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miércoles, 3 de octubre de 2018

UNA PLACA AL CARDENAL BENLLOCH

Archivo Municipal

El nombre de plaza del Arzobispo, frente al Palacio Episcopal, le venía de muy antiguo, salvo un largo período del siglo XIX en cuyo espacio tuvo diferentes nombres, hasta el 9 de noviembre de 1923 que tomó el de Cardenal Benlloch y que mantuvo hasta 1940.

Aquella mañana se procedió a la colocación del nuevo rótulo con una placa que había sido regalada por la Escuela de Cerámica de Manises, diseñada por Constantino Gómez, mientras que la parte escultórica había salido de las manos de Antonio Pérez y para la pintura recibió el encargo J. Toledo, impregnada la lápida con el más puro estilo barroco, siendo muy elogiada la obra.
  
A sus pies, se colocó una tribuna en la que se hallaban las autoridades invitadas a la inauguración, tanto de las instituciones militares, religiosas y civiles, como representantes de la Cámara de Comercio, Junta de Obras del Puerto, Cámara de la Propiedad, de asociaciones culturales. No faltó el prelado de la diócesis doctor Melo.
  
Del Ayuntamiento llegó la comitiva precedida de los maceros, con el alcalde Sr. Avilés al frente, quien tras leer por parte del secretario al acuerdo municipal para rotular la plaza y pronunciar una breves palabras, tributando con ellas un cumplidísimo elogio a la figura del Cardenal, antes de descubrir el tapiz, termino con estas palabras:
  
Permitirme que dé tres vivas: 

¡Viva Valencia y el Cardenal Benlloch! ¡Viva el Rey! ¡Viva España!"


jueves, 10 de noviembre de 2016

UNA LÁPIDA PARA EL CARDENAL BENLLOCH

Archivo Municipal

1923 - La relevancia del Cardenal Benlloch había alcanzado el punto más alto en su carrera sacerdotal. Hacía escasamente dos meses cuando cumplía con su misión diplomática en Sudamérica dispuesta por el Rey Alfonso XIII. No es de extrañar pues que el Consistorio decidiera rotular una plaza con su nombre. La elegida fue la situada enfrente al Palacio Arzobispal que cambiaba su nombre el 9 de noviembre de aquel año, hasta entonces conocida como del Arzobispo.

En aquel día se había dispuesto un estrado ante la Cerería del Palau para inaugurar la lápida que estaba cubierta por una cortina con los colores de la bandera española. A las once de la mañana una nutrida comitiva partía del Ayuntamiento compuesta por las más altas personalidades en representación del Consistorio, Diócesis, Gobierno Civil, estamento militar y universitario que estaban acompañados por el Cronista de la Ciudad. No podían faltar a la cita la Cámara de Comercio, la Junta de Obras del Puerto, la Cámara de la Propiedad y otras entidades culturales, en un marco que procuraron solemne.

La comitiva llegó a la plaza precedida por maceros y alguaciles con una sección de la Guardia Municipal. Ya en la tribuna el alcalde, general Avilés, pronunció un efusivo discurso glosando al Cardenal Benlloch, para a continuación proceder a descubrir la lápida, obra del artista Constantino Gómez, cocida en la Escuela de Cerámica de Manises, ante la ejecución de la Marcha de la Ciudad por parte de los timbales y clarines.

Terminó el acto en uno de los claustros del Palacio Arzobispal donde se procedió a la toma de unas fotografías de los invitados como recuerdo del acto. 

En la foto se observa la proximidad del antiguo palacio que, de nueva planta, fue construido tras la guerra civil.

La plaza del Cardenal Benlloch, volvía a su antiguo nombre del Arzobispo. 

lunes, 5 de septiembre de 2016

EL CARDENAL BENLLOCH, DIPLOMÁTICO EN SUDAMÉRICA


Archivo Municipal

1923 - Juan Bautista Benlloch, nacido en Valencia en 1864 en la calle de las Botellas, alumno escolapio de la calle Carniceros donde también lo fue Vicente Blasco Ibáñez con quien debió compartir claustro de recreo infantil, había iniciado el ejercicio de su sacerdocio en la Iglesia de los Santos Juanes, pero muy pronto, en 1899, fue encomendado a diferentes labores eclesiásticas que motivaron su salida de la ciudad. 

Pronto, en 1902, fue nombrado Obispo de Solsona y cuatro años después lo sería de la Seo d’Urgel, compartiendo el cargo con el de Copríncipe de Andorra junto al Presidente de Francia. En 1917 fue designado Arzobispo de Burgos, dignidad que ocupó hasta su muerte. Con anterioridad, en 1921, había sido designado Cardenal, participando en el cónclave para la elección del Papa Pio XI al año siguiente.

De su autoridad diplomática nos da cumplida cuenta que en septiembre de 1923 iniciará una misión encomendada por Alfonso XIII por tierras sudamericanas. Viaje que se inició desde el puerto de Valencia con escalas de breve estancia en Málaga y Cádiz, antes de tomar el rumbo hacia Canarias y América.

La jornada del día 4 de septiembre de aquel año fue muy emotiva para el Cardenal, que vio su inicio con una misa en la Real Capilla de la Virgen de los Desamparados que se vio muy concurrida de fieles, atentos a las personalidades que formaban su séquito como embajador extraordinario. Los balcones de la plaza de la Constitución lucían adornados con cubres y colgaduras, propios de los mejores días de fiesta.

Hubo comida de despedida ofrecida por el Cardenal a las autoridades de Valencia y Burgos en el Palace Hotel, con una asistencia numerosisima que escucharon sus palabras, en especial de agradecimiento al Monarca por la misión a la que se veía  encomendado, para la que iba a tener el apoyo de un Estado Mayor formado por religiosos escolapios, dominicos, jesuitas, mercedarios y carmelitas de origen español, dispuesto a estrechar lazos con la repúblicas hispano americanas.


Archivo Municipal

Tras una nueva visita a la Virgen, la emoción de la despedida se trasladó al puerto donde se había habilitado la Estación Marítima para una recepción a la cuantiosa concurrencia de la vida social, militar, política, cultural y religiosa de Valencia,  deseosa de saludar al Cardenal durante sus últimas horas, antes de la marcha.

Inicio de un viaje a bordo del Reina Victoria que, vistosamente iluminado, partía a las 0,30 horas, con la atención por parte de la Compañía Trasatlántica que lo había dispuesto reduciendo el precio del pasaje.