sábado, 14 de septiembre de 2019

ASÍ ERAN LOS CABLES DE LOS TRANVÍAS


Tranvía 182 bajo el entramado de cables en la Porta de la Mar. 
Foto autor desconocido, ca. 1960. Remember València, pg 387.

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES TRANVIARIAS

A partir de los primeros tranvías eléctricos puestos en marcha en Valencia en 1900 aparecieron en el cielo, justo por encima de las vías, unos cables que conducían la electricidad para que pudiesen funcionar; pero estos cables conductores necesitaban de otros para sostenerlos a la altura adecuada, y a su vez para sostenerlo todo hacían falta unos postes que sujetasen toda la tela de araña que se estaba creando, o unos rosetones en las paredes de los edificios lindantes con las vías donde enganchar los cables auxiliares para sostenerlo todo. Teniendo en cuenta que este entramado de cables auxiliares deben estar aislados para no transmitir la electricidad, por ello están enlazados con piezas de cerámica en los puntos de unión de unos con otros.

Cuando las paredes están lejanas o no existen, como en muchos tramos de carreteras, los postes que sujetan los cables están a un lado de la vía o en el centro en muchos casos de doble vía, como en la siguiente foto.


Foto autor desconocido. Pl. E. Castelar (Ayuntamiento) en 1914. 
Postes sosteniendo ménsulas. Remember València, pg 907.

En las rectas las distancias de sujeción podían ser relativamente largas, pero en curvas debían ser muy cortas para dar en cortos tramos rectos la curvatura necesaria para estar bajo la vía, como pasa aquí frente a la Estación del Norte. Se aprecian perfectamente los aisladores sujetando el cable activo, y más aisladores entre los tirantes.


Foto autor desconocido, Remember València, pg 1511, ca. 1955.



Aspecto de un cruce de línea aérea tranviaria en pl. Reina. 
Foto autor desconocido.

Finalmente tenemos un aspecto del cableado en vía doble con desvíos en la bajada a la calle Sagunto y Orilla Río desde el puente de los Serranos.

Foto Wiseman, sobre 1955. Coche 16 en dirección a Tabernes Blanques

Texto de Enrique Goñi Igual

jueves, 12 de septiembre de 2019

XXX ANIVERSARIO DEL CONCURSO MUNDIAL DE PAELLAS EN EL PUERTO DE VALÈNCIA

1990-2001 Panorámica de la avenida Dr. JJ. Dómine.- 
Del libro conmemorativo.

El pasado 8 de marzo, un viernes, se celebró en la amplia explanada donde estuvieron las instalaciones ferroviarias de la estación Grao de València la XXX edición del Concurso Mundial de Paellas de Empresas del Sector Logístico Portuario, que anualmente organizan la Falla Doctor J. J. Dómine-Port y el Diario del Puerto.com con el apoyo de patrocinadores y la colaboración de Adif y Puertos del Estado.
   
La novedosa idea de unir Fallas y Puerto ha tenido un éxito sin precedentes, ya que de congregar 500 personas que prepararon 43 paellas el 16 de marzo de 1990, pasaron a 100 en 1994, el doble en 1998, hasta llegar a las 584 paellas de este año con más de nueve mil participantes de toda España y de diferentes rincones del Mundo. Por ello, también el lugar para realizar el concurso han tenido que ir trasladándolo: 1990/2001 en la avenida Doctor J.J. Dómine, 2002/2005 junto a las históricas Atarazanas del Grao y calles adyacentes, 2006/2007 en jardines y calles contiguas a la avenida Ingeniero Manuel Soto y desde el 2008, con autorización de Adif, la entidad gestionadora de infraestructuras ferroviarias, en la amplia explanada donde estuvieron las vías y muelles de mercancías de la estación del Grao, que está permitiendo admitir los enormes aumentos de participación.
  
2008-2019.- En la explanada ex estación Grao. 
Del libro conmemorativo.

La fiesta del aniversario comenzó a las 14 horas con una estruendosa mascletá, que, además, fue la señal de inicio para realizar las paellas.

Tras pasar por uno de los tres jurados, a comer, entrega de premios y baile con orquesta hasta las 20 horas. Son concedidos un premio especial y tres primeros, tres segundos y tres terceros.
   
XXX Concurso Mundial de Paellas.- 
Daniel Burj, Marina Civera, Alba Belén y Javier Blasco. 
Foto de  Esteban Gonzalo

La Fallera Mayor de Valencia, Marina Civera, y su Corte de Honor, tras ser recibidas por Alba Belén Iranzo y Javier Blasco, Fallera Mayor y Presidente de la Falla Dr. J.J. Dómine, participaron en la comida y el festejo para realzar con su visita la importancia del encuentro anual que este año cumple su trigésima edición. La Junta Central Fallera estuvo representada por Daniel Burj, Vicepresidente de Protocolo.
   
"Qué podiem fer per a millorar" (que podríamos hacer para mejorar) en una reunión fallera en 1990 fue el punto de partida para la primera edición del concurso, donde los primeros sorprendidos fueron los falleros y el Diario del Puerto que actúan conjuntamente desde la primera edición.
   
La paella es la excusa para pasar un día alegre todos juntos, convirtiéndolo en la cara más amable, sincera y divertida de la Logística portuaria.
   
Además, es una fiesta solidaria, donde los participantes tienen la oportunidad de efectuar una aportación que es destinada a Aportem, Puerto Solidario de València. Reciben pañuelos y gafas de sol y ayudan a menores desprotegidos del Distrito Marítimo.
  
Jurado

El concurso de paellas es la actividad más importante de las numerosas que realiza a lo largo del ejercicio fallero la comisión Doctor J.J. Dómine-Port, y el preludio de los actos de los días siguientes que culminarán con la cremá de sus fallas, la grande y la infantil, encuadradas en las secciones 4ª B y 4ª respectivamente.
  
Como recuerdo de la efeméride han editado un libro ilustrado con más de 700 fotografías.
   
Texto y fotos de Esteban Gonzalo Rogel

martes, 10 de septiembre de 2019

SORPRESA URBANÍSTICA ANTE EL PALACIO MARQUÉS DE DOS AGUAS


La amplia y comercial calle Poeta Querol, céntrica y que lleva el tráfico desde la calle la Paz hasta las Barcas, fue antaño, hasta el final de la década de los cincuenta del pasado siglo,  un conglomerado de callejuelas y plazas que tenían gran encanto, con la existencia de palacios, algún casino, academias y un colegio, con sus esquinas y sus rincones.

La corta y estrecha calle Poeta Querol, la plaza Mirasol, la plaza San Andrés, la calle María de Molina y la calle Canalejas, estaban llamadas a un nuevo y amplio trazado urbano que sería conocido años después como la "milla de oro" de Valencia, con las firmas comerciales más universales.

Pero en su fragua, tuvo lugar una anécdota urbanística que sorprendió a todos.

Un edificio de la calle María de Molina estaba llamado a desaparecer en beneficio del Palacio del Marqués de Dos Aguas.

El inmueble de principio del siglo se derribó en 1957 y el Patronato del Museo había acordado su compra para la ampliación del Palacio. 

Para ello, se acordó pedir un adelanto a la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de 10.000.000 de pts para su adquisición a tercios entre el Estado, la Diputación y el Ayuntamiento.

Y como pasaban los años y el acuerdo no se alcanzaba, la propiedad del solar inició la construcción de un nuevo edificio que llegó alcanzar sus cinco plantas, con su esqueleto concluido y las fachadas de ladrillo ya cerradas en 1967, ante la sorpresa y estupor de muchos, toda vez que la propiedad había puesto como fecha tope del cumplimiento de lo acordado la del 31 de diciembre de 1964.

En presencia de la “razón jurídica”, se impuso la "razón político institucional", y se llegó a un acuerdo que supuso el derribo del inmueble construido y con ello la ampliación del Palacio del Marqués de Dos Aguas, ya en sus funciones de Museo Nacional de Cerámica González Martí. 

Lo que se había quedado en el olvido era la antigua relación de un inmueble decimonónico de María de Molina 4, con la vida del fundador del Museo, Don Manuel González Martí.

Fuente: 50 Años (1954-2004) Museo Nacional de Cerámica en el Palacio de Dos Aguas

domingo, 8 de septiembre de 2019

LA ERMITA DONDE SE FRAGUÓ EL ICONO DE LA VALENCIANÍA


 
Archivo Municipal 

1935 Ca. Una pequeñita ermita de planta rectangular, con altos muros laterales en los que se abren varias ventanas. Sobre la fachada  una pequeña espadaña con cimbalillo y cruz de hierro.

Su nombre, El Capitulet. Se reunían en capítulo los miembros de la Real Cofradía, desde 1411, fecha de su fundación.

La actual ermita, de 1730, que todavía se conserva en el actual recinto de lo que era el antiguo Hospital General, se instauró sobre el mismo lugar que ocupaba la del siglo XV. Se renovó en 1667 y restauró en 1867. Frente a ella se alzaba, hasta que fue retirada, una estatua del venerable Padre Juan Gilabert Jofré, fundador de la institución benéfica.

La importancia del Capitulet, reside en el comienzo de la historia del icono de la valencianía, y que sería la Patrona de Valencia, Ntra. Sra. de los Desamparados. Siendo encargada por los cofrades de Ntra. Sra. de los Inocentes, Mártires y Desamparados al Padre Jofré en el siglo XV. Allí se alojó hasta su traslado a la Catedral en 1487.

Una incidencia, como fue la epidemia de peste de 1646, con gran repercusion en toda la ciudad, afectó al virrey, el Conde de Oropesa, quien se encomendó a la Virgen de los Desamparados. Desde aquel momento cesó la epidemia, razón por la cual fue consagrada como Patrona de la ciudad y del Reino, y a su vez se tomó la determinación de construir una Basílica junto a la Catedral, que se inaguraria en 1667 con una gran fiesta popular, y con el traslado a cargo de la Cofradia de la Virgen, de su imagen desde la capilla dels Tapiners en la Catedral a su nuevo  templo anexo. 

Otra característica de esta ermita es la de albergar hasta hace poco la imagen peregrina de la Virgen. En 1944, el escultor Carmelo Vicent, realizó una copia de la Virgen, conocida como Peregrina y que habitualmente procesiona por las calles de Valencia. Actualmente preside el altar una talla de la Virgen de los Desamparados realizada en 1950 por José María Bayarri, con la aprobación del entonces arzobispo de Valencia, Monseñor Marcelino Olaechea.

Texto de Amparo Zalve Polo

viernes, 6 de septiembre de 2019

OTRAS HUELLAS TERRESTRES DE LOS TRANVIAS

Foto aérea, de autor desconocido, de las cocheras de Portalet, ca. 1964. Remember-València, pg 1768.

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES TRANVIARIAS
  
Ya hablamos en una ocasión de las huellas terrestres que todavía quedan de los antiguos tranvías de València, pero no hay como comentar el tema con otros aficionados y siempre puede aparecer algo nuevo, como así ha sido.

Resulta que los amplios locales donde estuvieron las cocheras de Portalet últimas que utilizaron la Compañía de Tranvías y Ferrocarriles de Valencia (CTFV) y su heredera SALTUV, que por cierto eran propiedad de una filial de CTFV llamada VASA, empresa que cobró en su día el correspondiente alquiler a las dos firmas, ya que al no pertenecer a las primitivas concesiones no tenían que entregarse cuando finalizase la concesión y realmente había sido una buena inversión en terrenos posteriormente edificables. Una vez finalizado su uso por la Empresa Municipal de Transportes (EMT) heredera de SALTUV, al construir y utilizar ésta sus propias cocheras, quedaron libres de uso y la propietaria VASA pudo aprovechar sus solares para su edificación o venta.

Vías en el solar de Portalet. Foto E. Goñi, 26/01/2019

Por tanto entre las calles Islas Canarias, Tomás Montañana, Asturias y Lebón quedó un gran cuadro edificable, que dio paso a varias manzanas, pese a lo que se amplió la calle Tomás Montañana. Una parte del gran solar permanece hoy en día sin edificar, pero algo más elevado que la calzada de las calles que lo rodean. Y allí en lo que hoy es un solar abierto utilizado por el vecindario como aparcamiento sobresalen vías de cuando eran las cocheras de Portalet.

Otra vista del solar con coches sobre las vías. Foto E. Goñi, 26/01/2019

Quedan huellas de vías colocadas en paralelo y perpendiculares a ellas unas vías de los carretones que podían trasladar de una a otra vía coches motores o remolques de acuerdo con las necesidades del servicio.

Más coches y más vías, y como en la anterior foto al fondo una empresa constructora prepara un nuevo edificio. Foto E. Goñi, 26/01/2019

Está claro que estas huellas desaparecerán nada más se edifiquen o ajardinen los solares que todavía quedan libres. Pero en enero de 2019 siguen allí como podemos ver en las fotos.

Texto de Enrique Goñi Igual

miércoles, 4 de septiembre de 2019

CHEZ RAMÓN

Plaza del Cid (actual Redonda) en 1900

En la Plaza Redonda de Valencia destacan sobremanera los tres comercios de Chez-Ramón: uno donde venden objetos cerámicos y dos consecutivos dedicados a la comercialización, principalmente, de complementos y adornos realizados con forja. Son el fruto de una larga historia que comenzó a mitad del siglo XIX cuando Ramón Ramón, que tenía en Almàssera un taller donde forraban vajillas y objetos con piel, pensó en dedicarse como mejor negocio a la venta de cerámica en València, principalmente en la plaza del Cid y alrededores de la plaza del Mercado. Guardaba el género, que compraba semanalmente en Manises, en un bajo cercano, y posteriormente en el nº 2 de la citada plaza, rotulada como Redonda en el siglo veinte. 

Plaza con el interior descubierto, con variopinto mercado diario de aves, cerámicas y otros productos, y contorneada por comercios y servicios, entre ellos una chocolatería y una horchatería en el año 1900. Con puestos provisionales desmontables alrededor de la fuente a partir de 1916, autorización de fijos por el ayuntamiento desde el año 1977 y remodelada entre los años 2007 y 2012.

Chez Ramón.- Plaza Redonda nº 2 en 1990.- Familia Ramón Ramón.

Negoció que continuó su hijo Ramón Ramón Torres, el nieto Ramón Ramón Sanz y el bisnieto Ramón Ramón Gimeno, quien lo expandió añadiéndole forja y ampliándolo en los bajos 8 y 10 de la citada plaza Redonda.

Chez Ramón.- Plaza Redonda 2,8 y 10.-   Esteban Gonzalo

Sus hijos Chelo (†), Ramón y Vicente comenzaron a ayudarle desde jóvenes, y después Esther y María, las hermanas que actualmente gestionan Chez-Ramón, los tres locales de la plaza Redonda, continuando con la cerámica y la artesanía de hierro, y el aditamento de muchos complementos para turistas.

Chez Ramón.- Su entrada por calle Derechos. Esteban Gonzalo

Vicente se dedica a la venta de Porcelanas Lladró en un pequeño local, El Corner, en la calle Derechos, y Ramón dirige desde octubre de 2004 Chimeneas y Forja, en la calle Guillem de Castro nº 121, muy cerca de las Torres de Quart., con dedicación especial a chimeneas y calefacción. El local donde estuvo más de medio siglo Kristal, que vendía lámparas, vajillas y cristalerías, y cerró cuando se jubiló su dueño, le ha permitido tener más amplitud y mejor visibilidad expositiva que en los locales de la plaza Redonda.

Quinta generación que ha heredado el ímpetu y afán comercial de sus padres

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

lunes, 2 de septiembre de 2019

UN TRANVÍA A LO ALTO MIGUELETE

Archivo Municipal

Con el comienzo del año 1909 y tras la decisión de llevar a cabo la Exposición Regional Valenciana por parte del Ateneo Mercantil, la actividad en el tejido industrial y comercial de la ciudad fue frenética, y la firmeza para poner a punto el evento y en tiempo récord fueron la clave; y más partiendo de cero. Y en el corto horizonte, su fecha inaugural:  el próximo mes de mayo.

De tal modo, que las ocurrencias más estridentes no sorprendían, hasta el punto de que "un tranvía al Miguelete" era el nombre de un osado proyecto presentado al Ayuntamiento.

La extravagancia tenía lugar con el punto de su salida desde la misma plaza del Miguelete, y su destino en todo el alto del Micalet.

Fue D. Luis Gil Sumbiela quien presentó en el mes de marzo ante el Ayuntamiento los planos y memoria para la construcción de un "Tranvía funicular" con este fin, cuyo proyecto tenia la autoría del capitán de Ingenieros Bernardo Cabañas, quien se encargaría de la dirección de la obra.

De tracción eléctrica y de corriente continúa, el motor estaría instalado en lo alto del Micalet, que tiraría de unos cables de alambres de acero fundido al crisol, con una resistencia a la rotura de 125 kgs por milímetro cuadrado, cada uno de ellos de 21 mm de diámetro,  con  un total de 222 alambres cuyo aguante a la rotura iban a soportar 21.5000 kgs.

Los coches vacíos, cerrados para ocho pasajeros, y con un peso 850 kgs presentarían un aspecto elegante, con su correspondiente empaque.

Para su ascenso sobre la fachada del Miguelete y respetando hasta sus mínimos detalles artísticos, se fijarán de dos en dos metros las piezas de hierro necesarias, con dos guías del mismo metal, sobre las que rodarán cuatro ruedas, con una pestaña exterior para que el coche no tenga ningún movimiento horizontal en su ascenso que pudiera causar alarma al viajero. Las torrecillas situadas sobre la plataforma superior del Micalet, serán también de hierro.

La seguridad del funicular es absoluta, garantizada por un aparato Ramoneda, que detiene de inmediato al vagón,  ante cualquier contigencia, vaticinaba el autor de la idea.

El Sr.  Gil Sumbiela ofrece al Ayuntamiento a cambio de su autorización para la construcción y puesta en marcha del servicio, cederlo a perpetuidad en beneficio de la ciudad, a cambio tan solo de que se le conceda la explotación hasta el próximo 1 de enero, ocho meses escasos. 

Sin embargo, como quiera que el Micalet es propiedad de la Catedral,  aunque sea el Ayuntamiento el encargado de sus reparaciones, el Sr.  Gil Sumbiela retiró su proyecto del Consistorio para presentarlo al Cabildo de la Catedral, comprometiéndose a su instalación en el plazo de un mes, caso de su autorización. 

Pero la actividad era frenética, les decía, y lo que estaba en marcha para cruzar el río y asistir a la Exposición Regional Valenciana, era la construcción de un tranvía aéreo. En aquellos días se estaba en el montaje de dos esbeltas torres para su colocación en las márgenes del Turia desde el Llano del Remedio, y a la espera de la llegada de unos cables de acero de gran calidad, confeccionados en Londres, cuya fecha de inauguración tuvo que retrasarse a la prevista.

En esta ocasión,  el Sr.  Gil Sumbiela, profesor de fisica y quimica, científico entusiasta, sí consiguió su propósito, lo que fue motivo de una fascinación.
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