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lunes, 15 de julio de 2019

MINGITORIOS EN LA CIUDAD

Fotos del Archivo Municipal

Finalizaba la década de los veinte y el aspecto que mostraban los mingitorios públicos de la ciudad dejaban mucho que desear. No eran muchos, sin embargo, su desaliño era observable, lo que cuestionaba aún más la responsabilidad del servicio de limpieza y mantenimiento del consistorio.

Aunque viejos y destartalados cachivaches eran los únicos lugares para salir al paso de las urgencias y alivio de los ciudadanos.

Esto era lo que denunciaba un lector de El Pueblo, un día de junio de 1919, que en repetidas ocasiones dirigía su atención al existente en el "jardín de la Audiencia", al que calificaba tan "asqueroso como antiestético", con la urgencia de su desaparición,  pero temiendo al mismo tiempo que no fuera repuesto el servicio con otro más moderno "como se hace en las capitales de importancia".

Continuaba su queja haciendo mención a otros semejantes y "enojosos chismes", situados en la que fue plaza de Villarrasa, en la calle Játiva, en la plaza de Collado, en la de Castelar -que recientemente había sido destruido por una bomba el día del Corpus-, en la calle Colón y en otros sitios de la ciudad.

Y hacía hincapié en la urgencia de tan necesario servicio en toda la urbe, para que el angustiado caminante, si le "aprieta" y le pilla lejos del Parque de Castelar, no tenga que recurrir al callejón de marras.

lunes, 19 de septiembre de 2016

LA HUELGA GENERAL CON SAN AGUSTÍN COMO EPICENTRO

Archivo Municipal

1911 - En septiembre de aquel año la situación en España era muy convulsa, entre otras razones la guerra de Marruecos era un caldo de cultivo para los sindicatos, propiciando así una huelga general de la que se hacía eco el diario El Pueblo en su víspera. Informaba del movimiento obrero concentrado en la Casa del Pueblo que con extraordinaria animación decidían su inicio. Por el informe de un policía asistente al encuentro, el Gobernador tuvo su cumplido conocimiento, quien aseguró a la Compañía de Tranvías y a la opinión pública que se iban a tomar toda clase de precauciones para asegurar el orden público.

Para tal fin, la autoridad militar dispuso sus fuerzas en la plaza de la Constitución junto a la Catedral, en la plaza de la Reina y calle San Vicente, también ante la Estación del Norte, otras estaciones ferroviarias y edificios públicos. Estratégicamente se situaron dos cañones en la embocadura de la calle Pi y Margall enfilando su puntería hacia la barriada de Ruzafa, y otros dos en la calle Játiva en dirección a la Estación, junto a la plaza de Toros que había sido tomada como alojo del cuerpo de Artillería. Ante el cariz de los acontecimientos nuevas piezas fueron situadas, una frente a la calle Quevedo y otra ante la de Gracia. Por considerarlas insuficientes, también hicieron acto de presencia nuevas dotaciones a la altura de la calle Espartero, junto a la Facultad de Medicina, y en la misma plaza de San Agustín, núcleo de la concentración,  apuntando la calle San Vicente llamada extramuros.

La jornada del dia 19 fue crítica con muchos disparos y numerosos heridos que huían de la zona. Uno de ellos cayó junto al urinario de la calle Guillém de Castro, donde permaneció desangrándose durante unos cuarenta minutos. Trasladado al Hospital falleció a su entrada. Inspeccionado el mingitorio junto San Agustín por parte del redactor de El Pueblo, no encontró en el mismo señal alguna de bala.

Ante los graves sucesos, la Cruz Roja se instaló en la calles San Vicente, Gracia y Quevedo, mientras se duplicó el personal sanitario del Hospital debido al mayor número de heridos que acudían al centro.

Vemos en la imagen el aspecto del urinario cuando es utilizado por una persona para su alivio en un día cualquiera.

miércoles, 15 de julio de 2015

LA NECESIDAD DE EVACUATORIOS PÚBLICOS

Archivo RND Jim Baum

1934 - En junio de 1931 el periódico El Pueblo denunciaba las deficiencias en los servicios de urinarios públicos, evacuatorios decía, en la ciudad. De inmediato, el alcalde accidental Sr. Sanchis, salía al paso informando que la Junta Municipal de Sanidad había dado instrucciones al arquitecto Sr. Goerlich para que ejecutase un plano de este tipo de establecimientos públicos, instando para que de forma urgente se construyeran dos pabellones en la Playa de Levante para este uso.

Igualmente y en la Alameda, permanecía el proyecto para la sustitución del existente por otro más acorde a las necesidades del momento. La llamada del periódico aceleró su ejecución.

Quien reaccionó con rapidez a la llamada periodística y convencida de la insuficiencia del urinario instalado en la plaza Castelar, fue la Comisión de Policías y Reformas Urbanas, que por parte de su presidente Sr. Bellver, se dieron instrucciones al Sr. Goerlich para que aumentara el número de plazas, ampliando hasta el número de dieciséis las doce proyectadas.

Ante la respuesta municipal, el periódico se daba por satisfecho, haciéndose eco del sentir de numerosos ciudadanos interesados en resolver el tan debatido asunto de los evacuatorios públicos.

En la foto de 1934 vemos el aspecto que ofrecía la entrada de urinarios de la Plaza Castelar tras su importante remodelación.