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sábado, 8 de julio de 2023

ASFALTADO DE UNA CALLE

 TIPOS Y OFICIOS

Aún he llegado a ver en mi niñez, habitualmente reparando aceras, ese duro trabajo donde se une el esfuerzo físico con el calor necesario para la fusión del asfalto y el pesado trabajo de volcarlo y aplanarlo manualmente en el suelo.

En la foto podemos ver varios hornos de carbón, muy parecidos a los hornillos domésticos de mi niñez, pero a lo grande, donde sobre una especie de hondas paellas se funde el asfalto y a la vez con largas varillas metálicas se menea para que su fusión sea igual en toda la masa. Luego la especie de paella se lleva hasta el punto donde se vuelca el asfalto y se aplana. El esfuerzo físico se aprecia muy importante y si pensamos en el verano la cosa asusta.

Foto autor desconocido, ca. 1909. Remember València, pg 369.

Hoy en día el proceso es parecido, pero sin la necesidad de tanta mano de obra como se ve en la foto, datada en 1909, ya hace más de 110 años. Un camión adecuado a ese trabajo en una pasada funde y deja una capa asfáltica de algunos centímetros con un ancho que puede ser de entre dos y tres metros, perfectamente plana en cualquier calle o carretera, previamente preparada.

Texto de Enrique Goñi Igual

jueves, 7 de abril de 2022

EL DR. ZAMENHOF EN VALENCIA

 


1909 - Lázaro Luis Zamenhof nació en Bielostock, una pequeña ciudad de la provincia rusa de Grotno en el año 1859. 

Doctor en medicina, ejercía la especialidad de oculista en la ciudad de Varsovia. Pero en realidad su afición se cimentaba en la lingüística, en la filología que junto a su inmensa humanidad le llevaron al sueño de crear una forma de expresarse que con carácter universal, uniera a todos los pueblos.

Y fue así como creó el Esperanto, cuyo primer manual lo presentó en Varsovia en el año 1887 bajo el seudónimo de Dr. Esperanto. Dos décadas después más de 1.500 Sociedad Esperantistas se dedicaban a su divulgación, y más de un centenar de periódicos lo propagaban como idioma auxiliar tendente a alcanzar su universalidad.

En 1909, con motivo de un congreso esperantista celebrado en Barcelona, el Dr. Zamenhof quiso conocer la Exposición Regional Valenciana que se celebraba en nuestra ciudad. Y a la Estación de la plaza Castelar llegó en un expreso desde la ciudad condal el ilustre lingüista, acompañado por su esposa doña Clara de Zamenhof, junto a 102 congresistas.

Una nutrida salva de aplausos le recibió en el andén ferroviario, donde le esperaba un exconcejal esperantista del Ayuntamiento de la ciudad, quien hizo la presentación de los presentes: el Alcalde Maestre, sus concejales, el Presidente de la Exposición Tomás Trenor, el exalcalde y esperantista Martínez Aloy y otras distinguidas personalidades. 

El Alcalde ofreció a doña Clara un soberbio ramo de flores y la Banda Municipal amenizó el recibimiento con los compases del Himno Esperanto.


La plaza junto a la Estación estaba abarrotada de público que se desparramaba por los jardines de San Francisco y por la calle Lauria.

Se formó una nutrida comitiva formada entre otras personalidades por el Sr. Martínez Aloy al frente, el P.R. de las Escuelas Pías, una representación del comité de la Exposición y otra del Conservatorio de Música, el rector de la Universidad, quienes juntos y sobre automóviles, al igual que los 102 congresistas, enfilaron desde la calle Sagrario de San Francisco, las de la Sangre y San Vicente, la plaza de la Reina y la calle de la Paz para llegar al Hotel Palace Hotel que lucía en un balcón del piso principal una bandera verde, enseña del Esperanto.

Una estancia en nuestra ciudad de tres días en los que se disfrutaron de diversos actos y agasajos en las instalaciones de la Exposición,  así como un día dedicado a una excursión a Sagunto.

Del éxito de aquel viaje a nuestra ciudad lo refleja la asistencia de unos trescientos esperantistas llegados de otros lugares, que se sumaron a los citados congresistas.

Valencia, unas décadas después, rindió una calle al Dr. Zamenhof en el barrio de Fleta, donde se puede observar una espléndida placa. Quizás la vecina calle de San Jacinto, polaco, determinó su ubicación. 

jueves, 31 de marzo de 2022

EL GRAN CASINO DE LA EXPOSICIÓN REGIONAL VALENCIANA DE 1909

Recorrías las calles de la ciudad,  y en cada esquina, como aquel que dice, encontrabas el bonito cartel anunciador que el pintor Luis Beut había diseñado para el Gran Casino que estaba a punto de inaugurarse. Nada menos que se convirtieron en tres mil carteles anunciadores con bonitos colores. 

Una obra que según decían había tenido un coste de 154.504 pesetas. 

Llegamos dos días posteriores a la noche de San Juan, la pena fue que no pudiéramos adquirir entradas, pues ya nos avisaron que si no queríamos sufrir de colas no fuéramos. Y menos mal, porque a las diez de la noche ya se habían vendido las 20.000 entradas, reponiendo talonario de 10.000 más que se vendieron enseguida, quedando fuera más gente de la que había podido entrar. Una verbena al estilo de las madrileñas, sino más.

Fachada principal

Después de atravesar el río por la bonita pasarela que se había construido para la ocasión, a unos pocos metros pasamos por la entrada que nos introducía al tremendo recinto de la Exposición. Un gran paseo central expandía como un abanico las elegantes construcciones que albergaba aquel espacio, donde desfilaban en multitud personas alternado con carruajes y coches novedosos. 

Era una exposición a la que mejor sería visitarla en varios días, optando por ello en que fuera este día el que íbamos a dedicar al Gran Casino . Y lo cierto es que no tuvimos que caminar apenas para llegar hasta él, ya que junto a la Gran Pista se situaba a la derecha de la entrada. 

Nos sorprendió la gran mole de cinco fachadas. Un precioso edificio de estilo Renacimiento francés, con amplios ventanales en las fachadas que no recaían a la Gran Pista, porque aquí lo que habían eran galerías. Se veían dos terrazas, una que estaba en la parte más baja y donde nos dijeron que estaba el café, y a dos metros sobre el suelo. Sobre ella había otra. 

Llegado el momento de entrar, que lo hicimos por la entrada principal, atravesamos dos cúpulas de remate y un gran balcón que daba luz a la sala de lectura.

Nos recibió un gran vestíbulo en el que estaban las oficinas. Al fondo llegamos a las salas de recreo en la que se hacían las reuniones. Pero una gran puerta por la que nos asomamos, nos dejó boquiabiertos al descubrir un enorme salón perfectamente decorado, de forma ovalada y con tres puertas para poder entrar, además de por la que lo estábamos haciendo. Era el Gran Salón de Baile. Complementaba su grandeza la altura de su techo, el cual medía veinte metros, decorados hasta llegar arriba con dorados sobre fondo blanco, y coronado por una gran cúpula que aportaba la luz cenital. Tres bonitos ventanales con preciosas vidrieras multicolor le daban elegancia a las paredes. La luz interior se la daba cuatro lámparas con veinticinco luces cada una. 

En una de las paredes nos llamó la atención unas fotos iluminadas con unas señoritas vestidas de valencianas y a cual más bella. Y es porque eran las seis finalistas elegidas para el Concurso de Belleza valenciana, en el que se podían inscribir lo mismo la hija de un marqués, que la de la hija de la huerta, porque las tres únicas condiciones eran de tener entre 15 y 25 años, ser valenciana, y no ser de belleza profesional. El público al entrar adquiría el derecho a votar , tan solo había que contemplar las fotos de aquellas bellezas a gran tamaño, de 150 x 140 cm. Pues, se presentaron ochenta y tres jóvenes, de las que las seis que estábamos viendo que habían llegado a la final, llegando a quedar solo una, que recibiría el premio de 5.000 pesetas y el honor de ser presentada al rey de España, o sea, Alfonso XIII, en el día previsto de su visita a la Exposición .

Se podía tomar asiento en una bonita sillería blanca tapizada en crema y granate de estilo Imperio y Luis XV, al igual que el resto del mobiliario, que estaban junto a dos grandes jardineras. 

Una gran escalera había partiendo del vestíbulo, adornada con plantas de interior para cada escalón, que nos llevaron al primer piso. Allí estaba el restaurante, donde sus grandes balcones dejaban ver las elegantes marquesinas de cristal de las galerías. 

Y al final de los salones del primer piso había de nuevo otra escalera que nos llevó a otro vestíbulo y frente a nosotros el Salón de Actos. 

No nos fuimos sin antes visitar la cubierta donde se encontraban los palomares de la Exposición, cuya idea de su instalación surgió de “La Paloma Mensajera”, la Real Sociedad Colombófila de Valencia, en la que se hacían demostraciones de despacho de mensajes a larga distancia. 

Salón de baile

Y después de esta visita en el tiempo, tan solo queda por decir un pequeño detalle de este Gran Casino en la Exposición Regional Valenciana de 1909. Que de no ser derribado fue uno de los edificios que por propuesta popular se quería mantener para incluirlo en el “Parque Valencia”, junto a otros de la Exposición. 

En los doscientos treinta y tres días que estuvo abierta esta exposición se celebraron en el Gran Casino cuarenta y cinco fiestas, la mayoría bailes y cotillones.

Texto de Amparo Zalve Polo

domingo, 28 de noviembre de 2021

LO QUE SUS OJOS VEN

El joven que estaba estudiando en la Escuela de Artesanos de Valencia entre 1876 y 1879, cuando tenía de 13 a 16 años, haciendo copias de otros dibujos, preparándose allí para las siguientes etapas pictóricas en la Escuela de Bellas Artes y después en el pensionado de pintura de Roma de la Diputación de Valencia en 1884

Un joven Sorolla que pronto supo que cuando las cosas llegan a nuestros ojos no llegan de forma definida, sino alteradas por el ambiente y la luz que las envuelve.

Estableció su residencia en Madrid, aunque los veranos volvía a su tierra para pasarlos con su familia con la que disfrutaba junto a la orilla de la playa de la Malvarrosa, sirviéndose de ellos como inspiración de muchas de sus obras. Disfrutaba tanto de ello, que a diferencia de otros de sus cuadros, estos debían de permanecer en su casa, no separándose de su Mediterráneo que plasmó de manera irrepetible. 

Imaginemos a  Sorolla a pie de playa durante horas, siempre vestido de forma elegante, de traje y sombrero. Un enorme caballete de campaña que clavaba en la arena y sujeto con piedras, la mayoría de veces se llevaba un  enorme lienzo, protegiéndose del sol con sombrillas y paravientos a pocos metros de la orilla. 

Aún sin terminar su formación, con la edad de diecisiete años, uno de sus primeros cuadros fue “Marina”. Buscaba su estilo con esta pintura, sabía que su predilección era su mar Mediterráneo. Es un lienzo de tonos grises, ocres y azules, de atmósfera tranquila y melancólica. Muy lejano todavía de los imponentes lienzos con el predominio del blanco y colores brillantes que caracterizan su obra. 

Amigo suyo, Vicente Blasco Ibañez, aseguraba de él: “Valeroso soldado de la pintura que como si fuera una salamandra, se pasa el día entero entre la arena que vomita llamas”. 

De la primera época de sus pinturas en la Malvarrosa, antes de 1906, podría destacar:

"Cosiendo la vela" de 1896, la gran tela de la vela de un velero ocupa la mayor parte del cuadro.  Figuras de mujeres jóvenes de pie que se ocupan de sus remiendos y otra sentada. Un hombre con sombrero les ayuda a desenmarañar la tela, y otro de mayor edad al fondo que examina el trabajo. Todo ello cargado de luz que atraviesa las flores y hojas de una enredadera.

"Comida en la barca" 1898, exalta la dura labor de los pescadores en el momento de reposo, al comer en la barca. Están compartiendo un cuenco de comida común. Antepone el color al dibujo, mostrando las figuras empastadas. 

"Triste herencia" 1899, la polio había estado azotando la región durante esos años y quiso hacer un alto para retratar un grupo de niños a los que les iba bien los baños de mar, bajo la supervisión de un monje. Nunca volvió a pintar un tema tan real y controvertido. 

"Sol de la tarde" 1903. muestra la bravura del Mediterráneo y los brillantes reflejos de la luz del poniente. Estamos ante una imponente vela que absorbe la luz del crepúsculo y que la proyecta. La fuerza de los bueyes en la reciedumbre de la pesca del bou.

"Verano" 1904, la iluminación del atardecer en el mar es lo que inunda la escena, creando sombras coloreadas en las telas blancas de las ropas de los niños. Una madre sujeta al más pequeño que se tapa los ojos del reflejo del sol. Los demás se ayudan de las manos. 

Algo más tardío, de 1908, es un cuadro que no puedo dejar de poner, ya que es el que siempre me ha llamado la atención personalmente: 

"Idilio en el mar", con él ensayó el desnudo del niño en el agua. Muestra la afectuosa relación entre ambos muchachos iniciando la pubertad. Su vista de la imagen desde arriba, con pinceladas largas y ondulantes indicando el movimiento del mar, con pintura muy diluida, incluso dejando ver la trama del lienzo para sugerir que el agua casi no cubre la superficie de la arena, dejando los tonos más empastados para los cuerpos y darles brillo. 

Para Sorolla el Mediterráneo se compone de pinceladas horizontales con reflejos violetas, azules, e incluso los ocres de la arena. Expresaba con gestos rápidos la fugacidad de los niños en la playa.

Texto de Amparo Zalve Polo

martes, 13 de abril de 2021

¿TE ATREVES A SUBIR EN LOS URALES?

Eso se preguntaría durante la visita a la Exposición  Regional de 1909 en la ciudad de Valencia.

Un enorme gigante, un gran  invento de hierro que demostraba que la Maquinista Valenciana tenía gran capacidad tecnológica y empresarial. Se presentaban los más novedosos avances industriales de principio del siglo XX.

Una enorme construcción de 100000 kilos de peso en metal, frente al Teatro Circo y en el extremo opuesto de la puerta principal de acceso de una exposición que ocupaba 16 hectáreas.

La empresa metalúrgica citada tuvo que pedir refuerzos a EEUU de cierta maquinaria para poder trabajar estas grandes cantidades de hierro que formaban un óvalo alargado con una torre de 20 metros de altura en un extremo. Contenía esta torre el ascensor de la atracción, con dos pisos, que ahora contaré su función, no sin antes decir que el recorrido de todo el circuito tenía 250 metros de longitud y un desnivel de 6 metros.

El viajero se iba a la búsqueda del ascensor, que lo conducía a la segunda plataforma, el punto más alto de la torre en el que se podía subir, a una altura de 14 metros sobre tierra. Una vez allí, montaba en una vagoneta de madera y metal, que lo trasportaba por todo el recorrido entre hierro y desnivel, para volver a la torre de donde salió  con un frenado manual. 

La parada era sobre la primera plataforma, esta ya era a 8 metros del suelo. Y aquí podían ya escoger, o poner los pies en tierra firme, o demostrar su valentía. 

El que quería continuar la aventura aún le quedaban 25 metros más, eso sí, en un bonito bote que se deslizaba hasta un lago central. 

Luego pasaba una barca para llevarlo a tierra firme.

Tras el cierre de la Exposición Regional, Los Urales viajaron al Saturno Park de Barcelona en 1911. 

Allí estuvo dieciocho años, hasta el año 1929 que fue desguazado y vendido como material metalúrgico. 

Texto de Amparo Zalve Polo

martes, 28 de abril de 2020

DE PASEO POR LA CALLE ZARAGOZA

Biblioteca Valenciana - Ca 1909


Eran las diez de la mañana y la luz del sol ya iluminaba plenamente la erguida torre de Santa Catalina. Faltaba casi una hora para que la campana anunciara los tres toques del Oficio Divino de las once. 

La reducida plaza que formaba el cruce de las calles San Vicente, con la calle de la Paz y la calle Zaragoza era ya  un ir y venir de gente que en todas direcciones acudía al mercado, a la Plaza de la Virgen, visita obligada de los martes, o para recorrer los distintos comercios de calidad que hacían del lugar la zona bulliciosa en que se había convertido.

Muchos de ellos,  desde su llegada a la estación, recorrían la de San Vicente hasta llegar a la calle más novedosa de la ciudad, y digo novedosa porque en sus comercios se podían encontrar las últimas marcas de París, sobre todo, además de las de fabricación alemana e incluso austríaca. Era la calle comercial por excelencia, por donde aún no había comenzado el paso de los tranvías. 

El paseo comenzaba desde la pequeña Plaza de la Reina, en la esquina con la placita de Santa Catalina. Ahí llamaba la atención “Optica Crumiere” dotada de grandes escaparates, ofreciendo todo tipo de lentes y accesorios, claro que pronto le haría la competencia la de “Lubat” a pocos metros.

Unos dos o tres bajos más, "Almacenes Las Columnas”, que tenían un buen surtido de alfombras y donde las mujeres podían aprender a tejer tapices (tejer, coser y bordar era cosa de señoras).

Sobre todo la zona izquierda de la calle es la que tenía los comercios más destacables, aunque la parte derecha tenía otros tantos.

No puedo olvidarme de “El Diluvio”, tienda de abanicos japoneses, carteras y paraguas, y también otra para la competencia que era “Abanicos Colomina”, dotados de plumas de marabú y encajes de Bruselas.

Si de perfumes se trataba, la perfumería “El Buen Tono” ofrecía los más afamados perfumes franceses y las más suaves borlas de plumón de cisne para empolvar las mejillas y la nariz. La peluquería "Boví" completaba la belleza femenina.

Para el que buscara lectura, podía acudir a la librería “Chiriella” , que además de buen surtido librero ,tenía especialidad en venta de catecismos y cuentos para los niños. O si buscaban mapas mudos, entonces ya tendrían que entrar en la papelería “Matías Real”.

Hasta el artista pintor en “Casa Nicolás” encontraba todo tipo de artículos de Bellas Artes.

Los muebles de “Casa Janini” de origen austríaco, sin olvidar tampoco las exquisitas joyerías.

Tomo un respiro, pues no me caben tantos comercios en un trazado de calle de no más de ciento cincuenta metros hasta llegar a la Puerta de los Hierros de la Catedral. 


Bazar Giner - Archivo Rafael Solaz - 1915

A mitad de calle salía al encuentro el “Pasaje Giner” y junto a él en el número 11 de la Calle Zaragoza, el afamado “Bazar Giner”, cuyo nombre es el que dio posteriormente al pasaje. Gramófonos y discos entre otras cosas que pudiese ofrecer, o sea, de todo. Muñecas autómatas de porcelana, importadas de Alemania y Francia. Bazar de D. Vicente Giner, que a su fallecimiento lo regentó su viuda, y que tras su cierre dio paso a otra tienda muy popular: “Almacenes España”.

Una vez recorridas las tiendas podemos continuar el paseo por las calles de alrededor que derivaban de la Calle Zaragoza. (Tenemos plano).


El recorrido,  total, no eran más que tres cortas calles, tres manzanas de casas que luego con su derribo darían lugar a la actual y espaciosa Plaza de la Reina.

Tan solo hacía falta desviarse después del pasaje, y a la derecha, por la calle Borriol, llamada así porque allí se encontraba la casa solariega de la familia de la baronía de Borriol.

Y si nos desviamos por la siguiente, entraríamos en la Calle de la Puñalería, lógico que se llamara así porque ocupaban sus bajos artesanos de puñales, escudos, y espadas para los nobles valencianos. Ambas calles desembocaban en la parte que enfrentaba a la calle Zaragoza, que era la Calle Campaneros, y confluían ambas junto a la Catedral en la Plaza del Miguelete.

Este era el paseo que se podía hacer en lo que es considera el punto cero de la ciudad de Valencia y que desde allí enfoca la numeración a las calles.


                                          Biblioteca Valenciana - Ca 1955

Pero como se quería una gran plaza, epicentro de la Valencia antigua, comenzaron los derribos de las tres manzanas, empezando en 1944 por las más alejadas de la Catedral, hasta que en 1963 ya no quedó ninguna y la Catedral de Valencia junto al Miguelete tomaron todo su esplendor.

En otra ocasión pasearemos por la parte de enfrente.

Texto de Amparo Zalve Polo

lunes, 2 de septiembre de 2019

UN TRANVÍA A LO ALTO MIGUELETE

Archivo Municipal

Con el comienzo del año 1909 y tras la decisión de llevar a cabo la Exposición Regional Valenciana por parte del Ateneo Mercantil, la actividad en el tejido industrial y comercial de la ciudad fue frenética, y la firmeza para poner a punto el evento y en tiempo récord fueron la clave; y más partiendo de cero. Y en el corto horizonte, su fecha inaugural:  el próximo mes de mayo.

De tal modo, que las ocurrencias más estridentes no sorprendían, hasta el punto de que "un tranvía al Miguelete" era el nombre de un osado proyecto presentado al Ayuntamiento.

La extravagancia tenía lugar con el punto de su salida desde la misma plaza del Miguelete, y su destino en todo el alto del Micalet.

Fue D. Luis Gil Sumbiela quien presentó en el mes de marzo ante el Ayuntamiento los planos y memoria para la construcción de un "Tranvía funicular" con este fin, cuyo proyecto tenia la autoría del capitán de Ingenieros Bernardo Cabañas, quien se encargaría de la dirección de la obra.

De tracción eléctrica y de corriente continúa, el motor estaría instalado en lo alto del Micalet, que tiraría de unos cables de alambres de acero fundido al crisol, con una resistencia a la rotura de 125 kgs por milímetro cuadrado, cada uno de ellos de 21 mm de diámetro,  con  un total de 222 alambres cuyo aguante a la rotura iban a soportar 21.5000 kgs.

Los coches vacíos, cerrados para ocho pasajeros, y con un peso 850 kgs presentarían un aspecto elegante, con su correspondiente empaque.

Para su ascenso sobre la fachada del Miguelete y respetando hasta sus mínimos detalles artísticos, se fijarán de dos en dos metros las piezas de hierro necesarias, con dos guías del mismo metal, sobre las que rodarán cuatro ruedas, con una pestaña exterior para que el coche no tenga ningún movimiento horizontal en su ascenso que pudiera causar alarma al viajero. Las torrecillas situadas sobre la plataforma superior del Micalet, serán también de hierro.

La seguridad del funicular es absoluta, garantizada por un aparato Ramoneda, que detiene de inmediato al vagón,  ante cualquier contigencia, vaticinaba el autor de la idea.

El Sr.  Gil Sumbiela ofrece al Ayuntamiento a cambio de su autorización para la construcción y puesta en marcha del servicio, cederlo a perpetuidad en beneficio de la ciudad, a cambio tan solo de que se le conceda la explotación hasta el próximo 1 de enero, ocho meses escasos. 

Sin embargo, como quiera que el Micalet es propiedad de la Catedral,  aunque sea el Ayuntamiento el encargado de sus reparaciones, el Sr.  Gil Sumbiela retiró su proyecto del Consistorio para presentarlo al Cabildo de la Catedral, comprometiéndose a su instalación en el plazo de un mes, caso de su autorización. 

Pero la actividad era frenética, les decía, y lo que estaba en marcha para cruzar el río y asistir a la Exposición Regional Valenciana, era la construcción de un tranvía aéreo. En aquellos días se estaba en el montaje de dos esbeltas torres para su colocación en las márgenes del Turia desde el Llano del Remedio, y a la espera de la llegada de unos cables de acero de gran calidad, confeccionados en Londres, cuya fecha de inauguración tuvo que retrasarse a la prevista.

En esta ocasión,  el Sr.  Gil Sumbiela, profesor de fisica y quimica, científico entusiasta, sí consiguió su propósito, lo que fue motivo de una fascinación.

viernes, 30 de noviembre de 2018

BUCLES Y ROTONDAS

Vista de la rotonda de las Arenas, ca. 1909. Al fondo las casetas de baños de la hoy av. Neptuno. Remember-València, pg 855. Autor desconocido.

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES TRANVIARIAS

En la época de los tranvías de caballos, al principio con vía única, por la que iba y volvía el coche de un punto a otro de la ciudad, cuando el tranvía llegaba a su destino final entre conductor y cobrador retiraban la caballería del frente y la pasaban a la parte trasera, lo que se llamaba cambio de lanza y ya estaba dispuesto para volver a su punto de partida. La lanza era la pieza de madera que se enganchaba al coche y en ella se uncían el caballo o caballos que arrastraban el tranvía. Si la vía ya era doble al anterior proceso se añadía el cambio del coche a la vía paralela a través de los desvíos en diagonal que siempre había en los finales de trayecto.

Una vez llegada la electrificación este procedimiento obligaba a duplicar los mandos en el coche motor, un conjunto en cada extremo, y así se hizo durante un tiempo hasta que se comprobó que si se instalaba un bucle o raqueta en que las dos vía eran simplemente la misma se ahorraban desvíos y además con un único puesto de mando crecía la capacidad de una plataforma y se ahorraba tanto en material eléctrico, controla de marcha, como en mecánico, freno de mano. Así sucedió en Valencia con las primeras series de tranvías eléctricos, y en las más numerosas, tipo 100 y tipo 200 en bastantes unidades fueron retirados de una de las plataformas todos los mandos de conducción, dejándolos con un solo sentido de trabajo, a partir de la instalación de bucles por una o varias calles y rotondas en varios destinos finales. Los tranvías tipo 200 cerrados, 400 y 500 tuvieron siempre un único punto de conducción.

Las primeras rotondas se instalaron a partir de la electrificación en la playa del Cabañal en 1906 y también en 1909 en el muelle de Levante, en el llamado paseo de Caro, curiosamente fueron los dos puntos de atracción de público veraniego más importantes de la red, tenían un importante trabajo de protección de las colas de espera del tranvía ante el sol, o una lluvia fuera de temporada en pleno verano o en cualquier momento.

Vista general de Las Arenas, rotonda a la izquierda de la foto, sobre 1920. Autor desconocido. Remember-València, pg 410.

La siguiente corresponde al Paseo de Caro, zona del muelle de Poniente del puerto, en la que estuvo el Club Nático hasta su traslado a finales del siglo pasado. Es de muy buen gusto y bello diseño, quizá pensada para la gente de buen nivel económico que frecuentaba los restaurantes que había junto al muelle en aquellos años ’20 del pasado siglo.

Postal de época, rotonda de Caro, ca. 1920.

Parcial de postal de época, ca. 1915. Rotonda llena de tranvías. 
Colección F. J. Matamoros.

También en zona playera hubo un final en raqueta sin edificio de protección del usuario en la playa de Nazaret, entre los entonces llamados balnearios de Benimar y Mar Azul.

Raqueta de la playa de Nazaret. Autor desconocido, ca. 1960. 
Remember-València, pg (III) 392.

En la Valencia de la posguerra realmente solo quedaron dos finales de línea que no tenían raqueta o bucle, el de la línea nº 11 en la estación del Pont de Fusta, solucionado con un cerrado bucle ante la estación en 1942 y el de la calle de Sagunto, líneas nº 6 y 16, al final de la calle del mismo nombre, frente al colegio Salesianos, donde había que cambiar de vía y además mover a mano el remolque para llevarlo a la parte trasera del coche motor, como podemos ver en la siguiente foto.

Calle Sagunto, frente a Salesianos. Foto autor desconocido, ca. 1955. 
Blog Rails i Ferradures.

En cuanto a las líneas interurbanas ni la de Silla, Manises, Godella y Puebla de Farnals tuvieron bucle, solamente la de Torrente lo tuvo de tipo rotonda en la plaza que comienza el ajardinado paseo hacia el Vedat.

Texto de Enrique Goñi Igual

sábado, 4 de noviembre de 2017

EL ASILO DE LACTANCIA

Archivo Municipal

El Estado había sido generoso con la cesión de la que iba a ser nueva fábrica de tabacos al Ateneo Mercantil, por ser el organizador de la Exposición Regional de 1909 que en tiempo record construyó sus instalaciones, unas llamadas a ser efímeras, y otras, las menos, a perpetuarse con diferentes objetivos.

Había que corresponder a la cesión de tan importante centro fabril y se pensó en las cigarreras, quienes iban a significar su más importante mano de obra, siguiendo la costumbre romántica que tanto alimentó al genio literario y musical del siglo XIX.

¿Qué mejor dádiva que construir un edificio próximo, donde las cigarreras pudieran dejar a sus hijos en sus primeros años para ser cuidados y alimentados durante su jornada laboral ?

Es así cómo se construye el Asilo de Lactancia, como ya era habitual en otras fábricas de semejante industria. La entonces llamada a desaparecer ante la Glorieta, antigua Aduana, y que se iba a convertir en Palacio de Justicia, durante los años de ejercicio, también tuvo su asilo situado en la parte trasera recayente a la calle Colón.

El arquitecto Ramón Lucini, que había intervenido en la puesta en marcha del tranvía aéreo, fue el encargado de llevar a cabo  su construcción, y como todas las obras de aquella exposición, se hizo en tiempo record, iniciando su obra en el mes de enero de aquel año.

La Casa de Lactancia pasó a propiedad municipal, en la actualidad en funciones de balneario, al aprovechar las aguas termales que siguen manando desde 1930.

jueves, 29 de septiembre de 2016

LLEGADA HERIDOS DE MELILLA


Foto de Moroder

1909 - El 31 de agosto se había anunciado la salida desde Melilla y para Valencia del trasatlántico "Cataluña" con ciento nueve convalecientes que iban a ser trasladados desde los hospitales de Chafarinas y de la misma ciudad melillense, donde en unos días de temporal hubo que reforzar las tiendas de campaña mientras los trabajos de futuras operaciones bélicas eran retrasados, no así los barcos fondeados por Alhucemas de los que se veían el resplandor de los cañonazos dirigidos  contra los aduares próximos.

La llegada al puerto de Valencia era esperada al día siguiente y el pueblo valenciano acudió en masa a su recibimiento, ocupando en su totalidad los muelles y andenes. El cronista exaltaba la condición humilde de los congregados, quienes daban muestra de un gran patriotismo, haciendo hincapié que en "sus sentimientos puros y elevados, nada tiene que envidiar la clase proletaria de Valencia a los demás pueblos de España".

El desembarco de heridos en el muelle de Poniente se hizo con rapidez, ayudados por personal de  la Cruz Roja, carabineros y soldados. Bien a pie, ayudados en brazos de los compañeros y en camillas, los llegados fueron trasladados al tren situado junto al Restaurante Miramar por la vía de la Junta de Obras del Puerto. Frente a la Sociedad Marina Auxiliante se detuvo el tren para alojar veinte heridos que quedaron a disposición de la Cruz Roja, continuando el tren su marcha para alojar al resto de heridos en su final destino del Hospital Militar.

La Compañía General de Tranvías Eléctricos, en su contribución a la repatriación de los heridos, dispuso que hasta nueva orden gozaran de desplazamientos gratuitos en "la línea general del Grao y en los coches llamados imperiales, a los camilleros de aquella institución que vistan el uniforme completo". Igualmente se les permitía portarán las camillas, "a condición de que éstas vayan desarmadas". Se referían a quienes prestaban su servicio en el Hospital establecido en la playa del Cabanyal.

La fotografía de Moroder de 1909 nos ofrece el aspecto del puerto ante una de las llegadas de heridos.

domingo, 19 de junio de 2016

EL PALAU DE LA EXPOSICIÓN

Archivo Municipal

1909 - Junto al que se conocería como Puente de la Exposición (destruido por la riada de 1957 que lo partió en dos) y el Asilo de Lactancia, el actual Palacio Municipal fue, fueron las únicas construcciones llamadas a perpetuarse tras la Exposición Regional. El edificio de la Tabacalera, que formó parte de la misma -que ya había iniciado su obra en 1898- el Estado lo cedió para el evento. En compensación se construyó anexo al Palacio y para el servicio de las cigarreras,  el centro lactante en el lugar más próximo a la nueva fábrica de tabacos que iba a sustituir a la antigua, destinada ésta a convertirse en sede de la Audiencia.

A diferencia de los necesarios terrenos para la construcción de la Exposición Regional que fueron arrendados a sus propietarios, el del Palacio, que iba a ser destinado como Escuela Superior de Artes e Industrias, fue adquirido por el Ayuntamiento en propiedad, recayendo sobre el arquitecto Francisco Mora la responsabilidad de su ejecución, quien adoptando el estilo gótico florido, se inspiró en dos de los más importantes monumentos de la ciudad: el campanario del Miguelete y el suntuoso centro de mercaderes de la Lonja de la Seda.

Salvador y Carreras, glosando su acabado y en su comparación con el falso modernismo de la época “para dar gusto a cuatro adinerados”, guardó sus elogios para el Palacio Municipal, "un verdadero encanto de construcción arqueológica… compuesto con un cariño, una gracia y un arte insuperables”.

El pistoletazo de salida hacia a la modernidad estaba dispuesto, el vehículo a la puerta espera el inicio para tan colosal viaje.
  
Bibliografia: Valencia 1909 La Exposición Regional Valenciana de F. Pérez Puche


jueves, 28 de abril de 2016

EL TRANVÍA AÉREO... FASCINACIÓN

Archivo de José Huguet


1909 - Con el comienzo del año el ritmo de proyectos para dotar de atractivos a la Exposición Regional resultó frenético.  En el mes de febrero el Comité de la Exposición, que había recibido del Ayuntamiento la exclusiva sobre el uso del vado del río en la zona de su confluencia, dio permiso a D. Luis Gil Sumbiela para la construcción de un tranvía aéreo llamado a comunicar el Llano del Remedio con la otra parte del río, en la Alameda, en el punto justo enfrente a la entrada principal del recinto ferial, que iba a estar flanqueado por dos puentes, el de la Exposición en construcción y el del Mar.

Si para la nueva y muy próxima pasarela se había optado y como novedad por el hormigón armado, en esta ocasión, la conexión aérea sería a base de hierro y acero, no exenta de elegancia para admiración de los visitantes.  El director y constructor iba a ser el arquitecto Ramón Lucini, tan vinculado a la Exposición por otras intervenciones en la misma, lo que garantizaba el propósito.

En principio se había previsto como fecha de puesta en marcha del tranvía aéreo los últimos días de abril, tiempo necesario para la construcción de dos torres de hierro de once metros de altura, enlazadas por cables de acero de procedencia británica de gran calidad, a cuyo través, suspendidas en el aire, las cabinas de pasajeros trasladarían a los pasajeros de una a otra parte del río.

Sin embargo se retrasó el comienzo del montaje de las torres que no seria hasta el 17 de abril, con un plazo de ejecución de 15 días. Se contaba con la presencia del ingeniero inglés M. Stewenson, que no se marcharía hasta su finalización. Para comodidad de los usuarios en su ascenso a las torres, se prescindía de escaleras con subida giratoria una vez realizado el embarque.

Diversos problemas hicieron que se postergara su puesta en marcha, entrando en servicio el 23 de julio cuando ya estaba inaugurada la Exposición desde el pasado 22 de mayo. La distancia entre las torres era de 185 metros y su ejecución a cargo del constructor D. Jorge Bartle, que resultó ser una difícil obra de ingeniería, la mayor existente en Europa de semejante característica, causó gran satisfacción para los invitados.

El precio de un pasaje era de 0,25 pesetas; ida y vuelta 40 céntimos, y el abono para diez viajes, 2 pesetas.

¡Suban señores, disfruten su viaje!


Fascinación

María, aquella muchacha avispada que trabajaba en un taller de pasamanería de la calle de los Derechos, viajó en el tranvía aéreo una tarde de finales de julio de 1909. Y fue una experiencia que jamás pudo olvidar; una pequeña aventura que contó una y otra vez, cuando los hijos tenían que dormirse, cuando los nietos reclamaban un cuento.

El viaje duró muy poco y no tuvo mucho de especial. Total, se trataba de cruzar el río Turia, de hacer un recorrido de ciento cincuenta metros en una cabina de hierro pintado que se deslizaba por unos cables a no más de diez metros de altura. Pero igual que hizo aquel atardecer caluroso, ella siempre puso el corazón al servicio de la fascinación que no siempre nos da la vida. Un recurso de su ingenio le hizo vivir el viaje con la intensidad de una adolescente que había vivido una extraordinaria aventura sin salir de su ciudad.Y lo repitió siempre, con la emoción de una madre y la seguridad de una abuela protectora.

-     Aquella carroza aérea –decía—parecía flotar en el aire… Acolchada de luces y flores, pintada con los más bonitos colores, la cabina se elevó en el cielo…. Y avanzó despacio sobre la hierba del cauce, sobre la cinta de agua del río…

La vida es más llevadera si va acompañada de fantasía. La vida corriente, la vida monótona y sin grandes perfiles de una aprendiza valenciana de 1909, se transformó una tarde, gracias a un simple viaje en el tranvía aéreo de la Exposición Regional. Apenas le costó cinco céntimos. Luego, con sus amigas, recorrió todos los paseos, vio bailar a los ricos en el Pabellón del Casino, se hizo multitud alrededor de un automóvil y se maravilló ante un globo de gas que estaba a punto de volar.

Casi treinta años más tarde, en el silencio sobrecogedor del refugio, María se apretujaba con sus hijos, esperando el tronar del bombardeo que llegaba desde el mar. Contra el miedo, su discurso era el mismo:

-          Volábamos hacia la Alameda en una cabina de plata, por encima de un río que parecía una cinta de papel de plata, como las que ponen en el belén.

Su imaginación, su poesía innata, siempre estuvo a punto: para compensar las amarguras y suplir las carencias de una vida sin relieve. En las noches de apagón después de la gran riada de Valencia, fueron dos nietos los que se apretaron a su cintura llenos de temor. Y ella, como siempre, acudió a sus mejores recuerdos:

-          Era como si un pájaro nos llevara en una caja de cristal cubierta de luces: pasamos el río en un suspiro para bajar suavemente en el otro lado del Turia…

F. P. Puche

martes, 23 de febrero de 2016

LOS INFANTES DE ESPAÑA, UN DÍA EN LA EXPOSICIÓN

Foto de Barberá Masip - ABC

En junio de 1909 y en especial por la gran atracción de la Exposición Regional, los Infantes de España estuvieron tres días en nuestra ciudad con una agenda plena de actos. Habían llegado a la Estación del Norte el sábado 6 y en su primera jornada centraron su atención los establecimientos benéficos con la asistencia a otros lugares.

Su presentación en el evento que aglutinaba la industria valenciana estaba dispuesta para el domingo y tras la visita a la Catedral con la celebración de la Santa Misa y la contemplación de sus reliquias y capillas y sentir un gran fervor por el Santo Cáliz, SS.AA.RR subieron al Miguelete; después de un pequeño descanso contemplando las campanas, ascendieron a la terraza para disfrutar de sus vistas, en especial de la amplia huerta que desde lo alto se divisaba en aumento de su admiración.

Acto seguido y a las 10 horas, doña María Teresa y Don Fernando atravesaban sobre un landó el arco de entrada de la Exposición, seguidos por los vehículos de las primeras autoridades. Se dirigieron en primera instancia a la futura Fábrica de Tabacos, donde el Sr. Trenor esperaba la comitiva en unas instalaciones que cumplían con la función de "Palacio de la Industria", con numerosos stands situados en las múltiples salas que ocupaban cada uno de sus pisos, su planta baja y la principal.

Fueron cuantiosos los stands que captaron la curiosidad de los infantes de España en los que se reunían acreditados fabricantes de toda la región. Industriales de la cerámica, pasamanería, papel, orfebrería, vestido, sombreros, coches, alfombras, juguetes, electrónica, todo el estamento productivo valenciano, hacía en su conjunto bullir al Palacio. Desde la Institución Internacional Electrotécnica, un "teléfono de alta voz" que saludó respetuosamente a los infantes, repitió la atención a ruegos de doña María Teresa. , 

La Fabril Valenciana hizo una demostración en su manufactura de medias. Sonó la Marcha Real cuando se detuvieron ante un fonógrafo de la casa Arnau y Roig, y fueron obsequiados por el industrial M. Duch, fabricante de objetos de cuero. Cuatro salas las ocupaban los industriales del mueble, destacando las de Albacar,  Vilella, Ferrer y Mir, y Lleó. En la del Sr.  Feliu, estaba un despacho regalado a Alfonso XIII en su reciente visita.

Y entre los diversos pisos y salas con los expositores de saquerías, alfombras, dorados, papel de fumar, sombreros, juguetería, muñecas, orfebrería religiosa y un extenso repertorio de nuestra industria fabril, vieron el aeroplano del Sr. Oliver quien explicó "los fundamentos científicos y funcionamiento del aparato". Y el punto final a la visita lo fue en la planta baja con las magníficas instalaciones de las fábricas de jabones, de licores y harinas, "con lo que se dio por terminada la visita".

Sus Altezas Reales inauguraron un Concurso de Claveles "que de entre todas las flores es la más genuinamente española". Por la tarde, tras presenciar una corrida de toros, a mitad de la prueba, los infantes se presentaron en la Gran Pista, donde se venía celebrando un Concurso Hípico Internacional, con masiva afluencia de público, en esta ocasión debido a que se había acordado felizmente la entrada gratuita. Bastaba con la de la Exposición.

La estancia de los Infantes en Valencia tendría una tercera jornada, la del lunes, en la que volverían a la Exposición Regional para visitar, una vez haber almorzado en el Restaurant Miramar, el Pabellón del Real Patrimonio, el de la Diputación Provincial y el Palacio de Agricultura. Y ya con prisas, pues se aproximaba la hora de la salida del tren para su regreso a la Corte, recorrieron el pabellón de los Trenor, el Palacio de Fomento, la miniatura del Puerto, la Compañía Trasatlántica y el pabellón de la Industria Abaniquera.

Finalmente estuvieron en el Asilo de la Lactancia, al que dedicaron grandes elogios.

lunes, 2 de noviembre de 2015

EL BAR TORINO

El Bar Torino en la Exposición Regional de 1909

El Bar Torino es todo un referente asociado al nacimiento del Valencia C.F. por ser el lugar donde se celebró su acto fundacional un 18 de marzo de 1919 en plenas fiestas falleras. Pero ya desde su puesta en escena en la Bajada de San Francisco 8 fue lugar de reunión para los aficionados al nuevo juego del balompié conocido entonces como "foot-ball".

En diciembre de 1906 un anuncio del periódico blasquista "El Pueblo" daba a conocer la próxima apertura del NEW BAR TORINO de Enrique Novejarque. Abiertas sus puertas iban a ser frecuentes las citas para los asociados a los diferentes equipos de la ciudad, como la del 14 de agosto de 1909 desde la Sociedad de Foot-ball "Hispano-Club"  que para la junta general  se encarecía la puntual asistencia a las 19 horas.

Pero las noticias no eran solo deportivas: los vecinos y transeúntes de la bajada de San Francisco se vieron sorprendidos en la noche de un 22 de diciembre de 1908 "por los estruendos de una fortísima detonación seguida del estrépito producido por rotura de cristales". Lo que sucedió fue la explosión de la máquina con que se elabora el agua de Seltz, que ocasionó desperfectos de importancia pero sin desgracias personales.

El Diario de Valencia anunciaba en 1912 en una escueta nota "la sidra asturiana 0,15 bok. y el champagne 0.20 en el Bar Torino.  Bajada de San Francisco 8".

En noviembre de 1916 se citaba a los capitanes de los equipos de balompié de la ciudad para tratar de la organización del campeonato de 1916 a 1917.  Su interés por el balón se mantenía en los años y así en  marzo de 1917 se convocaba "a todos los que fueron socios del Deportivo Espanyol FC y a todos los amantes del noble juego del Foot-ball para hoy a las 21,30" para tratar de la reorganización de la sociedad.

Para el 10 de julio de 1919 se convocaba a los presidentes de todas  las sociedades de Foot-ball a una reunión que se iba a celebrar a las 10 de la noche.

Días después, el 15 de julio de 1919, el Valencia Club de Fútbol "domiciliado en el Bar Torino" convoca a una junta general el próximo jueves a las 22 horas suplicando la asistencia de todos sus socios para tratar de asuntos de gran interés.

El Valencia CF había iniciado así su andadura.

viernes, 11 de septiembre de 2015

CRISTALERÍA PRAT

Archivo Rafael Solaz

1909 - Se aproximaba la fecha de la inauguración de la Exposición Regional y durante el mes de marzo no había día que no se tomará una nueva decisión para ir configurando el programa de actos a ofertar al público asistente en el tiempo de su permanencia.

El Teatro Circo iba a ser el lugar de grandes espectáculos que llamaría la atención a los visitantes. Así, se autorizó a D. Eduardo Pardo la explotación de un gran telón de anuncios durante el tiempo de su celebración.

Se acordó un Concurso Automovilístico a celebrar en la primera quincena de junio. Para su mayor interés se llevarían a cabo diversas pruebas, entre las que iban a destacar, por su expectación, las de velocidad, marcha atrás y de curvas rápidas, a las que se añadirían carreras de cintas y obstáculos.

Por su parte, el señor Prat,  dueño de la fábrica de lunas y cristales de la calle de Colón números 7 y 9, es cuando hace saber a todos los expositores que les facilitará cuanto necesiten en espejos, lunas, cristales, esmaltes, letreros decorados, vidrieras emplomadas y toda clase de cristalería a precios especiales.

Transcurrido el periodo de la Exposición, el señor Prat se ofrecía para  retirar los géneros colocados abonando su importe, aunque teniendo en cuenta, en su caso, el estado de deterioro en que se hallen. 

El Sr. Prat se encargará, concluía en su anuncio, de colocar los encargos dentro de la Exposición, sin aumento de precio, así como también de quitarlos, al igual que de su traslado una vez finalizado el evento. 

En la foto de 1909 vemos el aspecto de Cristalería Prat en la calle adoquinada de Colón, aún sin  tráfico y con escasos paseantes.