Empecemos por irnos muy, muy lejos en el tiempo, casi empezar en el siglo XVI, y podremos ver de Valencia una ciudad con hacinamiento de casas de mal aspecto, la mayoría estrechas con planta baja, un piso y ventanas pequeñas, que adornaban callejones húmedos al pie de otras casas grandes que habitaban los monjes y los grandes palacios del Estado. Imágenes de santos protegían dichos callejones, como si dependiera de ellos el porvenir de los vecinos que en ellas vivían, de hecho existían muchos festejos, razón de que si por cada calle al menos estaba protegida por uno de ellos había que honrar y pedir. Las parroquias tenían sus cementerios tras las murallas, aunque también los había en el centro de la ciudad.
Pasaban los años y siglo, ya el XVII y prácticamente nada cambiaba. Tuvo que llegar el XVIII y el reinado de Carlos III.
Y ahora os preguntareis: ¿ A que viene esta introducción si la entrada es sobre el puente del Mar?
Siempre es conveniente entrar en el lugar pero también en el tiempo para verlo mejor. Se trata de pasearse, de meternos en la poca información gráfica de aquella Valencia en blanco y negro tan antigua y simplemente eso, pasear.
1238
Y lo pasearemos en orden cronológico según imágenes. Tras las murallas ya hemos entrado y tenemos conocimiento de lo que había. Pero ahora apetece pasar por una de las cuatro grandes puertas que estaban en la muralla, que aunque formó parte primero de la muralla árabe, según posición en el recinto con un determinado nombre, luego ya estuvo en la cristiana con otro nombre. El caso es que el enclave prácticamente fue el mismo, y que las veces que fue reconstruida la una y la otra también es punto a parte. El fin de esta puerta era el paso de la mercancía llegada por mar al Grao entrara a la ciudad. Ahora miremos cantidad de carros repletos de sacos bien atados conteniendo legumbres y granos, porque era lo que más se transportaba desde el exterior.
Estoy concentrada mirando la muralla árabe en el mismo año que Jaime I atravesó la ciudad. Me sitúo junto a una puerta que parece que le llaman la de Sharea. Poco se ve antes de atravesarla, algunos cultivos. y mirando hacia dentro tampoco es que estén constituidos muchos barrios, más bien diría que casas que se entremezclan con huertas, eso sí, muchas acequias.
1253
Me voy a 1253 y aunque han pasado pocos años parece que veo más elementos tanto fuera, como cuando atravieso la puerta, la misma, la de Sharea. Se ha repoblado mucho el interior, y el exterior tiene zonas que dividen los terrenos, con casas de importancia de distintas características. Hasta la navegación por el río Turia es más intensa.
1563
Y como el tiempo se dice que pasa, viene un paisajista belga, Wyngaerde, en 1563 y desde un globo aerostático lo llevan a recorrer España, y cuando pasa por Valencia toma buenos apuntes para dejarnos pasear por un buen trozo de muralla cristiana con el paso del río.
Pues allá vamos a buscar la puerta. Nos lo pone difícil, justo esta puerta solo se insinúa al final del recorrido. Es igual, será igual de agradable ver las otras hasta llegar a ella.
1858
Tenemos la suerte de que Guesdon deja la vista que queríamos llegar a ver, la puerta del Mar que no quiso Wyngaerde que viéramos bien, y este señor la enfoca perfectamente en 1858.
Pero ehhhh, aún no pasemos tantos años de golpe. Primero vemos los cambios ya muy importantes del siglo anterior cuando el reinado del rey Carlos III. Desde donde estaba ubicada la puerta había una rambla que se extendía hasta el río a la vez que un gran llano, donde posteriormente se edificó el convento de Padres Predicadores. Las casas que estaban junto a la puerta se derribaron dando lugar a un gran edificio, el de la Aduana del Mar, y mientras estaba el Mariscal Suchet, en los años 1842,1843 y 1844 hizo derribar otra porción de casas que quedaban alrededor y se formó la extensa Plaza de la Aduana.
Justo en ese año, el de 1842, cuando Suchet hizo los añadidos derribos la puerta también se transformó y fue para ser de dos vanos, como nos enseña Guesdon y también la foto de portada.
Espero que nos os hayáis cansado de tanto paseo, pero creo que ha valido la pena cansarse viendo y aprendiendo. Tan solo hemos descansado entre los años 1707 hasta 1764 porque la puerta estaba cerrada por su cercanía a la Ciudadela, y para que ir a visitarla.
Texto de Amparo Zalve Polo


























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