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martes, 26 de diciembre de 2023

LA PALLETERA DEL PATRIARCA

1900 - Martínez Aloy

Antes de la construcción del colegio-seminario fundado por San Juan de Ribera en el lugar situado frente a la Universidad de Valencia, anterior Estudi General, en aquel solar habían existido unas casas, una de ellas habitada por una mujer vendedora de pajuelas revestidas de azufre para su función de fósforos. Según se cuenta, puso como condición que en el interior del colegio y como única indemnización, el que su imagen fuese perpetuada mediante la colocación de una estatua en el interior del Colegio.

Sea como fuere, lo cierto fue que tras el inicio de las obras en 1586, apareció en el subsuelo una escultura marmórea en representación de un magistrado romano que fue instalada sobre pedestal en el centro del claustro.

Y de inmediato y durante un tiempo, el vulgo nominó la imagen sobre pedestal como “La palletera”, pero después se impuso la tesis de que se correspondía con la diosa Ceres, fundada por el haz de espigas que portaba y por el hecho de que en su restauracion se hubiera colocado la cabeza postiza de una mujer.

En realidad nunca se documentó la certeza de aquella estatua que permaneció en el centro del claustro durante tres siglos, para ser sustituida en el año 1897 por la estatua sedente del fundador del Colegio del Patriarca, ejecutada por las manos de Mariano Benlliure, cuando se cumplía el centenario de la beatificación de quien luego, en 1960, fue canonizado por Juan XXIII como San Juan de Ribera.

La estatua de la palletera fue trasladada a otro lugar del interior del Colegio, donde en la actualidad se encuentra.

Fuente: El legado fotográfico de Martinez Aloy

domingo, 31 de julio de 2022

VALENCIA 1900 - EL LEGADO DE MARTÍNEZ ALOY

 

Una fotografía atribuida a J. Martínez Aloy (1865-1924), recogida en el libro “Valencia 1900. El legado fotográfico de J. Martinez Aloy”, situada en la confluencia de la calle las Barcas -después titulada Joaquín Sorolla- con la calle de la Universidad, con taza y monolito de piedra a la que acuden mujeres con sus cántaros, con una casona de dos plantas a su espalda que los autores del libro dicen que se corresponde con el Colegio de la Presentación de Nuestra Señora, en realidad no es así.

Se habla de la presencia de un mercadillo por unos puestos con toldos, pero éste se corresponde con el de la plaza de San Sebastián, lugar dónde en realidad está tomada la foto.

La casona está situada en la calle Cuart, junto a la plaza, como se puede observar en esta foto del mercadillo de San Sebastián, más tardía, pero la coincidencia en su alero, los balcones y la situación de las ventanas no ofrece duda.

Plano de 1909 donde un circulito verde es la referencia a la existencia de una fuente en la plaza de San Sebastián, en un recurso del mismo plano utilizado para las fuentes de las plazas de la Constitución, del Cid, entre otras.

Por otra parte, la fuente que estaba situada en la calle de las Barcas desde 1853, la de las Tres Gracias, como se puede observar en esta foto decimonónica, donde la semejanza con la casona de la foto de Martínez Aloy es inexistente, es la misma que en el año 1909 se trasladó a la plaza de Rodrigo Botet, donde en la actualidad la adorna. 

La foto de la calle Pintor Sorolla, antigua de las Barcas, nos muestra el Colegio de la Presentación, la esquina de la Universidad y los edificios tras la fuente de las Tres Gracias.

sábado, 7 de mayo de 2022

EL CAMPANARIO DE SANTA MÓNICA FRENTE A LAS TORRES DE SERRANOS


1900 Ca - Colección Díaz-Prósper

En junio de 1915 en reunión municipal presidida por el alcalde Maestre, se acordaba la exención de arbitrios para la construcción de una torre campanario en la Iglesia de Santa Mónica de "la otra parte del río".

Iglesia que enfrentada al puente de Serranos, una vez eliminadas sus dos espadañas frontales, iba a a dar rèplica, al menos en altura y cruzado el río, a las torres, la puerta de entrada más importante al "cap i casal".

Si las torres de Serranos dieron su esplendor a la Valencia amurallada tras su construcción a partir de 1398 y como puerta de entrada a la ciudad a quienes llegaban de la "serranía", de ahí su nombre, tras su recorrido por el "carrer de Morvedre" del denominado arrabal de la Alcudia, destacaba en éste la Iglesia de Santa Mónica, construida en el último tercio del XVII sobre un antiguo convento agustino de principio del siglo para su mayor realce, al tiempo que tomaba la consideración de Parroquia.

1956 - Archivo Rafael Solaz

Y así fue fue como en 1915 el arquitecto Francisco Javier Goerlich recibió el encargo de que para su mayor personalidad, la iglesia elevase sus plegarias a los cielos desde un nuevo campanario para la ciudad, que no hacía más que mantener la consideración que de Valencia tenían los viajeros de antiguo con su reconocimiento como de la "ciudad de las mil torres".

jueves, 21 de abril de 2022

LA MUJER VALENCIANA EN LA HUERTA DE 1900

 

Sabía de ellos, aunque no había llegado todavía a conocerlos, llegados de París para llenar los escaparates de las tiendas mas elegantes de la calle Zaragoza. Sombreros de ala ancha con plumas de garza real, de aves del paraíso, de avestruz, de marabú, o de gallo, aunque la realidad es que sólo conocía las de sus gallinas, a las que tenía que mantener sanas porque de ellas dependía parte del sustento de su familia. 

El trabajo doméstico y el de la huerta se entrelazaban en la continuidad, trabajando dentro y fuera del hogar. 

Desde el jabón hasta el pan le proporcionaban cierta dificultad en la humilde condición de su casa. 

Pero sabía que en la época de la siembra y de la recolección era fundamental su papel como mujer y bendecía su suerte de no estar sin el marido, como su vecina, que la pobre se había quedado con dos hanegadas de tierra para ella sola porque había emigrado su esposo a Francia al no darles suficiente la tierra, tomando la decisión de irse él, antes que irse ella del hogar para trabajar en la confección o en el servicio doméstico, como muchas solían hacer cuando no daba para más. 

Desde pequeña aprendió que la meta de su vida era cumplir con los deberes de esposa y madre, eso en el hogar, además de los trabajos que da la huerta. 

La piel de su rostro le iba cambiando de manera que cada año que pasaba era como tres más de aquellas que en la capital lucían sus sombreros. Su casa necesitaba de un excedente para cumplir las necesidades familiares, y además del propio consumo que ellos tenían, lo que le quedaba lo vendía en la pequeña entrada y dos veces por semana en el mercado, cosa complicada a la hora de adaptar la dedicación a la huerta a los horarios del marido y los hijos, sobretodo para tener preparada la comida a las horas que tocaba comer. 

Bien cierto que desde que la suegra se hizo mayor y fue a vivir con ellos habían dos manos más para recoger y espolsar la tierra, a la par que las de su hija, la mayor, que con sus once años arreglaba los animales cuando terminaba de darle la lección un maestro que reunía a tres o cuatro más en la propia casa. 

Por cierto: ¡Qué mano tenía la suegra con la mermelada de tomate! 

Al despunte del día, cuando despedía al marido que iba a trabajar para otro amo, se enfundaba de sayo negro, pañuelo en el pelo, y un mantón negro, con el que llevaba un extremo a cubrir el hombro, dejando un hueco en su pecho para portar su bebé  y las manos libres.

Salía al sol abrasador de la huerta y de lejos y con la espalda encorvada se diría que se trataba de un espantapájaros, si no fuera porque las manos permanentemente ocupadas la delataban como un ser vivo, agotado y con el rostro sudoroso, que sólo encuentra su único reposo en la tarea que le impone la casa para cuidar al marido y a los hijos. 

Aún le queda la tarde del domingo para remendar y planchar.

Texto de Amparo Zalve Polo

viernes, 25 de marzo de 2022

SAN ANTONIO. IGLESIA PARROQUIAL DE SAN ANTONIO ABAD

 IGLESIAS, CONVENTOS Y MONASTERIOS DE VALÈNCIA 

Al final de la calle de Sagunto, en el nº 188 con puerta a la calle está la Iglesia de San Antonio Abad rodeada por todas partes por las instalaciones del colegio de los Salesianos, patio deportivo, aulas, etc.

Aspecto de la calle de Sagunto a principios del siglo XX. Frente a la Iglesia se ve bastante gente y un puesto de porrat, para celebrar el día del santo titular. 

Calle Sagunto, ca 1900. Autor desconocido, Remember-València, pg 1383.

En esta foto que debe corresponder con los años veinte del pasado siglo podemos ver mucha gente y sobre todo muchos tenderetes inmaculadamente blancos, como manda la tradición, llenos de frutos secos correspondientes al porrat. 

Vista del Porrat de la fiesta de San Antonio ca. 1920. Autor desconocido. Remember-València, pg 87 (III).

La actual iglesia procede de una iglesia que se construyó entre 1476 y 1492 para el Convento de los Antonianos, entre 1756 y 1768 se reforma el edificio, pero en 1787 Pío VI suprime la Orden, Carlos IV la expulsa de España y el edificio queda abandonado hasta que en 1805 los Padres Dominicos de San Onofre lo compran, lo abandonan en 1835. Sufre un derrumbe parcial en 1863. En 1889 el arzobispado lo vende a la Congregación Salesiana, que adapta el convento para escuelas de niños. Sirve de almacén durante la Guerra Civil y regresan los Salesianos con lo que la Escuela ha seguido con su labor de enseñanza hasta hoy. 

Portada de San Antonio Abad, foto E. Goñi, noviembre 2019.

Para su visita recomiendo que se haga precisamente durante la mañana del día de la fiesta de San Antonio Abad, el 17 de enero, podréis disfrutar del Porrat, si todavía se celebra, y sobre todo de la cantidad y variedad de animales de todo tipo que se llevan a bendecir. 

Vista del campanario y cúpula desde el patio del colegio, foto E. Goñi - 2019.

Para acudir allí además de la bici, las líneas nº 6, 16, 26 89 y 90 de EMT son las adecuadas. 

Texto de Enrique Goñi Igual

martes, 22 de febrero de 2022

ALAMEDA DE VALENCIA A PRINCIPIOS DE 1900

 

Por referencia a las fotografías de esta entrada me refiero a los primeros años del siglo XX, al inicio de la primera década de siglo, en una Valencia carente de grandes espacios despejados en el centro y que andaba deseosa de liberarse de las limitaciones que durante siglos le había impuesto su recinto amurallado. Solo podía competir en tal sentido con la Alameda la Glorieta que estaba al otro lado.

En estos momentos era lugar de encuentro, distracción y exhibición de las clases acomodadas, considerándose una de las más nobles áreas de acceso de la ciudad, comunicada por dos puentes, el del Real y el del Mar, aunque próximo estaba el de Serranos con su puerta.


La burguesía valenciana competía por mostrar al público sus lujosas berlinas haciendo ostentación de las nuevas adquisiciones, todo cuanto pudiera causar sorpresa y admiración.

El largo banco del pretil del río hacía disfrutar del descanso con el sol invernal.

Una bulliciosa Alameda donde las elegantes berlinas se entrecruzaban con los carros que atravesaban el puente del Mar cuando entraban a la ciudad al venir del puerto y de los poblados, acompañados en muchos momentos del tranvía de sangre, porque al puente aún tardarían años en ponerle escalinatas.


Desde lejos ya se distinguía la torre del Castillo Ripalda. De extremo a extremo sorprendía el sonido del agua de las fuentes de las Cuatro Estaciones y la de los Cuatro Elementos. Esta última hacía ya veinte años que la se había instalado aquí después de estar decorando la Plaza del Mercado, aprovechando la Feria de julio de ese año .

Diversos elementos, como estatuas, pequeños estanques, grandes árboles, recintos de flores bien cuidadas y otras fuentes decorativas,  a parte de las dos anteriores, convertían el Paseo de la Alameda en un lugar privilegiado para la distracción fuera de las murallas de la ciudad. Junto a la diosa Flora una pérgola con enredaderas de glicinas protegían del sol para el descanso del que huyera de él, así como otra vistosa y pequeña fuente, la de los somormujos. 

Algunos desde el pretil se asomaban para ver la otra parte del río, la recayente a la ciudad, y entre la chimenea de la fábrica de gas del Marqués de Campo, se dejaba entrever la amplia zona ajardinada del Pla del Remei, aunque buena zona del ensanche se encontraba ya en obras y el proceso de modernización iba haciendo acopio de la ciudad.

Situando las fotografías en 1908, la sociedad valenciana ya podía también en estos momentos disfrutar de los conciertos en el Paseo porque hacía dos años que se procedió a su alumbrado.

Y siguiendo con esta fecha, para el próximo año se estaban ultimando los preparativos de la Exposición Regional de 1909 y estaba en obras una pasarela entre el Pla del Remei y la Alameda.

A finales de siglo este Paseo se convirtió en lugar privilegiado de residencia.

Texto de Amparo Zalve Polo

martes, 8 de febrero de 2022

EL MERCADO EN LOS INICIOS DEL SIGLO

 


El Mercado en 1900

Con el cambio de siglo la zona del mercado torno a su plaza se había quedado pequeña. Por la demanda existente faltaban puntos de venta y el sitio disponible se disputaba por centímetros. Los enfrentamientos entre los vendedores era lo habitual y la Comisión de Mercados no podía atender las peticiones de los nuevos mercaderes para su ubicación. 

Se imponía pues la construcción de un gran mercado cuyo proyecto ya caminaba por los despachos municipales, en aras de conseguir  un Mercado Central con el reto de convertirse en el mejor de España.

Sin embargo, no opinaba así la prensa, que hacía hincapié en que "lo mejor suele ser enemigo de lo bueno" y un proyecto de tanta altura debía dejarse para tiempos mejores, aspirando, por consiguiente, a una esfera más modesta.


El ensanchamiento del mercado era lo aconsejable, situación al alcance mediante la expropiación de dos manzanas: la comprendida entre las calles de  Magdalenas y Conejos, y la situada entre ésta última y la Vieja de la Paja.

Con su ampliación podrían acudir nuevos vendedores con el logro de dos importantes mejoras: un mayor ingreso para el Ayuntamiento y una mayor baratura en los artículos, pues al coincidir mayor oferta y la misma demanda, con las leyes económicas vigentes, los productos bajan su precio, pregonaba el periodista.

Estimaba la prensa en un costo próximo al millón de pesetas para conseguir mayor superficie, al tiempo que abogaba por la construcción de pequeños mercados al estilo del de Ruzafa, que había tenido un costo de 54.000 pts. 

Con todo, y ya en 1910, bajo la alcaldía de Ernesto Ibáñez Rico, es cuando se toma la decisión de construir un monumental mercado. Tuvieron que pasar unos años para la colocación de la primera piedra del que sería Mercado Central, el 30 de diciembre de 1915, que entraría en funcionamiento cuando finalizaba la tercera década: el 23 de enero de 1928.

domingo, 12 de diciembre de 2021

EL PRIMER TRANVÍA ELÉCTRICO - y III

 

1900 - Como estaba previsto el día 23 de marzo hacían acto de presencia en las calles de la ciudad los tranvías de tracción eléctrica para el trayecto de Valencia al Grao y al Cabanyal. Sin embargo, la línea sólo estaba dispuesta hasta la entrada a la calle de la Reina, por lo que la compañía decidió aplazar el acto inaugural hasta que todo su trazado quedase en las mismas condiciones. La barriada del Cabanyal por la mencionada calle estaba en obras de saneamiento y hasta su finalización no se podría acondicionar para el paso del nuevo tranvía. 

La entrada en servicio con la tracción eléctrica y por su “mayor velocidad” supuso algunos percances con los viandantes que no estaban acostumbrados al nuevo adelanto. Fueron días de problemas para la compañía que tuvo que afrontar las huelgas en la propia entidad, como la del día 18 de abril por las reivindicaciones de sus “cocheros”, que se mantuvo hasta el día 21 por intervención del alcalde, mientras se mantenían en otras actividades.

Y tras aquel primer recorrido así vio la prensa del día 24 de marzo la inauguración del nuevo servicio, en una crónica donde se relata un accidente tranviario que, sin duda, supuso el primero ocurrido con la tracción eléctrica:  

“La Compañía General de Tranvías hizo ayer un verdadero negocio.

Desde las primeras horas de la mañana hasta las de la noche fueron los trenes materialmente atestados de pasajeros.

Por cierto, observamos con gran extrañeza que la guardia municipal tolerase en los coches mayor número de pasajeros del que el reglamento permite, abuso que tenemos la completa seguridad que nuestro celoso alcalde evitará, reiterando las órdenes que tiene dadas a sus dependientes. 

Algunos de los pasajeros que utilizaron ayer los  tranvías eléctricos notaron una deficiencia que pudiera ser motivo de muchas desgracias.

Sabido es que el coche-máquina tiene para avisar a los transeúntes un timbre; pero es tan pequeño que su sonido se pierde a los pocos pasos de distancia. Ayer tarde mismo entre la Alameda y el camino de Algirós, en un tris estuvo que no atropellara uno de los convoyes a una niña de diez años que conducía un pequeñuelo en brazos. 

La empresa pues debe sin pérdida de tiempo remediar la deficiencia, dotando a los maquinistas de una bocina o colocando un timbre mayor.

Ya que del tranvía eléctrico nos ocupamos hemos de dar cuenta de una sensible desgracia qué ocasionó a las cinco de la tarde. Regresaban del Grao a dicha hora tres jóvenes y al llegar frente al "chalet" de la señora condesa de Ripalda advirtieron que un tren eléctrico se les acercaba rápidamente. El conductor del vehículo intentó desviarlo, pero sus compañeros, temiendo el atropello, se arrojaron, con tan mala fortuna que uno de ellos fue arrastrado por el convoy y milagrosamente sólo resultó con un brazo roto.

El herido fue curado en la Casa de Socorro de la Glorieta y del hecho se dio cuenta el juzgado

En cuanto al público podemos decir que ha recibido  muy bien la novedad del cambio de tracción.

Los coches como oportunamente dijimos son de forma sencilla, pero elegante y aunque la empresa  ha establecido una diferencia entre los coches cerrados y jardineras, clasificándolos de primera y segunda respectivamente, el público los ocupaba indistintamente y hasta con preferencia la segunda opción.”

viernes, 26 de noviembre de 2021

EL PRIMER TRANVÍA ELÉCTRICO - II

Para el primer trimestre del año 1900 estaba previsto la entrada en funcionamiento de los primeros tranvías eléctricos llamados a sustituir la tracción animal, en un proceso que, línea a línea, iba a durar veinticinco años, con último recorrido de los “tranvías de fuerza” el día 30 de junio de 1925, en el trayecto Valencia-Cementerio.  

En su fase final de adecuación para una mayor velocidad de los tranvías, el 9 de octubre de 1899, se había iniciado el cableado eléctrico por el Camino Viejo del Grao, que presentaba menos problemas para su instalación. En las calles estrechas de la ciudad se optó por la colocación de placas adheridas a las fachadas, previa autorización de sus dueños, para evitar la colocación de mástiles que dificultarían el paso.  

El mes de febrero de 1900 iba a ser crucial para la puesta en marcha de los eléctricos, un mes que se iniciaba con huelgas de los trabajadores tanto de la Compañía Valenciana como de la General de Tranvías, que suponía el paro del servicio en los ”tranvías de fuerza” de toda la ciudad. La huelga duró hasta el día 10 con la intervención del Gobernador y el Alcalde que faenaron para alcanzar un acuerdo entre las compañías y sus operarios. La intervención de la autoridad dio sus frutos, logrando por una parte mejoras para los empleados y por otra que se reglamentara el servicio para mayor seguridad de los viandantes, debido al peligro que suponía la entrada en funcionamiento de los nuevos convoyes eléctricos. 

El día 12 del mismo mes, en acuerdo municipal, la Compañía General de Tranvías recibió el placet del Ayuntamiento para la entrada en servicio del tranvía eléctrico para las líneas dentro de la ciudad. Sin hacerse de esperar, al día siguiente, entró en funcionamiento y como primera prueba eléctrica el trayecto entre Valencia al Grao y al Cabanyal, en este caso para sustituir a los tranvías de vapor, el popular Ravachol. 

Como anécdota de aquellos días, permanecía en la ciudad una embajada de oficiales ingleses con el objetivo de adquirir mulas para la campaña del Transvaal, con un muy buen beneficio para sus propietarios toda vez que se pagaron a un excelente precio. 433 mulos fueron los que viajaron hacia Gibraltar, y con seguridad, de esa partida, algunos de ellos habrían tirado de los tranvías de tracción animal que iban a ser sustituidos por la electricidad en muy pocos días. 

¡Su puesta en marcha estaba a la vuelta de la esquina!

domingo, 14 de noviembre de 2021

VÍAS METÁLICAS PARA CARROS - 2

El tráfico en el camino Nuevo del Grao.  

Inicio del Camino Nuevo del Grao al pie del puente del Mar, frente a los cuarteles de la Alameda. 

Inicio del Camino Nuevo del Grao. Postal de época, ca. 1900.

Disponemos de una vista parcial de un plano de las defensas militares de la ciudad de Valencia realizado por el Estado Mayor en 1808, en plena guerra contra Napoleón, en el que se puede apreciar el camino Nuevo, inaugurado en 1802, con su arbolado que alcanza hasta el Óvalo del Grao, pegado a él el camino Viejo, hoy Islas Canarias, más abajo el camino Hondo y en la parte superior el camino de Algirós. El puente del Mar a la izquierda y a la derecha el poblado del Grao y el puerto, a falta de un buen dragado. A la derecha del rio Turia se aprecia el camino de las Moreras, hoy casi desaparecido por la invasión de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. 

Parcial del mapa militar de 1808. Estado Mayor Defensa.

Gracias al nuevo camino del Grao sumado a las obras de mejora del puerto del Grao, el trasiego entre la ciudad y su puerto comenzó a incrementarse llegando a cifras asombrosas de carros yendo y viniendo cargados fundamentalmente de naranjas, pasas, cebollas, vino, etc. en sentido de salida y de troncos maderables, trigo y abonos en el de entrada lo que provocaba hileras de carros circulando en ambos sentidos, carros que durante la temporada de baños se incrementaban con las tartanas y calesas llenas de ciudadanos ansiosos de pasar unos días o ir cada día a las playas, que entonces estaban situadas en Cañamelar-Cabañal por un lado del puerto y junto a la desembocadura del Turia por el otro lado. 

Cita periodística de un original del periódico valenciano El Cid ca. 1850. Remember-València, pg 1621. Mucho trajín en el camino.

Con respecto a los baños de mar consta que en 1830 la Real Audiencia del Reino de Valencia en nombre de su Majestad Fernando VII publica un bando en el que se determina como habían de tomarse los baños en nuestras playas, compatibilizando seguridad y comodidad con el debido decoro, por descontado con separación de sexos. Los valencianos llevamos cerca de doscientos años con el buen hábito de acudir a nuestras playas.

Carros por el camino Nuevo. Autor desconocido, ca. 1930. Remember-València

Durante el verano de 1851 era tal el gentío que acudía a las playas y las carreras que hacían los tartaneros entre ellos que hasta se produjeron vuelcos, por lo que la nueva Guardia Civil se tuvo que apostar en los laterales del camino para refrenarlos y conseguir un tranquilo recorrido unas tartanas tras otras. 

Aspecto idealizado del puerto ca. 1880. Remember-València, pg 1303.

Ya más tarde en 1896 el Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos Enrique Tarazona recuenta entre 3500 y 4000 carros circulando diariamente por el camino Nuevo del Grao. Años más tarde en 1928 se habla de 6000 carros y coches de caballos recorriendo el camino diariamente fuera de la temporada de baños, y eso que ya comenzábamos a motorizarnos. 

Trabajos de carga y descarga de un barco en el puerto de València, ca. 1910. Autor desconocido. Remember-València, pg 1139.

Todo este tráfico provocaba rodadas en el camino, que se agravaban con las lluvias lo que motivó la creación de un impuesto o peaje a todos los carros que por el camino nuevo circulaban para poder sufragar los elevados gastos de mantenimiento, que a finales del siglo XIX eran de unas 30.000 pesetas anuales con salarios de 2 pesetas diarias. El peaje individual en esta época era de 5 céntimos por caballo, ida y vuelta. Existió siempre descuento para los carreteros profesionales y las tartanas de servicio público. El peaje se mantuvo vigente hasta principios del siglo XX. 

Texto de Enrique Goñi Igual

viernes, 30 de julio de 2021

EL CIMBORRIO DE LA CATEDRAL DE VALENCIA

1900 Ca. Vista aérea

Interior y exteriormente es una obra maestra del arte gótico de la Europa meridional, y está considerado entre los mejores de España. Destaca grandemente por su construcción arquitectónica prodigiosa, sin contrafuertes, cuya estructura y tracería calada transmite ligereza, pero ha tenido problemas de estabilidad. Atrevimiento de sus ejecutores, anónimo el de la primera planta en el siglo XIV, y Martín Llobet la segunda en la centuria siguiente, cuando ya habían reparado los daños ocasionados por el terremoto del año 1396. Su imagen destaca grandemente desde las cuatro plazas que contornean la Catedral: Almoina, Decimo Julio Brutus, Virgen y Reina. 

Un prisma octogonal sobre el crucero que se eleva a 40 metros de altura y proporciona luz natural difuminada por las delgadas láminas de alabastro de los ocho ventanales ojivales de cada planta, que originalmente tuvieron vidrieras policromadas. 

Desde la plaza de la Virgen.- Postal de 1920.- Editada por JR

Descansa sobre cuatro trompas cónicas y está cerrado con una bóveda de crucería compuesta por ocho nervios con ladrillos plementados entre ellos. 

En los huecos de las trompas hay, desde la reforma neoclásica del siglo XVIII, imágenes en estuco de los cuatro evangelistas, cada uno con el atributo que lo identifica: San Juan con el águila, San Lucas con el toro, San Mateo con el ángel y San Marcos con el león. Junto con las capillas laterales es de lo poco que dejaron de estilo neoclásico tras la repristinación (de vuelta a los orígenes) realizada, a partir de 1972, para devolver al gótico original el interior de la catedral. Según comentarios de entonces, conservaron las arcadas neoclásicas del crucero porque aportan resistencia a la estructura que aguanta el peso de un cimborrio con reparaciones importantes en su larga historia, incluso sustituyendo uno de los pilares en el año 1661 y zunchando otro en 1863. 

Interior del Cimborrio.- 2011.- Esteban Gonzalo

Las imágenes de San Juan y San Lucas fueron esculpidas por José Puchol, la de San Mateo por José Esteve, y la de San Marcos por Francisco Sanchis. 

También suprimieron los tejados colocados en el siglo XVIII para evitar filtraciones y humedades, dejando las terrazas de la Catedral con sus cubiertas primitivas tras acondicionarlas adecuadamente. 

En la guía histórica y artística de La Catedral de Valencia, publicada en 1909, su autor, el canónigo José Sanchis y Sivera, dice que desde el siglo XIV hubo un penell (veleta) en la cumbre del Cimborrio. Que era de madera, y como lo renovaban frecuentemente, cada vez lo construían más fuerte y más adornado, sustituyendo, paulatinamente, alguna pieza de madera por otra de hierro. También varias sustituciones, por rotura, de la campanita, el Cimborriet, que alberga un casalicio, y servía, ya que actualmente está fuera de uso, para, tirando de una larga cuerda desde el templo, enviarle la señal preventiva al campanero del Micalet, y pudiera hacer los toques a su tiempo.

Desde la cubierta de la nave central.- 2011.- Esteban Gonzalo

Y que, en la terraza del Cimborrio, la Ciudad y el Cabildo, celebraron conmemoraciones de hechos gloriosos, encendiendo hogueras, disparando fuegos de artificio, y colocando luminarias, hasta que en la fiesta de Sant Donis del año 1457, se quemó el penell y toda la madera que lo sostenía, y por ello, pasaron el protagonismo festivo al Micalet.

Asimismo, que en la parte interior del Cimborrio colocaban trofeos de victorias militares en las que intervino el Reino de Valencia, así como escudos y enseñas pintadas que recordaban a algún bienhechor o hecho especial.  

2021 - Desde la Plaza de la Virgen - Esteban Gonzalo

Comparando la postal de 1920 con una fotografía actual se ven las variaciones arquitectónicas habidas: las casas de los canónigos derribadas en 1970 para dejar visible el exterior de las capillas del lado oeste de la catedral, supresión de la cubierta del segundo piso de La Obra Nueva, y la reconstrucción en 1957 del rosetón en la parte superior de la Puerta de los Apóstoles, compuesto por dos triángulos equiláteros cruzados, tracería calada y vidrieras. Estrella de seis puntas, el sello de Salomón, como símbolo de Jesús, el Mesías, del linaje de la casa de David.

San Mateo y San Marcos -2021.- Esteban Gonzalo

También, la restauración de la muy deteriorada Puerta de los Apóstoles en los años sesenta del pasado siglo, la sustitución de la fuente redonda por la alargada del Padre Turia y sus hijas, las acequias para regar la Huerta de València, y la supresión de un contrafuerte en el Cimborrio que alojaba una escalera con peldaños de hierro para acceder a la cubierta. 

En una Catedral, La Seu, con más de siete siglos y medio de historia, que arquitectónicamente y artísticamente es muy variada, y por ello, muy atractiva e interesante. Su extensa y muy documentada página web permite conocer, antes de la visita, sus muchos tesoros artísticos. Asimismo, hay amplio archivo y biblioteca que se pueden consultar. 

Puerta Románica y Cimborrio.- 2021.- Esteban Gonzalo

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

viernes, 22 de enero de 2021

MIRAMAR. BATIFORA, PATRAIX

 MIRANDO HACIA ARRIBA

 Dibujo coloreado de la Batifora. Remember-València, pg 349 (III).

A finales del siglo XIX en las afueras de lo que fue el poblado de Patraix, junto a la acequia de Favara encargada de regar sus huertas, nos encontramos con mucha superficie vallada, que incorpora un gran edificio para la fabricación de seda, que se llamaba la Batifora. Del cual disponemos de un encantador dibujo coloreado, que podemos estimar de finales del XIX o principios del siglo XX, y nos da una idea de grandeza.

Podemos apreciar el Miramar y el edificio, tanto en el dibujo como en la foto de la puesta de la primera piedra de algo con gran afluencia de público, por toda la parafernalia presente debemos estar entre los años cincuenta y sesenta del pasado siglo.

 

Foto autor desconocido. Remember-València, pg. 824.

Personalmente tengo el recuerdo de haber aparcado ante las puertas de la fábrica, después de cruzar la acequia, cuando lo que fue una gran fábrica había perdido su trabajo original y estaba dividida en varias partes y en una de ellas visité un taller mecánico de fabricación de maquinaria para panadería. 

Foto autor desconocido. Vista actual de la Batifora. Remember-Valéncia, pg. 2060.

Afortunadamente para el edificio y sobre todo el Miramar, hace unos pocos años el conjunto fue adquirido por el Ayuntamiento de València y una vez rehabilitado se puso al servicio del barrio como Complejo Deportivo y Cultural de Patraix.

Texto de Enrique Goñi Igual.

viernes, 8 de enero de 2021

TEMPLETES: GLORIETA Y PUERTA DEL MAR

 MIRANDO HACIA ARRIBA

Paseo Central de la Glorieta. Postal circulada, ca. 1900.

Si de golpe pudiésemos viajar a la Glorieta en 1900 podríamos ver un templete antiguo, de los de tierra firme, para banda de música, es el que figura en la postal circulada en 1905, que nos lleva a la Glorieta de entonces. Yo personalmente no lo recuerdo.

Ya que estamos en el Paseo de la Glorieta frente al edificio levantado en 1934, que fue sede central de la desaparecida Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Valencia, y que ahora forma parte de la fundación Bancaixa miramos hacia arriba y nos encontramos con un recargado templete en lo alto del chaflán entre General Tovar y la calle del Mar. Vale la pena disfrutar de toda la fachada hasta lo más alto.

 

Parcial de la fachada de Bancaixa. Foto E. Goñi, febrero 2019.

 

Templete de Bancaixa. Foto E. Goñi, marzo 2020.

Andando por el Paseo de la Glorieta hacia la Puerta del Mar nos podemos encontrar con esta imagen que nos lleva a otro templete en una esquina.

 

Puerta del Mar. Foto E. Goñi, marzo 2020.

Igualmente en esta postal coloreada que podríamos datar sobre 1930 tenemos a la vista el templete en la esquina de Grabador Esteve.

 

Postal de época, ca. 1930.

Podemos rematar con una vista más cercana del templete, que se muestra dentro de lo que cabe muy humilde, pero firme ante el paso de los años, ya puede estar cerca del centenario.

 

Templete en Puerta del Mar. Foto E. Goñi, marzo 2020.

 Texto de  Enrique Goñi Igual.

lunes, 9 de noviembre de 2020

NOTAS SOBRE LOS NIÑOS EXPÓSITOS VALENCIANOS EN EL SIGLO XVIII

1900 Ca. - Sala de Cuna del Hospital General  

A esos niños me refiero,  a los niños que recién nacidos, los más o los menos con un mes de nacer, eran abandonados por sus progenitores con el fin de salvar el buen nombre en relaciones ilícitas, en una sociedad muy marcada por los convencionalismos sociales, por no poder ser atendidos por pobreza, o los que menos por situación de orfandad.

Los que peor suerte corrían eran los que sufrían el abandono en cualquier lugar, abandonados a todos los peligros hasta que los encontraba algún alma caritativa y los llevaba a la inclusa, otros, con más suerte, eran abandonados allí directamente.

Tan solo hablaremos de los que en este citado siglo, el XVIII, acabados de nacer o con pocos días iban directos a la única inclusa que existía en Valencia, la “cuna” del Hospital General, o la Casa de Niños Expósitos, que ya llevaba siglos dedicando una parte para ello, desde el siglo XVI, cuando se construyó.  

Sobre todo por la noche, o al amanecer, al pequeño se le depositaba en el torno giratorio, pocas veces desnudo, las menos, casi siempre  la ropa era escueta. Una cestilla hacía de cuna, con algunas ropitas para cambiarlos. Tres piezas básicas lo cubrían. Un pañal era la fundamental, ya que también era de uso para abrigar todo su cuerpo, incluso la cabeza, no nos olvidemos de aquellos pañales grandes de tejido de lino que podían incluso das dos vueltas alrededor de un recién nacido.

La faja era el segundo elemento más importante, pues serviría sobre todo para sujetar el pañal. Y algunos les ponían como tercer elemento un gorrito, aunque la mayoría llevaría la cabeza descubierta.

Síntoma de abandono por pobreza lo indicaba los que estaban envueltos tan solo por una colcha, una toalla, muchos con mantilla en esa época, o simplemente cubiertos por un delantal.

En un rinconcito de la canastilla solían tener amuletos de azabache o coral, por aquello del “mal de ojo” y alguna cruz, por aquello también de la posible entrada en el Paraíso.

Una nota dejaba su nombre escrito, pero no era la mayor de las veces. Se les daba nombre del santo del día, o de quién se hiciera cargo de ellos, si es que eran recogidos por una familia. Ninguno era todavía consciente si su destino iba a ser de prohijado o de empleado de mano de obra.

Lo que sí era de lo más necesario en la nota, la confirmación de haber sido bautizado. También hay que recordar aquí que se bautizaban nada más nacer por la gran cantidad de muertes neonatales en la época.

Ahora viene lo peor. Tal era en España el maltrato recibido a estos niños cuando eran acogidos, que a final de siglo, en 1788, y a causa de sacar a dos de ellos de la Casa de Expósitos de Valencia, se tomaron medidas legales, enviándose una carta a todos los Colegios de Expósitos españoles, por el secretario del rey, Don Pedro Escolano de Arrieta:

“Sobre que se ponga cuidado en saber quién saca las criaturas de las referidas casas, cuidando con particular atención que a los niños se les dé debida educación y enseñanza para que sean vasallos útiles, y que no se entreguen si no es con las seguridades y formalidades necesarias a personas que los mantengan y enseñen oficios y destinos convenientes a ellos mismos y al público”.

Pero no solo esto iba a ser lo peor, porque también a final de siglo, se organizó una gran infraestructura para el amparo de la infancia abandonada. ¿Pero qué fue lo malo? Que apareció una nueva legislación con la exclusión de pena, ni castigo por el abandono anónimo. Y como consecuencia el número de niños abandonados creció considerablemente. 

Texto de Amparo Zalve Polo