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miércoles, 21 de septiembre de 2022

UN SUCESO EN LA AVENIDA DE LOS ALIADOS


Archivo Municipal

1923 - Esta era una de las cosas que pasaban en la Valencia de hace casi un siglo, uno de los sucesos que ocupó las páginas de prensa de un veraniego mes de Agosto, cuando, como ahora, la frecuente visita a la playa de la Malvarrosa era obligada.

A buena marcha transitaba el vehículo nº 8 del servicio público Valencia-Malvarrosa, lleno de pasajeros, por la Avenida de los Aliados, tal y como denominaba en aquellos años la actual avenida del Puerto.

Al llegar a la Cruz de término el coche vaciló en su trayecto, se desvió en su carrera y gritos de terror surgieron de su interior. Apenas unos metros después, el violento choque contra un árbol fue inevitable y varios pasajeros salieron despedidos rodando por el camino entre gritos de espanto. Pararon tranvías y carros y acudieron al suceso varias personas para prestar su apoyo a los heridos al observar la destrozada delantera del coche con toda su carrocería astillada.

Mediante un tranvía del interior los heridos, un niño y dos jóvenes, fueron trasladados a la Casa de Socorro del puerto donde fueron atendidos. Afortunadamente fue más el estruendo que las consecuencias, con el posterior traslado a sus domicilios de las víctimas.

El Juzgado del Grao instruyó el suceso y el conductor declaró que el mismo se había producido por la rotura de la dirección.

miércoles, 20 de julio de 2022

SUCESOS ACONTECIDOS EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX EN VALENCIA

  

Suceso en el mes de Junio de 1924

Sin pretender ser los sucesos que más páginas ocuparon en los periódicos, pero sí hechos que han aportado páginas para la historia de la ciudad. Estos son algunos de los que puede que un siglo después carezcan de gran importancia, aunque en aquellas mentes, muchas de principios de siglo, quedaron grabados por la escasez de medios para solventarlos, por la intrepidez, o por algo tan importante como el dolor familiar tras el suceso acontecido. 

El orden cronológico es imprescindible para poder asimilar cada suceso dentro del contexto, aunque le daremos mayor importancia al de junio de 1924, coincidiendo con la visita de los reyes de Italia, Victor Manuel y Elena, a nuestra ciudad tras recorrer otras ciudades españolas. En el Grao existían los talleres de la Casa Gómez, que se fundaron en 1878, dedicados a la reparación y construcción de maquinaria, que dieron origen a los afamados astilleros y más tarde a la Unión Naval de Levante.

Acompañaba a los reyes italianos como escolta un hidroavión de la Armada italiana, y pasando por el puerto este cayó sobre los talleres da Casa Gómez, y aunque los tripulantes no sufrieron ningún daño, la avioneta quedó destrozada. En la foto vemos piloto y mecánico. 

Otro accidente de aviación ocurrió en el año 1911. Esta vez por osadía. Durante las fiestas de Feria, uno de los actos era el raid de la aviación Valencia-Alicante que creaba gran expectación entre las dos ciudades, presenciando las proezas que los “hombres pájaro" querían demostrar. Ese año se habían inscrito tres pilotos, un francés, un suizo y un español, este último con un aparato de su invención, todos optando por el premio en metálico. 

A las ocho y veinticinco minutos el francés remontó el vuelo desde Valencia, que en aquel momento la arena de la Malvarrosa se había convertido en aeródromo para este tipo de vuelos, llegando a Alicante a las diez y pocos minutos. El suizo inició el vuelo a las diez menos cuarto, pero a las diez y veinte retrocedió, por causa de la niebla. El español, Gregorio Campaña, tardó tres intentos para poder despegar de tierra, pero en el último advirtió que se precipitaba sobre la multitud, virando rápidamente hacia la izquierda, hacia el mar, cayendo y destrozando su aparato. 


En el mismo año, 1911, en el penal de San Miguel de los Reyes, se inició un incendio en el taller de alpargatería, donde a diario trabajaban unos 250 penados. Inimaginable la rápida extensión debido al material. El caos que se organizó fue inmenso. Contaba con 1700 penados, entre ellos 600 con cadena perpetua. Había riesgo de fuga. El edificio se rodeó con intensa vigilancia mientras los bomberos lograron atajar el incendio. Toda la cuadra quedó reducida a escombros. 

En esta fotografía vemos el penoso estado en que quedó el tranvía del Cabañal al ser arrollado por el expreso de Vinaroz. 

En 1914 una obstrucción en los filtros de las conducciones del agua potable produjo su escasez durante unos días, así que tuvieron que acudir a recogerla a las cubas que la repartían por las calles. 

1933. En la línea central de Aragón, la colocación de unas bombas levantaron los raíles del tren al hacerlas explotar. Gracias a un empleado de la linea que se percató no ocurrió ninguna desgracia. Avanzó hacia Sagunto, e hizo detenerse en el trayecto a un tren de viajeros que tenía que pasar por ese lugar, abortando el atentado.

Un edificio de la calle Jesús, en 1934, se redujo a escombros debido a su hundimiento. Murieron trece personas y otros veinte heridos de varias consideraciones. 

Y el gran suceso, y bien conocido, contado a través de prensa, ocupando páginas y páginas, fue en 1957, el año de la gran riada. Esta dos fotos nos muestran los alrededores donde el Turia se desbordó cegando los ojos del puente de la Trinidad y una sala de San Pio V tras la inundación.

Texto Amparo Zalve

jueves, 29 de abril de 2021

DETENIDA LA DESCUARTIZADORA DEL CINE ORIENTE

 

1950 - Cine Oriente 

Un suceso que conmovió a todos los valencianos de mitad del siglo XX.  Un cine situado en un edificio de la calle Sueca de Valencia, concretamente en el numero 22. El edificio en sí era de construcción del 1917, y comenzó su andadura como sala de cine en 1919 con el cine Progreso, en la época del cine mudo, hasta que en 1943 tomó el nombre de cine Oriente. Así en sus sesenta y cuatro años de existencia fue pasando de mano en mano y de nombre en nombre hasta llegar a cinco distintos: Progreso, Oriente, San Carlos, Acroy y Junior.

Era en este momento el cine Oriente un local pequeño y alargado al que había que sacarle provecho. Ya no estaba necesitado de ciertos elementos que tenía el anterior local del cine Progreso y la solución para sacarle más espacio era la de eliminar las estancias que no se usaban, como el escenario, los camerinos y un pequeño anfiteatro. Frente a la escasez de luz urbana en horarios de invierno, se colocó una apropiada marquesina, que a la vez de proteger de las posibles inclemencias meteorológicas, con tres focos grandes se solucionaba la penumbra.

Ustedes me disculpen por tratar el tema con ironía, o mejor dicho con sarcasmo, pues parece que suena menos acusante, pero es que el temita se las trae y considero que de esta manera puede resultar menos macabro.

Malvivían juntos en un piso contiguo al local el conserje y la limpiadora, ambos separados de sus antiguas parejas, que el propietario del cine les había prestado desde hacía nueve años. En cartel “La muralla invisible” para ese 30 de junio de 1950.

Se hicieron altas horas de la madrugada cuando el hombre volvió a casa en estado de embriaguez. Pese a su curda, no tardó en darse cuenta de las papeletas de empeño, descubriendo que la mujer había estado en el Monte de Piedad, ya que dada su situación económica le faltaría para llegar a fin de mes. Se enzarzaron en una discusión en la que no faltó de nada, hasta llegar al extremo del intento de estrangulamiento del hombre a la mujer. Como era lógico, esta lo evitó y de un empujón el hombre cayó contra la pared golpeándose con un objeto de hierro a ella adosado: en realidad era una viga. Llegaron a compartir cama aquella noche, pues la mujer creyendo que había quedado inconsciente por el golpe, lo metió junto a ella. Al volver el día se dio cuenta de que el muerto estaba muy muerto.

Podemos imaginar el pánico que le entró y pensó cómo disimular el desenlace. Para ello se le ocurrió la macabra idea de descuartizarlo, con el fin de que. poco a poco, a pedacitos, lo iría sacando del hogar. Valiéndose de una sierra de arco que el difunto utilizaba para arreglar los asientos del cine fue apoderándose de ese cuerpo. Digno de una novela negra el hecho de que su propio instrumento de trabajo sirviera ahora para despedazarlo. Se ve que no tendría otra cosa a mano.

Se dice que le costó cinco horas a la susodicha, poco tiempo para hacerlo sola, por lo que también se comenta que pudiera ser ayudada por una sobrina que trabajaba en el local de Mercedes Viana, la conocida Sala Mocambo. Y no queriendo entrar en coincidencias, la sobrina vivía en el desafortunado edificio conocido por  sucesos de muertes en extrañas circunstancias situado en las esquinas de la Avenida Pérez Galdós y la calle Cuenca, llamado coloquialmente “La finca maldita”. Pues bien, la muchacha fue posteriormente una más de las muchas víctimas de este edificio.

Pero volvamos con el hombre. De momento permanecía en el edificio, y ahora la misión era cómo hacer para sacarlo de allí, (aunque dé yuyu, hay que hablar preciso: troceado) donde ya estaba dos días y los clientes se quejaban del olor fétido de la sala de cine y con razón.

Lo primero que la mujer hizo fue enviarle a Barcelona (en espíritu, claro) justificando así su ausencia. El resto, pues preparar tres cajas de diferentes tamaños. El primer lote con las extremidades va a la calle Filipinas, junto a la vía del tren. El segundo, no le da mucho tiempo para pensar y se queda en la esquina de la calle Sueca, este con el tronco. El tercero, pues le tocó una caja más pequeña, una metálica de galletas, que como tan solo era la cabeza cabía perfectamente. La llenó de tierra y estiércol y fue a un cuarto trastero detrás del escenario (tras “La muralla invisible”).

Cumplió condena de seis años y cinco meses. Al salir tomó refugio en el Barrio del Carmen. Ah, y se me olvidaba, también cinco mil pesetas, que ya era mucho en esa época, ahora 30 euros. ¿Qué empeñaría esta vez?

Al cine de barrio que ofrecía en aquella época dos películas de reestreno se perdieron las ganas de ir, por lo que cambió de nombre al de San Carlos (¿Por qué sería?). En 1956 por el de Cine Acroy y en 1961 Cine Junior, hasta que cerró sus puertas en 1981.

Quedó esta macabra historia para el recuerdo, y es más, nos la recordaron en 1997, al producirse un film sobre ella a mano del director Pedro Costa. Puede que nos apetezca buscarla y verla, ¿O no?

Texto de Amparo Zalve Polo 

martes, 26 de enero de 2016

CATÁSTROFE EN LA FERIA

1926 - La fotografía de Barberá Masip nos ilustra acerca del fatal desenlace de un suceso en la Feria de Navidad en la tarde de aquel 22 de enero que ocupó las páginas de la prensa local durante unos días, catalogado como "una catástrofe en la feria"

Una de las piezas del "carrusel volador" repleta de gente tras soltar sus enganches salió desprendida, aunque de forma lenta, sobre el público que en gran número asistía a las instalacionesn situadas  en las inmediaciones de la plaza de toros, donde en aquellos años se concentraba la feria navideña, causando la muerte de dos jovencitas de unos veinte años y un niño de once, con más de veinte heridos, algunos de ellos en estado muy grave.

Los accidentados fueron trasladados mediante automóviles, carros y cuantos medios tenían a mano para ser atendidos en el Hospital General y en la Casa de Socorros de Ruzafa, con algunas primeras curas en la farmacia del doctor Frigols situada en la Gran Vía. La causa más probable del infortunio según los ingenieros municipales fue "la abertura de uno de los ganchos destinados a sostener uno de los coches, en el que, según parece, iban acumuladas doce personas".

El juez instructor ordenó la detención del dueño del aparato ferial, del mecánico y de su ayudante. Los comerciantes acordaron cerrar las casetas para no abrirlas hasta después del entierro de las víctimas, al que decidieron asistir.

sábado, 22 de septiembre de 2012

1973 - Explosión pirotécnica en la calle Botánico
Fuente: Rafael Solaz