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martes, 30 de diciembre de 2025

LA GRAN FÁBRICA DE MADERAS VILARRASA


Empezaremos por el principio. En un lugar donde los bosques imperan como es el Pirineo catalán nació y se crio entre maderas y aserraderos Salvador Vilarrasa Sicra. El aire contaminado por el serrín no le venia muy bien por lo que a los dieciocho años con su maleta partió a Francia donde en París montó una peluquería de señoras.

Pero he aquí que el destino hizo que conociera, y valga la redundancia, al hombre que le iba a cambiar el destino de su vida. Era un ebanista con almacenes de madera en Valencia, y uno de los cuales habría sufrido desperfectos debido a alguna inundación, por lo que le propuso el hacerse cargo como persona de confianza para poner todo aquello en orden.

Regresó con su esposa a España, arregló todo lo que tuvo que arreglar del ebanista y sacó 3000 pesetas en comisiones. ¿Qué hizo con esas pesetas? Pues abrió su propio almacén. Un almacén emblemático en la ciudad que ocupaba una manzana, de tono amarillento, cuyo domicilio social era el de calle Jesús, números del 83 al 87. Enfrente, la enorme Finca Roja y al otro lado la vía del tren de la calle Maestro Sosa, con la línea de tren de Madrid.

Entraban los troncos y salían los muebles entre humeantes chimeneas, una torre delgada con un reloj en la esquina de las naves y las constantes sirenas anunciando los turnos laborales.

Quién se lo iba a decir a él acabar con ese imperio comenzando con 3.000 pesetas de la época, pensando que eran los años 20. Que abriría el negocio un día 1 del caluroso mes de agosto y con solo tres empleados, para acabar con un millar en nómina, siete delegaciones en España, una finca en Asturias con cinco millones de árboles, y para el exterior explotaciones de maderas en África y fábricas de aglomerados en América.


Lo supo hacer. Las maderas baratas eran del pinar asturiano y las más exóticas se las procuraba el hijo, que la mayor parte del tiempo vivía en África, de los bosques tropicales, tales como el sándalo, el ébano y el palisandro.

Del tablero de madera hasta el Novopan pasando por el aglomerado de pino prensado fueron los años 50 para Vilarrasa. Cerró en los 80.

Texto de amparo Zalve

sábado, 25 de junio de 2016

LA KOLA CORTALS, TÓNICO RECONSTITUYENTE

Colección Almenar Blayet

1920 Ca. - La “Nuez de Kola”, comercialmente conocida como Kola Cortals, tuvo un gran predicamento en la primera mitad del pasado siglo, no faltando en ningún hogar de los valencianos.

Joaquín Cortals Guiteras fue el inventor, fabricante e introductor de tan “poderoso tónico reconstituyente” del que gozaba el privilegio de una exclusiva por veinte años para España y Ultramar concedido por el Ministerio de Fomento. Había sido puesto a la venta a mitad de la última década del siglo XIX y su apuesta era por conquistar el mercado al siguiente.

Su fábrica, El Siglo XX, en su nombre establecía el objetivo, estaba situada en la Carretera de Burjasot, Benicalap, y desde sus instalaciones trasladó sus productos al Palacio de la Industrias de la Exposición Regional de 1909, donde mediante dos mil botellas de diversos contenidos, combinando tamaños y colores, llamó la atención del público presentando un artístico templete cuadrangular.

Si el “rey de la fábrica” era la Kola Cortals, no desdecían las cremas de moka, vainilla, cacao, menta, chocolate…, mientras que el anisete Burdeos y el anís El Gallo estaba por su venta al nivel del primero. Absentas, cognacs, aguardientes, jarabes, vermouths y hasta horchatas salían al mercado, presentados siempre en lujosas botellas que adoptaban diferentes formas en función de su contenido.

Lazos familiares me unían a la Fábrica de Kola Cortals en su último periodo de vida en la fábrica de la ya Avenida de Burjasot, regentada entonces por Francisco Llorens, donde mi padre tuvo su primer trabajo llegado a Valencia.

“Kola Cortals”, licor higiénico y siempre entrañable.

domingo, 20 de diciembre de 2015

HIJO DE MIGUEL MATEU


Archivo Rafael Solaz

1930 Ca. - Miguel Mateu y Pla,  conocido por "Mateu dels Ferros ", hijo del creador del mítico Hispano-Suiza, fue líder en la industria del hierro. Desde la ciudad condal, con sedes en Madrid, Valencia y Bilbao, abasteció desde sus fundiciones a los empresarios de la construcción que optaban por las mejores obras de acuerdo con el estilo modernista que se había impuesto avanzada la segunda mitad del siglo XIX, con predominio del cristal y el hierro, en sus diseños de vanguardia para las llamadas a ser emblemáticas edificaciones del nuevo siglo construidas en sus primeras décadas.

Pero su mercado no tenía límites y desde sus fabricas y fundiciones atendía todas las peticiones del sector, desde el sencillo clavo a la más sofisticada herramienta. La industria de la construcción no podía estar ajena a las constantes innovaciones que en el primer tercio del nuevo siglo surgían de Hijo de Miguel Mateu.

Con domicilio en la calle Guillen de Castro número 5 y telefono 13000 redondo, la empresa iniciada por "Mateu dels Ferros" contaba en Valencia con apartadero ferroviario propio situado cerca de su almacen de viguetas y hierro existente en unos terrenos proximos a la playa de vías de la Estación del Norte.

El ciclista que vemos en la foto ha dejado atrás, a su izquierda, la Facultad de Medicina y el Mercado de Abastos y pedalea frente a la Iglesia de San Agustín, al tiempo que nos permite contemplar la publicitaria fachada de Hijo de Miguel Mateu, empresa al servicio de la construcción: hierros, aceros, tubos, ... clavos de hierro, se lee.

martes, 24 de noviembre de 2015

EL FORN DE CANYA: "EL FORN DE BENICALAP"

El "Forn de Benicalap" de Manuel Benedito Vives (1897)

Ubicación

Se encontraba en la parte posterior de la Iglesia de San Roque en la plaza de la Virgen de Montiel. Flanqueando la escalera que da al templo se encontraba a la parte derecha. Formaban el espacio de su ubicación -siempre subiendo al templo- a la izquierda la alquería de los Mir llamada del "tio Rull", y había entre la alquería y el templo  un espacio (yo lo he visto como solar) pero que era la antigua “iglesieta“ de Benicalap. Frente al horno había un olivo centenario que estuvo hasta bien entrado los años ochenta, y un pequeño espacio que fue campo también de olivos. Oí de los mayores que a finales del siglo XIX y principios del XX, en el verano, acudían los feligreses de las alquerías para oír misa y que al no caber en la pequeña ”iglesieta“ se colocaban toldos para soportar el calor. El sacerdote que oficiaba venía en una “tartaneta” desde Valencia, ya que pertenecía en aquella época a la iglesia de San Bertomeu que estaba en la calle de Serranos (todavía está el campanario) que se derrumbó en la postguerra trasladándola como Colegiata a la avenida del Antiguo Reino de Valencia .

El Forn de Canya
  
Como he señalado estaba en la parte derecha de la subida de las escaleras de entrada en San Roque. Era un edificio rectangular que sobresalía de la línea de la iglesia unos treinta metros. Entrabas y en la parte izquierda había un mostrador de mármol donde se expendía el pan. Yo tendría unos ocho años y recuerdo que el mostrador para mí era muy alto, ya que tenía que apoyarme y con esfuerzo llegaba a recoger el pan y las sobras de dinero. Enfrente y entrando hacia dentro estaban unas mesas anchas  de madera, donde las mujeres del vecindario traían en unos lebreles la masa  que habían preparado en casa, y que envuelta en una mantita morellana daban forma al pan que se iba a cocer, redondo, alargado. Previamente enharinaban las “llandas”, colocaban la masa del pan, y el hornero, a pie de boca de horno, los metía dentro. Cerca de la boca del horno y encima de las mesas un palo lateral servía de apoyo a las distintas palas que el hornero usaba. Por la mañana y también por la tarde, traían  calabazas para asar, cacahuetes, boniatos... y sobre todo, a medio día, llegaban las cazuelas preparadas para hacer el arroz al horno de la comida. Eran un festín para la vista y las papilas olfativas cuando llegaban las fiestas y la celebración de los santos de las distintas casas. Todo venía preparado de casa, se colocaban en las “llandas” y se metían a hornear. Después cada cual celebraba y degustaba en las fiestas. El “forn” tenía en la parte derecha una escalera que daba a la parte superior donde estaban  las habitaciones de los propietarios. En esa parte habían unas ventanas que daban a un espacio donde se ubicaba, pared con pared, "casa Gracieta", a continuación la casa del párroco de Benicalap que lindaba con el “Portalet” y la "alquería de la Retora".



Plano de la zona

Era el horno más antiguo de Benicalap y la construcción podía ser muy bien de la misma época que los edificios laterales del conjunto. Los restantes hornos son de la postguerra: el “forn de Rosita” en el Camino Viejo de Burjasot,  antiguamente de Vicente Cifre y la Sra. Isabel que se trasladó a la actual "panadería Cifre" en el grupo Agrifersa de la avenida de Campanar; el “forn de España” en la calle Serratella y el “forn de la Tia Paca” y el de "las Rejas", ambos en la avenida de Burjasot.

Dulces que elaboraban

Tenían especial  fama “les malenetas de bizcocho, rosegons, almendraos, coques encaraes, panquemaos, coques en pases i  anous , coques de sachi...etc”.

Referencia al cuadro de Manuel Benedito del “Forn de Benicalap”

Recuerdo que lo que era la boca del horno, el soporte de las palas y las mesas ante el horno, están tal y como yo las retengo. También es exacto en la parte derecha del cuadro una ventana y una escalera que conducía al alcabor, el lugar donde se dejaba reposar la masa mezclada con la levadura para usarla al día siguiente. Los modelos son adaptados al cuadro. Hay que destacar que la chica lleva una cesta (sistella) que era muy frecuente su uso y que se confeccionaban con cañas.

Postdata

El horno se derrumbó para hacer una nueva edificación en los años setenta. A finales de los sesenta cesó la actividad trasladándose los últimos horneros al existente de la calle de las Comedias.


Texto y plano de Eduardo Donderis Folgado.

domingo, 22 de noviembre de 2015

PLATA MENESES

Archivo Rafael Solaz


1914 - La que fue muy popular Plata Meneses había adquirido en la segunda mitad del siglo XIX tal prestigio nacional que obtuvo en 1875 el título de Sociedad Proveedora de la Casa Real, por el que soñaban muchas de las firmas de mayor resonancia social de la época. Fundada en 1840 por Leoncio Meneses, dedicó su actividad al lucimiento de las mesas más granadas de la vida española, con sus productos de platería y cubertería de plata y alpaca plateada. Antes de que finalizara el siglo, Plata Meneses había conseguido su reconocimiento internacional, exportando a ultramar una lujosa orfebrería en la que también se había especializado, consolidando su prestigio con un Diploma de Honor en la Exposición Universal de Bruselas de 1910.

Centralizada en Madrid, tenía "casa" en Valencia, en la calle la Paz número 5, donde se publicitaba como "Gran Fábrica Nacional de objetos de metal blanco, bronce y otros metales" con más de 50.000 modelos diferentes. 

Para atender el mercado de la orfebrería religiosa, además de ofertar todo lo necesario para el culto divino, se ofrecía para el ornato en la construcción de altares, andas, tronos, carrozas, frontales, púlpitos, lámparas, ciriales... "cuantos objetos especiales puedan necesitarse".

En servicios de mesa para cafés, fondas y vapores, el Cubierto Plata Meneses, con su extenso surtido, había alcanzado justa y renombrada fama, y tal era, que le hacía estar presente en todos los establecimientos de la época, con uno u otro de sus productos.

Y en cuanto a objetos para regalo sus constantes novedades "y al alcance de todas las fortunas", hacían que su "casa" de la calle de la Paz fuese muy visitada por los valencianos, donde el "arreglo y plateado de cubiertos y demás objetos usados" era una tentación para mantener como nueva la cubertería familiar.

martes, 29 de septiembre de 2015

LA PAPELERA DE LA AVENIDA BURJASOT

Archivo Rafael Solaz

1934 Ca- Desde 1916 la Papelera Levantina de "Monllor, Crespo y Compañía, fue santo y seña de un trozo de la actual Avenida Burjasot, durante un tiempo conocida como de Adolfo Beltrán. Entre las muchas existentes en el entorno urbano de la ciudad, fue una de las que más y mejor resistió los diversos cambios producidos en el sector, una vez avanzada la segunda mitad del siglo XX. Amenazas de toda índole llevaron a la desaparición de las tres últimas compañías: la que nos ocupa, la Papelera Valenciana y la de Patuel S.A. del Camino de Algirós.

Recuerdo la Papelera Levantina caminando a lo largo de su enorme paredón durante casi dos décadas de mi juventud con su enorme chimenea.

Dice la crónica que en 1934 una fuerte tormenta acompañada de un formidable vendaval y durante un cuarto de hora puso en jaque a los vecinos de gran parte de la ciudad, especialmente a los de Marchalenes.

El viento derribó la chimenea de la Levantina en horario de trabajo con gran confusión para los empleados. El tejado de la nave de calderas se vino abajo, con un enorme destrozo en tuberías y válvulas, afectando también a la de trituración de trapos, donde milagrosamente dos operarios salvaron sus vidas. El vendaval se llevó quince metros de techumbre del almacén lanzados a gran distancia. Don Francisco Monllor, el dueño de la fábrica, recibió tal impresión que el pobre hombre enfermó, metiéndose en la cama. Ni que decir tiene que muchos otros edificios de la zona se vieron afectados; sin embargo y por fortuna, no hubo que lamentar ninguna desgracia personal.

Pero la anécdota, si como tal puede tratarse, que me obliga a prestar especial atención al caso, fue lo sucedido en el mismo Camino de Burjasot, en su número 96, razón del establecimiento de D. Juan Bautista Viñals, donde el viento arrancó una estantería que hizo saltar por el mostrador con daños de gran importancia. Un hijo del Sr. Viñals, de tres años de edad, resultó con ligeras heridas tras recibir un golpe en la cabeza ante el espanto de su hermano mayor.

El cartel publicitario de Papelera Levantina nos invita a estos recuerdos relatados en las crónicas de un papel que con seguridad tomó su forma en el interior de tan largo paredón.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

FELIPE CIMARRO, MAESTRO ZAPATERO VALENCIANO


Archivo Rafael Solaz

1869 - En la ciudad de Valencia y entre sus industrias más tradicionales cumplía lugar prominente la que secaba y curtia la piel de un pobre animal. Ya desde el siglo XIII se tienen referencias de la existencia gremial de quienes laboraban el cuero. Mediado el XIX existían 18 curtidurías y la ciudad era el gran centro de la provincia, que, de tal guisa, suministraba materia prima a la industria del calzado local y de Elda.

Tal era su importancia que el capital extranjero que había fijado su atención en la incipiente industrialización española invirtió en nuestra ciudad, como es el caso de un comerciante francés que en 1863 apostó por Felipe Cimarro Font, maestro zapatero valenciano.

Apuesta acertada pues unos años después, en 1867, en la Exposición de Productos Artísticos, Agrícolas e Industriales, auspiciada por la Sociedad Económica de Amigos del País, considerada como la primera Feria Regional de Valencia, instalada en el que fuera Convento de San Juan de Ribera situado en la proximidad de la Alameda, Felipe Cimarro consiguió una Medalla de Cobre.

Vemos la cuidada presentación utilizada por Felipe Cimarro como cabecera de sus facturas, Industria que le procuró muy buenos beneficios.

martes, 7 de abril de 2015

LA FÁBRICA DEL GAS

1930 fabrica gas lebon
Archivo de Rafael Solaz

1930 - Con el abandono de las viejas instalaciones de la calle Colón, donde funcionaron desde la implantación del servicio a la ciudad en el año 1844, los depósitos de gas dejaron su impronta entre los caminos Viejo y Hondo del Grao, en una zona que se caracterizó por su utilización industrial que había ido extendiéndose hacia la marginal izquierda del río Turia.

La frondosa arboleda a la izquierda indica el "Camí al Grao" cuyo alrededor iba poblándose dejando en el olvido el sabor huertano que lo envolvía.

La fábrica de gas se muestra al completo con sus diversas estancias, donde el carbón de hulla era la materia prima en un proceso de destilación dirigido a llenar los almacenamientos, aptos para la demanda que la sociedad valenciana exigía.

Depósitos de gas que tanto en el momento de su instalación como al final de su cometido, por dos veces, cambiarían de forma sustancial el aspecto de la zona.

El Gas Lebón, más de un siglo al servicio del alumbrado y del hornillo.

¡Luz y lumbre!

domingo, 25 de enero de 2015

ABANICOS CARBONELL, VARILLAS DE ARTE


AÑOS 20 ABANICOS CARBONELL san vicente 58

En la Valencia del ochocientos la incipiente burguesía,  a ritmo lento, buscaba su acomodo pese a los sucesivos cambios políticos que no hacían más que frenar un avance industrial llamado a germinar en una clase media que acortara la distancia piramidal propia del antiguo régimen.

La industria del abanico tenía un reconocimiento ganado a pulso. El necesario para ajustar unas varitas de peral que a su apertura mostraran sobre tela o papel, toda la belleza y gracia propias de la sensibilidad y buen gusto de sus artesanos.

Porque Valencia los tenía. Y entre sus numerosos talleres iba a destacar el de Abanicos Carbonell que ha llegado hasta nuestros días situado en la calle Castellón núm. 21, local inaugurado en el año 1941. Con anterioridad la fábrica estuvo un tiempo en la calle Sevilla.

abanicos carbonell-tarjeta

Iniciada su andadura en años prerrevolucionarios, abrió sus puertas en 1864 en la calle amurallada de Guillén de Castro, 136.  Pese a las dificultades, mantuvo el garbo de sus varillas para fijar una nueva ubicación en el centro de la ciudad, "ensartando" su nueva red comercial dado el éxito obtenido, mediante otras sedes en lugares estratégicos: Gran Vía núm. 14 y en los años treinta María Cristina núm. 4 hasta 1991. Tiendas que iban a refrescar Valencia aventando el arte.

La foto de los años veinte de la calle San Vicente en un día festivo nos muestra en el balcón la exquisitez de su ornato que como no podía ser de otra manera, viste de abanico.

Fuente: Abanicos Carbonell

viernes, 4 de julio de 2014

GRUPO DE EMPLEADOS DE TABACALERA S.A.

Empleados de Tabacalera, Valencia. Años 50
Archivo de Rafael Solaz

Años 50 - Después de que el edificio formara parte de la Exposición Regional de 1909 y Nacional de 1910, y se adaptara su interior para la industria del cigarrillo y puro, hasta entonces ejecutada en el viejo Palacio de la Aduana de la Glorieta, la nueva fábrica de tabaco de la calle Amadeo de Saboya inició su actividad en 1914.

En sus naves se continuó con la elaboración de cigarrillos entre los que destacaban por su mayor consumo, los de “Ideales al cuadrado” popularmente conocidos como “de caldo de gallina” que se liaban a mano tras pasar la lengua por su canto engomado, las cajetillas de tabaco rubio Bisonte, los sufridos Ideales con sus tronquitos incrustados y de bajo coste, al igual que las cajetillas de Diana, Celtas y los cigarros Farias de gran reconocimiento popular. Producción que desde la década de los años veinte, se suministraba de la huerta de Valencia y de otras poblaciones cercanas, como las de Picassent, de Albal y de la zona de la Costera, entre otras, toda vez que la importación de hojas había sufrido un fuerte descenso.

En la foto de los años cincuenta un grupo de uniformados empleados posa ante la cámara, y nos recuerda “la Central del Fumador” y su teléfono de cinco cifras en su cartel publicitario.

miércoles, 21 de mayo de 2014

LA MAQUINISTA VALENCIANA, LA “REVOLUCIÓN INDUSTRIAL” EN LA CIUDAD

sala de tornos de la maquinistas valenciana  fuente alvarez rubio

Sala de tornos de La Maquinista Valenciana – Fuente: Álvarez Rubio

Ca. 1890 - La revolución industrial en Gran Bretaña, que se había iniciado lentamente ya avanzado el siglo XVII, no fue fruto de una estrategia previamente diseñada, sino por la espontanea coincidencia en el tiempo y lugar de una serie de circunstancias concatenadas que la hicieron posible, enmarcadas  en lo político, lo social y lo geológico, así como con el viento a su favor de las nuevas tecnologías y con su geografía fluvial favorable. 

Sus efectos tardaron en llegar al continente, y aún mucho más tardíamente a España, donde el convulso siglo XIX hacia de barrera infranqueable. 

Sin embargo, su empuje encontró resquicios por donde penetrar, y tras la Restauración, estos vientos favorecieron unos frutos que se exhibieron en Valencia años más tarde con la Exposición Regional de 1909, que iba a significar de forma clara un antes y un después en el nuevo tejido social de la industria manufacturera valenciana, que había buscado y encontrado su espacio en la sociedad agrícola hasta entonces imperante, en donde "La Maquinista Valenciana" fue una referencia relevante.

miércoles, 30 de abril de 2014

MARTÍNEZ Y ORTS, YA CENTENARIA.

Fábrica de lámparas Martínez y Orts. 1919

Archivo de Rafael Solaz

1919 - La fábrica de lámparas Martínez y Orts S.A que vence al paso del tiempo en su ya más que centenaria vida, fue fundada en 1905 situados sus talleres entonces en la calle Lepanto 27.
martinez y orts EXP 1909

En la Exposición Regional de 1909 tuvo pabellón propio y la entrada en funcionamiento de la electricidad en las viviendas contribuyó en gran medida a su crecimiento.

En su artesanal taller cobraron vida luminarias de gas y de electricidad; el bronce adoptaba nuevas formas y dibujos que al tiempo que decoraban los hogares, les daban la necesaria luz para que en las cortas tardes de invierno la penumbra pasara al olvido. Mano de obra numerosa con destellos de fundición, y aleaciones de cobre y estaño en busca del dorado, tal y como nos muestra la foto de 1919. Y aún la tenemos, en la Gran Vía Fernando el Católico con sus lámparas de araña.

lunes, 24 de marzo de 2014

VALENCIA, CAPITAL DE LA GUITARRA MODERNA

Guitarra valenciana_1919 teleforo julve

1919 – FÁBRICA DE GUITARRAS

1919 - En la historia de la guitarra moderna, la producción mundial no puede entenderse sin otorgar a Valencia la importancia que se merece. Para calcular su aportación, baste el dato que durante más de un siglo, desde mediados del siglo XIX, hasta el último tercio del XX, se conocen más de doscientos artesanos de cuyas manos surgieron guitarras que abastecieron al mundo entero. Y es en este periodo cuando se puede decir sin retórica alguna, que Valencia fue la capital de la guitarra moderna, tanto en cuanto en un radio de acción de diez kilómetros de la ciudad de Valencia, fueron estableciéndose los diferentes talleres con su contribución musical, en análoga manera a que de las bandas musicales de la Comunidad Valenciana se han ido nutriendo las más importantes orquestas musicales.
Guitarra valenciana_Cantaora Pepica Bayona Gomis La Bayona. Ca. 1915
 
Entre los que más reconocimiento tuvieron fueron Salvador Ibañez y Telesforo Julve, de cuyos talleres salieron los aprendices que tanto contribuyeron a expandir la profesión.  Sin desdeñar a Pau y Lisard y Sentchordi, anteriores en los años. Al igual que los hermanos Ricardo y Vicente Sanchis, por separado, también de gran prestigio. Para demostrar la importancia que tuvieron en la época cabe destacar que incluso José Ramírez I, el padre de la famosa saga de  guitarreros madrileños, se suministraba en los años veinte de talleres valencianos.



Pepita Bayona Gomis, la  Bayona 
Archivo de Rafael Solaz  - 1915

Guitarra valencianana_ El fabricante de guitarras Agustí Gaspar y Estrella Guzmán. Arxiu Rafael Sena i Guzman. 1942
1942 – Agustí Gaspar y Estrella Guzmán
Fabricante de guitarras valenciano
Archivo de Rafael Solaz

la guitarra valenciana_laurent_benlliure
Foto de J. Laurent, lienzo de José Benlliure
Siglo XIX


Fuente: Ton Bogaard y The Vihuela de Mano and the Spanish Guitar.

miércoles, 5 de febrero de 2014

LAS CIGARRERAS, DUEÑAS DE SU VIDA.

Tabacalera_Interior de la antigua Tabacalera. 1931

Archivo de Rafael Solaz

En esta fotografía de la Fábrica de Tabacos de Valencia, realizada en el año 1931, podemos ver como posan orgullosas las empleadas de la fábrica. Y no es para menos, porque el oficio de cigarrera fue el primero en tener los mismos derechos que los hombres en el mundo laboral. 

Su oficio fue tan importante hasta el punto que esas mujeres consiguieron tener Casas de Lactancia, una especie de las actuales guarderías, en la fábrica para que atendieran a sus pequeños, mientras ellas trabajaban entre siete a catorce horas diarias, dependiendo de la duración de la jornada laboral a las que eran sometidas por los capataces de la fábrica. Pero todo sacrifico no venía en balde, ya que su sueldo era muy envidiado, y además otorgaba cierta independencia económica para la mujer, todo un adelanto para la época. Ya que podían vivir libremente, sin estar sometidas o bajo la dependencia de un hombre, eran dueñas de su vida. 

Desgraciadamente el oficio de las cigarreras desapareció con la Industrialización y las maquinas. Pero para los nostálgicos, pueden leer la novela “Carmen” de Prosper Mérimée, donde la gitana protagonista es una cigarrera de la Fábrica de Tabaco de Sevilla, y seguro que la disfrutaran aún más si acompañan la lectura con un buen cigarro. 

Texto: Isabel Balensiya


jueves, 19 de diciembre de 2013

DE MACOSA A VOSSLOH

MACOSA.-calle San Vicente Mártir.Nave construcción locomotoras diesel electricas 1900._1965

1965 - A los cincuenta años de vigencia de la valenciana DEVÍS siguieron los 42 años de la española MACOSA (Material y Construcciones S.A.), empresa que en 1991 fue adquirida por la francesa Gec Alsthom, en una época de integración en grandes multinacionales ferroviarias. Finalmente en 2005 Alsthom, por crisis económica de su empresa matriz, vendió la factoría de Albuixech a la alemana Vossloh, que con éxito en España y en otros países, continúa fabricando bogies (carretones), locomotoras y trenes eléctricos, diesel y duales (electrodiesel).
Relatar lo que representó Macosa como continuadora de Devís en la industria ferroviaria española, con su enorme importancia para ayudar a la modernización de los ferrocarriles españoles y exportar a otros países, sería un largo comentario. En los años sesenta del pasado siglo construyeron las locomotoras diesel-eléctricas, conocidas como serie 1900, que en tierras valencianas sustituyeron, principalmente, a las de vapor; en 1982 los automotores diesel que aún circulan en buen estado de conservación por algunas líneas españolas y en 1987 parte de las primeros trenes-unidad eléctricos para el metro de Valencia.
Macosa era en 1970 la segunda empresa española más exportadora de material ferroviario. Incluso ayudó a empresas norteamericanas a cumplir pedidos, lo que dice mucho de su nivel técnico. En la foto de 1965, vemos la nave de montaje con locomotoras serie 1900 RENFE. 

Texto: Esteban Gonzalo Rogel


martes, 17 de diciembre de 2013

LA VIEJA FÁBRICA DE TABACOS

fabrica de tabacos 1905

Ca. 1905 - Desde 1763 el edificio de la Glorieta, en la actualidad sede del Palacio de Justicia, cumplía con sus funciones de Aduana bajo el reinado de Carlos III para cuyo fin fue construido. Pero al cesar en esta actividad en 1828 y dado el incremento del consumo de tabaco que se estaba produciendo en España, se tomó la decisión de que tan suntuoso edificio diera cobijo a la Fábrica de Tabacos. Hasta entonces nuestra ciudad contaba con dos casas para este cometido: una situada muy próxima a la plaza de la Compañía y otra a la de Porxets, sin poder determinar el sitio exacto de ambas.

Las funciones de la nueva fábrica de tabaco se repartían entre su planta baja, entresuelo, principal, segundo y buhardillas. El piso principal era el de mayor superficie, y en él se albergaba el Administrador General de Rentas, la Contaduría de Tabacos y demás funciones administrativas, mientras que en el bajo y entresuelo estaban situados las máquinas de picar, los talleres de empaquetadura y desvenado, almacenes de distribución, máquinas de vapor, generadores y otros servicios. Su funcionamiento daba trabajo a 3.500 mujeres y 50 hombres a mediados de siglo XIX. La producción giraba en torno a cuatro talleres: de cigarros, de cigarrillos, de picadura y de desvenado. 

Conforme avanzaba el siglo se produjeron enfrentamientos entre la dirección y el ayuntamiento, motivados por la inquietud vecinal ante la insalubridad que producía el humo por la quema diaria de vena, la proximidad de la fábrica de gas y el riesgo de incendios, tal y como sucedió en 1895 cuando se produjo un fuego que ocasionó importantes daños en el lateral recayente a la calle Colón. 

Éste percance unido a la necesidad de un mayor espacio para sus trabajos, el entorno urbanístico una vez abierta la calle de la Paz, la Glorieta enfrente y la majestuosidad del edificio más apropiado para otros fines, hicieron que se tomara la decisión de su traslado en 1914 a otro de mayores dimensiones que había sido utilizado de forma temporal para la Exposición Regional de 1909 y Nacional de 1910, situado en la actual calle Amadeo de Saboya, que había sido mandado construir para la industria del tabaco. 

La foto de la primera década del siglo XX nos muestra el aspecto del palacio en su parte central, con su portada e indicación de cuál era su uso.

martes, 10 de diciembre de 2013

TALLERES DEVÍS Y NOGUERA (MACOSA)

talleres devis y noguera 1925

1925 - La multinacional Vossloh, con factoría en el polígono industrial de Albuixech, es la última continuadora de la industria de calderería gruesa que en 1897 montaron Miguel Devís Pérez y José Noguera Chuliá en Marchalenes, en el km. 352 de la entonces carretera de Madrid a Castellón (actual calle Arzobispo Fabián y Fuero de Valencia). Supieron aprovechar una época con pujante cultivo de naranjos, también arroz, que estaba necesitada de ingenios para la elevación de aguas para riegos y drenaje, y el escaparate que representó la Exposición Regional de 1909 para comenzar a diversificar la producción de equipos industriales.
Como tras varias ampliaciones eran insuficientes las instalaciones buscaron nueva ubicación en la carretera de Casas del Campillo a Valencia –después Camino Real de Madrid y actual calle San Vicente Mártir- que, además, permitiera conexiones con los ferrocarriles de vía ancha y estrecha para ampliar el negocio. Las obras de las primeras naves concluyeron en 1925, vendieron al Ayuntamiento de Valencia el viejo taller de Marchalenes y comenzaron su expansión en la construcción y reparación de material ferroviario.
A un periodo de gran actividad hasta 1931 sucedieron altibajos, por diversas causas, hasta la fusión el 31 de diciembre de 1947 de Construcciones Devís, última denominación de la empresa familiar, con Material para Ferrocarriles y Construcciones S.A. de Barcelona y constituir MACOSA (Material y Construcciones S.A.) con sede social y oficinas centrales en Madrid y factorías en Alcázar de San Juan (Ciudad Real), Valencia y Poble Nou (Barcelona).

Texto: Esteban Gonzalo Rogel


viernes, 8 de noviembre de 2013

FÁBRICA “LA CERAMO”

la ceramo 1905_jose huguet
Fuente – José Huguet

1905 - La fábrica de cerámica fue construida en 1885 por su propietario Josep Ros Furió para la producción especializada de cerámica tradicional valenciana, y, particularmente, en la recuperación de las viejas técnicas artesanales, en ellas, la de los alfares musulmanes de reflejo metálico.

El edificio fue decorado a la manera oriental, incluyendo piezas ornamentales elaboradas en la propia fábrica. La portada, en arco de medio punto, se decoró con mocárabes, yeserías nazaríes, columnillas con motivos neoegipcios y dos torrecillas de traza gótica. En su composición se integró una placa con los nombres de la fábrica, la actividad y su propietario. Sobre ésta, simplificado, el escudo de la ciudad y otra placa con inscripción, al parecer, en árabe.

Sus instalaciones siguieron el modelo de casa-factoría de la primera industrialización valenciana donde se distinguieron dos zonas: la residencial o doméstica, donde se localizaban las viviendas de los propietarios, y la zona de producción. En el caso de “La Ceramo” esta última zona comprende las siguiente áreas: el patio, debajo del cual se localizaba la cisterna; las balsas para decantación y limpieza del barro; la nave de obrador-almacén-laboratorio; la nave de trasiego de piezas para su cocción y posterior selección; los hornos, tres para cocción normal y uno para reflejos metálicos, construidos en mampostería y ladrillo macizo; y la leñera, ubicada en la parte trasera, con acceso directo a la calle, y, mediante una escalera de caracol, a la cubierta de los hornos, lo que permitía la regulación manual del tiro de las chimeneas durante el proceso de cocción.

Tal fue la importancia de la fábrica que muchas de sus piezas decoran todavía hoy algunos edificios valencianos más emblemáticos del siglo pasado y principios de este, como la Estación del Norte, Mercado de Colón, Mercado Central y Ayuntamiento de Valencia. Piezas que fueron pintadas por las laboriosas de manos de muchas mujeres, como las que se ven en la imagen, que durante generaciones dieron color a esa cerámica, que caprichosa, no solo daba de vivir a esas mujeres e hijos, sino que también se cobraba vidas por la lamentable enfermedad de la silicosis.

Texto – Isabel Balensiya

Fuente - Área Urbanismo del Ayuntamiento de Valencia

lunes, 4 de noviembre de 2013

LA MAQUINISTA VALENCIANA

la maquinista valenciana_estatua rey don jaime 1891

1891 - El proceso de obras y mejora urbanas de Valencia del siglo XIX, tanto referido a obras públicas como al desarrollo de las reedificaciones y a la multiplicación de las construcciones nuevas, contribuyó también a incrementar los pedidos de cierto tipo de productos propios de la industria metalúrgica. La industria del metal arranca con la cerrajería, manteniendo su carácter artesanal a principios de siglo y no perdiéndose a lo largo de la centuria. Ya que este sector carecía de una tradición previa y comienza a configurarse a partir de la década de los cuarenta. 

Y es a partir de 1849 cuando esta fundición conocida como la Primitiva Valenciana, amplia el capital y los socios capitalistas: Valero Cases como director técnico y Cleofás Cano como contable. Entre 1850 y 1860 el progreso de la empresa fue espectacular, hasta el punto que hubo que ir contratando más especialistas en fundición para poder atender el incremento del negocio. En septiembre de 1870 Valero Cases se convirtió en el único propietario; es el momento en que contrata a Francisco Climent como director técnico y a Miguel Alcalá como administrador–contable. Estos dos a la muerte del propietario de la Primitiva Valenciana en 1879 intentan crear una sociedad con la viuda de Cases. No obstante tal sociedad no llegó a cuajar, y en 1880 se creó una nueva Climent-Alcalá y con un nuevo nombre para la fábrica: La Maquinista Valenciana.

En 1884 esta empresa realizaría la primera locomotora de vapor fabricada totalmente en España.Y en 1889 la sociedad se disolvió y Francisco Climent se quedó como único propietario de los talleres. La Maquinista Valenciana fue famosa por las maquinas a vapor sistema Corliss, tipo Wheenock y Wanniek. También se especializó en la construcción de todo tipo de maquinaria para la industria del tabaco, utilizando el modelo patentado de esta empresa “DuplexCliment” que fabricaba cigarrillos mecánicamente con picadura al cuadrado; igualmente destacó en la construcción de puentes y obras artísticas como las estatuas del rey Jaime I, en Valencia y en Castellón. Así mismo esta empresa familiar no sólo trató de reflejar aspectos como lo público y lo económico, sino también relaciones sociales y políticas como pudo ser la visita del rey Alfonso XIII a la Maquinista Valenciana en el año 1905.

De su fundición, tal y como vemos en la foto, salió la estatua de Jaime I hacia el Parterre para su inauguración en el año 1891 realizada por Agapito Vallmitjana.

Texto: Isabel Balensiya

viernes, 20 de septiembre de 2013

EL CARRO DE HIELO

carro de hielo ca 1955

Ca 1955 - Los refrigeradores domésticos, popularmente conocidos como neveras, deben este nombre a que en su origen estaban alimentados por la nieve que era almacenada en su interior. 

En el siglo XVIII se inventó la primera máquina frigorífica, pero tendría que pasar más de un siglo para que se incorporasen para su uso al ámbito familiar, concretamente en 1927 y de la mano de General Electric. 

Hasta entonces prestaban su servicio las neveras gracias a las barras de hielo que se introducían en el compartimento adecuado para lograr las necesarias temperaturas para una mejor conservación de los alimentos. 

Ello supuso que en todas las poblaciones existieran fábricas de hielo con una fuerte demanda de las típicas “barras de hielo” que también daban su servicio tanto en bares como en campos de fútbol y cosos taurinos. 

En España fueron utilizadas hasta los años 50, cuando hizo acto de presencia el frigorífico eléctrico desplazando el mercado de las barras de hielo a otros ámbitos. 

Vemos el popular carro que en su ruta diaria atendía las peticiones de su clientela.