sábado, 29 de septiembre de 2018

PUBLICIDAD EN TRANVÍAS - II

 Coche 304 con propaganda alusiva a la guerra en pz E. Castelar (Ayuntamiento) Foto Finezas 1938.

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES TRANVIARIAS

Continuamos con la publicidad en los tranvías de Compañía de Tranvías y Ferrocarriles de Valencia (CTFV), que durante las fechas en que entra este segundo artículo nos resulta masivámente arrolladora, ya que además de la que cubre cualquier superficie exterior, en aquellos tiempos entre 1933 con los coches 300 y ya después de la guerra en los 350 y 400, que son todos ellos muy parecidos entre sí, comienzan a llenar el interior; se colocan sobre las ventanillas en pequeños, llamémosles cuadritos, un anuncio sobre cada ventanilla y para más INRI pronto llenan también los cristales superiores de las ventanillas, como se podrá observar en las siguientes fotos dedicadas a cada nueva serie de coches motores.

Los remolques siguen el modelo propagandístico de los motores, excepto sobre los techos en que no hay anuncios al no llevar de serie escalones para subir a él, como tienen los coches motores, necesarios para poder acceder a la ballesta o trole en caso de salirse de la catenaria y quedar sobre el techo la cuerda que pende de ella, que se necesita para poder manejarla desde tierra.

Los coches de la serie 300 nacidos en 1933 provistos de bogies y casi doble largos que los de anteriores series, tuvieron a la 350 como continuadora, luego en 1943 vinieron los 400, y es a partir de entonces cuando las anteriores series 300 y 350 pasaron a cerrarse con puertas de acceso y salida copiando a la serie 400.

Coche tipo 350 entrando a la calle de la Paz desde Glorieta. 
Foto Luis ilegible. Ca. 1942

Los primeros cuatrocientos se pusieron en circulación en 1943 y se llenaron igualmente de anuncios.


Coche 435, precedido de otro 4oo en pl. Zaragoza durante la obra de la av. del Puerto. Foto colección Atanasio Lleó, 1960.

Para los coches 300 se fabricaron nueve remolques adecuados, que también se modificaron cerrándolos al estilo 400 y que formaron pareja indisoluble con los motores 400 en los servicios desde el centro a Malvarrosa.

Coche 463 con remolque tipo 300 acoplado entrando a pl. Ayuntamiento. 
Foto Zurita, 1964.

Por fin llegamos a la última serie de tranvías de CTFV, los 500, serie que estaba formada por la unión de dos coches tipo 100, para formar un solo coche mediante una pieza de unión y dos fuelles, patente italiana del sistema que hubo que pagar. Podemos observar el mogollón de anuncios por todos lados, incluidos los cristales de las ventanillas en la foto del afortunado cruce de dos coches tipo 500. Por cierto en la foto se aprecia un coche, el 503 pintado de verde claro y el 501 de azul marino. Sólo se fabricaron tres unidades como prototipos a estudiar.

Foto de Wiseman publicada en la revista Doble Tracción nº 4, año 1955.

No nos resistimos a poner una última foto de la época SALTUV (Sociedad Anónima Laboral de los Transportes Urbanos de Valencia), últimos propietarios de los tranvías valencianos, empresa que llevó directamente la gestión de los anuncios, en la que se puede ver hasta un anuncio en el trasero de los coches motores.

La fotografía es de Penalba, realizada en la G.V. Marqués del Turia, ca. 1969.

Texto de Enrique Goñi Igual

jueves, 27 de septiembre de 2018

UNA ALQUERÍA EN BENICALAP - y IV

Dibujo de José Cozar

Reflexiones sobre el conjunto - Y IV.

El núcleo donde se gestó Benicalap está en este espacio. La alquería se remonta a épocas del siglo XV. Alrededor de ella aparecen la del Rull, menos antigua y la alquería de San Joaquín de época más reciente. El horno de Canya. Pero es de destacar que la antigua iglesia, llamada la "iglesieta" y que dependía de la colegiata de Sant Bertomeu en la calle de Serranos -hoy tan solo queda el campanario- estaba en ese espacio así como el cementerio antiguo ubicado a continuación de la alquería del Rull al lado de la iglesieta. 

Ahora bien, volviendo a la antigua plaza de Benicalap. Tanto en la derecha como en la izquierda los edificios que la formaban eran caserones que delataban un mismo origen, si bien a la lo largo del tiempo habían desajustes y arreglos en las fachadas y casas que cada propietario había acoplado según recursos y necesidades.

Recuerdo  la casa de los Miralles –enfrentaba con el centro de la plaza- con un arco de ladrillos morunos en la puerta principal, siguiendo el estilo de la alquería de la Retora- y dos pretiles de piedra que encauzaban la entrada de los carros para evitar dañar las paredes de la puerta al atravesar la casa y descargar en un gran corral. El suelo lo formaban guijarros. En la fachada había tres ventanas con rejas forjadas, manteniendo en la parte alta el espacio de la andana. El corral tenia cerdos, ovejas, establo para la caballeriza y un espacio donde se guardaban los aperos de uso diario. Esto estaba adjunto a la alquería principal que era la de la Retora.

Es de destacar dos “carrerones estrechos” que envolvían la alquería. Esto hace pensar que la estrechez de estas callejuelas tenía un origen en la época donde se construyeron las primeras edificaciones.

En el “carrerón” por donde se pasaba al Portalet, las casas en su parte eran de una sola planta con patio interior. A su izquierda, un gran tramo era fachada con los Miralles y había una vivienda que era un espacio aprovechado de la alquería. El otro carrerón era más estrecho. Recuerdo que había dos viviendas, un apéndice de la alquería y la otra parte de un edificio de la Plaza de Benicalap.

martes, 25 de septiembre de 2018

EL PLANO DE FRANCISCO FERRER

Archivo Municipal

El “Plano Geométrico de la Ciudad” no tenía la calidad artística del trabajo de Tosca de principio del siglo anterior, pero daba una información muy exhaustiva de la Valencia de 1831.

Publicado por el ilustre arquitecto y académico de San Carlos, Francisco Ferrer, era el plano un fiel reflejo de la ciudad, con abundancia de datos y la peculiaridad de que el mapa del padre Tosca, “el capellá de les ralletes” le había servido como base para su diseño.

De los casi 119.000 habitantes de Valencia, 65.036 residían en el interior del cerco amurallado, instalados en las 9.030 casas repartidas por las 428 calles y 131 plazas existentes; el resto en sus seis arrabales. 

En aquél tiempo el centro de la ciudad se correspondía con la plaza de la Seo y en su proximidad la Casa de la Ciudad, junto a la Audiencia.

Sus principales calles eran las de Serranos, Caballeros, Quart, Zaragoza, San Vicente y la del Mar, mientras la plaza del Mercado era el verdadero corazón de la ciudad como lugar de mayor actividad urbana.

Torno a esta plaza se aglomeraban puestos, tiendas y comercios sometidos a la vigilancia del Repés de la calle del Trench, con las pescaderías y la Lonja del Aceite vecinales.

Destaca en el  plano el único claro intramuros sobre el que se había construido la Glorieta en continuo mejoramiento ornamental. Y próximas a la muralla, pero al exterior, nacía el proyecto de las alameditas junto a las Torres de Serranos, diseñadas entonces para embellecer la principal entrada a la ciudad.

domingo, 23 de septiembre de 2018

LA FUENTE LUMINOSA DE LA PLAZA DEL AYUNTAMIENTO



 16-03-1963 Fuente y Falla V.M. Sánchez Gas bd.fallas.com 

A la una y cuarto de la madrugada del 16 de marzo de 1963, después del castillo disparado por Vicente Caballer de Godella, fue puesta en marcha la fuente luminosa en la entonces plaza del Caudillo y actual del Ayuntamiento, según el diario Las Provincias de ese día. Enorme animación, sin actos oficiales y viendo el funcionamiento desde el edificio consistorial: el alcalde Adolfo Rincón de Arellano con su corporación, el ingeniero Carlos Buigas, autor del proyecto y famoso por sus realizaciones en España y otros países, y el ingeniero municipal de alumbrado Eduardo Genovés.

Detallaba el diario que era una fuente compuesta por una gran taza circular sobre la que jugaban diversos surtidores que arrojaban agua a distintas alturas, con 8 figuras básicas y muchas combinaciones, que en horas nocturnas estaban bellamente iluminadas con el blanco, amarillo, azul y rojo como colores básicos y el añadido del verde en la periferia. Que necesitaba 35 minutos para realizar todas las combinaciones de agua e iluminación que su mecanismo admitía, y tenía el complemento del plato de la taza con chorros hacia el entorno interior de ella. 

Costó 3,5 millones de pesetas y fue construida cuando terminaron el desmontaje de la plataforma que construyó Javier Goerlich Lleó y pavimentaron la parte central de la plaza.

La foto de la fuente con la falla dedicada al Caballo de Troya, realizada por el artista Ricardo Rubert, y como fondo la fachada del ayuntamiento, se convirtió en una bella imagen muy difundida de Las Fallas de 1963.

Lámparas led han sustituido al anterior sistema de iluminación con foco blanco y pantallas de cristal, y han adaptado el funcionamiento de la fuente a las nuevas tecnologías, disminuyendo con ello un 60% el consumo eléctrico pero sin modificaciones perceptibles para quienes admiran sus combinaciones. Asimismo, un anemómetro se encarga de recortar la longitud de los chorros cuando el aire desvía éstos hacia quienes están en las cercanas paradas de autobuses.

Cincuenta y cinco años después de su inauguración la fuente está consolidada como lugar de referencia de la ciudad, siendo de tal manera utilizada para publicidad y fotos familiares, que el ayuntamiento ha invertido 29.124 euros durante el segundo trimestre de este año para, principalmente, acondicionar un acceso que evite el deterioro del césped y las plantas.

Inauguración en un año muy especial e importante, ya que el 18 de marzo de 1963 la Fallera Mayor de Valencia, María Antonia Moret, colocó la primera piedra de la Ciutat de l’Artista Faller, en el Pla de San Bernat del barrio de Benicalap, y se cantó por primera vez el Himno Regional en la cremá del Caballo de Troya, acto que también por primera vez transmitió en directo TVE.

El barcelonés Carlos Buigas Sans (1898-1979) fue al autor de la gran fuente luminosa construida en la ladera de Montjuic para la Exposición Internacional de 1929 en Barcelona.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

viernes, 21 de septiembre de 2018

PASAJEROS COLGADOS DE LOS TRANVIAS

Tranvía de la línea nº 7 Ruzafa-Bolsería-Matadero aparentemente por la calle Quart, foto ca. 1935. Autor desconocido.


ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES TRANVIARIAS


Me da la impresión de que desde la creación de cualquier sistema de transporte público sus usuarios han (hemos) sido siempre reticentes a pagar, bien por andar cortos de efectivo o bien por creer que merecen (merecemos) ir gratis o incluso por practicar una especie de deporte que podríamos llamar “esquiva al cobrador”. De hecho hoy en día cada vez son más sofisticados los sistemas de control de entrada en cualquier tipo de transporte urbano o interurbano, esto nos debería sugerir algo a todos los usuarios.

Además debemos añadir la llamémosle falta de cordura o la inconsciencia de la niñez. A causa del exceso de niños colgados en los tranvías sobre los años treinta del siglo pasado se llegó a colocar en el parachoques, por cierto la parte más utilizada por los niños para viajar sin pagar, unos carteles muy sugerentes:

Niño: No subas en la trasera. Puedes morir.


Tranvía por el puente de Aragón en 1944. Foto Finezas. Remember–València pg 1334.

En la siguiente foto hay que sumar a los niños en el parachoques la inconsciencia del adulto que se pone en riesgo al ir más que colgado descolgado del estribo, sorteando los postes de sujeción de la catenaria; la foto habla por sí sola. En cuanto al tema de ir colgado del estribo además del palpable riesgo con postes al pasar por el puente de Aragón, el peligro de golpearse con peatones era digamos muy habitual por la excesiva cercanía de las vías a las aceras en la calle de Sagunto, también en la calle Bolsería, y sobre todo en la calle  Zaragoza, hoy lateral de la izquierda de la pl. de la Reina mirando a la Catedral.

Tenemos la foto de un coche cerrado tipo 400 en la que los niños se agarran con fuerza de los llamados grifos, unas pequeñas manguetas que servían a estos coches para pasar el aire comprimido para gobernar el freno y el sistema de apertura y cierre de las puertas a los remolques cerrados tipo 300 y también a los coches 400 sin motorizar.

Tranvía tipo 400 en av. Puerto junto a calle Virgen del Puig. Foto Jean Dieuzaide, 1951.

Tranvía tipo 200 cerrado, variante veraniega de ir agarrado de la ventanilla trasera abierta y con utilización del enganche como eficaz apoyo.

Coche 239 en pl. Ayuntamiento. Foto Finezas.

Pasajeros de ambos sexos subiendo o colgados del estribo de uno de los coches de una corta serie de ocho unidades que inauguró la electrificación de la línea Interior en 1910, los coches más cortos que tuvo la CTFV, solo disponían de cinco ventanillas laterales con pequeñas plataformas.

Coche nº 78 en pl. Ayuntamiento, ca. 1950. Remember–València pg 1793. Foto autor desconocido.

Texto de Enrique Goñi Igual

miércoles, 19 de septiembre de 2018

UNA ALQUERÍA EN BENICALAP - III

-III-

Hoy estaba al lado de la pila que abastecía el agua potable. Me viene a la memoria que la cocina mantenía todavía la estructura de lo que había sido. Unos arcos, que ayer alacena, eran hoy ubicación de artículos sobrantes. Había alrededor de la antigua chimenea estantes de mampostería que en su momento permitía tener muy a mano los  artículos que para la cocina se necesitaban. Peroles, cazuelas, chocolateras, morteros, tazones, vasos y una gran cantidad de platos. Unos usados como vajilla diaria, mientras que otros para eventos especiales. Recuerdo que los platos de uso diario eran cerámica popular, adquiridos la mayor de las veces por canje con el trapero que acudía por el barrio cambiando pieles de conejos por platos de Manises. Entre los antiguos y vajilla especial, destacaban bandejas  pintadas  con color azul propio de la cerámica de Alcora y unos platos dorados de la cercana Ceramo.

No faltaban las licoreras que se ofrecían en las festividades de los patronos Sant Roc y el Cristo; y de manera especial en las onomásticas de los propietarios de la alquería, que en mantel blanco y en vajillas especiales, estaban repletas de rollets d´anis, rosegons, malenetes del forn de la tia Paca, rollests de mistela. Las licoreras tentaban con mistela especial, anís María Brizad, uno de color transparente y otro de azul marino, no faltando la botella de anís del Mono, pero el rey de la mesa era especialmente el coñac.

En el primer piso de la alquería estaba la cambra. Las paredes estaban llenas de oquedades que dejaban ver las puntas de guijarros que mezclados con arena y cal mostraban la “barrecha”, construcción original de la alquería. El suelo estaba formado por losetas de barro que por el deterioro del tiempo estaban cuarteadas, o se habían aprovechado ya algunas en algún remiendo. Era frecuente ver esparcidas cebollas, cacahuetes y maíz, esperando  secarse, mientras que colgando del techo unas vigas carcomidas aguantaban unas cañas entrecruzadas de las que colgaban la cosecha de tabaco, cuyas hojas, en principio verdes, esperaban estar en condiciones de sequedad y humedad para su venta.

Recuerdo los cirueleros de un color vidrio jaspe que eran la delicia de la chiquillería. Estaban a la entrada de la alquería. Toda la alquería estaba protegida por una pared con salida lateral a la acequia de Tormo. En el interior, un campo en el que se cultivaban hortalizas y cosechas para uso y consumo interno. No olvidemos las higueras napolitanas de dulce sabor a miel que se encontraban a la entrada interior de la alquería.

Las cuadras de animales estaban en un espacio adjunto a la pared en el extremo lateral del corral de la alquería. Gallinas, conejos, cabras y cerdos, y frente a ellos se amontonaban cañizos de maíz, arena y paja. Se arrojaba como “chas“ para los animales del corral y la cuadra. La alquería daba en su parte oeste a un estrecho callejón por el que se conectaba la plaza de Benicalap a la acequia de Tormo, que regaba una inmensa huerta,  perdiéndose en su extenso verde alternado por alguna barraca o la casa de Pepe el Sort en la carretera de las Barracas  de Lluna.

Adherido a la alquería estaba el Portalet. Era paso obligado entre la plaza de Benicalap y el forn de Canya. El único horno que abastecía al vecindario en sus origines. Recuerdo los arcos que lo formaban. Habían dos espacios centrales con arcos cuyas inervaciones arrancaban del suelo para confluir en la parte central de El Portalet. Arcadas moriscas de ladrillo cocido rojizo que iba descascarándose y tiznaba las manos al tocarlo. La constancia y aseo de los propietarios de la alquería al enjalbegar su interior y exterior, devolvía el lustre al conjunto.

El Portalet ha sido siempre parte de la "Alquería de la Retora". Siempre ha existido, entre leyenda y realidad, que en tiempos antiguos, para defenderse de las incursiones de piratas y ladrones, había un pasadizo que comunicaba la alquería con otros lugares seguros.

Conocí por trasmisión oral que al construir la iglesia actual a principios del siglo XX  se encontró parte del pasadizo, pero lo que me corroboró su existencia fue en la década de los setenta en dos casas laterales al Portalet: la casa abadía y "casa Gracieta". Hubo un desprendimiento del suelo en esta casa, se hundió todo un cuarto con cama, mesitas y demás enseres. Su hundimiento dejó al descubierto y permitió  ver el túnel que venía de la alquería  junto con las arcadas que lo formaban.

¡Lástima que la construcción de los setenta eliminara justificantes de nuestra historia!

Texto de Eduardo Donderis

lunes, 17 de septiembre de 2018

UN SANGRIENTO SUCESO


Archivo Municipal

En la guerra contra el francés un sangriento suceso tuvo lugar en Valencia cuando en número aproximado a los trescientos cincuenta eran los franceses que residian en la ciudad dedicados al comercio y a la industria desde hacía muchos años.

Instados por Baltasar Calvo, un canónigo belicoso llegado de Madrid, y a sabiendas que como protección a los ciudadanos franceses los habían refugiado en la Ciudadela a instancias de un débil Capitán General que contaba con la complicidad del Padre Rico, un franciscano opuesto a la invasión de Napoleón, el 5 de junio de 1808 una turba de valencianos al grito de ¡muerte! penetró en el recinto defensivo donde asesinaron a gran parte de los refugiados.

En auxilio de ellos y dispuestos a calmar los ánimos para que se mantuviera el orden, acudieron frailes dominicos, franciscanos, recoletos de la Corona y mínimos de San Sebastián. Tan sólo los primeros lograron su propósito, evacuando y bajo su protección a unos ciento cuarenta franceses para encaminarlos hacia las Torres de Quart para su salvación.

No lograron su propósito y al llegar junto a la puerta de Ruzafa fueron asaltados de nuevo por la furia que había inculcado en los valencianos el canónigo de Jérica, afincado en Madrid, asesinando a los franceses.

El Padre Rico, exhortando a implantar justicia, logró la detención del canónigo Baltasar Calvo como culpable de tanta crueldad, quien fue encarcelado en el Castillo de Palma y tras su juicio, pasado un mes, de vuelta a Valencia, fue sometido a garrote junto a trescientos de sus seguidores.

Como respuesta a tan sangriento episodio, Joaquín Murat, lugarteniente del Emperador en España, ordenó al mariscal Moncey que tomara la ciudad, librándose una intensa batalla que tuvo su mayor intensidad frente a las Torres de Cuart. La Puerta de San Vicente y la de Santa Lucía también sufrieron la artillería francesa, pero Valencia, en demostración de un gran coraje y valentía, supo contrarrestar la agresión. Finalmente el ejército imperial francés, con muchos soldados heridos, emprendió la retirada al amanecer del 28 de junio de aquel año.

El pintor Vicente López, con su dibujo, nos dejó el recuerdo de la batalla en su punto más relevante de las Torres de Quart.

sábado, 15 de septiembre de 2018

UNA LOCOMOTORA DE VAPOR ESTÁTICA EN VALENCIA NORTE


Foto de Jeremy Wiseman - Archivo Esteban Gonzalo

En 1965 el británico Jeremy Wiseman fotografió una locomotora de vapor que entre los años 1964 y 1967 estuvo colocada sobre un tramo aislado de vía con traviesas de hormigón a la salida de las vías 3 y 4 de la Estación de Norte en Valencia.

Causaba extrañeza a los viajeros que llegaban a la terminal ferroviaria y también las primeras veces que la veían a los viandantes de los últimos años de la pasarela, que desde 1919 permitía la comunicación entre los lados norte y sur de las instalaciones ferroviarias.

La locomotora estática fue la solución adoptada por Renfe para aportar comodidad a los viajeros cuyos trenes de largo y medio recorrido partían de Valencia durante el invierno y parte de las estaciones meteorológicas anterior y posterior. Suministraba calefacción a los coches durante el tiempo de espera hasta que llegara la locomotora que le sustituía en ese cometido además de remolcar el tren.

La tarea de la estática finalizó cuando a partir de 1967 las vaporosas fueron siendo sustituidas por las diésel eléctricas, mayoritariamente con las construidas en Macosa de Valencia, ya que al no poder enviar vapor para calefacción éste lo producían en un calderín montado sobre un vagón que ya estaba enganchado a la composición del tren, cuando la situaban en la estación para que fueran acomodándose los viajeros.


La mencionada locomotora era la nº 85 (Renfe 2230) del Ferrocarril de Almansa a Valencia y Tarragona (AVT), promovido por José Campo Pérez junto con personajes de la burguesía valenciana. Fue construida por Starp&Stewart en 1891, con cilindros interiores y sólo una biela exterior a cada lado que unía las tres ruedas. Por su ligera apariencia este tipo de locomotoras eran conocidas como “bicicletas” por los ferroviarios.

No hubo interés en conservar esa locomotora y la única valenciana salvada del soplete es la 0-4-0 (cuatro ejes motrices) ex AVT 123 (Renfe 2723), construida por el mismo fabricante y en el mismo año que la 0-3-0, que tiene para viajes turísticos la Asociación Venteña de Amigos del Ferrocarril en Venta de Baños (Palencia).

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

jueves, 13 de septiembre de 2018

UN ERROR PERTINAZ

Foto autor desconocido, 1904. Pl. Reina.

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES TRANVIARIAS

Desde hace muchos años cada vez que una de las dos o tres fotos distintas que nos presentan a una pareja de valencianos de tamaño gigantesco que de vez en cuando reaparecen bien sea en un diario, revista, etc. o bien en algún blog o similar, lo hacen con el título de falla. Me gustaría saber de dónde se saca el periodista o bloguero la falla, en qué año se plantó y a qué comisión correspondía. Jamás lo sabremos.  Ya que no era una falla.

Se llamaban Nelet y Quiqueta o Pepeta, qué más da, eran unas figuras monumentales creadas a principios del siglo pasado a petición del Ateneo Mercantil de Valencia. Servían una vez plantadas, en eso sí se parecían a una falla, para recordar a valencianos y sobre todo a los visitantes la celebración de la entonces afamada Feria de Julio, se solían colocar en puntos muy céntricos de la Valencia de entonces, como en este caso en la pl. de la Reina. 

Verdaderamente su tamaño es impresionante. Sobre los tres pisos de altura, no hay más que ver el tamaño de las personas y de los dos tranvías de caballos de la línea Interior, que embocan la desaparecida calle Campaneros, hoy acera derecha de la pl. de la Reina. Su vida era algo más larga que los dos o tres días de fallas de su época y no se les quemaba. No era una falla. Y me hubiera gustado ver el proceso de montaje con los medios del momento.

En este caso los tranvías pasan por bajo de las figuras.

Texto de Enrique Goñi Igual.

martes, 11 de septiembre de 2018

UNA ALQUERÍA EN BENICALAP - II

De José Cozar

-II-
La entrada de la alquería estaba en la prolongación de la actual plaza de la Virgen de Montiel. La planta era rectangular. Formada por dos alturas, la parte inferior era el lugar de las habitaciones de la familia y en la parte superior estaba la andana para guardar las cosechas, o tal vez, en tiempo no muy lejano, para la crianza del gusano de seda.

El soportal de la puerta era un arco formado por ladrillos de los llamados morunos, con curvatura propia del estilo morisco, con una puerta de color gris, más como propio color de la madera que por los continuos enjalbegados que se hacían, llegando a usar la misma pintura de las paredes, pero dándole otro tono para el color de las puertas. Evitando la oscuridad hacia su interior, en una de las hojas de la puerta, se había colocado una sobrepuerta de cristales en la que se podía ver no solamente quien llamaba, sino también iluminaba el interior de la entrada a la alquería. Las paredes eran lisas y a través de los años las continuas pintadas con cal formaban un leve grosor disimulado por la luz intensa que desprendía el blanco de la cal. En ambas partes de la puerta unas rejas forjadas hace siglos permitían deducir la necesidad de la defensa frente a incursiones de piratas berberiscos. Detrás de estas habían una ventanas todas de madera, y en la parte superior un pequeño ventanuco se abría con un cordel desde el interior para ventilar la habitación. El tejado de la alquería lo formaban tejas morunas cuya colocación a través de siglos se mantenían impertérritas. Había sitios que nunca habían tenido goteras. Las caballerías entraban por un soportal a la derecha de la entrada de la alquería. Separados de lo que eran las habitaciones y el estudio de los propietarios, al final de la planta baja estaban las cuadras y corrales. El llar o la chimenea de campana, se encontraban en la misma planta baja. No obstante, creo recordar su sustitución por “modernas” cocinas de gas butano.

Un espacio singular era el patio de la alquería. A él se volcaban las habitaciones de la planta baja y de la cambra. El suelo construido por guijarros redondos e iguales traídos de ríos y barrancos, quedaba formado por dibujos de flores y acantos. La luz no llegaba a inundar el patio, con lo que una humedad ligera permitía el crecimiento de una vegetación propia de la huerta. Había colocasias, “esqueletos“, dompedros, aprilia con su color verde intenso que por la humedad nunca presentaban sequedad en sus hojas, geranios, jazmines... Un conjunto de plantas que además del ornato embriagaban con su olor las noches de verano.

Un pozo del que se extraía el agua para cocinar y limpiar la vajilla, regar las plantas, dar agua a las caballerías y aseo de sus moradores presidia el centro del patio. El dosel de piedra que circundaba el pozo estaba gastado por los años. Un arco de hierro sostenía un pozal cuyos remaches delataban su antigüedad y que permitía extraer el agua que en el verano era delicia por su frescor. Como he dicho eran restos de lo que había sido. Hoy en día la alquería tenia agua potable, amen que se usaba la del pozo para otros fines.
 
El cantarero en la cocina se llenaba a diario para consumo de la casa. Cuatro cantaros. Todavía quedaba alguno cuyo uso dejaba entrever el origen de la tierra donde se había fabricado. Otros, con el barniz reluciente en su exterior e interior, dejaban señal que se habían adquirido recientemente. Digno de recordar eran las sillas bajitas de madera de morera con asiento de boga o cordel, que alrededor de la chimenea agrupaban a la familia para calentarse y pasar un rato de agradable  tertulia.

Texto de Eduardo Donderis

domingo, 9 de septiembre de 2018

AUCA DE OFICIOS VALENCIANOS


En el auca que observamos aparecen cuarenta y dos de los oficios que existían en la Valencia de mediado el siglo XVIII, aunque su número era mayor. 

Oficios artísticos y artesanos que se fueron agrupando en gremios desde tiempos antiguos, gracias a los privilegios otorgados por Jaime I.  Con su dedicación lograron que el cap i casal alcanzara una gran potencia creadora y mercantil, al igual que en el conjunto del Reino.

Estos oficios fueron los que salvaron la economía que por la expulsión de los moriscos se vio seriamente agravada, contribuyendo a su recuperación, aunque lenta.

Y aunque la base productiva de Valencia era la agricultura, su artesanía aportaba gran ayuda, destacando los velluters en el arte de la seda.

Desaparecidos en gran parte, su recuerdo lo tenemos en el nomenclátor urbano, bien rotulando calles o nominando barrios, con alusiones a los pedrapiquers, velluters, roters, tapiners, assaonadors, flassaders, …

Con su protagonismo, motivaron grandemente los famosos socarrats de Jaume Descals y otros ceramistas.

viernes, 7 de septiembre de 2018

EL TRIBUNAL DE LAS AGUAS Y DOS PRIMEROS PREMIOS



1952 - El Tribunal de las Aguas, óleo de autor anónimo, y dos mujeres y un hombre, ataviados con traje regional valenciano, componían la parte principal del colorista y muy valenciano diseño realizado por el ilustrador Martínez Forment en las participaciones de lotería de la Comisión de la Falla de la Plaza del Mercado para el sorteo del 22 de diciembre de 1952. Completaban la decoración el escudo de Valencia en la parte superior, las torres de Serranos en un extremo lateral de la papeleta y las de Quart en el opuesto. Las imprimió Gráficas Redondo de la calle Guillem de Castro nº 29 de Valencia, empresa desaparecida después de su traslado al número 79 de la misma calle. Los portadores de esta participación interesaban cuatro pesetas en el nº 19849, según certificaba el depositario E. Camps.


1953.- Falla Plaza del Mercado.  bdfallas.com  El Potajillo.

Por la calidad de las fallas plantadas en la sección especial de 1953, ejercicio fallero 1952-1953, el jurado calificador otorgó dos primeros premios: a la realizada por Regino Más Marí para la comisión de la Plaza del Mercado, y a la construida por los Hermanos Fontelles para la plaza del Doctor Collado. Además, Plaza del Mercado consiguió el primer premio de Ingenio y Gracia.


1953.- Falla plaza del Doctor Collado.  bdfallas.com   V.M. Sánchez Gas

Ese año se celebró en La Glorieta la primera feria del libro con 21 casetas, en la que además de los catálogos generales de ediciones había una parte dedicada a literatura valenciana y otra a publicaciones falleras.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

miércoles, 5 de septiembre de 2018

UN TRANVIA PASÓ POR CORONA Y LONJA


ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES TRANVIARIAS

Vista de la calle Corona desde La Beneficencia hacia pl. Mosén Sorell, ca. 1900. Foto autor desconocido. Remember-València, pg 208.
Con esta foto quiero que comprobéis que era absolutamente necesaria tan alta capilla para guardar adecuadamente a san Cristóbal.


De las nuevas líneas de tranvías de caballos Ensanche y Aragón puestas en marcha en 1893 por la Compañía General de Tranvías (CGT), veremos ahora dos calles de las que, por edad prácticamente nadie, puede tener memoria del paso de los coches puesto que por ellas dejaron de pasar sobre 1915, pero para recordar existen las fotos que fijan un momento determinado.

Una corresponde con la línea Ensanche y se trata de la calle de la Corona, puerta de entrada al popular barrio del Carmen, y que coincide con el paso a lo largo de ella de una de las históricas acequias que forman parte del Tribunal de las Aguas, la de Rovella. En la foto podemos ver, además de la vía, en la parte derecha un elevado edificio con un cierto aspecto religioso; así es, se trata del antiguo hogar de la voluminosa y muy alta imagen, ya desaparecida, de san Cristóbal, que allí pasaba el año excepto cuando la sacaban en procesión. De los edificios que aparecen al fondo a derecha e izquierda podemos ver  algunos que todavía permanecen.

Imagen de san Cristobal en procesión, seguramente la del Corpus Cristi ante la Generalitat. Autor desconocido. Remember-València, pg 155.

De la otra calle, por la que pasaba la línea Aragón tenemos una foto en la que se ve la vía del tranvía de caballos ante el edificio de la Lonja, pero por la parte trasera, es decir por la calle Lonja, el tranvía viene desde la desaparecida estación de Aragón en la calle de Quart extramuros y se acerca por Murillo, Carda, Mercado a seguir por pl. Dr. Collado y Derechos a buscar su parada inicial en pl. Tetuán.

Vista trasera de la Lonja con su vía tranviaria entrando a pl. Dr. Collado. Foto ca. 1900, autor desconocido. Remember-València, pg 1483

Texto de Enrique Goñi Igual.

lunes, 3 de septiembre de 2018

UNA ALQUERÍA EN BENICALAP - I

               
-I-

Para introducirse en el tema recordar la definición que D. Teodoro Llorente daba de ella:

“Alquería era el centro de la antigua heredad, la granja espaciosa y sólida, con todas sus dependencia rurales. Suele ser un caserón cuadrado, alto (porque la cría del gusano de seda requería grandes andanas) con pocas y pequeñas ventanas. Tiene casi siempre un extenso emparrado con gruesos pilares de mampostería”.

Nos refiere a un sistema de vivienda de la época romana, pero será en la época islámica cuando surgirán la mayor cantidad y extensión. Inicialmente a su misión defensiva va evolucionando a ser focos de colonización. Alrededor de ella aparecen espacios donde el intercambio de productos, o venta de ellos, darán origen a núcleos de población configurándose el arranque de muchos de los actuales pueblos.

Se configuran con características defensivas frente a entrada de piratas y bandoleros que por la cercanía – la mayor de las veces al mar –les permiten el saqueo, robos y captura de habitantes para la venta de esclavos. En las mismas alquerías, a su vez, se crean medios defensivos para superar los continuos ataques y ponerse en comunicación unas con otras. He echado de la memoria para recordar algunas que desaparecieron y otras que están a la espera de rehabilitación. 


Una emblemática:  la "Alquería de la Retora". 

En la década de los años sesenta del pasado siglo la zona urbana de Benicalap terminaba donde comenzaba la huerta. Una zona alargada centrada en la avenida de Burjassot que había desde Valencia y concentraba a ambos de sus lados talleres artesanos, fábricas -sobre todo de pieles- y tiendas comerciales. Lo demás, como rodeándola, conforman extensos campos con policromías de variados colores según la estación.

En la parte norte, la antigua carretera de las "barracas de Lluna" arrancaba desde la “alquería de la Retora”. Era el camino habitual de entrada a campos para la siembra y recogida de cosechas. La carretera continuaba hasta un grupo de barracas entremezcladas con recientes construcciones más sólidas y modernas.

Aquellas barracas eran el hábitat humilde del labrador. Una casa de adobe y de paja entremezclada con pedruscos confeccionaba su planta principal. Lugar en el que vivían las familias, con un espacio o corral dispuesto para los animales. Completaba su construcción una cubierta de cañas adosadas a dos aguas con magnífica inclinación rematados por haces de paja y adobe. Parte alta que era utilizada como secadero de cosechas y para la cría de gusanos de seda. 

En la puerta de esas barracas unas moreras delataban su aprovechamiento.

No se puede hablar de esta alquería en si tal como la vimos. Habría que englobar un espacio con la misma historia, formado por casas, callejones, portales de paso: “El Portalet“, y la propia alquería. 

El contexto descrito delataba la dependencia de los labradores de sus señores, para quienes la alquería era el lugar de vivienda o reposo, mientras que la gente humilde vivía en las barracas, dependiendo económicamente del trabajo ofrecido por sus propietarios.

Texto de Eduardo Donderis

sábado, 1 de septiembre de 2018

EL PRIMER EMPEDRADO.



En 1755 y coincidiendo con el III Centenario de la Canonización de San Vicente Ferrer se llevaron a cabo diversas actuaciones que contribuyeron para que la ciudad mejorase en sus servicios.

La popular calle del Trench, desde Santa Catalina al Mercado, fue la primera que gozó de la modernidad del empedrado. Por su acceso al "mercat", lució preciosa y el barro y el polvo desapareció en su trazado, instalándose años después en su cercanía comerciantes de joyas, para ser conocida la zona como la de los plateros.

Nació el cuerpo de bomberos, al tanto de los fuegos y para su rápida extinción. Se fundó el Colegio de Abogados, que iba acoger a sus asociados en beneficio de todos.

Se editaron libros con fotografías del santo, al igual que un tratado sobre las numerosas posadas que iba a ser de utilidad para los viajeros que con motivo de la canonización acudían a Valencia. 

La popular calle, según la leyenda, que había nacido por un "trencat" en la muralla árabe, marcó el camino a seguir en el resto de la retícula urbana.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...