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miércoles, 28 de mayo de 2025

EL RETRATO DE UNA CALLE: BALMES

 

Fuente: Ebay Francia - 1950 C.a.

Se trata de una fotografía costumbrista torno al año 1950. La foto en cuestión es de la que podríamos hacer una pregunta: ¿Quién llamó al retratista? Parece como que todos los personajes que aparecen estén conchabados para crear esa escena popular enclavada en el barrio de Velluters.

Por la proximidad del Mercado Central se diría que el carro tirado por un caballo bien cuidado por su dueño, a la vista está que por las vestimentas de verano que lo protegían del sol con un sombrero de paja, amo y caballo paja en la cabeza, era reclamo de una niñita a la que su madre protegía de no ser arrollada.

Había girado la calle Balmes para pasar junto a la pequeña plaza de las Escuelas Pías. A su derecha aguardaba el peluquero en su puerta de doble balda haciéndose también partícipe de la fotografía.

Suerte del retratista haber obtenido esa escena. ¿Quizás el autor de todo podría ser el organillero sin saberlo? Era la también llamada “música de carruaje” muy comunes en las calles y plazas de los años cincuenta. Generalmente operados por un carruaje interpretaban melodías populares y a menudo les acompañaba un vendedor ambulante de juguetes u otros artículos. En este caso parece que sí iba acompañado el chaval por una persona más mayor que se encuentra tras él.

¡Sorpresa! 

Si es que al final tenía yo razón con el presentimiento de que el protagonista  principal podría ser el chaval del organillo. Pero en este caso ni era organillero, ni tenía acompañante vendedor. Ni más ni menos era el mozo de la casa de transportes de al lado de la peluquería, los Transportes Balmes. ¡Con lo que pesaría ese piano y hasta donde lo llevaría! Encima nos muestra una de las tantas fuentes públicas al girar la esquina a la Plaza de las Escuelas Pías, bastante frecuentada por cierto, a la vista del agua derramada alrededor.


Un tramo del barrio de Velluters parado el el tiempo con respecto a las casas después de casi setenta y cinco años de calle.

Texto de Amparo Zalve

miércoles, 10 de abril de 2024

¿MI CALLE VITORIA O LA CALLE ALBACETE?

 

Varios detalles de esta fotografía hacen que una calle actualmente muy transitada y moderna, en ese momento estuviera en progreso sin darnos cuenta de que apenas han pasado unos años, porque la podríamos ubicar perfectamente en los años setenta con referencia a ciertos detalles.

Primeramente, si nos fijamos en los vehículos aparcados, los modelos de coches eran los Seat 600, también los Seat 850, el Fiat 1500 y el Seat 127. Por tanto, según fecha de fabricación nos vamos al setenta y dos en adelante.

¿Y donde estaban estacionados? Junto a unas casas bajitas que conformaban la parte de delante de un callejón sin salida paralelo a la ya nominada calle Albacete desde hacía poco tiempo, puesto que ese tramo de calle se llamaba calle Vitoria, desde el cruce de Marvá hasta Giorgeta, o lo que llamábamos hasta la vía del tren. Pero Albacete se apropió del nombre en 1970 y Vitoria desapareció como tal en dicho tramo.

Unas casitas de planta baja ocupaban el lugar que actualmente ocupa un parque infantil, el parque de Beato Gálvez. Quienes las conocieran recordarán con nostalgia los recreativos, el bar Tobarra, el local para alquiler de motocarros y también en el citado callejón de detrás, y al fondo, el casal de la falla.

Todo ello sobre una calle que todavía conservaba el adoquinado y cuya escena principal del tramo era la robusta Finca Roja.

Porque en la calle Albacete también nevaba, como muestra la imagen en un portal de la Finca Roja.

Mis recuerdos se quedaron en esa calle Vitoria, en el jardín interior de la Finca Roja, en el caminar por el adoquinado a la salida del colegio, en los primeros chicos que cruzaban la mirada a la salida del colegio de los Agustinos, al uniforme de orilla sacada, a la tienda de la esquina del tío Paco porque en una mesurita de papel me regalaba unas aceitunas... Ah, y al Fileto que arreglaba coches y tenía un Gordini gris.

Texto de Amparo Zalve

domingo, 9 de abril de 2023

UNA CALLE CON MUCHA HISTORIA


BIVALDI

Calle histórica la de Trinquete de los Caballeros que une la plaza de San Vicente Ferrer con la de Nápoles y Sicilia, en pleno barrio de la Xerea, de antiguo “el de los judios”.

Su aspecto, el de la foto, se corresponde al del primer tercio del pasado siglo, con su toque de sabor antañón que da presencia en primer término a una institución, la de los “Hospitalarios de San Juan”, que se remonta en su inicio a la Valencia jaimina tras su reconquista para la cristiandad del siglo XIII.

Su nombre, el de la calle, se asocia al deporte nacional de los valencianos, “el juego de la pelota” en una práctica que el humanista Vives, allá por el XVI, dejaba su testimonio en su “Diálogo sobre las reglas del juego”.

Valencia tenía sus trinquetes cerrados para la práctica del juego de la pelota, más ligados a la nobleza. Sin embargo era en las calles donde el pueblo llano ejercía su afición. Y el nombre de esta calle nos trae el recuerdo de su ejercicio.

Calle de gran importancia histórica por albergar la antigua iglesia del Milagro, la capilla de Nuestra Señora de la Seo, titular de la catedral de Valencia, con procesión ceremonial cada 15 de Agosto, bajo la advocación de la Mare de Deu d’Agost.

miércoles, 5 de enero de 2022

PASEANDO LAS BLANQUERÍAS

Un fétido olor de piel curtida sobrepasaba la muralla cristiana, y mujeres y hombres con los carros cargados de pieles y cueros, todas las mañanas atravesaban la pequeña puerta del muro bajando al río para así lavarlas. Atravesaban el Muro de la Blanquería. Era un oficio, el oficio gremial de blanquer, adobando, aderezando y curtiendo las pieles. 

El trazado definitivo de la calle se delimitó al derribar las murallas en 1865, convirtiéndose en un bonito paseo, calle Blanquerías, desde la Plaza del Portal Nou a las Torres de Serranos, con un bonito jardín, el de las Alameditas de Serranos. 

Un bonito paseo cargado de historia que comenzando en la Plaza del Portal Nou, ya nos acompaña el convento de las Carmelitas Descalzas de San José y Santa Teresa, que mientras estuvieron ocultas entre rejas se dedicaban a lavar y planchar los delicados ajuares de casaderas valencianas.

Tenían huerto de cipreses y laurel que comunicaban con la casa de María Jordán, una profesora de canto y piano, entre cuyos alumnos tenía a José Iturbi. 

Tiempo después pasó a manos del artista valenciano José Benlliure y Gil. 

Unos metros más adelante, La Gran Asociación de Asistencia Domiciliaria de Ntra. Sra. de los Desamparados desde 1853. 

Todavía a finales del siglo XIX el aroma de curtido permanecía porque quedaban  unas pocas fábricas.


Texto de Amparo Zalve Polo

martes, 15 de septiembre de 2020

¿POR QUÉ CALLE DE LA REINA?



Lucíanse las fachadas de mosaicos de bonitos colores al dejar entreverse los primeros rayos de sol; viviendas al lado del mar en las que los pescadores habían cedido algunas de las pocas barracas que quedaban, unas por descuido, otras por modernidad, para que los terrenos edificables dejaran nombres en sus calles.

Corría el año 1839 cuando los pobladores de la zona habían adquirido un cierto nivel y no solo era ya de los pescadores y sus familias, sino que se establecieron pequeños empresarios, transportistas y patrones de barca buscando una distinción para sus casas.

Un año más tarde el Ayuntamiento de Pueblo Nuevo del Mar, junto con la Bailía General del Real Patrimonio emprende un nuevo plan de urbanización. Había que darle un comienzo a lo que también se convertiría en lugar de veraneo que solo distaba cuatro kilómetros del centro de la ciudad.

Biblioteca Valenciana

La primera calle como tal fue la Calle de la Reina, la que actuaría como eje principal del moderno urbanismo del Cabañal.

No fue difícil acordar que las casas que daban al mar fueran “casas bajas al piso de tierra”, sin poder levantar otro piso en el interior, y que la fachada principal que miraba a la calle tampoco. Sin embargo, las manzanas que daban al interior, serían “casas a piso de  tierra con habitación alta”.

“También es condición que todos los edificios de casas de la mencionada calle han de tener un andén comprensivo de todo lo ancho de su fachada principal , y lo mismo las de las espaldas, de doce palmos valencianos de ancho, unidos unos con otros entre ambas casas, sin que suban o bajen unas más que otras, debiendo todas estar perfectamente alineadas; a las que se les marcará la altura y nivel que deberán tener respecto a la superficie de la calle, cuya construcción será formando una pared del espesor o grueso de un ladrillo, que podrá ser también de mampostería ordinaria, su coronación en cualquier clase de losas de sillería y su terraplén de piedra y graba buena de río".

Dio respuesta al deseo de la burguesía valenciana del periodo Isabelino de poseer una residencia de recreo estival y así facilitar el poder tomar los apreciados baños de mar.


Cuando era calle de la Libertad

También habría que pensar en algo que les causara distracción en las largas tardes de estío y las frías de invierno. Un bonito teatro. Eso es lo que hacía falta.

Y se hizo. El Teatro de las Delicias. Pero un desafortunado incendio se lo llevó en 1864. Aún quedó de él para poder reconstruirlo, aunque cambió de nombre pasando a llamarse Teatro de la Marina en la I República.

Xilografía Casa Dombón

Una casa que tuvo su historia fue la de Bernabé Dombón y Olivar. Ingenioso inventor madrileño que estableció su taller en 1859 en uno de los solares reparcelados. Se hacía conocer por el Constructor de máquinas de Su Majestad.  Empeño puso para confeccionar una máquina voladora y para cuya presentación tuvo deseo de invitar a Isabel II, hecho que derivó, no sé si como leyenda o realidad en el nombre de la casa: “La Casa de la Reina”. La máquina fracasó estrellándose en la playa de la Malvarrosa, y por supuesto la reina nunca acudió.

Así han pasado los años y todavía se aprecia en sus edificios residencias de alto valor arquitectónico, fachadas de azulejos con temas inéditos e influencias modernistas.

Texto de Amparo Zalve Polo

jueves, 11 de enero de 2018

LA CALLE RIBERA

Archivo Municipal

1923. - Estrecha calle, aún lo debería ser más cuando se titulaba “carrer Nou de Peixcadors”, por su conexión con el próximo barrio de Pescadores, al que se accedía desde el “carrer del Pont dels Anets" en la continuación de aquel, en especial por los vecinos del barrio de Ruzafa, quienes mediante carros transportaban sus dañadas barcas para su restauración por los calafates cuya actividad ya había cesado en las últimas décadas del XIX. 

Calle muy antigua pues ya al comienzo del siglo XV se denominaba de esta forma, y no sería hasta 1872 cuando tomaría el actual nombre de Ribera en homenaje al pintor setabense, también conocido como “el españoleto”, por su largo periplo en Italia donde falleció en la ciudad de Nápoles.

Tras el traslado de la estación del ferrocarril a la calle Játiva ganó en su recorrido por la construcción del edificio de la Telefónica que ocupaba una parte de viejo enclave ferroviario, mientras que su anchura seguía siendo inferior a la convergente del Paseo de Ruzafa con el que formaba el muy concurrido chaflán de Casa Balanzá. 

En la foto vemos su aspecto desde la calle Játiva con sus viejos edificios todos desaparecidos tras la remodelación de la zona en la década de los treinta.

sábado, 17 de octubre de 2015

EN LA CALLE CONDE DE ALTEA

Archivo Municipal 


El domingo 23 de junio de 1923, en unos actos que se iniciaron a las once horas, una comisión municipal presidida por el Alcalde D. Juan Artal, formada por los Sres. Cardona, Rosat, Porta y Ballester, con los maceros del Ayuntamiento, se dirigió al domicilio del Sr. Gil Perotín en la plaza Wilson, en el Parterre, donde se hospedaba el Conde de Altea. Ambos se incorporaron a la comitiva, a la que se unieron también  los señores Ibáñez Rizo y Carrau, dirigiéndose a la calle donde se iba a descubrir una lápida que le daría nombre.

Llegados al lugar, el secretario accidental del Ayuntamiento, Sr. Castañeda, dio lectura al acuerdo que daba el nombre de Conde Altea a la calle trazada en paralelo a la Gran Vía Marqués del Turia.

A continuación y a los acordes de la Marcha de la Ciudad, el alcalde descubrió la lápida decorada al estilo por el que se había optado en la calle del Cardenal Reig, dado a “aunar artísticamente la pintura y la escultura cerámica en rica policromía y oro”. Un medallón circular pintado en azul en su centro, recoge un retrato del Conde de Altea, mientras que a los lados, unas alegorías de la Instrucción, Bellas Artes y Trabajo, recuerdan el paso de D. José Jorro y Miranda por las subsecretarías citadas.

Una vez descubierta la lápida pronunciaron una emotivas palabras los Sres. Artal, Gil Perotín por el Notariado, Carrau por el Colegio de Abogados e Ibáñez Rizo, íntimo amigo de quien iba a perpetuar su nombre en la calle del Ensanche.

Finalmente todos los reunidos se trasladaron al domicilio particular de la plaza Wilson donde se sirvió un espléndido lunch, en noticia publicada por el Diario de Valencia dos días después.

miércoles, 17 de junio de 2015

UN NUEVO TRANVÍA EN LA CALLE COLÓN

1947 CA UN NUEVO TRANVIA EN LA CALLE COLON

En 1943 apareció sobre sus raíles el tranvía popularmente conocido como “el pájaro azul", con una codificación que se correspondía con la serie 400.

La calle Colón, uno de los arcos que cerraba la ronda de circulación, fue de las elegidas para que en sus dos sentidos y por el centro de la calzada, el nuevo modelo completara el circuito.

La foto nos traslada a una calle por entonces llamada a ser de las más comerciales de la ciudad, aún vacía, en la que iban apareciendo edificios de mayor volumen en el número de los pares.

La Nueva Torera seguiría gozando por unos años de gran popularidad y los árboles de corta vida iban espesando sus copas para aliviar del calor a los paseantes, todavía escasos.

El Salón de Limpiabotas que durante varias décadas vestiría de elegancia a su numerosa clientela, da vida a un chaflán que en las tardes de toros y horas de teatros se convertía en protagonista especial. Y en los días laborables, la peluquería al lado.

Y aparcados, un coche y un triciclo: uno llamado a inundar las calzadas y el otro a desaparecer de ellas.

¡Cuestión de tiempo!

martes, 5 de mayo de 2015

POR QUÉ SU NOMBRE, EL DEL TRINQUETE DE LOS CABALLEROS


 
la pilota valenciana

Años 80 - Su nombre le viene de antiguo y ya desde el siglo XVI se conocía la calle por la del Trinquete de los Caballeros. La afición por la “pilota valenciana” en la Valencia renacentista alcanzaba a todas las clases sociales, en un juego que ya era conocido con anterioridad. En su homenaje y por la condición nobiliaria de sus vecinos, se introdujo en el nomenclátor de la ciudad, tomando el nombre de trinquete por ser éste el lugar donde se reunían.

Las crónicas de aquellos años nos hablan del impacto que el juego producía entre sus seguidores, llegando a ser prohibido por su inducción a la blasfemia, toda vez que las partidas se celebraban en la misma calle y tan indecorosas voces causaban rechazo en los vecinos.   

El peculiar juego de la pelota en sus diferentes modalidades autóctonas, entre las que destaca la del “raspall” que permite arrastrar, raspar, la mano a ras del suelo para devolver la pelota, goza de gran popularidad, tanto en el “cap i casal” como en los pueblos de la Comunidad con un gran número de frontones a los que se suman las partidas celebradas en aquellas calles que son propicias. 

Calle Trinquete de los Caballeros a la sazón de gran contenido histórico (en esta ocasión nos quedamos con lo anecdótico de su enunciado) al que con su nombre contribuye.

jueves, 16 de abril de 2015

LA CALLE DE PASCUAL Y GENÍS

 1930 pascual y genis
Archivo de Rafael Solaz

“La morera” tuvo su crédito y dio nombre a un barrio cuyo trazado urbano en sus más importantes calles sigue siendo el mismo. Su origen estuvo en una acequia, la del Valladar y su final era zona de huertos ante la muralla cristiana. En un principio, la casa gremial de quienes practicaban el oficio del corte y la aguja, allí ubicada, daría nombre a la calle que recibió el de Cofradía de los Sastres. Era en el seiscientos.
COFRADIA SASTRES

Tuvieron que pasar tres siglos, a finales del XIX en homenaje al valenciano y jurisconsulto Pascual y Genís (que por su celebridad ostentó números cargos tanto en la justicia como en la política) quien con su nombre se rotularía nuestra calle.

Tras el derribo del barrio de Pescadores surgen nuevos edificios. De tal guisa, el chaflán con Barcas, donde en el Royalti los naranjeros con blusón negro iban a reflejar la prosperidad de la huerta valenciana merced a su dorado fruto rumbo a la exportación, entre aroma de café y apretón de manos.

El estilo modernista propio de la época impregna suntuosidad a una calle de por si elegante, con acreditados comercios, en la que el Colegio Notarial da fe con su rica fachada, vecino al lugar donde había establecido su laboratorio el Dr. Ferrán, una antigua casa en la que entre matraces, tubos y probetas había investigado la solución al cólera de 1865.

La imagen nos indica actividad, negocio. Coches y gente se desplazan de Barcas a Colón, como muchos años ha, de “la morera” a la ronda entonces amurallada.

domingo, 8 de febrero de 2015

CALLE ESCALONES DE LA LONJA

 
CALLE ESCALONES DE LA LONJA
Calle Escalones de Lonja, curioso nombre para tan singular vía, que perdió su nombre, por el hacedor de la Lonja, (sí hacedor). Emblemática conexión entre la bulliciosa plaza del Mercado y la no menos bulliciosa, y comercial, plaza del Dr. Collado. Calle recubierta de grandes, grises y pulidas losas, algunas aún originales.

CALLE ESCALONES DE LA LONJA2
Tuvo ésta calle y así la recuerdo finalizando los años cuarenta, dos emblemáticos comercios, que la configuraron y nombre le dieron; en su misma esquina con la plaza del Dr. Collado, la Librería Mariana lugar referente para los escolares y escuelas de hace bastante más de cien años, libros de texto de los de entonces, pequeños de formato y grandes de saber; de los que conservo algunos; donde aquí no se encontrara el libro necesitado, era difícil hallarlo en otro lugar.

La foto de cabecera que cuelgo, un Epítome de la Historia de España, se paró su última página, en la boda de Alfonso XIII, en el ya lejano 1906.

Y enfrente de la puerta lateral de la Lonja, una juguetería de modestos juguetes, la Del Tambor, juguetes de los de antes, donde el niño ponía su imaginación para poder jugar, inventar historias o fantasías, juguetes de madera, hojalata, cartón y poco más, carritos de mano de todos los tamaños, colgaban en su exterior, en lo alto de sus puertas, muñecas con caras de cartón piedra y cuerpo de basta tela relleno de paja, tambores, aros, rojos pianos de madera o xilófonos, pistolas y espadas, y el rey de los juguetes, los caballitos de cartón, de espantada cara, base de madera y de hojalata sus cuatro ruedas; juguetes que todo el mundo podía comprar sin menoscabo de su economía, y que hacían que los niños, fueran muy felices, o por lo menos, decir, cómo con tan juguetes tan modestos, se llenó tanto la infancia de los niños.

Texto: Germán Gómez.

Fotos: Archivo de Germán Gómez

miércoles, 7 de enero de 2015

LOS ESCALONES DE LA LONJA

Joaquin Collado 1972
1972 – Foto del autor Joaquín Collado

La ciudad de Valencia, de la que se puede decir que es plana como la palma de una mano, no está necesitada de colocar escalones para comunicar sus calles, plazas y barrios, al estilo de otros lugares.

La excepción está fijada en la popular calle que vio su luz tras la construcción de la Lonja de la Seda en el siglo XV, conocida en el nomenclátor con diferentes nombres, entre los que por un tiempo figuró el de “Escalones de la Lonja”, por derecho propio ejercido, como lo es el actual y desde 1996, de Pere Compte, el maestro cantero y “molt sabut en l’art de pedres” y creador de aquel “templo de mercaderes”.

Joaquin Collado 1970 1970 – Foto del autor Joaquín Collado

El hecho de que el suelo de la calle esté elevado y al mismo nivel de la Sala de Contratación, se produce fundamentalmente por las bóvedas existentes en los subterráneos de sus casas aledañas, lo que obligó a su colocación, siendo mayor su número de escalones por donde se comunica con la plaza del Mercado.

 Joaquin Collado 1969
1969 – Foto del autor Joaquín Collado

Los “escalones de la Lonja” han sido extensión del mercado, lugar de encuentro, de descanso momentáneo, incluso para los de alpargata con meñique al aire, también para quienes procuran tertulias con bastón, y en especial, un muy buen lugar para quienes dispuestos al cambalache, acudían con sus relojes de pulsera y de bolsillo, mecheros de rasca y gasolina, en una costumbre de mercadillo que tiene su continuidad en el artista callejero que ofrece bocetos de la ciudad hechos a plumilla.

Anuncio Excelsior. Esquina a la Lonja. Años 20
Años 20 – Archivo de Rafael Solaz

La que se conoció como calle de los “Escalones de la Lonja”, con sus losas desgastadas por el constante paseo peatonal. 

Entre idas y vueltas y de plaza a plaza: las del  Mercado y Collado.

viernes, 12 de diciembre de 2014

TRANVÍAS EN LA ESTRECHA CALLE DEL MICALET

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1951 - Esta y otras fotografías se podrán contemplar hasta el día 11 de enero en La Beneficencia, en la exposición dedicada a la etapa 1900-1970 de tranvías eléctricos en Valencia. Anteriormente hubo una muestra sobre los tranvías de tracción animal (1876 a 1925) en la Estación del Norte, y próximamente inaugurarán, anunciada para el Museo de Historia de Valencia, otra sobre la nueva etapa del tranvía moderno en España, que se inició en la capital valenciana el 21 de mayo de 1994 con la línea Doctor Lluch-Empalme por transformación de dos tramos de vía férrea que se habían convertido en un continuado paso a nivel.

En la instantánea, captada por Finezas (Manuel Sanchis Blasco, Valencia 1918-1996) en la calle del Micalet en 1951, se ve que los tranvías pasan tan ajustadamente en los dos sentidos de circulación que los viandantes de las estrechas aceras tenían que estar atentos para evitar que les golpearan los viajeros que, con frecuencia, iban de pie en los estribos y se asían de los pasamanos. Angostura que era mayor que la actual ya que había un edificio en el espacio que ocupan un controvertido jardín y bancos de piedra.

De frente y hacia el puente de Serranos va el coche motor número 93, que fue construido por Carde y Escoriaza de Zaragoza en 1912, y esperando su turno hacia la plaza de la Reina el nº 220, que carrozó Lladró, Cuñat y Cia. de Almàssera (Valencia) en 1926 sobre un moderno truck Brill Birney 79E. Los doscientos fueron los mejores tranvías de dos ejes de Valencia por sus condiciones de marcha y estabilidad.

El 93 está realizando el trayecto nº 11 entre Patraix y la estación Pont de Fusta, mientras que el 220 el itinerario 6 entre los barrios de Sagunto y Ruzafa. La línea 6 fue suprimida el 12 de diciembre de 1966 y la del 11, que Saltuv unió con la línea 9, el diez de diciembre de 1967, primer día sin tranvías por el interior de la Valencia más antigua.

Todavía fue más llamativo cuando metieron coches de bogies en las líneas 9 y 11 por las calles Serranos, Caballeros y la plaza de la Virgen, y verlos girar contorneando el Micalet.

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La exposición de La Beneficencia está compuesta por un restaurado tranvía tipo zeppelín con el nº 407, construido en Valencia en 1946, y fotografías de los diferentes modelos originales y reformados que circularon por las calles y plazas de Valencia y en recorridos suburbanos que llegaban hasta El Grao, Cabanyal, Nazaret, Silla, Torrent, Manises, Burjasot-Godella y La Pobla de Farnals.

Esteban Gonzalo Rogel.

sábado, 25 de octubre de 2014

CALLE DE SAN VICENTE

calle de san vicente

Ca. 1905 - El coche aún no se ha adueñado de las calles. Es en un día de fiesta, con sus ventanales engalanados, cuando el peatón, convertido en el protagonista de una instantánea que por sí sola brilla, refleja el deambular de la sociedad de una época en los comienzos del XX. Un niño con babero y gorra, muestra el mismo semblante de un señor mayor, también con gorra, pero con el bastón de los años que nunca se detienen.

En la foto se observa vida. Trasiego humano en la siempre concurrida calle de San Vicente, con la de Derechos a la izquierda, con toldos y farolas en un día invernal. Señoras de largos faldones que se desplazan sobre un suelo adoquinado, aún no desgastado por una motorización que años después desplazaría hacia las aceras al tranquilo peatón.

Los sombreros en damas y caballeros pasean su porte y distinción, y el gentío se desplaza en sus inquietudes a través de una calle siempre elegante, merced a sus edificios de suntuoso acabado. 

Una línea de traca en lo alto nos confirma la rica tradición de la pólvora con su ruido, que llegado el momento darán mayor vida a la foto. 

miércoles, 9 de julio de 2014

LA CALLE COLÓN, CARROS Y TRANVÍAS.

1957 calle colon

1957 - Carros, carros en la calle Colón tirados por caballos en una y otra dirección, y poco más de cuatro coches. Raíles de tranvías que se cruzan y gente al paso, sin cebra de peatones al que obligarse. 

La Nueva Torera se anuncia en el chaflán y la cristalería Prats, cercana, refleja a los peatones su aspecto más estrambótico al gusto de cada cual, tanto en cuanto adelgaza su figura a lo Stand Laurel que la recrea gruesa a lo Oliver Hardy. Espejos cóncavos y convexos eran como un espectáculo callejero y gratuito que hacía las delicias a quienes deseaban cambiar su aspecto.

Nuevos edificios anuncian la desaparición de unos balcones que aún mantienen su uniformidad, y la catenaria indica la ruta de los tranvías donde vemos al 6, con su veraniega jardinera, dispuesto a torcer hacia Ruzafa. El cinco, que se adentra en la calle, fiel a su constante circunvalación por la ronda fruto de la antigua muralla cristiana, se cruzará a escasos metros con el del mismo número que viene de la puerta del Mar. 

La actual calle de Colón, comercial y concurrida, ya de una sola dirección, nada tiene que ver con aquella de 1957 que nos muestra la foto. Pero igual sucede con la ciudad, entonces provinciana, que ha ido cambiando su piel con el transcurso de los años. Para bien o para mal: como los tranvías de entonces, opiniones enfrentadas discurren por la ciudad. Antes sin semáforos y hoy con pasos obligados.

martes, 21 de enero de 2014

LA CALLE SAGUNTO

Calle de Sagunto, ca. 1915

Archivo de Rafael Solaz 

1915 - También fue conocida como “carrer de Morvedre” la actual calle de Sagunto que cuando tras la Reconquista y con el repoblamiento de la zona, era como la “calle mayor” del que fuera arrabal de la Alcudia, por donde un largo tiempo después se encaraba al puente sobre el Turia para que el caminante de la serranía se adentrase por la puerta sita bajo las torres de Serranos, en su camino hacia el “cap i casal”.

En su caminar, había dejado atrás el Hospital de San Lázaro y los conventos de San Antonio Abad, San Julián, San Pedro Nolasco y el de Santa Mónica, agustino, donde en 1902 la Iglesia terminada en 1691 con advocación a la Santa y como madre de San Agustín, recibió la consideración de Parroquia con el nuevo nombre de El Salvador y Santa Mónica.

Con el derribo de algunos de ellos se fueron construyendo años más tarde edificios con un tramo como el que vemos al comienzo de la calle, en una foto tomada desde el campanario de Santa Mónica, construido en 1915, fecha de la foto, donde de la misma calle nada se observa en la actualidad.