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jueves, 23 de febrero de 2023
martes, 21 de febrero de 2023
1960 - EL NIÑO QUE ROBÓ UN MILLÓN
martes, 25 de octubre de 2022
TRADICIÓN EN EL DÍA DE LA VIRGEN: L´ESCURAETA

viernes, 18 de febrero de 2022
CALLE CORRETGERIA. ROSITA AMORES
MIRANDO HACIA ARRIBA
Está en pleno centro de València, barrio del Mercat, calle
Corretgeria nº 4, pero yo diría situado en la plazuela formada por la calle de
la Purísima, Corretgeria y En Pina, allí se ha colocado nuevamente desde fin de
noviembre de 2021 el mural de lona que representa a Rosita Amores la conocida
supervedette, cantante y actriz valenciana, nacida en 1938 en Nules
(Castellón).
Cualquier obra de revista en la que intervenía era un éxito en los teatros valencianos y si además figuraba Rafael Conde “El Titi” el éxito era apoteósico. En los años cincuenta, sesenta, setenta, ochenta del pasado siglo no había más que ver las colas tarde y noche en el Teatro Alkazar.
El mural es la superampliación de un fotomontaje de Luis Montolio, que cubre unos 54 metros cuadrados de lona y representa a la vedette subida en una paella, levitando como si de un ovni se tratara. El mural se colocó inicialmente en 2014 en el mismo lugar que está ahora.
Fotomontaje recién colocado. Foto E. Goñi, diciembre 2021.
El día 3 de marzo de 2020 hizo tanto viento que logró arrancar parte de la gran lona de la pared. Rescatada por los bomberos y guardada por un vecino se avisó al autor que recogió la obra y se la llevó a su casa en Moraira (Alicante).
Aspecto de toda la pared, Corretgeria esquina a Purísima,
nos da una idea realista del tamaño. Foto E. Goñi, diciembre 2021.
En junio de 2021 reaparece el mural en una pared la avenida
de Madrid de Moraira con la intervención del autor, Montolio.
Finalmente el 29 de noviembre de 2021 los valencianos
podemos nuevamente mirar hacia arriba, la lona ha vuelto con todos los honores
a llenar la pared donde estuvo desde el principio, en la calle Corretgeria.
Creo que es un homenaje que nuestra artista, Rosita Amores, se merece por parte
de los valencianos.
Para su visita con la bici se llega fácil y de paseo por el
centro en la calle Corretgeria, en un punto cercano a la plaza de la Reina o a
la del Dr. Collado.
Texto de Enrique Goñi Igual
martes, 15 de junio de 2021
ALQUERÍAS DE LA HUERTA VALENCIANA
Se trata de pensar hacia atrás hasta llegar a ver la espectacular huerta de Valencia en la que no podían faltar entre sus terrenos las viviendas agrupadas si nos vamos al siglo XI, de origen árabe con importante difusión en la Taifa de Valencia, donde vivían familias de la agricultura y la ganadería. En menor cantidad, las que estaban aisladas, con una gran superficie de terreno para cultivar.
Justo estas aisladas, tras la conquista de Jaime I, iban siendo donadas a los nobles. Las grupales ya no se podría, pues formaban parte del municipio.
Es lo que iba conformando el paisaje rural valenciano. Pero su historia no acababa así, ya que llegado el siglo XIII, las que estaban situadas en los alrededores de las murallas de la ciudad, empezaron a fragmentarse, dejando muy claro el concepto de Alquería como una entidad con explotación agrícola, de 1 a 6 hectáreas que se autoabastece y sólo se comerciaba con los escasos excedentes.
Bien entrado el XVII una minoría burguesa pensó en transformar el autoconsumo en producción, aumentando la expropiación. El labrador ya no sería dueño, sino trabajador, aunque su vivienda estaría allí, junto a la de los amos, que la usarían como casa de recreo en temporadas, sobre todo cuando llegaba el buen tiempo. De esta manera el paisaje rural anterior había cambiado, dando paso a grandes edificaciones y mayor huerta.
Y llegamos a finales del siglo XIX, más bien comienzos del XX, cuando la población de agricultores tuvo una gran mejora económica. Volvieron a ser amos, y el paisaje retomó de nuevo la imagen de unos siglos atrás. Pequeñas alquerías de propiedad familiar con vivienda propia.
Antes de continuar para saber cómo eran, hay que recordar algo tan importante como que en ellas se utilizaba la zona superior para la cría de gusanos de seda, desde el siglo XV hasta mediados de XIX. Los viajeros que por aquí pasaban volvían con el recuerdo de unas tierras que rodeaban la ciudad amurallada con unos árboles frondosos y verdes, que se plantaban en los caminos junto a las acequias y hasta campos enteros de ellas, las moreras. Alimentación de esos lepidópteros que sufren varias transformaciones, hasta llegar a la obtención de tan preciada joya como es la seda, y que Valencia fue una gran productora, hasta que llegó la decadencia de esta industria.
Las alquerías de la huerta tenían en el último piso andanas o desvanes, con estructuras de cañas y madera, donde criaban los gusanos, cuyos capullos de seda, o la seda hilada, eran vendidos para su comercialización. En algunas alquerías que quedan todavía se puede sospechar la utilización de la andana para estos menesteres, si nos fijamos en las pequeñas ventanas situadas casi a ras del tejado, aislando de la humedad y del frío de la tierra, a la vez que ventilaban la cámara y eliminaban las bolsas de aire cálido del verano.
Al cese de la industria sedera volvió a cambiar el paisaje que acompañaba a la alquería y el aire se llenó de azahar.
Pues hagámonos una idea de cómo eran habitualmente:
Una construcción sólida con cubierta uniforme, o bien fraccionada, de teja árabe a dos aguas para los cuerpos principales, y para los adosados de un agua.
La mayoría de
dos alturas, y hasta tres podrían tener si se usaban como almacenamiento o como
ya he comentado, para la cría de los gusanos.
Una espaciosa
entrada con su portal de medio punto, aunque tiempo después ya se hacían
rectangulares.
En la primera
crujía, a derecha e izquierda , los dormitorios, y en la segunda, la cocina,
el comedor, la bodega, el acceso a las cuadras y la escalera.
Rodeaban la
alquería graneros, aljibes, cuadras, un jardín cerrado, un camino de acceso,
acequias y hasta en algunas una pequeña capilla.
En el corral
un cobertizo para cobijar los carros y guardar los aperos de labranza, así como
gallineros y conejeras.
Al principio
tenían torres, que actuaban de elemento defensivo al provenir de los árabes,
pero con el tiempo perdieron este concepto, para ser unicamente elemento señorial,
como mirador, tomando el nombre de miramar.
Texto de Amparo Zalve Polo
martes, 27 de octubre de 2020
LA IGLESIA DEL COLEGIO CALASANCIO
En 1954 los escolapios valencianos habían puesto en marcha en el mes de Octubre un nuevo centro docente en la calle Micer Mascó, construido, fundamentalmente, en base a sus dos sólidas piedras: las de Piedad y Letras. El hormigón era puro aderezo.
Pero había que dotar al centro de una iglesia como lugar donde el espíritu calasancio repostara sus energías y entonara su cántico de gratitud "al santo de los niños".
Tuvieron que pasar unos años y el 28 de mayo de 1960 se llevó a cabo la inauguración del templo integrado en el corazón del colegio que en ningún momento se había visto obligado a suspender su actividad docente. De esta manera quedaba atrás una pequeña capilla funcional que desde el primer día cumplía su misión en el espacio donde en la actualidad ocupa la Sala Piedad y Letras, el despacho del Rector y la sala de visitas.
La asistencia de autoridades fue muy nutrida. Es de derecho citar al Arzobispo Olaechea; al General Fajardo en nombre del Capitán General; al entonces Director General de Carreteras y presidente de Antiguos Alumnos D.Vicente Mortes; al Gobernador Civil D. Jesús Posada Cacho; al Alcalde D. Adolfo Rincón de Arellano; a D. Bernardo Lasala como Presidente de la Diputación y a otras personalidades, lo que nos certifica de tan importante evento.
No pudieron faltar ilustres personajes de la vida social valenciana, como D. José de Fuenmayor -a quien tanto debía el Colegio- D. Cayetano Borso; D. Alonso Fueyo y D. Adolfo Cámara, ambos del diario "Levante"; el periodista D. Martín Domínguez; D.Manuel González Martí, director del Museo Nacional de Cerámica; D. Luis Martí Alegre, Presidente del Círculo de Bellas Artes; D. Joaquín Viñals, Director de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad; D. Adolfo Giménez del Río y Tasso, todos ellos junto a otras personalidades que coincidían, la mayoría, por su pertenencia al colectivo de antiguos alumnos escolapios.
Con mi agradecimiento a Salvador Mut Ronda, Presidente Asociación Antiguos Alumnos.







































