En el año 1963, nos envió a la colina de Hisarlik, al noroeste de Turquía, y el caballo de madera que los aqueos usaron para infiltrase en la ciudad de Troya en una noche apareció junto a la fuente de la plaza del Caudillo. El artista fue Ricardo Rubert Andrés. Por cierto, fue visitada por la actriz Marlene Dietrich.
Muy impactante fue la del año 1966. La Grandiosa Torre Eiffel que nos trasladaba a Paris con una réplica a escala completamente exacta. Una envergadura de 32 metros de altura y 25 toneladas de peso. Para ello el artista Juan Barea utilizó 22000 tornillos y 350 tableros de madera. Los visitantes podían subir por una escalera al primer piso, tal cual como si lo estuvieran haciendo en la “Ville Lumière”.
Tres años después, 1969, le toco el turno al emblema de otra ciudad italiana, la de Pisa, con su torre inclinada y vaya que sí. De que estuviera torcida se encargaron los hermanos Fontelles.
En el año 1970 , desgraciadamente, y no por un maremoto en la isla de Rodas, Grecia nos dejó sin la falla del gran Coloso, todo porque le faltó un punto de apoyo entre las dos piernas y eso de apoyarse solo con dos piernas le causó que a mitad de la noche de la plantà cayera contundentemente al suelo, quedando indemne la cabeza. Pero rápidamente, carácter valenciano que nos honra, tuvo la ayuda de otros artistas falleros que improvisando una alta columna coloreada la cabeza del Coloso se instaló allá a lo alto y aunque la fortaleza de tal personaje paradójicamente se vio debilitada, hubo falla. Al año siguiente quiso volver con éxito y fue de manera algo diferente , la antorcha hacia arriba y a sus pies que en el año anterior iba a ser una embarcación se cambió por un Ave Fénix, ese que resurge de sus cenizas. Los 25 metros levantados por Salvador Octavio Vicent, pudieron ser pasto de las llamas el día de San José de 1971.







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