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jueves, 28 de febrero de 2019

DISCREPANCIA


Archivo Municipal

“La irritación de que acabo de hablar en el capítulo anterior, irritación que me suscitaba el rótulo de Universidad Literaria, marca una orientación fundamental en mi vida.

Quedarían mancos estos recuerdos si no hablara yo, aunque sucintamente, de tal material.

Véome parado en el umbral de la puerta que da a la calle de la Nave en la Universidad. Esta puerta era la más utilizada. Cerca estaba la calle de las Comedias, donde estuvo el teatro de la Olivera, matriz de la dramaturgia de lengua castellana en Valencia, y en la calle de las Comedias se hallaba establecida famosa pastelería. En los intermedios del afán estudiantil, de clase a clase, los escolares salíamos por la puerta de la calle de la Nave e íbamos a comer unas deliciosas empanadillas, acabadas de sacar del horno, en la dicha pastelería. Inmóvil yo en el umbral de la puerta, considero el contraste flagrante que ofrece a mi ánimo la pugna entre las letras broncíneas del dintel y mi personalidad psíquica. Arriba está lo oficial, inflexible, y abajo lo particular, irreducible. A lo largo de toda mi vida ha de manifestarse tal discrepancia. Y para fortalacerme más en ello, he de apelar -si ya no fuera instinto- a la austeridad en el vivir. ”

José Martínez Ruiz, “Azorín” - Valencia, 1940.

jueves, 18 de septiembre de 2014

EL CAFÉ DE ESPAÑA

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El Café de España, estaba en el número 7 de la desaparecida Bajada de San Francisco, según Azorín, el más suntuoso de Valencia, y ”no lo habría tampoco en el mismo París”, nos dice el escritor de Monóvar visitando la capital francesa, donde le venía su recuerdo por la estancia en el “cap y casal” en la última década del XIX, cuando lo visitaba en sus tertulias literarias saboreando el café servido en “un platillo de metal blanco colmado de terrones de azúcar y un botellín de ron”.

Revestido con reminiscencias árabes, su ambiente era el de la música de ópera surgida de un piano que hacía silenciar los murmullos que llenaban el interior de sus salones.

El mundo artístico se reunía en el Café de España decorado por lienzos de los más acreditados pintores valencianos, que también tuvo que sufrir un atentado terrorista en medio de las diversas jornadas de huelga en mayo de 1920, para desaparecer en esta década por el derribo de su calle y dar lugar a la creación de la amplia plaza triangular de Emilio Castelar.

cafe españa

Exotismo árabe y frisos de azulejos valencianos se alternaban con aromas de café, ecos de intelectualidad y oberturas de Wagner en un local que marcó una época, situado al más alto nivel de los mejores de Europa.