sábado, 11 de julio de 2020

ALGO DE HISTORIA DE LA PLAZA DEL MERCADO: CURIOSIDADES

Biblioteca Valenciana - Lévy

No se trata de hablar sobre la Plaza del Mercado actual, tampoco del edificio del Mercado Central, ni de la bellísima construcción gótica de la Lonja. Tan solo un breve resumen en el tiempo sobre curiosidades y pequeños apuntes históricos, donde la vida comercial de la ciudad de Valencia se estableció dando salida a los múltiples productos de nuestra huerta.

I- Una plaza en principio que fue zoco musulmán, que llegada la conquista del rey Jaime I le concedió el privilegio de celebrar un mercado semanal, y que la autorización diaria se la dio el rey Pedro IV el Ceremonioso.

II- Fue cementerio durante la dominación musulmana (antes de 1238). De ahí una sátira del poeta Jaime Roig:   
 
“Ni menjaria carn del mercat, si hom penjat algú hi había"         
                                    
"Ni del mercado carne comiera, si algún ahorcado en él hubiera"

En 1672 durante las obras de les Covetes de San Joan aparecieron cadáveres y osamentas en cantidad.  Detallando algo al respecto sobre este lugar de la plaza: Durante el mercado, aquí se encontraba la zona de Les Estaques, destinado a recibir las caballerías de los concurrentes; allí se anclaban, debajo de la terraza de la iglesia de los Santos Juanes, desde la escalera  por donde a ella se subía, hasta la calle que iba a la Capilla de la Comunión de la misma iglesia. Formaba una pequeña plaza. 


Archivo Municipal

Llegó el momento de hacer obras de saneamiento y renovación de la iglesia, y al maestro de obras, en pago a su trabajo, se le concedió esa parte de la fachada. Hizo varias cuevecillas y las disfrutó. Más tarde, por testamento, las volvió a ceder a la iglesia, pero con ciertas obligaciones. Una de ellas era la de no alquilarlas por más de 20 libras, pero que al final no se cumplía. Conforme iban desapareciendo el resto de las estacas, se fueron ampliando les Covetes.

III - La primera fuente pública que se instaló en la ciudad fue en esta plaza. Se extraía mecánicamente el agua de una acequia. Una fuente que se adornaba en las festividades y procesiones. Alrededor de su taza había un rótulo que decía: “En lo any 1672”.

IV - Se celebraban fiestas y grandes concurrencias. Como si con ellas se quisiera borrar el horror de las ejecuciones que se realizaban junto a la Lonja. Un hecho significativo fue la última ejecución por la inquisición en España. Corridas de toros, brillantes funciones ecuestres. Lugar donde las comparsas de las cabalgatas guardaban al paso sus mejores habilidades y acrobacias esperando el aplauso de la concurrencia.

V - Estaba dividido el mercado por zonas en las cuales se ocupaban de vender los productos que hacían los artesanos, aves, carnes, pan, o bien, los productos derivados de la huerta, cuyas labradoras en sus puestos desmontables ofrecían sus patatas, alcachofas, lechugas... con toda la frescura de lo recién cogido al amanecer. Los puestos estaban numerados, llegándose a contar hasta 1.480. Los cercanos a las droguerías eran considerados los más céntricos y apreciados para las vendedoras.

Se vendía desde el amanecer hasta concluir la venta y si los de derecho no estaban ocupados, aparecían las revendedoras que vendían al menudeo alguna ganancia. Solo se les permitía a estas últimas a partir de las diez de la mañana, por lo que se les daba preferencia a las labradoras para que pudieran vender sus artículos directamente.


Archivo Municipal

VI - A partir de 1839 se hizo el  Mercado Nuevo, ocupando ya el solar que dejó el Convento de Magdalenas. Se diferenciaba del anterior principalmente en que los puestos de venta se hicieron permanentes, aunque los desmontables se conjugaban con ellos. Formaban un rectángulo con dos filas de casetas, más o menos setenta, con espaciosos soportales delante sostenidos por columnas. Había un depósito para los pesos, pesas y medidas que alquilaban a las vendedoras. El centro de los soportales estaba ocupado también por dos hileras de tinglados cubiertos de forma que formaban tres calles. En estos se establecían los panaderos y los tableros para la carne.

VII - El Mercado Nuevo se retiró bajo el reinado del rey Alfonso XIII, el cual acudió dando unos golpes conmemorativos con una piqueta de plata.


Archivo Municipal

Un romance titulado “La despedida de Valencia“ de la biblioteca de Mayans:

            Adiós Plaza del Mercado,
            con tu comercio y bullicio
            en donde todos encuentran
            con que saciar su apetito.
         
             Adiós portales y tiendas
            de canela y clavo fino,
            con todos los ramilletes
            que deleitan los sentidos.
            
               Quédate en paz calle nueva
             con tus mercaderes ricos,
             donde galanes y damas
             sacan trajes exquisitos.

Texto de Amparo Zalve Polo

jueves, 9 de julio de 2020

EL V CENTENARIO DE LA CONQUISTA


1740 - Un libro de Joseph Vicente Orti

En el año 1738 se había celebrado con gran pompa el V Centenario de la conquista de Valencia por Jaime I. Y aquellos días de grandes solemnidades, debían quedar reflejados para la posteridad en el negro sobre blanco.

Con este fin, los Jurados encargaron dos años después a José Vicente Ortiz la recopilación en un libro que glosara la efeméride llevando a cabo una obra con más de quinientas páginas que, además encierran bellos grabados. La aceptación popular fue muy exitosa.

La descripción de las fiestas celebradas en todas las parroquias y casas  nobles de la ciudad dieron al libro un importante valor documental que se completaba con las estampas de los muchos altares que se levantaron. Tan espléndido trabajo tuvo la consecuencia de la publicación de muy bellos poemas que no sólo ensalzaban la fiesta, sino también el libro que fue confeccionado en el taller del impresor Antonio Bordazar, que a su vez lo era del Santo Oficio y del Ayuntamiento, de donde recibía sus encargos.

1238 - Valencia mora

Una de sus singularidades fue la presentación entre sus páginas de un plano de cómo era la Valencia de 1238, con la indicación de las ocho puertas de la muralla árabe en su cartela superior, confeccionado básicamente para este fin, con un imaginario trazado interior en su retícula urbana, que se corresponde con el plano más antiguo de la ciudad. 

martes, 7 de julio de 2020

DE ACEITES A CAMISERÍA Y AHORA COMPLEMENTOS


En lo que llevamos de nuevo milenio la céntrica calle Trench se ha despersonalizado históricamente, ya que al adaptarse a los nuevos tiempos la mayoría de sus locales comerciales se dedican, principalmente, a captar compradores de recuerdos entre los numerosos visitantes, nacionales y extranjeros, que diariamente la transitan. 

El Bazar Juanito tuvo cambio de negocio antes del año dos mil, pero más cercanamente desaparecieron el Horno del Trench, Confecciones José Gresa, Salazones Bonanad y otros comercios, y el pasado 15 de febrero le llegó el turno a Confecciones Aparisi por jubilación del propietario, Francisco Aparisi Roda, quien atendía la tienda con su esposa Carmen Navarro, al no tener continuadores generacionales, ya que sus hijos Pablo y Silvia han seguido otras actividades laborales. Sin embargo, como la calle es muy transitada y comercial la utilizará como ampliación una vecina tienda de complementos.

Francisco Aparisi y su hija Silvia.- 14-02-2020.- Esteban Gonzalo

Donde hubo un comercio de aceites Francisco Aparisi Giner montó en 1946 una “botiga” para vender ropa interior, camisas, pijamas, calcetines y géneros de punto, que atendió con su mujer Carmen Roda Zapater. Les sucedieron, consecutivamente, su hermana Carmen Aparisi Giner, y el hijo de los fundadores, Francisco Aparisi Roda, quien con su esposa han iniciado el merecido descanso laboral.

 Día anterior al cierre.- fachada 2.- 14-02-2020.- Esteban Gonzalo

Tras una sencilla fachada, con escaparate y sin rótulo, había una pequeña pero muy surtida tienda de confecciones con atención personalizada en el número 12 de la calle Trench.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel 

domingo, 5 de julio de 2020

MIRAMARES. TORRE MIRAMAR, AVDA. CATALUÑA

MIRANDO HACIA ARRIBA


Hace once años, en 2009 -cómo se nos va el tiempo- finalizó en València una obra que mejoró la entrada desde la autovía V-21, la entrada a València desde el norte por Sagunto, eliminando el puente que pasaba por encima de lo que fue la vía del trenet al Grao y ahora es la gran rotonda formada por el cruce de la Av. Cataluña, Ronda Norte, Dr. Vicente Zaragozá y Av. de los Naranjos, con paso directo subterráneo hacia y desde av. Cataluña. 


                 Torre Miramar en la av. Cataluña. Foto E. Goñi, febrero 2019.

Esto que no era más que una rotonda de las importantes en los accesos a la ciudad, y que sustituía al bien llamado “Semáforo de Europa” quiso el ministerio de Obras Púbicas o de Fomento, ejecutor de la obra, darle un aire de calidad y prestigio, creando en el centro de la rotonda unas fuentes y sobre todo colocando una torre de 45 metros de altura, con acceso subterráneo, que curiosamente llamaron Torre Miramar, y que efectivamente estaba provista de un ascensor y una plataforma en voladizo, con tres lados acristalados con vistas hacia la mar con capacidad para unas 150 personas a la vez. Una vez inaugurada duró unos tres meses en funcionamiento y desde entonces está cerrada.

Actualmente la Torre Miramar tiene averiado el ascensor, con partes metálicas oxidadas y no ha sido recepcionada por ninguno de los distintos Ayuntamientos que ha tenido la ciudad desde su construcción, al contrario que el resto de la obra. Es un elemento que nadie cree que pueda dar beneficios, y sí tener un cúmulo de gastos de vigilancia y mantenimiento con bajos posibles ingresos. Por otro lado hay bastantes fincas por su alrededor que son más altas.

Fundamentalmente es su nombre el que nos ha incitado a incluir la Torre en estas anécdotas ciudadanas.

Texto de Enrique Goñi Igual

viernes, 3 de julio de 2020

CALLE JÁTIVA: ¿PEATONAL?

Archivo Municipal

1923 - Habia quedado algunos meses atrás la temporada de verano en el Luna Park frente a la Estación del Norte y el parque de atracciones quedaba en silencio, el teatro de verano dejó atrás las comedias que tanto hacían paliar los cálidos días.  

El día a día volvió a la normalidad y la calle Játiva seguía siendo un ir y volver de transeuntes que caminaban por el suelo adoquinado, el mismo que solían comentar las señoras cuando los finos tacones se les incrustaban entre piedra y piedra.

Las casas no levantaban más de dos alturas, la que más tres, aunque apenas se notaba el desnivel, con la estrecha calle Ribera en el centro del tramo. Los anuncios publicitarios llenaban las fachadas con carteles que anunciaban cualquier negocio que distaba de allí pocas manzanas. Los carros se adueñaban del adoquinado, siendo el tráfico principal, razón por la que ciertos “fematers” recogían los excrementos de las caballerías que servían como buen abono para la huerta.

Archivo Municipal

Pocos coches se veían, y el que pasaba llamaba la atención. Si no iban de techo cubierto, pasaban con cierta arrogancia cubiertos de guardapolvo, gafas grandes y gorro. Diligencias también, especialmente las que venían de los pueblos. Ocupaba el centro de la calle la línea del tranvía de circunvalación .

¿Podrían ir a pasear desde la esquina de la calle Pi y Margall hacia Amalio Gimeno, llegando a misa en San agustin?, ¿Sería diciembre y se dirigían a sacar las entradas del recien acabado Gran Teatro en Amalio Gimeno, puesto que se inaugura el dia 6 con la zarzuela Doña Francisquita? ¿O quizas a esperar al Tren expreso de Madrid que llegaba a la novísima Estación del Norte inaugurada tan solo apenas seis años antes?

Raro no ver a los “paseantes”, no sería la hora, con los niños de dos en dos y en filas paralelas, llevándolos al colegio, o de vuelta  a sus hogares en la ruta diaria.  

Eso sí, mujeres con cestas y buen peso, llenas de hortalizas, de vuelta del Mercado Central.

Texto de Amparo Zalve Polo

miércoles, 1 de julio de 2020

PROHIBIDO EMPINAR EL CACHIRULO


La imagen de los años cincuenta nos muestra a un niño dispuesto al vuelo de un cachirulo a la espera de una ligera ráfaga de viento que lo eleve. Nos indica de su pericia, con el único peligro del "fil trencat". Pero no siempre fue así.

Corría el año 1737 y el Consejo de Ciudad, entre sus muchas otras preocupaciones, tuvo que tomar la decisión que afectaba a una costumbre ya muy arraigada entre los valencianos que venía de muy antiguo; se dice de época árabe. 

Por lo visto era frecuente alzar el vuelo de los cachirulos desde torres, azoteas y tejados, incluso desde los miramares, por lo visto en posiciones muy arriesgadas, pues fueron varios los accidentes, alguno que otro mortal, al caer el osado "cachirulero" desde la altura de una casa, que, por su consecuenciadebía ser elevada.   

El Consejo se vio obligado a dar un pregón municipal el 1 de marzo de 1737 que salía al paso de esta diversión, aplicado sin distinción de edades.

Costumbre citada por vez primera en el dietario de mosén Juan Porcar, capellán de San Martín, quien narra un rico anecdotario de la ciudad entre los años 1589 y 1629, mencionando un cachirulo que volaba en 1606 sobre el Convento de la Zaidia con la imagen de San Vicente Ferrer en dirección hacia el Puente de la Trinidad, donde el hilo de cuerda se enganchó a un cable y tras caer sobre el cauce, el Santo siguió navegando sobre sus aguas. 

El pregón aconsejaba su disfrute siempre y cuando no supusiera riesgo alguno para sus promotores, instando al empinado de los cachirulos sólo desde el ras de los campos, el de las calles o el de las plazas, advirtiendo de severos castigos a quienes incumplieran lo dispuesto, que incluso podía llegar a "quince días de cárcel", con el costo añadido de los gastos de Justicia. 

La foto de los años cincuenta no puede ser más inocente, pero su práctica allá por el setecientos, tenía sus peligros.