Desde finales del siglo XIX había una Valencia que buscaba la modernidad y el confort, muchas ciudades europeas ya sabían de ello, había un cierto propósito de que mar y ciudad se unieran porque habido momento las playas de Levante y la Malvarrosa se habían convertido en lugar de veraneo y esparcimiento. Desde los Jardines del Real hasta el Cabañal era camino de tierra rodeado de huerta.
Pero llegó Casimiro Meseguer y dijo: Voy a hacer un paseo con una anchura de 100 metros, tres plazas grandes en su recorrido de 200 metros de diámetro y el centro en toda su longitud lo ocupará 60 metros de paseo ajardinado, habiendo además una primera línea de viviendas exentas y en la segunda fila viviendas en bloque. En fin, una novedosa ciudad-jardín al modo de otras ciudades europeas en la que ya se había hecho hacía tiempo.
Pese al interés de que este proyecto se hiciera realidad de manera rápida, ese Paseo al Mar, paralelo al Camino del Grao iba a tardar. Y una de las razones principales era la renovación que se estaba produciendo de la ciudad por medio del llamado Ensanche.
Pero llegó el día en que en medio de aquel terregal empezaron a construirse, tal y como se proyectó las primeras edificaciones junto a los Jardines del Real, las que conformarían el inicio de la ciudad-jardín tan deseada por donde la gente podría pasear entre sus jardines y arboledas hasta llegar al Cabañal y tocar el mar.
Esto ocurrió en el año 1929, cuando ya se empezó la construcción de las primeras viviendas por obra del arquitecto Enrique Viedma. Fueron la prueba piloto para la extensión de esa zona de la ciudad. Casas + jardines la unión perfecta para la extensión, cuando de momento compartirían vecindad con campos de patatas y coles. Un ejemplo de aislamiento y soledad que había en la zona estaba demostrada por el cierre nocturno de la calle Bernat i Baldoví.
Estaban financiadas por la Asociación de Prensa Valenciana y la Cooperativa de Artes Gráficas, adhiriéndose a la ley de Casas Baratas, levantando el barrio en régimen de cooperativa con un número de 33 viviendas a ambos lados del paseo, 19 en la acera de los impares y 14 en la de los pares, para dar comienzo al proyecto ambicioso con un tipo de vivienda obrera y una mentalidad al unísono con el resto de Europa.
Un manojo de balconcillos desde los pisos superiores ya se asomaban hacia el centro de la ciudad, donde aún les quedaba un piso por debajo y un pequeño jardín de tierra con alguna higuera a la que le acompañaba también alguna palmera y ficus. Los suelos hidráulicos, y estancias acogedoras habidas de terracillas y miradores configuraban en el extrarradio algo diferente a lo que ya se tenía en Valencia.
Les acompañaban las obras de la Facultad de Ciencias y de la de Medicina, digo obras porque así lo fueron durante años por enormes retrasos durante la Guerra Civil . De hecho en la fotografía se puede apreciar que no se ven estas construcciones porque les quedaría tiempo para verse levantadas.
Nunca llegó Valencia al Mar al Mediterráneo, se quedó en Avenida Blasco Ibáñez, y el único vestigio de ciudad-jardín está en los únicos chalets de los periodistas que quedan en pie.
Texto de Amparo Zalve Polo













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