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viernes, 25 de junio de 2021

EL PALACIO DE FOS


Casa Palacio en la calle del Bany

En 1686 existían en la ciudad unos 800 telares, pero con los adelantos de la época, cien años después, para ser precisos en 1786, había aumentado su número a 3.535 que daban ocupación a 5.295 operarios y 1.200 mujeres, llegando a fabricar aquel año cerca de 30.000 piezas de toda clase de tejidos de seda.

Y para mantener su pureza y en beneficio de la industria sedera, el 28 de septiembre de 1777 se había nombrado un inspector general para la buena dirección de las fábricas de seda en la persona del valenciano del cap i casal Joaquín Manuel Fos, quien por sus constantes viajes por toda Europa y lugares más lejanos, había adquirido los más adelantados métodos para la confección de la seda.

Su meticulosidad se vio manifiesta cuando en enero de 1784 ordenó fuesen quemadas frente a la Lonja en la plaza del Mercado y por manos del verdugo, unas piezas de seda que se hallaban tramadas por un cabo, con la multa correspondiente al fabricante, quedando su nombre grabado en el tablado para su escarnio público.

Joaquín Manuel Fos (1730-1789) fue el impulsor de los "serenos" en Valencia, los primeros de España, para dar trabajo a los pirotécnicos cuya actividad había sido prohibida.

En la Corte tuvo su gran promotor, que no fue otro que Carlos III, en reconocimiento a su importante actividad en el mundo de la seda, quien le otorgó el título de Marqués de San Joaquín, por su ayuda a las mejoras de la iglesia de las Escuelas Pías de su barrio "dels velluters", donde tuvo su palacio en la calle del Bayn, así rotulada por la existencia de unos baños al final de la calle, que también tuvo otros nombres en razón de su nominación, como lo fueron de Embany y Enbany, siendo enterrado en la Iglesia del Pilar.

sábado, 21 de julio de 2018

ALTARES Y RETABLOS EN LAS CALLES DE LA CIUDAD

Archivo Municipal

La gran devoción religiosa que existía en la Valencia del siglo XVIII se manifestaba por la existencia en el año 1757 de más de quinientos retablos o altares, al igual que por la multiplicación de cofradías en recuerdo de santos diversos, a los que se organizaban fiestas y procesiones a lo largo del año.

Parte de los retablos estaban en el interior de las iglesias, pero la gran mayoría se hallaban a la vista en cualquier calle o plaza de la ciudad, compuestos por  azulejos de Manises, donde se podía observar al santo o sus milagros, o la estampa devota que se venera.

Casi nunca faltaban las flores puestas en hermosos búcaros, ni las lamparillas de aceites en los altares, que por las noches y durante el día lucían a cargo de los vecinos, o una persona así encomendada.

Se sentía gran devoción por San Pancracio, que resolvía las dificultades ante el trabajo, por San Blas, abogado contra los males de garganta, por San Roque que protegía contra los de la peste, y por San Antón, quien cuida a los animales domésticos. 

Se rendía culto a los santos patronos de gremios y cofradías, todos con su altar, aunque en mayor número eran los dedicados a la Virgen del Rosario que alcanzaba los setenta.

Del Archivo Municipal vemos a la Virgen en los Santos Juanes, mientras que el retablo cerámico de Jaume de Scals, ya de época moderna, situado ante la Almoina y en el exterior de la Catedral, nos indica que la costumbre en su exposición se prolongó hasta el siglo XX.

miércoles, 13 de junio de 2018

SAN PIO V EN TIEMPOS DE LA CONTRARREFORMA

Archivo Municipal

 En 1728 se reanudaron las obras del Colegio San Pío V que había sido fundado por el arzobispo fray Juan Tomás de Rocaberti en 1682. Su nuevo brío vino tras la reforma protestante, y en su réplica, mediante un espíritu contrarreformista dedicado a la formación de sacerdotes a los ecos del Concilio de Trento.
  
Los trabajos se habían visto interrumpidos con la Guerra de Sucesión, influyendo y mucho la muerte del arquitecto encargado de su construcción Juan Bautista Pérez Castiel, quien había implantado el barroco en la Catedral, reanudándose en el citado año bajo la dirección de José Mínguez para enlazar su edificación con el Palacio del Real,  en unos terrenos adquiridos al canónigo Gaspar Frigola, lindando con la Armería del mismo palacio.

Destacaba en su construcción, como lo más bello, su claustro interior con cinco arcadas por cada lado y con su terminación se lograba una bella perspectiva en un trazo que contemplando el Palacio del Real se extendía hasta la Alameda, allí con sus columnas y torreones y con un arbolado que dejaba observar la Ermita de la Soledad.

sábado, 1 de julio de 2017

"ROBA TRADICIONAL VALENCIANA" - IV



Como siempre, ha sido el hombre el más perjudicado en cuanto a la moda se refiere; no por esto quiere decir que no ha tenido una presencia específica y elegante, vistosa y digna de toda mención.

LA CAMISA

La camisa está elaborada en telas caseras para el cuerpo y en telas de botiga para el cuello y las mangas, como la de la mujer. También está confeccionada de una pieza sin canesú y hasta bien entrado el siglo XX no se abrirá por la parte delantera como hoy la conocemos, dejando una pieza en el pecho ornamentada en bordados llamada pitera,  muy en boga en el siglo XIX y por medio de pliegues y fruncidos en el cuello en el siglo XVIII.

LES CALCES

Coinciden en todo con las de la mujer; se modifican única y exclusivamente para ir mucho menos guarnecidas y siendo normalmente de colores lisos, coinciden en la largaría en la “dels  calçons”, convirtiéndose en calcetines, cuando el calzón se alarga hasta el tobillo.



SARAGUELLS

Pieza que muchos autores opinan de uso interior y que en las faenas del campo se gastará exteriormente confeccionada en lienzos caseros y de anchura muy diferente según comarcas y épocas. Llegaron a la rodilla, e incluso un poco menos, replegándose todo su vuelo a la cintura por medio de un cordón que atraviesa toda la anchura del “saraguell”; sale al exterior por medio de ojales en la banda central.

Ocasionalmente aparecen otros de colores oscuros, confeccionados normalmente en lana, conocidos como  ”negrilles

Tanto unos como otros, llevan una pieza cuadrada entre las perneras denominada “cuadraet”, parecida a la colocada en los sobacos de las camisas, para dar más libertad a los movimientos.

También encontramos y como piezas más íntimas, los calzones interiores, confeccionadas en hilo o algodón, que coinciden en la elaboración de los “calsçons”, cambiando única y exclusivamente en la forma de cerrarse, que dejan una abertura en forma de bragueta y que irán replegados a las rodillas por medio de lazos. Estos calzones que en el siglo XIX se harán más largos y rayados son, lo que podríamos decir, los padres de los actuales “calçotets”.

También sabemos que existían unas piezas nominadas bragas, que no podemos describir, ya que no se han encontrado piezas antiguas, solamente tenemos referencia por las documentaciones escritas.

ELS CALCONS.

Son las piezas que protegen las piernas y las encontramos de diferentes medidas dependiendo de la moda del momento. Confeccionadas en toda clase de telas, desde la más fina seda, hasta la más fuerte de las lanas, así como de colores variadisimos, y que hasta el final del siglo XIX son lisos, dejando la fantasía de cuadros, rayas, etcétera, para, cuando por la moda, se alargan hasta los tobillos.

Hasta el siglo XVIII sobrepasan un poco la rodilla y se cogen a esta por medio de un cordón o cinta que se pasa por un doble hecho en la tela.

La construcción de estos va a ser siempre parecida, dejando una amplia banda por la cintura que recogerá todo el pantalón, se abotonará por delante dejando una abertura en la banda de atrás que será sujetada por medio de cordones.

Hasta el siglo XX no aparecerá la bragueta como hoy la conocemos, cerrando la parte delantera por medio de una tapa que tan solo continuarán utilizando los marineros.

Publicado por “Mes a Mes” que fue editado por la Asociación Cultural "El Portalet"

jueves, 1 de junio de 2017

"ROBA TRADICIONAL VALENCIANA" - III


MOCADOR DE COLL

Pieza fundamental que llevará siempre puesta toda mujer que se precie “dejando tan sólo de utilizarla las de reputación dudosa”.

Como el pañuelo, los materiales utilizados para su confección van a ser muy diferentes, según el uso a que sean destinados, bien de trabajo o de lucimiento,  heterogeneidad que afectará a las formas, siendo normalmente cuadrados o triangulares.

Se colocará sobre los hombros para cubrir el escote, dejando una gran libertad a la hora de anudarlo en la banda delantera, bien haciendo un lazo, cruzándolo sobre el pecho y anudado a la cintura, dejando sueltas las puntas y enganchado por medio de agujas.

También los colores van a ser muy variados, destacando el negro y el blanco, coincidiendo muy extrañamente en su ornamentación con el delantal, en contraposición a lo que hoy estamos acostumbrados.

En el siglo XIX principios del XX el pañuelo desaparece como pieza de lucimiento en la calle, apareciendo lo que conocemos como toqueta, que podía ser de seda, lana, piel de cabra y que tendrá una forma específica.

LES JOYES

Este sería un tema muy extenso, suficiente por sí mismo como para poder hacer una publicación exclusiva. Tan solo comentaremos que las formas son muy variadas según los gustos del momento, utilizando normalmente la plata dorada y el oro de baja calidad, guarnecido por extras y que en el siglo XIX se adornaran con gran cantidad de perlas.

Lo que sí queremos destacar, enaltecer y potenciar, es la joya más preciada que diferenciará a toda mujer valenciana de las otras del mundo,  como es la “pinta”, pieza de metal trabajado, utilizada para sujetar y adornar los cabellos.

EL MONYO

No conocemos las formas de peinar anteriores al siglo XVIII, ya que normalmente la mujer iba cubierta por pañuelos espesos que no dejaban opción a ver las formas de los cabellos.

Es a mitad del siglo XVIII cuando la mujer deja la costumbre de la “Mantellina” para lucir sus peinados que en un principio son sencillos y de características muy similares, dejando una raya que parte la cabeza, lanzando los cabellos hacia una cola que nacerá del occipital y que se dividirá en dos trenzas, y una coleta que se enrollara torno la aguja de la cabeza, la cual anteriormente se habrá colocado enganchada entre la cola principal y la cabeza, envolviendo las dos trenzas restantes, a derecha y a izquierda del nudo central.

En la época del romanticismo nació la revolucionaria tendencia de partir los cabellos en tres zonas, formando encima de la cabeza la silueta de una T,  por lo que caerán sobre las orejas dos colas qué bien se enrollaran a modo de caracoles o se alinearán de formas muy variadas al cabello de atrás, el cual continuará peinándose de igual manera como hemos indicado antes, dejando siempre muy marcadas las caídas laterales.

EL’HIVERN

A nadie se le ocurrirá colocarse piezas finas y suaves en los meses más fríos del año o sea en el invierno, bien al contrario la mujer se cubrirá con mantones de lana o capuchas que tienen una medida inmensa y que se envuelven para protegerla del frío.

Publicado por “Mes a Mes” que fue editado por la Asociación Cultural "El Portalet"

martes, 2 de mayo de 2017

"ROBA TRADICIONAL VALENCIANA" - II


COSSOS

Utilizamos esta palabra, “cos”, ya que recibe una gran variedad de nombres para diferenciar las piezas que se utilizan para cubrir, sujetar y enaltecer el cuerpo de las mujeres valencianas:

COSSET O CORSET

Es la pieza que cubre desde la cintura hasta los hombros dejando los brazos totalmente libres, por donde lucen las mangas de las camisas; se acopla al cuerpo de la mujer por medio de ballenas, bien de barba de ballena o de ramas de olivera, que estarán colocadas de formas diferentes, siendo dos las principales o centrales, mucho más largas que las otras a sus lados, que van en disminución.

Por su forma confeccionarán una punta triangular más o menos acusada que sobresaldrá  de la cintura, dejando un espacio entre la primera y las otras varas, para colocar los ojales, que aprovecharán, por medio de cordones, para cerrar la pieza.

En la parte inferior aparecerán lo que se conoce con el nombre de "merlets", que son adornos que cuelgan sueltos desde la cintura con formas y medidas muy diferentes.

Los escotes normalmente cuadrados, llegarán hasta la mitad del pecho, sosteniéndolo.

Las guarniciones son muy diferenciadas, de piel de oveja para remarcar las vueltas, recurriendo a la sobreposición o bordados en hilo de oro o de plata.

Los materiales usados en la confección son muy diferentes, desde la seda al lienzo tintado y de variados colores, siendo natural que estas piezas, sin mangas, sean confeccionadas en telas muy ligeras.



GIPONS

Tienen exactamente la misma estructura que “els cossets”. Cambian exclusivamente porque llevan mangas, cortas o largas, con diferentes decoraciones, como son: “els randes”, hechas en agujas de gancho, como adorno, sobrepuestas en forma astral y agradables. Estas mangas son siempre muy ajustadas y tienen la forma del brazo en posición de descanso.

También pueden estar confeccionadas igualmente que "els cossets", con diferentes colores y tejidos, diferenciando las bandas de las ballenas del resto de la pieza. Se eligen los materiales más cálidos, como "el vellut" o la lana, para “els gipons” de manga larga.

La evolución de estas piezas va a consistir en perder la rigidez conseguida por medio de las ballenas, dejando esta función al “corset”, según la moda que llega desde Francia, dándole más soltura al cuerpo y a las mangas, apareciendo los puños y pasando a colocarse dentro de las faldas “els merlets”, que hasta ahora se llevaban por fuera.

DEVANTAL

Como su nombre indica, es una pieza que se coloca en la parte delantera y que desde la cintura protege "el guardapeus, brials i sayes".

Se puede confeccionar en gran variedad de tejidos, dependiendo del uso que se le vaya a dar, bien sea de trabajo o bien para lucir. El hilo, el algodón, la seda o la lana seran los mas utilizados, con formas y dimensiones muy diferentes: largos, cortos, amplios, estrechos, cuadrados, redondeados, etc. Los colores a utilizar serán también muy variados, predominando el negro y blanco, en piezas para lucir.

Los confeccionados en telas más fuertes serán utilizados para el trabajo, tanto doméstico como del campo. Mientras que los más suaves serán para su lucimiento, con bordados y engalanados. El bordado que caracteriza al pueblo valenciano es siempre el punto de cadena.

Bien entrado el siglo XIX, esta pieza desaparece para ser usada en los vestidos de fiestas, quedando solo para los trabajos domésticos.

Publicado por “Mes a Mes” que fue editado por la Asociación Cultural "El Portalet"

domingo, 2 de abril de 2017

"ROBA TRADICIONAL VALENCIANA" - I


El algodón y la seda, el paño y la lana, els sayes i els guardapeus, els cossos i el devantal, els joyes y els monyos, els calçes y els calçons, y otros añadidos, crean en su conjunto la “roba tradicional valenciana”, la genuina indumentaria que el paso del  tiempo ha ido arrinconando en el baúl nostálgico de nuestra historia, pero que aflora en su esplendor cuando llega un acto festivo con la luz y el color tan nuestros, enriquecida la misma con la elegancia y la exquisitez por el buen gusto. De todo ello hablaremos en próximas entregas con el blanco y el negro de esta página, gracias a la información facilitada por un “periódico” que fue editado ya hace unos años por la Asociación Cultural “El Portalet” de nuestro Benicalap querido.
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ELS BRIALS

Eran unas faldas de uso interior, que confeccionadas en lana o algodón de diferentes colores, guardaban la misma estructura que las enaguas. Normalmente iban bordadas en la parte superior con las iniciales de su dueña. Un tiempo después se hicieron más ligeras con algunos estampados; las mismas quedaron como faldas de a diario en los trabajos domésticos y más tarde se usaron de forma rutinaria para su lucimiento en la calle, aunque no en los momentos solemnes.

LES SAYES

Se corresponden con otra clase de enagua confeccionada en lana o en paño conocida con el nombre de “sayes”, refajo o faldeta, que presentaba una coloración muy diferente, predominando el rojo y el amarillo, seguidos del verde, morado, blanco, etc, como también el tejido bicolor, formando cuadros e incluso a listas de diferentes colores (manta morellana)

Estas “sayes” eran de uso normalmente exterior, aunque se recurre al “guardapeus” encima de ellas.

En cuanto a los ornamentos, eran muy variados, confeccionados a base de piezas recortadas, sobrepuestas, hasta con bordados, como elementos decorativos de distintos materiales y formas, incluso en algunas comarcas con el recurso del plisado.

Cosa curiosa a destacar es que todas estas piezas llevaban en sus bordes un cordoncillo elaborado en lana o cinta de “vellut”, para su protección. En la banda interior, la pieza conocida como ‘a ruedo”, la cual se correspondía con una tira de unos 25 cms colocada alrededor, hecha de diferente tela, aunque cuando era  de la misma, otro color la resaltaba.

De la misma manera, las oberturas laterales también iban profundamente adornadas en telas recortadas y superpuestas, y en torno a ellas un cordoncillo. De esta manera eran de utilidad para introducir la mano dentro de la faltriquera o bolsillo, donde se llevaban los efectos personales, anudados a la cintura.

GUARDAPEUS

Así se denominaban las faldas confeccionadas en seda, que presentando la misma estructura que las enaguas, su uso era corriente y los colores lisos. En especial destaca en gran manera y en un porcentaje muy elevado, el color azul por encima de otros que seguían a distancia, como eran el verde y el rojo. Se elaboraban en casa por sus propias usuarias, normalmente aprovechando los capullos de seda rotos, destinando los de mejor calidad para la venta. Por lo que los tejidos más usados eran el “anducar” y el “filadic”, siguiendo por el raso, la tafeta, y como no, los “domassos”, con grandes motivos ornamentales de flores, diademas, frutas, etc.

También de antiguo y cuando la calidad era extraordinaria, esta pieza recibía el nombre de “basquinya”, que ya en el XIX se quedaría con el de "faldes apolissonades”.

Las guarniciones utilizadas para ornar los “guardapeus” eran muy variadas y espectaculares. Según el gusto de la época, iban desde el “farfalá” en seda, hasta simples cintas de algodón, pasando por las cintas doradas o plateadas, lazos superpuestos y siempre en número de dos o tres.

El largo era variable, hasta llegar a unos 10 o 15 cms de tierra. Todos llevaban la ‘roda’ interior como en las sayas.

Estas faldas, como las enaguas, evolucionaron, alargándose hasta llegar a tierra, desplazando su volumen desde la cintura a la banda de atrás, la cual ya bien entrado el siglo XIX, se “apolisonará”, debiendo alargar la falda a modo de cola por la parte posterior, y cuando la moda del “polissó” desapareció, estos “guardapeus” se arrastraban por tierra, especialmente en las capitales, mientras que en los pueblos continuarán utilizándose el ya nombrado brial.

En los grandes acontecimientos estos “guardapeus o basquinyes”, solían ser de colores oscuros, guarnecidos con la misma suntuosidad que en el siglo XVIII,  y además de la “roda” interior se colocaba papel o cartón para estibarlas, dándole así una mayor sensación de grandiosidad.

Publicado por “Mes a Mes” que fue editado por la Asociación Cultural "El Portalet"

lunes, 20 de abril de 2015

EL CADAFAL DE MARCHALENES

plaza de toros del llano de la Zaidia
Archivo Juan B. Viñals

La plaza de toros que se instalaba en el siglo XVIII en el típico arrabal de Marchalenes es un hecho posiblemente ignorado por muchos de los actuales vecinos de esta antaño típica barriada. Es digno de resaltar que desde siempre los valencianos han sentido una gran afición por la fiesta de los toros.

La plaza de toros del Pla de la Zaïdia o de Marchalenes según el historiador Orellana, por los años mil setecientos y pico fue el núcleo principal de las corridas de toros que se celebraban en la ciudad de Valencia.

Salvador Carreres, de manera jocosa también nos dejó escrito, que entre los días 22 hasta el 30 de de septiembre de 1755 se celebraron en este Cadafal (Plaza de Toros de Madera) diferentes festejos taurinos.

Donde de verdad más beneficios reportaba a los organizadores de los festejos taurinos era sin lugar a dudas era en el Mercado Central, pero las autoridades Municipales celosos de sus funciones en ocasiones eran reacios en conceder los permisos por las incomodidades que producían tanto a los vendedores, transeúntes y compradores del mercado. Por lo tanto los organizadores se vieron obligados ha instalar “els cadafals” en diferentes lugares de nuestra ciudad y es por eso que en algunas ocasiones las corrida de toros y festejos se trasladaron al barrio de Marchalenes y más concretamente en el conocido Pla de la Zaïdia, cuyo palco principal o de autoridades se encontraba frente la desaparecida Creu del camí de Marchalenes, que luego fue trasladada al camino de Paterna hasta el día de hoy.

1901 Cadafal de marchalenes_ coso calle jativ 1901_Album Barbera Masip_047 (1) 
1901 – Coso de la calle Játiva – V. Barberá Masip
Archivo de Rafael Solaz

En definitiva muchas son las dificultades y trasiegos tuvieron que soportar la Junta del Hospital General de Valencia, hasta que se consiguió ver realizada por fin, la flamante y actual plaza de la calle de Játiva.

”El origen de la fiesta de los toros en Valencia se pierde en la oscura noche de los tiempos. Las más autorizadas opiniones sostienen que los romanos importaron a España la afición al circo, la cual decayó casi por completo durante la dominación de los godos y visigodos, hasta que, ocupado posteriormente por los árabes el territorio español, volvió a renacer, si bien sustituyendo a la lucha de gladiadores y de fieras por la lidia de toros, en la que ostentaban su pujanza y brío los más esforzados adalides de las distintas tribus sarracenas. La nobleza española, que bajo todos los conceptos sostenía una rivalidad sin limites con la musulmana, tomó una parte muy activa en tales diversiones, no solo impulsando por el espíritu y la galantería dominante en aquella época, sino también que nadie cedía en serenidad, esfuerzo y valor. Muchos fueron por este motivo los caballeros cristianos que se distinguieron en la lidia de los toros y adquirieron gran celebridad y renombre, por su singular destreza y bizarría. Valencia que nunca ha podido contar con pastos para la cría de reses de tales condiciones, es acaso de los pueblos más antiguos en donde se ha ejercido la tauromaquia como ley caballeresca, o como fiesta popular. Mucho interés despertó la afición a la fiesta de los toros, así como apetencia de ganancias en la organización de los primitivos corros, pues el 27 de de enero de 1612, ya se solicitó a Felipe III, un privilegio del derecho de renta de los corros de los toros de la municipalidad de Valencia, celosa por sus intereses y también por la comodidad del publico, hizo siempre cuanto pudo para alejar del mercado esta diversión. El Hospital fue atendido por SM y, en Real Cédula de trece de julio de 1742, se revocó la del quince de julio de 1741, que mandaba hacer corridas en la Plaza de Santo Domingo. Esto no bastó para que el ayuntamiento cejara en sus instancias, en términos que en los intervalos e indecisiones tuvo el Hospital que buscar sitio en el Pla de la Zaïdia de Marchalenes”

Recordar que en otros lugares de la ciudad también se celebraron corridas de toros, pero por lo que a nosotros nos ataña, nos referirnos al importante cadafal del Pla de la Çaidia.

“La plaza del Llano de la Zaidia, siempre fue cuadrada; pero su situación varió según los cálculos y gusto de los maestros carpinteros, que tomaban por su cuenta la construcción de los tinglados (cadafals). Unas veces se hizo teniendo a su lado N. paralelo a la acequia de Algirós que pasa lamiendo el Monasterio de la Zaidia, apoyando el vértice N.O., sobre el puente antiguo frente la cruz que todavía existe. Otras se ladeaba toda ella de modo que este lado paralelo comenzando desde el mismo punto frente la cruz, tomaba la dirección oblicua al molino Villacampa, y en este caso cortaba la acequia, sobre la cual se construía la plaza. Generalmente, cada uno de los cuatro lados de esta plaza tenia doscientos veinte palmos valencianos; había tres puertas, una daba frente a Santa Mónica, a cuyo lado N. estaba el toril, otra frente al pretil del río y otra en el camino de Marchalenes, encima de la cual estaban los palcos de las autoridades”.

En el siglo dieciochesco, una tarde de toros o de cualquier otro festejo taurino de los que se celebraban en el cadafal de Marchalenes, suponía un espectáculo multicolor y toda una diversión para la época. El trasiego de los entablados y de la piezas para construir el Cadafal; el ir y venir dels mestres fusters (carpinteros) para dejarlo todo a punto y en su punto.

Antes de la hora programada la plaza quedaba engalanada en cada uno de sus rincones y cada empleado hacia lo propio para el posible y normal desarrollo del festejo (areneros, alguacilillos, torileros, porteros, etc.…).Primero el espectáculo de la arriesgada desencajonada de las reses bravas. Las colas para adquirir las entradas. El emerger de las gentes tanto de la ciudad como de la huerta formaban remolinos humanos entusiasmados por ver la llegada de los toreros, sus cuadrillas y los mozos de espadas; carruajes y calesas, portando a las guapas cupletistas de los más importantes teatros de la ciudad, quienes aparecían luciendo bonitos mantones de Manila, mantones, que después eran extendidos en sus barreras.

Mientras tanto la laureada Agrupación de la Música de La Vega, no cesaba de interpretar airosos pasodobles. Todo en sí, era festivo, por lo que los más curiosos no cesaban de ir de un sitio para otro, para no perderse nada de lo que por allí ocurría. La mayoría de la marejada de espectadores se trataba de huertanos venidos de los poblados limítrofes quienes aparecían ataviados con la clásica brusa negra del -diumenge i díes de festa- los labradores y los Gremios que aportaban más aficionados y que presumían conocer los secretos de la fiesta, eran tratants i corredors d`orella, carnissers y blanquers (curtidores). La mayoría de esos espectadores iban provistos de ostentosos puros habanos.

La fiesta la componían además de los empleados del Cadafal, la misma avalancha de espectadores provenientes de la ciudad y de los pueblos, además se congregaba toda una grey de vendedores y aiguders, portando el preciado líquido con botijos de arcilla, no faltaban tampoco los horchateros. Alrededor de la plaza como si de un mercadillo medieval se tratara se colocaban tenderetes con todo un sinfín de las más variadas chucherías, toda esa diversidad de vendedores con potente vocerío pregonaban las bondades de la mercancía, lo que impregnaba al ambiente, un bullicioso sabor festivo alrededor de la plaza de toros del Pla de la Zaïdia en aquel populoso y típico barrio de Marchalenes.

Texto de Juan B. Viñals

Bibliografía.
.Juan Miquel de San Vicente.”Memoria sobre la Plaza de Toros de Valencia”.-1861.
.Juan B. Viñals Cebriá.-“Marchalenes huerta y marjales (…)”2000.

lunes, 29 de septiembre de 2014

LA PLAZA DELS PORCHETS

Plaza dels Porxets. Siglo XIXArchivo de Rafael Solaz

De ella sólo queda su nombre en recuerdo de unas casas levantadas sobre unos pequeños pórticos, unidos sobre la acequia subterránea de Na Rovella en un recurso arquitectónico en nuestra ciudad, que, por su extrañeza, su recuerdo perdura en el nomenclátor.   

plaza porchets

De observancia en los planos de Mancelli (1608) y Tosca (1704)  fueron derribados en la segunda mitad del XVIII y pese a las modificaciones en la zona por los derribos de próximos conventos y la apertura de una ancha avenida, la plaza actual y en su configuración, mantiene un similar trazado en la curvatura donde estaban situados tan singulares “porchets”, punto de trasiego vecinal por su cercanía al mercado, tanto entonces como en la actualidad.

En el dibujo del siglo XIX, su autor y en su imaginario, crea el ambiente de la época mediante un carro y la vestimenta habitual de los huertanos que acudían al “cap y casal”.

jueves, 7 de enero de 2010