viernes, 4 de noviembre de 2022
BAJO LOS PUENTES EN EL PRINCIPIO DEL SIGLO XX
jueves, 21 de abril de 2022
LA MUJER VALENCIANA EN LA HUERTA DE 1900
Sabía de ellos, aunque no había llegado todavía a conocerlos, llegados de París para llenar los escaparates de las tiendas mas elegantes de la calle Zaragoza. Sombreros de ala ancha con plumas de garza real, de aves del paraíso, de avestruz, de marabú, o de gallo, aunque la realidad es que sólo conocía las de sus gallinas, a las que tenía que mantener sanas porque de ellas dependía parte del sustento de su familia.
El trabajo doméstico y el de la huerta se entrelazaban en la continuidad, trabajando dentro y fuera del hogar.
Desde el jabón hasta el pan le proporcionaban cierta dificultad en la humilde condición de su casa.
Pero sabía que en la época de la siembra y de la recolección era fundamental su papel como mujer y bendecía su suerte de no estar sin el marido, como su vecina, que la pobre se había quedado con dos hanegadas de tierra para ella sola porque había emigrado su esposo a Francia al no darles suficiente la tierra, tomando la decisión de irse él, antes que irse ella del hogar para trabajar en la confección o en el servicio doméstico, como muchas solían hacer cuando no daba para más.
Desde pequeña aprendió que la meta de su vida era cumplir con los deberes de esposa y madre, eso en el hogar, además de los trabajos que da la huerta.
La piel de su rostro le iba cambiando de manera que cada año que pasaba era como tres más de aquellas que en la capital lucían sus sombreros. Su casa necesitaba de un excedente para cumplir las necesidades familiares, y además del propio consumo que ellos tenían, lo que le quedaba lo vendía en la pequeña entrada y dos veces por semana en el mercado, cosa complicada a la hora de adaptar la dedicación a la huerta a los horarios del marido y los hijos, sobretodo para tener preparada la comida a las horas que tocaba comer.
Bien cierto que desde que la suegra se hizo mayor y fue a vivir con ellos habían dos manos más para recoger y espolsar la tierra, a la par que las de su hija, la mayor, que con sus once años arreglaba los animales cuando terminaba de darle la lección un maestro que reunía a tres o cuatro más en la propia casa.
Por cierto: ¡Qué mano tenía la suegra con la mermelada de tomate!
Al despunte
del día, cuando despedía al marido que iba a trabajar para otro amo, se
enfundaba de sayo negro, pañuelo en el pelo, y un mantón negro, con el que
llevaba un extremo a cubrir el hombro, dejando un hueco en su pecho para portar
su bebé y las manos libres.
Salía al sol abrasador de la huerta y de lejos y con la espalda encorvada se diría que se trataba de un espantapájaros, si no fuera porque las manos permanentemente ocupadas la delataban como un ser vivo, agotado y con el rostro sudoroso, que sólo encuentra su único reposo en la tarea que le impone la casa para cuidar al marido y a los hijos.
Aún le queda
la tarde del domingo para remendar y planchar.
Texto de Amparo Zalve Polo
sábado, 9 de abril de 2022
EL NOSTRE "CACAU DEL COLLARET"
Fruto de la
tierra valenciana, que con tan solo
unos 2´5 cm de longitud y dos granos por vaina, parece que se hace necesario
en la mesa de cualquier “esmorzaret “ valenciano. Al pequeño tamaño, unido al
collar entre los granos que los comprime para no dejar apenas hueco entre la
vaina, le convierte en una variedad única confiándole un sabroso sabor, debido
al mayor porcentaje de aceite con respecto a las demás variedades.
Más del 80% de la cosecha de este fruto se producía en estas tierras, y hay que decir que fue el primer lugar donde se cultivó de toda Europa, cuando el arzobispo de Valencia, Fabián del Duero, lo trajo de América. Lástima que en los años 60 del siglo pasado fue cayendo la producción debido al aumento de las importaciones.
Pero ahora vamos al cultivo antiguo, a la tierra de la Valencia que sembraba aprovechando la luna menguante y de mayo a junio. Incluso se utilizó una herramienta especial para arreglar la tierra en la siembra, con la denominación de Barqueta, de unos 80 cm de tamaño, de forma semicircular, que se introducía por debajo del caballón, llevando cortantes en todos los extremos para ir segando las hierbas y deshaciendo los terrones de tierra.
Allá llegaba
la cuadrilla de labradores, mujeres y hombres, generalmente todos miembros de
la misma familia cuando ya era el momento de recogerlos, dispuestos a tirar
fuerte de las matas para arrancarlas enteras. Matas que se colocarían a
continuación en los márgenes del campo hasta que se secaran, un día o dos. Luego a casa del labrador donde se habían dispuesto sillas, a distancia que les permitiera el tablón,
que se colocaba de una a otra y que se
mantenía sobre ellas gracias a unas calabazas o unos troncos en los extremos de
los citados tablones.
En un lado del tablero las matas hacinadas, y las mujeres cogiendo un puñado las golpeaban sobre él, haciendo que a un lado cayera el fruto y al otro iban tirando las matas vacías. Pero como todo vale, estas servirían para alimento de los burros.
El fruto
todavía húmedo se trasladaba al lugar para su completo secado, que servía el
mismo que para el arroz o para el trigo.
El último
proceso era la vuelta a casa del labrador. Se colocaba en capazos para
arrojarlo desde arriba de la cabeza hasta el suelo y que desprendiera el barro
que cubría el fruto.
Poco quedaba ya para su venta, que portando los capazos de cacahuete en artilugios con ruedas llegaban al mercado o a las calles de Valencia.
Muchos de esos cacahuetes se molían, y con la harina resultante mezclada con la del trigo se hacían ricas galletas y pan.
¿Saben ustedes
que el cacahuete tiene que “cantar” para saber si está preparado para su uso?
Solo tienen que agitarlo.
Texto de Amparo Zalve Polo
lunes, 15 de enero de 2018
CAMINO A LA PLAZA DEL MERCADO
martes, 6 de diciembre de 2016
EL JARDÍN DEL CARMEN
Esta hermosa casa que fuera el “Jardín del Carmen” se encontraba en el lugar que hoy ocupan las fincas números 6, 8 y 10 de la avenida de San José de la Montaña; se derribó en el año 1962. La casa estaba separada de la calle con una pieza cerámica en tono azul cobalto, que permitían apreciar desde la calle la casa con su nombre “Jardín del Carmen” y su jardín.
viernes, 19 de junio de 2015
LA NARANJA, FRUTO DORADO
lunes, 8 de junio de 2015
GENTE DE LA HUERTA
lunes, 25 de mayo de 2015
ACEQUIA, HUERTA Y BARRACAS
domingo, 22 de febrero de 2015
GRUPO EN LA HUERTA
Y con la parra al fondo, tan presente siempre, con sus racimos de ilusión y el aliño de sus pámpanos.
jueves, 16 de octubre de 2014
LA HUERTA
viernes, 11 de julio de 2014
CARDOS EN LA HUERTA
martes, 10 de junio de 2014
UN GRUPO DE HUERTANOS
viernes, 30 de mayo de 2014
BARRACAS DE LA HUERTA
miércoles, 19 de febrero de 2014
LA HUERTA
El paso del tiempo y la explosión demográfica de nuestra ciudad, la tercera de España, al igual que los municipios que configuran su área metropolitana, ha tenido como resultado que la superficie que en tiempos ya lejanos diera a nuestra ciudad la consideración de florido vergel, se haya convertido en un valor residual con ribazos de añoranzas.
Los carros han desaparecido, los blusones yacen estrujados entre naftalinas en alguna cómoda imaginaria, y la que fuera placidez familiar en la puerta de casa, se manifiesta con el huertano descansando tras su derroche de fuerzas, con la esposa que por momentos ha abandonado al puchero en cocción, y la curiosidad de la niña abrigada y con guantes que posan al fotógrafo en un día invernal.




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