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martes, 24 de marzo de 2026

SINGULARIDADES DE UN PUENTE Y UNA PUERTA



Va a ser un corto recorrido por una pequeña zona de la ciudad que se remonta a muchos siglos atrás con los sucesivos cambios que se fueron estableciendo referidos a diversas causas.

Muchas veces hemos pensado como sería esto o lo otro en cada momento de la historia de una ciudad, pero esa parte tan antigua solo podemos saberla a través de dibujos y grabados, unas veces a pie de calle recorriéndola, otras desde lo alto con un globo aéreo.

El fin concreto de esta entrada es ver la evolución de esa pequeña zona como era la del Puente del Real y la Puerta del Real, como por así llamarlo de alguna forma en un momento de coincidencia de nombre.

Empezaremos en el año 1253 con un plano de Valencia (foto de portada) poco tiempo después de la conquista cristiana de Valencia por el rey Jaime I en 1238. Se observa ya una puerta para entrar a la ciudad a través de la muralla árabe. La puerta árabe era la de Batbazachar, llamada posteriormente Puerta del Temple y de Montesa.

Llega el año 1375 y al levantarse la muralla cristiana se construye la primera Puerta del Real en el tramo comprendido entre la Torre del Temple y la Ciudadela, y coincidiendo con la salida del antiguo puente frente al Palacio Real.

Ese puente iba a sufrir de las Avenidas del Turia y por alguna cosilla más. Una bien notable fue la de 1517. Entre ellas también un suceso en los escritos: En 1528 debido a la afluencia de gente sobre el puente con ocasión de la entrada del emperador Carlos V, la baranda cedió, los espectadores cayeron al río y algunos fallecieron.

Como se ve estoy siguiendo orden cronológico.

Y es aquí cuando ya podemos ver puerta y puente gracias a que Anton Van Der Wyngaerde dibuja en el año 1563 el puente de paso al Palacio Real, en los que se aprecia bien que los soportes eran de piedra pero el paso y las barandas eran de madera. Hay inexistencia del pretil del río.

No tardó muchos años en desaparecer ese puente debido a una de las avenidas del río, mismamente la del año 1589.


Llegan las bodas de Felipe III, en 1598. No quiero olvidarme de decir antes que el pretil que iba desde la Puerta del Real a la de la Trinidad se hizo durante los años 1591y 1592. Por lo tanto en el momento de las bodas ya había pretil. ¿ Y que pasó en el puente y en la puerta? Pues que aprovechando que no había puente desde la última riada se hizo uno de nuevo, pero unos metros más allá, hacia Levante. El portal antiguo se tapió y se abrió uno nuevo algo más grande que el anterior, pero de un solo arco. Y Ahora lo veremos en el plano de Manceli de 1608, con las esculturas de los dos santos valencianos, San Vicente Ferrer y San Vicente Mártir a ambos lados del puente aunque todavía sin casalicios. Y ya con pretil.


Ya hemos llegado al siglo XVIII, y en el grabado de José Fortea de 1738, basado en el dibujo del Padre Tosca se ven perfectamente las esculturas de los dos Santos ya con sus casalicios.


A la vez en ese mismo año Thomas Planes hizo un grabado que nos permite ver la puerta.



En 1800 hubo un festejo en la ciudad. Se corrió la voz de que un toro de la fiesta iba hacia allí. Un inmenso tropel de gente quiso atravesarla al mismo tiempo en la huida del toro. El suceso causó muchas desgracias. Este infortunio es el que inició el planteamiento de hacer la puerta más grande. Así que en 1802 la Puerta del Real era de tres arcos. El del centro de medio punto, y los de ambos lados rectangulares. Pilastras dóricas lo adornaban y sobre el remate principal estaba el escudo de la ciudad.

Ahora lo vemos en el grabado de Alfred Guesdon del año 1858. La última puerta para el Puente del Real.

Y con esto se concluye esta entrada documentada en orden cronológico de algunas singularidades del puente y puerta del Real.

Texto de Amparo Zalve

domingo, 26 de febrero de 2023

TRANVÍAS Y CARROS EN EL RECUERDO

Archivo Municipal

Los puentes crecen, se ensanchan, porque se esponja la ciudad; en la urbe la servidumbre de sus calles necesitan de un mayor espacio para el deambular urbano de los ciudadanos, sea a su caminar ligero, bien en tranvía o en carro, tal y como lo hacen estos vehículos con sabor antañón, tanto en cuanto y en su abundancia, aunque cada vez y en menor número, se paseaban por las calles y puentes del cap i casal.

Tal y como se observa en esta foto de la primera parte del siglo pasado cuando el puente del Real presentaba un aspecto diferente al de su posterior ensanche, con su inauguración de nueva planta en 1968, y ya con dos tableros, alumbrado en su mediana por farolas de hierro, abierto a las necesidades de la circulación rodada de constante y mayor trafago.

El viejo tranvía que observamos en la foto se cruza con un par de carros que abandonan la ciudad nos deja una perspectiva entrañable con el apacible caminar de escasos peatones que seguramente van o vienen de los Viveros: los Jardines del Real, que al igual que el puente, toman su nombre en recuerdo de un tiempo muy antiguo, anterior a Jaume I, cuando la Valencia musulmana del siglo XI tenía instalada en su zona la casa de campo del rey Abd-al-Aziz, el monarca constructor de la muralla árabe.

Viejo tranvía que si bien está en el olvido, aún más lo están los carros que hasta la mitad del pasado siglo eran una estampa familiar en la vida urbana de la ciudad con diversos cometidos, siendo los más prolijos la unión con la huerta que surtía con abundancia sus productos, tanto a los mercados como a la dársena del puerto en su misión exportadora.

Puente vigilado por las atentas miradas de los dos santos Vicente, el Mártir y el dominico Ferrer, patrones de la ciudad, siendo éste último el que permaneció en su puesto de origen cuando la ampliación de su paso, con el retranqueo del primero para dar mayor anchura al puente construido en 1596 donde permanecen desde su posterior instalación a lo largo del siglo XVII.

miércoles, 3 de febrero de 2021

UN PUENTE NUEVO PARA UNA BODA REAL

 
1925 Ca - Puente del Real - Barberá Masip

En el año de la conquista de la ciudad por el rey Jaime I el paso sobre el Turia estaba garantizado a través de endebles pasarelas de madera, que en esa época parece ser que eran dos, la “superior” y la “inferior” aguas abajo. De estas dos plataformas, la de aguas abajo del río, parece que arrancaba desde una antigua puerta de la muralla musulmana (Puerta de Bab-Al-Faradj). De esta forma primitiva, pero que en todo caso un preámbulo de puente, se transformó en un recio puente de piedra al que en un primer momento se le denominó Pont de Lleida o Dels Catalans, debido a que los repobladores de Lérida que vinieron a Valencia tras la conquista del Reino, se instalaron en esa zona. Más tarde se le dió el nombre de Puente de la Trinidad, por tomar el nombre del monasterio a orilla izquierda del río.

Pasó un siglo y medio para que un nuevo puente se sumara a este. Otro paso  que inicialmente también era de madera. Aquí tenemos nuestro protagonista, el Puente del Real. Y se llamó así porque permitía un acceso directo al Palacio Real desde la ciudad.

Las crecidas del río eran constantes y la madera del puente cada vez se deterioraba más, hasta que una riada especialmente destructora en 1589 lo dejó intransitable. Había que construir uno nuevo, esta vez en piedra, a salvo de las turbulentas aguas, y en 1599 ya estaba listo, justo a tiempo para un gran evento: La boda de Felipe III y Margarita de Austria.

Archivo Municipal

Había que pensar en todo, el puente se instaló un poco más allá, aguas abajo, con la finalidad de hacerlo coincidir con la gran explanada del Llano del Real, y la entrada principal del Palacio Real, facilitando el desembarco en esta zona del río.

Al terminar las obras, el viejo portal de la muralla, junto al Temple, se cerró, abriéndose uno nuevo, cuyas puertas se hicieron con madera procedente del anterior puente, aunque no estuvo exento de problemas, ya que al estar entre la muralla y la nueva explanada de terreno se creó un fuerte desnivel, propicio para accidentes ¿Qué se hizo para ganar espacio, para la nueva explanada? Pues expropiar 3000 metros cuadrados del huerto de moreras a los monjes dominicos del Monasterio de Santo Domingo. De esta manera se conectaba el nuevo acceso al puente con las calles que terminaban allí, incluida la plaza dels Predicadors.

Si nos fijamos en la porción del  dibujo que el pintor flamenco, Anton Van Den Wijngaerde, hizo en 1563 de la ciudad, se entiende mejor cómo estaba estructurada la zona :

En la parte izquierda del río, huertos, el Palacio Real, el Monasterio de la Trinidad y la acequia de Algirós. Todavía el puente viejo de madera, el del Temple. La explanada sin ampliar, estando aún las moreras del Convento de Santo Domingo y los jinetes se ven en ella haciendo acrobacias, hay que saber que era de fiesta las carreras desde el Llano del Real hasta el Monasterio de la Trinidad.

Texto de Amparo Zalve Polo

jueves, 24 de noviembre de 2016

SUGERENCIAS DE PRENSA: PUENTES...PRETILES.

Archivo Municipal

En 1908 la prensa local se hacía eco de los preparativos hacia la Exposición Regional que el Ateneo Mercantil de Valencia tenía en su horizonte, incluso sugería propuestas para la mejora de la zona, fijando su atención en el cauce del río, en especial de los puentes que por su proximidad iban a ser utilizados con asiduidad.

El periódico El Pueblo hacía referencia al proyecto del Comité de la Exposición para la construcción de una pasarela, y como quiera que el puente del Mar se consideraba muy estrecho por la densidad de su tráfico, lanzaba la idea que el presupuesto del Ateneo fuera entregado al Ayuntamiento para la construcción de un nuevo y más amplio puente, quedando el del Mar -cuyo ensanche tenía fijado un presupuesto municipal de 800.000 pesetas- como peatonal y al servicio de la Exposición, lo que significaba un ahorro para el Consistorio.

No quedaba ahí la cosa, pues la redacción del diario ampliaba su propuesta con la conveniencia de eliminar las “toscas barandas de piedra” de los puentes del Real, Trinidad y Serranos, instando a colocar barandillas de hierro, tal y como se había hecho recientemente en el puente de San José.

Reforma que iría en beneficio de una mayor anchura para sus estrechas aceras, además de que su estética “saldría beneficiada al ofrecer los puentes un aspecto más airoso y elegante que en la actualidad”.

Mientras que las piedras eliminadas serían de provecho para el tramo del pretil desde el inicio de la Pechina al Azud que había sido arrancado “por necesidades de otros tiempos", así como en la parte opuesta, “desde el puente de Serranos á “la Figuera”, según se decía en la crónica.

Lo cierto fue que el comité de la Exposición construyó “su pasarela”. El Puente del Mar tendría su reforma, pero bastantes años después, peatonal y con las escaleras de Goerlich.

Quizás, por las piedras eliminadas que denunciaba el periódico El Pueblo, sea razón de la ausencia en nuestros días de bolas herrerianas en el tramo comprendido entre los puentes de San José y el del Real, observadas en el plano de Tosca en su margen izquierdo.

Salvo una que permanece.

sábado, 27 de diciembre de 2014

QUIRÓFANO EN LA CIUDAD

Estamos a finales de 1967, observamos el nuevo tablero anexo que ensancha el Puente del Real  con la circulación rodada que cruza el cauce del Turia, mientras se echa en falta el Castillo de Ripalda que a muy poco tiempo había pasado a convertirse en un montón de escombros.

La Feria Internacional de Muestras aún tardaría unos años en desaparecer, pocos, cuyo traslado a Paterna se llevó a cabo  con el comienzo de la nueva década.

El casilicio de San Vicente Mártir, en fase de instalación, está entre andamios, vigilado por un San Vicente Ferrer que no se ha movido del sitio.

En su intención de mantener su impronta de siempre, el puente del Real conserva su diseño, pero el adoquinado será reemplazado por el asfalto, al servicio de la motorización en su fluir más suave y a partir de febrero de 1968, cuando fue inaugurado en su mayor amplitud.

Obras y ensanches: el quirófano de la ciudad.

miércoles, 8 de octubre de 2014

EL PUENTE DEL REAL

1880 litografia puente del real_antonio castelucho_museo de la ciudad

Litografía de Antonio Castelucho – Museo de la Ciudad


1880 - Existía el Palacio del Real a la “otra parte del río” y tenía su puente de arribo. En su principio éste era de madera, y aquel residencia temporal de los monarcas desde época musulmana. En 1528 durante el reinado de Carlos I, en ocasión de su visita y debido al peso del gentío que acudió a presenciar su paso, su estructura se vino abajo, causando heridos y muertos entre la concurrencia.

Tras las riada de 1589 se construyó de nuevo planta dando su fin en 1596, con los últimos retoques para su puesta a punto por la boda de Felipe III en la Seo en 1598. 

El 18 de febrero de 1603 se colocaron las estatuas de San Vicente Mártir y San Vicente Ferrer, labradas por Vicente Leonart, que no gustaron a los Jurados. Finalizando el siglo, el arzobispo Juan Tomás de Rocabertí, corrió con los gastos para cubrir las imágenes con dos casilicios que fueron colocados entre 1682 y 1683, el correspondiente a San Vicente Ferrer primero y al siguiente año el de San Vicente Mártir. Allí estuvieron hasta su destrucción durante la guerra civil. Su ornamentación prosiguió en 1750 con la colocación de bancos en sus costados y en cada esquina del puente, que fueron rematadas con esbeltos pináculos. 

Tras un concurso público en 1939 entre escultores valencianos, se adjudicó a Carmelo Vicent Suria que hiciera la réplica del santo dominico, mientras que la del santo mártir quedó desierta; finalmente se encargó la reposición de ésta a Ignacio Pinazo Martínez, donde se conservan desde 1944. Puente del Real que fue ampliado en 1968 por exigencias del tráfico rodado, inaugurado con su nuevo aspecto en febrero de este año.

Puente que no pudo frenar el avance del francés, que fue paso del humeante Ravachol al Grao de Valencia, así como del de tartanas y faetones a la Alameda en antaño, en la actualidad es de caminar tranquilo a los Jardines del Real, resistiendo al paso del tiempo cuando otros de reciente construcción ceden al calor que los dilata.