Mostrando entradas con la etiqueta Calles desaparecidas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Calles desaparecidas. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de marzo de 2022

LA LLAMADA A SER LA CALLE MÁS BONITA DE VALENCIA


 1878 - De la Plaza de la Reina al Parterre 

En la Valencia amurallada anterior a 1865 la salida natural hacia el marítimo era desde su inicio a través de la calle del Mar, en un trazado urbano desde la plaza de la Reina, con su horizonte dirigido a la puerta junto a la Aduana, para cruzar después el río Turia por un puente próximo, manteniéndose el nombre del Mar tanto para éste como para el citado portal que facilitaba el paso bajo la muralla cristiana. El camino al Grao era la prolongación a una ruta iniciada en el corazón del cap i casal.

En la recta final del XIX se vislumbraba la aparición del automóvil y el trazado de una calle más amplia y recta era de necesidad.  

Línea recta que desde la misma plaza la Reina, entonces centro neurálgico de la ciudad, comunicara con la Glorieta para que a través del Llano del Remedio se alcanzará el puente del Mar.

El solar del derribado convento de Santa Tecla iba a ser el comienzo de la nueva calle de la Paz hasta la calle Luis Vives en su primer intento, y que años después, tras el derribo de una vieja retícula urbana alcanzaría el Parterre, lo que iba a suponer la aparición de la que con el tiempo es considerada como "la calle más bonita de València".

Así pues dejamos en el olvido la calle Horno de la Seca, los conventos de Santa Tecla y San Cristóbal, las calles Gallinas y la de Ave María.  Y como punto final de nuestra calle la Paz, se sitúa una vez pasada la perpendicularidad de la calle Bonaire que en la actualidad perdura. Las calles Embort y  Paraíso se sumaron a las del olvido. Mientras que la del Torno de San Cristóbal, en la actualidad Ruiz de Lihori. 

Una antigua retícula urbana que por la acción de la piqueta, siempre dispuesta, en esta ocasión para facilitar la conexión desde el centro histórico con su exterior, cuando la modernidad lo exigía.

miércoles, 22 de diciembre de 2021

EL HUMILDE COBERTIZO DE SAN PABLO

Poco se puede decir de este conocido lugar por el que durante siglos pasaron los habitantes de la ciudad pero sin más trascendencia conocida que esa, la salida de una calle a otra, y que acabó como suelen acabar muchos otros, las ciudades quieren modernizar sus calles. 

Si nos vamos al siglo XV, unas cuantas historias discurrían en varios lugares cercanos entre sí. Se alzaba intramuros el convento de San Agustín, y muy cercano a él, el Colegio de San Pablo y el Hospital de María Santísima, también llamado Hospital de Beguines.

También había una plaza, la Plaza de San Pablo o del Hospital de San Pablo. 

Pues bien, en el año de 1484 una señora llamada Leonor de Próxida, que era una viuda condesa de Anverse, y que tenía su casa junto al hospital, solicitó a los Magníficos Jurados de la ciudad le concedieran permiso para hacer una bóveda de 38 palmos desde su casa hacia la parte del Hospital de Beguines, elevando la pared todo lo necesario, a la vez que pegando a éste la pared que se apoyaba, y sin impedir el libre tránsito, tomando el nombre del edificio al que se adhería. 

Y sin más, fue derribado en 1955.

Texto de Amparo Zalve Polo

lunes, 17 de mayo de 2021

LA CALLE ZARAGOZA HACIA SU DESAPARICIÓN

 

Archivo Municipal

Finalizaba la década de los cuarenta y en su avanzar por los cincuenta, la calle Zaragoza se despellejaba entera. La piqueta, inasequible a la ordenanza municipal, aunque a paso lento, cumplía con su misión demoledora.

La plaza de la Reina, dispuesta a convertirse en la gran antesala ante el Micalet, hambrienta de superficie, iba a dar el estoque final a una de las calles más singulares de la ciudad. Calle que en su orientación curvilínea ante la Seo, bien pudiera haber condicionado a Konrad Rudolf hasta el punto de que su puerta barroca, de cóncavo frontal y en su eje vertical, quedara éste orientado hacia el central de la calle.

La foto nos habla de la ciudad en los primeros años de los cincuenta, con Almacenes las Columnas en orgulloso rótulo, que nos indica la amplitud de su establecimiento, situado en los número 3 y 5, que contrasta con el anterior donde vemos el anuncio de "HIGOS".
  
La gente, de lujosa vestimenta, va y viene en su caminar a la Catedral.

La amplia y nueva plaza de la Reina esperaba su "momento inaugural" que llegaría tras los últimos derribos de 1963, al tiempo que la calle Zaragoza quedaba escondida en el baúl de los recuerdos urbanos del cap i casal.

martes, 28 de abril de 2020

DE PASEO POR LA CALLE ZARAGOZA

Biblioteca Valenciana - Ca 1909


Eran las diez de la mañana y la luz del sol ya iluminaba plenamente la erguida torre de Santa Catalina. Faltaba casi una hora para que la campana anunciara los tres toques del Oficio Divino de las once. 

La reducida plaza que formaba el cruce de las calles San Vicente, con la calle de la Paz y la calle Zaragoza era ya  un ir y venir de gente que en todas direcciones acudía al mercado, a la Plaza de la Virgen, visita obligada de los martes, o para recorrer los distintos comercios de calidad que hacían del lugar la zona bulliciosa en que se había convertido.

Muchos de ellos,  desde su llegada a la estación, recorrían la de San Vicente hasta llegar a la calle más novedosa de la ciudad, y digo novedosa porque en sus comercios se podían encontrar las últimas marcas de París, sobre todo, además de las de fabricación alemana e incluso austríaca. Era la calle comercial por excelencia, por donde aún no había comenzado el paso de los tranvías. 

El paseo comenzaba desde la pequeña Plaza de la Reina, en la esquina con la placita de Santa Catalina. Ahí llamaba la atención “Optica Crumiere” dotada de grandes escaparates, ofreciendo todo tipo de lentes y accesorios, claro que pronto le haría la competencia la de “Lubat” a pocos metros.

Unos dos o tres bajos más, "Almacenes Las Columnas”, que tenían un buen surtido de alfombras y donde las mujeres podían aprender a tejer tapices (tejer, coser y bordar era cosa de señoras).

Sobre todo la zona izquierda de la calle es la que tenía los comercios más destacables, aunque la parte derecha tenía otros tantos.

No puedo olvidarme de “El Diluvio”, tienda de abanicos japoneses, carteras y paraguas, y también otra para la competencia que era “Abanicos Colomina”, dotados de plumas de marabú y encajes de Bruselas.

Si de perfumes se trataba, la perfumería “El Buen Tono” ofrecía los más afamados perfumes franceses y las más suaves borlas de plumón de cisne para empolvar las mejillas y la nariz. La peluquería "Boví" completaba la belleza femenina.

Para el que buscara lectura, podía acudir a la librería “Chiriella” , que además de buen surtido librero ,tenía especialidad en venta de catecismos y cuentos para los niños. O si buscaban mapas mudos, entonces ya tendrían que entrar en la papelería “Matías Real”.

Hasta el artista pintor en “Casa Nicolás” encontraba todo tipo de artículos de Bellas Artes.

Los muebles de “Casa Janini” de origen austríaco, sin olvidar tampoco las exquisitas joyerías.

Tomo un respiro, pues no me caben tantos comercios en un trazado de calle de no más de ciento cincuenta metros hasta llegar a la Puerta de los Hierros de la Catedral. 


Bazar Giner - Archivo Rafael Solaz - 1915

A mitad de calle salía al encuentro el “Pasaje Giner” y junto a él en el número 11 de la Calle Zaragoza, el afamado “Bazar Giner”, cuyo nombre es el que dio posteriormente al pasaje. Gramófonos y discos entre otras cosas que pudiese ofrecer, o sea, de todo. Muñecas autómatas de porcelana, importadas de Alemania y Francia. Bazar de D. Vicente Giner, que a su fallecimiento lo regentó su viuda, y que tras su cierre dio paso a otra tienda muy popular: “Almacenes España”.

Una vez recorridas las tiendas podemos continuar el paseo por las calles de alrededor que derivaban de la Calle Zaragoza. (Tenemos plano).


El recorrido,  total, no eran más que tres cortas calles, tres manzanas de casas que luego con su derribo darían lugar a la actual y espaciosa Plaza de la Reina.

Tan solo hacía falta desviarse después del pasaje, y a la derecha, por la calle Borriol, llamada así porque allí se encontraba la casa solariega de la familia de la baronía de Borriol.

Y si nos desviamos por la siguiente, entraríamos en la Calle de la Puñalería, lógico que se llamara así porque ocupaban sus bajos artesanos de puñales, escudos, y espadas para los nobles valencianos. Ambas calles desembocaban en la parte que enfrentaba a la calle Zaragoza, que era la Calle Campaneros, y confluían ambas junto a la Catedral en la Plaza del Miguelete.

Este era el paseo que se podía hacer en lo que es considera el punto cero de la ciudad de Valencia y que desde allí enfoca la numeración a las calles.


                                          Biblioteca Valenciana - Ca 1955

Pero como se quería una gran plaza, epicentro de la Valencia antigua, comenzaron los derribos de las tres manzanas, empezando en 1944 por las más alejadas de la Catedral, hasta que en 1963 ya no quedó ninguna y la Catedral de Valencia junto al Miguelete tomaron todo su esplendor.

En otra ocasión pasearemos por la parte de enfrente.

Texto de Amparo Zalve Polo

martes, 8 de octubre de 2019

LA CALLE DE NA ROBELLA


Con la llegada de la República el nombramiento de un nuevo alcalde no podía sorprender a nadie y Agustín Trigo Mezquita del Partido de Unión Republicana Autonomista tomó las riendas de un consistorio que se enfrentaba a nuevos retos, justo dos días después de la implantación del nuevo régimen.

Hacía más tres años, marzo de 1928, que el nuevo Mercado Central había abierto sus puertas, lo que supuso una radical transformación en todo su perímetro urbano, que aún sería de mayor calado en la siguiente década.

Dos circunstancias ocuparon la agenda del nuevo alcalde centradas en la calle de Na Robella, con anterioridad denominada como Molino Robella, de cuya problemática se hizo eco el periódico El Pueblo. Y así,  en agosto de 1931, se denunciaba por la prensa el cambio de su nombre.  

En su defensa, el Alcalde Agustín Trigo salía al paso informando que había sido una decisión de la antigua alcaldía que había encargado los nuevos rótulos, y que él había ordenado su colocación una vez recibidos. No obstante se estaba a la espera de un nuevo informe del cronista Luis Cebrián para su consideración.

Pero mayor perjuicio para los vecinos fue lo que ocurría en la calle de Na Robella, cuando todas las noches, antes de la una, se concentraban las huertanas ante la puerta del mercado para formar una larga cola con un saco de paja donde dormir, o sobre el duro suelo, con el objetivo de lograr el mejor puesto en el interior al abrir sus puertas tras el amanecer.

Y como muchas de ellas no podían dormir, se pasaban la noche entre gritos, charlas y discusiones, con las lógicas molestias para los vecinos de tan apretada calle, anexa al mercado.

Y este fue el motivo que una comisión de vecinos se presentará ante el periódico El PUEBLO en el mes de noviembre para su denuncia, y con la esperanza de que la misma llegaría al Alcalde.

De inmediato llegó la respuesta por parte del Presidente de la Comisión de Mercados, señor San Vicente, quien dijo que ese turno era obligatorio, por no tener puesto fijo las labradoras, y que lo único que procedía era dar parte a la Guardia Municipal para que guarde el orden en la cola, sin causar molestias a los vecinos.

Las nuevas ordenanzas para el mercado y la desaparición de la calle,  dejaron atrás este pequeño anecdotario resuelto con el paso del tiempo.

martes, 10 de septiembre de 2019

SORPRESA URBANÍSTICA ANTE EL PALACIO MARQUÉS DE DOS AGUAS


La amplia y comercial calle Poeta Querol, céntrica y que lleva el tráfico desde la calle la Paz hasta las Barcas, fue antaño, hasta el final de la década de los cincuenta del pasado siglo,  un conglomerado de callejuelas y plazas que tenían gran encanto, con la existencia de palacios, algún casino, academias y un colegio, con sus esquinas y sus rincones.

La corta y estrecha calle Poeta Querol, la plaza Mirasol, la plaza San Andrés, la calle María de Molina y la calle Canalejas, estaban llamadas a un nuevo y amplio trazado urbano que sería conocido años después como la "milla de oro" de Valencia, con las firmas comerciales más universales.

Pero en su fragua, tuvo lugar una anécdota urbanística que sorprendió a todos.

Un edificio de la calle María de Molina estaba llamado a desaparecer en beneficio del Palacio del Marqués de Dos Aguas.

El inmueble de principio del siglo se derribó en 1957 y el Patronato del Museo había acordado su compra para la ampliación del Palacio. 

Para ello, se acordó pedir un adelanto a la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de 10.000.000 de pts para su adquisición a tercios entre el Estado, la Diputación y el Ayuntamiento.

Y como pasaban los años y el acuerdo no se alcanzaba, la propiedad del solar inició la construcción de un nuevo edificio que llegó alcanzar sus cinco plantas, con su esqueleto concluido y las fachadas de ladrillo ya cerradas en 1967, ante la sorpresa y estupor de muchos, toda vez que la propiedad había puesto como fecha tope del cumplimiento de lo acordado la del 31 de diciembre de 1964.

En presencia de la “razón jurídica”, se impuso la "razón político institucional", y se llegó a un acuerdo que supuso el derribo del inmueble construido y con ello la ampliación del Palacio del Marqués de Dos Aguas, ya en sus funciones de Museo Nacional de Cerámica González Martí. 

Lo que se había quedado en el olvido era la antigua relación de un inmueble decimonónico de María de Molina 4, con la vida del fundador del Museo, Don Manuel González Martí.

Fuente: 50 Años (1954-2004) Museo Nacional de Cerámica en el Palacio de Dos Aguas

miércoles, 21 de marzo de 2018

LA CALLE CULLA


Archivo Municipal


1922 Ca- La desaparecida calle de Culla del distrito Teatro tenía un trazado en ángulo recto que comunicaba la calle Arzobispo Mayoral con la de Juan Lorenzo formando una manzana que a su derribo daría lugar a la más ancha calle del Periodista Azzati, junto al Ayuntamiento, que en aquellos años iba en camino de adoptar su actual configuración, tras las unificación de abigarrados centros religiosos y docentes .

Calle de ordinarios, en ella se concentraban más de una veintena que daban servicio a los pueblos de la Safor, de la Costera, de la Ribera, de la Hoya de Buñol, a Utiel-Requena y otros lugares de la provincia.

Se tiene constancia de la calle Culla desde finales del siglo XVI, sin quedar claro que su nombre tenga relación con el apellido Culla, o bien por la corrupción de la palabra Fulla -hoja- por una morera que existió durante muchos años en la misma calle.

Por su situación, ya trasladada la Estación de Norte a su nuevo emplazamiento y cuando les quedaban muy pocos años de vida, las paredes de los edificios en ruinas en los años veinte eran apetecidos para la publicidad, cuando por el abandono de la zona el "prohibido poner carteles" carecía de sentido.

miércoles, 24 de mayo de 2017

LA DESAPARECIDA CALLE MOLINO ROVELLA

Archivo Municipal

1935 Ca. - Con la construcción de la avenida del Oeste iniciada en los años cuarenta se puso fin a una calle que había permanecido en el nomenclátor de la ciudad desde muy antiguo. Su nombre, Molino Rovella, ya figuraba en el plano del Padre Tosca como continuación de la calle "Sabonería Nova".

Calle por lo tanto desaparecida cuyo nombre se establecía en recuerdo del "Molí de la Sequía de Rovella", allí mismo ubicado, del que se tiene conocimiento en la época de la Reconquista y que tras el amurallamiento cristiano de la ciudad, era el único que existía en su interior, cuyos restos afloraron en el año 2008 cuando se iniciaron las obras para la construcción de la futura línea del metropolitano.

Durante los siglos XVI y XVII el molino albergó la imprenta de Pedro Patricio Rey, de gran producción literaria valenciana. 

Vemos en la imagen de los años treinta una vez construido el Mercado Central (modernista: marquesinas, hierro y cristal en singular armonía) y en primer foco, la rampa de acceso a sus sótanos, y, a la vez, el aspecto que ofrecía la calle Molino Rovella, muy ceñida, de la que se asoma a la derecha la de Juan de Villarrasa. 

lunes, 13 de marzo de 2017

OBRAS EN LA BAJADA DE SAN FRANCISCO - y III


1930 - La obras en la Bajada de San Francisco continuaban a buen ritmo y en el mes de junio ya estaba colocado el bordillo de la nueva acera al tiempo que con los escombros de los derribos se iba aplanando el tramo del alcantarillado ya construido.

Lógicamente las molestias eran muchas, y el Banco de Vizcaya disponía como nueva puerta de entrada la de la calle Moratín. El alcalde Sr. Maestre anunciaba el derribo inminente de la casa de la viuda de Ortega por estar muy adelantada la expropiación. Al mismo tiempo instaba a los comerciantes en activo a que buscaran un nuevo lugar para el emplazamiento de su actividad y se dirigía a ellos en el sentido de que si alguno de ellos estaba a la espera de cobrar la indemnización del propietario, se pusiera en contacto con la alcaldía para asegurar su cobro. Había que agilizar las obras y el alcalde estaba dispuesto a eliminar todo tipo de trabas.

En el mes de Septiembre el alcalde se dirigía al relojero Sr. Carbonell, exponiendo la necesidad de que abandonara el edificio, pues eran de utilidad los escombros para terraplenar su zona. Era el Ateneo Mercantil quien se había comprometido en aquellos días a presentar en la alcaldía la titulación del edificio ocupado por el Sr. Derrey para proceder al abono de la correspondiente expropiación y comenzar su derribo.

El periódico Las Provincias anunciaba el 10 de Octubre y para el día siguiente, el cierre de la Relojería de Juan Bautista Carbonell, que había sido inaugurada justo hacía setenta años,  cuando un 16 de Octubre de 1860, su padre, la había puesto en marcha.

Coincidía también la fecha con la del nacimiento de Juan Bautista, en aquella su casa natal, en la fecha del 11 de octubre de 1868.

Uno más de su rico anecdotario, pues con 62 años recién cumplidos, el famoso relojero de largas patillas se había convertido en el último comerciante de la Bajada de San Francisco, lugar donde había discurrido toda su vida.

domingo, 19 de febrero de 2017

OBRAS EN LA BAJADA DE SAN FRANCISCO - II


El día 4 de enero de 1930, el diario Las Provincias elogiaba la rapidez de las obras para la ampliación de la plaza Emilio Castelar con su nuevo trazado: “ahí está la maravillosa avenida de Amalio Gimeno en su trozo de la Bajada de San Francisco… en menos de un año lo que hay, y seguramente en menos de otro año lo que falta”. Se refería en lo último a la acera de los impares.

Así, el alcalde Sr. Maestre, en el mes de marzo, que había sustituido en el puesto al Marqués de Sotelo, informa de su decidido propósito de continuar los derribos que estimaba debían de comenzar por la parte de la plaza Emilio Castelar, emplazando a una reunión con los directivos del Ateneo para llegar a un acuerdo “con objeto de que sin que sufran menoscabo los intereses del Ateneo, pueda comenzar el derribo por dicho lado”. Al mismo tiempo anunciaba que iba a gestionar con el delegado de Hacienda alguna medida tributaria en beneficio de los comerciantes afectados.

En el mes de abril se anunciaba que en dos meses se iban a ultimar todas las expropiaciones comprendidas entre la calle Barcelonina y el Ateneo Mercantil y que tenía en su horizonte “que en las próximas fiestas de Julio se llegue a la nivelación de la plaza

En el mes de mayo el periódico el Pueblo, pese a reconocer el embellecimiento de la zona con su reforma, criticaba la manera en la que se estaba realizando, toda vez que lo conveniente era llevarla a cabo, pero... “realizadas con método en la forma que sufran comercio, industriales y vecindario, las menores molestias y los menores perjuicios”, pues no era de recibo tal y como se estaba haciendo: “desalojando a tambor batiente las viviendas, presentándose los albañiles con las piquetas para derribar edificios sin dar casi tiempo para trasladar los muebles

Este era el ambiente que se respiraba en la zona donde el polvo y los escombros la hacían intransitable, por lo que Camisería Gamborino, en el mes de junio, anunciaba en la prensa que sus clientes podían entrar en la tienda por la calle Barcelonina, donde iban a encontrar sus artículos con importantes rebajas durante aquellos días. 

Su traslado a la plaza Mariano Benlliure, junto al Pasaje, estaba en marcha.

jueves, 26 de enero de 2017

OBRAS EN LA BAJADA DE SAN FRANCISCO - I

Archivo Municipal

En mayo de 1929 a la redacción de las Provincias llegaban muchas preguntas ciudadanas interesadas por el avance de las obras de la llamada a desaparecer Bajada San Francisco, absorbida por la Plaza Castelar, toda vez que en la acera recayente al Ateneo Mercantil aún no habían comenzado los derribos. 

En el mes de septiembre no estaba completada la acera de los pares, pues el tramo comprendido entre la Calle Rojas Clemente y la plaza Cajeros no estaban finalizados los derribos y el polvo en la zona junto a los escombros -denunciaba el periódico-, representan un cúmulo de problemas para los viandantes, y más aún para los comerciantes, con ruegos al Alcalde para que esté  pendiente de las obras y que se realicen en las “horas que no importunen la venta, así como también se procure no interceptar la calle con los efectos de los derribos”.

Terminaba el año y el alcalde Marqués de Sotelo, a su regreso de un viaje de Madrid, anunciaba que en el nuevo año, concretamente el día 7 de enero, iban a comenzar los derribos de los edificios con las expropiaciones ya resueltas, puntualizando que uno de ellos sería el del industrial  relojero Sr. Carbonell, que luego sería el último.

La Correspondencia era más concreta y en su vespertino del día 11 de diciembre y en su primera página, como Información Municipal, indicaba que “El alcalde ha manifestado que el derribo de la parte derecha de la Bajada de San Francisco empezará por la casa de Vila, en vez de la de Carbonell, a fin de ir rellenando el piso para que la rampa adquiera la elevación necesaria."

En la foto de 1929, finalizando el año, vemos al edificio de Barrachina en su tercera planta, con todo el tramo derribado a la espera de acometer la acera de los impares.

martes, 20 de diciembre de 2016

ADIÓS A LA BAJADA DE SAN FRANCISCO.


En noviembre de 1928 el alcalde Marques de Sotelo se había ido a Madrid con una Letra de Cambio en su cartera de viaje para el Banco de Crédito Local por un importe de 270.000 pts. correspondientes al anticipo de un millón para el pago de las expropiaciones en la Bajada de San Francisco. El proyecto de transformación y ampliación de la plaza Emilio Castelar se ponía en marcha. Y la muy popular y comercial calle, también denominada "Devallada de San Francesc", tenía firmada su "acta de defunción".

Fue así como el 20 de diciembre de aquel año, a las once de la mañana, tal y como vemos en la foto, se iniciaron las obras, siendo elegida la casa número 14 de la plaza Castelar, esquina a la calle la Sangre, como la primera “víctima” donde actuó la recurrida en estos casos “piqueta demoledora”, en un edificio que ya era propiedad municipal. 

Aquel comienzo tuvo la presencia del Alcalde quien anunció para su derribo la rápida continuación en la misma acera hasta la plaza Cajeros, cuyas expropiaciones ya estaban acordadas, teniendo previsto firmar las escrituras antes de finalizar el año. Tramo, de los números pares, en el que se iban a completar los derribos hacia el mes de octubre de 1929.

Desaparecerían así en esa acera entre los más importantes establecimientos: la Sombrería Savall, junto a la que hacía competencia la de Farinós, el Bar Torino, Calzados la Montañesa, Fotografía Casa Cuesta, el callista Bamdemberg, Ferretería Pastor, Peluquería Sales, Relojería Giménez, Oro Pellicer, Postre Martí,  Farmacia Besalduch, La Esmeralda y Restaurant San Francisco, mientras que en la acera de enfrente, esperaban el mismo "trayecto".

Pepe Morata, maestro de obras, muy popular en la ciudad, fue el encargado de llevar a cabo aquel inicio, quien un mes después, en enero, y cuando aún no había terminada su cometido, hizo lo mismo con el próximo de Casa Barrachina, dejando el primer claro en la zona.

En el Ayuntamiento y para conocimiento del público, se mostró la futura perspectiva de la plaza una vez derribada la Bajada de San Francisco.

sábado, 30 de abril de 2016

UN RAYO DE LUZ

Archivo Municipal (Foto de Barberá Masip (1871-1935)

(Con mi agradacimiento a Pep Valencia por el montaje y a Ton Bogaard por brindarme la luz)

1927 Ca. - La foto antigua cargada de historia con la información que nos aporta, en ocasiones, nos invita tan sólo a dejar volar nuestra imaginación. Es el caso de la que nos ocupa, que aunque parezca escondida en la estrechez de su trazado, está llena de vida, de vidas más bien. Destacan por un haz luminoso que estrellado sobre la acera, parte en dos semejantes escenas populares plena de embrujo. Corresponde al instante en el que fugaz se escapa como una “centella” por una calle que casualmente llevaba este nombre.

Luz y sombras dispuestas en una mañana por la que se recrean mentes de infancias ante la atenta mirada de una mujer ante su portal, donde en corrillo vecinal se transmiten las noticias del día.

Archivo Municipal

La farola ya había cumplido su misión en la noche y el indicador de "dirección obligada" ejercerá la suya. 

Escena callejera de nuestra ciudad entrañable, sin prisas ni agobios, cruzada por la nitidez de un rayo de luz que nos fascina.

Mientras las vidas pasan, el rayo de luz permanece, intacto, en su fidelidad al tiempo.

jueves, 26 de noviembre de 2015

LA CALLE CAMPANEROS


Archivo Municipal


Con los derribos llevados a cabo entre los años cuarenta y sesenta la plaza de la Reina dejaba de ser pequeña y triangular a costa de perder en sus flancos dos emblemáticas y concurridas calles: la de Zaragoza, protagonista de entrañables postales, y la de Campaneros, siempre ignorada por el souvenir viajero.

La calle Campaneros hacía esquina a la del Mar, desembocando en la plaza del Miguelete. Por este nombre ya era conocida en 1644, según un bando para la procesión de gracias por la rendición de Lérida al monarca Felipe IV. Posteriormente, por providencia del Almotacén de 20 de abril de 1706.

Calle en la que se alojaban desde tiempo inmemorial varios individuos dedicados al trabajo del bronce, con la construcción de campanas tan requeridas por la Valencia conventual con sus “mil torres”. En la antigüedad fue conocida como de la Corretjería Vella en su trayecto desde la plaza del Miguelete hasta sus primeras cuatro esquinas, y al resto del tramo, hasta la calle del Mar, se le llamaba la Drapería del Li. No obstante,  en una escritura ante José Tudón de 6 de junio de 1651, figuraba como dels  Pochets la calle que nos ocupa.

Vemos la foto de final de los veinte en la que destaca Bordados Bruna, con sus modistas especializadas en toda suerte de fantasías, “sus preciosos modelos en PLEGADOS para adornos. Figurines, vainicas y botones forrados”.

En la calle Campaneros 30, siempre abanderados de la novedad, en un día que se adivina frio.

lunes, 18 de mayo de 2015

LA CALLE DEL GENERAL PANDO


calle general pando 
 
La calle del General Pando tenía su toque de encanto. Corta, pero lo suficientemente atractiva por las casitas de planta baja y arbolitos en sus aceras, con tejados a dos aguas, de teja, y con canalillos de desagüe.

Como patio de butacas, la estrecha calle vio crecer la nueva tribuna del Mestalla, con su “anfiteatro” arriba, al que se ascendía desde la escalera de caracol que nacía a sus pies, cuando poco antes un torrente de aficionados que llegaban desde la Alameda se apretujaban en su recorrido.
 
Pero también fue testigo de la inauguración del nuevo campo de Mestalla en 1923, cuando el Valencia CF había abandonado el terreno de Algirós, toda vez que el grupo de viviendas se había construido en la primera década del siglo XX, junto otros grupos del mismo porte, como lo fueran en la calle Lirio del Grao, en Patraix y por el camino de Algirós, debido a la necesaria mano de obra que demandaba la ciudad por su crecimiento.

La calle del General Pando observó en primera fila las diferentes ampliaciones del estadio valencianista hasta su desaparición, en cuya fase de derribo vemos en la presente foto con motivo de la urbanización de la zona para los “mundiales del 82”, que daría paso a la amplia avenida de Suecia con la nueva plaza del Valencia C.F. en homenaje a su afición.

martes, 17 de marzo de 2015

LA BAJADA SAN FRANCISCO DESDE ARRIBA

1929 vista aerea BAJADA SAN FRANCISCO_PLAZA CAstelar
1929 - Gracias a ésta magnífica vista aérea focalizada en la plaza Castelar, vemos el trazado de la Bajada de San Francisco con toda claridad.

Acostumbrados a su conocimiento mediante la imagen a pie de calle, abierta al claro de un arbolado sobre los kioscos de flores, o a la plaza Cajeros engullida entre tranvías, en esta instantánea su desnivel queda manifiesto por la escombrera ocasionada por los derribos en la acera de los pares.

El que iba a ser conocido como “edificio del porquero”, una vez  asentado en sus cimientos, muestra cual espinas de hierro las que iban a dar solidez a un hermoso chaflán de la calle San Vicente con la nueva Avenida María Cristina que se abriría poco después.

Los monumentos a José Ribera y al Marqués de Campo esperan su traslado a otros lugares de la ciudad. Viajes de piedras y bronces necesarios para dar paso a un proyecto que iba a cambiar por completo el aspecto de la plaza consistorial, pero a un alto precio:

La desaparición de una calle entrañable llamada a formar parte desde entonces del álbum familiar de los recuerdos y para la posteridad: la que fue "la Baixada de San Francesc".

sábado, 3 de enero de 2015

LA BAJADA DE SAN FRANCISCO

1925 ca bajada de san francisco
Archivo Rafael Solaz

1929 - La Bajada de San Francisco que estaba condenada a morir, observamos su inicio desde la plaza Castelar. Junto a la esquina con la calle Rojas Clemente se observa una parte de los últimos vestigios de esta. La fachada del Hotel Valencia, situada en la citada plaza, aguanta el fin de sus días, y mira de soslayo a un suelo de escombros que espera cambiar su aspecto, mientras que en lo alto, a quien espera el palomar es la llegada del “colom” en triunfo.

La Bajada de San Francisco es una leyenda para quienes fascina nuestra ciudad, y con su adiós, cambió de piel aquella Valencia de los felices veinte, abierta a una nueva plaza que busca su destino.

Atrás quedan, en la plaza Castelar, el Café España con su aroma arabesco, la relojería Carbonell con su "cudolet" atento, Gamborino y sus camisas a la medidas, Derrey con sus fotos de familia, la librería Ortega de guías y planos, a la espera de su derribo que, junto a otros entrañables comercios darían paso a Casa Segarra de bizarros zapatos, el Pon Café con reseñas de Brasil y Colombia, el Cine Suizo de jornada matinal, o los Almacenes Rey Don Jaime, en la acera opuesta, que iban a volver a reinar en el nuevo centro comercial de la ciudad.

Al desaparecer la "Deballada" que daría mayor amplitud a la plaza Emilio Castelar y con la recién inaugurada sede del Ayuntamiento, se convertía la zona en el centro de comercial de la ciudad, tras una profunda remodelación de la zona.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

LA CALLE DEL SAGRARIO DE SAN FRANCISCO

    1888 hojalateria sanchis

1888 - La publicidad en prensa de antiguos comercios no sólo nos informa acerca de ciertas curiosidades que por su aplicación en la vida doméstica nos reflejan costumbres en la forma de vivir de entonces -más aún cuando se situaban en lugares céntricos y populares- sino que también aflora el nombre de una calle desparecida, en este caso la así nominada desde la Restauración borbónica, situada en el trazado entre el frontal del “Barrio de Pescadores” y el lateral del viejo Convento de San Francisco, en aquel tiempo en funciones de cuartel, hasta que tras su total derribo se abriera la plaza de San Francisco, que desde 1899 adquirió la nueva rotulación de Emilio Castelar.

1888 sagrario san francisco

Calle del Sagrario de San Francisco,  con anterioridad rotulada con distintos nombres, ya de antiguo se conocía como “del Pont dels Anets” o “dels Martyrs”. 

¡Hasta tinas de baño se alquilaban!
 1888 sabañones

viernes, 26 de marzo de 2010

domingo, 17 de mayo de 2009