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lunes, 29 de julio de 2019

EL FRANCÉS DE LA MALVARROSA


Han pasado ciento cincuenta y nueve años desde que la fábrica de esencias de Robillard, la publicitara como “la primera de España”.

Francés de origen y nacido en 1812, fijóse en él José Pizcueta, que por aquel entonces ocupaba el puesto como director del Botánico de Valencia, con el fin de que le ayudara a la modernización del catálogo de la institución. Su labor fue meritoria y después de haber regresado a su país natal, fue de nuevo requerido en el nuestro, cuando Isabel II en 1848 lo nombró Jardinero Mayor del Botánico de Valencia.

Su fortuna adquirida, a la vez que su fama, le permitió comprar 361.526 metros cuadrados, en 1856, de marjal en el norte del Cabañal, que por otra parte, en ese momento el terreno no era fértil para ningún cultivo agrícola, pero él tenía en mente la plantación del geranium odoratíssimum (malva rosa), especie floral que en España no era frecuente, y sí en el Cabo de Buena Esperanza, y que él la naturalizó en Valencia. El éxito fue tan importante que le dio nombre a todo un barrio.

Iba enriqueciéndose cada vez más y aumentando así sus plantaciones. Puso en marcha una fábrica para sus esencias, otra de jabón de tocador, y se instaló en la calle San Rafael en un piso de su propiedad.

Al mismo tiempo se publicitaba con tendencias modernas, con aproximación a las influencias del momento en Paris. Un ejemplo fueron sus tarjetas perfumadas art déco.

La sede de su negocio se encontraba donde el número 66 en la plaza Cajeros, y en los años veinte abrieron una sucursal en la calle Puerto Rico, 5.

También tenían un despacho de ventas en la calle San Vicente, 17.

Falleció en 1888 descansando sus restos en el cementerio del Cabañal. La empresa pasó a denominarse “Viuda e Hijos de Félix Robillard.

La guerra y la posguerra hizo mella, y aunque moderna, siempre aparecen más modernas.


A mediados del siglo XX cerró sus puertas, tras el fallecimiento de su hijo, que había continuado la obra de su padre.

Texto de Amparo Zalve Polo

lunes, 14 de noviembre de 2016

LA PLAZA CAJEROS


Archivo Municipal


1927 Ca.- Con la reforma de la plaza Castelar, cuando terminaba la década de los veinte, desapareció la Bajada de San Francisco. No se fue sola. En su huida hacia al futuro por exigencias de la modernidad, aceras y calzadas iban a necesitar un mayor espacio, por lo que la plaza de Cajeros tomaba el mismo viaje, a la que hasta entonces se había accedido desde las calles San  Vicente, Fuentes, Bajada de SanFrancisco y Colchoneros que venía de la plaza dels Porchets.

La vida comercial de siempre, reinante en la plaza, estaba llamada a permanecer intacta, aunque cambiando el decorado, más acorde a los nuevos aires donde si el pasaje Ripalda mantenía su prestancia, los aromas de Robillard iban formar parte del andamiaje de los recuerdos.

Plaza más bien estrecha pero muy concurrida, sus establecimientos tenían garantizada la venta perdurando en el tiempo. Las camiserías de Alvaro Oltra y la de Abdón Sánchez con sus complementos, vestían a su fiel clientela, mientras que la sombrerería de Enrique Saval ofrecía el último modelo que iba a dar mayor empaque al burgués acomodado.  O a quien deseaba aparentarlo.

En Albert Ricart, peluquero, con sus masajes y paños calientes tras el afeitado diario, se comentaba el último acontecimiento de la vida social valenciana y Manuel Armengod, relojero, ponía en hora tanto a la muñeca como al bolsillo del chaleco, según las preferencias, de sus clientes.

En la Papelería Vila con su material de escritorio se abastecían despachos y empresas mercantiles, con sus cuadernillos cuadrículados y hojas de Diario o de Mayor. En la Farmacia de Bernardo Aliño se tomaba la tensión arterial y las mejores purgas estaban garantizadas.

Y cómo no, el Salón París de Paco ofrecía limpieza de zapatos, escritorio, retretes, lavabos y reparto rápido de cartas y paquetes a domicilio, según consta en un anuncio de la época.

Los derribos se sucedían y la plaza de Cajeros pasaba a mejor vida. 

El Pasaje de Ripalda tenía un buen seguro de vida.