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lunes, 25 de abril de 2022

MURAL. CALLE PARQUE DE NAZARET

MIRANDO HACIA ARRIBA

En el barrio de Nazaret se inauguró el día 28 de noviembre de 2021 el mural, obra de Paco Roca y Martín Forés, homenaje al barrio, patrocinado por el Ayuntamiento de València como se nos indica en el lateral inferior derecho del propio mural. 

Detalle del mural, foto E. Goñi, diciembre 2021.

En el mural diseñado por el dibujante de cómics Paco Roca y ejecutado por Martín Forés se nos muestra un Nazaret de hace más de setenta años, cuando los tranvías tipo 200, como el del mural, junto con los largos 400 eran los encargados de llevarnos a la desaparecida playa de Nazaret, con el balneario de Benimar, inspirado por el arzobispado, junto al Mar Azul y más merenderos que surgían todos los veranos. En la siguiente foto una vista aérea de la playa de Nazaret en los años cincuenta del pasado siglo, desafortunadamente desaparecida con motivo de la ampliación del puerto comercial de València. 

Fotografía aérea de la playa de Nazaret, autor desconocido, ca. 1950. Remember-València, pg 1261.

Si mirando hacia arriba nos fijamos en el mural podremos apreciar una gran cantidad de tipos curiosos que nos ha regalado Paco Roca, empezando por el fotógrafo, la chacha con nenes, el cucurucho de cacahuetes o pipas de la jovencita, la señora con cesta, niños con pantalón corto, todas las mujeres y niñas con falda, el carro, hombres y jóvenes enchaquetados y encorbatados, la puerta de entrada a Benimar, etc. 

Mural. En los laterales que enmarcan la imagen aprecio un acercamiento al interior del hall de la Estación del Norte. Foto E. Goñi, diciembre 2021.

La foto siguiente corresponde a Benimar tomada a mitad del pasado siglo.

Benimar, foto autor desconocido, ca 1950. Remember-València, pg. 226.

Imagen del mural tomada desde la calle Parque de Nazaret en la que podemos comprobar la magnitud del mural si tenemos en cuenta que el lateral del edificio que la contiene, una escuela, tiene algo más de cuatro alturas más la planta baja. La pena es que se permita aparcar al mismo pie del mural. Ya sabemos lo difícil que es aparcar en nuestra ciudad, pero ese mural merece para siempre unos metros de visibilidad a sus pies, no solo el día de su inauguración. 

Vista general del mural de Nazaret, foto E. Goñi, diciembre 2021.

Para llegar hasta allí lo mejor la bici, pero también podemos llegar con las líneas 4, 30 y 93 de la EMT. 

Texto de Enrique Goñi Igual

domingo, 5 de febrero de 2017

MIS RECUERDOS DE BENIMAR – III

Playa de Nazaret 1957

Y ya voy a contar lo que ocurrió en un verano muy importante para mí, el de 1955.

La Dirección de Benimar E.D.I. decidió añadir un deporte más, el tenis, y construyeron una pista, y además, también desde ese primer año, tuvimos un magnífico Profesor de Tenis, Don Ramiro Bondía. Un hombre estupendo que además de jugar muy bien, era muy simpático y tenía una paciencia extraordinaria para enseñar a jugar a cualquiera que quisiera.

Lo sé muy bien porque yo fui una de sus alumnas. Nos hicimos socios de ese recién estrenado Club de Tenis Benimar un montón de casi críos que no teníamos ni idea y era de verdad extraordinario cómo nos enseñaba, y nos alentaba a seguir sin desanimarnos, con una paciencia infinita, porque la verdad es que al principio era muy difícil y lo hacíamos francamente mal. Formamos entonces allí una estupenda pandilla, que lo pasábamos genial.

Algunos mayores también había, y incluso que si que sabían y jugaban bien, pero lo que yo recuerdo con más cariño es a los de mi edad, aproximadamente,  entre los 14, 15 y 16 años, que allí nos juntamos muchos, y que no teníamos ni idea. Al lado de la pista de tenis, además de sillas, pusieron 4 o 5 mesas de ping pong, así que allí la diversión estaba asegurada.

El club de Tenis fue prosperando y el año siguiente ya se hizo,  paralela a la pista número 1, la 2, pero dejando la parte del medio con las mesas de ping pong  y espacio para jugar a otras cosas.

Colección Amparo Lleó
Escalera a la terraza del edificio principal

También allí, dentro del club, a la derecha hicieron los vestuarios, y arriba un pequeño bar para poder tomar algo, cacahuetes, aceitunas, refrescos, algún bocadillo y poco mas, y una terraza bastante grande para sentarse a ver los partidos, o también para jugar a lo que quisiéramos.

El segundo año, el Profesor, D. Ramiro Bondía, con un optimismo impresionante, tuvo la idea de organizar allí un Campeonato, invitando a que vinieran a los del Club de Tenis Valencia. Era un Club que ya existía muchos años, con jugadores muy buenos, y nosotros unos "pobres novatos pardillos", que lo hacíamos como podíamos. Por supuesto nos dieron unas palizas impresionantes y ganaron todas las Copas, pero bueno, también fue una experiencia divertida. Nuestro querido Club de Tenis siguió creciendo y el siguiente año ya teníamos dos pistas más, la 3 y la 4, y pronto la 5.

Solo teníamos que apuntar con tiza nosotros mismos en una pizarra la hora en que queríamos jugar. De hecho tengo en casa, guardadas con cariño, de aquellos años, tres Copas que gané en un Campeonato de Tenis, aunque desde luego no contra los del Club de Tenis Valencia.

También tengo que decir otra cosa importante. En aquellos años las vacaciones escolares eran mucho más largas que ahora. Acabábamos el colegio el 21 o 22 de junio y no volvíamos hasta el 4 o 5 de octubre. Y las aprovechábamos bien, y, ... ¡lo pasábamos de maravilla!

Recuerdo ver a los mayores jugando a las cartas o al dominó,  muy serios, y sin embargo nosotros, jugábamos a lo que fuera, pero siempre riéndonos. Y aún no he hablado del Frontón. También muy importante y muy divertido. La pandilla que jugábamos al tenis, también íbamos a jugar al frontón. Algunos lo hacían francamente bien, y, desde luego, siempre íbamos a animar a todos cuando había campeonatos. 

Y ya para terminar, contaré que en 1961 conocí a mi novio, que no era de Benimar, nos enamoramos, nos casamos, tuvimos 3 maravillosos hijos, y con todos estos cambios de vida, lógicamente, ya no volví a Benimar.

Después me he enterado de que el Director, desde 1962, ya no fue D. Baltasar Argalla, sino D. Elías Llagaría, pero yo ya ni siquiera lo conocí.

Unos años después, como todo el mundo sabe, después de la riada de octubre de 1957, con el Plan Sur, se cambió el curso del río Turia y ya no pasa por allí. Además el puerto se amplió y ocupó toda la playa de Nazaret, por lo que Benimar se quedó sin playa, ni limpia ni sucia.

Algún tiempo después, no sé cuando, Benimar también dejó de existir.

Solo queda el nombre escrito en la fachada del edificio principal, y también en mi memoria, siempre con el gran cariño a todos los que allí conocí, aunque hayan pasado muchos años, y la frase que decía todos los domingos antes de empezar el teatro el Señor Giner, hace más de 60 años:

"Qué bien se pasa en Benimar"

Texto de Amparo Lleó Morilla

jueves, 12 de enero de 2017

MIS RECUERDOS DE BENIMAR – II


1954 - Los domingos era cuando íbamos mucha más gente, sobre todo familias para pasar el día, y en primera línea, cerca del mar, estaban puestos muchos toldos y sombrillas con mesas y sillas para comer allí, y también hamacas. Esto era para alquilar. Nosotros nunca los utilizamos.

Además de esos toldos  individuales, había también, al lado, un sombraje muy grande, de cañizo o algo así, para protegerse del sol, y muchísimas mesas y sillas plegables que montábamos al llegar, para comer allí, y poder estar todo el tiempo que se quisiera a la sombra. Esto era gratis, y allí es donde los domingos íbamos con mis padres.

Todos los días, entre semana, iba con mis hermanos mayores, pero eso casi siempre, era solo por la mañana. En la parte de las chicas, había una pasarela, de madera, que empezaba en la arena y entraba en el mar. En la parte de chicos también había otra. Era como de un metro de ancho y bastante larga. Al final tenía unos escalones para poder entrar al mar si se quería, sin tocar la arena.

También nos gustaba a veces sentarnos allí simplemente para meter los pies en el agua y estar en contacto con el mar esperando pacientemente que pasara el tiempo de hacer la digestión para podernos bañar, que en aquellos años se decía que tenía que ser por lo menos 2 horas y media o 3.

También había un personaje muy importante, el barquero, se llamaba Simarro.

Siempre estaba allí, en su barca, una pequeña barca de remos, y un gran sombrero de paja para protegerse del sol, a pocos metros de donde se dejaba de hacer pié, vigilando por si alguien tenía algún problema. Nos gustaba llegar nadando a donde él estaba, simplemente para pasar un rato allí, cogidas al borde de la barca descansando y hablando con él de cualquier cosa, porque era muy simpático, y también si queríamos nos daba agua para beber.

Todos los domingos por la mañana había un Concurso de Arte en la arena. Podían participar todos los que quisieran. Hacían auténticas preciosidades sobre la arena seca, dibujos, castillos o cualquier otra cosa en relieve. Luego pasaba un Jurado y adjudicaba los premios, que comunicaban por el altavoz.

En octubre de 1954 ocurrió algo también muy impactante para todos nosotros.



Vino a hacer entrega de las Copas que se habían ganado en distintas competiciones celebradas ese verano, natación, patines de agua, frontón, pin pon, baloncesto, y no recuerdo si algo más, nada menos que Don Francisco Franco, acompañado de muchas personas. Por supuesto vino también el Señor Arzobispo, D. Marcelino.

Las tardes de los domingos eran muy entretenidas. Siempre había algún espectáculo, casi siempre teatro, y a veces zarzuela. Venían compañías, supongo que de aficionados, pero lo hacían muy bien, la mayoría de las veces obras de humor.

Estas representaciones las hacían en una explanada muy grande que había detrás del edificio de las chicas y allí no había nada. Todos los días se podía jugar o hacer cualquier cosa, pero los domingos por la tarde estaba destinado al teatro.

Arrimadas al edificio había muchísimas sillas amontonadas una encima de otra y lo que teníamos que hacer era cogerlas y colocarlas delante del escenario que ya estaba montado, y les poníamos cintas, cinturones o lo que fuera para que se supiera que era nuestro sitio reservado. Cuanto antes fuéramos mejor sitio cogíamos, pero nunca faltaban ni sillas ni sitio, porque el espacio era muy grande.

Por supuesto esto era todo sin pagar nada.

Antes de empezar la Obra de esa tarde, salía un señor, el señor Giner, (no recuerdo su nombre de pila), al escenario, para saludar y hacer, poniendo mucha emoción, la presentación de la Obra que iban a representar y de la Compañía que la haría. Siempre terminaba diciendo:


! Qué bien se pasa en Benimar !

Texto de Mª Amparo Lleó Morilla

viernes, 16 de diciembre de 2016

MIS RECUERDOS DE BENIMAR - I


1954 - El primer verano, 1948, había un  edificio, que había sido hecho en 1941 para la Guardia Civil. La verdad es que no tengo ni idea de lo que se hizo para que fuera posible Benimar, tal como yo lo conocí, pero así fue, y creo que la Guardia Civil siguió utilizando solo una pequeña parte del piso superior.

En la planta baja había un bar, un pequeño restaurante, una terraza y los vestuarios.

En el primer piso, había a la izquierda una bonita y grande terraza, a la que se subía por una escalera exterior que es la que se ve en las fotografías de la fachada. Al lado un salón muy grande que se dedicaba a muchos usos. Podía haber exposiciones de fotografías, de pintura o dibujos, a veces hechos por los niños de allí, algunas veces charlas, y cuando no había nada, era simplemente el lugar donde podíamos estar hablando, cantando, o jugando a lo que quisiéramos.

Desde el principio ya había una piscina para niños muy bonita, aunque poco profunda, era muy grande. Al lado un pequeño parque, con columpios, barquitas y toboganes infantiles.

También había una pista para patinar, un campo de baloncesto, un frontón, cuatro mesas de ping pong y mucho espacio libre para jugar a lo que se quisiera.

Un tiempo después, no recuerdo cuando porque nunca me interesó, se hizo, al lado, a la izquierda, un campo de fútbol, que funcionó durante muchos años como equipo de fútbol Benimar.

En el edificio central, a la entrada, a la derecha había un despacho, para el Director, que era el sacerdote Don Baltasar Argalla, y Don Jesús, que era seglar, y era el que se encargaba de casi todo.

A ese despacho se podía acudir para cualquier cosa que se quisiera pedir, preguntar o comentar, y había un micrófono y un altavoz fuera, por el que se daban toda clase de mensajes, como las actividades que había para ese día, concursos de hacer dibujos o castillos en la arena, partidos, teatro, cine, o también con mucha frecuencia, cuando alguien había perdido o encontrado algo en la playa.

Podía ser una pelota, una cartera, una toalla o cualquier objeto, pero también bastantes veces "la cosa" era un niño, que se había perdido y alguien lo llevaba allí para que lo comunicaran por el altavoz. Otras veces al revés, unos padres angustiados que no encontraban a su hijo, y pronto D. Jesús, muy contento, daba la feliz noticia de que el niño ya estaba con su familia.

Texto de Amparo Lleó Morilla