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sábado, 27 de mayo de 2023

POR PRIMERA VEZ L A MUJER ANTE LAS URNAS

Hoy sábado estamos en “jornada de reflexión” ante unas elecciones dobles, autonómicas por una parte y municipales por otra, con múltiples colegios electorales esparcidos por toda la ciudad, donde los electores valencianos acudirán mañana a depositar su voto.

Y en esta “salsa” tenemos una foto de hace casi noventa años, cuando en tiempos de la II República durante el mes de noviembre de 1933, pero entonces en ocasión de unas “elecciones generales” establecidas para completar el hemiciclo del Congreso de los Diputados como Cámara Baja de las Cortes Generales. 

Vemos en la foto la larga cola sita en la plaza de San Esteban que se dirige hacia el interior del Conservatorio de Música donde estaba la urna dispuesta para los electores en aquella jornada dominical.


La noticia más singular era el hecho de que por primera vez se permitía el voto de la mujer española, que acudió en masa a su cita electoral, lo que supuso el triunfo de la derecha posibilitando su acción de gobierno.

No fue una jornada tranquila, pues la presencia de alborotadores para dificultar el ejercicio del derecho al voto se vio logrado mediante la rotura de las urnas en diversas mesas.

Una de ellas fue, precisamente, la que nos ocupa frente a la Iglesia de San Esteban, entre otras más, instaladas en lugares de las calles del Grabador Esteve, Samaniego, Milagro, Palau, Mar, dos en Ruzafa y en las localidades de Carpesa, Bonrepós, Casas de Bárcena, Paiporta. 

Dicen las crónicas que todo “acompañado de tumulto, de palabras gruesas, con pistolas al aire y bastantes bastonazos y bofetadas….con “el caso de que las urnas rotas pertenecían a secciones donde las derechas tenía mayoría”


Entre muchos sucesos para dificultar la acción del voto, el único caso luctuoso en la provincia de Valencia se produjo en Torrente, con la muerte de una persona por un disparo en la frente, resultando otros heridos.

martes, 23 de junio de 2020

BLASCO ANTE SU PERIODICO

Archivo Municipal (1933)

Con veintisiete años Vicente Blasco Ibáñez tuvo la necesidad de fundar un periódico, en su inicio, para difundir mejor sus ideas revolucionarias con el deseo de influir en la indefensa clase popular, al tiempo que él mismo y con sus arrebatos anticlericales, se enfrentaba a la clase dirigente de la ciudad, que ante sus soflamas, las purgaba por un tiempo encerrado en la cárcel de San Gregorio, antiguo convento de las "arrepentidas", al igual que fuera "invitado" al destierro madrileño en 1897, cuando su periódico iba para su tercer año de vida.

En Madrid conoció a Soriano, un  personaje de ideario fuerista, adinerado, con el que trabó buena amistad que se fraguó en el mundo intelectual capitalino, viéndose reforzada poco después cuando por la penuria que atravesaba el diario blasquista El Pueblo, Rodrigo Soriano aportó la ayuda económica que necesitaba. Ya no compartían sólo objetivos políticos en su lucha contra la monarquía, se habían convertido en socios, fortaleciendo una amistad que, en su consecuencia, Soriano se vería facilitado para su condición de Diputado por Valencia desde 1901. ¿Amistad ficticia? 

Como era de esperar, todo se torció con la total ruptura entre ambos por la publicación por parte de Soriano, en 1903, en las páginas del mismo periódico de un artículo titulado "Revolucionarios de entretiempo" que llevaba su firma. Pólvora... pero no de traca.

El enfrentamiento entre blasquistas y sorianistas estaba servido y las calles de Valencia supieron de duros enfrentamientos entre las dos facciones, que tuvo su punto más caliente con un recurso muy propio de aquellos años: el duelo.

Pero Soriano y Blasco alzaron sus pistolas y sus disparos se perdieron en el aire, cual gesto de excéntricos caballeros que guardaban su honor. 

El periódico El Pueblo, manteniendo su ideario republicano, fue adaptándose a las exigencias periodísticas para mantener su cuota en la ciudad, que no era poca.

Pasó más de un tercio del siglo y en 1933 en su último viaje al Cementerio General de su ciudad, los restos del revolucionario anticlerical, político, aventurero, escritor universal, cronista apocalíptico de éxito a través de la cinematografía, que habían salido de su residencia dorada de Mentón, de su Villa Fontana Rosa, en su recorrido por la ciudad, se detuvieron por un momento en la calle Juan de Austria ante su periódico. 

En cuyo taller de imprenta se dio el fogonazo de aquel duelo caballeresco. ¿Lo recordaría Blasco?

Y el gentío llenando la calle, blasquistas todos.

miércoles, 17 de junio de 2020

DE MENTON A SU TIERRA

Archivo Municipal

Había citado probablemente lo que podía ser su epitafio: “El valor del tiempo está en relación con las facultades del que observa. Los días de viaje de algunos valen más que los años de otros”

El 29 de octubre de 1933, el buque insignia de la armada española, el acorazado Jaime I, junto a los barcos Churruca y Alcalá Galiano devuelven a su tierra natal a Don Vicente Blasco Ibáñez.

Era su deseo y así lo hizo público, volver a su tierra después de muerto, porque así la sentía, porque  no podía ser de otra manera. Sería muy bonito pensar que desde el momento que salía del puerto de Mentón y a través de toda la travesía, los recuerdos iban discurriendo en su mente. 


Los de su madre Ramona, estaban dándole la vida en una modesta casa de Jabonería Nueva, como la emoción de su padre Gaspar al ver a su hijo varón. 

Ese día la tienda de comestibles estaba cerrada. Le haría recordar lo bien que se lo pasaba jugando sobre los sacos de arroz y de azúcar en la trastienda, los gritos de los afiladores entre tiendas modestas y las mujeres con sus cestas que pasaban hacia el mercado. Los muchos de ellos que se convirtieron en votantes de su partido republicano populista años después. A una tía de su madre, Vicenta y el chalet de la Alameda, en el que servía en casa de Mariano de Cabrerizo, editor y político revolucionario, al que todas las tardes de  verano le llevaban y donde entre las gallinas de la huerta le fue inoculando el germen de la política.


Archivo Municipal

Esa juventud que tras estudiar Derecho fue a Madrid  y que una tarde dio la casualidad que entró en el Café de Zaragoza de la calle Atocha y estaba allí Manuel Fernández y González; se acerca a él, le muestra su admiración por la novela folletinesca, no dudando su ofrecimiento como ayudante, a tanto la página. Su recuerdo como agitador de masas en mítines republicanos, del exilio en Francia, de que a los veintiocho años fundó su diario El Pueblo, la huída a Italia disfrazado de marinero, sus viajes a Buenos Aires, a París, a la Costa Azul... Algo tenía Mentón.

Llegaban al puerto a las nueve de la mañana y a las diez desembarcaban el féretro en el muelle de Poniente, lo recibieron veinte mil palomas. 

Archivo Municipal

Marineros valencianos lo llevaron hasta la avenida del Puerto donde sobre sus hombros los relevaron grupos de hombres pertenecientes al partido que Blasco fundó. Puente de Aragón, avenida Navarro Reverter, calle Colón, calle Játiva, avenida Nicolás Salmerón, plaza Emilio Castelar, avenida Blasco Ibáñez, Avenida Pablo Iglesias, plaza del Mercado y llegó a la Lonja, Su capilla ardiente estaba preparada en el salón columnario. A las diez de la mañana del día 5 antes de que el cementerio de Valencia recibiera sus restos, pasó por su casa natalicia y por la redacción de su diario El Pueblo.

Cinco años antes


Se había sentido enfermo el viernes. Hasta el jueves por la tarde, aunque cansado, hizo vida normal, convaleciente de una gripe que se había traído de París. El sábado fue preciso convocar una reunión de médicos. Blasco delira. Los movimientos de sus manos parecen acompañar una conversación imaginaria, palabras de sus novelas, personajes imaginarios  que reviven en su memoria de lector infatigable o creados por su fantasía.

 “¿Veis la carabela?, yo la veo, con sus velas llenas de viento”. Es la una de la madrugada y llegan sus hijos, Mario y Sigfrido. Están cansados, el viaje desde España ha sido pesado y se retiran a descansar. Las enfermeras y Elena quedan velándolo. Son las tres de la madrugada, unas palabras incoherentes alarman a las mujeres y hay que avisar a los hijos. Está haciendo un esfuerzo para incorporarse, pero cae pesadamente sobre el lecho. Otro pequeño esfuerzo, esa vez más débil, y su cabeza cae dulcemente sobre el hombro de Casilda, gran amiga. Eran las tres y media de la mañana del día que debía cumplir sesenta y un años, día 28 de enero de 1928.
Archivo Municipal 

El féretro en la biblioteca de su casa de Mentón, uno de los doce edificios que encierra la finca Fontana Rosa, donde tantos recuerdos de su patria guardaban y quedó su vida para siempre. Preside la bandera de España junto a la chilena, por ser patria de su compañera inseparable, la musa, amiga y camarada. Unas macetas de su jardín rodeando el féretro, y quizás en algún momento el tenue sonido de Wagner ya que es un gran amante de la música y en concreto este le cautiva.

Es martes por la mañana, son las diez horas. Envuelto en la Senyera valenciana va a ser inhumado, como fue su deseo. Una comisión desde  Valencia trae la bandera.

Durante todo el día de ayer las muestras de cariño hacia el novelista en su ciudad natal fueron evidentes. Un continuo desfile en la "Casa de la Democracia" para firmar el pliego de pésame. Ante la casa donde nació también se formaron grandes colas, así como también en el chaflán de la calle Flor de Mayo, la multitud iba colocando coronas de flores en la lápida conmemorativa de su nacimiento. 

Archivo Municipal

Numerosas personas, en su mayoría obreros, ensalzaban la figura del novelista. Coronas y coronas que se enviaban a Mentón. Y allí quedó durante los siguientes cinco años.

Texto de Amparo Zalve Polo

martes, 19 de noviembre de 2019

LA "FUENTE DE LAS FLORISTAS" DEL SUBSUELO AL LLANO DE ZADÍA


Archivo Municipal

1933. En el centro de la plaza había un espacio subterráneo destinado a los floristas.

Sobre la plataforma de Goerlich, quedaba bien definida la forma triangular de la plaza Emilio Castelar. En cada esquina, una fuente representando a las tres provincias de la región. Un gran óculo o tragaluz, que vulgarmente se llamaba “la escupidera”, al norte de la plataforma que se asomaba al Mercado de las Flores. Llenaban el interior del espacio columnas y una fuente.

Los puestos fueron recibidos por las floristas, y tras unos pocos años, en 1944, se marcharon del húmedo subsuelo. Los quioscos de flores volvieron a la superficie, y en 1961 dio su adiós la plataforma de Goerlich.


1961 - Colección Aparici Gabarda

El desmantelamiento del Mercado de las Flores se realizó con sumo cuidado, ya que el valor patrimonial es importante y había que reutilizar arquitectónicamente, y en algún momento, todos los restos. Para ello se enumeraron las piedras y se transportaron las piezas ornamentales, como farolas, los bancos de piedra, las columnas y demás restos al almacén municipal, sin antes ser inventariados y añadidos a los archivos del Servicio del Patrimonio.

Piedras que se encuentran en reconstrucción de aceras alrededor de las Torres de Serranos y Quart, en obras de mejora del Monasterio del Puig, en la iglesia de San Pascual Baylón, en la restauración del monumento a Sorolla, entre otros lugares.
Fotoplano 1973

“La fuente de las floristas” se instaló definitivamente en la calle Llano de Zaidía.

Texto de Amparo Zalve Polo

viernes, 29 de marzo de 2019

LOS TRANVÍAS TIPO 300


Circulación por la Glorieta del coche 300. 
Ferrocarriles y tranvías, nº 27, 1933

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES TRANVIARIAS
 
Desconocidos para casi todos nosotros, se presenta en València el 30 de marzo de 1933 por la Compañía de Tranvías y Ferrocarriles de Valencia (CTFV) un nuevo coche motor, que llevaba el número 300.

Como se aprecia en la foto este revolucionario tranvía es más largo que todos los anteriores y está dotado de bogies o carretones, las plataformas son igual de amplias que las de la anterior nueva serie, los 200, dado el gran éxito que ha tenido esta novedad entre los usuarios, al poder permitir que un buen número de pasajeros montaran rápidamente al tranvía. También comprobamos que había dos troles, uno en cada lateral, todavía flojeaba la instalación de bucles de retorno en los finales de trayecto. Además estaba dotado de freno por aire comprimido y sus ruedas eran macizas, o sea sin radios lo que le daba un suave y agradable sonido de rodadura por las vías. Lo único anticuado que conservaban estos tranvías era desgraciadamente la carrocería de madera.

Disponían de nueve ventanillas laterales más una en cada plataforma y podían sentarse hasta 34 pasajeros. Se favorecía la comodidad del pasajero sentado ante el que iba de pie en las plataformas, ya que no se permitía estar parado en la zona interior del tranvía. En cuanto al número 300 del tranvía (es muy extraño que no fuese el 301) y la presencia de unos bogies con un aspecto muy ferroviario (quizá provenientes de algún motor del trenet) me atrevo a pensar en una presentación de la nueva serie, pero que empezó a rodar algunos meses más tarde, quizá poco antes de abrir al tráfico el nuevo puente de Aragón ya que este modelo iba a ser inicialmente utilizado solamente en los servicios al Grao y Cabañal, por cierto el más rentable y mimado por la CTFV.

Esta serie alcanzó las 17 unidades y a partir de 1945 pasó a engrosar la serie tipo 400 tras ser dotados de puertas de acceso, haberse transformado a unidireccionales y modificar su interior. El aspecto de su interior era el de la foto siguiente. 


Interior de un coche tipo 300. 
Foto archivo Diputación Provincial de Zaragoza.

Por su aspecto afilado para poder cruzarse entre ellos en las cerradas curvas de València estos coches “disfrutaron” por parte del público de un curioso apodo, se les llamó los mastabas por su gran parecido a una tumba egipcia que exponía en su entrada una conocida funeraria situada en la calle de Colón, cuyo nombre era, efectivamente, La Mastaba. 

 Texto de Enrique Goñi Igual

sábado, 30 de diciembre de 2017

MONUMENTO A SOROLLA, DIEZ AÑOS PARA SU EJECUCIÓN

Archivo Municipal

En septiembre de 1927 el vespertino La Correspondencia salía el paso de una crítica de Pío Baroja, irrespetuosa decía, hacia la pintura de Joaquín Sorolla para con ello dar urgencia a la construcción del monumento que tras su muerte en 1923 el Círculo de Bellas Artes puso en marcha y que la alcaldía de Luis Oliag había acordado su instalación en la Malvarrosa en base a un busto en mármol que Mariano Benlliure había donado en 1924. 

El mismo diario en el mes de marzo de 1928, anunciaba al contraste con la ciudad de Sevilla que había levantado un monumento al pintor de la luz, mientras que en  Valencia “aún estamos en ello”, entre habladurías más o menos convincentes.

Pasados unos años, en 1931, en el mes de febrero, se nombró una Junta Municipal para su construcción con la promesa de la mayor rapidez. En julio, con la II República en marcha, el Círculo de Bellas Artes dirigió un escrito al Ayuntamiento ofreciéndose para su colaboración más entusiasta, con un toque de atención por la deuda que Valencia tenía con tan ilustre hijo, cuyo busto para el fin propuesto se guardaba en el Museo de Bellas Artes desde hacía años.

Sin embargo no sería hasta el 9 de marzo de 1932 cuando se procedió a colocar la primera piedra para un monumento proyectado por Francisco Mora a situar entre el Asilo del Carmen y la “Casa dels bous”, el mismo lugar donde el pintor creara el famoso cuadro “Triste herencia”. La decisión fue aprobada por unanimidad el 15 de febrero, siendo presidente de la Comisión al efecto el señor Durán y Tortajada, fijando el plazo de seis meses para su inauguración.

No fue así y el alcalde señor Lambies, meses después,  anunciaba que por problemas económicos la construcción del monumento estaba paralizada al no haber presupuesto para su ejecución en aquel año. Tuvo que pasar otro ejercicio para que el concejal Durán y Tortajada anunciará en las primeros días de agosto de 1933 que a finales de verano, probablemente, se estaría en condiciones de inaugurar el proyecto de Mora con el busto en mármol de Benlliure.

Mediados septiembre era, por fin, una realidad el recuerdo monumental al pintor Sorolla en la playa de la Malvarrosa -al mismo tiempo que la prensa se hacía eco de la llegada de los restos de Blasco Ibáñez para el mes de octubre- aunque para su inauguración se tuvo que esperar al último día del año. 

Las provincias del 20 de diciembre, anunciaba para el día 31 a las doce de la mañana la inauguración del proyecto que el Círculo de Bellas Artes había puesto en marcha diez años atrás.

viernes, 14 de abril de 2017

ALCALÁ ZAMORA EN EL TRIBUNAL DE LAS AGUAS

Archivo Municipal

1933 - El río Turia, independientemente de la riqueza que supuso para la huerta valenciana, no sólo fue el causante de fuertes riadas que inundaron la ciudad, sino también el motivo de conflictos sociales ocasionados por la regulación de sus aguas.

Fue el caso en el periodo comprendido entre los años 1928 y 1936, cuando una empresa privada, REVA (Regadíos y Energía de Valencia), había conseguido una concesión estatal para la construcción de embalses que en absoluto satisfacía los intereses de los regantes. Años de desavenencias que tuvieron su fin cuando la Confederación Hidrográfica de Júcar, en 1942, asumió la responsabilidad sobre el Turia.

Punto discrepante fue la construcción del embalse de Benageber, con el inicio de las obras en un 6 de abril de 1933 con la visita de Niceto Alcalá Zamora. Pantano que un año antes había tomado el nombre de Blasco Ibáñez, cuando la visita del Presidente de la República al Tribunal de las Aguas.

Visita que se repite el día inaugural, en esta ocasión acompañado por Indalecio Prieto y Manuel Azaña, a quienes vemos en la foto bajo la puerta gótica de la catedral en sesión del Tribunal de las Aguas.

El pantano, y ya con el nombre del Generalísimo, no sería inaugurado hasta el año 1952.

lunes, 10 de abril de 2017

AGRAVIO A LA GEPERUDETA

Archivo Municipal

1933 - El suceso tuvo lugar en la madrugada del 8 de agosto cuando unos desalmados la tomaron con la imagen de la Virgen de los Desamparados situada en el casilicio del puente del Mar.  Atentaron de forma bárbara destrozando su cabeza y parte del cuerpo. Casualmente un vecino al darse cuenta de lo sucedido cogió los restos esparcidos sobre la acera y los llevó a los talleres del periódico Las Provincias, dando la noticia de tan vandálico hecho del que dio cumplida información en sus páginas.

Del agravio tuvo conocimiento la alcaldía y la indignación que produjo fue notable. Hasta el punto que el alcalde Sr. Lambies, condenando lo sucedido, informó que se hacía cargo de su reparación, trabajo que encargó al escultor D. Alfredo Just, de condición republicana, quien se ofreció de inmediato sin pretensión económica alguna. 

"Las Provincias" quiso agradecer el gesto y abrió una suscripción popular con una máximo de una peseta que en muy pocos días alcanzó las dos mil, donándolas al artista.


También el periódico "La Correspondencia" se hizo eco del suceso informando del parecer del Sr. Durán y Tortajada, presidente de la Comisión de Monumentos, quien se mostraba indignado: "eso es un censurable desprecio al sentimiento ajeno, cosa que no puede sentir ningún espíritu verdaderamente liberal; es, además, un atentado bárbaro al arte y a la cultura y es de lamentar que ciertos casos, afortunadamente aislados y esporádicos, pongan en entredicho nuestra condición de pueblo culto y civilizado. He dado órdenes al sobrestante de monumentos para que sean recogidos cuidadosamente los trozos de la escultura mutilada y esta Comisión de Monumentos propondrá al Ayuntamiento la restauración de la apreciada obra de arte".

La fotografía nos informa el alcance del agravio que sufrió la Geperudeta en su casilicio del Puente del Mar.


sábado, 28 de enero de 2017

FLORISTAS EN EL MERCADO


Archivo Municipal
  
1933 - Un sábado, el 28 de enero de éste año, se llevó a cabo la inauguración del “Mercado de Flores” que ocupaba el subterráneo de la tortada del arquitecto municipal Francisco J. Goerlich que daba un nuevo aspecto a la plaza Emilio Castelar que se veía sometida a una profunda remodelación acorde a la ampliación del Ayuntamiento que se había inaugurado unos años antes.

Las Provincias nos informa que el acto fue muy sencillo, presidido por el alcalde accidental Sr. Gisbert, concejales  y “mucho público, que deseaba ver el nuevo local destinado al simpático y típico comercio del producto de nuestros jardines”.

Archivo Municipal

En las dos fotos vemos en una un parcial de su interior, con sus puestos de flores aún vacíos y la fuente en el centro, que se podía contemplar desde la balaustrada circular de arriba en la plaza, lugar que con el tiempo y popularmente fue conocido, con muy mal gusto por cierto, como “el escupidero”.

En la otra vemos al consistorio e invitados cuya vestimenta nos informa del día frío reinante, donde también observamos a las floristas dispuestas para la “inauguración de sus ventas”

lunes, 12 de diciembre de 2016

CALLE BOLSERIA, EPICENTRO DE LA GUITARRA ESPAÑOLA



1933 - Cuando en este año los huelguistas detuvieron y volcaron este tranvía, bloqueando la entrada de la calle de Bolsería, todos los fabricantes de guitarras vivían ya en otros lugares de Valencia.


Cien años antes, esta calle albergaba a muchos luthiers valencianos importantes. Por lo tanto, esta calle puede considerarse como el centro de producción (el epicentro) de la guitarra española (o de la “guitarra valenciana”, como a menudo se la denominaba entonces). Estos luthiers formaron la base de una industria de la guitarra para el mercado mundial. Las exportaciones a Hispanoamérica y las Filipinas formaban parte de su negocio en el día a día. Algunos nombres famosos en esta calle eran Sentchordi, Pau, Reig y Adam.

En su entrada sur cerca del Mercado Central, la calle está guardada por la iglesia de los Santos Juanes. Durante siglos, esta iglesia parroquial fue el centro de la industria maderera de Valencia.

Por tanto, la calle Bolsería es un ejemplo típico de una antigua área dedicada al trabajo en madera. El gremio de los madereros tenía su propia capilla dedicada a San Lucas y San José. En 1482 el gremio de los madereros declaró de una vez por todas que los fabricantes de instrumentos y los aserraderos pertenecían a su gremio. Esto quiere decir que la industria musical existía en Valencia desde muy antiguamente. Se tiene noticia de Ponc Morell, de Valencia, que es el fabricante de instrumentos más antiguo conocido (1353).

Los gremios eran capaces de controlar prácticamente todo lo relacionado con su negocio: desde la compra de materiales hasta la definición de habilidades y estándares, los salarios, los precios de venta, el número de tiendas, los convenios entre empresas, el cuidado de las garantías sociales o la ejecución de las sanciones en caso de la violación de acuerdos.

Nota: durante siglos, el gremio tuvo un almacén de madera junto a un aserradero en Valencia. Este almacén suplía de todas las partes de madera necesarias a las diferentes tiendas madereras y de instrumentos.

En Bolsería 18-24, Agustín Laborda imprimió un método de guitarra en 1758. Decidió hacerlo en dos idiomas: castellano y valenciano. Su imprenta también incluía una librería.

Aparte de los fabricantes de instrumentos y las librerías, la calle Bolsería albergaba muchas tiendas de ropa, telas y lana. Los suministros de alimentos se vendían en el Mercado que estaba a la entrada de la calle, junto a la iglesia de los Santos Juanes.

Durante el siglo XIX cada vez más luthiers decidieron trabajar de forma independiente, lejos de la influencia del gremio, y consiguieron crear su propio ambiente de negocio. Hacia 1910 casi todos los talleres de la calle Bolsería habían desaparecido. Los luthiers más importantes decidieron llevar su producción a los nuevos barrios valencianos en áreas industriales.

La actividad el gremio se vio limitada a definir las habilidades y servir como plataforma para los miembros. La calle Bolsería se convirtió en una calle colorida, agradable y popular.

Texto de Ton Bogaard
Traducción: Lucía Vergara Herrero

domingo, 4 de septiembre de 2016