jueves, 23 de marzo de 2023
DIETARIO DE PABLO CARSI Y GIL
martes, 25 de octubre de 2022
TRADICIÓN EN EL DÍA DE LA VIRGEN: L´ESCURAETA

domingo, 10 de julio de 2022
LLEGA EL PATÍN A VALENCIA
1911 - Eran tiempos modernos, y que había entrado recientemente un nuevo siglo donde las tendencias extranjeras eran propensas a imitar, comenzando siempre por la clase adinerada intentando asemejarse a los gustos aristocráticos.
El patín era originario de los países europeos más fríos, donde se practicaba patinaje sobre lagos y ríos helados, y aunque aquí no los había, se construían llanuras artificiales para ello.
Quedaba muy bien entre los más modernos llamarles skating, aunque para la mayoría era patín.
Las fotografías de una revista de la época en 1911, nos muestran como se divertía la juventud, bien haciendo el tren, o bien incluso riendo a mansalva con los incidentes.
El caso es que demuestran la confraternidad que proporcionaba entre la juventud de los distintos sexos este deporte.
En esta última
fotografía se ven divirtiéndose en la Glorieta.
Texto de Amparo Zalve
jueves, 21 de abril de 2022
LA MUJER VALENCIANA EN LA HUERTA DE 1900
Sabía de ellos, aunque no había llegado todavía a conocerlos, llegados de París para llenar los escaparates de las tiendas mas elegantes de la calle Zaragoza. Sombreros de ala ancha con plumas de garza real, de aves del paraíso, de avestruz, de marabú, o de gallo, aunque la realidad es que sólo conocía las de sus gallinas, a las que tenía que mantener sanas porque de ellas dependía parte del sustento de su familia.
El trabajo doméstico y el de la huerta se entrelazaban en la continuidad, trabajando dentro y fuera del hogar.
Desde el jabón hasta el pan le proporcionaban cierta dificultad en la humilde condición de su casa.
Pero sabía que en la época de la siembra y de la recolección era fundamental su papel como mujer y bendecía su suerte de no estar sin el marido, como su vecina, que la pobre se había quedado con dos hanegadas de tierra para ella sola porque había emigrado su esposo a Francia al no darles suficiente la tierra, tomando la decisión de irse él, antes que irse ella del hogar para trabajar en la confección o en el servicio doméstico, como muchas solían hacer cuando no daba para más.
Desde pequeña aprendió que la meta de su vida era cumplir con los deberes de esposa y madre, eso en el hogar, además de los trabajos que da la huerta.
La piel de su rostro le iba cambiando de manera que cada año que pasaba era como tres más de aquellas que en la capital lucían sus sombreros. Su casa necesitaba de un excedente para cumplir las necesidades familiares, y además del propio consumo que ellos tenían, lo que le quedaba lo vendía en la pequeña entrada y dos veces por semana en el mercado, cosa complicada a la hora de adaptar la dedicación a la huerta a los horarios del marido y los hijos, sobretodo para tener preparada la comida a las horas que tocaba comer.
Bien cierto que desde que la suegra se hizo mayor y fue a vivir con ellos habían dos manos más para recoger y espolsar la tierra, a la par que las de su hija, la mayor, que con sus once años arreglaba los animales cuando terminaba de darle la lección un maestro que reunía a tres o cuatro más en la propia casa.
Por cierto: ¡Qué mano tenía la suegra con la mermelada de tomate!
Al despunte
del día, cuando despedía al marido que iba a trabajar para otro amo, se
enfundaba de sayo negro, pañuelo en el pelo, y un mantón negro, con el que
llevaba un extremo a cubrir el hombro, dejando un hueco en su pecho para portar
su bebé y las manos libres.
Salía al sol abrasador de la huerta y de lejos y con la espalda encorvada se diría que se trataba de un espantapájaros, si no fuera porque las manos permanentemente ocupadas la delataban como un ser vivo, agotado y con el rostro sudoroso, que sólo encuentra su único reposo en la tarea que le impone la casa para cuidar al marido y a los hijos.
Aún le queda
la tarde del domingo para remendar y planchar.
Texto de Amparo Zalve Polo
lunes, 30 de septiembre de 2019
"CHACHAS" EN EL PARTERRE
Año 1878, y desde la ventana de su habitación en la casa donde servía desde los quince años, y ya desde hace cuatro, miraba el arbolado de magnolios que poblaban el Paraíso que para ella se había convertido el jardín de la plaza del Príncipe Alfonso. ¡Se veía tan bonito! Con sus cuatro fuentes surtidor, redondas, y en la parte norte un estanque, así como una casa para el guarda en la zona sur.
Texto de Amparo Zalve Polo
lunes, 15 de octubre de 2018
ELS GUARDACANTONS
domingo, 7 de diciembre de 2014
ALFOMBRA DE VIDA
martes, 25 de febrero de 2014
LOS AÑOS 60 DE LAS VALENCIANAS
lunes, 10 de febrero de 2014
LOS LIMPIABOTAS
Era muy frecuente en los años sesenta verlos durante todo el día en la zona céntrica de Valencia, incluso por los barrios. Algunos tenían sitio fijo en las cafeterías de mayor solera, como era el caso del Trocadero, Balanzá, Aquarium, Lauria, el Ateneo, a los que se puede añadir una larga lista, al igual que en la cafeterías de los hoteles, donde la clientela los conocía por su nombre.
También existieron los salones, que era una especie de peluquería del calzado donde incluso cambiaban los tacones en un santiamén, como los de la calle Ribera y Hermanas Chabás, que no eran los únicos. Unos salones en los que en un lateral, bien con bancada o con sillones, el cliente se sentaba cómodo ante el servicial limpiabotas, quien tras un cepillado para quitar el probable polvo de los zapatos, les pasaba un líquido con una brocha para continuar con el betún que, con su personalizado trapo utilizado con la maestría de sus dedos, los untaban con destreza para finalizar, cepillo en mano y con mucha floritura, una vez había dejado los zapatos con un brillo sin igual; todo al tiempo que, limpia y cliente, cuando éste las requería, aprovechaban la ocasión para sus coloquiales tertulias.
Aquellos profesionales del lustre eran tan atentos que tenían su clientela fija. Y también era habitual verlos en la calle, como en esta foto de los años sesenta en la calle de Játiva aprovechando el chaflán de Bailén, lugar siempre de gran concurrencia.
viernes, 30 de agosto de 2013
LA “ESCURAETA”
sábado, 10 de agosto de 2013
PARTIDA DE BOLOS
También en Valencia hubo una gran afición a este juego con sus partidas que se celebraban especialmente en las mañanas de los domingos. El lugar era el “carrer”, popularmente conocido como “Joc de birles”. Sobre ellas se colocaba el premio en disputa, que si entre los infantiles años eran el de chapas y cromos, ya entre los adultos se cruzaban apuestas monetarias.
En tan fantástica foto vemos una de estas partidas en las que no falta la autoridad, no sabemos si con ánimo de distracción u otro cometido, al tiempo que todos los asistentes fijan su atención a la cámara que nos deja testimonio de una afición que en la actualidad se limita a las boleras en establecimientos públicos.





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