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martes, 20 de mayo de 2025

UN PEDACITO DE HISTORIA ENTRE DOS AMIGOS: SOROLLA Y BENLLIURE


Era la voluntad de Sorolla, la de mirar al mar, en su playa, la del Cabañal. 

Es la historia de una verdadera amistad empeñada de llevar “piedras” de Madrid a Valencia.

Los dos amigos corroboraban su amistad ofreciéndose sus obras mutuamente, Sorolla su pintura, Benlliure su escultura. Así Mariano Benlliure realizó dos bustos en mármol del pintor. El primero fue en 1928 para la The Hispanic Society of América, y otro en 1919 que es el que conservó siempre en su estudio. A este último ya le llegaría su momento para donarlo al Ayuntamiento de la ciudad.


Juntos, los dos, pensaron en un proyecto, construir un palacio de las bellas Artes e Industria. Aprovechando la ocasión de la demolición del antiguo edificio de la Real Fábrica y Escuela de Platería Martínez de Madrid, Sorolla apoyado por su amigo, estuvo interesado en la compra de la fachada, unas columnas procedentes del granito de la Sierra de Guadarrama con la intención de dar rienda a su proyecto. Pero esto no llegó a ocurrir.


  La desaparecida Real Fábrica y Escuela de Platería Martínez de Madrid

Sorolla murió tres años después de la demolición de la Real Fábrica y de la compra.


En la playa del Cabañal y mirando al mar, al llegar el décimo aniversario de su muerte, las columnas lo envolvieron junto al busto que de él hizo su amigo en 1919, pero replicándolo en bronce y a mayor tamaño.

Allí estaban el 31 de diciembre de 1933, para inaugurar el monumento diseñado por el arquitecto Francisco Mora, el hijo de Sorolla, su buen amigo Benlliure y el representante del Gobierno, el Ministro valenciano de Industria y Comercio D. Ricardo Samper.

Un monumento que quedaba solemne, pero la ubicación no era la idónea para impedir el deterioro. El lugar apartado además de los agentes naturales provenientes del mar lo fueron apartando del esplendor del día de su gloriosa inauguración, hasta que la riada de 1957 acabó con él.

Texto de Amparo Zalve

miércoles, 31 de julio de 2024

DOS FOTOGRAFÍAS EN DISTINTA POSICIÓN. FAMILIA GARCÍA Y SOROLLA



Es una fotografía por muchos conocida. Una de las que más demuestran la unión entre la familia García Peris y Sorolla Bastida.

Vamos a investigar el porqué, cómo, y cuándo ocurrió el origen de la fotografía, aunque recreándola ante nuestros ojos no veamos más que una reunión familiar.

El origen de esta familia es lo primero que hay que abordar. Dicen, hablan, especulan entre tres maneras distintas, las cuales voy a citar y que cada cual se quede con la que más le guste.

La primera: El afamado fotógrafo Antonio García Peris, padre de seis hijos, uno de ellos, Juan Antonio García, estudiando Bellas Artes tuvo como compañero al joven Joaquín Sorolla. El hecho de tener esa amistad entre los dos hizo que lo llevara a su casa y presentarle a su padre.

La segunda: El fotógrafo compró un bodegón a un comerciante de objetos usados, interesándose por el pintor que lo había ejecutado, resultando ser el joven Sorolla. Puede ser que se pusiera en contacto con él.

La tercera: Al hijo del fotógrafo le pareció contratar los servicios del pintor Cecilio Plá, a lo que éste o no pudo o no le apeteció retocar e iluminar las fotos para el fotógrafo, y se lo propuso entonces a su compañero de pupitre, Joaquín.

Cualquiera de las tres teorías pudiera ser; el caso es que ya presentados, fotógrafo y pintor, entablaron una perfecta relación y unieron lazos de sangre a través de la boda entre una de sus hijas con el joven pintor.

Tras esta introducción ya vamos al año 1907. Joaquín Sorolla Bastida, siendo ya un reputado pintor, regresó de uno de sus viajes de exposición en Berlin y Colonia y se detuvo en Segovia para pintar los Jardines de San Ildefonso. Al acabar ya era otoño y llegó a Valencia realizando obras de la Malvarrosa y el puerto. Al llegar el mes de diciembre, como es lo habitual en las fiestas de Navidad, la familia Sorolla las quiere pasar en casa de sus padres adoptivos, que tanto habían hecho por él y su hermana al fallecer sus padres cuando muy de pequeños la epidemia de cólera acabó con sus vidas.

Uno de los días lo pasan de celebración para unir las dos familias, la del fotógrafo y la del pintor, y de ahí la fotografía en la casa del fotógrafo, en la entonces Bajada de San Francisco, número 10

Antonio García Peris era un buen fotógrafo y gracias a su técnica tan depurada ha podido conservarse esta fotografía en el estado que está. No obstante, gracias a la tecnología de hoy en día, y para la exposición de 2017 ”Sorolla y su paraíso” se restauró digitalmente. Se le dio nitidez a la imagen trabajando las densidades de luz para obtener todos los detalles de la escena.

Es una foto, aunque bien podría ser un cuadro del pintor. Una fotografía en la que los componentes sabían posar, y así lo hicieron, como una escena íntima familiar.

En la misma celebración se hicieron dos tomas diferentes, con cambios de lugar. La digitalización de la fotografía en color que encabeza el texto, muestra hasta el mínimo detalle.

Alrededor de una mesa, en la que parece las plazas sean las justas, se muestran los invitados que parece que se habían servido infusión o café, dependiendo del tamaño de la taza. La mayor parte sentados. Una lámpara de gotas de cristal daba el punto de iluminación y sobre la repisa del Hogar aparece un reloj de bronce entre dos jarrones chinos. Un paraban de estilo oriental separa la estancia en dos zonas. Paisajes de mar adornan la pared de tela de seda.

Una bonita mecedora para Joaquín que con unas cerillas trata de encender un puro pareciendo absorto de cualquier conversación. Tres mujeres tras él, de izquierda a derecha, su hermana Concha, su cuñada Pepita con delantal blanco, y su esposa Clotilde, que parecen comentar sobre el contenido de las tazas, a lo que Antonio García mira con interés permaneciendo en pie. Parece que en conversación distinta está la esposa del fotógrafo junto a éste, con semblante risueño junto a la tía Isabel, madre adoptiva de Sorolla, hermana de la madre biológica del pintor. Siguiendo orden viene el cuñado, que bromeando podría decir “el que no falla en ninguna celebración”, sólo como para hacer la foto más familiar. Haciendo el vértice de la mesa ovalada, el hijo de Sorolla, que en ese momento tenía 15 años. Al dar la vuelta, por delante, y al lado de su hermano, la hija mayor del pintor, María con 18 años, y a continuación de esta y mirando con complicidad a su hermana la pequeña del matrimonio de 12 años. Hay que decir que en la fotografía Sorolla y su esposa llevaban 20 años casados.


En la segunda fotografía que permanece sin digitalizar en el Museo Sorolla, como ya he comentado antes, la alteración de los puestos es evidente. La mecedora la ocupa la cuñada de Sorolla e hija de García, mientras que su marido está de pie junto al pintor. El fotógrafo le ha quitado el sitio a María, y María le ha quitado el sitio a su hermano Joaquín.

Imagino que ya no se mirará esta fotografía de refilón, porque como todas, hay que afinar la agudeza visual para entender muchas cosas aunque no hablen.

Texto de Amparo Zalve

jueves, 15 de septiembre de 2022

IGLESIA DEL COLEGIO DE SAN PABLO EN LOS LIENZOS DE SOROLLA

 

"Iglesia de Valencia" - 1893 - Museo Sorolla. Madrid              

Lo que está claro es que hubo una relación muy cercana de Sorolla con el Colegio de San Pablo (actualmente Instituto Luis Vives), su iglesia y su Capilla Honda. Sobre la infancia de Sorolla poco se conoce, pero sabiendo de la proximidad de donde vivía, probablemente asistiera a la Escuela Normal que en ese tiempo tenía su primera sede en Valencia en uno de los locales del Colegio de San Pablo desde 1845, hasta establecerse en sede propia. Por otra parte el colegio también tuvo un centro de la Escuela de Artesanos, y aquí si se sabe que acudía allí mientras trabajaba con su tío en la cerrajería .

Los zócalos cerámicos, el enmarcado de los lienzos, los retablos y las rejas se ven reflejados en los cuadros de Sorolla con escenas ambientadas en esta iglesia durante la última década del siglo XIX.

La primera muestra se refleja en la obra del encabezado, cuyo título es "Iglesia de Valencia". Se trata de una vista de la iglesia desde la Capilla Honda. Un cuadro de la Inmaculada decora la pared recogido entre columnas con decoración vegetal. A su izquierda un gran lienzo de Cristo camino del Calvario sobre el inicio de la escalera con barandilla para subir al púlpito. Curioso es que Sorolla sustituye por una reja sencilla la entrada a la Capilla Honda, cuando en otras ocasiones pinta la ornamentada como veremos a continuación.


"Mesa petitoria" 1892. Museo de Bellas Artes de Bilbao

Unas filas de bancos de madera acogen a feligreses ante el barroco altar mayor de la iglesia, algunos llevan un escapulario que tal vez acababan de adquirir en la mesa petitoria atendida por unas señoras tocadas de mantilla negra y donde capta el momento en el que un hombre de capa marrón deja unas monedas en el platillo metálico, quizás adquiere una estampa, un escapulario o una medallita. La pared izquierda la adorna un gran lienzo con marco dorado del que en la parte baja sale un candil.

"El resbalón del monaguillo", 1892.Reproducción fotográfica. Paradero desconocido

El sacerdote se levanta repentinamente de su sillón de forma alarmante a la caída del monaguillo por los escalones magullados a la derecha. A la izquierda, sobre un pedestal una imagen de la Virgen de los Desamparados arreglada por una mujer con el traje de valenciana. Parece que la otra mujer también sale alarmada ante la caída.


" El beso de la reliquia", 1893.Museo de Bellas Artes de Bilbao

Lo más destacado es el fantástico armario relicario, que parece ser que era el de la izquierda, de dos que estaban en la misma pared. Esta escena se desarrolla en el interior de la Capilla Honda de la iglesia.


"La primera comunión de Carmen Margariños". Sin fecha exacta. Colección particular 

A este lienzo no se le puede poner una fecha determinada, si la de su venta para quien lo encargó, y fue en 1896. Parece ser que fue el abuelo de la comuniante, que se ve a su derecha junto a su esposa a la salida de la Capilla Honda. Esta duda en la fecha se podría resolver analizando otro lienzo que se encuentra inacabado, que tiene parecidas dimensiones, fechado en 1892, que parece encargado por la misma persona. "Interior de una iglesia", parece que causó descontento en Margariños, de ahí que esté inacabado y solo fue entregado el primero en la fecha que corresponde a la entrega. Pudiera servir una carta que en esa época envió Sorolla a su amigo Pedro Gil Moreno, en la que comentaba que estaba terminando dos cuadros: " los dos cuadritos los estoy terminando y no quedan mal, el otro es molesto por la poca luz que tengo en la iglesia".


"Interior de una iglesia", 1892

Hay detalles que se hacen ver en relación con otros cuadros de la iglesia: Uno de los monaguillos se parece al del "Resbalón del monaguillo", así como la puerta de forja y el cepillo que soporta destinado a la Virgen del Carmen. En el interior de la capilla se ve el mismo confesionario que en el lienzo inacabado, que por cierto aún se conserva. 


"Duelo", 1892. Museo Sorolla . Madrid

En interior de la Capilla Honda. Al fondo izquierda la puerta que comunicaba con el claustro.


" En la sacristía", 1893. Museo Nacional de Bellas Artes de Argentina

Situada a la derecha de la Capilla Honda. Dos sacerdotes encendiendo un cigarrillo. Fijémonos en el cartel sobre la pared de la derecha: "Se prohíbe fumar en la sacristía". El gran lienzo central contiene la representación de San Pablo, y sobre el mueble cajonera, bajo este, una cruz de grandes dimensiones, junto a demás objetos propios de una sacristía.

Concluimos que ir fue, a la vista está, sin saber como y cuando antes de pintar estos lienzos.

Texto: Amparo Zalve

domingo, 28 de noviembre de 2021

LO QUE SUS OJOS VEN

El joven que estaba estudiando en la Escuela de Artesanos de Valencia entre 1876 y 1879, cuando tenía de 13 a 16 años, haciendo copias de otros dibujos, preparándose allí para las siguientes etapas pictóricas en la Escuela de Bellas Artes y después en el pensionado de pintura de Roma de la Diputación de Valencia en 1884

Un joven Sorolla que pronto supo que cuando las cosas llegan a nuestros ojos no llegan de forma definida, sino alteradas por el ambiente y la luz que las envuelve.

Estableció su residencia en Madrid, aunque los veranos volvía a su tierra para pasarlos con su familia con la que disfrutaba junto a la orilla de la playa de la Malvarrosa, sirviéndose de ellos como inspiración de muchas de sus obras. Disfrutaba tanto de ello, que a diferencia de otros de sus cuadros, estos debían de permanecer en su casa, no separándose de su Mediterráneo que plasmó de manera irrepetible. 

Imaginemos a  Sorolla a pie de playa durante horas, siempre vestido de forma elegante, de traje y sombrero. Un enorme caballete de campaña que clavaba en la arena y sujeto con piedras, la mayoría de veces se llevaba un  enorme lienzo, protegiéndose del sol con sombrillas y paravientos a pocos metros de la orilla. 

Aún sin terminar su formación, con la edad de diecisiete años, uno de sus primeros cuadros fue “Marina”. Buscaba su estilo con esta pintura, sabía que su predilección era su mar Mediterráneo. Es un lienzo de tonos grises, ocres y azules, de atmósfera tranquila y melancólica. Muy lejano todavía de los imponentes lienzos con el predominio del blanco y colores brillantes que caracterizan su obra. 

Amigo suyo, Vicente Blasco Ibañez, aseguraba de él: “Valeroso soldado de la pintura que como si fuera una salamandra, se pasa el día entero entre la arena que vomita llamas”. 

De la primera época de sus pinturas en la Malvarrosa, antes de 1906, podría destacar:

"Cosiendo la vela" de 1896, la gran tela de la vela de un velero ocupa la mayor parte del cuadro.  Figuras de mujeres jóvenes de pie que se ocupan de sus remiendos y otra sentada. Un hombre con sombrero les ayuda a desenmarañar la tela, y otro de mayor edad al fondo que examina el trabajo. Todo ello cargado de luz que atraviesa las flores y hojas de una enredadera.

"Comida en la barca" 1898, exalta la dura labor de los pescadores en el momento de reposo, al comer en la barca. Están compartiendo un cuenco de comida común. Antepone el color al dibujo, mostrando las figuras empastadas. 

"Triste herencia" 1899, la polio había estado azotando la región durante esos años y quiso hacer un alto para retratar un grupo de niños a los que les iba bien los baños de mar, bajo la supervisión de un monje. Nunca volvió a pintar un tema tan real y controvertido. 

"Sol de la tarde" 1903. muestra la bravura del Mediterráneo y los brillantes reflejos de la luz del poniente. Estamos ante una imponente vela que absorbe la luz del crepúsculo y que la proyecta. La fuerza de los bueyes en la reciedumbre de la pesca del bou.

"Verano" 1904, la iluminación del atardecer en el mar es lo que inunda la escena, creando sombras coloreadas en las telas blancas de las ropas de los niños. Una madre sujeta al más pequeño que se tapa los ojos del reflejo del sol. Los demás se ayudan de las manos. 

Algo más tardío, de 1908, es un cuadro que no puedo dejar de poner, ya que es el que siempre me ha llamado la atención personalmente: 

"Idilio en el mar", con él ensayó el desnudo del niño en el agua. Muestra la afectuosa relación entre ambos muchachos iniciando la pubertad. Su vista de la imagen desde arriba, con pinceladas largas y ondulantes indicando el movimiento del mar, con pintura muy diluida, incluso dejando ver la trama del lienzo para sugerir que el agua casi no cubre la superficie de la arena, dejando los tonos más empastados para los cuerpos y darles brillo. 

Para Sorolla el Mediterráneo se compone de pinceladas horizontales con reflejos violetas, azules, e incluso los ocres de la arena. Expresaba con gestos rápidos la fugacidad de los niños en la playa.

Texto de Amparo Zalve Polo

jueves, 25 de junio de 2020

PINTAR Y AMARTE, ESO ES TODO. -¿TE PARECE POCO?

Una verdadera historia de amor la del pintor Joaquín Sorolla y su esposa Clotilde, que no superan las novelas románticas. La Clotilde de Sorolla lee, duerme, pasea por la playa, se desnuda, posa, se pasea por el jardín, en la cama al tener su segundo hijo, se muestra en un ambiente social en la Granja de San Ildefonso, en Biarritz y en la Malvarrosa.

Son niños los dos y ya se conocen. Él tiene un amigo, Juan Antonio, que es hijo del fotógrafo Antonio García, afamado en la época valenciana. Hermano mayor de Clotilde y compañero en la Escuela de Bellas Artes de Valencia. Tal fue la amistad que pronto se pondría a trabajar en el estudio del fotógrafo, coloreando las fotografías. Esa relación entre los dos aumentaba cada vez más, las continuas visitas a su casa y la relación con su padre y hermano.


1884 - Perfil de Clotilde

Pasaron una temporada separados cuando Sorolla marchó a Roma desde 1885 hasta 1887. Hay que tener en cuenta que los viajes eran más espaciados en ese momento y la frecuencia en que podían verse era menor, pero las cartas sirvieron para mantener el amor, que cada vez era más creciente; tanto fue así que en 1888 regresa a Valencia para casarse con ella. El 8 de septiembre se celebra la ceremonia en la Parroquia de San Martín.


1890 - Clotilde en el estudio

La mujer que sin ser excesivamente bella, dotada de natural elegancia e inteligencia, se convierte en musa, modelo, esposa amiga, confidente y amante del ya afamado pintor.

En cierta ocasión hizo una reflexión haciendo alarde de su inseguridad frente a un hombre de tales características que lo hacían un genio: 

“Quisiera meterme en un rinconcito y allí hacerme pequeñita”, aunque ella misma sabía que lo era todo para él.

Su amor dió fruto a tres hijos, y además de ser la esposa perfecta, igualmente, demostró serlo también como madre.


1900 - Clotilde con sus hijos

Era para Sorolla la mujer que siempre había deseado tener. Se ocupaba de los hijos, de aconsejarle, de preparar las listas de las exposiciones en el extranjero que él tenía que presentar, todo lo que a él le permitiera desarrollar su obra. Cariñosamente a veces le llamaba “Ministro de Hacienda”, ya que llevaba también las cuentas de la casa. Era tal adoración por ella que no necesitaba de otras modelos para sus cuadros, puesto que ella lo era todo para él. Los pocos desnudos que hizo el pintor fueron de Clotilde.

Los viajes de Sorolla por el extranjero hacían que se echaran mucho de menos, y más de dos mil cartas fueron escritas por ambos a lo largo de su historia de amor. Hay que decir que la inseguridad de Clotilde continuó hasta la muerte del pintor, esa inseguridad de sentirse como una hormiga frente a un elefante, de hecho había veces que en las cartas firmaba como "tu fea".


1904 - Clotide en la playa

Vamos a demostrar todo esto con fragmentos de varias cartas enviadas por Sorolla a Clotilde, cartas llenas de sinceridad, unión, pasión y verdadero amor:

-“...sudo de modo feroz, la noche pasada no pude dormir, si al menos te hubiese tenido...”

-”Querida mia, buenas noches, me voy a la cama, solito y triste, por no poderte abrazar”.

-”Qué sola está mi cama”.

Llevando ya veinte años de casados, en 1908: -“Está visto que Dios nos unió de verdad, pues no sueño más que estar contigo, y para ti”.

-”Si bien los hijos son los hijos, tú eres para mi más, mucho más que ellos. Por muchas razones que no hay para que citar, eres mi carne, mi vida y mi cerebro, llenas todo el vacío que mi vida de hombre sin afectos de padre y madre tenía antes de conocerte”.


-“La misma pintura no creo que me compensase si tu no me hicieras feliz, Dios en todo me atiende, muchos y apasionados besos”.

Aunque pasaron los años y la figura cambia, para él seguía siendo la mejor modelo:  -“En casa hasta me molesta que venga gente porque me privan de pasar la vida a tu lado en el estudio”.

En Julio de 1920 el pintor sufre de hemiplegia y ya no pudo pintar más. Ella junto a él hasta su muerte. 

Fallece en agosto de 1923 y hay una tierna fotografía de los dos, pocos meses antes de morir, seguramente la última fotografía juntos .

Texto de Amparo Zalve Polo


sábado, 1 de junio de 2019

SOROLLA Y BENLLIURE

Archivo Municipal

En el año 1900 se llevó a cabo la Exposición Universal de París con la participación de cincuenta y ocho países, al tiempo que tenían lugar los Juegos Olímpicos en la misma capital francesa.

En el marco de aquel evento dos ilustres valencianos fueron distinguidos con Diplomas de Honor por su participación en la que presentaron una muestra de su obra. Sus lienzos y esculturas fueron muy apreciados por los asistentes al certamen internacional.

La Alcaldía del Cap i Casal no podía quedar al margen de aquellas distinciones y en aquel mismo año nombró como “Hijos Meritísimos y Predilectos de Valencia” a Joaquín Sorolla y a Mariano Benlliure. 

No quedó ahí la cosa y en plena Feria de Julio, rotuló con sus nombres las plazas de las Barcas y de la Pelota, respectivamente, con la asistencia de ambos al descubrimiento de las lápidas, invitados al acto cuando se hallaban fuera de la ciudad.


De aquel acto inaugural, Mariano Benlliure recibió el encargo de realizar una placa en bronce con la efigie de Sorolla, mientras que éste sería el autor de otra placa con la imagen del escultor. Placas que tardaría en instalarse y que no sería hasta años más tarde, en el mes de enero de 1907.

jueves, 25 de enero de 2018

SACANDO LA BARCA DE JOAQUÍN SOROLLA.


1968 - Con este óleo, impregnado de esencia marina, del insigne valenciano Joaquín Sorolla Bastida, y la parte superior de un autorretrato, la Asociación de Subnormales de Valencia embelleció en 1968 sus participaciones de lotería para el sorteo de Navidad, que se celebró el 21 de Diciembre. 

Actualmente para esas atenciones sociales está ASPRONA (Asociación Valenciana Pro-personas con discapacidad intelectual).

Participaciones de ocho pesetas en el nº 17.255 que imprimió Gráficas Ronda de la calle Maestro Valls de Valencia, sin coste para la asociación por una gentileza anónima, como sigue ocurriendo en Asprona.

El óleo “Sacando la barca”, fue una escena de género que pintó Sorolla en 1916, y la parte superior del autorretrato es del que se hizo en 1909 y en cuyo pie puso “A mi Clotilde. 1909. Joaquín

El autorretrato está colgado en el Museo Sorolla de Madrid, pero ignoro el paradero de la escena en la playa del Cabanyal de Valencia.

El pintor valenciano Joaquín Sorolla (1863-1923) fue un artista prolífico que dejó más de 2.200 obras catalogadas. Plasmó en su arte los periodos del luminismo e impresionismo.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel
   


sábado, 30 de diciembre de 2017

MONUMENTO A SOROLLA, DIEZ AÑOS PARA SU EJECUCIÓN

Archivo Municipal

En septiembre de 1927 el vespertino La Correspondencia salía el paso de una crítica de Pío Baroja, irrespetuosa decía, hacia la pintura de Joaquín Sorolla para con ello dar urgencia a la construcción del monumento que tras su muerte en 1923 el Círculo de Bellas Artes puso en marcha y que la alcaldía de Luis Oliag había acordado su instalación en la Malvarrosa en base a un busto en mármol que Mariano Benlliure había donado en 1924. 

El mismo diario en el mes de marzo de 1928, anunciaba al contraste con la ciudad de Sevilla que había levantado un monumento al pintor de la luz, mientras que en  Valencia “aún estamos en ello”, entre habladurías más o menos convincentes.

Pasados unos años, en 1931, en el mes de febrero, se nombró una Junta Municipal para su construcción con la promesa de la mayor rapidez. En julio, con la II República en marcha, el Círculo de Bellas Artes dirigió un escrito al Ayuntamiento ofreciéndose para su colaboración más entusiasta, con un toque de atención por la deuda que Valencia tenía con tan ilustre hijo, cuyo busto para el fin propuesto se guardaba en el Museo de Bellas Artes desde hacía años.

Sin embargo no sería hasta el 9 de marzo de 1932 cuando se procedió a colocar la primera piedra para un monumento proyectado por Francisco Mora a situar entre el Asilo del Carmen y la “Casa dels bous”, el mismo lugar donde el pintor creara el famoso cuadro “Triste herencia”. La decisión fue aprobada por unanimidad el 15 de febrero, siendo presidente de la Comisión al efecto el señor Durán y Tortajada, fijando el plazo de seis meses para su inauguración.

No fue así y el alcalde señor Lambies, meses después,  anunciaba que por problemas económicos la construcción del monumento estaba paralizada al no haber presupuesto para su ejecución en aquel año. Tuvo que pasar otro ejercicio para que el concejal Durán y Tortajada anunciará en las primeros días de agosto de 1933 que a finales de verano, probablemente, se estaría en condiciones de inaugurar el proyecto de Mora con el busto en mármol de Benlliure.

Mediados septiembre era, por fin, una realidad el recuerdo monumental al pintor Sorolla en la playa de la Malvarrosa -al mismo tiempo que la prensa se hacía eco de la llegada de los restos de Blasco Ibáñez para el mes de octubre- aunque para su inauguración se tuvo que esperar al último día del año. 

Las provincias del 20 de diciembre, anunciaba para el día 31 a las doce de la mañana la inauguración del proyecto que el Círculo de Bellas Artes había puesto en marcha diez años atrás.

martes, 21 de junio de 2016

VALENCIA A SOROLLA


Colección Manuel Lozano

1933 - El último día del año, domingo, fue inaugurado en la playa de la Malvarrosa el monumento a Joaquín Sorolla del arquitecto Mora con diseño de línea clásica, cuando se cumplían diez años y unos meses de su muerte, ampliamente demandado por la sociedad valenciana desde hacía tiempo, situado justo en el punto donde el insigne pintor fijaba su caballete, lugar del que nacieron muchas de sus obras.

A los acordes del Himno Regional fue descubierto sobre el monumento  un busto de Sorolla, obra de Mariano Benlliure que lo había donado para el mismo, entre vítores y en medio de un gran entusiasmo, para proceder a continuación con elocuentes discursos a cargo de los Sres. Durán y Tortajada, Almenar, Escribá Cantos, Bellver Delmás, Nicolás Primitivo, Tomás Murillo, Armasa,  Ricardo Samper (quienes lo hicieron como representantes de diversas asociaciones valencianas) a los que se sumó el del escultor Benlliure quien tributó grandes elogios al insigne pintor de quien había sido gran amigo y compañero de arte.

Finalmente el alcalde Sr Lambies en nombre del Ayuntamiento dio las gracias al numeroso público que había acudido al acto, así como a las muchas asociaciones culturales, loando las intervenciones que se habían producido.   

El acto terminó con vivas a Sorolla y a Valencia con la interpretación de la Marcha de la Ciudad por parte de la Banda Municipal.

La foto corresponde a unos pocos años después de su inauguración dentro de la década de los treinta con su leyenda "VALENCIA A SOROLLA".

sábado, 27 de febrero de 2016

JOAQUIN SOROLLA I BASTIDA (1863-1923)

Mosaico en su recuerdo en la calle las Mantas

El 27 de febrero de 1863 nace en Valencia, en la calle Nueva —hoy denominada Mantas—, nuestro pintor más universal, Joaquín Sorolla i Bastida. Hijo de Joaquín Sorolla Gascón, natural de un pueblo de Teruel, y de Concepción Bastida Prat, una joven valenciana de 22 años. Su padre, uno más de los numeroso aragoneses que emigró a Valencia en el siglo XIX, tenía una tienda de tejidos en el barrio del Mercat, llamada “Tendeta del sis dits”; una situación familiar muy parecida a la de otro valenciano de gran éxito, D. Vicente Blasco Ibáñez, también hijo de comerciantes aragoneses, quien nació en el mismo barrio cuatro años después.

Un año más tarde nació su hermana Concepción, la familia ya estaba completa. Pero la terrible epidemia de cólera que sufrió Valencia, hizo que Ximet y Concepción quedarán huérfanos a muy corta edad. En 1865, su madre y, tres días después, su padre fallecieron de cólera. Isabel Bastida y su marido, el cerrajero Juan Piqueres Guillén, se hicieron cargo de los pequeños sobrinos, acogiéndolos como sus propios hijos.

Juan Piqueres tenía una forja en el Grao, donde fabricaba herrajes para las embarcaciones y Ximet, desde muy pequeño, acompañaba a su tío para aprender el oficio. Pero el destino hizo que cambiase el futuro del pintor: su entrada en la Escuela Normal de Valencia, marco su vida. Su director, Juan Baltasar Perales, al observar la habilidad del pequeño con el dibujo, recomendó a sus tíos que encauzasen a Ximet hacia las bellas artes, siendo matriculado en las clases nocturnas del reconocido escultor Cayetano Capuz. En pocos años, Joaquín Sorolla i Bastida comenzó a ganar sus primeros premios.

Texto de Mauro Guillén

Fuente: Joaquín Sorolla, viajero de la luz, de Abelardo Muñoz (Ed. Institució Alfons el Magnànim, 1998)

jueves, 8 de enero de 2015

UN TRISTE RECUERDO

1957 MONUMENTO A SOROLLA

Tras la riada de 1957 el monumento a Joaquín Sorolla quedó convertido en un amasijo de piedras. La luz, de la que el pintor se había hecho dueño, entró en un desmedido desdén y el azul del mar, oculto en su penumbra, perdió su brillo ante un recuerdo que había mutado por la ferocidad de las aguas, a un triste tálamo de pétreas nostalgias.

El monumento había sido inaugurado el 31 de diciembre de 1933, cuando se cumplían diez años y unos meses de la muerte del pintor, proyectado por el arquitecto Francisco Mora Berenguer con un busto de bronce sobre pedestal creado por las manos de Mariano Benlliure, tras el que figuraba un hemiciclo de piedra, columnario, que sostenía la leyenda de "1863 - Valencia a Sorolla - 1933".

El busto de Sorolla, también sobre pedestal, se trasladó unos años después, en 1963, desde la playa del Cabanyal al lugar donde permanece, en la plaza de la Armada Española.

Monumento que iba a adquirir una mayor vistosidad en 1975 con el aprovechamiento de la portada del Banco Hispano Americano de la calle las Barcas, instalado como remate al conjunto.

jueves, 12 de junio de 2014

LOS PESCADORES VALENCIANOS DE SOROLLA

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Ca. 1909 - Contrastes de azules que huelen a mar y blancos deslumbrantes por el reflejo del sol, de sus manos se entremezclan los frescos colores del verano en la playa de la Malvarrosa, pintado tan exacto como sólo un valenciano lo podría pintar. 

En las dos primeras décadas del siglo se decantó por pintar la costa de Valencia, porque fue su tierra y vivió en ella, habló de su tiempo con sus cuadros como si fuese un libro gráfico que quisiese legar, contó con imágenes a sus gentes, sus rutinas, sus trabajos. Valencianos de otra época que no veían la playa como los de la nuestra, porque el mar era para la pesca y marisco, era su pan, era el duro esfuerzo de las jornadas llenas calor. 

Mirando los cuadros... 

Podríamos sentir el viento al compás del vaivén de sus ropajes frescos cubriendo su piel curtida por el sol, podríamos escuchar el sonido de las gaviotas volando a ras de orilla que merodean, porque huelen los frutos de la mar. 

Mirando los cuadros podríamos estar allí con ellos porque son tan reales como él los vio y como él los pintó.

Texto de María Martínez Gavilán

jueves, 21 de noviembre de 2013

JOAQUÍN SOROLLA

Joaquin sorolla 1901

EL PINTOR DE LA LUZ

1901 - Nació en Valencia en 1863 y desde muy pequeño se interesó por el dibujo; cuando era un zagal de 15 años ingresó en la Escuela de Bellas Artes de la ciudad, dos años más tarde viajaría a Madrid, donde estudiaría la obra de Velázquez y Ribera.

Gracias a su obra “El Palleter”, en 1885, obtuvo una pensión de la Diputación de Valencia para viajar a Roma a estudiar, donde permaneció durante una temporada de cuatro años. Al regresar a España, se marchó a vivir a Madrid y fue en la capital española donde con su obra pictórica alcanzó el fama. Llegando pintar al monarca en los jardines del Palacio Real.

Consiguió la fama internacionalmente con un cuadro que curiosamente tituló “Y aún dicen que el pescado es caro” mostrando con él la difícil situación de los pescadores que arriesgaban su vida en el mar para dar alimento al pueblo. A principios del siglo XX expuso con notable éxito sus obras en Viena, Paris, Chicago, Berlín, Nueva York y Londres.

En 1904, el americano Sir Archer Milton Huntington, director de la HispanicSociety of America , le encargó al pintor valenciano que realizara una colección de lienzos de gran tamaño que representase a España. Para ello Sorolla viajó por toda la geografía española para inmortalizar el sol del mediterráneo y los reflejos de las velas desplegadas, el carisma de los españoles y sus tradiciones y fiestas.

Finalizó sus pinturas en 1919 y en 1920 el pintor tuvo que abandonar su actividad artística por una parálisis producida por una hemiplejía. Tres años más tarde moriría en su casa de Madrid y su cadáver sería trasladado a Valencia, acompañado de una multitud fervorosa y con honores de capitán general, dejando una abundante obra cuyo catálogo sobrepasa los 2200 óleos.

Convirtiéndose en símbolo de la ciudad del Turia como podemos verle en la fotografía, a pesar de que suscitó muchas envidias por parte de la intelectualidad de su época por su éxito alcanzado. Los valencianos hemos reconocido en él a nuestro gran pintor. 

Texto: Isabel Balensiya