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domingo, 23 de enero de 2022

EL MERCADO DEL CABANYAL

 

Archivo Municipal

Con anterioridad a 1869 no existía un lugar de mercado en Pueblo Nuevo del Mar; los mercaderes y con sus carros hacían su recorrido por la población, que tras su anexión a Valencia en 1897 pasó a ser reconocida una de sus zonas como la del Cabañal. Ello facilitó que en el destartalado mercado con ya casi treinta años de existencia se iniciará un largo proceso de mejoras. 

En diciembre de 1902 estaba en ejecución la cubierta del mercado del Cabañal y la instalación de una marquesina, una tarea de mantenimiento que se repetiría con los años, como sucedió en 1904 aunque con menor presupuesto: en esta ocasión fue necesaria una dotación de 10.000 pts para la cubierta.

En 1906 se dispuso mejorar su alumbrado con la sustitución de unas viejas farolas por mecheros de incandescencia, lo que suponía un cierto avance tecnológico. El adoquinado en las calles travesías al mercado se plantearía en el otoño de 1907, y la instalación de un mejor alumbrado llegaría en el tiempo de la Exposición Regional de 1909.

En 1914 con el asfaltado de la zona se instaló una fuente de agua potable tan necesaria para los mercaderes, y en 1918 se aboga por una más moderna marquesina. Cinco años después se requería al ayuntamiento para la construcción de unas casetas al servicio del mercado.

Y en 1930 con la instalación de un mingitorio nos acercamos al año de la foto de un mercado que estaba situado en la plaza Lorenzo de la Flor, donde permaneció hasta 1958 por la entrada en servicio del nuevo mercado del Cabañal, lo que significó su derribo.

jueves, 3 de octubre de 2019

EL MERCADO DE MOSSÉN SORELL


Mercado Mossén Sorell con una corona en la cumbre de la cubierta en 1930. Autor anónimo.- pinterest

El recoleto mercado de Mossén Sorell ocupa el centro de la rectangular plaza de su nombre en el barrio del Carmen, al que afluyen las calles Corona, San Ramón, Santo Tomás y Sogueros, y con un alargado apéndice linda con la calle Alta. Nombres que suenan a ubicaciones de fallas pequeñas, como las antiguas, adaptadas a estrecheces viarias y económicas, pero con derroche de sátira que las hace muy atractivas e hilarantes para los visitantes.

Diseñado por el arquitecto Ángel Romaní e inaugurado en 1932, el mercado ocupa parte del solar que quedó tras el derribo del palacio que mandaron construir Tomás Sorell y Sagarriga y su mujer Eleonor de Cruilles, señores de Geldo, Sot de Ferrer y Albalat de Codinate, posteriormente Albalat dels Sorells, en la segunda mitad del siglo XV, y fue destruido por un incendio intencionado en 1878. Mossén Sorell, sacerdote y heredero del solar, lo cedió para que construyeran un mercado con su nombre.

Foto Esteban Gonzalo

Es de estructura metálica, con laterales acristalados que le aportan mucha luz natural y protegen de rigores climatológicos a vendedores y clientes. Desde la última reforma, culminada en el año 2008, su parte central está habilitada para actividades culturales y de ocio, opinando los vendedores que debería estar más aprovechada.

Fue remodelado, con menos palcos pero más amplios, para adaptarse a la menor población del barrio y que sus ofertas sean también atractivas para otros conciudadanos capitalinos y turistas. Un lugar donde además de poder comprar excelentes carnes, embutidos, quesos, conservas, pescados, crustáceos, encurtidos, salazones y aceites, con la Charcutería José Verdeguer, la Ostrería del Carmen y Vinostrum, como importantes alicientes añadidos, se puede disfrutar tomando unos vinos o cervezas acompañados de tapas, y saborear plácidamente un café o sus variantes. Para facilitarlo, además de las mañanas también abren los jueves y viernes por la tarde, siendo de tipo extraordinario el mercado de los sábados, con tenderetes de flores, plantas, frutas y verduras, en el exterior del edificio.

Foto Esteban Gonzalo

Un mercado de barrio, que sin perder su base de venta de productos frescos, tiene el añadido de los tipo gourmet y se ha convertido en punto de encuentro familiar las mañanas de los fines de semana.

Un mercado cuya cúspide coronada, según foto de autor anónimo de 1930, fue sustituida por el pináculo que ha perdurado.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel 

lunes, 24 de diciembre de 2018

EL MERCAT DE VALENSIA


Llega la Navidad y es el Mercado Central donde se concentran los valencianos para la compra de las mejores viandas para celebrar torno a la mesa familiar  instantes felices de una fiesta que ha esquilmado sus bolsillos. Pero la ocasión lo merece. 

Pero la tradición viene de antiguo, cuando los pequeños toldos cambiaban el aspecto de una alargada plaza y al mismo tiempo cobijaban los puestos que ofrecían los productos de la huerta valenciana de la mano de singulares personajes que igual llegaban de los campos de Campanar, que de la Albufera o del marítimo.

Vemos en el auca impresa en Xativa en 1881, titulada "El Mercat de Valensia", mediante cuarenta y ocho viñetas en lengua valenciana, todo el tipismo que se agrupaba y con mayor énfasis "els dies de Nadal". Pero que también recorrían las calles de  la ciudad el resto del año.

     

viernes, 31 de marzo de 2017

LA PRIMERA PIEDRA PARA EL MERCADO CENTRAL

Archivo Municipal

La cronología del Mercado Central comienza de forma oficial en 1884 con un concurso público que premiará al mejor diseño. Sin embargo, ya en el nuevo siglo y en su primera década, se acometieron nuevos proyectos que tuvieron su continuidad a los largo de los años siguientes.

Su ejecución lenta contrasta con la rapidez de las obras del Mercado de Colón, con seguridad por su influencia en el "primer ensanche", ejecutado en una zona que no presentaba la problemática de la situada frente a la Lonja, de origen moruno, donde se alternaban las dificultades de su construcción con la tramitación de los derribos, amén de los frecuentes enfrentamientos entre los munícipes.

Trece largos años fueron necesarios para su inauguración desde aquel día 30 de diciembre de 1915, cuando entre maceros, clarines, concejales, arquitectos, contratistas, cargos relacionados con el Mercado y bajo la presidencia del Sr. Prieto en representación de la Comisión de Mercados, se procedió a las diez de la mañana de aquel día a la colocación de la primera piedra que fue bendecida por el delegado del Arzobispo, asistido a su vez por el párroco de la iglesia de los Santos Juanes. Para el acto fue situada una tribuna frente a la Lonja, idéntica a la que se había utilizada el mes anterior y para el mismo acto de la futura Casa de Correos, con igual altar e idéntica efigie del Divino Crucificado.

La primera pala de cemento vino de las manos del  Sr. Prieto mediante una paleta de plata con la siguiente inscripción:

“Ante el señor alcalde  de Valencia, don Miguel Paredes García, se colocó la primera piedra del nuevo Mercado Central en 30 de diciembre de 1915”. 

Siendo aquel quien a continuación y en larga alocución, inició sus palabras mencionando los treinta y tres años que fueron necesarios para que el Ayuntamiento, con mayor o menor fortuna, lograría hacer realidad el proyecto que aquel día se iniciaba. 

Viejos edificios, lonas y "el Principal" -en su desaparición- iban a dar paso a un nuevo Mercado Central, que, en la actualidad y de camino a su primer centenario, es uno de los lugares que mayor atención presta al turista viajero cuando llega a nuestra ciudad. 

domingo, 25 de diciembre de 2016

EL CENTENARIO MERCADO COLÓN

Fotos del Archivo Municipal

El Mercado Colón, monumento nacional desde el 2007, destaca espectacularmente en un rectángulo contorneado por las calles Cirilo Amorós, Jorge Juan, Conde Salvatierra de Álava y Martínez Ferrando del primer Ensanche capitalino.

Pedido por propietarios y vecinos al Ayuntamiento a finales del siglo XIX, fue proyectado en 1913 por el arquitecto valenciano Francisco Mora Berenguer (Sagunto 1875-Ribera de Cabanes 1961) quien nombró arquitecto de las obras, realizadas entre los años 1914 y 1916, al también arquitecto valenciano Demetrio Ribes, por su experiencia en el manejo de las estructuras metálicas para estaciones de tren y coincidiendo que éste era el autor del proyecto de la Estación para la Compañía del Norte en Valencia, que el próximo año también llegará a centenaria.

Fue inaugurado el día de Nochebuena del año 1916 con gran solemnidad según las crónicas de los diarios de entonces. Elena Durá, elegida Reina del Mercado, cortó la cinta inaugural al término de una cabalgata con largo recorrido urbano que encabezó la policía municipal montada, clarines y timbales y la Roca La Fama, y siguió con carrozas publicitando la calidad de las carnes, pescados, frutas, hortalizas y legumbres que vendían en los mercados de la ciudad, otra especial y alegórica de Valencia con la Reina y su Corte de Amor, y cerró el cortejo la banda municipal.

Un mercado de traza rectangular cuya estructura está conformada por dos testeros de obra y entre ambos tres marquesinas de hierro de 18 metros de altura la central y de 7,70 m. cada una de las laterales en forma de Y, sin paramentos laterales, en plan higienista de las corrientes saludables desde mitad del siglo XIX. Contornea el edificio una verja de fundición sobre paramentos de piedra con ocho puertas metálicas para facilitar la llegada y salida a los clientes.

La fachada oeste, la correspondiente a la calle Jorge Juan, está compuesta por un gran arco y una galería de tres cuerpos, construidos con ladrillo rojo cara vista y decorados con piedra, trencadís y mosaicos de inspiración veneciana sobre tópicos de la huerta valenciana, mientras la del este, recayente a la calle Conde Salvatierra de Álava, tiene menos decoración pero un gran tímpano o frontis curvo de cristal y hierro entre dos torres cúpula ovoides muy gaudianas.

La importante actividad inicial del mercado fue languideciendo cuando avanzada la segunda mitad del siglo XX se juntaron la falta de mantenimiento de las instalaciones que disuadía la continuación generacional de los vendedores y la llegada de clientes y la competencia de los supermercados e hipermercados. Fue necesaria una gran obra de recuperación para librar al edificio de la ruina y remodelarlo para que la denominada joya modernista del Ensanche tuviera nueva dedicación compaginando usos comerciales, culturales y de ocio. Tras doce años de dilaciones las obras comenzaron en el año 2000 para recalzar y consolidar su deteriorada cimentación de 1916, excavar un semisótano comercial y tres plantas de estacionamiento, rehabilitar las grandes cubiertas metálicas y sus columnas sustentadoras de fundición, y devolver a los testeros el colorido de sus bellos mosaicos y decoraciones con reposiciones de trencadís y algunas esculturas.

El “nuevo” mercado de Colón, es desde el 2003 un delicioso lugar urbano con cafeterías, horchaterías y puestos de flores y recuerdos en la cota cero, mientras en el semisótano mantienen las esencias comerciales grandes y bien surtidas charcutería, pescadería, carnicería y frutería, que comparten espacio con acreditados establecimientos de restauración.

Nueva etapa que comenzó el 28 de marzo de 2003, cuando la entonces alcaldesa Rita Barberá Nolla, recientemente fallecida, presidió la recuperación para la ciudad del emblemático mercado, que fue rehabilitado por Dragados y Necso con un coste de 35 millones de euros. Empresas que se encontraron con una estructura deformada, fachadas con hasta 9 cm. de desnivel, tubos carcomidos y necesidad de disolver las sales de los ladrillos cara vista.


Formando parte del programa de actos “Cien años de sabor” el pasado día 13 de diciembre hubo rememoración de la inauguración con actores vestidos como en 1916, música, bailes, y las veteranas vendedoras María Soledad, Dolores Pons y Fina, cuya tercera generación en las dos primeras y la cuarta en el caso de Fina regentan las paradas actuales, cortaron la cinta inaugural del centenario, como hizo Elena Durá el 24 de diciembre de 1916, el día de la inauguración oficial.


Foto de Esteban Gonzalo - 2003

El Mercado Colón, junto con la Estación del Norte y el Mercado Central, que tendrá que esperar hasta 2028 para celebrar el centenario de su inauguración, son los tres iconos más importantes del modernismo de los primeros decenios del siglo veinte en la ciudad de Valencia.

Según Steve Anderson, Presidente de la Asociación de Comerciantes del Mercado de Colón, han sabido adaptarse a los tiempos y han mantenido sus valores: un producto fantástico y el compromiso con los clientes.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

viernes, 23 de septiembre de 2016

EL MERCADO DE ABASTOS POR LA RONDA DEL CINCO.


Archivo Municipal

1945 Ca. - El 19 de junio de 1908 fue inaugurado el Mercado de Abastos en la plaza de la Beneficencia, frente al “Matadero Viejo”, donde se impartía la docencia en el nuevo Colegio Cervantes. Ya desde el primer momento hubo quejas por parte de los abastecedores, toda vez que no reunía las condiciones adecuadas. Apena llovía, el lugar se convertía en un lodazal por estar medio adoquinado, con serios problemas para las tareas de carga y descarga y para la salud pública vecinal, muy preocupada por la situación.

Estos hechos los denunciaba la prensa, que consideraba indispensable la corrección de sus anomalías, haciendo alusión a la necesidad de que el alcalde visitara la zona, tanto de día como de noche, para convencerse de que la razón asistía a los interesados y “disponga que se subsanen las deficiencias apuntadas.



Con el traslado del Mercado de Abastos desde su anterior emplazamiento de la plaza de Encarnación, básicamente suponía rotar los problemas al nuevo lugar, muy cercano, situado en la misma ronda de la derruida muralla cristiana. Su carácter provisional llevaba implícito la búsqueda de un lugar más adecuado. Tuvieron que pasar unos cuantos años.

No sería hasta el 12 noviembre de 1923 cuando el alcalde Juan Avilés inauguró su nuevo emplazamiento (curiosamente y por tercera ocasión en la misma ronda) en un solar junto a la Iglesia de San Agustín, producto de la desamortización de Mendizábal, cuyas instalaciones del antiguo convento agustino habían servido de cárcel hasta su demolición en 1904.

Su adecuación a las necesidades del nuevo Mercado de Abastos no fue muy costosa, pues se contaba con la Casa del Pueblo -en su construcción cercana durante aquellos años, aunque nunca llegase el momento de su inauguración- como cobijo en caso de lluvia.

Y allí estuvo hasta su traslado a Arrancapins en 1948.

martes, 7 de junio de 2016

MERCADO DESDE EL MEDIOEVO.

Archivo Municipal

1927 - Ya en la recta final de su construcción los puestos del mercado se agrupaban torno a su plaza como lo venían haciendo desde muy lejanos tiempos. A su reclamo, tiendas y comercios de todo tipo se había ido estableciendo en calles próximas que tomarían su nombre por la actividad que en las mismas se ejercía.  

Cercano a la puerta de la Boatella y de época musulmana se sabe la existencia de este mercado extramuros que, por la "Costum" de Jaime I, en 1239, se le otorgó el privilegio de su celebración semanal, siendo los jueves cuando se llevaba a efecto. Por el crecimiento de la ciudad y sus necesidades, se fueron creando nuevos mercados que situados en zonas habilitadas para productos determinados, iban a dar nombre a calles o plazas, donde a su vez se iban asentando los comercios especializados.

Y así y con los años, la venta del trigo se concentraba en el Almodí, junto a la Catedral, donde se garantizaba su almacenaje. El aceite, desde principios del XIV, tuvo su Lonja. Hubo mercado  en la plaza de la Yerba, frente a la catedral, anexo al lugar donde más tarde se construiría la Casa de la Ciudad, mientras que la venta de aves se situó por la actual calle del Trench, donde también existían comercios de salazones. Frente al Palacio Arzobispal se ofrecían las frutas de la huerta.  

Los “draps de llana” se vendían en la calle de las Mantas y los de lino, “draps de llí” por la plaza la Figuera.
Archivo Municipal

La flores perfumaban la calle “dels  ramellets”, próxima al Convento de la Merced  en cuyo entorno se instalaron los mejores carpinteros de la ciudad. La venta de zapatos se concentraba cerca de Santa Catalina. Diferente era la venta de carne, que, mientras para los judíos existía por la calle del Mar, los cristianos la  encontraban en la zona de Roteros y el Tossal. 

En estos casos era el “credo” el que marcaba el sitio.

martes, 10 de mayo de 2016

LA TIRA DE CONTAR

Archivo Rafael Solaz (1946)

Su nombre proviene de la forma en la que se comercializaban los productos de la huerta desde la época foral, que nada tenía que ver con el sistema de pesos y medidas imperante en los mercados de cada momento. La unidad marcaba la pauta, y eran una, dos  tres, cuatro o más lechugas o cualquier otra hortaliza que ofrecidas al público sobre el suelo, demandaba el cliente. Tan solo era cuestión de “contar” las piezas que se mostraban en hilera en un lugar determinado del mercado.

Desde antiguo, la “tira de contar” estaba en torno el mercado y su plaza, ocupando diferentes lugares. El cronista de "La Correspondencia" en 1919 la situaba en la plaza Collado, mientras que en 1921 el periódico El Pueblo informaba del cambio de sitio motivado por denuncias de vecinos:



Tras la inauguración del Mercado Central en 1928, se fijó su emplazamiento en el sótano del mismo y en lugar determinado. Posteriormente ofreció las cosechas de sus huertas en el Mercado de Abastos, que ya había entrado en funcionamiento en 1923, junto a la Iglesia de San Agustín, en los terrenos anexos del que había sido penal.

Con la inauguración en 1948 del nuevo Abastos en Arrancapins, la “tira de contar” se alojaría en estas instalaciones hasta su final traslado al actual Mercavalencia en 1983, donde se mantiene tan ancestral costumbre de ofrecer al público por parte de los huertanos y desde primeras horas de la madrugada, los productos frescos de la huerta de Valencia, siendo requisito indispensable que lo sean de su misma cosecha, sin intermediarios.

jueves, 17 de marzo de 2016

EL MERCADO CENTRAL ABRE SUS PUERTAS

Foto Vidal

1928 – El Mercado Central había sido inaugurado oficialmente con una comida popular el día 23 de enero de aquel año, pero su apertura para el público no fue hasta el 15 de marzo siguiente, una vez autorizadas todas las adjudicaciones. Se instó a los concesionarios para que solicitaran, en su caso, la instalación de perchas, estanterías, cajones u otros enseres, presentado en la Administración de Mercados un boceto duplicado de la instalación que tuvieran proyectada.

Referente a las huertanas con sus verduras y hortalizas para venta al por mayor, que venían formando la “tira de contar”, se mantenían los mismos arbitrios, debiendo “instalarse en la parte del sótano a ellas destinado… pudiendo los carros que traigan sus mercancías, descender por la rampa, y descargarlas junto al lugar en que se sitúe la respectiva vendedora”, de acuerdo con la ordenanza municipal.

El día 15, ordenaba el teniente de Alcalde suplente Sr. Mascarós, “deberán quedar despejados todos los locales que en la plaza del Mercado, Collado, Lope de Vega y Cid (Redonda) y demás apéndices del actual Mercado ocupen los aludidos vendedores no permitiéndose la permanencia allí de ningún vendedor de artículos comestibles”.

El Mercado Central abría sus puertas llamado a inundarse desde aquel momento de los aromas y colores propios de la huerta valenciana.


domingo, 24 de enero de 2016

LA INAUGURACIÓN DEL MERCADO CENTRAL



1928 - El 23 de enero, día de la onomástica de Alfonso XIII, dentro de los actos para la inauguración del Mercado Central, tuvo lugar una comida en su interior a la que asistieron 1.400 pobres, consistente en treinta y dos grandes paellas para las que se necesitaron 115 pollos, 50 kgs de marisco, 200 de arroz, 100 de guisantes y 30 docenas de alcachofas; productos que fueron adquiridos de una buena parte de la cantidad recaudada a los vendedores por el remate de los puestos, decisión tomada por iniciativa del alcalde.

D. Francisco Tormo, dueño del Hotel Palace, contribuyó con cuatro paellas más por si eran necesarias. La fruta corrió a cargo de los asentadores del mercado y los varones recibieron un cigarro puro donado por el Capitán General que había recibido el donativo de la Fábrica de Tabacos. 

Antes del reparto de la comida servida por unas señoritas, el Capitán General y el Gobernador Militar probaron la paella con grandes elogios. Acompañaba a la ración, media botella de vino Carrascal y una cajita de cartón que contenía un pastel de pescado,  un sándwich de mortadela y un dulce de batata.

Al acto asistieron concejales del Ayuntamiento e invitados, entre quienes se encontraban señoras de la alta sociedad.

Finalizada la comida, los comensales, como recuerdo del acto, se llevaron el plato, la cuchara y el vaso, con muchos aplausos al alcalde, el Sr. Marqués de Sotelo.

Posteriormente, el 15 de marzo se inauguró la venta al público una vez subastados los novecientos puestos que componían el nuevo Mercado Central.

sábado, 26 de diciembre de 2015

INAUGURACIÓN DEL MERCADO COLÓN HACE 99 AÑOS Y UN DIA



Archivo Salvador Monmeneu (Ca. 1922)

 1916 - Durante el mes de junio corrió el rumor de la inminente inauguración del Mercado de Colón. Los vecinos, expectantes ante la grandiosidad que a sus ojos se ofrecía, merced a la valenciana simbología de su fachada principal, estaban, al mismo tiempo, muy ilusionados por su puesta en marcha, lo que iba a significar una gran mejora para el Ensanche.

 Sin embargo, no sería hasta final del año cuando ya de una vez llegó el día esperado. El momento oficial de la inauguración tuvo lugar el 25 de diciembre con la presencia de una comisión muy numerosa presidida por el Alcalde. Tras el acto, en el local del mismo destinado a tenencia-alcaldía, el León de Oro sirvió un esplendido lunch, con discursos a cargo del Alcalde Sr. Gurrea y los miembros del Comite Organizador del Mercado de Colón, Sres. Banquells y Miralles, mientras la Banda Municipal y en su momento amenizaba la velada.

Pero en la víspera y como celebracion de la apertura se había celebrado una vistosa cabalgata que tuvo su inicio en la Plaza de Toros, en un recorrido por la ciudad en la que figuraban junto a la Reina de la Fiesta sobre una carroza una representación de la belleza valenciana  formada por un ramo de señoritas que se ofecía en un landó. A su paso por Capitanía General fueron obsequiadas con ramos de flores. El cronista se atrevía a decir que la carroza era la mejor que se había visto en Valencia en los últimos cuatro años, obra de los artistas Villalba, Benedito, Desfilis, Cabrelles y Aragó.

 En el nuevo mercado se congregaron las autoridades valencianas en gran número, al igual que personalidades de la vida política, social y cultural en un programa de actos que se prolongó por la tarde. 

Y de lo más ocurrente fue la feliz decisión de proclamar como "Hijo Adoptivo del Mercados de Colón" al niño o niña más pobre que naciera el 1 de enero de 1917. De tal manera que el inmediato 14 de enero, ya en marcha el nuevo mercado, en un acto celebrado en el Palace Hotel, tal y como nos informa el Diario de Valencia del día siguiente, recibió este nombramiento el niño Juan Flor Jiménez “hijo de un honrado matrimonio, pobre de solemnidad y habitante en la plaza del Músico Gomis, número 2, portería”, entre otros tres nominados que fueron agasajados con un recuerdo ante el Ministro de la Gobernación. A nombre del niño proclamado se abrieron unas libretas de ahorros con donativos por parte de algunas autoridades asistentes al acto.

 El Ensanche tenía su Mercado. Hoy se cumplen los 99 años y un día de su recorrido.

miércoles, 3 de junio de 2015

EL MERCADO NUEVO

1890 plaza del mercado

Archivo de Rafael Solaz

1890 Ca. – En el lienzo de casas tras el mercado, abre la calle Juan de Villarrasa como indicativo de la cúpula escolapia del siglo XVIII, centro andresiano construido bajo el impulso del Arzobispo Mayoral. La Iglesia de los Santos Juanes mezcla tañidos de campanas con aromas de huertas, traqueteos de carros y murmullos de vecindad.

El Mercado Nuevo de 1839 centra al mercado con su balaustrada de piedra, y el edificio de la Guardia del Principal surge ostentoso.

La alta farola eléctrica ya ha sustituido a las de gas y el mercado hierve de vidas que buscan verduras y carnes para el puchero valenciano, el de los domingos.

Sobre el mercadillo a dos aguas, el de las flores, unos operarios cuidan su mantenimiento y el “pardal de Sant Joan” desde lo alto de su torre pasa lista,  vigila para que todo esté en orden y concierto.

El mercado que da nombre a una plaza desde tiempo inmemorial cumple con su misión, y lonas y toldos contribuyen a la diaria y grata visita.

Los Santos Juanes, la “parroquia de los pillos”, donde los avispados pícaros del mercado estaban atentos al abundante cesto de viandas, dando su nombre al templo aledaño.

sábado, 16 de mayo de 2015

LAS LONAS DEL MERCADO


Mercado. 1888 
Archivo de Rafael Solaz

1888 - En el momento de su toma apenas hay concurrencia. Hay poco trasiego vecinal en el mercado y las lonas sobre los puestos indican el pasillo central que de una parte a otra se extiende sobre la plaza.

Las lonas de gruesa tela indican el rumbo a seguir a quienes acuden a la compra, al tiempo que  adquieren un gran  protagonismo por la sombra y alivio que procuran a su fiel clientela.

Mercado al aire libre ante La Lonja de la Seda que luce su bella tracería. Su continuidad se extiende al interior del Mercado Nuevo que asoma por la izquierda de la imagen, donde se esconde, al igual que se prolonga por los escalones de la Lonja.

Sol, lonas y sombras se unen para dan vida a un mercado que a través de esta imagen ofrece un especial encanto, cual postal de aromas entre frutos de mar y de huerta. 

lunes, 23 de marzo de 2015

MERCADO DE FLORES


1935 plaza castelar mercado de flores
Foto de Bondía

La tortada de Goerlich, popularmente así conocida por su alzado desde el suelo, apenas llevaba un par de años de vida con su "mercado de flores" en planta inferior. Decisión, la del mercado, que no fue aceptada por una parte de la opinión pública, en especial por quienes comerciaban los puestos, hasta el punto que fue en  septiembre de 1944 cuando el primer florista montó el suyo arriba en la plaza, desdeñando el subterráneo.

Con sus fuentes (en representación de las “tres provincias” en cada uno de sus ángulos)  junto a los escalones, bancos y balaustradas, apenas tuvieron treinta años de vida de muy gratos recuerdos para quienes la conocimos.

La foto es de 1935 (no sería hasta el siguiente año cuando el diseño de Goerlich completara su ejecución) en ocasión de la fiesta de los “fieles difuntos” para la que se instaló sobre la tortada un mercado de flores para dar servicio a quienes después y en el camposanto recordarían los seres queridos.

El perfume de los crisantemos, claveles y rosas desprende y regala sus esencias a una plaza concurrida por tranvías, coches y hasta un carro. 

Y en esta ocasión con aromas de mercado.

miércoles, 25 de febrero de 2015

AL MERCADO

1888 torres de serranos

La puerta de Serranos como alto trono, esbelta y con empaque, era la entrada a la ciudad para quienes acudían desde las cercanas huertas situadas al norte, o bien llegaban de la lejana serranía.

Y por su portal de rica tracería y rumbo al mercado, todos los días cruzaban legumbres, vinos, frutas y granos; aceites y carnes; esparto y miel; cestas y tinajas; maderas y leña para arder.

lonja1909 sotano donde se guardaban los toldos y demás accesorios del mercado
Junto a la Lonja y en su extensa plaza se alineaban los puestos con sus toldos, útiles que un día tras otro pernoctaban en su sótano a través de una puerta en el frontal; su recuerdo nos llega gracias a una ventana a ras del suelo.

Con sus precisos puntos de venta, el aceite se dirigía hacia la Lonja de su nombre al que se accedía por la calle Nueva, entre otras, y que a su derribo, dio luz la plaza del Dr. Collado, mientras que los granos alargaban su camino al Almudín. Y el pescado hacia la plaza Redonda y su entorno.

Antes de cruzar el portal los huertanos debían de pagar en el "fielato"el correspondiente impuesto que les autorizaba su venta en mercado, de acuerdo con una tarifa establecida para carnes, vinos, vinagres, madera...

Puertas hacia el mercado de madrugada, con retorno de vacío a la huerta

lunes, 2 de febrero de 2015

EL MERCADO CENTRAL EN CONSTRUCCIÓN

años 20 plaza del mercado

Desde su inicio, las obras para la construcción del Mercado Central fueron muy lentas, tanto desde el comienzo de los derribos iniciados en 1910, como cuando más de cinco años después, el 30 de diciembre de 1915, se procediera a la colocación de la primera piedra del que iba a ser uno de los mercados cubiertos de mayor superficie de Europa.

No sería hasta octubre de 1916 cuando se acordara el derribo de los pórticos y cuerpo central del Mercado Nuevo que había sido construido en 1839. Y es en 1917 cuando el Capitán General acepta el traslado de la Guardia del Principal a la Lonja enfrente, para dar mayor rapidez a unas obras (velocidad que por el momento no se logró) que no se terminarían hasta 1928 con su inauguración el 23 de enero, onomástica del Rey Alfonso XIII.

En los primeros años de la década de los veinte y por problemas económicos las obras estaban casi paralizadas, con mayor celeridad a partir de 1924.

Observamos en la foto (cuando la plaza aparecía en el nomenclátor como del Guerrillero Romeu) el mercado en plena ebullición, con los puestos en la calle y las vendedoras abrigadas del frío con sus puestos de verduras y frutas. El edificio de ladrillo cara vista y próximo a los Santos Juanes ya está terminado, a la espera de que lo sea en su totalidad, para  que el mercado callejero ocupe los puestos de tan singular obra modernista que con los años iba a tener un gran  atractivo turístico.

domingo, 1 de febrero de 2015

LA CUESTA DE ENERO

1930 Vendedor del mercado. Lugar desconocido. Ca. 1930

Archivo de Rafael Solaz

1930 Ca. – La cuesta de enero había dejado atrás su mayor desnivel, los bolsillos habían quedado escuálidos tras las fiestas navideñas y las pesadas curvas habían hecho añicos los riñones del vendedor que tras superar las dificultades, pedaleo tras pedaleo, observa entre dudas y quebrantos su puesto lleno de verduras sin que nadie les haga caso. Sabe los motivos. 

Cestas de mimbre y tablas de pino atiborradas de berzas y lechugas le hacen meditar en todo ello, mientras descansa sus fuerzas en el canto del banco. 

¿Qué vaticinará nuestro pensante amigo sobre el mes que comienza, sin cuestas ni aprietos?

El vendedor piensa en febrerillo el corto, ya en llano y con suave recorrido.  La experiencia de los años se lo dicta. Enero ha quedado atrás en la cuesta del olvido.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

MERCADO POR NAVIDAD

1960 Ca Mercado y Navidad
1960 Ca. La Navidad y el mercado se unen para despedir en estos días el año en familia. Es un amor que reflota cada doces meses alimentado por los garbanzos del cocido y la especiada
pelota que flotará sobre un bodegón de carnes y verduras.

El mercado, en estos días, es el corazón de la fiesta y con sus sístoles y diástoles dará vida al calor del hogar. Se engalana pues de guirnaldas, y recibe al ama de casa con su capazo bajo el brazo dispuesto a llenarlo de fiesta entre villancicos y panderetas.

La foto desde un puesto del mercado de Mossén Sorell en los años sesenta nos muestran las piezas para el asado, dispuestas a su viaje hacia la mesa familiar, al dulzor de los turrones en la cena de Nochebuena .

lunes, 3 de noviembre de 2014

EL MERCADO DE BENICALAP - PEPE CÓZAR, VALENCIANO DE BAEZA


1962 - La riada de 1957 fue devastadora, pero de aquel lunes de pánico, un nuevo genio surgió en Valencia.

Pepe Cózar, valenciano de Baeza, días después, a sus trece años, sorteaba el barro en la plaza de Na Jordana. De repente, se encontró con una maleta entre el cieno, la abrió y un tesoro de pinceles y de colores sorprendieron sus ojos.

Había nacido un artista de la paleta; los lienzos iban a sentir en su urdimbre trazos de color, pletóricos de fuerza.

Se barnizaron de Benicalap, donde la familia baezana había fijado su residencia: la Ceramo, el Portalet, junto a la vieja alquería, cubrieron sus primeros cuadros. Después se adentraría por el del Carmen: el portal de la Valldigna, sus callejuelas retorcidas, las Torres de  Serranos,  y fijó su caballete ante el Micalet.

Tenía todo un mundo por delante que paso a paso iba a saber de su presencia. Por toda España.

Quiso perfeccionar su estilo y acudió a Bellas Artes de la calle Museo, lugar muy próximo a donde había encontrado la maleta. El director, Genaro Lahuerta, no lo admitió por no tener estudios primarios, pero un año después, Pepe Cózar, obtuvo un primer premio en el XIX Certamen Nacional de Linares de 1963, mientras quién le había negado la entrada en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, tuvo que conformarse con un cuarto puesto.

Pepe Cózar había ganado su primer partido: 1 a 0, dice con un firme movimiento de mano, como si rasgara en un lienzo un trazo de intenso color.

En el Círculo de Bellas Artes perfeccionó y puso en orden el fuego de su interior, que con paleta y pincel iban a alumbrar su arte.

En 1962, fija su caballete en el camino de Tránsitos, en la acera de Industrias Abrasivas; era un día algo lluvioso, pese a ello, observa con atención el mercado de Benicalap, y poco después había dejado para el recuerdo los puestos de carnes y chorizos, frutas y salazones. Una mujer hace su compra y los plataneros cubren los puestos trazados por el pincel firme de Pepe Cózar.

Valenciano de Baeza, nacido para la pintura al abrir una maleta del barro.

Los matices serían su vida.

sábado, 21 de junio de 2014

EL MERCADILLO DE JERUSALÉN

1910 mercado jerusalen

1910 - Ha comenzado el día -apenas son las nueve de la mañana- en el “mercadillo de Jerusalén”, al igual que lo hace el ciclista sobre el adoquinado en su ruta al trabajo, con su pedalear tranquilo entre los tenderetes, cuyos mercaderes esperan la presencia vecinal como cualquier otro día. Un paraguas hace de sombrilla en la esquina de la calle Convento Jerusalén con la de la Paloma que, en su abertura, corta la sombra donde los apretados puestos del mercado se prolongan hasta la otra esquina donde la farola esperará la llegada de la noche. Aún no le había llegado la hora de su instalación en el centro de la plaza y un carro acude a descargar su mercancía. La Maquinista Valenciana muestra sus altos ventanales que darán luz a un interior en su fabril actividad. Faldas largas y pañuelos a la cabeza, seña de lo que fue una época que no volverá, mientras el límpido cielo de nuestra ciudad se mantiene, al igual que la manzana de casas con sus persianas fielmente enfrentadas al azote solar. Perfumes de salmueras y de tocino, de flores y de canela. Sones de cazuelas y ristras de ajos. Fajas y blusones esperan un nuevo dueño. Día de mercado a la espera del jornal.