viernes, 23 de octubre de 2020

CALLE BAILEN

 MIRANDO HACIA ARRIBA

Foto E. Goñi, febrero 2020. 

En el otoño del pasado 2019 una de las veces que pasaba por la calle de Xàtiva ante la estación del Norte desvié un poco la mirada y mirando hacia arriba me encontré con la siguiente curiosa imagen en lo alto de la finca que hace esquina con la calle de Bailén. 

Por cierto nada que ver con la de 1934 en “estado de guerra”, cuando la bandera blanca aún no había sido alzada.

Está claro que en este caso con una gran sábana blanca están tratando de tapar algo que no quieren que veamos, pero que de forma cabezota sigue allí, donde ha estado durante años. Al cabo de varios meses viendo la sábana, sin recordar qué anuncio figuraba allí, me decido, hago la foto y busco en los mapas de papá Google la esquina en cuestión, y oh internet, localizo la imagen de lo tapado, que no es más que un anuncio de cerveza Estrella Dam, lo que nos aclara el bulto saliente en la parte superior de la blanca tela.

 

Imagen procedente de Google Earth Pro, esquina Bailén-Xàtiva.

Misterio solucionado, aunque nos quede el porqué sin conocer. ¿Caducó el contrato con la finca? ¿No pagaban? ¿Les aumentaron en demasía el precio? ¿Se ha cambiado el producto a promocionar? Quién sabe.

Texto de Enrique Goñi Igual.

miércoles, 21 de octubre de 2020

LA CASA-MUSEO MARCH

José Luis March en el taller.-  Esteban Gonzalo

En el nº 19 de la calle Mare Vella, en pleno Barrio del Carmen, está la Casa-Museo March, con las instalaciones y utillaje de un taller de sedas, orfebrería, forja y cerámica, que dejaron de ser utilizadas como industrias artesanas en el año 2010, cuando José Luis, Jesús y Amparo March Ramos, se jubilaron tras realizar los pedidos que tenían.

Paradas, pero bien conservadas las instalaciones, como si estuvieran esperando a los artesanos para reanudar su trabajo. Por ello, ocasionalmente pueden realizar demostraciones de funcionamiento de las distintas técnicas desarrolladas en el taller.

José Luis March, que las enseña a los colectivos, principalmente de estudiantes, es persona destacada en INTRAMURS, entidad para revitalizar el mundo artístico del barrio del Carmen, y en las alegaciones para conseguir que en el PEP (Plan Especial de Protección), aprobado este año, consideren BRL (Bien de Relevancia Local) el taller, para protegerlo por su valor etnológico, y evitar el derribo del edificio y el desmantelamiento de las instalaciones artesanas cuando realicen las obras para la rehabilitación y preparación expositiva de un tramo de la muralla islámica y dos torres. 

También para que compaginen puesta en valor del tramo defensivo sin tener que efectuar demoliciones innecesarias en edificios de la manzana urbana delimitada por las calles Mare Vella, En Borrás y Portal de Valldigna. 

Labores de divulgación y reivindicación en las que también colabora muy activamente su hermano Jesús.

José Luis, Doctor en Bellas Artes y ex profesor de la Escuela Superior de Cerámica de Manises, también fue profesor en la Escuela de Diseño, especialidad joyería, y en la actualidad colabora con dicha escuela, así como con la Facultad de Historia y el Colegio del Arte Mayor de la Seda.

Premio Nacional de repujado en en los años cuarenta

Su relato “Impulsamos tu idea”, sobre protección del patrimonio preindustrial del centro histórico de València, fue premiado en la Feria Urbe y Desarrollo 2002.

En ello sigue la estela familiar, ya que los tres hermanos son miembros destacados de Labor-Art, la Asociación Cultural que fundó en 1956 su padre, Vicente March Beniel, para apoyarse mutuamente los artistas y artesanos del barrio del Carmen de València. Entidad que continua vigente, aunque con poca actividad, al quedar pocos artesanos en ese barrio.

Jesús y José Luis March en pleno trabajo artesanal.- 2004.- Esteban Gonzalo

En los últimos años de actividad artesana José Luis realizaba obras con cerámica y bronce, Jesús se dedicaba a la orfebrería y restauración de antigüedades, y Amparo continuaba cincelando peinetas, los tres con una característica común: artesanos a tiempo parcial con obras personales y empleando el tiempo necesario para su buena realización al no estar acuciados por la venta rápida, ya que la enseñanza artística les facilitaba su independencia económica. Actividades cotidianas a las que, esporádicamente, José Luis y Jesús añadían forja de hierro, tanto de creación como de reparación, y esmaltado sobre metal.

Tornos cerámicos.- 2020.- Esteban Gonzalo.

Con los tres hermanos se jubiló, sin continuadores, la cuarta generación en el taller artesano que su bisabuelo José March Lázaro montó en los primeros años del siglo veinte, y continuaron su abuelo José March Coll y su padre Vicente March Beniel.

Una familia con el quehacer artesano tan arraigado, que los hermanos de José March Coll fueron joyeros, las hermanas de March Beniel bordadoras, mientras que Isabel, Carmen y Vicente, hermanos de los últimos gestionadores del taller, han ejercido actividades artesanales en La Canyada y Xirivella. 

Zona para varias actividades.- 2020.- Esteban Gonzalo

En cuanto al Taller de la Seda, me cuenta José Luis March que a finales del siglo XIX en el viejo edificio y después en el nuevo, construido en 1925, lo gestionaron los Hermanos Monfort asociados con las hermanas Carmen y Elisa March.

Que su abuelo José March Coll fue escultor, estuvo en activo hasta 1940 y tuvo continuadores haciendo imágenes a su padre Vicente March Beniel y a su hermano Rafael. 

Área artesanal en época musulmana.-

La importancia del taller, como último ejemplar completo del gran desarrollo artesanal que hubo desde la época musulmana en el actual barrio del Carmen, y el problema de su desaparición con lo acordado en el plan RIVA, ha motivado la publicación de artículos en medios de comunicación defendiendo su continuidad como muestra de una época pasada. Para sendos artículos en las revistas Top Turisme y Ven Aquí Valencia, José Luis, Jesús y Amparo me expusieron sus inquietudes y temores en el año 2004. 

Orfebrería.- Años setenta.- Taller March

Taller distinguido en 1975 por el Ministerio de Industria.

En cuanto a Mare Vella (Madre Vieja) se refiere al paso por esa calle del ramal tercero de la acequia Rovella, la utilizada antes para la numerosa industria artesana y como colector de residuos.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

lunes, 19 de octubre de 2020

SANTA ÚRSULA, VISTA POR ALFREDO BAESCHLIN

Convento de Santa Úrsula
Dibujo de Alfredo Baeschlin

El origen del Convento de Santa Úrsula se remonta al siglo XVI. Siendo Arzobispo de Valencia Juan de Ribera se encargó de su custodia otorgándole mayor importancia a su cometido, y según avanzaba el siglo sus instalaciones iban necesitando de nuevas mejoras.

Y así, en 1708 se terminó de construir una iglesia de nueva planta que vecina a las Torres de Quart, formaba la plazuela de la Calç, así llamada por ser el lugar donde se vendía este producto, cercana a la calle de Cañete, donde se encuentra la casa natal del religioso Gaspar Bono.

Convento habitado por las religiosas agustinas descalzas que mantenían la misticidad de Santa Teresa.

Cumplían la misión de favorecer a las prostitutas arrepentidas en su decisión de abrazar la religión o para facilitarles una nueva vida abandonando su antiguo oficio. 

El magnífico dibujo de Alfredo Baeschlin nos muestra su aspecto durante su estancia en Valencia desde los años treinta.

sábado, 17 de octubre de 2020

NO DE AHORA, SINO MUCHOS AÑOS ATRÁS EN LA PLAZA DEL MERCADO

1860 - Leroy

La plaza más grande, la que más gentío recogía, la que pasaron muchos años y la actividad comercial de la Valencia huertana, sedera y gremial  no cesaba nunca. Esa era y sigue siendo la bulliciosa plaza del Mercado.

No quiero referirme para nada a la actual, quiero llevar el tiempo mucho más atrás, al lugar desde hace más de mil años, donde ya en época árabe, junto a la muralla, los comerciantes instalan sus puestos ambulantes para la compra venta de todo tipo de objetos artesanales y de la extensa huerta valenciana, que en aquel momento se encontraba extramuros de la ciudad. Al derribo de la muralla árabe se integró en el casco urbano de la ciudad.

Visitemos el entorno:

La acequia Na Rovella musicalizaba  el lugar,  escasas casas la veían, el foso de la antigua muralla, la depresión por la que discurría un brazo del río Turia, la “Vieja Lonja", la del oli y posteriormente la “Lonja Nueva”: la Lonja de los Mercaderes o de la Seda.

Poco a poco fue reduciendo en tamaño, comenzaron a construirse más casas, la mayoría con pórtico, “porchets”.

Plano de Tosca

Tres grandes edificaciones se fueron construyendo de ámbito religioso: el Convento de la Merced, el de las Madalenas y el único que ha sobrevivido: la iglesia de Sant Joan del Mercat.

Ni que decir tiene, que por su extensión también era lugar de encuentro de importantes celebraciones, como torneos caballerosos, e incluso para ejecuciones desde el siglo XV hasta el XIX.

Tenemos que imaginar también introduciéndonos en plena Edad Media, en Valencia del siglo XV y caminar por el laberinto de sus calles angostas, herencia de la ciudad musulmana. Había muy poco espacio para el discurrir de la gente y de las caballerías que se dirigen al mercado. No podían llegar fácilmente a la plaza, ya que se le añadía a la dificultad del paso, los porches de madera que colocaban adelantándose a las tiendas, que los propietarios ponían como ampliación para exponer más a la vista el género. Todo esto propició que a finales del S. XIV se prohibieran, quedando algunos de ellos hasta  1447. 

Biblioteca Valenciana

La reina Doña María, con el fin de ensanchar calles y plazas que rodeaban la Catedral, ordenó derribar los soportales y supuso con ello la expropiación y derribo de muchas casas. Quedaba de nuevo espacio suficiente en la Plaza del Mercado, y con el fin de albergar las operaciones de intercambio de los productos, sobre todo el de la seda, que estaba tan productivo en Valencia en aquellos momentos, se iniciaron las obras de la Lonja de los Mercaderes en 1483, terminando en 1498, sin olvidar que antes ya hacía esta función la Lonja Vieja, pero se quedó obsoleta.

Texto de Amparo Zalve Polo

jueves, 15 de octubre de 2020

BAUTIZO EN LOS AÑOS CINCUENTA

Foto Ortells, ca. 1950. Plaza de Jesús, iglesia de Jesús.

Para una parte de los lectores, como para mí, el recuerdo de una tarde de domingo, después de comer, era oír por la radio aquel serial para jóvenes llamado “El criminal nunca gana” y a continuación la retransmisión de los partidos de fútbol o los discos dedicados, ojo, aunque ya se había inventado, no había televisión en España y lo de Internet ni siquiera se había pensado.

Todo esto era algo previo a salir a la calle con los amigos del barrio para ir a la parroquia más cercana e informarnos de si esa tarde había bautizos. Esa ceremonia cristiana a la que acudíamos como convidados de segunda clase, naturalmente en el interior de la iglesia estaban, aparte del cura oficiante, el recién nacido con sus padres, sus padrinos, sus hermanos, abuelos, tíos, primos y demás familia así como algunos vecinos y conocidos. Los niños de la barriada nos asomábamos a ver si ya se acababa la ceremonia y prepararnos para la salida de la comitiva.

Primero salían los padres con el recién cristianado en brazos y detrás los padrinos, familiares y luego el resto de los invitados. Nosotros mirábamos si los padrinos llevaban bolsas de caramelos y bolsillos abultados con calderilla, y tras cantarles aquello de “Padrina ronyosa ha parit una gosa” o “Padrí ronyós ha parit un gos” esperábamos que comenzaran a tirarnos los caramelos y/o la calderilla para como se ve en la foto agacharnos a recoger lo que pudiéramos. Tras varias tiradas, cuando se veía que no había más para echarnos, los chiquillos nos alejábamos a ver qué ganancias, dulces o económicas habíamos obtenido y retrocedíamos hacia la iglesia por si había otro bautizo y repetir la jugada. La comitiva oficial iba según los casos a un bar cercano y tomar una horchata o chocolatada o pasteles, o a la casa del recién nacido, más o menos a tomar lo mismo, pero servido por padres y abuelos.

Lo peor que te podía pasar era recibir un buen caramelazo en la cabeza o algún golpe con una moneda de 25 o 50 céntimos tirada con mala uva por parte del padrino, porque lo de la peseta era ya palabra mayor. Era divertido y entretenido para pasar una tarde de domingo.

Texto de Enrique Goñi Igual.

martes, 13 de octubre de 2020

ESTUDIO FOTOGRÁFICO SANCHIS 1901

  Francisco Sanchis Muñoz en 1949.

Francisco Sanchis Muñoz montó en 1901 un estudio fotográfico en la calle Alboraya, se trasladó diez años después al número 21 de la calle Serranos y amplió el negocio con una galería de retratos en la plaza Mariano Benlliure. Especializado en el retrato de estudio y en la reproducción de obras de arte, sus céntricas ubicaciones y sus buenas relaciones públicas le facilitaron que le llamaran de la Casa Real para realizar numerosas fotografías a la familia del Rey Alfonso XIII, en La Quinta, su lugar de recreo.

Antonio Manuel Pérez Sanchis en el Estudio.- 2020

Continuó la saga su nieto Antonio Manuel Pérez Sanchis, y cuando se jubiló siguió su hijo y biznieto del fundador Antonio Ramón Pérez-Sanchis Estal, que trata de dinamizar el comercio con la adaptación al sistema digital, siguiendo asimismo con las fotos de estudio, y como lugar para comprar copias de una amplia exposición de imágenes históricas con un apartado especial de las que tomaron en las riadas del 14 de octubre de 1957 y días siguientes.

Antonio Ramón Pérez-Sanchis Estal en el Estudio.- 2020

Si su fachada, con extenso reclamo de fotografías históricas, llama la atención en el nº 27 de la calle Serranos, bajo al que se trasladaron en el año dos mil, el interior de la tienda deja boquiabiertos a los visitantes, al ver las paredes con enmarcadas fotos de personajes importantes en diversos aspectos de la vida valenciana y del resto de España en el siglo veinte y lo que llevamos del actual. Su cercanía a centros gubernativos, eclesiásticos y culturales, en pleno centro de Ciutat Vella, ha propiciado constantes relaciones para que posaran relevantes personalidades en sus estudios a lo largo de 119 años, más de un siglo. Es el decano de los establecimientos fotográficos de la ciudad y el único de los antiguos famosos. Por ello, motivo suficiente para que lo tengan en cuenta para su continuidad quienes rigen los destinos capitalinos.

Fachada calle Serranos nº  27

Anticipándose a los días importantes falleros los viandantes de la otrora calle muy comercial, entrada de La Serranía, Aragón, Castellón y Cataluña, y actualmente peatonal y más transitada por los numerosos turistas que nos visitan, pueden ver en su escaparate fotos de estudio de las Falleras Mayor e Infantil representantes del ámbito festivo de la Junta Central Fallera, entidad que además de València también engloba a las comisiones de Burjassot, Mislata, Quart de Poblet y Xirivella, municipios del área metropolitana.

En el año 2002 el prestigiado periodista Rafael Brines Lorente hizo la aportación literaria para el libro “Un fotógrafo valenciano en la corte del rey Alfonso”, que recoge una larga serie de fotografías realizadas por Francisco Sanchis Muñoz en los años veinte en La Quinta, entonces residencia campestre de la familia real española. Negativos en placas de vidrio que su nieto Antonio Manuel encontró en un oculto rincón cuando hicieron el traslado en la calle Serranos. Las escondió su abuelo en los años treinta para evitar su destrucción y perjuicios a su familia.

También fueron de Estudio Sanchís las fotografías para los libros La Saga de los Benlliure y La Mare de Dèu. Un siglo de fotos.

Asimismo, relevantes periodistas le han dedicado amplios reportajes, siendo el último Carles Recio Alfaro en el diario Levante el 6 de diciembre del 2014.

Pero la historia de la saga familiar captadora de imágenes es más antigua, pasa del siglo y cuarto, ya que comenzó cuando Francisco Sanchis Muñoz entró como aprendiz en el estudio del famoso fotógrafo Antonio García Peris, suegro de Joaquín Sorolla y favorito de la burguesía en el siglo XIX, y se independizó cuando juzgó tener suficientes conocimientos y medios para hacerlo.

Una de sus hijas, Amparo Sanchis, se desposó con Antonio Pérez, profesor en el colegio de los Dominicos, y de sus hijos, Antonio Manuel, Francisco José y Amparo, el primero se sintió prontamente atraído por lo que hacía el abuelo. Se casó con Rosa Estal, y su hijo Antonio Ramón Pérez-Sanchis Estal es quien mantiene la llama comercial de este establecimiento histórico. A nivel profesional fue muy importante el premio que recibió Francisco Sanchis en 1956 en Hamburgo cuando la conocida Alfa Color le nombro Fotógrafo de Obras de Arte.

Y por su larga historia y relevancia los galardones a la saga Sanchis de Archival, de la Cámara de Comercio de València, de Ciutat Vella y de la Asociación Valenciana de Periodistas y Escritores de Turismo.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel