Ca. 1957 - En el Conjunto de San Juan del Hospital, entonces entrando por la calle del Milagro, hubo un cine.
El centro de la Orden Hospitalaria de San Juan del siglo XIII había entrado en tal proceso de degradación que para su salvación fue declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en 1943.
Pese a ello, fue adaptado como cine en la década de los cincuenta fijando en el presbiterio la blanca pantalla del cinematógrafo. Las capillas laterales se hallaban cegadas y las filas de “butacas” invadían su nave central.
Asistí con frecuencia en las tardes de domingo al pase de unas películas que tenían siempre la consideración de “autorizadas para todos los públicos”; el blanco y negro de aquellas cintas de vaqueros –Wichinter 73-, de cine urbano, las que daban paso al tecnicolor, como las de romanos y algunas de amoríos en las que el beso en la pantalla nunca llegaba, configuraban la programación habitual.
Tenía el SARE la consideración de cine-club, nada que ver con aquellas salas de “arte y ensayo” que llegarían en la década siguiente, donde el 3-R sería la antesala del destape. Cine sin palomitas, pero sí con supletorias sillas de enea tal era el lleno acostumbrado.