Mostrando entradas con la etiqueta Laurent. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Laurent. Mostrar todas las entradas

jueves, 23 de enero de 2025

LA FÁBRICA DE GAS A LOS OJOS DEL FOTÓGRAFO

 

1888 - Antoni Esplugas, fotógrafo catalan, en este año tomó diferentes perspectivas de la ciudad de Valencia, entre las que se encuentra esta fotografía de la avenida Navarro Reverter con dirección al puente del Mar, con la fábrica de gas que se observa a la derecha, mientras a la izquierda vemos el torreón de la Ciudadela que sería derribado en 1901.

La fábrica de gas de José Campo había sido creada en 1844 para dar servicio a la ciudad y durante medio siglo funcionó en esta zona del llamado a ser "primer Ensanche", que por su proyección sus instalaciones fueron trasladadas al camino viejo del Grao, lugar en el que la Compañía del Gas Lebón prestó sus funciones, dando un paso hacia la modernidad a una zona limitada por la ronda de circunvalación, en su tramo denominado en principio como Muro de los Judios y después como calle Colón.


Unos años antes, en 1870, Jean Laurent, fotógrafo francés, en su periplo por la ciudad, entre otros lugares urbanos, fijó su mirada en el puente del Mar a la caza de tan impresionante perspectiva, donde, semiescondida, aparece la fábrica de gas, con la frondosa arboleda del Llano del Remedio a su derecha.

José Campo en su deseo de mejorar los servicios de la ciudad, el suministro de gas en una de sus posibilidades, estaba llamado a ser un motor industrial de primer orden.

miércoles, 15 de enero de 2025

EL VIEJO ASPECTO DEL PALACIO ARZOBISPAL

 
1870 - Foto de J. Laurent

Cuando la conquista jaimina el lugar donde en la actualidad se encuentra el Palacio Arzobispal se correspondía con una alhóndiga de trigo, vecina a la mezquita mayor, siendo el monarca Jaime I quien de inmediato otorgó su propiedad a uno de los nobles que le había acompañado en su cruzada. 

Pero fue por unos pocos años, pues en 1241 pasó a poder del Obispo de Valencia para la construcción de su morada. Fábrica que en lo sustancial se culminó en 1279; tras constantes innovaciones en 1357 se construyó un arco para su conexión con la Catedral, en una perspectiva que con el paso de los siglos aún se mantiene.

Pero la imagen decimonónica que observamos del Palacio Arzobispal se mantuvo hasta julio de 1936, cuando el edificio estuvo ardiendo durante tres días cuyas llamas convirtieron al lugar en zona ruinosa.

Terminada la guerra se proyectó su reconstrucción, y como no podía ser de otra manera lo fue de nueva planta, salvo el arco que como pasadizo catedralicio se mantiene en la actualidad.

Las obras de su construcción duraron cuatro años, entre 1941 y 1945. Un periodo cortísimo si lo comparamos con los treinta y ocho años que fueron necesarios para la construcción de su primera edificación.

sábado, 15 de junio de 2024

LA MURALLA CRISTIANA A VISTA DE J. LAURENT

 

La fotografía de J. Laurent de 1870, de la colección de Diaz Prósper, nos da la ocasión para presenciar un buen tramo de la muralla cristiana en sus últimos años de vida y en su transcurrir por la calle de Colón, cuando el ensanche era un proyecto que comenzaba a vislumbrarse desde 1858 presentado por los arquitectos Timoteo Calvo, Antonio Sancho y Sebastian Monleón, éste último quien diseñó la plaza de Toros, con su inauguración en el año 1859.

Los depósitos de gas de José Campo dispuesto para abastecer de alumbrado a la ciudad, aparecen tras unos edificios frente al puente del Mar, con el inicio de una arboleda en dirección al Llano del Remedio.

Vemos en primer término la torre campanario de la Iglesia de San Esteban y frente al puente del Mar un friso de casas de dos alturas, que por el nuevo ensanche y el trazado de nuevas calles entre la calle Colón y la nueva plaza de América, fueron víctimas de la piquetas para el alzado de nuevas edificaciones de mucha mayor envergadura.

Con todo, el almenado de la muralla cristiana del siglo XIV es lo más significativo de la fotografía que comenzó su derribo en 1865 desde la puerta del Real, situada frente al puente con su nombre.

sábado, 1 de abril de 2023

ADOQUINES Y BARRO


De la foto atribuida a Laurent ante la iglesia de Santa Catalina sobre 1870, entre otras singularidades, vemos el adoquinado de la plaza de Santa Catalina con la vecina plaza de la Reina, que tomaría este nombre a partir de 1878 en honor de María de las Mercedes, esposa de Alfonso XII, y con anterioridad calle de la Barreteria que unía la calle de San Vicente con la del Mar.



Contrasta con la ausencia del adoquín en primer término, toda vez que a partir de "La Gloriosa" de 1868, la Junta Municipal se decidió por el derribo del convento de Santa Tecla, entre otros, y que por el esponjamiento de la zona se hiciera posible la apertura de una nueva calle de salida de la ciudad, lo que nos alerta la foto de su reciente destrucción y en fase del adoquinado de la zona.

Así fue, con la apertura de la calle de la Paz, que en un principio se denominó como de la Revolución, de corto recorrido en su primera urbanización, llamada a alcanzar tanto el Parterre como la Glorieta.

Vemos en la foto la presencia de tres carros, el modo de transporte en aquellos años, cuando el deseo por el automóvil no era más que una ilusión para la clase pudiente de la ciudad.

Destaca la indumentaria femenina, de largas faldas y hasta el suelo, sin temor alguno a que por la presencia del barro en las calles se adhiriera a su ropa, en especial por la destreza que tenían para alzarse la saya lo que fuera necesario y evitar así su manchado.

Al fondo la plaza de Santa Catalina, uno de los lugares de mayor trafago urbano por la proximidad de la plaza del Mercado y la confluencia de tiendas y comercios que atendían a todas las clases sociales del cap i casal.

viernes, 5 de marzo de 2021

EL REY FERNANDO VII LLEGÓ A VALENCIA

 

Fernando VII - Biblioteca Valenciana

Jactábase Valencia de haber sido la primera en proclamar a Fernando VII, desafiando arrogantemente a Napoleón, con el grito del Palleter. El mismo Rey que en su retorno a España por 1814 y que a su paso por nuestra ciudad dejó la bomba que estallaría sobre la cabeza de los liberales, destruyendo las Cortes y el régimen constitucional, dejando a España en la más absoluta incultura, inseguridad y falta de modernidad.

Pero no voy a hablar sobre la biografía del monarca, ni del rey al que Napoleón devolvió la corona, ni del que fuera “El deseado” o “El rey felón”, ni tan siquiera del hecho histórico tanto para la ciudad de Valencia como de España en general, sino del entusiasmo como fue recibido en Valencia, de los preparativos para su llegada y los actos en su honor durante su estancia. Porque esta tierra tenía que quedar a la máxima altura para agasajar al Rey.

Todo comenzó cuando el 12 de marzo de 1814, el jefe político Valdemoros remitió al Ayuntamiento un decreto que hizo reunir al Cabildo de la Catedral y haciéndolo público de esta manera:

“A las ocho de esta mañana he recibido de orden de la Regencia, y por el Ministro de la Gobernación de la Península, ejemplares del Soberano Decreto de 8 del corriente, mandándose hagan rogativas públicas en todas las iglesias de la Monarquía, por la feliz llegada de nuestro amado rey a la capital de España y por el buen éxito de su gobierno bajo la égida sagrada de la Constitución. Me apresuro a pasar a V.M, un ejemplar para que pueda disponer inmediatamente su ejecución en esta capital, poniéndose de acuerdo con el Ilustrísimo Cabildo y Gobernador de la Mitra en lo que a cada uno corresponde, dándome el aviso correspondiente para mi gobierno “.

Su entrada triunfal. Obra del pintor Fernando Brambila

Hubo tres días de rogativas al Rey, vuelo de campanas y procesión con la Virgen de los Desamparados.

Valencia se engalanó como nunca lo había hecho. El Ayuntamiento se encargó de adornar la calle de Murviedro por donde sería el acceso al interior de la ciudad, junto con el puente y la Puerta del Real, y todas las calles que formaban el camino a la Catedral.

Las autoridades municipales extremaron el aseo de las calles, prohibiendo toda circulación de vehículos y de caballos, ausencia de perros y los que hubiera, con bozal. Los labradores con manta no entrarían en la ciudad, que no hubiera puestos portátiles ni pesos públicos. Los establecimientos de comidas abrirían de siete de la mañana hasta las nueve de la noche y las tabernas una hora antes. Las puertas de las casas abiertas y con la luz del zaguán toda la noche desde la puesta de sol, por si los forasteros no encontraban albergue debido a la escasez de hospederías y las pocas que habían estaban reservadas para el séquito del rey, con lo cual ningún vecino podía negarse al alojamiento de quien lo necesitara.

Para el descanso de él y su séquito se había acondicionado el Palacio de Cervelló, a falta del ya malogrado Palacio Real, y que con la opinión de los patriotas, quedaría limpio de la mancha francesa que dejó el Mariscal Suchet  cuando se alojó en él. Delante de palacio se instaló un entarimado para orquesta y también otro en la Casa Vestuario para la orquesta Municipal.

El 15 de abril ya estaba en Segorbe retomando el camino hacia Valencia, que un mes antes había abandonado por rebeldía, cuando había salido de Gerona. El General Elío fue a su encuentro, le regaló su espada y le prometió restaurar el trono. En Puzol le esperaba Luis María de Borbón.

Llegó el día, el 16, y cientos de labradores se acumulaban a su paso en las cercanías del Monasterio de San Miguel de los Reyes. Le abrían camino tropas de los regimientos militares. Un improvisado arco a la entrada del puente del Real, sobre las cuatro de la tarde le daba la bienvenida con la presencia del Ayuntamiento en Corporación, para llegar a su lugar de alojamiento, que como he citado antes era el Palacio de Cervelló, que como se puede imaginar, era acompañado por una gran agitación popular desde ventanas y balcones, a pie de calle sin temor a enredarse entre los caballos, desde lo alto de farolas y tapias, todo el espectáculo de los que solo pensaban en el jolgorio general y en ver de cerca la cara del rey, que la perfidia francesa arrebató seis años atrás. Tras ello, besamanos, volteo de campanas, orquestas, estampido de cañón; y al anochecer una orgía de luces por toda la ciudad, dejando atrás la oscuridad de la que sufría normalmente cuando se sumía en la noche, castillo de fuegos artificiales y general alboroto y alegría hasta la medianoche.

Ni un solo día se desperdiciaron actos, visitas a modo de excursión por distintos lugares, cabe reseñar la agradable visita que tuvo en el Grao. Así un día tras otro hasta el 5 de mayo, en el que voy a recalcar algunos hechos tan solo por importantes para los valencianos. Por citar, y por orden de día: Solemne misa en  la Catedral, donde se entonó el "Te Deum", y visita a la Basílica de la Virgen. Procesión de San Vicente Ferrer y velada en la Real Maestranza. Excursión al Grao. Peticiones de favores al Rey por autoridades eclesiásticas y por el Claustro Universitario. Visita al Colegio del Corpus Christi. Visita a la Academia de Bellas Artes. Visita al lago de la Albufera. Segunda visita al Grao para la fiesta que le habían preparado los matriculados marineros. Solemne misa en la Catedral y obsequios de los canónigos como despedida.

1870 - Palacio de Cervelló - J. Laurent

Llegó el día 5, a las siete y media de la mañana el rey salió del Palacio de Cervelló, con el gentío agolpado vitoreando con exclamaciones de “Viva el Rey”, pese a la hora temprana, y acompañado de corporaciones y autoridades. A las ocho suben al coche con el cortejo del Real Cuerpo de la Maestranza. Unos estudiantes de la Universidad estaban esperando a su paso en la Cruz Cubierta del camino de Játiva y el Rey se detuvo para escuchar los cantos que le habían preparado; enarbolaban una bandera negra en señal de luto por la partida del monarca y tras entonar las canciones con sus instrumentos rompieron estos para demostrarle que nunca más servirían para agasajar a otro. Y siguió hacia Madrid.

Texto de Amparo Zalve Polo

martes, 9 de junio de 2020

OBSERVANDO A LAURENT

Panorámica de Laurent - 1870

Para comprender, no hay mejor manera que mirar al pasado; y con él imaginar lo que en el futuro será la ciudad dentro de muchos años. Todo lo que aquí se puede imaginar fue real, porque sólo lo que se ve con los ojos de la imaginación seguirá viviendo, aunque desaparezca en la realidad.

Jean Laurent Minier, de origen francés que vino a vivir a España  en 1843, después de practicar ciertos oficios se interesó por la fotografía durante el año 1855, haciendo de España un verdadero mapa fotográfico, viajando por sus caminos recorriendo ciudades y pueblos. Poco tiempo faltó para que se hiciera, si no el más, uno de los mejores fotógrafos de su época, reflejando las costumbres y los paisajes como nadie. Necesitaba ya de un apoyo y entre ellos eligió para esta gran panorámica de Valencia al fotógrafo francés Jules Ainaud, que llegó en 1870 encargado del este peninsular reuniendo una buena colección de fotografías. Desde la más alto del edificio de San Pio V divisó muy bien la zona norte de la ciudad.

El Puente del Real tenía una rampa de acceso bastante acusada, había sido finalizado con la pretensión de llegar a tiempo para la boda real entre el rey Felipe III y la reina Margarita de Austria, que la celebrarían en Valencia. En febrero de 1599 finalizaron las obras y tan solo dos meses después se casaron. 

Al subir miro a mi izquierda conforme el rio baja y se ven los vanos del Puente del Mar. Quiero pasar el cauce e ir hacia la derecha para llegar a la Plaza del Temple.

Me vi envuelta en una humadera, rodeada por una algarabía de gente gritando, hasta lanzaban alabanzas, aplaudían a por lo menos un centenar de hombres que hacían un ruido inmenso con picos y palas. Los escuchaba decir que en otras ciudades españolas ya lo habían hecho, que ya habían derribado las murallas, resultaban viejas e inservibles para el desarrollo urbano. El humo fue disipándose y mi maginación que me había retrocedido a cinco años atrás, se vió sorprendida por el bullicio que sonaba debajo del puente. Me asomé para ver un grupo de mujeres lavando ropa en un lugar donde no estaba prohibido. Empapadas las rodillas, arremangadas las faldas y mostrando más de lo que el dictado de la época y la moda aconsejaban para una mujer respetable.

Siguiendo lo que la fotografía me indicaba, miro a la izquierda, antes de llegar a la Plaza del Temple, porque me llama la atención una torre que asoma por detrás de las casas, algo estropeada, de forma cuadrangular, y me di cuenta que era del Convento de Santo Domingo: había sufrido mucho en la Guerra de la Independencia, las tropas francesas la habían desmochado.

Me espera ya el Palacio y la Iglesia del Temple. Había escuchado de su construcción en época de Carlos III, tras el fuerte terremoto que asoló al Castillo de Montesa, con el traslado de sus frailes al cap y casal. Pero si aún nos vamos más hacia atrás, en el tiempo, en esta plaza estuvo la torre árabe más alta de la ciudad y el pendón de la rendición que entregó Jaime I a los templarios en el año 1238; de ahí el nombre del palacio que fijamente observo.

Una biclicleta con ruedas muy grandes pasa por mi lado conducida por un hombre bien vestido, el estilo de la vestimenta había cambiado, el chaleco corto, fajín y pantalón corto y amplio (saragüells) se moderniza con pantalón largo y chaqueta. Lo seguí, esperando con ello descubrir más cosas. 

Una enorme casa, la verdad que bastante estropeada, la miraras por donde la miraras, me parecia un convento deshabitado. Me apetecía entrar e imaginar de nuevo. No hay monjes, las habitaciones vacías, el estado es ruinoso. Es tan grande que por lo menos hay 56.000 palmos cuadrados y una tercera parte lo ocupa un gran corral. Lo demás parecen habitaciones que ocupaban los monjes y una iglesia. Cansa deambular por aquí porque las alturas de los pisos son irregulares, ya me había dado cuenta antes de entrar al observar la fachada. En la zona de bajo me encuentro con un panteón abovedado, largo, que ocupa desde la fachada hasta el crucero. Un sonido, que en un principio deduzco parecido a una fábrica, me lleva hasta la otra parte, y confirmo que efectivamente lo es. Trabajadores curtiendo pieles eran los únicos moradores del antiguo convento de los Trinitarios, que con la desamortización de Mendizabal en 1835, los monjes tuvieron que desparecer de allí, aunque gracias a la comisión de arquitectura de la Academia de Bellas Artes de San Carlos se salvó de la quema de 1937.


Unas pocas viviendas para llegar a otra gran casa, esta sí que se cuidaba. Alguna ventana abierta me hace ver la presencia de chicas jóvenes. Es un colegio, el Loreto. Pero pienso que es de buena arquitectura, elegante, allí debió vivir gente noble. Su escudo nobiliario me demuestra su linaje, el Palacio de los Condes de Carlet. En este no entro, prefiero mirar lo que asoma por detrás de él. Mirar hacia arriba y comprobar lo que en cierta ocasión citó Victor Hugo refiriendose a Valencia: “La ciudad de los cien campanarios”. Asoman la torre de la Iglesia del Salvador, la cúpula del Seminario, la Catedral y el Miguelete.


No sigo sin antes fijarme que hay una pequeña iglesia, San Jayme de Uclés, que me he dejado unos metros atrás. Se ve pequeña aunque puede parecerlo, al estar junto a las otras casas tan grandes. No se ve de mucha importancia, pero por mirar algo, miraré que ahí estan los restos del último rey moro, Zeit.

Veo unas cuantas personas que están atravesando el Puente de la Trinidad. El puente más antiguo, pero como las riadas no perdonan a ninguno, después de varios arreglos, se ve que en el siglo XVI se reconstruyó y ahora lo estoy viendo así, con sus dos escaleras para poder bajar al lecho del río. Hay un pequeño rinconcito con un carro parado delante de una casa.

Me apetece entrar también en esa casa, algo me llama la atención. Parece que hubo en su fachada algun anuncio... Voy a ver.

Estaba al completo, aunque no era muy grande. Un patio con escenario y un banco con orquesta. Tres filas de sillas y varias filas más con bancos de patio. Más arriba de los palcos y frente al escenario, dos filas de sillas y la cazuela que se situaba como una grada de fondo para la tertulia de las mujeres. Se estaba celebrando la última función, “La escuela de los maridos”; con ella, en 1832, se cerrarían las puertas de ese pequeño teatro que en un principio iba a ser provisional, pero que había estado funcionando desde 1761, aunque por sus deficiencias fueron prohibidas las representaciones durante unos años, obligando a su mejora en 1789 para continuar hasta su cierre definitivo. 


Su nombre: La Botiga de la Balda. Después del cierre de Casa de las Comedias, el Corral de la Olivera, el lugar oficial de representación de teatro y baile en la ciudad fue el Teatro la Botiga de la Balda. De pronto toda esa imagen jocosa, bohemia se desvanece en mi mente y me encuentro dentro de un almacén, tal cual había sido antes de que llegara el teatro y como siguió siéndolo.

Un buen final del recorrido de esta panorámica es llegar a la Puerta de Serranos, que siguen ahí por suerte de no haber sido derribadas con la muralla, y que como he dicho ocurrió tan solo cinco años atrás. Separadas del rio por una preciosa alamedita y que sin el Puente de Madera, la distancia entre el suyo, Puente de Serranos y el de la Trinidad se ve mucho más grande. 


Observar una fotografía es meterse en ella, circular entre su gente y atravesar la puerta de la historia que allí ocurrió. 

Texto de Amparo Zalve Polo

martes, 26 de mayo de 2020

EL MOMENTO DE LA PESCA HABÍA LLEGADO

1870 . J. Laurent

Los preparativos ante la salida de la pesca al llegar la temporada de septiembre hasta mayo se convertían en una gran fiesta. Algún día saldría malo, pero el mar Mediterráneo solía portarse bien con ellos.


Los pescadores se alojaban tan cerca como podían de la playa, iniciándose ya esta necesidad en la época musulmana, que previa a la Reconquista, existía un caserío, al que se le llamaba “Grau” y que se fue repoblando de tal manera que Jaime I, en 1249, le cambió el nombre por el de Villa Nova Della Mar, aunque más tarde se llamaría Villanova del Grau, con su propia Casa Consistorial.  

Pero en la mente del rey estaban las posibles invasiones de los magrebíes, por lo que se interesó por la defensa del territorio y los pescadores se sintieron apoyados por proveerles de viviendas, y así surgió el “Barrio de Pescadores”. La construcción de un baluarte en el Grau, hizo que en torno a él las cabañas fueron creciendo, las que más tarde se convertían en barracas, dando nombre al lugar del Cabanyal. El número de pescadores iba creciendo y aparecieron extramuros dos poblados más, Cañamelar y Cap de França, tomando todo el conjunto el nombre de Poble Nou del Mar.



Ya estaba próximo el día en el que los hombres tenían que realizar su trabajo, salir al mar y que la pesca fuera prolífica. Se entremezclaba la alegría de poder dar sustento a su familia y el miedo de que un mal golpe de mar se los llevara por delante. La mirada vigilante y angustiosa de la familia durante la faena crecía cada vez que las indelebles barcas iban a la captura del pescado que se desarrollaba en esa estrecha franja de litoral.

Pintura para la barca que tenía varada en la playa, a distancia suficiente para que cuando el mar embravecía no se la llevara.

En el “Corralet” disfrutaban de hacer recuento de lo que necesitaban y por si estaba correcto; lo que durante los meses de veda habían almacenado y era la hora de sacarlo a la luz: los remos, las velas, los mástiles que se embadurnaban de aceite, los anzuelos, las redes de fondo, las almadrabas y las cuerdas, que teñían de alquitrán para la "pesca del bou". Ya imaginaban el momento subidos en su barca de vela latina, la que había hecho un calafate utilizando sólo madera. Barca sólida, ligera, capaz de soportar el golpe corto de la ola mediterránea.



La vida familiar mientras tanto continuaba. Las mujeres dejaban a punto las cestas con las que recogerían el pescado para venderlo y los niños corretearían por la arena y se bañarían en alguna de las acequias que tuvieran más cerca: la del Gas, la Cadena, la de los Ángeles o la del Riuet.

Las festejos previos también eran ritual. Se hacían bromas y bailes. El momento de la entrada en el mar era todo un espectáculo al que acudían las familias y amigos, incluso como parte de la fiesta se recogían unos guijarros que desde las barcas tiraban a la expectación. Todo entraba en la fiesta.

El momento había llegado y los hombres se enroscaban a su cuerpo las velas blancas. Las embarcaciones entraban en el mar deslizándose lentamente arrastradas por poderosas yuntas de bueyes. Las barcas estaban en paralelo, se desplegaba la vela latina y las redes al tensarse en el mar formaban la figura de dos cuernos como los de un animal astado. 

La pesca ya había acabado y las pequeñas barcas se aproximaban al regreso del Bou para recoger el pescado y llevarlo a la playa.
-!“Peix d´ara viu” !  Gritaban las vendedoras.


La pesada de una libra o dos de frescos salmonetes que saltaban en las cestas de las vendedoras, las compradoras los recibían en un gran pañuelo que luego anudaban a modo de atillo, aunque las propias mujeres de los pescadores que los vendían en sus cestas, los que les quedaba, a golpe de voz, los iban ofreciendo por el barrio o por la Plaza Redonda. 

Con sus faldas largas y corpiño ajustado, en ocasiones descalzas y con su cesto en el brazo.

Texto de Amparo Zalve Polo
Fotos del Archivo Municipal

domingo, 13 de enero de 2019

LAS ARREPENTIDAS EMPAREDADAS

1870 - Foto de J. Laurent


Se tiene constancia documental de que el 11 de marzo de 1531 el Consejo de la Ciudad autorizó a Quiteria de Mora -quien había tomado la decisión de emparedarse junto a la torre de la Iglesia de San Andrés para alejarse de los placeres del mundo- para tomar un palmo y medio de la calle, espacio donde ubicar una celda limitada entre el mismo muro parroquial y una reja a cuyo través le entregaban comida las gentes que se apiadaban de ella.

Costumbre a la que también se sumaron las parroquias de Santa Catalina y de San Lorenzo, que acogían a las mujeres dispuestas por voluntad propia, con el consentimiento familiar y el de su director espiritual.

Famosa fue la emparedada Angela Gonzana de Palomino, de quien se cree vivió en ese estado durante treinta años, cuando el Patriarca Ribera era el Arzobispo de la ciudad, vistiendo el hábito de la tercera orden de San Francisco.

Costumbre que se mantuvo en Valencia hasta el año 1693, cuando el arzobispo reunido en sínodo provincial prohibiera su práctica.

viernes, 5 de junio de 2015

LA CASA DE LA ALMOINA

plaza de la almoina

1870 - Plaza de la Almoina, el sol en lo alto.  Carros a la espera de su servicio. La foto con las arrugas de los años y el desconchado en las paredes con su puerta de trazado gótico, nos sugiere una actividad insospechada pero con seguridad tranquila y apacible.

La casa de la Almoina (significado de limosna en Lengua Valenciana) tiene su antecedente en el siglo XIII cuando se daba manutención a los pobres. Dio su nombre a la plaza, mientras guardaba bajo sus cimientos la riqueza fundacional de la ciudad.

Un muchacho descansa sentado en el carro y observa al fotógrafo de J. Laurent quien  recorriendo la geografía española había captado plazas y costumbres, monumentos e indumentarias, cual rico legado profesional.

Es en 1303 cuando el Obispo de Valencia Ramón Despont le otorga su nuevo cometido de procurar limosna a los necesitados, con la entrega de “cinch diners” a las personas que allí acudían. Pocos años después fijó su sede en la casa de Bernat Desclapers, junto a la Catedral, siendo conocida como la Almoina de la Seu.

El edificio alternó sus funciones con otros cometidos, como el docente para los eclesiásticos, así como lugar de cárcel a partir del siglo XVII y hasta el XVIII para quienes gozaban de inmunidad por parte del Cabildo, siendo derribado en el XIX para la construcción de nuevos edificios con muy poca vida, toda vez que ya en el siglo XX y en lento proceso, se optó por los derribos para proceder al estudio del subsuelo por su lugar primigenio. 

Tras muchos años de excavaciones y su estudio, se convirtió la zona en el Museo Arqueológico de la Almoina.

jueves, 5 de febrero de 2015

EL PALACIO DE CERVELLÓ, SU IMPORTANCIA HISTÓRICA

 
palacio del Conde de Cervellon en 1870 1870 – Foto de J. Laurent

Con la desaparición del Palacio del Real en la guerra contra el francés, el de los Condes de Cervelló iba a tomar una gran importancia para la historiografía española debido a los acontecimientos que en su interior se iban a producir a lo largo del siglo XIX, convulso por excelencia. 

El Palacio fue el centro de la vida política nacional, ubicado en la plaza de Predicadores y frente a la Capitanía General. Todo un referente y epicentro de la vida social y política durante toda la centuria. O casi.

Fernando VII, el Deseado por muchos, truncó la Constitución liberal de 1812 firmando el decreto de su abolición en el interior de sus paredes.

1814_Manifiesto_de_los_persas

El Manifiesto de los Persas había ido tomando cuerpo entre las sombras del Palacio, “Dado en  Valencia á 4 de Mayo de 1814”; en el mismo lugar y en 1840, donde María Cristina abdicó de su Regencia. La Reina Isabel II tuvo en el palacio sus habitaciones, hasta que tras la "revolución de 1968: la Gloriosa", hallándose de vacaciones en San Sebastián, marchara al exilio francés, todo ello como consecuencia de la presión del pacto de Ostende que tramaba por su abdicación, dirigido por el General Prim.

Pocas veces Valencia tuvo tanto protagonismo y durante tantos años en la política nacional, tan solo en el siglo XV bajo el reinado de Alfonso el Magnánimo.

Cuatro largos siglos tuvieron que pasar. Tras el XIX, el “levante feliz” y poco más.

sábado, 31 de enero de 2015

EL TEATRO CIRCO DE LA PLAZA DE LA ADUANA

1870 el teatro circo
Foto de J. Laurent

A mediados del siglo XIX fue tomando cuerpo la idea originaria del Mariscal Suchet de crear un jardín tras el derribo de unas casas junto al palacio de la Aduana. Jardín que tendió a su actual configuración tras la colocación de la estatua al Rey Don Jaime en 1891.

El jardín conocido como Parterre, lugar de solaz y encuentro, sirvió para otros usos, siendo el más antiguo el de un Teatro-Circo gracias a su espacio ajardinado, toda vez que en la Valencia amurallada eran escasos los lugares aptos para este fin, en especial en su centro urbano con mayor asiento de población. Con el nombre del Teatro del Circo Español, desempeñó sus funciones entre 1869 y 1875.

Sobre su lugar se construyó una pequeña edificación dispuesta para los servicios de jardinería de la zona de utilidad años después, ya en los treinta del siguiente siglo, para ubicar el Tribunal Tutelar de Menores, misión que cumplió durante bastantes décadas.

Pero lo que nos interesa es el Teatro Circo situado en la Plaza de la Aduana que observamos en la foto de J. Laurent de 1870. Años después, en 1883, se inauguraría el Teatro Circo Colón, en la calle de su nombre, frente a la Casa de la Lactancia. 

martes, 9 de diciembre de 2014

LA BASÍLICA DE LA VIRGEN

Fuente: J. Laurent
1870 El origen de la Virgen de los Desamparados está ligado a la creación del Hospital dels Ignoscents,  construido a principios del siglo XV  en amparo de aquellos quienes estaban considerados como locos por la población, en un principio resguardada 
en “el Capitulet”, pequeña ermita ubicada  junto al Hospital, 
hasta su traslado a una de las capillas de la Seo en 1487.

La peste de 1647 causó una gran  mortandad en la ciudad, lo que hizo aumentar la devoción hacia la Virgen instando la población a la creación de un templo que de forma independiente rindiera culto a su imagen.

La construcción de la Basílica de la Virgen de los Desamparados se inició en el año 1652,  según diseño de Diego Martínez Ponce de Urrana, siendo en 1694  cuando se completó con el Camarín de la Virgen.

Y  se mantiene intacta la admiración de los valencianos quienes, creyentes en mayor o menor grado, muestran su respeto a la "mare de tots el valencians".

La Basílica de la Virgen, lugar en su día festivo de piropos de fe y requiebros en éxtasis, previos a su paseo en andas por la calle del Micalet.

sábado, 15 de febrero de 2014

“LA PALLETERA”

Colegio CLAUSTRO COLEGIO DEL PATRIARCA_LA PALLETERA 1896

1870 - La escultura popularmente conocida como “la palletera” estuvo en el centro del claustro del Colegio del Patriarca hasta 1897, año en el que fue sustituida por la sedente del Patriarca, obra de Mariano Benlliure. Atrás quedaba la singular estatua que había estado sobre una fuente de mármol desde la construcción de un claustro por donde hasta hacía unas pocas décadas corría la hierba que, en ocasiones y según asegura el cronista, trepaba por el pedestal que la sostenía. 

La “mujer” había aparecido en el subsuelo al inicio de las obras y aunque algunos autores creen que era la diosa Ceres, sin embargo, hubo quienes aseveraron que se trataba de un cónsul romano decapitado. No obstante, y creyendo por sus ropajes que la estatua era el cuerpo de una mujer, le pusieron la cabeza de una dama. Y como sostenía en su mano izquierda unos haces de hierba, los mismos que existían a sus pies, el vulgo pasó a reconocerla como la “palletera”. 

La rumorología de la época suscitó la infundada creencia de que al comprar el Patriarca las cuarenta y nueve casas que necesitaba para construir sobre sus solares el seminario, la dueña de la última de ellas se resistió, condicionando su venta a que figurase su recuerdo haciendo alusión a su oficio. 

La foto de J. Laurent nos muestra el momento en el que un sacerdote junto a un seminarista se aproximan a la fuente que preside el claustro.

martes, 3 de septiembre de 2013

LA PLAZA DE TOROS

plaza de toros 1870

Foto – J. Laurent 

1870 - Desde el siglo XI se celebraban corridas de toros mediante cosos desmontables en diferentes lugares de la ciudad, siendo junto a la plaza del Mercado el más frecuentado. Debido al auge de la conocida como “fiesta nacional”, el Hospital General, que desde 1612 ostentaba determinados privilegios sobre la fiesta taurina, acometió la construcción de una plaza encargando al arquitecto Sebastián Monleón el proyecto de la misma. 

Fue inaugurada el 22 de junio de 1859 con toros de la ganadería de la Viuda de Zalduendo para el diestro Francisco Arjona "Cúchares". Anexo a la plaza y de forma provisional, en 1929 se instaló un Museo Taurino que con la construcción en los años sesenta del Pasaje del Dr. Serra se ubicó en el mismo, donde prevalece. 

Su ruedo de cincuenta y dos metros de diámetro es uno de los más grandes de España, siendo considerado Monumento Histórico Artístico desde 1983. Manteniendo su propiedad el Hospital General, su administración está al cargo de la Diputación Provincial. 

En la magnífica fotografía de J. Laurent, vemos su estilo neoclásico a semejanza de la arquitectura civil romana, así como la salidad de la red ferroviaria desde la Estación del Norte situada entonces junto la plaza de San Francisco.

martes, 2 de julio de 2013

"EL FEMATER"

Colección Diaz Prósper - Foto de J. Laurent (1870)

La Valencia amurallada hasta el último tercio del XIX tenía su extensión en los arrabales que iban creciendo ante las puertas de Cuarte y de Serranos, así como en los poblados de Ruzafa y Campanar.

Campos de huertas y de flores, de frutales y de algarrobos, de pimientos y tomates, de acequias y de pozos. Perfumes de hierbas mojadas, pinceladas de blanqueadas alquerías, sinfonías de carros y caballerías, perros que ladran y gallos que despuntan el alba. Caminos hacia el “cap i casal” con retorno a las huertas tan necesitadas de su alimento y de su cuidado.

Y si algo había que unía a la huerta con la ciudad, lo era la figura del “femater”, auténtico cordón umbilical que al pregón de “ama, ¿hi ha fem?” recorría sus calles a la búsqueda de la basura del interior de las casas, incluso accediendo a las cocinas cuyo basurero luego limpiaba con sus propias manos, gozosas de recoger hacia su huerta el abono necesario para las buenas cosechas.

Y para agradecer tan preciado alimento, que “el femater” recogía a lo largo del año, cuando llegaban las fiestas navideñas, no faltaba nunca el mejor de los regalos; y entre otros de sus frutos, el de la lustrosa calabaza que luego iba a reinar en la mesa en la hora del postre, obsequio rey, como señal de agradecimiento y de fidelidad a su servicio.

domingo, 2 de junio de 2013

sábado, 24 de noviembre de 2012

jueves, 22 de noviembre de 2012

lunes, 22 de octubre de 2012

miércoles, 3 de octubre de 2012