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martes, 4 de julio de 2023

FUE EN LA ALAMEDA LA FERIA DE JULIO


Todo cambia, algo queda... Así queda en el recuerdo una feria, en un lugar de lo más concurrido a finales del siglo XIX y principios del XX por la burguesía valenciana que recorrían la Alameda de cabo a rabo con sus carruajes y sus landós.


Pero llegaba el verano y por el calor estival esta misma burguesía abandonaba la ciudad y a los comerciantes les bajaban mucho las ventas. Tuvieron entonces la gran idea de organizar una fiesta a finales del mes de julio con el fin de que aguantaran el salir de veraneo algo más de tiempo. El gremio de comerciantes en 1871 se ocupaba de organizarla sirviéndose de improvisados pabellones con representación de las instituciones más importantes, en los que se ofrecían bailes y estrenos de teatro en mayor parte.


Al tiempo la feria tomó un matiz más popular. Los pabellones de monta y desmonta se hicieron más grandes, incluso había un espacio exterior en la Alameda para que los de sin entrada se desmelenaran al son de las canciones de Karina, Los Brincos, El Dúo Dinámico, Gelu, y como no, El Titi, Pepe Marqués o Rosita Amores. Artistas que ocupaban las programaciones de los distintos pabellones palaciegos de las entidades económicas y sociales dominantes del momento. En 1942 la Junta Central Fallera tomó parte en la feria con un pabellón, y año tras año se le fueron uniendo pabellones de distintas fallas. Ahora ya la organización la llevaba el Ayuntamiento de Valencia.

A los bailongos del interior de los pabellones se les unía desde el anochecer una muchedumbre deambulando alameda arriba, alameda abajo, donde el polvo de la tierra se adhería fielmente a los zapatos. Familias con niños y cenas en mano, otros, los jóvenes que entre pabellones buscaban a las señoritas que en número de tres a cinco sonreían felices con sus cabellos cardados, vestidos bien ceñidos al cuerpo y zapato de tacón plano con lacito negro, aunque también era fácil ligar con las extranjeras que venían por los cursos de verano. En realidad no era difícil, solían ofrecerles una panoja, o una vaso de horchata fresca.

Todo acaba, algo queda... pero una Alameda que se queda sola en el mes de julio.

Texto de Amparo Zalve

domingo, 27 de diciembre de 2020

EXPECTACION ANTE EL NUEVO PABELLÓN DEL AYUNTAMIENTO

 
Archivo Municipal

El Pabellón del Ayuntamiento estaba ya muy estropeado y la Feria de julio del año 1926 se merecía que el pabellón más representativo de la ciudad acompañara la fiesta como se merecía.

La sociedad valenciana, sobre todo  la burguesía social y económica del momento estaban expectantes por tan anunciado pabellón nuevo. Ya no sería como los anteriores, el de estilo árabe, o el de influencia oriental, sino algo acorde a la moda del tiempo.

Allí se alzó. Un elegante edificio de tres cúpulas, donde en una fecha de la entrada del verano la vida de sociedad encontraba un asueto en los elegantes salones de los pabellones del ferial

Lo cercaba una valla lisa rematada de bonitos canastillos de flores. Atravesando la entrada, unos preciosos jardines y fuentes ornamentales terminaban en una doble escalera por la que se accedía al piso superior, el de la gran terraza de 14x33 metros. Era inevitable mirar hacia arriba al notar como techo las grandes cúpulas que levantaban del suelo siete metros, y que por las noches su iluminación daban esplendor al vidrio tintado, del que estaba hecho el entrepaño que unía todo el conjunto. Todo estaba pensado para dar muestra de elegancia y del gusto por Valencia, tanto que el interior de cada cúpula mostraba motivos y alegorías de nuestra ciudad.

Ocho preciosas pilastras sustentaban el habitáculo, de estilo renacentista, cuadradas, talladas en dorado y fondo azul.

Era este el salón de recepciones, suelo de madera, acompañando al edificio. Una gran mesa, doce sillones y cuatro sofás, tapizados de terciopelo dorado y con el escudo de Valencia en sus respaldos.

Irrepetibles veladas donde acudían cada noche las más representativas personalidades del momento. Personas influyentes como Primo de Rivera, o los marqueses de Rivera o Sotelo, que tras un elegante lunch que obsequiaba el Ayuntamiento, solían prolongar  esas veladas hasta la 1 de la madrugada. Por supuesto que el alcalde Luis Oliag hacía de embajador en la fiesta junto a la plana mayor de Unión Patriótica.

Una buena selección de piezas, por orquestas, o por la Banda Municipal de Valencia, que invitaban al baile y a la diversión bajo las tres cúpulas.

Texto de Amparo Zalve Polo

lunes, 27 de julio de 2020

DE FAMILIA: LA BATALLA DE FLORES

Archivo Municipal

Había comenzado la feria y parecía que al cumplir la mayoría de edad, las primas que siempre compartían juntas las reuniones familiares, la afición al piano, los gustos por los chicos y la competencia por tener la piel más clara, este año de 1927 iba a ser para ellas muy especial. 

Eran de familia pudiente, de las de clase alta tal vez, o al menos rozándola. Cuatro meses antes habían estado ideando los trajes que durante la feria iban a lucir. Isabel, algo más robusta, preparó tres trajes para los bailes de los pabellones. María algo más delgaducha, por no ser menos, también los eligió por partida triple. El traje que vestirían para la Batalla de Flores lo dejaron en manos de sus madres, con la certeza que acertarían un traje de valenciana para la ocasión.

Se las veía muy contentas, más bien exultantes ante la llegada posterior de las vacaciones estivales que tras la Feria pasarían juntas con toda la familia en una alquería cercana a la playa de Moncófar.  Así era la tradición, puesto que la "Feria de Julio" arrancó con el propósito de que las clases pudientes no abandonaran la ciudad tan pronto comenzara el calor; esto iba en detrimento de los comerciantes.

Los diarios del momento hacían eco de la gran fiesta. El día 28 sobre la mesilla donde se despachaba el correo en casa de la familia de Isabel, el diario Las Provincias anunciaba en su primera página:

“Los pabellones, tanto Municipal como de la Agricultura, multiplican sus fiestas, todas ellas de carácter aristocrático. Con este motivo los referidos pabellones se ven concurridísimos, desfilando por ellos nuestras bellísimas mujeres. Los bailes populares y los estrepitosos castillos quedan para el resto del público que no falta por las noches a sus espectáculos favoritos, que tampoco suelen ser gratis del todo”

En el pabellón de Agricultura era muy característico bailar rigodón. Las señoritas aparentaban ser grandes damas afrancesadas, de hecho, encargaban los vestidos a modistas francesas para la ocasión. Tenían amigas que preferían el de Comercio, porque disfrutaban bailando el vals. Reunían a la creme de la creme de la burguesía de la época. Al finalizar el día remataba un castillo de fuegos artificiales en el que ya se mezclaba todo tipo de clases sociales.

Llegó el último día de Feria, el de la "Batalla de Flores". Juntas, iban a desfilar sobre algo, y digo algo porque ni tan siquiera sabían sobre qué. Debía guardarse como sorpresa por parte de las familias. Estaban ansiosas por saber el traje de valenciana que llevarían, sobre qué irían sentadas y cuál de las dos luciría mejor. A media tarde tenían que estar ya sobre las carrozas para recorrer la Alameda. Ambas, en sus respectivas casas, les ayudaban a colocarse todas las piezas que el lujoso traje de valenciana ostenta. El peinado tenía que llevar el ondulado perfecto, la peineta corta, como estaba de moda y los rodetes de los lados. El color del traje era de un azul celeste, de “espolín” a juego con los zapatos.


Archivo Municipal

La primera en llegar a la cita fue María. El lugar estaba lleno de carrozas, que los propios artistas falleros habían hecho, por supuesto envueltas en flores. ¿Se llevarían el “Premio extraordinario Barón de Cortes?

Se encontró con su carroza, una gran cesta de flores, muy ornamentada y pensó que tanto ella como su prima, se encontrarían como dos flores más dentro del canasto. Algo ensombreció su emoción cuando vio aparecer a su prima Isabel. Estaba guapa, vistosa, pero su gran sobresalto fue cuando se vio reflejada en ella. 

!Llevaban el mismo vestido!

Les afectó, pues cuando se cumplen dieciocho años ya no gusta por muy unidas que estén ir igualmente vestidas. Ambas se metieron en la cesta y rodeadas de claveles rojos y blancos se dirigieron hacia la Alameda. Tras pasar por el puente del Real, con la imagen del Palacio Ripalda, lugar donde se ponían los fotógrafos por su bonita toma, salió esta foto, y con ella sus caras de desagrado por la sorpresa.

El castillo de fuegos artificiales que puso fin a la Batalla de Flores y a la Feria de este año, junto al inicio de las vacaciones familiares dejó atrás la anécdota, que como siempre quedó en eso, en una anécdota.

Texto de Amparo Zalve Polo

jueves, 3 de enero de 2019

PUBLICITANDO VALENCIA Y SU FERIA


Coche adornado en la estación de Catarroja.- 19-07-1902.-
 Archivo de Las Provincias.

La revista semanal ilustrada Blanco y Negro, con sede en Madrid y difusión nacional, publicó el 26 de julio de 1902 un extenso reportaje sobre los variados y atractivos actos de la Feria de Julio y sobre lo que ofrece “la hermosa ciudad de Valencia en cuanto a naturaleza, luz, ambiente, flores, alegría, simpatía, sin recuerdos melancólicos ni negras remembranzas, pero con pocos monumentos (¿)”, y “que por ello cada año aumentan en proporción geométrica el número de forasteros, y en particular de madrileños”. Desplazamientos que estuvieron facilitados desde que la Compañía Norte puso en servicio a partir del 2 de enero de ese año un expreso con circulación los jueves y domingos.

En la documentación gráfica destaca un coche de viajeros decorado exteriormente con seis cabezas gigantes, tres a cada lado, de huertanos de Valencia con las bocas abiertas que se correspondían con las ventanillas. Los testeros del coche imitaban una barraca con su puerta, ventana y emparrado, y en su interior acompañaba a los pasajeros un ninot representando al popular Tío Nelo que llevaba una cesta de higos. Los ilustres artistas Antonio Fillol, Julio Peris Brell, Ricardo Verde y Ricardo Causarás, adornaron el coche en Valencia y el día 19 a las 8 de la mañana lo trasladaron a la estación de Catarroja llevando a la Junta Organizadora de la Feria de Julio, a la Comisión de Propaganda, que estaba presidida por el periodista Sr. Vinaixa, tres dulzaineros y otros tantos tamborileros. Ellos, junto con el Alcalde Francisco Sanchis Fabra y Concejales de Catarroja, recibieron con aclamaciones, disparo de tracas y a los acordes de “aires del país”, a los sorprendidos viajeros del Tren Botijo proveniente de Madrid. Fue el preludio de la recepción que les hicieron en el cap i casal su Alcalde José Montesinos Checa y restantes miembros del Consistorio.
 Correo expreso Cartagena-Madrid en 1911 en Murcia. Autor anónimo. Archivo Esteban Gonzalo. De composición similar a los que recorrían las líneas de Madrid a Alicante y Valencia. 

Tren que salió de la capital de España a las 3’20 de la tarde del día 18 de julio y concluyó viaje a las 10’46 del día siguiente.

Aunque nadie lo especificó, supongo que engancharon el vagón adornado al tren botijo y la locomotora que acicalaron en Catarroja pudo ser la que traía el tren u otra que para no perder tiempo prepararon en esa estación.
 
El día 20 comenzaron las fiestas de la Feria con una gran despertá, pero musical por dulzaineros y tamborileros, donde fue destacada la participación de grupas.

Según la revista, ya que no está firmado el artículo, las fiestas prosiguieron, tan cultas y brillantes como las mejores de las más adelantadas capitales de Europa.

Inteligente publicidad de la Comisión de Propaganda de Valencia utilizando para la más acreditada revista de difusión nacional la noticia-gancho de la embajada festiva que en un engalanado coche de viajeros acudió al encuentro del Tren Botijo de Madrid en los aledaños de la capital.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

miércoles, 19 de julio de 2017

SOPARET A LA FRESCA EN LA FIRA DE JULIOL

Archivo Rafael Solaz

1966 Ca - Imagen habitual en las afueras de la ciudad de Valencia, con la huerta como continuación de las viviendas, calles mayoritariamente con aceras pero muchas sin pavimentar, y casi nula circulación de vehículos. También en ocasiones especiales, caso de las playas y la Feria de Julio, precisamente donde fue tomada esta foto familiar del archivo de Rafael Solaz.

Cenas donde ensaladas, embutido, titaina, tortillas, croquetas de bacalao, carne rebozada y otros condumios preparados generalizadamente por las señoras, eran acompañados, principalmente con vino y gaseosa, y culminados, habitualmente, con una sandía verde por fuera y roja por dentro.

Mesa y sillas de madera, y éstas con asientos de anea trenzada, ya que era una época con el plástico en sus balbuceos.

Habitualmente así cenaban los mayores, ya que hasta que llegábamos a la adolescencia lo normal era el “entrepá” y a triscar con los demás chicos y chicas del barrio.


Texto de Esteban Gonzalo Rogel

sábado, 15 de julio de 2017

PABELLONES EN LA ALAMEDA POR LA FERIA DE JULIO

Pabellón del Ayuntamiento 
Archivo Municipal

1900 Ca - La Feria de Julio de Valencia no se puede entender sin las corridas de toros: ahí está su verdadero origen cuando en 1870 concejales del Ayuntamiento quisieron dar un mayor atractivo a la fiesta nacional con el concurso de otros actos festivos torno a la plaza de toros, en cuyo albero apenas hacía once años que se había celebrado la primera corrida taurina en la tarde inaugural del coso. 

Feria y toros unidos para su origen pero que ya al año siguiente los munícipes quisieron aumentar su programa festivo. El paseo de la Alameda, frondoso y amplio, se brindaba como el lugar ideal para hacer frente al calor del estío, especialmente en las horas de la noche. Era cuestión de completar un programa y ponerlo en marcha.

Pabellón del Ateneo Mercantil
Archivo Municipal

Pero no era cuestión de anunciar una serie de actos en exclusiva, sino de ofrecer unos dignos pabellones que por parte de las sociedades civiles de mayor abolengo se fueron sumando a la iniciativa municipal, destinados para las horas de bailes y saraos, donde la clase pudiente, con sus carrozas y tartanas, iban a disfrutar de tan refrescantes veladas.


Pabellón de Agricultura
Archivo Municipal

Y avanzando en los años con la llegada del mes de Julio, la prensa local daba información de los diferentes actos, cada vez mas intensos, con dos epicentros: el coso taurino de la calle de Játiva y el Paseo de la Alameda. La fiesta también se sumó a las calles, que pasaron a ser escenario de frecuentes cabalgatas. En lo cultural y como homenaje a los patricios valencianos, se programaba la ubicación de monumentos en los jardines más concurridos, siendo el de la Glorieta el que mayor espacio ofrecía. Mariano Benlliure y otros afamados escultores daban con sus obras mayor proyección a unos actos cada vez más prolíficos. 

El Círculo Valenciano
Archivo Municipal

Toros, música y bailes, con la atracción añadida de que la clase burguesa participaba en unos actos que también eran disfrutados junto a sectores más populares, siempre torno a la panoja torrada y la refrescante sandía en unas fiestas que por los años veinte se prolongaban hasta mediados agosto, cuando daban su fin con la Batalla de Flores, concurrida por todos los sectores de la ciudad. 

Con la llegada del año 1926 y la inauguración del nuevo Pabellón Municipal de Carlos Cortina, el paseo de la Alameda adquiría una mayor suntuosidad. 

Sin embargo, tuvieron que pasar seis décadas para que una vez situado en el interior de los Jardines del Real sucumbiera al viento: el de la dejadez.

miércoles, 13 de julio de 2016

LA FERIA DE JULIO


Un año más, en breve, comenzará la Feria de Julio de Valencia. Una tradición de nuestra ciudad de la que han disfrutado muchas generaciones de valencianos.

Curiosamente, el origen de la Feria de Julio lo encontramos en las corridas de toros que los días 23, 24 y 25 de julio se celebraban en Valencia por las fiestas de Santiago y Santa Ana. Durante estos días la ciudad de llenaba de aficionados y curiosos de diferentes poblaciones. Y su finalización marcaba el principio del éxodo de las clases media y acomodada que huían del calor en busca de temperaturas más agradables en Godella, Bétera o el Cabanyal, quedando la ciudad vacía hasta el mes de septiembre.

El Ayuntamiento de Valencia, con el impulso de tres concejales vinculados al sector comercial, —Pedro Vidal, José Saura y Enrique Ortiz—, propuso en 1870 la celebración, en el mes de julio, de una feria con exposición de productos y ganado, y, por supuesto, la celebración de corridas de toros. La propuesta tuvo muy buena acogida y en ella se implicó toda la sociedad valenciana.

Un año después, en 1871, el concejal Mariano Aser fue nombrado presidente de la Feria de Julio, escogiendo el Paseo de la Alameda para instalar la feria. La propuesta fue seguida con entusiasmo por los diferentes gremios, quienes financiaron un castillo de fuegos artificiales. El alumbrado de la feria corrió a cargo del Marqués del Campo, Don José, quien realizó —y financió— la instalación de gas necesaria para ello.

A partir de entonces, año tras año, la Feria de Julio ha convocado a miles de valencianos, dispuestos a disfrutar del frescor de la noche durante los calidos días de mes de julio.

Fuente: La Feria de Valencia. Imágenes de la Biblioteca Valenciana. Ed. Generalitat Valenciana, 1998.

Texto de Mauro Guillén

viernes, 9 de octubre de 2015

CORRER LA PÓLVORA

Fuente - Biblioteca Valenciana

Entre los diversos actos que se celebraban en el transcurso de la Feria de Julio no podía faltar el de la "traca" que discurría por las calles de la ciudad. Tenía gran aceptación popular y su celebración se repetía en diferentes días, pero no siempre con la misma longitud.

En 1907 y a cargo del Ateneo Mercantil se establecieron los días en los que se dispararían tracas y castillos, siendo la especial "traca" de 4.000 metros a las 12 de la mañana del día 25, la llamada a despertar una mayor expectación. Las demás programadas se quedaban sólo en 800 metros.

La "traca", a cargo del pirotécnico Antonio Roselló,  iniciaría su camino desde la Plaza Mariano Benlliure para continuar por San Vicente, Sangre, Emilio Castelar (lados derecho e izquierdo), Sagrario de San Francisco, Lauria, Pascual y Genís, Pintor Sorolla, Príncipe Alfonso (lado Aduana), frente Glorieta, Plaza Tetuán, Congregación, Comedias, Peris y Valero, Reina, Santa Catalina, Zaragoza, Miguelete, Constitución, Caballeros, Tossal, Moro Zeit, Santa Teresa, Pie de la Cruz, Molino Robella, Calabazas, Liñán, Mercado, San Fernando, San Vicente y plaza Mariano Benlliure.

La "traca", que alcanzó los 5.619 metros por los añadidos de otras en su recorrido , tuvo el éxito esperado en un ambiente de gran emoción con masiva presencia de chiquillos y mozalbetes. El punto de mayor concentración correspondió en las inmediaciones de la plaza Cajeros.

jueves, 17 de septiembre de 2015

NELET Y QUIQUETA

Fuente: Biblioteca Valenciana

Valencia durante la Feria de Julio de 1904 "recibió" a unos "simpáticos visitantes" que fueron alojados en la plaza de la Reina, alcanzando tal fama, que han pasado a la popularidad con los nombre de Nelet y Quiqueta. Valencia, ciudad hospitalaria, abierta desde tiempos remotos a quienes se acercaban a su costa, fiel a sí misma, ofreció su mejor sitial a los recién llegados que, en gran concurrencia, fueron agasajados por sus hijos con expectación y espíritu de fiesta.

Para su confección se utilizó el coso de la calle Játiva donde se improvisaron unos talleres a cargo de los artistas señores Carbonell y Navas, quienes tuvieron la ayuda del necesario equipo para, tijeras en mano, dar cuenta de los 326 metros de tela que  necesitaron para vestir a tan sorprendente "pareja de novios".

Para su mejor contemplación Nelet y Quiqueta alcanzaron los 17 metros de altura y mientras el "chiquet" se mostró de pie con una guitarra de 8 metros, la "chiqueta" estuvo sentada en un silla de "cordeta" de 10 metros de alzada, en la que Nelet se apoyaría en una de sus traviesas.  

Ambos vistieron a la antigua usanza: cofia morada, chaquetilla de pana verde, pantalón ajustado hasta la rodilla con faja roja y alpargatas él; mientras que ella lució falda y jubón floreados, pañuelo y delantal blancos con lentejuelas, peinado de rodete, con pendientes de un metro y agujas de tres. 

Pareja de novios, sí, toda vez que estuvieron apadrinados por el alcalde Sr. Polo siendo muy visitados durante la Feria como gran reclamo publicitario de los festejos.  

miércoles, 29 de julio de 2015

BAILE EN EL PABELLÓN DE AGRICULTURA

Archivo Rafael Solaz

La Sociedad Valenciana de Agricultura nace en la ciudad pasada la primera mitad del siglo XIX como fomento de la actividad agrícola y para su protección.

Periodo decimonónico que se caracterizó por la celebración de diferentes congresos en el marco de los Jardines del Real. Tuvo sucesivas sedes en casas y palacios, hasta que ya en el siglo XX se establece en la calle de la Paz como Casino de Agricultura, nombre que había tomado en 1879 al disolverse el Casino de Valencia de la plaza de Mirasol, fundiéndose ambas sociedades.

Llegaba la Feria de Julio y el Casino de Agricultura tenía su "pabellón" con el mismo nombre, donde se reunía lo más selecto de la sociedad valenciana con sus fiestas y bailes de gala en medio de una gran suntuosidad.

Vemos en animado grupo y dispuestos para una jornada de baile, cuatro bellas señoritas con sus vestidos de seda, alegres y dos apuestos caballeros con su uniforme militar como acompañantes. 

domingo, 19 de julio de 2015

LA FERIA DE JULIO EN 1888

Archivo de Rafael Solaz

1888 - La entonces conocida como Gran Feria de Julio de aquel año notó la ausencia de gente foránea debido a la Exposición Universal de Barcelona que se estaba celebrando desde el mes de abril. Los festejos se llevaron al efecto en la última decena del mes, y el coso de la calle Játiva acaparó la atención de los valencianos con diversos actos. Destacaron cuatro magistrales corridas de toros a cargo de Frascuelo, Lagartijo y Espartero. Sin embargo, no captó la atención esperada un Certamen de Tiro para los cazadores.

Se celebraron dos concursos de música en los que participaron por separado bandas militares y civiles, siendo premiada por parte de las castrenses la del Regimiento de la Princesa con el primer premio, la del Guadalajara el segundo y la del Vizcaya el tercero. De la actuación civil se premió con 1200 pts la banda La Primitiva de Liria, con 1000 la de Aldaya y con otros menores a las de Requena,  Sagunto, la Lira de Castellón y Catarroja.

La Feria finalizó con una cabalgata, titulada Manifestación del Trabajo, con carros alegóricos de los diferentes sectores de la producción valenciana. Causó gran alborozo el ofrecido por el Marqués de Campo, el Progreso, representativo del ferrocarril, gas, electricidad, aguas potables, actividades con las que el gran prócer de la ciudad se había distinguido.

El programa  de aquel año reseña también otros festejos, ofreciendo los servicios de balnearios instalados en los muelles del puerto y en la playa del Cabañal.

domingo, 27 de julio de 2014

LA BATALLA DE FLORES

Cromo de la Batalla de Flores. Siglo XIX
Archivo de Rafael Solaz

La “Batalla de Flores” es el uno de los actos más especiales de la Feria de Julio de Valencia. Esta guerra floral, ya centenaria, se remonta a 1891 cuando Pascual Frígola, presidente de Lo Rat Penat, organizó un desfile de carrozas engalanadas con coloridas guirnaldas de flores con falleras de varias comisiones de Valencia. El desfile comienza preparando el ambiente con “l’entrà de la murta”, luego las grupas donde parejas de valencianos van montados a caballo con su traje regional, y ya, por último, las carrozas, que durante su recorrido un jurado escogerá la más bella, decoradas con diversa temática, como podemos ver en la imagen de un cromo del siglo XIX.

Después del desfile comienza la Batalla de Flores donde se lanzan gran cantidad de pétalos de flores convirtiendo todo el recorrido en un multicolor tapiz en el suelo, donde las flores, como proyectiles de esta insólita batalla son los clavelones chinos, y las bellas falleras se protegen la cara con raquetas para no sufrir el impacto aromático de las flores en sus rostros, ya que el público también participa congregado en unos palcos donde tienen acceso a una gran cantidad de munición floral. Al acabar el combate, se celebran unos fuegos artificiales para dar por concluida la Feria de Julio.

Sin duda, nosotros los valencianos, sabemos cómo mostrar nuestra alegría y festejarla de manera insólita, como cantó Salvador Giner en “L’entrá de la murta ”:

L´entrá de la murta es
un carro ple de flors
que ve ple de perfums
que alegren nostres cors.
Escampa en la enramá
plantes de dolça olor
per a on ha de pasar
quan siga hora la procesò.

Texto de Isabel Balensiya

viernes, 18 de julio de 2014

EL CARTEL DE LA FERIA DE JULIO

Programa oficial de la Feria. 1920

Archivo de Rafael Solaz

1920 - El cartel es como el clarín de la fiesta que cada año anuncia su inicio. Y la Feria de Julio lo tiene.

En Valencia, tierra de artistas, han destacado sus hijos por aportar a todos los campos del arte, pentagramas, lienzos, bambalinas y batutas con los más altos honores.

Desde su inicio en 1871 y en ese año de autoría anónima, el cartel anunciador es el artístico pregonero pincelado por las manos de los más acreditados pintores que, en cada momento, adaptando su estilo al de la época, han acreditado al cartel valenciano como una más de nuestras esencias, al tiempo que con sus aportaciones, han asistido a los más importantes actos festivos de Europa y ultramar.

Josep Renau, José Segrelles y Pascual Capuz, entre las firmas más reconocidas a quienes se suman auténticos maestros del cartel, han contribuido a la posteridad con un legado artístico de incalculable valor historiográfico.

En el cartel del primer premio de la Feria de Julio de 1920 de F. Aguar, se representa la simbología valenciana en toda su pureza.

miércoles, 2 de abril de 2014

EL PABELLÓN MILITAR EN LA FERIA DE JULIO

Feria de Julio. Pabellón Militar. Ca. 1900

Archivo de Rafael Solaz

1900 - La Feria de Julio de 1900, como la de tantos años, engalanaba el paseo de la Alameda, se vestía de fiesta, y todos los estamentos sociales hacían acto de presencia con la instalación de sus pabellones que, los más emblemáticos, rivalizaban con sus altos catafalcos que posibilitaban su hallazgo tan pronto, bien por el puente del Real o bien por el del Mar, y bajo la frondosidad de la arboleda, se dirigían al encuentro del pabellón deseado. Entre ellos destacaba por su originalidad el Pabellón Militar, con su planta baja y dos en altura, más dos torreones que formaban un conjunto vestido de un verde vegetal que lo camuflaba entre los álamos. A sus festejos y recepciones acudían los invitados a disfrutar de la noche valenciana junto el mando militar, en cuyo ágapes también estaba presente la clase de tropa, pero con otras obligaciones, como eran las de mantenimiento del pabellón y las de ofrecer su servicio a quienes acudían a unas horas de baile y distracción en sus “floridos salones”.

lunes, 30 de diciembre de 2013

EL PABELLÓN MUNICIPAL DE LA FERIA DE JULIO

PABELLON MUNICIPAL 1926

1926  - Con la llegada del verano la burguesía valenciana abandonaba la ciudad en perjuicio del comercio, lo que hizo que en un pleno municipal de 1870 se acordara la creación de la Feria de Julio con un conjunto de actos lo suficientemente atractivos, no sólo para retener en la ciudad a la clase más acomodada, sino también para atraer a la que vivía en las localidades cercanas.

La idea fue muy bien acogida por las entidades culturales, comerciales y mercantiles y su primera edición dio comienzo el 30 de julio de 1871 en el marco de la Alameda con la instalación de pabellones a cargo de diversas entidades, entre los que destacaron el del Ateneo Mercantil, el de la Sociedad Valenciana de Agricultura y el del Ayuntamiento. 

Sería en enero de 1926 cuando ante el mal estado que se encontraba el pabellón del consistorio, se acordara la construcción de uno nuevo, adjudicado el proyecto a los arquitectos Bernardo Gómez y Carlos Cortina e inaugurado el 22 de julio del mismo año con gran esplendor, asombrando al público que durante los días de la Feria de Julio asistía a los variados actos lúdicos que completaban su programa ferial. 

En la foto vemos el magnífico Pabellón del Ayuntamiento con sus tres cúpulas entre las que destaca la central de 23 metros de altura sobre una terraza de 33 metros de longitud.

jueves, 26 de septiembre de 2013

LAS CABALGATAS

Feria-de-Julio.-Cabalgata-calle-de-San-Vicente 1895

Fuente – Rafael Solaz

1895 - La cabalgata es un acto que se celebra en ocasión de algunas de las fiestas más populares de la ciudad. Su costumbre es universal y forma parte del programa oficial de sus actos, siendo en muchas ocasiones el de mayor relieve. Igual puede constar de un desfile continuo de engalanadas carrozas relacionadas con la festividad del momento, como también que entre ellas figuren grupos humanos con diferentes representaciones populares que simbolizan el espíritu crítico, satírico, lúdico, siempre folclórico, que justifica su tradicional desfile por las céntricas calles de cualquier ciudad en fiestas. En Valencia se celebran puntualmente, siendo las más tradicionales junto la de los Reyes Magos, las de las fiestas falleras y en la Feria de Julio, al igual que otras que van incorporándose durante el resto del año en fechas señaladas, como pueden ser en los carnavales o en los desfiles de “moros y cristianos” de gran prestigio en otras ciudades de nuestra Comunidad, pero que quieren dejar su constancia en el “cap i casal”. Vemos en la foto la cabalgata con motivo de la Feria de Julio desfilando por la calle de San Vicente.

domingo, 28 de julio de 2013

LA BATALLA DE FLORES

Batalla de Flores. Ca. 1925
Fuente – Rafael Solaz

Ca. 1926 - La “Batalla de Flores” es el acto que por excelencia cierra la tradicional Feria de Julio en el incomparable marco de la Alameda por donde desfilan una serie de carrozas representativas de diferentes entidades culturales o festivas, entre las que no faltan las comisiones falleras, destacando en las mismas el reto anual de alcanzar una mayor vistosidad. En la incruenta batalla se utiliza como munición los anaranjados clavelones de la huerta valenciana. Los proyectiles se lanzan desde las engalanadas carrozas al público asistente, así como al palco de autoridades municipales que participan del mismo modo, en un cruce constante de munición de todos sus participantes. Cuando finaliza el acto, la Alameda queda cubierta por una mullida alfombra de flores como consecuencia de los restos de una “batalla” que se viene celebrando desde 1891, con la particularidad de que en la misma no hay ni vencidos ni vencedores, salvo el premio que se otorga a la carroza que ofrece una mayor vistosidad. En la foto se observa el desaparecido Pabellón Municipal que daba un mayor esplendor a la Feria de Julio. El mismo era de utilidad para diversos actos lúdicos, así como protocolarios a los ilustres invitados.

sábado, 13 de julio de 2013

ARCO DE ENTRADA A LA FERIA DE JULIO

Feria de Julio. Arco de entrada. 1895
Fuente – Rafael Solaz
1895 – Arco de entrada situado en el Puente del Real. Fue en el año 1871 cuando se celebró la primera Feria de Julio siendo su epicentro el Paseo de la Alameda. Llegaban los días del caluroso estío y con ellos la clase aburguesada se trasladaba a sus casas de recreo abandonando la ciudad. Para que permanecieran durante unas semanas más en el “cap i casal”, se programaron una serie de festejos entre los que no faltaban los taurinos y los de carácter cultural.

sábado, 11 de mayo de 2013

martes, 19 de febrero de 2013