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viernes, 27 de enero de 2023

LA ANTIGUA CALLE SAN JAIME


Bivaldi - Foto de Barberá Masip

Este es el aspecto que ofrecia la calle San Jaime situada entre las entonces plazas Poeta Badenes y Poeta Liern (ambas desaparecidas) y a espaldas del Palau de la Generalitat en los años veinte del pasado siglo. En la actualidad figura como calle del Convento de la Puridad, tras una importante remodelación de la zona que daria lugar a la plaza de Manises, obra llevada a cabo en el primer tercio de la década de los cincuenta, con la construcción de un nuevo torreón para el Palau a semejanza del recayente hacía la plaza de la Virgen.

Calle apenas transitada en nuestros días donde se esconde una pagína muy importante del “cap i casal”, dando cobijo historicista a uno de los conventos más antiguos de la ciudad y a su vez de mayor superficie en su anterior emplazamiento, que tuvo su origen en la época de Jaime I.

En la actualidad alberga la calle - y por ello su nombre- el Convento Religiosas de la Puridad y San Jaime. Lo ocupan las monjas clarisas siendo el mismo lugar que en tiempos antiguos fue sede de la Cofradía de San Jaime, cuando se vieron obligadas a abandonar su primitivo emplazamiento próximo a la calle Moro Zeit en el año 1836, y tras una primera estancia en el Monasterio de la Trinidad.

Con la casualidad añadida de que en su interior se encuentran los restos del citado rey moro por su conversión a la fe cristiana con el nombre de Vicent Bellvís.

jueves, 18 de noviembre de 2021

UN JARDÍN ESCONDIDO, EL CONVENTO DE LA PURIDAD

 

1704 - Plano de Tosca (36)

En el barrio dels Velluters tenemos un jardín escondido que para saber de él en su origen tenemos que remontarnos a Jaime I, cuando el monarca cedió unos terrenos para la construcción de uno de los conventos que con el tiempo sería el de mayor superficie en la ciudad. Estaba limitado por la calles Bolsería, Monjas, Murillo y Quart, extendiéndose en su zona ajardinada próxima a la de Palomar. El Plano de Tosca de 1704 nos sitúa en su entorno. 

Se cree que fue en el año 1239 cuando se inició su construcción, una vez el rey hiciera entrega a D. Ximen Pérez de Arenós una ermita situada extramuros, con la encomienda de su ampliación para alojar un nuevo convento, el de  las religiosas de la Regla de Santa Clara, que con el tiempo pasó a ser conocido como el de Santa Isabel por haberse construido bajo el patronazgo de la reina Isabel de Hungría, o con el más popular nombre de la Puridad, tal y como aparece en la cartela del plano del Padre Tosca. 

Con el paso de los años el Convento de la Puridad gozó de los favores de la Corte, con importantes remodelaciones que le hicieron crecer en superficie, como también la recepción de honrosos honores. Se destaca el favorable trato que recibieron las religiosas durante los reinados de Felipe II y Felipe III.

Hasta que la desamortización de Mendizábal de 1836 obligó a su destrucción con el objetivo de recaudar fondos mediante la construcción de  viviendas en la zona, y a su vez crear un nuevo trazado urbano con la aparición de las calles Conquista, Rey Don Jaime y Moro Zeit. Esta última por ser el lugar de residencia del rey moro, configurando una nueva retícula callejera como testimonio del hecho conquistador.  

Conjunto de nuevas viviendas que con las de Murillo, Quart y Palomar iban a cercar el jardín del convento llegado hasta nuestros días, cuya existencia nos habla de un histórico pasado de nueve siglos.  

Un jardín olvidado en los despachos municipales con acceso a través del número 6 de la calle Palomar, la casa natalicia del ilustrado Pérez Bayer, edificio de tres pisos que con un paso abierto comunica con una parte de aquel jardín, en el que junto a la maleza existe en la actualidad un olivo de más de 400 años, unas palmeras, unos ficus y mucha hierba olvidada. 

Tras la desamortización de 1836 las religiosas clarisas fueron acogidas en el Monasterio de la Trinidad, donde estuvieron hasta el año 1853 cuando la Cofradía de San Jaime donara su instalaciones para que el Convento de la Puridad se instalase a espaldas del Palau, lugar al que en la actualidad se puede acceder desde la plaza de Manises y por la calle de su nombre.

Fotos de Luis Martín Ramírez

martes, 14 de marzo de 2017

CONVENTO DE LA PURIDAD



“Las tres calles nuevas, denominadas del Moro Zeit, del Rey Don Jaime,  y de la Conquista, fueron hasta el año 1846 el gran monasterio de la Puridad, cuya fundación tuvo principio en 1250 bajo la invocación de Santa Isabel, Reina de Hungría, vistiendo el hábito de las minoritas de Santa Clara. En 1264, usando del indulto de Urbano IV, observaron las reglas de Gregorio IX; y por un privilegio de Clemente VII se denominaron de la Purísima Concepción. El claustro bajo de este monasterio, de orden ogival, con sus pequeñas celdas, sus huertecito, sus dilatadas sombras y su grave magestad religiosa le hacía un digno monumento del tiempo de la edad media. Sus monjas se trasladaron al convento de la Trinidad en 1837.”


Texto: Guía de Forasteros de Vicente Boix de 1849.

domingo, 5 de junio de 2016

EL SOLAR DEL PRINCESA


Montaje de Pep Valencia

2005 Ca - El solar se las trae. Historia de Valencia que se pierde en el túnel del tiempo al hallazgo del lugar que fuera residencia palaciega del "Moro Zeit", rendido al "Rey Don Jaime" tras la "Conquista" de 1238. Tres calles con estos nombres lo abrazan y ahí permanecen fundidas a la gesta.

Luego, en 1245, se corresponde al lugar en el que se construyó el Convento de la Puridad que dio albergue a las monjas clarisas donde residieron durante seis siglos. Fue derribado en 1845 por ansias desamortizadoras con su traslado a la espalda del Palau de la Generalitat donde actualmente queda su testimonio.

Amplio solar que en 1853, tras su construcción, inició su larga andadura el Teatro Princesa, transformado en cinematógrafo en 1896, con su enorme patio de butacas en consonancia con sus localidades arriba de general, igualmente espaciosa, al servicio vecinal donde se funden los barrios del Carmen, del Mercado, y a cuatro pasos del de Velluters.

Cerró sus puertas en la década de los setenta, cuando había vuelto a sus orígenes unos años antes, al dejar sus sesiones de cine ofreciendo veladas de teatro, pero en el 2009, con muchos años de abandono, por un voraz incendio, sus restos supieron de la piqueta y la fachada, vieja y con cicatrices de orgullo, dejó al aire y al fondo huellas que nos indican la existencia de tan antiguo Convento de la Puridad.

Ahora, los grafitis rubrican modernidad y ensamblan un pasado reciente con un futuro incierto. 

Pep Valencia nos deja este testimonio en su cotidiano quehacer, resuelto a dar vida a lo que fue, casado con lo presente. 

Y a fe y en movimiento lo logra.