Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

lunes, 30 de septiembre de 2019

"CHACHAS" EN EL PARTERRE



Su imaginación es debordante. Una de las "chachas" de los años cincuenta que acudía con frecuencia al "Parterre", en su ensueño y como posible, imaginó esto:


Año 1878, y desde la ventana de su habitación en la casa donde servía desde los quince años, y ya desde hace cuatro, miraba el arbolado de magnolios que poblaban el Paraíso que para ella se había convertido el jardín de la plaza del Príncipe Alfonso. ¡Se veía tan bonito! Con sus cuatro fuentes surtidor, redondas, y en la parte norte un estanque, así como una casa para el guarda en la zona sur.

Ya son las cinco de la tarde y se apresura a sujetarse bien el delantal, de blanco impoluto, con un gran lazo a la espalda; se espolsa  minuciosamente la ropa con las manos y se atusa el pelo, colocándose el lazo blanco, su favorito. 

Y todo porque cruzaba los pocos metros de calle, que separan el Cuartel de Artillería y el jardín, su apuesto alumno de la Academia del Arma. ¡Iba tan guapo! Uniforme color azul y gorro redondo, le daba un cierto toque francés que le gustaba. Como todos los jueves a la misma hora y en el mismo lugar.

Bajó rápido las escaleras de aquella suntuosa casa y aún le sobraban minutos para llegar donde él la esperaba, apoyado bajo la sombra de un enorme ficus, seguramente el más antiguo de la ciudad. Como la época lo requería se miraron fijamente y se inclinó a besarle la mano. La tarde era fría y el paseo que comenzó en el ficus continuaba lento por los pasillos del jardín. Rodeaban una y otra vez las cuatro fuentes, cuyo sonido les iba a traer recuerdos posteriores.

Un gran pedestal rellenaba su centro, y en aquel momento no pudieron comprender que hacía allí tal decoración sin ninguna reseña más a la que hiciera alusión. Descansaban en los bancos blancos que estaban salpicados entre árboles y plantas. Incluso se atrevían a hacer proyectos de futuro, sin saber a ciencia cierta si serían posibles. No lo fueron, cuando él terminó la academia y fué destinado a otra ciudad. Ella quedó sirviendo en la casa donde pasó su juventud y hasta que cruzó su camino con un ebanista, amigo de la casa. Se trasladaron a otra ciudad para formar un hogar.

Pasados trece años, aprovechando una visita a Valencia, por el cariño que tenía a la familia donde había vivido su juventud, pidió a su esposo un momento de intimidad, y bajó sola al jardín de sus recuerdos y revivir lo que en un momento fue para ella su Paraíso.

Comenzó su recorrido como si del 1878 se tratara, pero ya estaba en 1891 frente al ficus donde quedaba con su “soldadito” ¡Lo que había crecido en esos trece años! Pasó por todos los lugares y se sentó en todos los bancos donde lo solían hacer.

Quedó asombrada cuando vio que el gran pedestal ya no estaba solo, una estatua ecuestre con el rey Jaime I el Conquistador lo llenaba. Momento muy especial  que le hizo recordar cuando se preguntaron ¿porqué? Y ¿para qué? ese pedestal.

Lo rodeó y vio que estaba lleno de leyendas, que pronto se preocupó de leer:

En la parte delantera un escudo de armas del rey Don Jaime, en la parte trasera, el escudo de la ciudad de Valencia. En los laterales, leyendas que nos hablan del ofrecimiento.

Una de ellas dice: Entró vencedor en Valencia, liberándola del yugo musulmán, el día de San Dionísio, 9 de octubre de MCCXXXVIII, y la otra: Al rey Don Jaime I el Conquistador, fundador del reino de Valencia, Valencia agradecida, MDCCCXCI.

Y con la actitud de la figura, la de dirigir la tropa en su conquista hacia la ciudad de Valencia, cerró el capítulo del Paraíso de su juventud.

Texto de Amparo Zalve Polo

sábado, 28 de septiembre de 2019

DON MANUEL GONZÁLEZ MARTÍ Y SU MUSEO NACIONAL DE CERÁMICA - III

Interior de su domicilio a principios siglo XX

III

Como coleccionista desde 1895, cuando adquirió sus primeros azulejos, obtuvo gran notoriedad; "su verdadera vocación" que como tal la definía. 

A base de grandes sacrificios iba engrosando su colección, pues él mismo decía "que derribaban una finca, y allá iba yo a comprar con mis ahorros los azulejos del edificio". Estímulo que le surgió antes de casarse con Amelia Cuñat en 1904 en su afán por decorar su domicilio, que se vio acrecentado por la gran afición hacia la cerámica que tenía su esposa, cuya ayuda tanto iba a significar en el ámbito de sus muchas dedicaciones, al igual que en su vida social e institucional.

En 1909 la colección de cerámica de Manuel González Martí era de gran volumen, siendo requerido para sus aportaciones en la Exposición Regional y Nacional de Valencia. Becado por el Ministerio de Educación Nacional, viajó a Italia en tres ocasiones para sus investigaciones en el campo del azulejo. 

Pocos años después colaboró activamente con Lo Rat Penat y en el Almanaque Las Provincias (1913) con sus apuntes sobre la cerámica vidriada valenciana, iniciando una larga contribución con la Escuela de Cerámica de Manises, de la que sería nombrado profesor y secretario en 1916, y más tarde director (1922/1947) -al sustituir a don Gregorio Muñoz Dueñas que se había incorporado a la Escuela de Cerámica de Madrid- donde desplegó una gran actividad para mayor prestigio de la Escuela, manteniendo al mismo tiempo una directa relación con el Ayuntamiento de Valencia, al que se ofrecía en su colaboración para  los actos conmemorativos de relevancia ciudadana, al igual que a otras entidades, como lo fue al Convento de la Trinidad y a la Feria Muestrario Internacional de Valencia de 1936, a requerimiento de don José Grollo, presidente de su Comité Organizador.

Con su esposa preparando su obra La Cerámica del Levante Español

Los años veinte y treinta, que habían sido para el coleccionista González Martí de gran actividad investigadora, literaria, como conferenciante y de colaboración en numerosas publicaciones, alcanzó gran relieve en el mundo de la cerámica, y tuvo como premio que la Editorial Labor, años después, le diera la oportunidad de la realización de su obra cumbre: "La Cerámica del Levante Español, siglos medievales", publicada en tres tomos entre 1944 y 1952.

Sus reconocimientos se vieron sobradamente certificados al ser nombrado correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, investido también Caballero de la Orden de Alfonso XII, director del Centro de Cultura Valenciana, y comisionado en 1922 por el Círculo de Bellas Artes para organizar en Madrid una exposición junto a José Benlliure, José Mateu, Ramón Stolz y otras personalidades del arte.

Fuente: 50 Años (1954-2004) Museo Nacional de Cerámica en el Palacio de Dos Aguas

jueves, 26 de septiembre de 2019

COCHERAS DE LOS TRANVÍAS DE VALENCIA



Parcial del plano de la Guía del Turismo en Valencia 
de José E. Galiana de ca. 1918.

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES TRANVIARIAS

Algo que no tuvieron más remedio que proveer los directivos de la Compañía de Tranvías de Valencia (CTV) primera empresa tranviaria y luego los de todas las demás compañías semejantes que tuvo València son las cocheras y talleres necesarios para guardar y reparar los coches cuando dejaban el servicio. Ojo, a largo plazo pensad que CTFV en sus últimos años tenía que guardar a cubierto sobre doscientos coches motores cada día, más casi un centenar de remolques.

Los primitivos coches se guardaban desde 1877 en los desaparecidos Talleres Cuadras y Cocheras del Tranvía Valencia-Grao, diseñadas por el maestro de obras Joaquín Bueso, luego propiedad de SVT, en la orilla del río justo donde empieza la av. del Puerto, frente a la llamada estación “churra” también desaparecida del Ferrocarril Central de Aragón como podemos ver en un parcial de plano arriba. En el mismo plano aparecen también las cocheras de la misma compañía más tardías que se crearon en los terrenos de la primitiva fábrica de la luz sobre 1908 en la calle de Asturias, antiguamente Camino Hondo del Grao.

En esos talleres los coches además de pasar las noches se reparaban, se repintaban, mecánicos y carpinteros mantenían el material en buenas condiciones de trabajo, además allí también estuvieron las cuadras de los caballos que los arrastraban con sus servicios auxiliares de veterinaria, almacenes de algarrobas, hierba, alfalfa, etc. Gasolina, carbón o energía eléctrica no usaban, pero comían y bebían los caballos que los arrastraban y precisaban la atención de veterinarios. Más o menos así iban las cosas hasta que en 1885 una nueva compañía tranviaria Sociedad Valenciana de Tranvías (SVT) crea nuevas líneas, compra la anterior empresa CTV, y queda como único proveedor de servicio de tranvías en la ciudad, con un total de cuatro líneas, las primitivas Interior y Valencia al Grao más las nuevas de Circunvalación y Diagonal, pronto se añadieron la prolongación al Cabañal y Circunvalación de Pueblo Nuevo del Mar y por otro lado la línea de Torres de Serranos a Marchalenes para servir la nueva estación ferroviaria creada por la misma compañía, ésta última de corta vida al trasladarse la terminal desde Marchalenes a Pont de Fusta.

Poco tiempo después en 1891 se creó una nueva compañía en Valencia la Compañía General de Tranvías (CGT), que con la inauguración de sus líneas en 1892 crea dos nuevas cocheras, una pequeña en la calle del Quemadero, hoy Dr. Sanchis Bergón, junto a Guillem de Castro para sus pequeños coches de caballos en servicio para sus líneas de Interior y de Ruzafa, y otra de más envergadura en la calle Trafalgar a mano derecha donde dio cobertura a sus novedosos tranvías de vapor de la línea al Grao y Cabañal, que pocos años después en 1900 pasaron a ser tranvías eléctricos.

Parcial del plano de R. O. P. de 1891 en el que figuran las cocheras 
de CGT en la calle Quemadero.

Fotografía de Finezas sobre 1950 de las cocheras de Trafalgar.

Algo más tarde, en 1903, se inaugura la línea de caballos al Cementerio, que se mantuvo independiente hasta que fue comprada por CTFV en 1924 y a  continuación la electrifica. Lógicamente la línea dispone de su propia cochera en la actual av. Gaspar Aguilar, a la derecha, poco antes del desaparecido paso a nivel.

La cochera de Jesús en el plano compuesto por parte de los parciales 60-II y 60-IV del plano que desde 1929 a 1944 se realizó del término de Valencia
 para el Ayuntamiento el Instituto Geográfico y Catastral.

Tenemos una foto que nos muestra los talleres del ferrocarril de vía estrecha de CTFV junto a la estación del Pont de Fusta, en los que podemos observar algunos tranvías de la serie 400 almacenados a la espera de poder recibir y completar la parte eléctrica. Eran años de escasez total de materiales más o menos estratégicos, como el cobre, hierro, motores, etc.

Foto autor desconocido. Ca. 1945. Talleres Pont de Fusta.

Finalmente sobre 1950 se inauguran las cocheras de Portalet, las últimas y más grandes que utilizó la CTFV, eran propiedad de su filial VASA por lo que no pasaron en 1964 a SALTUV. Sí que pasaron a propiedad de SALTUV las cocheras de Trafalgar y Jesús. Al ser imprescindibles para el buen funcionamiento de la red la nueva compañía SALTUV mantuvo en alquiler estas cocheras hasta poco después de la desaparición de los trolebuses. En ellas además de tranvías se recogían diariamente los trolebuses desde 1951 y también los autobuses de las líneas de VASA, empresa filial de CTFV. Estaban localizadas junto a la av. del Puerto entre Islas Canarias, Gas Lebón y Tomás Montañana.

Fotografía de 1964. Remember-València, pg 1768. Autor desconocido.

Texto de Enrique Goñi Igual

martes, 24 de septiembre de 2019

TONI MARI DA VIDA AL MALEABLE HIERRO

El Corro de la patata -  Esteban Gonzalo

"El Corro de la Patata" es la última obra del escultor Toni Mari en ámbitos públicos de València. Fue inaugurada el pasado día 16 de febrero junto al Parque Gulliver como regalo del pediatra Carlos Paredes, quien como presidente de la Fundación Valenciana de Pediatría se la compró al escultor en el año 2000 y ahora la ha regalado al ayuntamiento para disfrute de los niños, no sólo viéndola, ya que está colocada sobre un zócalo de piedra cuya amplitud permite que los menores jueguen al corro en su derredor. 

Una escultura, dijo el pediatra, que la bautizaron cuando la recibieron, ya que les recordó los juegos infantiles de antaño, y de ellos "el Corro de la Patata", que con letra muy sabia mentalizaba a los niños sobre los beneficios de comer ensalada, verduras y frutas. Canción infantil que en el año 2008 hizo famosa el grupo Encanto. La concejala de cultura Gloria Tello estuvo en representación municipal.

Delfines en La Malvarrosa - Esteban Gonzalo

Relación del artista con Valéncia que comenzó en 1998 con el grupo escultórico de dos delfines saltando sobre olas, realizadas con teselas de mosaico azules y blancas, en el Paseo Marítimo, frente a la playa de La Malvarrosa. Después esculturas en el Parque La Rambleta, plaza Aza, avenida de Francia,... pero principalmente en la zona ajardinada entre la Ciudad de las Artes y las Ciencias y la continuación del Paseo de la Alameda, por acuerdos con el Ayuntamiento capitalino para añadir atractivo a los jardines creados a partir del año 2004, que por la fertilidad de la tierra y el benigno clima de aquí están esplendorosos con árboles muy crecidos.


Toni Mari, Antonio Marí Sart, escultor de hierro, metal del que alaba su maleabilidad, además de ser internacionalmente conocido y con obras instaladas en ciudades de España y otros países, es profeta en su tierra, con centro de irradiación en su Xàbia natal, en Art al Camp, con la sala de exposiciones en el interior de una ballena de hierro construida en homenaje a su madre Antonia, que falleció el año pasado. Jardín escultórico donde también hay un lago, una cascada y una hormiga de 6 metros en la cúspide de una montaña.

Numerosas esculturas de este dulcificador del hierro jalonan la Marina Alta de Alicante, siendo “Bous a la mar” en Dénia una de las más famosas.

Incluso la Casa Real tiene una obra de Toni Mari regalada por Pedro Duque en el año 2004.

La fragua y el yunque despertaron a partir de los 14 años la creatividad de Toni Mari trabajando en un oficio en desuso.

Sólo utiliza el hierro necesario para que sea fácilmente perceptible lo que quiere representar.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

domingo, 22 de septiembre de 2019

DON MANUEL GONZÁLEZ MARTÍ Y SU MUSEO NACIONAL DE CERÁMICA - II

1923 - El profesor González Martí con sus alumnas

II

Licenciado en Derecho y en Bellas Artes, se dedicó a la docencia, otro de sus mundos, como profesor de dibujo en la Escuela de Comercio y en la Escuela Normal de Maestros, continuando en el espacio  de las publicaciones con Arte Moderno (1899), Valencia Artística (1903) e Impresiones (1908).

Blanco y Negro, el Museo Universal y La Esfera, albergarían sus trabajos torno a la ilustración gráfica, al igual que la revista catalana Papitu y el Madrid Cómico, todos firmados como Folchi, con su continuidad en “El cuento del dumenche” (1908/1909) y "El guante Blanco" (1912/1919).

Ya como González Martí, participó con sus ilustraciones en el Mercantil Valenciano y en Las Provincias, además con sus trabajos de investigación en La Esfera de Madrid, Forma y Museum de Barcelona y en la publicación universitaria Oro de Ley.

En 1911 obtuvo el premio de "tercera medalla" en la Exposición Internacional de Barcelona, por su caricatura de Goya, que entre la de otras personalidades formaba parte de la colección "Los revolucionarios del arte".


Fue un gran entusiasta de Lo Rat Penat desde el nacimiento de la entidad, de la que llegó a ser Presidente en los periodos 1928/1930 Y 1950/1962, participando en las excursiones científico-literarias y artísticas por las provincias valencianas junto ilustres paisanos, tales como Blasco Ibáñez, Salvador Giner, Sanchis Sivera, Llorente Olivares, Roque Chabás, Felix Pizcueta, Martínez Aloy, Cebrián Mezquita, etc.

En su segunda etapa como presidente de la entidad valencianista puso en marcha en 1950 los cursos de valenciano de Carles Salvador.

Fuente: 50 Años (1954-2004) Museo Nacional de Cerámica en el Palacio de Dos Aguas

viernes, 20 de septiembre de 2019

HUELLAS AÉREAS DE LOS TRANVÍAS DE VALÈNCIA

Foto E. Goñi, c/ Sangre, 19.01.19

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES TRANVIARIAS

Como ya hemos visto, todo lo instalado y eliminado posteriormente en la ciudad deja una huella más o menos grande, pero en el caso de los cableados eléctricos esta huella es muy pequeña al ser retirado por su valor económico, al fin y al cabo el conductor es cobre y el resto de cableado es hierro o acero, que tiene un valor, lo que justifica su pronta y eficaz retirada nada más desaparece su necesidad.

Entonces qué huellas vamos a encontrar, puesto que por otra parte los postes de sustentación de tirantes o de ménsulas tampoco son útiles, excepto que combinen su uso con el de alumbrado, y si no es el caso también se retiran, por lo que solamente hay un objeto que nos recuerde el paso de una línea tranviaria por una calle, y esto son los rosetones, que desde las paredes de edificios sujetan los tirantes. Habitualmente desaparecen cuando se realiza algún tipo de obra sobre la fachada del edificio, pero si no es el caso se quedan para dar fe de que por allí pasó una línea de tranvía eléctrico hasta que se derribe el edificio.

Como primera prueba de su permanencia tenemos arriba la foto de la fachada lateral de nuestro Ayuntamiento en la calle de la Sangre, donde además tenemos no uno, sino dos rosetones uno encima del otro, esto se debe a que en las primeras electrificaciones los cables de sustentación de la catenaria se colocaban más altos, para que tuviesen una menor carga mecánica en el tirante, que quedaba como formando una uve, en el caso del de la parte inferior era mucho más horizontal toda la telaraña que se formaba.

La siguiente imagen pertenece a la pared de la iglesia de San Martín en la calle de San Vicente.

Foto E. Goñi, c/ San Vicente, 19.01.19

Las dos siguientes fotos pertenecen a la fachada de otro edificio histórico, el chaflán en que está instalado Bankia, entre la plaza de la Reina y San Vicente. En la tercera imagen aparecen tres rosetones, y en la última dos uno de cada época, alto el más antiguo y bajo el más moderno.


Foto E. Goñi, c/ San Vicente-Reina, 19.01.19

Foto E. Goñi, Reina, 19.01.19

Este es un pequeño ejemplo de rosetones a la vista, si alguien tiene curiosidad por encontrar otros no tiene más que levantar la vista y darse un paseo por calles como Sagunto, Serranos, Bolsería, Quart, Borrull, Jesús, Alicante, Ruzafa, Paz, Mayor de Nazaret, Reina, Barcas, Pintor Sorolla, Murillo, San Fernando, María Cristina, Matías Perelló, Islas Canarias, y otras muchas más, pero eso sí, busque en edificios con más sesenta años. 

Felices hallazgos.

Texto de Enrique Goñi Igual

miércoles, 18 de septiembre de 2019

ANTIGÜEDADES ARTEGA

2009 Antigüedades Artega -  Julio Cob 

Fernando Alberto de Arteaga Núñez de Haro gestiona desde 1988 un establecimiento de compra-venta de antigüedades en el número 32 de la céntrica calle Corretgería, en el barrio La Seu de València.

Las antigüedades sucedieron al restaurante Tirol, éste a una cristalería y ésta a un negocio de muebles de estilo inglés.

La fachada del bajo, chapada con madera y con muchos decenios de antigüedad, le da un atractivo especial, y lo que se ve mirando el escaparate incita a conocer el interior de la tienda, que está llena de muebles, lámparas, figuras de porcelana, relojes de bolsillo, pinturas, locomotoras y vagones para maquetistas, y un largo etcétera de objetos antiguos. 

El Sr. Arteaga en su tienda  -  Esteban Gonzalo

Un paraíso para el coleccionista, para pasar horas mirando y admirando, y donde lo raro es no encontrar algo que guste, pagarlo y a casa, ya que hay para todos los bolsillos. 

Para ello Fernando va informando al visitante de las particularidades y peculiaridades de cada objeto expuesto, ya que es un entusiasta de lo que gestiona.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

lunes, 16 de septiembre de 2019

DON MANUEL GONZÁLEZ MARTÍ Y SU MUSEO NACIONAL DE CERÁMICA - I

Don Manuel en su Museo (Ca 1955)

I

No se puede entender la historia del Palacio del Marqués de Dos Aguas, en su cronología de los últimos cincuenta años del pasado siglo, una vez convertido en sede del Museo Nacional de Cerámica, sin conocer la personalidad de quien lo hiciera posible, el ilustre valenciano D. Manuel González Martí, su creador y fundador.

De brillante carácter, tertuliano amable, conversador ágil, pertinaz investigador, fascinado dibujante, decidido coleccionista, con gran capacidad de trabajo, autorizado conferenciante, no puede sorprendernos que como fruto de su trabajo se viera premiado con el logro del Museo, y a su vez, con la guinda de que fuera situado en el palaciego marco de uno de los lugares más emblemáticos de Valencia.

Nacido en la calle del Torno de San Cristóbal en 1877, junto a la del Mar, la familia fijó su residencia esquina a Roteros, en la de Palomino, sufriendo la muerte de su madre por la epidemia de cólera de 1885, y que al enfermar  su padre, pasaron a vivir en el domicilio del abuelo en la calle Pelayo.

El bachillerato lo culminó en los Escolapios y en el Instituto Luis Vives, años en los que surgió su vena editorial al crear la revista escolar "El Estudiante" (1894) junto a Maximiliano Thous.

Compaginó sus estudios de Derecho con los de Bellas Artes en la Real Academia de San Carlos, donde fraguó amistad con Ignacio Pinazo, rodeándose con lo más granado de la pintura de aquellos años: Sorolla, José Benlliure, Degrain, etc.


Tuvo entusiasta dedicación a sus tres grandes aficiones: el dibujo, los toros y el afán por coleccionar. 

Alcanzaron notoriedad sus caricaturas, que con el seudónimo de Folchi puso en marcha numerosas publicaciones satíricas, de arte y literatura, destacando Cascarrabias (1897), con sus sátiras a Maximiliano Thous, al carlismo, a Cánovas, a Navarro Reverter y a los protagonistas de Lo Rat Penat, entre otros. Sus páginas homenajearon a Blasco Ibáñez, y sus últimas apariciones fueron a caballo de la pérdida de Cuba, de la que no fue partícipe por el abono de 1500 pts que le exoneraba del servicio militar.

La revista Cascarrabias, de su creación, había aparecido en su primer número en un bajo situado en la calle María de Molina 4, cuya imprenta compartía con El Correo de Valencia.

¡Quién le iba a decir a D. Manuel, cosas del destino, que sobre el solar del bajo se construiría un nuevo edificio que se vería envuelto en la polémica, cuyo último solar serviría en 1971 para la ampliación de su Museo Nacional de Cerámica!

Fuente: 50 Años (1954-2004) Museo Nacional de Cerámica en el Palacio de Dos Aguas

sábado, 14 de septiembre de 2019

ASÍ ERAN LOS CABLES DE LOS TRANVÍAS


Tranvía 182 bajo el entramado de cables en la Porta de la Mar. 
Foto autor desconocido, ca. 1960. Remember València, pg 387.

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES TRANVIARIAS

A partir de los primeros tranvías eléctricos puestos en marcha en Valencia en 1900 aparecieron en el cielo, justo por encima de las vías, unos cables que conducían la electricidad para que pudiesen funcionar; pero estos cables conductores necesitaban de otros para sostenerlos a la altura adecuada, y a su vez para sostenerlo todo hacían falta unos postes que sujetasen toda la tela de araña que se estaba creando, o unos rosetones en las paredes de los edificios lindantes con las vías donde enganchar los cables auxiliares para sostenerlo todo. Teniendo en cuenta que este entramado de cables auxiliares deben estar aislados para no transmitir la electricidad, por ello están enlazados con piezas de cerámica en los puntos de unión de unos con otros.

Cuando las paredes están lejanas o no existen, como en muchos tramos de carreteras, los postes que sujetan los cables están a un lado de la vía o en el centro en muchos casos de doble vía, como en la siguiente foto.


Foto autor desconocido. Pl. E. Castelar (Ayuntamiento) en 1914. 
Postes sosteniendo ménsulas. Remember València, pg 907.

En las rectas las distancias de sujeción podían ser relativamente largas, pero en curvas debían ser muy cortas para dar en cortos tramos rectos la curvatura necesaria para estar bajo la vía, como pasa aquí frente a la Estación del Norte. Se aprecian perfectamente los aisladores sujetando el cable activo, y más aisladores entre los tirantes.


Foto autor desconocido, Remember València, pg 1511, ca. 1955.



Aspecto de un cruce de línea aérea tranviaria en pl. Reina. 
Foto autor desconocido.

Finalmente tenemos un aspecto del cableado en vía doble con desvíos en la bajada a la calle Sagunto y Orilla Río desde el puente de los Serranos.

Foto Wiseman, sobre 1955. Coche 16 en dirección a Tabernes Blanques

Texto de Enrique Goñi Igual

jueves, 12 de septiembre de 2019

XXX ANIVERSARIO DEL CONCURSO MUNDIAL DE PAELLAS EN EL PUERTO DE VALÈNCIA

1990-2001 Panorámica de la avenida Dr. JJ. Dómine.- 
Del libro conmemorativo.

El pasado 8 de marzo, un viernes, se celebró en la amplia explanada donde estuvieron las instalaciones ferroviarias de la estación Grao de València la XXX edición del Concurso Mundial de Paellas de Empresas del Sector Logístico Portuario, que anualmente organizan la Falla Doctor J. J. Dómine-Port y el Diario del Puerto.com con el apoyo de patrocinadores y la colaboración de Adif y Puertos del Estado.
   
La novedosa idea de unir Fallas y Puerto ha tenido un éxito sin precedentes, ya que de congregar 500 personas que prepararon 43 paellas el 16 de marzo de 1990, pasaron a 100 en 1994, el doble en 1998, hasta llegar a las 584 paellas de este año con más de nueve mil participantes de toda España y de diferentes rincones del Mundo. Por ello, también el lugar para realizar el concurso han tenido que ir trasladándolo: 1990/2001 en la avenida Doctor J.J. Dómine, 2002/2005 junto a las históricas Atarazanas del Grao y calles adyacentes, 2006/2007 en jardines y calles contiguas a la avenida Ingeniero Manuel Soto y desde el 2008, con autorización de Adif, la entidad gestionadora de infraestructuras ferroviarias, en la amplia explanada donde estuvieron las vías y muelles de mercancías de la estación del Grao, que está permitiendo admitir los enormes aumentos de participación.
  
2008-2019.- En la explanada ex estación Grao. 
Del libro conmemorativo.

La fiesta del aniversario comenzó a las 14 horas con una estruendosa mascletá, que, además, fue la señal de inicio para realizar las paellas.

Tras pasar por uno de los tres jurados, a comer, entrega de premios y baile con orquesta hasta las 20 horas. Son concedidos un premio especial y tres primeros, tres segundos y tres terceros.
   
XXX Concurso Mundial de Paellas.- 
Daniel Burj, Marina Civera, Alba Belén y Javier Blasco. 
Foto de  Esteban Gonzalo

La Fallera Mayor de Valencia, Marina Civera, y su Corte de Honor, tras ser recibidas por Alba Belén Iranzo y Javier Blasco, Fallera Mayor y Presidente de la Falla Dr. J.J. Dómine, participaron en la comida y el festejo para realzar con su visita la importancia del encuentro anual que este año cumple su trigésima edición. La Junta Central Fallera estuvo representada por Daniel Burj, Vicepresidente de Protocolo.
   
"Qué podiem fer per a millorar" (que podríamos hacer para mejorar) en una reunión fallera en 1990 fue el punto de partida para la primera edición del concurso, donde los primeros sorprendidos fueron los falleros y el Diario del Puerto que actúan conjuntamente desde la primera edición.
   
La paella es la excusa para pasar un día alegre todos juntos, convirtiéndolo en la cara más amable, sincera y divertida de la Logística portuaria.
   
Además, es una fiesta solidaria, donde los participantes tienen la oportunidad de efectuar una aportación que es destinada a Aportem, Puerto Solidario de València. Reciben pañuelos y gafas de sol y ayudan a menores desprotegidos del Distrito Marítimo.
  
Jurado

El concurso de paellas es la actividad más importante de las numerosas que realiza a lo largo del ejercicio fallero la comisión Doctor J.J. Dómine-Port, y el preludio de los actos de los días siguientes que culminarán con la cremá de sus fallas, la grande y la infantil, encuadradas en las secciones 4ª B y 4ª respectivamente.
  
Como recuerdo de la efeméride han editado un libro ilustrado con más de 700 fotografías.
   
Texto y fotos de Esteban Gonzalo Rogel

martes, 10 de septiembre de 2019

SORPRESA URBANÍSTICA ANTE EL PALACIO MARQUÉS DE DOS AGUAS


La amplia y comercial calle Poeta Querol, céntrica y que lleva el tráfico desde la calle la Paz hasta las Barcas, fue antaño, hasta el final de la década de los cincuenta del pasado siglo,  un conglomerado de callejuelas y plazas que tenían gran encanto, con la existencia de palacios, algún casino, academias y un colegio, con sus esquinas y sus rincones.

La corta y estrecha calle Poeta Querol, la plaza Mirasol, la plaza San Andrés, la calle María de Molina y la calle Canalejas, estaban llamadas a un nuevo y amplio trazado urbano que sería conocido años después como la "milla de oro" de Valencia, con las firmas comerciales más universales.

Pero en su fragua, tuvo lugar una anécdota urbanística que sorprendió a todos.

Un edificio de la calle María de Molina estaba llamado a desaparecer en beneficio del Palacio del Marqués de Dos Aguas.

El inmueble de principio del siglo se derribó en 1957 y el Patronato del Museo había acordado su compra para la ampliación del Palacio. 

Para ello, se acordó pedir un adelanto a la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de 10.000.000 de pts para su adquisición a tercios entre el Estado, la Diputación y el Ayuntamiento.

Y como pasaban los años y el acuerdo no se alcanzaba, la propiedad del solar inició la construcción de un nuevo edificio que llegó alcanzar sus cinco plantas, con su esqueleto concluido y las fachadas de ladrillo ya cerradas en 1967, ante la sorpresa y estupor de muchos, toda vez que la propiedad había puesto como fecha tope del cumplimiento de lo acordado la del 31 de diciembre de 1964.

En presencia de la “razón jurídica”, se impuso la "razón político institucional", y se llegó a un acuerdo que supuso el derribo del inmueble construido y con ello la ampliación del Palacio del Marqués de Dos Aguas, ya en sus funciones de Museo Nacional de Cerámica González Martí. 

Lo que se había quedado en el olvido era la antigua relación de un inmueble decimonónico de María de Molina 4, con la vida del fundador del Museo, Don Manuel González Martí.

Fuente: 50 Años (1954-2004) Museo Nacional de Cerámica en el Palacio de Dos Aguas

domingo, 8 de septiembre de 2019

LA ERMITA DONDE SE FRAGUÓ EL ICONO DE LA VALENCIANÍA


 
Archivo Municipal 

1935 Ca. Una pequeñita ermita de planta rectangular, con altos muros laterales en los que se abren varias ventanas. Sobre la fachada  una pequeña espadaña con cimbalillo y cruz de hierro.

Su nombre, El Capitulet. Se reunían en capítulo los miembros de la Real Cofradía, desde 1411, fecha de su fundación.

La actual ermita, de 1730, que todavía se conserva en el actual recinto de lo que era el antiguo Hospital General, se instauró sobre el mismo lugar que ocupaba la del siglo XV. Se renovó en 1667 y restauró en 1867. Frente a ella se alzaba, hasta que fue retirada, una estatua del venerable Padre Juan Gilabert Jofré, fundador de la institución benéfica.

La importancia del Capitulet, reside en el comienzo de la historia del icono de la valencianía, y que sería la Patrona de Valencia, Ntra. Sra. de los Desamparados. Siendo encargada por los cofrades de Ntra. Sra. de los Inocentes, Mártires y Desamparados al Padre Jofré en el siglo XV. Allí se alojó hasta su traslado a la Catedral en 1487.

Una incidencia, como fue la epidemia de peste de 1646, con gran repercusion en toda la ciudad, afectó al virrey, el Conde de Oropesa, quien se encomendó a la Virgen de los Desamparados. Desde aquel momento cesó la epidemia, razón por la cual fue consagrada como Patrona de la ciudad y del Reino, y a su vez se tomó la determinación de construir una Basílica junto a la Catedral, que se inaguraria en 1667 con una gran fiesta popular, y con el traslado a cargo de la Cofradia de la Virgen, de su imagen desde la capilla dels Tapiners en la Catedral a su nuevo  templo anexo. 

Otra característica de esta ermita es la de albergar hasta hace poco la imagen peregrina de la Virgen. En 1944, el escultor Carmelo Vicent, realizó una copia de la Virgen, conocida como Peregrina y que habitualmente procesiona por las calles de Valencia. Actualmente preside el altar una talla de la Virgen de los Desamparados realizada en 1950 por José María Bayarri, con la aprobación del entonces arzobispo de Valencia, Monseñor Marcelino Olaechea.

Texto de Amparo Zalve Polo