Mostrando entradas con la etiqueta Buñolera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Buñolera. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de marzo de 2022

EL OLOR DE LAS FALLAS: LOS BUÑUELOS

Sí, los nuestros, los del agujerito, esos que necesitan arte de buen valenciano para que salgan esponjosos, siempre amasados a mano y que al primer mordisco transmita la sensación de ya ha llegado la fiesta fallera. 

Nos hemos preguntado muchas veces cuando y como empezó este deleite para nuestros paladares. Las teorías son varias. Se dice que en la época romana, del siglo I, existían ciertos dulces que se les denominaba “puñuelos“, de ahí el parecido a la palabra con la que se le llama actualmente. Pero no hay que olvidar que la ciudad tuvo dominación árabe alrededor de quinientos años, y los árabes eran maestros de exquisitos dulces. 

Había uno de ellos que consistía en una masa de harina que se freía en abundante aceite y por último se pasaban por miel caliente. Entenderemos la similitud. 

Pero volviendo a los nuestros, a los de nuestra era, solo hay que remontarse al momento en que el Ayuntamiento dio “luz verde“ al gremio de carpinteros para poder sacar los restos de maderas, y muebles viejos a la calle y así quemarlos en una hoguera, preámbulo de la falla. 

¿Y los buñuelos? Eso era cuestión de las mujeres de los carpinteros. Les gustaba acompañarles sacando un barril de hierro que con carbón y un recipiente que sobre él llenaban de aceite al que tiraban la masa cuando estaba hirviendo. Este festejo no estaba exento de supersticiones: Una ramita de laurel junto al fuego para atraer la buena suerte y durante el reposo de la masa una cruz sobre ella para que salga buena. Los buñuelos se acompañaban de anís para las mujeres y aguardiente para los hombres. 

Los que se les incorpora calabaza llegaron más tarde desde la huerta para aprovechar el producto de la temporada. Hemos cambiado el anís y el aguardiente por una buena taza de chocolate y al humilde  buñuelo original y sencillo por los añadidos como higos, horchata, boniato e incluso vainilla.

Harina, levadura, agua y una pizca de sal, y “no olvidar el agujerito“.

Texto de Amparo Zalve Polo 

sábado, 19 de octubre de 2013

LA BUÑOLERA

Buñolera en la calle Ruzafa 1925

Fuente – Rafael Solaz 

1925 - En la fiesta de las fallas quien ocupa el lugar principal es el monumento de arte e ingenio destinado al fuego purificador que nos induce a liberarnos de aquello que ha sido motivo de crítica acaecido en los doce últimos meses del año, no exenta del toque satírico que el artista fallero crea con sus manos manifestada en la figura del “ninot”. Fiesta a la que hay que añadir muy unida el “entrañable” para los valencianos aroma de la pólvora junto al estruendo de sus “mascletás” y la belleza de sus castillos de fuegos artificiales que con sus palmeras iluminan la noche. Pero hay algo más que durante tan festivos días y con su presencia sobre las aceras, da su peculiar toque gastronómico como refuerzo a las energías perdidas por el largo caminar por las calles de la ciudad: la chocolatera y sus buñuelos. 

Moja sus dedos en el agua de un cuenco, los introduce en el barreño de arcilla repleto de masa y de su interior coge un pellizco para dejarlo caer sobre el abundante y caliente aceite, no sin antes y con las gracia innata de la buñolera, haber introducido su dedo gordo antes de soltarlo con la necesaria maestría para que a su vuelta a la superficie, flote con su agujero central hasta freírse; del que se servirá para que con un palo largo de madera darles la vuelta hasta alcanzar su punto deseado. ¿Qué mejor que el buñuelo para acompañar al tazón de chocolate para reponer la fuerzas? Al tiempo que sus aromas se desprenden por la calle colaborando con su presencia a enriquecer la fiesta valenciana por excelencia, la de las fallas. Todo un espectáculo, que si no lo es de ingenio, sí lo es de arte y gracia que surge de las manos de la experta chocolatera, tal y como nos muestra la foto que si es el centro de la misma, también lo forma el grupo de gente que acude a su disfrute en la popular calle de Ruzafa.