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sábado, 8 de julio de 2023
ASFALTADO DE UNA CALLE
jueves, 7 de abril de 2022
EL DR. ZAMENHOF EN VALENCIA
jueves, 31 de marzo de 2022
EL GRAN CASINO DE LA EXPOSICIÓN REGIONAL VALENCIANA DE 1909
Recorrías las calles de la ciudad, y en cada esquina, como aquel que dice, encontrabas el bonito cartel anunciador que el pintor Luis Beut había diseñado para el Gran Casino que estaba a punto de inaugurarse. Nada menos que se convirtieron en tres mil carteles anunciadores con bonitos colores.
Una obra que según decían había tenido un coste de 154.504 pesetas.
Llegamos dos días posteriores a la noche de San Juan, la pena fue que no pudiéramos adquirir entradas, pues ya nos avisaron que si no queríamos sufrir de colas no fuéramos. Y menos mal, porque a las diez de la noche ya se habían vendido las 20.000 entradas, reponiendo talonario de 10.000 más que se vendieron enseguida, quedando fuera más gente de la que había podido entrar. Una verbena al estilo de las madrileñas, sino más.
Después de atravesar el río por la bonita pasarela que se había construido para la ocasión, a unos pocos metros pasamos por la entrada que nos introducía al tremendo recinto de la Exposición. Un gran paseo central expandía como un abanico las elegantes construcciones que albergaba aquel espacio, donde desfilaban en multitud personas alternado con carruajes y coches novedosos.
Era una exposición a la que mejor sería visitarla en varios días, optando por ello en que fuera este día el que íbamos a dedicar al Gran Casino . Y lo cierto es que no tuvimos que caminar apenas para llegar hasta él, ya que junto a la Gran Pista se situaba a la derecha de la entrada.
Nos sorprendió la gran mole de cinco fachadas. Un precioso edificio de estilo Renacimiento francés, con amplios ventanales en las fachadas que no recaían a la Gran Pista, porque aquí lo que habían eran galerías. Se veían dos terrazas, una que estaba en la parte más baja y donde nos dijeron que estaba el café, y a dos metros sobre el suelo. Sobre ella había otra.
Llegado el
momento de entrar, que lo hicimos por la entrada principal, atravesamos dos
cúpulas de remate y un gran balcón que daba luz a la sala de lectura.
Nos recibió un gran vestíbulo en el que estaban las oficinas. Al fondo llegamos a las salas de recreo en la que se hacían las reuniones. Pero una gran puerta por la que nos asomamos, nos dejó boquiabiertos al descubrir un enorme salón perfectamente decorado, de forma ovalada y con tres puertas para poder entrar, además de por la que lo estábamos haciendo. Era el Gran Salón de Baile. Complementaba su grandeza la altura de su techo, el cual medía veinte metros, decorados hasta llegar arriba con dorados sobre fondo blanco, y coronado por una gran cúpula que aportaba la luz cenital. Tres bonitos ventanales con preciosas vidrieras multicolor le daban elegancia a las paredes. La luz interior se la daba cuatro lámparas con veinticinco luces cada una.
En una de las
paredes nos llamó la atención unas fotos iluminadas con unas señoritas vestidas
de valencianas y a cual más bella. Y es porque eran las seis finalistas
elegidas para el Concurso de Belleza valenciana, en el que se podían inscribir
lo mismo la hija de un marqués, que la de la hija de la huerta, porque las tres
únicas condiciones eran de tener entre 15 y 25 años, ser valenciana, y no ser
de belleza profesional. El público al entrar adquiría el derecho a votar , tan
solo había que contemplar las fotos de aquellas bellezas a gran tamaño, de 150
x 140 cm. Pues, se presentaron ochenta y tres jóvenes, de las que las seis que
estábamos viendo que habían llegado a la final, llegando a quedar solo una,
que recibiría el premio de 5.000 pesetas y el honor de ser presentada al rey de
España, o sea, Alfonso XIII, en el día previsto de su visita a la Exposición .
Se podía tomar asiento en una bonita sillería blanca tapizada en crema y granate de estilo Imperio y Luis XV, al igual que el resto del mobiliario, que estaban junto a dos grandes jardineras.
Una gran escalera había partiendo del vestíbulo, adornada con plantas de interior para cada escalón, que nos llevaron al primer piso. Allí estaba el restaurante, donde sus grandes balcones dejaban ver las elegantes marquesinas de cristal de las galerías.
Y al final de los salones del primer piso había de nuevo otra escalera que nos llevó a otro vestíbulo y frente a nosotros el Salón de Actos.
No nos fuimos sin antes visitar la cubierta donde se encontraban los palomares de la Exposición, cuya idea de su instalación surgió de “La Paloma Mensajera”, la Real Sociedad Colombófila de Valencia, en la que se hacían demostraciones de despacho de mensajes a larga distancia.
Y después de esta visita en el tiempo, tan solo queda por decir un pequeño detalle de este Gran Casino en la Exposición Regional Valenciana de 1909. Que de no ser derribado fue uno de los edificios que por propuesta popular se quería mantener para incluirlo en el “Parque Valencia”, junto a otros de la Exposición.
En los doscientos treinta y tres días que estuvo abierta esta exposición se celebraron en el Gran Casino cuarenta y cinco fiestas, la mayoría bailes y cotillones.
Texto de Amparo Zalve Polo
domingo, 28 de noviembre de 2021
LO QUE SUS OJOS VEN
El joven que estaba estudiando en la Escuela de Artesanos de Valencia entre 1876 y 1879, cuando tenía de 13 a 16 años, haciendo copias de otros dibujos, preparándose allí para las siguientes etapas pictóricas en la Escuela de Bellas Artes y después en el pensionado de pintura de Roma de la Diputación de Valencia en 1884
Un joven Sorolla que pronto supo que cuando las cosas llegan a nuestros ojos no llegan de forma definida, sino alteradas por el ambiente y la luz que las envuelve.
Estableció su residencia en Madrid, aunque los veranos volvía a su tierra para pasarlos con su familia con la que disfrutaba junto a la orilla de la playa de la Malvarrosa, sirviéndose de ellos como inspiración de muchas de sus obras. Disfrutaba tanto de ello, que a diferencia de otros de sus cuadros, estos debían de permanecer en su casa, no separándose de su Mediterráneo que plasmó de manera irrepetible.
Imaginemos a Sorolla a pie de playa durante horas, siempre vestido de forma elegante, de traje y sombrero. Un enorme caballete de campaña que clavaba en la arena y sujeto con piedras, la mayoría de veces se llevaba un enorme lienzo, protegiéndose del sol con sombrillas y paravientos a pocos metros de la orilla.
Aún sin terminar su formación, con la edad de diecisiete años, uno de sus primeros cuadros fue “Marina”. Buscaba su estilo con esta pintura, sabía que su predilección era su mar Mediterráneo. Es un lienzo de tonos grises, ocres y azules, de atmósfera tranquila y melancólica. Muy lejano todavía de los imponentes lienzos con el predominio del blanco y colores brillantes que caracterizan su obra.
Amigo suyo, Vicente Blasco Ibañez, aseguraba de él: “Valeroso soldado de la pintura que como si fuera una salamandra, se pasa el día entero entre la arena que vomita llamas”.
De la primera época de sus pinturas en la Malvarrosa, antes de 1906, podría destacar:
"Cosiendo la vela" de 1896, la gran tela de la vela de un velero ocupa la mayor parte del cuadro. Figuras de mujeres jóvenes de pie que se ocupan de sus remiendos y otra sentada. Un hombre con sombrero les ayuda a desenmarañar la tela, y otro de mayor edad al fondo que examina el trabajo. Todo ello cargado de luz que atraviesa las flores y hojas de una enredadera.
"Comida en la barca" 1898, exalta la dura labor de los pescadores en el momento de reposo, al comer en la barca. Están compartiendo un cuenco de comida común. Antepone el color al dibujo, mostrando las figuras empastadas.
"Triste herencia" 1899, la polio había estado azotando la región durante esos años y quiso hacer un alto para retratar un grupo de niños a los que les iba bien los baños de mar, bajo la supervisión de un monje. Nunca volvió a pintar un tema tan real y controvertido.
"Sol de la tarde" 1903. muestra la bravura del Mediterráneo y los brillantes reflejos de la luz del poniente. Estamos ante una imponente vela que absorbe la luz del crepúsculo y que la proyecta. La fuerza de los bueyes en la reciedumbre de la pesca del bou.
"Verano" 1904, la iluminación del atardecer en el mar es lo que inunda la escena, creando sombras coloreadas en las telas blancas de las ropas de los niños. Una madre sujeta al más pequeño que se tapa los ojos del reflejo del sol. Los demás se ayudan de las manos.
Algo más tardío, de 1908, es un cuadro que no puedo dejar de poner, ya que es el que siempre me ha llamado la atención personalmente:
"Idilio en el mar", con él ensayó el desnudo del niño en el agua. Muestra la afectuosa relación entre ambos muchachos iniciando la pubertad. Su vista de la imagen desde arriba, con pinceladas largas y ondulantes indicando el movimiento del mar, con pintura muy diluida, incluso dejando ver la trama del lienzo para sugerir que el agua casi no cubre la superficie de la arena, dejando los tonos más empastados para los cuerpos y darles brillo.
Para Sorolla
el Mediterráneo se compone de pinceladas horizontales con reflejos violetas,
azules, e incluso los ocres de la arena. Expresaba con gestos rápidos la
fugacidad de los niños en la playa.
Texto de Amparo Zalve Polo
martes, 13 de abril de 2021
¿TE ATREVES A SUBIR EN LOS URALES?
Eso se preguntaría durante la visita a la Exposición Regional de 1909 en la ciudad de Valencia.
Un enorme gigante, un gran invento de hierro que demostraba que la Maquinista Valenciana tenía gran capacidad tecnológica y empresarial. Se presentaban los más novedosos avances industriales de principio del siglo XX.
Una enorme construcción de 100000 kilos de peso en metal, frente al Teatro Circo y en el extremo opuesto de la puerta principal de acceso de una exposición que ocupaba 16 hectáreas.
La empresa metalúrgica citada tuvo que pedir refuerzos a EEUU de cierta maquinaria para poder trabajar estas grandes cantidades de hierro que formaban un óvalo alargado con una torre de 20 metros de altura en un extremo. Contenía esta torre el ascensor de la atracción, con dos pisos, que ahora contaré su función, no sin antes decir que el recorrido de todo el circuito tenía 250 metros de longitud y un desnivel de 6 metros.
El viajero se iba a la búsqueda del ascensor, que lo conducía a la segunda plataforma, el punto más alto de la torre en el que se podía subir, a una altura de 14 metros sobre tierra. Una vez allí, montaba en una vagoneta de madera y metal, que lo trasportaba por todo el recorrido entre hierro y desnivel, para volver a la torre de donde salió con un frenado manual.
La parada era sobre la primera plataforma, esta ya era a 8 metros del suelo. Y aquí podían ya escoger, o poner los pies en tierra firme, o demostrar su valentía.
El que quería continuar la aventura aún le quedaban 25 metros más, eso sí, en un bonito bote que se deslizaba hasta un lago central.
Luego pasaba una barca para llevarlo a tierra firme.
Tras el cierre de la Exposición Regional, Los Urales viajaron al Saturno Park de Barcelona en 1911.
Allí estuvo dieciocho años, hasta el año 1929 que fue desguazado y vendido como material metalúrgico.
Texto de Amparo Zalve Polo
martes, 28 de abril de 2020
DE PASEO POR LA CALLE ZARAGOZA
El paseo comenzaba desde la pequeña Plaza de la Reina, en la esquina con la placita de Santa Catalina. Ahí llamaba la atención “Optica Crumiere” dotada de grandes escaparates, ofreciendo todo tipo de lentes y accesorios, claro que pronto le haría la competencia la de “Lubat” a pocos metros.
A mitad de calle salía al encuentro el “Pasaje Giner” y junto a él en el número 11 de la Calle Zaragoza, el afamado “Bazar Giner”, cuyo nombre es el que dio posteriormente al pasaje. Gramófonos y discos entre otras cosas que pudiese ofrecer, o sea, de todo. Muñecas autómatas de porcelana, importadas de Alemania y Francia. Bazar de D. Vicente Giner, que a su fallecimiento lo regentó su viuda, y que tras su cierre dio paso a otra tienda muy popular: “Almacenes España”.
El recorrido, total, no eran más que tres cortas calles, tres manzanas de casas que luego con su derribo darían lugar a la actual y espaciosa Plaza de la Reina.
Este era el paseo que se podía hacer en lo que es considera el punto cero de la ciudad de Valencia y que desde allí enfoca la numeración a las calles.
Biblioteca Valenciana - Ca 1955
Texto de Amparo Zalve Polo
lunes, 2 de septiembre de 2019
UN TRANVÍA A LO ALTO MIGUELETE
Fue D. Luis Gil Sumbiela quien presentó en el mes de marzo ante el Ayuntamiento los planos y memoria para la construcción de un "Tranvía funicular" con este fin, cuyo proyecto tenia la autoría del capitán de Ingenieros Bernardo Cabañas, quien se encargaría de la dirección de la obra.
De tracción eléctrica y de corriente continúa, el motor estaría instalado en lo alto del Micalet, que tiraría de unos cables de alambres de acero fundido al crisol, con una resistencia a la rotura de 125 kgs por milímetro cuadrado, cada uno de ellos de 21 mm de diámetro, con un total de 222 alambres cuyo aguante a la rotura iban a soportar 21.5000 kgs.
Los coches vacíos, cerrados para ocho pasajeros, y con un peso 850 kgs presentarían un aspecto elegante, con su correspondiente empaque.
Para su ascenso sobre la fachada del Miguelete y respetando hasta sus mínimos detalles artísticos, se fijarán de dos en dos metros las piezas de hierro necesarias, con dos guías del mismo metal, sobre las que rodarán cuatro ruedas, con una pestaña exterior para que el coche no tenga ningún movimiento horizontal en su ascenso que pudiera causar alarma al viajero. Las torrecillas situadas sobre la plataforma superior del Micalet, serán también de hierro.
La seguridad del funicular es absoluta, garantizada por un aparato Ramoneda, que detiene de inmediato al vagón, ante cualquier contigencia, vaticinaba el autor de la idea.
El Sr. Gil Sumbiela ofrece al Ayuntamiento a cambio de su autorización para la construcción y puesta en marcha del servicio, cederlo a perpetuidad en beneficio de la ciudad, a cambio tan solo de que se le conceda la explotación hasta el próximo 1 de enero, ocho meses escasos.
Sin embargo, como quiera que el Micalet es propiedad de la Catedral, aunque sea el Ayuntamiento el encargado de sus reparaciones, el Sr. Gil Sumbiela retiró su proyecto del Consistorio para presentarlo al Cabildo de la Catedral, comprometiéndose a su instalación en el plazo de un mes, caso de su autorización.
Pero la actividad era frenética, les decía, y lo que estaba en marcha para cruzar el río y asistir a la Exposición Regional Valenciana, era la construcción de un tranvía aéreo. En aquellos días se estaba en el montaje de dos esbeltas torres para su colocación en las márgenes del Turia desde el Llano del Remedio, y a la espera de la llegada de unos cables de acero de gran calidad, confeccionados en Londres, cuya fecha de inauguración tuvo que retrasarse a la prevista.
En esta ocasión, el Sr. Gil Sumbiela, profesor de fisica y quimica, científico entusiasta, sí consiguió su propósito, lo que fue motivo de una fascinación.



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