salía del Grao convertido en un camino de grandes losas hasta el puerto.

Grabado con vista del convento de san Juan de la Ribera desde la curva del Camino Nuevo del Grao, mirando hacia la ciudad.

El camino inicial disponía de 10 metros de amplitud de los treinta metros proyectados con amplios laterales y estuvo realizado con la mejor técnica del momento, modelo macadam (McAdam), es decir una base de piedras grandes, cubierta con una capa de unos 10 centímetros de piedra más menuda y sobre  ella otra capa de piedras del tamaño de una nuez, todo muy bien apisonado. A ambos lados del camino se plantaron dos hileras de plátanos de sombra para proteger del sol a los carreteros y a los viandantes. Pese a todo, como veremos, el nuevo camino quedaba muy deteriorado en cada etapa de lluvias debido a las rodadas y había que repararlo muy a menudo, como todos los de la ciudad, con un fuerte gasto por parte del Ayuntamiento.

Parcial de plano de 1883 de la zona marítima.

En el parcial de plano de 1883 podemos ver la llegada del camino Nuevo del Grao al municipio del Grao, sus vecinos de Pueblo Nuevo del Mar con el añadido de las vías ferroviarias al puerto y hacia Barcelona, más la del tranvía ya en funcionamiento hasta la playa.

Texto de Enrique Goñi Igual

miércoles, 20 de enero de 2021

ENTRADA LIBRE A LA EXPOSICIÓN DE "VALENCIA EN BLANCO Y NEGRO"

 

Valencia en el siglo XVIII desde San Pío V

El daguerrotipo se acaba de dar a conocer como primer procedimiento fotográfico en 1839 pero hasta ese momento solo podemos saber cómo era nuestra ciudad, Valencia, leyendo su historia o a través de sus documentos gráficos, en este caso los grabados, pinturas y dibujos que nos muestran escenas cotidianas de costumbres, historia pasada y su gran monumentalidad, alguna desaparecida.

La exposición, de entrada libre, comprende varias salas, habilitadas para el evento en el edificio  San Pío V, actual depósito de Intendencia. La mayoría de obras expuestas son de artistas extranjeros, viajantes aventureros, que quisieron mostrar al mundo las bellezas de nuestro país, y como no, la Valencia más histórica.

Sala 1:  

Grabado de Planes.

“Valencia, a paso largo, se recorre en hora y media. Desde la puerta de San Vicente, por la calle este nombre, calle de Zaragoza, Miguelete, plaza de la Catedral, callejones de la Inquisición, San lorenzo, hasta la puerta de Serranos, tiene de largo 990 pasos”

Manuscrito de 1780. Memoria de noticias.

Puerta del Real en Valencia

1820 - Litografía de Louis Albert Guislain Bacler

Paseo de la Alameda

1810 - Grabado de Alexandre De Laborde

Río y las murallas

1838 - Litografía de L. Haghe de un dibujo de George Vivian.

Las murallas de la ciudad a orillas del Guadalaviar. El gran edificio más allá del puente, la que era la academia en el momento San Pío V.

Vista de Valencia desde el camino que conduce al Grao

1808 - Grabado de Alexandre  De Laborde

  Sala 2:

Puerta de las Torres de Serranos

1844 - Grabado al acero de Gaucherel del Lemaitre

Plaza del Mercado

1812 - Grabado de Charles Lalaisse

Torre de Santa Catalina

1837 - Grabado por J.H. Kernot de un dibujo de David Roberts

Plaza de la Catedral

1838 - Grabado por J. Carter de un dibujo de Davi Roberts

Torre de Santa Catalina

1850 - Grabado en acero de Emile Bégin

La Catedral de Valencia

1824 - Litografía realizada por James Duffield Harding

Plaza del Mercado

1810 - Grabado de Alexandre De Laborde

Vista interior de la Lonja

1806 - Grabado de Alenxandre De Laborde

Paseo de la Glorieta

1880 - Autor desconocido

Procede de una revista fundada en 1869, La Ilustración Española y Americana, y fue sin duda la publicación más importante de la segunda mitad del siglo XIX español. Escritores e ilustradores más relevantes del momento aparecían semanalmente

Ataque de Valencia. Defensa de las torres de Quarte

Grabado de Tomás López Enguidanos.

El autor perteneció al copioso grupo de artistas valencianos. Valencia derrota delante de sus murallas al Mariscal Moncey en 1808. En el centro de la imagen el autor refleja la figura del capitán de Artillería José Ruiz de Alcalá. En primer plano el cañón de 24 libras que defendía el portal.

Claustro de Santo Domingo

1845 - Litografía coloreada a mano. Dibujo de Girault de Prangey

Espero que la exposición hay sido de su agrado. No se admite propina, porque la mejor propina es una sonrisa.

Texto de Amparo Zalve Polo

domingo, 10 de mayo de 2020

MI BELLA VIRGEN


Mi bella, mi gran bella, con aroma de rosa que dejas a tu paso cuando sales por las calles de mi ciudad y formas una alfombra de pétalos.

Me dijeron que te habían hecho los ángeles y yo me lo creí. Que te hicieron en tres días unos peregrinos que por allí pasaban, por el Hospital de dementes y menesterosos y yo me lo creí. Que desaparecieron después de hacerte y me lo terminé de creer.

Luego me enteré que era tan solo un sueño, el que los valencianos queríamos creernos. Me dijeron que en los inventarios de los bienes de la Cofradía se habla de una caja para guardar la Virgen en 1925, también en 1926; en los documentos de esa Cofradía está la existencia de una imagen a tamaño natural con una flor de lis y una cruz, de gran delicadeza y poco peso, con la espalda plana y la cabeza ligeramente inclinada hacia delante para poder descansar sobre una almohada, sin sensación de movilidad, para llevarla sobre los cuerpos de los ajusticiados. Pero aunque sea así, prefiero quedarme en mi sueño.

Te han hecho muchos cambios. Te han limpiado, te han dorado y repolicromado. Hasta te cambiaron el rostro, a ti  y a tu niño en 1443. En 1473, el pintor Joaquín Guillem volvió a cambiartelo, y hasta toda tu ropa en el año 1490. Muchos pintores y restauradores del siglo XV te querían dejar más guapa todavía. Te hicieron yacente y te transformaron en erguida.

1808 - De Francisco Jordán

Biblioteca Valenciana 

El grabador valenciano Francisco Jordán, dejó escrito al pie de su obra: Verdadera copia de la imagen de Nuestra Señora de los Desamparados. Patrona de esta Ciudad y Reino de Valencia.

¡Fíjate que hasta te cambiaron varias veces la posición de las manos y a tu Niño Jesús, el “Bobet”! Sólo era para que estuvieras más bella.

Un desafortunado suceso, en 1936, hizo que tu rostro se viera gravemente dañado, pero el reputado imaginero Jose María Ponsoda Bravo te lo arregló. 

Tu “Bobet” algo más tarde te lo sustituyeron por el que portabas en la réplica de tu imagen, tu imagen peregrina, obra de Carmelo Vicent. 

Ahora apareces erguida, tu rostro agachado nos mira, mira la tierra que nos ve crecer. El ramo de azucenas y una rosa que llevas en tu mano derecha nos muestran tu pureza, y tu brazo izquierdo abraza a tu Hijo. 

Eres una reina, portadora de corona, la Reina de los Cielos, la Reina de todos los valencianos que, desde arriba, desde las estrellas que lleva el halo alrededor de tu cabeza,  nos haces llorar de emoción.


1923 - Su coronación
Biblioteca Valenciana

Qué bonita estabas el dia de tu Coronación, a la que acudiste con una diadema de flores, un manto bordado en oro, con realce de crisantemos. Te pusieron  una preciosa corona, grande, con incrustaciones de preciosas joyas, que fue donada por los valencianos, para ti, por el fervor hacia su  Virgen . Fue un día muy emocionante. Sonaron las veintiuna salvas de honor de los cañones del Regimiento de Artillería y se entonó el Himno Nacional, aunque ese mismo día se creó un himno solo para ti, el Himno de tu Coronación, y que todos cantamos sobretodo en tu día y en la ofrenda del mes de marzo. Ese día lo cantaron un coro de mil quinientas voces.

Hay una cosa que no consigo entender. Tus cabellos góticos, dorados, tan hermosos como los tienes.

¿Por qué llevas peluca negra?

Texto de Amparo Zalve Polo

lunes, 4 de mayo de 2020

EL VENERABLE SIMÓN


La división de los valencianos a lo largo del siglo XVII no fue por motivos taurinos, tanto en cuanto se celebraba la tauromaquia en los cadafales  situados en la plaza del Mercado con gran alborozo. El enfrentamiento ciudadano tuvo otro registro. En aquellos años lo fue conllevado por la necesidad de la Fe. Y su manifestación nacía desde el interior de la Iglesia de San Andrés, donde el que sería reconocido como el Venerable Simón, de la que era sacerdote, había partido por la mitad a la sociedad de su tiempo, en un proceso avivado, curiosamente, después de su muerte.

Suceso ocurrido en 1612, cuando se inició un frustrado proceso de beatificación que tuvo repercusión en toda Europa, donde su culto alcanzó una gran popularidad, para pasar con posterioridad al olvido.

Era tal el fervor religioso que despertaba en la ciudad que ante el rumor de su muerte, la parroquia de San Andrés, con sus restos allí presentes durante cuatro dias, rebosó de fieles que procuraban tocar su cuerpo, incluso de apoderarse de alguna de sus reliquias para su consuelo.

La cuestión divisoria entre los valencianos se había establecido por la pertenencia del sacerdote al clero secular, gozando de gran simpatía por parte de los Jurados, mientras que el Arzobispo Aliaga, que llegaba al frente del Cabildo en aquel mismo año,  cuestionaba su figura, a la sazón con la contra de las órdenes mendicantes que veían en Francisco Jerónimo Simón un "ídolo de santidad fingida", lo que hizo que la Inquisición lo pusiera en su punto de mira.


Pese a ello, alcanzó gran fama, inundándose con su imagen pintada sobre los altares de las calles de la ciudad. 

Salzedo de Loayza, su primer biógrafo, los cifraba en más de mil, mientras que eran millones los grabados estampados con su figura que se difundieron por Roma, Francia, Flandes y el Reino de  Valencia, donde "no hay casa en todo el Reyno que no tenga una y muchas figuras de diferentes estampas deste gran siervo de Dios", apostillaba el escribano.

El Venerable Simón se quedó con este reconocimiento por parte de la Iglesia Católica, para pasar con los años al olvido de sus fieles.

jueves, 20 de febrero de 2020

LAS TRANSFORMACIONES DEL CONVENTO SAN FRANCISCO HASTA SU FINAL - III PARTE


1704 - Visto desde el plano de Tosca

Habían pasado ya unos cuantos años desde la donación del solar en 1238 y llegado 1675, con el fin de adaptarse a los influjos arquitectónicos del momento, se vuelve a reformar el convento. Como siempre se empieza por la pieza fundamental, la iglesia, en la que se añaden ornamentos recargados, pues la reforma era dejar atrás el gótico y transformar a barroco. Se añadieron unas cuantas capillas más, que fueron dedicadas a Ntra. Sra. de los Angeles, a la Inmaculada Concepción o al Buen Pastor.

Hasta aquí pocos datos teníamos de su estructura. Gracias a que el Padre Tosca en 1704, recorriera palmo a  palmo la ciudad y elaborara un plano pudimos saber de sus detalles. 

Para acceder al convento desde la ya Plaza de San Francisco, se atravesaba un jardín vallado, desde el que se llegaba a una tapia de arcos cegados, con tres puertas en triángulo para su entrada. La iglesia quedaba en un lateral. Se observa también dos grandes claustros. La zona a la que se le llamaba de “Obra Nueva” para las dependencias de los monjes que estaba detrás del Aula Capitular y a la izquierda del primer claustro. Detrás del convento se pueden ver los huertos y el cementerio. Todo el conjunto cercado con una tapia.

El final:

En 1805 la larga valla fue derribada y a su vez los árboles del huerto. Este fue el primer golpe, el de la reforma urbanística: la ampliación de la plaza san Francisco. Pasaron dieciocho años más  y vino ya el segundo y definitivo golpe para el convento, el de la necesidad militar, gran parte fue requisado para convertirlo en Cuartel de Caballería. 

Les quedó a los monjes una zona muy reducida y recurrieron a Fernando VII en 1827, consiguiendo con ello que las tropas se fueran de alli, recuperando su totalidad.


Grabado con su aspecto de 1840

El convento ya estaba en una grave situación de deterioro por entonces, para que sufriera su estocazo final. Durante el periodo de la desamortización de Mendizabal, en 1835, fue expropiado en su totalidad y los monjes lo abandonaron definitivamente.


La gran nevada de 1885

La llegada de los militares y su Cuartel de Infantería  tuvo ciertas reformas pero seguía siendo ruinoso y en 1891 se procedió a su demolición, convirtiéndose en un gran solar.

Lo que fue un enorme convento se convirtió en una gran plaza pública, con un enorme jardín, y donde se hicieron teatros, cines al aire libre, feria de navidad y continuas reformas hasta nuestros dias.

Lo peor: que no nos ha dejado apenas documentación gráfica.

Texto de Amparo Zalve Polo

lunes, 30 de diciembre de 2019

EL PALACIO DEL EMBAJADOR VICH


1907 - En reunión celebrada por la Real Academia de San Carlos bajo la presidencia de don Antonio Martorell, en febrero de ese año, tras resolver diversos asuntos de trámite, los señores académicos examinaron las obras realizadas para la ampliación de las salas de dibujo "de lo antiguo" y "de lo natural", a la vez que la transformación de la sala del museo llamada "de la vida", en la que se había montado uno de los hermosos arcos que formaban el claustro del derribado Palacio del Embajador Vich, todo él de mármol de Carrara, labrado en estilo del Renacimiento italiano del siglo XV. 

Este arco de Levante ocupaba todo el parámetro en dónde figuraba el cuadro de José Benlliure "La visión del Colosseo", el cual estaba llamado a servir de fondo al amplio salón destinado a la exposición de monumentos arqueológicos.

La importancia del palacio del Embajador de España en Roma durante los reinados de Fernando el Católico y Carlos I, nos lo indica la conferencia que unos años después, en febrero de 1913, en el Museo de Bellas Artes junto al Carmen, desarrolló don Luis Tramoyeres Blasco, ciñéndose al Renacimiento italiano, en la que mencionó al citado palacio con una detallada descripción del mismo, de su patio claustral, de su posible reconstrucción, así como se explayó en un examen de sus muchos restos conservados en el Museo. No obstante abundó en la escasa influencia de este modelo sobre la arquitectura valenciana del siglo XVI.  



Sabemos del palacio por el plano de Tosca de 1704 y por un grabado de su fachada, obra de Cecilio Pizarro de 1860, una vez destruido. 

Del interés despertado en aquel año de 1913 acerca el palacio renacentista, lo denota la recepción en el Ayuntamiento de una carta del arquitecto bonarense don Pascual Sanz, en la que ofrecía al Consistorio los planos para reconstituir la portada y patio del palacio construido en el siglo XVI y derribado en 1859.  

De inmediato, el alcalde Sr. Ibáñez Payés acordó aceptar el ofrecimiento y se hizo constar en acta la satisfacción por la atención del señor Sanz, dándole las gracias de oficio

Este fue el germen para que tras muchos avatares y con el paso de los años se llevará a cabo la reconstrucción del "claustro del Embajador Vich" para su disfrute, cuya visita fue a partir de agosto del 2006 en el Museos de Bellas Artes de San Pío V, gracias al impulso de su entonces diréctor D. Fernando Benito Domenech. 

lunes, 11 de noviembre de 2019

EL PASEO DE VALENCIA. DEL PRADO A LA ALAMEDA

      Porte du Grao à Valence (1824)

Siendo un andurrial al lado del río, lleno de zarzales, huertos mal cuidados y acequias, el prado de Valencia se convirtió en una bonita alameda cuando el virrey de Valencia, Rodrigo Ponce de León y Mendoza (1642-1645), ordenó adecentar aquel lugar, plantando árboles, álamos en largas hileras, para formar un paseo que ha llegado a ser lo que es: la Alameda de Valencia.

La forma inicial era un espacio ovalado, a modo de prolongación del Palacio Real, destinándose para la celebración de variados festejos, a la vez que corridas de toros.
                           
Pero fue sufriendo transformaciones, y en 1692 se urbaniza formalmente y adquiere el carácter de paseo público. Fueron entonces tres filas de arbolado que llegaban hasta el puente del Mar, los huertos se cuidaron y las acequias se renovaron.

La siguiente transformación fue en 1714, apareciendo un segundo óvalo. Circulaban un gran número de carros, tartanas y carrozas. La construcción de dos torres, la de San Felipe y la de San Jaime (Torres de los Guardas), destinadas a dar albergue a los arrendatarios de los huertos, debiendo éstos mantenerlos en condiciones y al mismo tiempo también mantener en condiciones el paseo.

Se construyó en 1716 una ermita, el Santuario de Nuestra Señora de la Soledad, y su vía crucis, que trazando un camino, bordeaba  la torre de san Jaime hasta el molino de Pilares y enlazaba con el antiguo convento de San Juan de la Ribera.

La cercana puerta del Real se cerraba a las doce en punto de la noche por lo que prestaba para reunirse y pasar la velada en familia que lo solía hacer junto a las torres de “Los Guardas”.

Si el paseo era matinal, disfrutarían de la compra de melones y sandías que se vendían en la Puerta del Real. Lo mismo que si volvían de la playa por la tarde, se quedaban allí disfrutando del buen estar veraniego. Lo malo , es que si se animaba demasiado la tertulia, las puertas se cerraban ,y más de una vez se quedaban durmiendo “al raso”, bien en los bancos de piedra que separaban el río, o en un recodo donde habían unos bancos también de piedra que se le conocía como “La media luna”. El caso es que se quedaban “a la luna de Valencia” en la Alameda.



Gracias a los grandes ilustradores podemos imaginar los cambios y la vida de las diferentes épocas.

Aquí ya vemos varios ejemplos.

Texto de Amparo Zalve Polo

miércoles, 12 de diciembre de 2018

EL FIN DEL "PARTIT"

Grabado de la época

El conocido como “Partit”, venía funcionando en el cap i calsal desde el año de su inicio en 1392, cuya denominación oficial era “Pobla de les femelles pecadrius”.

De casi tres siglos de existencia, en 1672 los Jurados ordenaron su cierre definitivo junto a su destrucción, lugar que lo había sido de encuentros entre las mujeres que se ejercitaban en el vicio para satisfacer el placer carnal de los hombres que allí acudían.

Con esta decisión se daba fin a una historia de pecados y a la liberalidad de los bajos instintos que durante el citado tiempo presidió el barrio.

El “Partit” también era conocido como el de Bordellet, quizás porque con este nombre era conocida la persona que prestó la primera casa para concentrar las mujeres presas del cieno del vicio, evitando su presencia por la ciudad, al tiempo que se había prohibido los burdeles existentes que no eran pocos.

En aquel tiempo y siguiendo la costumbre de Roma, debía escribirse sobre la puerta de cada una de las casas existentes en su interior el nombre de la mujer que la habitaba.

viernes, 16 de noviembre de 2018

EL PROYECTO GUELDA

Grabado

Fue en 1679 cuando se concedió a la ciudad de Valencia, por Real Orden, el derecho al tráfico de mercancías por vía marítima, lo que creaba la necesidad de hacer frente a las obras que permitieran ejercer esta actividad, cuando en su zona marítima no se daban las condiciones, toda vez que su puerto no ofrecía el necesario refugio para las naves dedicadas a este comercio.

Finalizaba el siglo y ninguno de los proyectos lograron su objetivo. Los embates del mar destruyeron las obras de piedra de Guelda de 1688, al igual que el proyecto del genovés Cortilia de 1695. 

Se hacía pues necesaria la ampliación y mejora para dar acomodo a las naves que desde 1679 llegaban al "cap i casal". Fue en 1698 cuando se aprobó un nuevo proyecto, fracasados los anteriores. 

Sin embargo, tuvieron que pasar más de 100 años para la construcción del puerto con las mínimas garantías y que por la ausencia de éstas, cuando la firma del Decreto de Libre Comercio de Carlos III, condicionaron en 1765 la no inclusión del puerto de Valencia entre los beneficiados, entre los que se encontraba el de Alicante que reunía mejores condiciones.

viernes, 15 de junio de 2018

UNA RIADA EN 1731


Archivo Municipal

Gracias a la Fábrica Nova del Riu de 1590 la ciudad de Valencia se veía protegida por las crecidas del río Turia, que, sin embargo, como la del anterior año de 1589 había causado un gran destrozo en el interior de la ciudad.  En su fuerte avenida se justificaba pues dar un mayor protagonismo a la Fábrica de Murs i Valls de principios del siglo XV en su nueva y más amplia función como protectora del río para el mantenimiento de sus paredones, pretiles y puentes.

Pero a su paso por el “cap i casal”, cuando se enfurecen,  sus aguas seguían haciendo de las suyas.

Es lo que sucedió a primeras horas de la tarde del 16 de septiembre de 1731, cuando en días anteriores había llovido con mucha fuerza en la parte alta del curso del río.

Los puentes resistieron muy bien el paso de la aguas, pero no así por parte de los pretiles, algunos de muy reciente construcción, que al romperse desbordaron las aguas produciéndose en la ciudad la mayor riada habida desde 1517.

Junto al azud de Mislata, al romper las defensas, se anegó la zona circundante a la Alquería de Juliá, lo que sucedió igualmente por la calle Na Jordana entrando las aguas por el barrio del Carmen, dañando y mucho al Convento del Corpus Christi. Aguas que recorrieron la calle de Serranos, dañando los pretiles entre los puentes de Serranos y Trinidad.

La rambla de Predicadores frente a Santo Domingo era rambla de verdad, el convento del Remedio en su llano quedó aislado y el agua llegó hasta la calle de la Nave. El Convento de San Juan de la Ribera y la Ermita de la Soledad se convirtieron en dos islas, y las aguas continuaron furiosas hasta Monteolivete, aislando también al “llatzeret” en su desembocadura.

En la otra orilla del Turia las aguas se apoderaron del Convento de la Zaidia, de la calle Morvedre, del Colegio de San Pío V y el Palacio del Real, donde el agua superó los seis palmos de agua.

La ciudad, sus huertas y las cosechas sufrieron la furia desatada del río que había dado la razón a sus orígenes.

miércoles, 13 de junio de 2018

SAN PIO V EN TIEMPOS DE LA CONTRARREFORMA

Archivo Municipal

 En 1728 se reanudaron las obras del Colegio San Pío V que había sido fundado por el arzobispo fray Juan Tomás de Rocaberti en 1682. Su nuevo brío vino tras la reforma protestante, y en su réplica, mediante un espíritu contrarreformista dedicado a la formación de sacerdotes a los ecos del Concilio de Trento.
  
Los trabajos se habían visto interrumpidos con la Guerra de Sucesión, influyendo y mucho la muerte del arquitecto encargado de su construcción Juan Bautista Pérez Castiel, quien había implantado el barroco en la Catedral, reanudándose en el citado año bajo la dirección de José Mínguez para enlazar su edificación con el Palacio del Real,  en unos terrenos adquiridos al canónigo Gaspar Frigola, lindando con la Armería del mismo palacio.

Destacaba en su construcción, como lo más bello, su claustro interior con cinco arcadas por cada lado y con su terminación se lograba una bella perspectiva en un trazo que contemplando el Palacio del Real se extendía hasta la Alameda, allí con sus columnas y torreones y con un arbolado que dejaba observar la Ermita de la Soledad.

sábado, 9 de junio de 2018

TRES COLUMNAS EN LA ALAMEDA

Grabado de Fortea de 1738

El 5 de mayo de 1719 el rey Felipe V visitó la ciudad de Valencia y entre sus planes estaba el de conceder una licencia para restaurar el Derecho Civil valenciano, que no se llevó a efecto toda vez que las autoridades del “cap í casal” de entonces pusieron muy poco interés en su logro, al considerar el mismo más propio del medioevo.

En homenaje al monarca una vez anunciada su visita, el intendente Rodrigo Caballero y a su vez para embellecer aún más la Alameda, dio instrucciones para erigir un  monumento al Rey mediante la construcción de dos elevadas columnas situadas en el Paseo con los bustos de Felipe V y de su esposa la reina Luisa de Saboya, situados en lo alto de cada una de ellas.

Esto era en su inicio, y a su final se colocó una tercera columna que lo cerraba, en esta ocasión con el busto del príncipe heredero Luis, también labrado por el escultor Leonardo Julio Capuz. Se completó la reforma con la apertura de dos espacios o calles a los lados de casi 1000 varas de longitud y 20 de anchura para posibilitar el paseo a tartanas y carrozas que acudían para el disfrute de tan bello lugar, donde los arboles ya se mostraban más frondosos.

El parcial del grabado de Fortea nos informa del aspecto que presentaba la Alameda.

lunes, 15 de enero de 2018

CAMINO A LA PLAZA DEL MERCADO

Archivo Municipal

1850 Ca - En la Valencia amurallada y en su diario caminar hacía la plaza del Mercado, los huertanos de Campanar dirigían sus pasos entrando por la puerta de Serranos a la que habían accedido desde el Pont Nou, en paralelo al cerco cristiano, con sus caballos pertrechados con amplias alforjas repletas de nabos.

Tenían merecida fama los nabos de Campanar que tanto enriquecen al puchero valenciano de muy antigua gastronomía, que junto al arros en fesols í naps completan nuestra dieta más tradicional. La paella valenciana, más reciente en el tiempo y ya desde hace décadas en años de esplendor, otorga internacionalidad.

Campanar con su rica tierra en aquellos años, el Turia regando un gran tramo de la muralla, cohabitan ambos un espacio que conformaba una parte muy importante en el conjunto con la ciudad, con la iglesia de Santa Catalina como parroquia desde su origen y que ya había dejado de serlo, tanto en cuanto de los surcos de aquellos campos al servicio de sus alquerías, desde tiempos muy antiguos, formaba parte del vaso comunicante que unía huerta y mercado.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

LA CIUDAD DE LAS MIL TORRES

Archivo Rafael Solaz

Gran parte de la cartografía de la ciudad de Valencia está orientada tomando como pedestal el cauce del río Turia. Así lo plasmó Wyngaerde en su "real encargo" del siglo XVI, la primera representación gráfica de la ciudad con el río Turia en primer término que abraza la urbe y la perspectiva del mar al fondo por el que se explaya.

Obedece ello al origen fundacional de la ciudad cuando el discurrir del río se abre en dos brazos y un cónsul romano fija su mirada en el centro de una isla fluvial.

Pero tras el pintor flamenco la ciudad crece, y en especial hacia lo alto, sumando a sus vetustas torres nuevas cúpulas y campanarios que alcanzaría su impronta a mediados del XIX como se muestra exuberante en la xirografía anónima que ofreció la revista el Liceo Valenciano en 1841.

Paredones, pretiles y bolas; puentes, casilicios y escalinatas; un friso de vida ante una ciudad, "la de las mil torres”, que como tal reconocieron los viajeros de antiguo que llegaban hasta los pies de su muralla.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

LA PRIMERA FUENTE PÚBLICA EN VALENCIA

Grabado de Alexandre de Laborde

1806 - En torno a la plaza del Mercado giraba la vida social de la ciudad como punto de encuentro comercial y también lúdico. La famosa horca concentraba la atención ciudadana atenta al reo ante el poder de la justicia. Huerta y ciudad hermanaban sus deseos superadas las murallas. Es así cómo se explica que fuera el lugar idóneo para situar la primera fuente pública de la ciudad, propicia para saciar la sed de quienes a diario acudían a sus proximidades.

De ornamentación barroca, regaló por primera vez sus aguas un 8 de mayo de 1672, obra del arquitecto Juan Bautista Pérez Castiel quien durante más de treinta años destacó por sus muchas manifestaciones artísticas, entre las que sobresalieron el Colegio San Pio V y la remodelación del presbiterio de la Catedral.

La fuente estaba situada frente a la fachada barroca de los Santos Juanes, equidistante entre la Lonja y el Principal, tal y como se observa en el plano del Padre Tosca de 1704. Para su ornamentación, el principal recurso del autor fueron motivos vegetales en remembranza a la huerta que ofrecía sus productos al mercado.

 

Antonio Ponz de la Real Academia de San Carlos,  habló de ella resaltando “que era fuente no mal executada”,  cumpliendo con su misión hasta su desaparición en 1810 como única fuente de la ciudad.

Fuente: Elena de la Heras Esteban.

domingo, 14 de junio de 2015

CRÓNICA DE UN VIAJERO

 
1836 CRONICA DEL VIAJERO

1836 – Ramón de Mesonero Romanos bajo el influjo del Trienio Liberal destacó en el terreno literario como un prolífico autor costumbrista e historiador. Colaborador de los periódicos más importantes, fundó el Semanario Pintoresco Español, que tuvo una vida superior a veinte años.

El grabado anónimo publicado en aquel año es un flas en la retina de su autor que en su crónica viajera,  tras adentrarse por la ciudad, dice de ella que es una de las urbes españolas que por sus calles angostas, tortuosas y sin empedrar, mejor testimonian las costumbres musulmanas. La blancura de sus casas -insiste el viajero- los terrados con flores, las rejas y celosías de sus ventanas, las puertas en arco, los caprichosos dibujos de sus cerámicas, sus torres, murallas y torreones, y los propios nombres tan peculiares como Ruzafa, Zaydia, Almoina, Alcudia, todo en su conjunto, nos traslada a la ciudad que fue morisca.

La visión aumenta en credibilidad al contemplar la indumentaria de los huertanos con la manta de vivos colores colgada al hombro, propia de la Berbería.  

Y de la impronta cristiana no sólo viene indicada por sus numerosos templos, sino también por la cantidad existente en sus calles de altares y retablos que representan los milagros de San Vicente Ferrer. Al igual que sus amplias casonas con escudos en sus dinteles, indicativos de la existencia de una nobleza que se mezcla con la gran cantidad de tiendas y talleres propios de una importante actividad gremial, donde la presencia de hombres y mujeres en sus labores diarias dan vida a sus calles.

Y así transcurren los días en tan laboriosa ciudad, tanto en cuanto la bondad de su clima y  mientras brilla la luz, facilita observar su belleza…

Y en ello abundan muchos de los viajeros qué acudieron a la búsqueda del hechizo del "cap i casal" del viejo Reino.

martes, 26 de mayo de 2015

EL INICIO DE LOS JESUITAS EN VALENCIA

1810 grabado iglesia de la compañia Grabado de 1810

La Orden de la Compañía de Jesús, la de los jesuitas, tuvo su entrada en Valencia con sede en el Colegio de San Pablo en el siglo XVI, actual Instituto de Enseñanza Secundaria Luis Vives.

No obstante, de inmediato, optó la Orden por la construcción de un nuevo conjunto para satisfacer sus necesidades tendentes a facilitar su interés por el estudio y la investigación. En la idea, iba a nacer el centro que con los años tendría el mayor interés arquitectónico de los existentes en Valencia bajo propiedad de la Orden, la Casa Profesa. Ello supuso la aparición de un gran número de dificultades de tipo técnico y urbanístico que tuvieron que vencer, toda vez que en su construcción se deseaba depositar la impronta de la arquitectura jesuítica y con gran excelencia. Su culminación llegaría en la mitad del siglo XVII, mediante unas obras que se habían iniciado en 1579. No sería hasta el año 1595 cuando se colocara la primera piedra de la Iglesia. 

En 1868 con la Gloriosa y por decisión de su líder Peris y Valero como Gobernador Civil de la ciudad fue derribado la iglesia, para ser reconstruida unos pocos años después, en 1885, manteniéndose su aspecto anterior.

En el grabado de Vicente López y Tomás López de 1810, se muestra tal y como era antes de su destrucción, a semejanza con la actual Iglesia de la Compañía.

Fuente – Mercedes Gómez-Ferrer

viernes, 1 de mayo de 2015

EL INICIO DEL DERRIBO DE LA MURALLA CRISTIANA


Derribo muralla en 1865

El derribo de la muralla cristiana se inició una tarde del 20 de febrero de 1865 junto a la Puerta del Real. El acto estuvo presidido por D. Cirilo Amorós como Gobernador de la provincia, con la presencia del Marqués de Casa-Ramo, segundo Teniente Alcalde; la mayoría de los Concejales; Vicente Boix, cronista de la ciudad; Baltasar Banquells como Secretario del Ayuntamiento, quienes con la presencia de otras autoridades procedieron al acto inaugural de la obra que pondría fin al cerco amurallado de la ciudad.

Una brigada de Zapadores y gran número de jornaleros iniciaron al trabajo, que tendría su continuidad al día siguiente, hacia la puerta de Serranos como primera fase del derribo.

Como segunda fase continuaron las obras el 3 de noviembre del mismo año desde la torre del Águila junto a las de Serranos, hasta la puerta de la Corona.

La razones que motivaban la destrucción de la muralla cristiana fue la de atender la higiene que demandaba la ciudad, dar trabajo a la clase proletaria y facilitar el ensanche que haría posible la unión con unos arrabales que crecían en población, cuando el cerco era innecesario para su defensa.

Vemos en el grabado el momento del inicio del derribo de la muralla, de la que tan solo quedaron en pie las Torres de Serranos y de Quart, las de mayor tamaño, a semejanza del Portal Nuevo que sería derribado tres años después.

Fuente: El derribo de las Murallas de Valencia, de Domingo Andrés.