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viernes, 13 de junio de 2025

LA PLAZA YA TIENE SU MERCADO NUEVO

1888 Ca. - A. Esplugas - Colección Diaz Prosper

La fotografía torno 1888 muestra que  la torre de la Lonja todavía no tenía sus almenas y que el Mercado Nuevo ya había hecho aparición. En la  Plaza del Mercado, con su suelo adoquinado y embaldosado, ya hacía tiempo que  el solar que dejó el gran convento de las religiosas Dominicas de Santa María Magdalena había sido ocupado por el mercado de multitud de pequeños puestos que con el amanecer los huertanos y los artesanos exponían sus artículos para la venta. Tan solo eran unos puestos amontonados a la espera de que se creara el Mercado Nuevo.

Una fuente en el centro de la plaza les proporcionaba agua potable. Se construyeron dos galerías centrales que se sostenían sobre cuarenta columnas para cada una, y por su cabecera se cerraba por otra tercera galería, esta con ocho columnas de frente y ahí se encontraba la casa del repeso. En el repeso se atendían las reclamaciones que se producían en las compras y también los conflictos que pudieran existir en la exactitud de los pesos y medidas.

Las galerías eran estrechas y servían de pórtico para treinta y cuatro pequeñas viviendas situadas a ambos lados, con otras cuantas tiendas también en su frente, y en igual número en la parte posterior, donde se vendía carne de vaca, cerdo, ternera y carnero. La pescadería ya se encontraba fuera y se hizo algo más tarde, en 1850.
La plaza ya tenía el mercado que le correspondía, al que se le añadían muchos puestos entoldados en el exterior que hacían que la Plaza del Mercado fuera una marabunta diaria hasta que al mediodía se recogía.

Texto de Amparo Zalve

miércoles, 3 de junio de 2015

EL MERCADO NUEVO

1890 plaza del mercado

Archivo de Rafael Solaz

1890 Ca. – En el lienzo de casas tras el mercado, abre la calle Juan de Villarrasa como indicativo de la cúpula escolapia del siglo XVIII, centro andresiano construido bajo el impulso del Arzobispo Mayoral. La Iglesia de los Santos Juanes mezcla tañidos de campanas con aromas de huertas, traqueteos de carros y murmullos de vecindad.

El Mercado Nuevo de 1839 centra al mercado con su balaustrada de piedra, y el edificio de la Guardia del Principal surge ostentoso.

La alta farola eléctrica ya ha sustituido a las de gas y el mercado hierve de vidas que buscan verduras y carnes para el puchero valenciano, el de los domingos.

Sobre el mercadillo a dos aguas, el de las flores, unos operarios cuidan su mantenimiento y el “pardal de Sant Joan” desde lo alto de su torre pasa lista,  vigila para que todo esté en orden y concierto.

El mercado que da nombre a una plaza desde tiempo inmemorial cumple con su misión, y lonas y toldos contribuyen a la diaria y grata visita.

Los Santos Juanes, la “parroquia de los pillos”, donde los avispados pícaros del mercado estaban atentos al abundante cesto de viandas, dando su nombre al templo aledaño.

viernes, 31 de enero de 2014

LA PLAZA DEL MERCADO

la plaza del mercado. Fotógrafo Esplugas. Ca. 1888

Archivo de Rafael Solaz

1888 - Los orígenes del mercado que con el paso de los siglos daría nacimiento a la plaza con su nombre, se remontan a la época musulmana próxima a la mezquita extramuros que después de la Reconquista sería la Iglesia de los Santos Juanes, y que en estos años fue autorizado por Jaime I con la particularidad de feria y con frecuencia semanal. Con el tiempo y ya como mercado diario dio nueva vida a una zona que, ya construida la muralla cristiana, adquirió una mayor relevancia mercantil con la Lonja de la Seda, y comercial por la gran cantidad de tiendas que se iban instalando, tanto en cuanto se iban urbanizando nuevas calles torno a la plaza que no sólo fue de mercado, sino también de justas y condenas con el establecimiento de la horca, lo que nos indica la importancia que tenía el enclave en el día a día de la ciudad. 

En 1839 se construyó el Mercado Nuevo, aunque la mayoría de los puestos estaban al descubierto ampliando su perimetro, por lo que tal y como sucedería décadas mas tarde, apenas iban a dejar espacio para el paso del tranvía de tracción animal de nueva implantación.

Y entre el bullicio del mercado y los “pillos” que de éste se aprovechaban y dieron nombre a la ya “parroquia de los pillos” con su pardalot de Sant Joan en su alto, los perfumes de la huerta valenciana y de sus frutales llegaban con el alba impregnando la mañana, que en la cadencia en el andar de las mujeres y en las cestas apoyadas en sus caderas, se trasladaban a los hogares. 

La foto de 1888 nos muestra un aspecto de la plaza del Mercado en una zona con puestos de útiles para los huertanos.