Mostrando entradas con la etiqueta Plazas desaparecidas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Plazas desaparecidas. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de octubre de 2024

LA PLAZA BARCAS

 

Siglo XIX - Autor desconocido 


Este es el aspecto que ofrecía la plaza Barcas en su pasado decimonónico de sus últimas décadas, en la actualidad calle Pintor Sorolla, con un monumento ante el Colegio de la Presentación que puestos a elocubrar bien pudiera ser una falla, aunque lo mas probable fuera la celebración de un acto festivo en homenaje a Santo Tomas de Villanueva.


A la izquierda vemos la calle Monjas de Santa Catalina y a la derecha la calle Bonaire donde vemos a un hombre con sombrero, faja y bastón. Por las sombras, es de por la mañana, cuando el sol aún no estaba en su alto. 


Un niño con su mano en la frente está atento al fotógrafo, al igual que el personaje junto a la farola de gas. 


Apenas aparece un carro lo que nos indica que no era un día de mucho trasiego, seguramente un domingo o festivo. En ocasiones hay que aventurarse.


Plano de aquellos años

La vía está dispuesta para un tranvía de caballos en un recorrido hacia la fábrica de tabacos.  

La fotografía es clara, rotunda y sencilla y nos traslada a la Valencia antañona de dos siglos atrás.


miércoles, 17 de julio de 2024

LA PLAZA VILLARRASA

 

Foto de autor desconocido - 1887 

Este es el aspecto que presentaba la plaza Villarrasa en un día de fiestas falleras de 1887 cuando “correr la traca” era uno de los  momentos más esperados, en la que se observa a la derecha el Palacio de los Condes de Nieulant (desaparecido) y a la izquierda el Grand Hotel de Roma, en la zona en la que en la actualidad se ubica el Hotel Inglés. 


La apertura en los años sesenta de la calle Poeta Querol en línea recta con la calle del Marqués de Dos Aguas que nacía en la calle de la Paz, supuso en su trazado directo lla desaparición de las plazas Mirasol y San Andrés, al igual que la calle Maria de Molina.


También denominada como correr la pólvora era como un ritual dentro del programa fallero, cuyo recuerdo nos queda en archivos y hemerotecas, con alguna que otra foto que nos informan de la aceptación popular, tal y como se observa en la foto de la desaparecida plaza de Villarrasa repleta de gente de toda clase y condición, de lo que nos informa las gorras y sombreros de todos los presentes.

martes, 6 de febrero de 2024

LUGAR DE FERRETERIAS

Años 30 - Enrique Desfilis - BIVALDI

Plaza del Cementerio de San Juan. Lugar de paso en mis primeros años de infancia, allá por los cuarenta, para asistir como párvulo a un colegio de monjas de la calle Exarchs, de las que tan solo recuerdo sus pellizcos.

Plaza pequeña ante “la O de los Santos Juanes” que habría paso al Pasaje de San Juan, lugar de venta de enseres domésticos, con preferencia los de ferretería. Quizá sea esta la razón por la que dos importantes comercios ferreteros, el del Globo de la Viuda de Moret y el del Pozal de Enrique Izquierdo, ocuparan sus esquinas. La proximidad del mercado justificó aún más sus establecimientos.

Lugar de carros, tal como vemos la cabeza de un caballo asomado desde la esquina, o el más sencillo del que estira un jovenzuelo de pantalón corto.

Trás él, el tránsito humano de entrada y salida del mercado, del que la presencia de la gorra nos indica su humilde condición. 


El centro de la foto lo ocupa una persona atenta al fotógrafo, mientras es observado por tres paseantes, uno de ellos con su chaqueta huertana.


Plaza del Cementerio de San Juan, punto y final de la nueva avenida del Oeste en aquellos años, que con su derribo ha dado ha dado lugar a la actual Plaza de Brujas, ciudad en la que Luis Vives fue muy bien acogido, tanto en cuando elogiado por su humanismo.


domingo, 20 de noviembre de 2022

PLAZA DEL CEMENTERIO DE SAN JUAN

Años 30 - Enrique Desfilis - BIVALDI

Dentro de la "Reforma interior de la ciudad", en el grueso paquete de proyectos urbanisticos que comprendía para el "cap i casal", elaborado por las manos del avanzado arquitecto municipal Federico Aymami en el año 1908, uno de los más ambiciosos por su afán demoledor, era el de la construcción de una gran avenida, extendida de un extremo al otro de la ronda que circulaba la ciudad, siguiendo el trazado de la medieval muralla cristiana desaparecida en el siglo anterior.

Aymami, y sobre la mesa de su puesto de trabajo, cubierta por un mapa urbano de la ciudad, cogió una regla y trazó una recta desde la plaza de San Agustín con su punto y final en el puente de San José, de acuerdo con su imaginario como diseñador de la reticula urbanística de Valencia. 

Con su aprobación pocos años despúes, se daba luz verde a una futura y amplia avenida que en un principio se denominó del Oeste y que pronto tomaría el nombre del alcalde, Barón de Cárcer, con el inicio de la obras en el primer tercio de los años cuarenta.

Pero su propósito se quedó en un simple boceto. El mordisco al Barrio del Carmen tuvo sus opositores y la nueva avenida se vio frenada justo en la calle Belluga, que nacía en la entonces plazoleta del Cementerio de San Juan, desde la que se divisaba el frontal de "la O de los Santos Juanes", un óculo cegado sito sobre una de la puertas de uno de los laterales de la Iglesia de los Santos Juanes. 

Daba vida propia a la plaza el comercial Pasaje de San Juan, con salida trasera a la Calle de las Rejas.

Un pequeño pasadizo convertido en un lugar de venta de toda clase de articulos de ferretería, tanto de los de uso doméstico como de labranza, con sus ofertas para carpinteros, fontaneros y otros profesionales de oficios varios, al igual que para los "manitas" de turno en sus "arreglos" del hogar.

En la foto de la plaza vemos desde azadas a braseros de casa, desde sierras a pucheros, lebrillos y lamparas de aceite que llaman la atención de quienes la pasean, como invitación directa a que se adentren en el corto pasaje donde encontrar lo que fuera de su necesidad.

Plazuela del Cementerio de San Juan que daría paso a la actual plaza de Brujas, amplia y peatonal, donde la existente Ferretería el Globo entronca con su pasado. 

jueves, 25 de marzo de 2021

LA PLACITA OLVIDADA DE PELLICERS

1915 - Plaza Pellicers

Era una placita porque no era muy grande, de curiosa forma triangular adornada por una fuente a su derecha que terminaba en un gran farol. A su derecha la calle del Fumeral cuyas fachadas terminaban en la calle del Hospital y a su izquierda la calle dels Falcons con el Horno de Pellicers en la esquina.

Una plaza del siglo XV, cuando los pellicers -artesanos que se dedicaban al uso y comercio de pieles y ropa- aún se encontraban extramuros de la ciudad. Allí tenían un obrador comunitario. Algunos le llamaban “La placeta de la Escurà” porque en ella se celebraba entre otras cosas la feria de les Escuraetes desde el siglo XVIII, para que los aprendices mostraran sus trabajos y fueran admitidos en el oficio. 

1704 - Plaza Pellicers

Plaza la de Pellicers  muy animada donde además de la feria, había falla, bailes, novilladas, circo, e incluso los primeros partidos de fútbol que se jugaron en la ciudad, dando lugar al Club Deportivo Pellicers que duró hasta 1939. Hubo presencia de forma continuada de escuelas públicas e incluso una religiosa, incluyendo la Casa Colegio del Arte Mayor de la Seda. Cito por su importancia la Escuela Moderna de Valencia, filial ferrecista (fundada por Francisco Ferrer Guardia), siendo autentico hervidero de revolucionarios valencianos que defendían la educación de su prole, fuera de las manos del Estado y de la Iglesia. La importancia de esta escuela dio lugar a que durante la Guerra Civil cambiara de nombre por el de Plaza de Ferrer Guardia, así como la sustitución de la fuente por una escultura del susodicho, hasta que desapareció en 1939.

1925 - Plaza Pellicers

Hubo cambios importantes anteriormente, al ser derruida la Casa Cofradía de los Cortantes (carniceros) en 1842, donde se iban a construir viviendas. Los antiguos gremios fueron desapareciendo y también los artesanos locales que estaban ubicados en las inmediaciones de la plaza, abriendo paso a las nuevas sociedades obreras a mediados del siglo XIX.

Se vende en pública subasta una casa de propiedad del Gremio de Torneros en la calle del Hospital. Se había convertido en una plaza que no solo era  frecuentada  por trabajadores, sino que además era un núcleo de conspiración y lucha durante el Sexenio Revolucionario y durante la insurrección de octubre de 1869, levantándose barricadas en sus bocacalles resistiéndose a las tropas gubernamentales. Igualmente rica por su anecdotario.

Una plaza rebelde en sus finales, que, tras la Guerra Civil, el primer plan urbanístico de la ciudad de 1941 acabó con ella.

Texto de Amparo Zalve Polo

miércoles, 14 de marzo de 2018

PLAZA PERTUSA: FALLA, CORSÉS Y ORQUESTINA

Colección Manuel Lozano

La falla de 1936 de la plaza Pertusa tenía como argumento según nos indica las revista "Pensat i Fet" que "De novetat açò estalla: /mai s´ha posat una novia / camperola en una falla", mientras que la Revista El Fallero nos dice: "De Valensia son costums / que ya se tornen en fums". Fueron los artistas Carlos Tarazona y Vicente Hurtado, clasificada en la sección 2ª, obtuvo un 8º premio. De su comisión, Maximino Villena era Socio de Honor junto a Sigfrido Blasco.

Plaza que a su vez era entrada a la calle del Pilar dónde Maximino Villena tenía su acreditada tienda de corsés,  que no era la única toda vez que en la calle San Vicente disponía de otra tienda que ofrecía el mismo servicio.

Personaje que reunía varias facetas aparte de su predisposición a la ayuda al necesitado mediante obras de caridad. Su afición al tiro al palomo, le dio la satisfacción de ser campeón nacional en 1934, siendo el único tirador que logro un pleno de 15, paseado a hombros logrando una medalla de oro y 2.500 pts de premio, campeonato al que acudieron tiradores de toda España.

Otra de sus aficiones era la radiofonía, participando en un concurso promocionado por el vespertino La Correspondencia donde fue agraciado con un receptor MAGICUS, de galena, con doble detector y casco. Radio telefonía BALKISS emitía una programación nacional de 8 a 15 horas, básicamente musical, donde igual se podía escuchar un vals de Strauss,  que La Dolorosa de Serrano, cuando finalizaba el año 1934.

Curiosamente se anunciaba la puesta en marcha de la Orquestina Balkiss al comienzo de 1935, cuyo cartel anunciador se puede observar en esta foto fallera de 1936.

Corsés, fallas y música se aglutinaban en torno a Maximino Villena, personaje de gran popularidad en aquellos años.

sábado, 10 de marzo de 2018

LA PLAZA CANALEJAS EN FALLAS

Archivo Municipal

1925 - Tan sólo habían pasado seis años desde la fundación del Valencia F. C. en el bar Torino de la Bajada de San Francisco. Ya jugaba sus partidos en su nuevo campo, junto a la acequia de Mestalla, al que había llegado desde el cercano campo de Algirós donde el club deportivo había cosechado sus primeros triunfos, con nuevas secciones, como la de esgrima, entre otras, tal y como se refleja en uno de los lados de tan significada falla captado por el fotógrafo.

El vespertino La Correspondencia explicaba así la falla:


"Un grupo de socios del Valencia F.C. integrado por don Francisco Crespo, don Emilio Fortis, don Manuel Salom, don Rigoberto Andrés y don Rafael Laborde pensó el instalar una falla ante el domicilio social de dicha entidad. "Pensat i Fet" comenzaron a recaudar fondos y he aquí el monumento fallero que el afamado artista Arturo Boix ha ejecutado. Lo titula “El león de Mestalla" y es una alegoría del campeonato de fútbol, hockey y pedestrismo, que han ganado en esta temporada los equipos de dichos deportes pertenecientes al Valencia F.C."

La foto nos sirve para ver el aspecto parcial de la desaparecida plaza Canalejas, con la calle la Paz al fondo y el Palacio de Nieulant del siglo XV a la derecha, que, tras sus restauraciones a lo largo del tiempo, sería derribado  a finales de los años cincuenta. A la izquierda el Hotel Ingles existente en nuestros días, donde hace esquina a la calle de Vidal.

lunes, 12 de febrero de 2018

LA PLAZA COMANDANTE MONTESINOS

Archivo Municipal

1945 Ca - La desaparecida y pequeña plaza Comandante Montesinos se vio afectada cuando la instalación del Mercado de Abastos, junto a San Agustín,  a finales de 1923, donde estuvo funcionando hasta la segunda mitad de los años cuarenta, cuando fue trasladado a su actual emplazamiento.

Desde aquel momento la plaza pocas veces gozó de buena salud, tal y como expresaban los vecinos con sus denuncias en 1932 por el mal estado de una fuente en la plaza en cuyo entorno se concentraban los desperdicios de verduras procedentes de Abastos, que daban al lugar sensación de abandono. 

La  plaza estaba condenada a desaparecer por los proyectos de reforma interior, sin embargo, en 1934, se anunciaba en prensa la subasta de un solar contiguo de 202 metros cuadrados, al tiempo que igualmente se ofrecía la casa número 6 compuesta de planta baja con jardín, entresuelo, dos pisos, desvanes y terrado. Mayor peligro encerrada la casa con el número 8 que amenazaba derribo, por lo que ante una denuncia de la Guardia Municipal, el primer teniente de alcalde Sr Gisbert, dio instrucciones al arquitecto mayor municipal para que realizará una inspección y tomar por consiguiente las medidas oportunas.

La plaza del Comandante Montesinos en 1934 junto a otras próximas, como las de Pellicers, Pertusa, Pilar, En Gil y otras calles vecinas, se vería afectada por las mejoras del alcantarillado, tanto en cuanto la Cámara Oficial de la Propiedad Urbana ponía en conocimiento de los interesados propietarios que gracias a su gestión había logrado ciertos beneficios en el pago de los tributos.

Con el traslado del Mercado de Abastos la explanada sería propuesta para la construcción de Hacienda y otros nuevos edificios, lo que significó la desaparición de la plazita, mientras que la calle de Quevedo ganaba en anchura. 

La foto de la primera mitad de los cuarenta nos da una idea de su entorno en cuyas paredes se observan los rostros de Francisco Franco y José Antonio qué tanto proliferaron en las fachadas urbanas de la época.

jueves, 8 de febrero de 2018

LA PLAZA DE LA IGLESIA DE BENICALAP

                     

Una vieja foto de los setenta me obliga a rememorar una parte de la historia que hemos vivido los que nacimos en el barrio de Benicalap. Había comenzado años antes una construcción que entre anárquica y falto de plan de urbanización del barrio hacía que frente a fincas descontextualizadas, pero muy de la época, se entrecruzaran las antiguas construcciones que daban sabor al barrio.

La iglesia de S. Roque estaba terminada. Su fachada, después de los años 70, adquiere la forma actual si bien todavía presidia la entrada en ella la cruz de los   “Caídos por Dios y por España” con la enumeración de los que cayeren en el bando nacional. Recuerdo que la plaza tenía socavones y en la mayor parte pequeños guijarros que eran restos del intento de darle consistencia y adaptar el espacio para los actos religiosos que se realizaban.

En él se daban las “disparás y castillos” en las fiestas del barrio. Los domingos, los bautizos. Toda la chavalería rodeaba al neófito y acompañantes cantando “Padrí ronyos ha parit un gos, si no tira confitura que es mullga la criatura“. Una lluvia de caramelos, acompañados de monedas, disolvía el grupo que entre empujones y codazos cada cual cogía los que podía. Era un lugar idóneo para los partidos de fútbol, amén de montar las fiestas patronales y del Cristo. Pocas, pero sí alguna vez, montaban los clavarios “varietés" trayendo en el espectáculo a figuras del momento y vallando el espacio con cañizo con el fin de que el que quisiera verlo pagara. Esto traía quejas y pitidos. La mayoría de nosotros encontrábamos el hueco o aprovechábamos el descuido para “colarnos”.

En la foto, en su centro, un gran portalón daba entrada a Químicas Oro. Una industria química que llenaba de color y olor las acequias empleadas como desagües. La contaminación era algo normal y productos y olores tóxicos se arrojaban a las acequias que a su vez servían para riego del campo. Se había establecido en la alquería del Rull en 1955. Tal vez sea esta la última foto de la industria ya que en 1975 se trasladó al polígono de San Antonio de Benageber. En la foto y casi encarada con la iglesia había una  finca con planta baja y piso. 

La familia Cotanda, dedicada a la venta de pescado en el mercado, vivía en la planta baja. Era la casa de los Hermanos Cotanda Vinaixa. Manolo no siguió el oficio de sus padres licenciándose en Medicina. Rafael, el pequeño, conocido por todos como Rafelín, se graduó de ATS y ejerció muchos años en la Fe, y Trini,  la mayor, comadrona, ayudó a traernos a este mundo a muchos de los críos del barrio. Arriba vivía Manolo, María Ángeles y Amparo la familia conocida como la “gorrera" por dedicarse a la confección  de esta prenda. En la foto se ve al lado de esta un espacio cerrado que se aprovechaba como almacén de Químicas Oro. 

Eran finales de los 70 y ya la foto deja entrever el avance de las fincas de nueva construcción. El avance conllevó arrasar las características que definían el barrio. Se llevó la alquería del tío Rull. Al lado la alquería de San Joaquín. El Portalet. El horno de Canya. La plaza de Benicalap. Conjunto que definía las características primitivas de una zona huertana que arrancaba desde la Conquista. 

En la actual remodelación llevada a cabo desde finales de los 60 no hay nada que pueda decirnos quienes fueron nuestros ancestros. Tan solo el recuerdo plasmado por cada cual y que forma parte de una conciencia colectiva cada vez mas diluida.

Texto de Eduardo Donderis Folgado

lunes, 14 de noviembre de 2016

LA PLAZA CAJEROS


Archivo Municipal


1927 Ca.- Con la reforma de la plaza Castelar, cuando terminaba la década de los veinte, desapareció la Bajada de San Francisco. No se fue sola. En su huida hacia al futuro por exigencias de la modernidad, aceras y calzadas iban a necesitar un mayor espacio, por lo que la plaza de Cajeros tomaba el mismo viaje, a la que hasta entonces se había accedido desde las calles San  Vicente, Fuentes, Bajada de SanFrancisco y Colchoneros que venía de la plaza dels Porchets.

La vida comercial de siempre, reinante en la plaza, estaba llamada a permanecer intacta, aunque cambiando el decorado, más acorde a los nuevos aires donde si el pasaje Ripalda mantenía su prestancia, los aromas de Robillard iban formar parte del andamiaje de los recuerdos.

Plaza más bien estrecha pero muy concurrida, sus establecimientos tenían garantizada la venta perdurando en el tiempo. Las camiserías de Alvaro Oltra y la de Abdón Sánchez con sus complementos, vestían a su fiel clientela, mientras que la sombrerería de Enrique Saval ofrecía el último modelo que iba a dar mayor empaque al burgués acomodado.  O a quien deseaba aparentarlo.

En Albert Ricart, peluquero, con sus masajes y paños calientes tras el afeitado diario, se comentaba el último acontecimiento de la vida social valenciana y Manuel Armengod, relojero, ponía en hora tanto a la muñeca como al bolsillo del chaleco, según las preferencias, de sus clientes.

En la Papelería Vila con su material de escritorio se abastecían despachos y empresas mercantiles, con sus cuadernillos cuadrículados y hojas de Diario o de Mayor. En la Farmacia de Bernardo Aliño se tomaba la tensión arterial y las mejores purgas estaban garantizadas.

Y cómo no, el Salón París de Paco ofrecía limpieza de zapatos, escritorio, retretes, lavabos y reparto rápido de cartas y paquetes a domicilio, según consta en un anuncio de la época.

Los derribos se sucedían y la plaza de Cajeros pasaba a mejor vida. 

El Pasaje de Ripalda tenía un buen seguro de vida.