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viernes, 16 de diciembre de 2022

EL COLCHONERO

 TIPOS Y OFICIOS

El Colchonero

Colchonero trabajando en la calle. Autor desconocido. Remember-València, pg. 714

Era todo un personaje que recuerdo de mi niñez, como otros muchos tipos desaparecidos. Su pregón “el matalafer” el colchonero, que iba dotado de un par de varas de madera, una un poco más larga que la otra y algo curvada. Los recuerdo hasta los años ‘50 del pasado siglo.

Una vez la clienta lo llamaba y sacaba o bajaba el colchón, naturalmente de lana, no como sus sustitos de ahora de muelles o de gomaespuma, empezaba por descoser cuidadosamente un lateral, extendía un trapo en la acera, junto a una pared y vaciaba toda la lana del interior y allí comenzaba aquel batido rítmico de las dos varas en que tomaba la lana apelotada y con su oficio la iba ahuecando poco a poco. En viviendas con patio o galería el trabajo se solía hacer en la casa.

Alrededor del colchonero los chiquillos nos quedábamos oyendo el sonsonete del “tacatacatac tac tac” y viendo cómo milagrosamente iba creciendo el montón de lana ahuecada, luego venía el proceso de rellenar el colchón y la pregunta a la clienta de si quería el cierre de cosido normal o el más caro que dejaba en los cuatro costados arriba y abajo una especie de cordón que le daba mayor rigidez al colchón. Luego se pasaban las cintas que entrando por unos pequeños agujeros enfrentados unían las dos caras del colchón y a la cama.

El precio también dependía de si el colchón era de un cuerpo “ancho de cama 90”, de cuerpo y medio o canónigo “de 1.15” y de matrimonio “de 1.35” La longitud habitual era de 1.80 y el espesor de 25cm. Ya lo sé ahora son más largos y más anchos, hemos crecido.

También sé que hubo sonoros colchones de hojas de maíz, creo que les llamaban “márfegas” y de otras hojas o hierbas, pero apenas los conocí.

Texto de Enrique Goñi Igual

miércoles, 10 de junio de 2015

EL MATALAFER

matalafer

Años 50 - “Fer y desfer”. La imagen nos traslada a unos años de trabajos al aire libre, como otros muchos a voz en grito pregonados por las calles: la figura del “matalafer” que aireaba nuestras vidas.

“Cuando tocaba”, se presentaba en mi domicilio familiar y en la  amplia terraza del Balkis que nada tiene que ver con la presente que muestra la foto -pero útil para el efecto- extendía el acartonado colchón que una vez "descarnado", esparcía sobre una manta la lana apelmazada por los sueños. 

Fijo sobre el suelo, "el matalafer", con su inseparable vara curvada, iniciaba su trabajo con el zumba que te zumba. En su tarea, esponjaba aquellas entrañas para ubicarlas de nuevo al abrigo del grueso paño con sus habituales franjas blancas y rojas que robustecían su urdimbre.

Instante después, con la aguja de colchonero, recomponía la figura del mullido y cálido colchón que nos conduciría a las horas plácidas de la noche.

El frío látex tan anunciado actualmente en la tele, relaja nuestras espaldas, nos asegura el descanso, pero aquel grueso colchón de cantos trenzados con aroma de lana y borra, nos traslada a una época de oficios abandonados, de la que apenas nos llega el silbido del palo de fresno, cuando rompiendo el aire, sacudía la lana expulsando secretos.

¡El matalafer! Fer y desfer !!!