miércoles, 31 de julio de 2019

EL PUENTE DE CAMPANAR

Ca. 1953 - Puente de Campanar

En 1931, hacía años que se pensaba en la construcción de un puente para comunicar el poblado de Campanar con el paseo de la Pechina, útil a la vez para su conexión directa con el camino de Tránsitos. 

Y con el comienzo de ese año el Ayuntamiento tomó la decisión de su construcción, prescindiendo la ayuda del Estado que frenaba su ejecución, diseñado por el ingeniero municipal Arturo Piera, que fue aprobado para su ejecución el 3 de febrero del mismo, cuya construcción fue adjudicada a Francisco Camps Serrano el siguiente 17 de junio, por 962.061 pts, con una rebaja ofrecida del 20%. Y con el inicio de las obras en octubre de aquel año de 1931. 

Cuando finaliza el año 1932, se aprobaba por el Ayuntamiento la séptima calificación de tan necesaria obra, cuando los vecinos sólo tenían el recurso más cercano para cruzar el río que el puente madera, situado frente el Patronato de la Juventud Obrera, entonces no exento de peligro por el deterioro de sus tablas sobre su armazón de hierro.

En sesión municipal presidida por el alcalde Lambies,  el 14 de octubre de 1933, se acordó y a petición del constructor Camps, dar una prórroga de seis meses para la terminación del puente.

Justo un año después, el 22 de Octubre de 1934, se acordó pavimentar con hormigón mosaico y vías metálicas la calzada del nuevo puente de Campanar, construido a base de hormigón armado, que ya contaba con un deficiente alumbrado eléctrico desde principio del año. 


Como consecuencia de la riada de 1957 el puente fue muy afectado, con la necesaria restauración al siguiente año y su ampliación en la década de los setenta, cuando en 1973 ofrecía su nuevo aspecto.

lunes, 29 de julio de 2019

EL FRANCÉS DE LA MALVARROSA


Han pasado ciento cincuenta y nueve años desde que la fábrica de esencias de Robillard, la publicitara como “la primera de España”.

Francés de origen y nacido en 1812, fijóse en él José Pizcueta, que por aquel entonces ocupaba el puesto como director del Botánico de Valencia, con el fin de que le ayudara a la modernización del catálogo de la institución. Su labor fue meritoria y después de haber regresado a su país natal, fue de nuevo requerido en el nuestro, cuando Isabel II en 1848 lo nombró Jardinero Mayor del Botánico de Valencia.

Su fortuna adquirida, a la vez que su fama, le permitió comprar 361.526 metros cuadrados, en 1856, de marjal en el norte del Cabañal, que por otra parte, en ese momento el terreno no era fértil para ningún cultivo agrícola, pero él tenía en mente la plantación del geranium odoratíssimum (malva rosa), especie floral que en España no era frecuente, y sí en el Cabo de Buena Esperanza, y que él la naturalizó en Valencia. El éxito fue tan importante que le dio nombre a todo un barrio.

Iba enriqueciéndose cada vez más y aumentando así sus plantaciones. Puso en marcha una fábrica para sus esencias, otra de jabón de tocador, y se instaló en la calle San Rafael en un piso de su propiedad.

Al mismo tiempo se publicitaba con tendencias modernas, con aproximación a las influencias del momento en Paris. Un ejemplo fueron sus tarjetas perfumadas art déco.

La sede de su negocio se encontraba donde el número 66 en la plaza Cajeros, y en los años veinte abrieron una sucursal en la calle Puerto Rico, 5.

También tenían un despacho de ventas en la calle San Vicente, 17.

Falleció en 1888 descansando sus restos en el cementerio del Cabañal. La empresa pasó a denominarse “Viuda e Hijos de Félix Robillard.

La guerra y la posguerra hizo mella, y aunque moderna, siempre aparecen más modernas.


A mediados del siglo XX cerró sus puertas, tras el fallecimiento de su hijo, que había continuado la obra de su padre.

Texto de Amparo Zalve Polo

sábado, 27 de julio de 2019

EL BICENTENARIO HORNO DE SAN NICOLÁS.

Fachada Horno San Nicolás     

En el número 5 de la plaza Horno de San Nicolás, hay un bicentenario horno de barrio donde clientes asiduos, ocasionales y turistas se encuentran con amplia oferta de clases de pan, variada pastelería, tartas, galletas, pero con un denominador común, atención preferente y cariñosa a los productos tradicionales valencianos: pasteles de boniato, tortas de pasas y nueces, valencianas, rosquilletas, arnadí, panquemados, y empanadillas. 

Un horno que le dio nombre a la plaza, en el que también se pueden comprar raciones de sabroso arroz al horno, pimientos rellenos, canelones y otros condumios, y donde todavía los vecinos pueden llevar, como antes, calabazas, cebollas, boniatos y pimientos para su asado. Trato directo en el barrio del Mercat, en plena Ciutat Vella, en el horno más antiguo del cap i casal.
Mosaico con San Nicolás     

Un bonito rótulo cerámico en la fachada indica que fue fundado en 1802, aunque el edificio actual es de 1920, y otro, con la imagen de San Nicolás realizado con doce azulejos en 1883, embellece un lateral del recoleto local donde atienden al público. Es el vestíbulo que antecede al obrador y el horno de cocción donde están, quien lo regenta desde el año 2010, Ramón Chinillach García, y sus especializados empleados.

Un horno sucesor del denominado de La Pietat del siglo XVIII, que ya existía en el mencionado 1802 como San Nicolás y se anunciaba en el Diario de Valencia, según documento copiado en el libro Comercios Históricos de Valencia, que no desapareció cuando Antonio Ferrándiz, su propietario a principios del siglo XX, se trasladó a la calle Guillem de Castro, ya que lo adquirió Joaquín Alonso para continuar con el negocio panadero.

Ramón Chinillach y su hija Vanessa 

Después fue sucesivamente gestionado por José Bellver Alonso, Manuel Jardí y Juan Descalzo, hasta que en el año 2010 tomó el relevo Ramón Chinillach García, maestro panadero de Paterna, a quien le ayuda su hija Vanessa.

Gestión a la que ha añadido desde finales del año pasado la del Horno de La Cadena, que está en el número 8 de la plaza de Mosén Sorell, en el barrio del Carmen.

Texto y fotos de Esteban Gonzalo Rogel.

jueves, 25 de julio de 2019

HUELLAS TERRESTRES DE LOS TRANVÍAS EN VALÈNCIA


Foto autor desconocido, 2012, Remember-València, pg 1378. Salida a Conde Trénor desde Muro de Santa Ana, las torres dels Serrans al fondo.

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES TRANVIARIAS
  
Prácticamente todo aquello que se implanta en una ciudad suele dejar una huella a largo plazo, a veces perceptible para todos y en otras ocasiones solamente a los estudiosos del tema. Los tranvías trajeron primero la instalación de sus vías y posteriormente la de sus cableados para alimentación de corriente eléctrica. Por tanto las huellas terrestres son las que dejaron las vías.

Normalmente cuando una concesión tranviaria llega a su fin la compañía propietaria está obligada a dejar libre de vías el suelo, pero hay un par de casos en que esto no es posible, el primero cuando hay un crack económico, no es el caso de València, o cuando el Ayuntamiento comienza una operación de asfaltado sobre las vías como si temiera que las fueran a utilizar de nuevo, caso de algunas zonas de la ciudad. Las zonas de urgente asfaltado albergan en su interior vías y desvíos. Y en contra de lo que se cree se abren muy a menudo para reparaciones y modificaciones de otros compañeros subterráneos que tienen ahora, agua, gas, electricidad, teléfono, desagües, etc. En la foto de cabecera se aprecia el antiguo adoquinado y las vías actualmente enterradas.

La siguiente es cercana a la anterior, se trata de la calle Sagunto, lo mismo, tenemos bajo tierra adoquines y vías.

Foto autor desconocido, 2015, Remember-València, pg 262-3. 
Calle Sagunto.

Esta foto la tomé en la calle Trafalgar, antigua entrada a una de las antiguas cocheras de tranvías. Se trata de vía única con desvío para entrar y salir de la cochera a Av. Puerto en ambas direcciones. Actualmente está tapada o arrancada.


Foto E. Goñi, 2010. 
Desvío en calle Trafalgar.

No hace me informaron de que en la calle de la Reina había un tramo de vía preservado, y allí me fui, y pronto localicé el tramo de vía junto a un kiosco a la altura del cruce con Justo Vilar. Allí estaba bajo tierra, protegido por un robusto cristal un tramo de un par de metros de vía, por cierto muy, muy oxidada, pero visible al fin, si salvamos los problemas de brillos al ser zona oscura con tapa de vidrio en zona con buena iluminación.


Reina junto al bordillo de la acera.  Foto E. Goñi. Diciembre 2018.

Vista de la vía con sus adoquines, intentando paliar en lo posible los reflejos.


Reina, diciembre 2018. Foto E. Goñi.

Una curiosa mirada sobre las anteriores fotos nos hace descubrir que València y supongo que el resto de ciudades crecen además de a lo largo y a lo ancho hacia arriba. Aquí son tramos de entre 25 y 50cm, pero vaya usted a la ermita de Santa Lucía y verá lo que ha subido València, más de 1 metro desde su inauguración hace unos cuantos siglos, o en alguna sala del museo del Carmen, incluso en la Universidad vieja en alguna de sus salas de exposición. Las ciudades crecen sin parar y en todos los sentidos, y aunque parezca mentira también crecen hacia arriba.
  
Texto de Enrique Goñi Igual

martes, 23 de julio de 2019

UN NAVÍO DEL XVIII

Archivo Municipal

1923 Ca - En 1924 el aspecto que mostraba el Paseo de la Pechina era desolador. Ni la Cárcel Modelo,  ni el Matadero Municipal habían contribuido a mantener aquel lugar de recreo de siglos, lleno de arte adosada al pretil del río, en un espacio de solaz, tal y como había sido antaño, cuando era visitado para observar su paisaje y la cascada que formaba el Azud de Rovella, esparciendo sus aguas, en especial los días de crecida

El nuevo delegado regio de Bellas Artes, Manuel González Martí, se percató del nivel de deterioro de la zona, y pensó en el traslado a los Jardines del Real de los bancos de piedra allí existentes para proceder a la urbanización del paseo, y al mismo tiempo restaurar los monumentos trasladados a los Viveros.

Surgió entonces la polémica, pues eran muchas la voces que a través de la prensa, se oponían a su traslado, clamando por su restauración en el lugar de su origen.

Se impuso el criterio del Delegado, por lo que el canapé de piedra conocido como el Navío, situado a la misma entrada de Valencia desde Mislata, fuera trasladado a la "montañeta de Elio", lo que dio origen a la chanza de que los visitantes foráneos preguntaran ante su observación, dónde estaban en lugar tan próximo las torres de Quart, tal y como indicaba la inscripción al pie de la escultura de piedra del siglo XVIII.

Y en los Viveros estuvo hasta 1931, cuando la Comisión de Monumentos ordenó su regreso al paseo de la Pechina -por cierto, más deteriorado que cuando estaba linde a Mislata- pero en esta ocasión en un lugar más próximo y a pocos metros del canapé de piedra que utilizaban los Vocales de la Junta de Murs i Valls para observar la llegada de los maderos sobre las aguas del Turia. El nuevo traslado venía por la circunstancia de que se iba a llevar a cabo la mejora del pretil del río desde Mislata en su lado derecho, cuando se había iniciado la construcción del puente de Campanar.

Vemos en la foto del Archivo Municipal su ubicación original, antes de su traslado a los Jardines del Real.

domingo, 21 de julio de 2019

LA ESPECTACULAR FERRETERÍA DE GUILLERMO PEDRÓS

Palcos en 1959.- Archivo Ferretería Guillermo Pedrós.

Acostumbrados a ver una ferretería ubicada en uno o dos bajos con objetos colgados en la fachada o colocados al pie de sus puertas, resulta llamativo para indígenas y visitantes la de Guillermo Pedrós Llevata que ocupa los palcos exteriores números 1 al 8 del Mercado Central, en la parte recayente a Vell de la Palla, calle que separa el edificio del mercado, inaugurado en 1928, de la iglesia de los Santos Juanes.

Cazuelas de barro y paelleras de numerosas medidas, juntas para ollas a presión, abridores para conservas en frascos de vidrio, pucheros de hierro fundido para cocinar sabrosos guisos, parrillas, barrales, exprimidores, porrones, menaje de cocina y de mesa, botas para vino, recuerdos cerámicos o metálicos de València, y un largo etcétera, con la amplia oferta repartida entre el interior y el exterior de los palcos, y en el espacio libre hasta la Llotjeta oeste.


Menaje de barro cocido.- Foto Ferretería Guillermo Pedrós.   

En los años sesenta del pasado siglo veinte Asunción Pedrós Villanova compró un palco (un par de metros de ancho) para vender herramientas para labradores y albañiles, menaje de cocina y utensilios de hojalata, y, paulatinamente fue adquiriendo los siete restantes, hasta conformar el extenso negocio con llamativa exposición que gestiona su sobrino Guillermo Pedrós con su empleado José Domingo, y aúna la oferta de entonces más las de productos posteriores, incluidos souvenirs, ya que es una calle muy transitada por turistas.


La exposición exterior actual   31-01-2019     Esteban Gonzalo

En la foto de 1959, que exhiben en el centro de una paella, se ven dos comercios de ferretería ocupando tres palcos que están separados por uno vació, y en la parte más cercana a la avenida del Oeste, el que regentaba un afilador y cerrajero.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel
   

viernes, 19 de julio de 2019

LOS TRANVÍAS ENTRE LOS BARRAQUETAS Y LA SERIE 100

Postal de la rotonda de Caro (puerto) en la que aparecen dos coches de la serie 55 al 70, con decoraciones exteriores distintas, 
uno de CGTEV y el otro de SVT.

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES TRANVIARIAS

En el año 1903 la Lyonesa, es decir la Compañía General de Tranvías Electricos de Valencia (CGTEV) pidió al proveedor belga de los anteriores Barraquetas doce nuevos coches motores, la serie 43 al 54, mecánica y eléctricamente como los ya en servicio, pero dotados de plataformas cerradas y un linternón que gracias a sus cristales de colores, daba curiosas iluminaciones interiores cuando el sol daba sobre ellos. No he podido localizar ninguna foto de esta serie.

En 1906 la Lyonesa pidió a Carde y Escoriaza de Zaragoza una nueva serie de dieciséis coches, del 55 al 70 de tres ventanillas laterales y también con linternón. Fueron los primeros que en Valencia tuvieron asientos transversales a la marcha, estaban dotados de tres departamentos abiertos a cada lado, y en ellos los pasajeros estaban enfrentados entre sí.

Coche 62 tras su reforma para actualizar el interior. Foto Wiseman,
puente de Serranos, 1955.

Más tarde en 1909 en la Exposición Regional, un fabricante de Almàssera, Lladró, Cuñat y Cía presentó una corta nueva serie de seis coches motores del  71 al 76, de los cuales la Lyonesa, vendió prontamente a Avilés cinco de ellos y se reservó uno, el coche 76. Aparentemente el motivo de su venta fue que los frontales del coche no tenían forma afilada y en las cerradas curvas de Valencia cabía la posibilidad de incidentes. De todas maneras el coche que quedó ha rodado como cualquier otro de los tranvías de dos ejes. Por su parte quizá el quedarse el coche 76 fue motivado por el gran aprecio que mostró al tranvía en su visita a la Expo el rey Alfonso XII.

Coche 76, reformado, circulando por Pintor Benedito. 
Foto Wiseman.

En 1910 se presentó la serie de coches, del 77 al 84, con linternón, cinco filas de asientos reversibles 2+1, fueron los más cortos que circularon por Valencia, sólo tenían cinco ventanillas a cada lado. Se inauguraron con la electrificación y doble sentido de la renovada línea de Interior, con las curvas más cerradas de toda la red. A la vez parece un modelo de estudio previo a la futura serie 100.

Coche 78 junto a las torres de los Serranos. 
Foto autor desconocido, ca. 1910

Texto de Enrique Goñi Igual

miércoles, 17 de julio de 2019

EL GREMIO DE SOGUEROS Y SU ERMITA

Calle Málaga

1970 Ca - Durante el siglo XVI, periodo de verdadero movimiento gremial, se constituyen los que en oficio se dedican a la fabricación de esteras, cuerdas de esparto, capazos, y más tarde alpargatas (que las hacían de esparto). Los Sogueros.

El gremio de Sogueros de la ciudad y Reino de Valencia nace como cofradía benéfico- religiosa que se mantiene de esta forma hasta el siglo XVII.

Por su carácter religioso, incluían procesiones en las que usaban estandartes color verde con la imagen de La Misericordia, y sobre la Casa Gremial, el escudo con la Cruz de Jerusalén. Para el culto tenían una capilla oratorio.

Estaban establecidos en 1623 en el famoso huerto de En Sendra, con taller, Casa Gremial, almacén para materiales y una capilla dedicada a la Virgen de los Desamparados.

Años más tarde, el gremio vendió las propiedades al marqués de Caro y la capilla se transformó en cooperativa.

Llegado el año 1908, se trasladaron a las afueras de la ciudad, al barrio  de Marchalenes  y construyeron una nueva ermita.

Llegó la Guerra Civil y los milicianos destrozaron su interior. Las imágenes las sacaron junto a la acequia de Mestalla y fueron quemadas.

Al finalizar la guerra fue utilizada por unos artistas falleros que montaron allí su modesto taller hasta que en el inicio de los setenta fue derribada, absorbida por la urbanización de la calle Málaga.

Texto de Amparo Zalve Polo

lunes, 15 de julio de 2019

MINGITORIOS EN LA CIUDAD

Fotos del Archivo Municipal

Finalizaba la década de los veinte y el aspecto que mostraban los mingitorios públicos de la ciudad dejaban mucho que desear. No eran muchos, sin embargo, su desaliño era observable, lo que cuestionaba aún más la responsabilidad del servicio de limpieza y mantenimiento del consistorio.

Aunque viejos y destartalados cachivaches eran los únicos lugares para salir al paso de las urgencias y alivio de los ciudadanos.

Esto era lo que denunciaba un lector de El Pueblo, un día de junio de 1919, que en repetidas ocasiones dirigía su atención al existente en el "jardín de la Audiencia", al que calificaba tan "asqueroso como antiestético", con la urgencia de su desaparición,  pero temiendo al mismo tiempo que no fuera repuesto el servicio con otro más moderno "como se hace en las capitales de importancia".

Continuaba su queja haciendo mención a otros semejantes y "enojosos chismes", situados en la que fue plaza de Villarrasa, en la calle Játiva, en la plaza de Collado, en la de Castelar -que recientemente había sido destruido por una bomba el día del Corpus-, en la calle Colón y en otros sitios de la ciudad.

Y hacía hincapié en la urgencia de tan necesario servicio en toda la urbe, para que el angustiado caminante, si le "aprieta" y le pilla lejos del Parque de Castelar, no tenga que recurrir al callejón de marras.

sábado, 13 de julio de 2019

TRILLES, MADERA & MIMBRE

Fachada - Exposición exterior

En el número 28 de la plaza del Mercado, enfrente de la espléndida fachada barroca de la iglesia de los Santos Juanes, destaca sobremanera la exposición exterior de Trilles. Madera & Mimbre, un comercio que se dedica a la venta de artículos de madera y mimbre, muebles auxiliares y más,… según indica en sus tarjetas de visitas.

Tras jubilarse Vicente Trilles Trillesí, actualmente gestionan el comercio su esposa Carmen Borja Benavent, y sus hijos José Vicente y Amparo, que son la tercera generación en la etapa de venta comercial.

Amparo Trilles - Interior tienda

Al llamativo exterior, en el bajo de una longeva casa, sigue un largo y abigarrado interior, una variadísima y atractiva exposición. Hasta 1936 taller de útiles para labores agrícolas y utilizaciones domésticas, después cestería y actualmente con inclusión de adornos y regalos turísticos, aunque reconocen que el gran negocio sería que pagaran, aunque fuera una ínfima cantidad, la gran cantidad de turistas que diariamente fotografían lo expuesto en la fachada y la acera.

Aspecto exterior

Hay sillas de enea, cubiertos de madera, casas para pájaros y para muñecas, percheros, bastones, mesas, alacenas, juguetería en madera como caballitos, puzles, hamacas… pero también nuevas creaciones como la elegante pantalla para lámpara colgada o de pie que una turista compró mientras estuve allí.

Texto y fotos de Esteban Gonzalo Rogel

jueves, 11 de julio de 2019

LOS TRANVÍAS TIPO 100

Postal  de 1912 con el coche 87 en estado de origen, con sus fileteados.

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES TRANVIARIAS

A partir de las primeras series de coches motores eléctricos, poco a poco se va conformando el tipo de tranvía que se precisa en Valencia, y en el año 1912 aparecen justamente cuatro coches, numerados del 85 al 88, que fueron el principio de la serie más larga que tuvo la ciudad, alcanzaron a ser 98 unidades, desde el 85 al 1

Los nuevos coches eran bidireccionales, con una longitud de 7,60 m, una anchura de 2,10 m en el cuerpo, afilados en las plataformas, ya que el testero solo medía 1,50 m, con seis ventanillas por cada lateral, disfrutaban de 18 asientos en el interior transversales en disposición 2+1, con respaldos orientables en el sentido de la marcha. Sin linternón, presentaban una agradable figura, con un sobresaliente faro central, que con el tiempo redujo su prominente tamaño.

El coche 101 ya lleva en la parte superior el disco de itinerario, 
línea nº 2 Interior-Cabañal en Glorieta. Foto Masip

Los primeros coches fueron probablemente construidos por la propia Compañía General de Tranvías Eléctricos de Valencia (CGTEV), y luego procedieron de distintos fabricantes, incluida la Compañía de Ferrocarriles y Tranvías (CTFV), que en este mismo año se convierte en heredera general de CGTEV, con lo que se completaron las 98 unidades que hubo de la habitualmente llamada serie 100.

Par de coches cruzándose en San Vicente, junto al pasaje Ripalda.
 Coches de las líneas nº 1 y nº 7. 
Foto Archivo histórico municipal, 1920.

La serie inicial presentaba un colorido oscuro, con fileteados claros, pero pronto pasó a tener el llamativo color amarillo que duró en los coches de dos ejes hasta principio de los años sesenta del pasado siglo en que pasaron a ser azules todos los coches de CTFV.

Coche 93. Glorieta en 1958, con color amarillo con la nueva y definitiva forma de indicación de la línea. Foto colección Enrique Andrés.

Luego cuando la Sociedad Anónima de Transportes Urbanos de Valencia (SALTUV) heredó a su vez el parque de coches de CTFV a los 100 que apenas le duraron en marcha un año los mantuvo de azul, al contrario que a los 400 que los pintó de verde.

Coche 135, línea nº 16 Abastos-Sagunto en pl. Caudillo (Ayuntamiento), 
ca. 1960. Foto Peter Will

La serie 100 se caracterizó por su robustez y simplicidad. Fue también origen de la corta serie 500 de coches flexibles.

Texto de Enrique Goñi Igual

martes, 9 de julio de 2019

INCENDIOS EN LA CASA DE LA CIUDAD

Archivo Municipal

La construcción de una sala más suntuaria para celebrar los Consejos Generales en la Casa de la Ciudad, se decidió en la reunión celebrada por el Consejo el 5 de noviembre de 1418. 

En 1426 se terminó de remozar la "Sala Dorada" o "Cambra Daurada", que tras un incendio en el año 1423 había destruido su techumbre, lo que había obligado a la construcción de un nuevo artesonado según el proyecto de Juan del Poyo, en el que trabajaron orfebres, escultores y el pintor de Alfonso V, Antón Gerau.

En 1585, el 15 de febrero, un voraz incendio afectó al "Archiu del Racionalat" con la pérdida de importantes documentos e inmuebles, coincidiendo con la visita del rey Felipe II y su hijo del mismo nombre, que puso su guardia real a disposición de los Jurados para sofocar el incendio.

El artesonado de la "Cambra Daurada" tuvo que ser otra vez restaurado.

Un nuevo incendio en siglo XIX obligó a la destrucción de la Casa de la Ciudad. 

Era su destino. 
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