jueves, 23 de enero de 2025
LA FÁBRICA DE GAS A LOS OJOS DEL FOTÓGRAFO
miércoles, 15 de enero de 2025
EL VIEJO ASPECTO DEL PALACIO ARZOBISPAL
sábado, 15 de junio de 2024
LA MURALLA CRISTIANA A VISTA DE J. LAURENT
sábado, 1 de abril de 2023
ADOQUINES Y BARRO
viernes, 5 de marzo de 2021
EL REY FERNANDO VII LLEGÓ A VALENCIA
Jactábase Valencia de haber sido la primera en proclamar a Fernando VII, desafiando arrogantemente a Napoleón, con el grito del Palleter. El mismo Rey que en su retorno a España por 1814 y que a su paso por nuestra ciudad dejó la bomba que estallaría sobre la cabeza de los liberales, destruyendo las Cortes y el régimen constitucional, dejando a España en la más absoluta incultura, inseguridad y falta de modernidad.
Pero no voy a hablar sobre la biografía del monarca, ni del rey al que Napoleón devolvió la corona, ni del que fuera “El deseado” o “El rey felón”, ni tan siquiera del hecho histórico tanto para la ciudad de Valencia como de España en general, sino del entusiasmo como fue recibido en Valencia, de los preparativos para su llegada y los actos en su honor durante su estancia. Porque esta tierra tenía que quedar a la máxima altura para agasajar al Rey.
Todo comenzó cuando el 12 de marzo de 1814, el jefe político Valdemoros remitió al Ayuntamiento un decreto que hizo reunir al Cabildo de la Catedral y haciéndolo público de esta manera:
“A las ocho de esta mañana he recibido de orden de la Regencia, y por el Ministro de la Gobernación de la Península, ejemplares del Soberano Decreto de 8 del corriente, mandándose hagan rogativas públicas en todas las iglesias de la Monarquía, por la feliz llegada de nuestro amado rey a la capital de España y por el buen éxito de su gobierno bajo la égida sagrada de la Constitución. Me apresuro a pasar a V.M, un ejemplar para que pueda disponer inmediatamente su ejecución en esta capital, poniéndose de acuerdo con el Ilustrísimo Cabildo y Gobernador de la Mitra en lo que a cada uno corresponde, dándome el aviso correspondiente para mi gobierno “.
Hubo tres días de rogativas al Rey, vuelo de campanas y procesión con la Virgen de los Desamparados.
Valencia se engalanó como nunca lo había hecho. El Ayuntamiento se encargó de adornar la calle de Murviedro por donde sería el acceso al interior de la ciudad, junto con el puente y la Puerta del Real, y todas las calles que formaban el camino a la Catedral.
Las autoridades municipales extremaron el aseo de las calles, prohibiendo toda circulación de vehículos y de caballos, ausencia de perros y los que hubiera, con bozal. Los labradores con manta no entrarían en la ciudad, que no hubiera puestos portátiles ni pesos públicos. Los establecimientos de comidas abrirían de siete de la mañana hasta las nueve de la noche y las tabernas una hora antes. Las puertas de las casas abiertas y con la luz del zaguán toda la noche desde la puesta de sol, por si los forasteros no encontraban albergue debido a la escasez de hospederías y las pocas que habían estaban reservadas para el séquito del rey, con lo cual ningún vecino podía negarse al alojamiento de quien lo necesitara.
Para el descanso de él y su séquito se había acondicionado el Palacio de Cervelló, a falta del ya malogrado Palacio Real, y que con la opinión de los patriotas, quedaría limpio de la mancha francesa que dejó el Mariscal Suchet cuando se alojó en él. Delante de palacio se instaló un entarimado para orquesta y también otro en la Casa Vestuario para la orquesta Municipal.
El 15 de abril ya estaba en Segorbe retomando el camino hacia Valencia, que un mes antes había abandonado por rebeldía, cuando había salido de Gerona. El General Elío fue a su encuentro, le regaló su espada y le prometió restaurar el trono. En Puzol le esperaba Luis María de Borbón.
Llegó el día, el 16, y cientos de labradores se acumulaban a su paso en las cercanías del Monasterio de San Miguel de los Reyes. Le abrían camino tropas de los regimientos militares. Un improvisado arco a la entrada del puente del Real, sobre las cuatro de la tarde le daba la bienvenida con la presencia del Ayuntamiento en Corporación, para llegar a su lugar de alojamiento, que como he citado antes era el Palacio de Cervelló, que como se puede imaginar, era acompañado por una gran agitación popular desde ventanas y balcones, a pie de calle sin temor a enredarse entre los caballos, desde lo alto de farolas y tapias, todo el espectáculo de los que solo pensaban en el jolgorio general y en ver de cerca la cara del rey, que la perfidia francesa arrebató seis años atrás. Tras ello, besamanos, volteo de campanas, orquestas, estampido de cañón; y al anochecer una orgía de luces por toda la ciudad, dejando atrás la oscuridad de la que sufría normalmente cuando se sumía en la noche, castillo de fuegos artificiales y general alboroto y alegría hasta la medianoche.
Ni un solo día se desperdiciaron actos, visitas a modo de excursión por distintos lugares, cabe reseñar la agradable visita que tuvo en el Grao. Así un día tras otro hasta el 5 de mayo, en el que voy a recalcar algunos hechos tan solo por importantes para los valencianos. Por citar, y por orden de día: Solemne misa en la Catedral, donde se entonó el "Te Deum", y visita a la Basílica de la Virgen. Procesión de San Vicente Ferrer y velada en la Real Maestranza. Excursión al Grao. Peticiones de favores al Rey por autoridades eclesiásticas y por el Claustro Universitario. Visita al Colegio del Corpus Christi. Visita a la Academia de Bellas Artes. Visita al lago de la Albufera. Segunda visita al Grao para la fiesta que le habían preparado los matriculados marineros. Solemne misa en la Catedral y obsequios de los canónigos como despedida.
Llegó el día 5, a las siete y media de la mañana el rey salió del Palacio de Cervelló, con el gentío agolpado vitoreando con exclamaciones de “Viva el Rey”, pese a la hora temprana, y acompañado de corporaciones y autoridades. A las ocho suben al coche con el cortejo del Real Cuerpo de la Maestranza. Unos estudiantes de la Universidad estaban esperando a su paso en la Cruz Cubierta del camino de Játiva y el Rey se detuvo para escuchar los cantos que le habían preparado; enarbolaban una bandera negra en señal de luto por la partida del monarca y tras entonar las canciones con sus instrumentos rompieron estos para demostrarle que nunca más servirían para agasajar a otro. Y siguió hacia Madrid.
Texto de Amparo Zalve Polo
martes, 9 de junio de 2020
OBSERVANDO A LAURENT
Al subir miro a mi izquierda conforme el rio baja y se ven los vanos del Puente del Mar. Quiero pasar el cauce e ir hacia la derecha para llegar a la Plaza del Temple.
Me espera ya el Palacio y la Iglesia del Temple. Había escuchado de su construcción en época de Carlos III, tras el fuerte terremoto que asoló al Castillo de Montesa, con el traslado de sus frailes al cap y casal. Pero si aún nos vamos más hacia atrás, en el tiempo, en esta plaza estuvo la torre árabe más alta de la ciudad y el pendón de la rendición que entregó Jaime I a los templarios en el año 1238; de ahí el nombre del palacio que fijamente observo.
Unas pocas viviendas para llegar a otra gran casa, esta sí que se cuidaba. Alguna ventana abierta me hace ver la presencia de chicas jóvenes. Es un colegio, el Loreto. Pero pienso que es de buena arquitectura, elegante, allí debió vivir gente noble. Su escudo nobiliario me demuestra su linaje, el Palacio de los Condes de Carlet. En este no entro, prefiero mirar lo que asoma por detrás de él. Mirar hacia arriba y comprobar lo que en cierta ocasión citó Victor Hugo refiriendose a Valencia: “La ciudad de los cien campanarios”. Asoman la torre de la Iglesia del Salvador, la cúpula del Seminario, la Catedral y el Miguelete.
No sigo sin antes fijarme que hay una pequeña iglesia, San Jayme de Uclés, que me he dejado unos metros atrás. Se ve pequeña aunque puede parecerlo, al estar junto a las otras casas tan grandes. No se ve de mucha importancia, pero por mirar algo, miraré que ahí estan los restos del último rey moro, Zeit.
Su nombre: La Botiga de la Balda. Después del cierre de Casa de las Comedias, el Corral de la Olivera, el lugar oficial de representación de teatro y baile en la ciudad fue el Teatro la Botiga de la Balda. De pronto toda esa imagen jocosa, bohemia se desvanece en mi mente y me encuentro dentro de un almacén, tal cual había sido antes de que llegara el teatro y como siguió siéndolo.
Observar una fotografía es meterse en ella, circular entre su gente y atravesar la puerta de la historia que allí ocurrió.
Texto de Amparo Zalve Polo
martes, 26 de mayo de 2020
EL MOMENTO DE LA PESCA HABÍA LLEGADO
Los pescadores se alojaban tan cerca como podían de la playa, iniciándose ya esta necesidad en la época musulmana, que previa a la Reconquista, existía un caserío, al que se le llamaba “Grau” y que se fue repoblando de tal manera que Jaime I, en 1249, le cambió el nombre por el de Villa Nova Della Mar, aunque más tarde se llamaría Villanova del Grau, con su propia Casa Consistorial.
En el “Corralet” disfrutaban de hacer recuento de lo que necesitaban y por si estaba correcto; lo que durante los meses de veda habían almacenado y era la hora de sacarlo a la luz: los remos, las velas, los mástiles que se embadurnaban de aceite, los anzuelos, las redes de fondo, las almadrabas y las cuerdas, que teñían de alquitrán para la "pesca del bou". Ya imaginaban el momento subidos en su barca de vela latina, la que había hecho un calafate utilizando sólo madera. Barca sólida, ligera, capaz de soportar el golpe corto de la ola mediterránea.
La pesca ya había acabado y las pequeñas barcas se aproximaban al regreso del Bou para recoger el pescado y llevarlo a la playa.
Con sus faldas largas y corpiño ajustado, en ocasiones descalzas y con su cesto en el brazo.
Texto de Amparo Zalve Polo
Fotos del Archivo Municipal
domingo, 13 de enero de 2019
LAS ARREPENTIDAS EMPAREDADAS
viernes, 5 de junio de 2015
LA CASA DE LA ALMOINA
1870 - Plaza de la Almoina, el sol en lo alto. Carros a la espera de su servicio. La foto con las arrugas de los años y el desconchado en las paredes con su puerta de trazado gótico, nos sugiere una actividad insospechada pero con seguridad tranquila y apacible.
La casa de la Almoina (significado de limosna en Lengua Valenciana) tiene su antecedente en el siglo XIII cuando se daba manutención a los pobres. Dio su nombre a la plaza, mientras guardaba bajo sus cimientos la riqueza fundacional de la ciudad.
Es en 1303 cuando el Obispo de Valencia Ramón Despont le otorga su nuevo cometido de procurar limosna a los necesitados, con la entrega de “cinch diners” a las personas que allí acudían. Pocos años después fijó su sede en la casa de Bernat Desclapers, junto a la Catedral, siendo conocida como la Almoina de la Seu.
jueves, 5 de febrero de 2015
EL PALACIO DE CERVELLÓ, SU IMPORTANCIA HISTÓRICA
sábado, 31 de enero de 2015
EL TEATRO CIRCO DE LA PLAZA DE LA ADUANA
martes, 9 de diciembre de 2014
LA BASÍLICA DE LA VIRGEN
en “el Capitulet”, pequeña ermita ubicada junto al Hospital,
hasta su traslado a una de las capillas de la Seo en 1487.
sábado, 15 de febrero de 2014
“LA PALLETERA”
La “mujer” había aparecido en el subsuelo al inicio de las obras y aunque algunos autores creen que era la diosa Ceres, sin embargo, hubo quienes aseveraron que se trataba de un cónsul romano decapitado. No obstante, y creyendo por sus ropajes que la estatua era el cuerpo de una mujer, le pusieron la cabeza de una dama. Y como sostenía en su mano izquierda unos haces de hierba, los mismos que existían a sus pies, el vulgo pasó a reconocerla como la “palletera”.
La rumorología de la época suscitó la infundada creencia de que al comprar el Patriarca las cuarenta y nueve casas que necesitaba para construir sobre sus solares el seminario, la dueña de la última de ellas se resistió, condicionando su venta a que figurase su recuerdo haciendo alusión a su oficio.
La foto de J. Laurent nos muestra el momento en el que un sacerdote junto a un seminarista se aproximan a la fuente que preside el claustro.
martes, 3 de septiembre de 2013
LA PLAZA DE TOROS
Fue inaugurada el 22 de junio de 1859 con toros de la ganadería de la Viuda de Zalduendo para el diestro Francisco Arjona "Cúchares". Anexo a la plaza y de forma provisional, en 1929 se instaló un Museo Taurino que con la construcción en los años sesenta del Pasaje del Dr. Serra se ubicó en el mismo, donde prevalece.
Su ruedo de cincuenta y dos metros de diámetro es uno de los más grandes de España, siendo considerado Monumento Histórico Artístico desde 1983. Manteniendo su propiedad el Hospital General, su administración está al cargo de la Diputación Provincial.
En la magnífica fotografía de J. Laurent, vemos su estilo neoclásico a semejanza de la arquitectura civil romana, así como la salidad de la red ferroviaria desde la Estación del Norte situada entonces junto la plaza de San Francisco.
martes, 2 de julio de 2013
"EL FEMATER"
Campos de huertas y de flores, de frutales y de algarrobos, de pimientos y tomates, de acequias y de pozos. Perfumes de hierbas mojadas, pinceladas de blanqueadas alquerías, sinfonías de carros y caballerías, perros que ladran y gallos que despuntan el alba. Caminos hacia el “cap i casal” con retorno a las huertas tan necesitadas de su alimento y de su cuidado.
Y si algo había que unía a la huerta con la ciudad, lo era la figura del “femater”, auténtico cordón umbilical que al pregón de “ama, ¿hi ha fem?” recorría sus calles a la búsqueda de la basura del interior de las casas, incluso accediendo a las cocinas cuyo basurero luego limpiaba con sus propias manos, gozosas de recoger hacia su huerta el abono necesario para las buenas cosechas.
Y para agradecer tan preciado alimento, que “el femater” recogía a lo largo del año, cuando llegaban las fiestas navideñas, no faltaba nunca el mejor de los regalos; y entre otros de sus frutos, el de la lustrosa calabaza que luego iba a reinar en la mesa en la hora del postre, obsequio rey, como señal de agradecimiento y de fidelidad a su servicio.





























