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miércoles, 9 de octubre de 2024

SOROLLA EN LA ARENA

                   
"Niños en la Playa" 1910. En la playa del Cabañal - BIVALDI

Llegaba a la playa cargado de lienzos y a la misma orilla del mar se construía un taller improvisado de toldos y sombrillas evitando el efecto de la luz directa sobre el óleo. Porque le gustaba “lo natural”

                  
"Niños en la playa"1916. Museo Sorolla

La pintura al aire libre y más en la playa no la tenía fácil, dependía del buen o mal tiempo, y de que las nubes de arena se pegaban al óleo. Pinceles, pocillos para limpiarlos, sombrilla, toldos, y sobre todo piedras para sujeción del caballete de campaña que anclaba a la arena y que el mismo lienzo podría tirarlo.


                   
Rodeado de lonas oscuras. 1902. Museo de Sorolla

“Hoy he tenido un día espléndido (algo fresquito) y es la mañana que más a gusto he pintado, es que la obra la voy comprendiendo más a medida que avanza, o que me hago ahora más cargo de las bellezas del natural, y pinto, mejor o peor, pero haciéndome gozar más la contemplación del bendito sol que amo más cada vez, aún comprendiendo la pobre miseria de los colores”. Así hacía llegar las cartas a su familia cuando la ocasión se daba, cuando sentía la necesidad de huir hacia el mar.

       
"El baño del caballo". Playa del cabañal. 1909. Museo de Sorolla

Una vez instalado, prácticamente en el agua, bajaba la mirada para observar los rizos del mar, la espuma de las olas, y las transparencias llenas de color del agua cuando se alzaba en el aire. Descubriendo así, en la misma orilla, un montón de fenómenos ópticos.

Le seguía la observación de todo el mar, respirando su color cambiante, para posteriormente dirigir la mirada hacia el horizonte y el cielo. Pero nada queda quieto para esperarle.

La luz del sol multiplicada por los reflejos en el mar y sus transparencias, la hacían resplandecer.

Texto de Amparo Zalve

miércoles, 7 de enero de 2015

LOS ESCALONES DE LA LONJA

Joaquin Collado 1972
1972 – Foto del autor Joaquín Collado

La ciudad de Valencia, de la que se puede decir que es plana como la palma de una mano, no está necesitada de colocar escalones para comunicar sus calles, plazas y barrios, al estilo de otros lugares.

La excepción está fijada en la popular calle que vio su luz tras la construcción de la Lonja de la Seda en el siglo XV, conocida en el nomenclátor con diferentes nombres, entre los que por un tiempo figuró el de “Escalones de la Lonja”, por derecho propio ejercido, como lo es el actual y desde 1996, de Pere Compte, el maestro cantero y “molt sabut en l’art de pedres” y creador de aquel “templo de mercaderes”.

Joaquin Collado 1970 1970 – Foto del autor Joaquín Collado

El hecho de que el suelo de la calle esté elevado y al mismo nivel de la Sala de Contratación, se produce fundamentalmente por las bóvedas existentes en los subterráneos de sus casas aledañas, lo que obligó a su colocación, siendo mayor su número de escalones por donde se comunica con la plaza del Mercado.

 Joaquin Collado 1969
1969 – Foto del autor Joaquín Collado

Los “escalones de la Lonja” han sido extensión del mercado, lugar de encuentro, de descanso momentáneo, incluso para los de alpargata con meñique al aire, también para quienes procuran tertulias con bastón, y en especial, un muy buen lugar para quienes dispuestos al cambalache, acudían con sus relojes de pulsera y de bolsillo, mecheros de rasca y gasolina, en una costumbre de mercadillo que tiene su continuidad en el artista callejero que ofrece bocetos de la ciudad hechos a plumilla.

Anuncio Excelsior. Esquina a la Lonja. Años 20
Años 20 – Archivo de Rafael Solaz

La que se conoció como calle de los “Escalones de la Lonja”, con sus losas desgastadas por el constante paseo peatonal. 

Entre idas y vueltas y de plaza a plaza: las del  Mercado y Collado.