Mostrando entradas con la etiqueta Plaza de toros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Plaza de toros. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de septiembre de 2023

FECHANDO UNA FOTOGRAFÍA ALREDEDOR DE LA PLAZA DE TOROS

 

Desde lo alto, y como imagen central la de la Plaza de Toros, por cierto abarrotada por el gentío, sin duda en ocasión de un mitin de la época reupublicana, intentaremos localizar con aproximación el año al que pertenece esta fotografía.

Al repasarla, ciertos datos nos van indicando la proximidad del año 1932, o como en término latino Circa, o en su abreviatura Ca. 1932, por no saberse con certeza la fecha exacta.

Poniendo como eje central la Plaza de Toros, dividiremos la fotografía en zona norte y zona sur, aunque quizás anteriormente podríamos haberla citado como intramuros o extramuros, acorde a la posición con la muralla, aquí ya inexistente.

De la zona superior parten tres aperturas: A la izquierda se ve el trazado de la avenida Marqués de Sotelo, que perdió este nombre durante la Guerra Civil, tomando el de Salmerón, y cubriendo una gran manzana el Instituto Luis Vives. A unos metros hacia dentro, al siguiente chaflán la finca del Chavo, que ya estaba desde 1928. Sin dejar los chaflanes de Marqués de Sotelo, el que hace con la calle Játiva es fundamental en la cronología que buscamos. Se ve el edificio de la Unión y el Fénix en fase de construcción, obra que se comenzó en el 31 y que hasta el 38 no concluyó. Ya se sabe que los comienzos son rápidos hasta que comienzan las vicisitudes de diversas índoles en las construcciones.

De manera paralela aparece la calle Ribera y ya se ve el cine Capitol en la parte izquierda, porque de su construcción y con su inauguración en 1931, ocupó uno de los solares que quedaron tras los derribos efectuados en el frontal de la calle Játiva.

Continuando a la otra esquina en la calle Játiva y previa a Colón, aparece la calle Pi i Margall, ahora ya Paseo de Ruzafa. Fijándose bien en el tramo medio de la parte derecha se observa la gran construcción del Teatro Lírico, que desde 1914 había sido el gran Trianon Palace, ahora ya el Maestro Serrano estaría estrenando sus zarzuelas en una sala de 1500 personas. Ese tramo de la calle es lo que se le había llamado la Russafa de dins, la de fora se ve en la mitad de abajo que continúa al cruzar la calle Játiva y la confluencia con Colón.


Si nos vamos a la mitad de abajo de la fotografía, las calles de Alicante, Castellón, Alcoy y Segorbe ya estaban configuradas. Se rotularon el mismo día, durante la Fiesta de la Primavera en el 14 de mayo de 1926, y las autoridades competentes que allí acudieron lo hicieron por ese orden a ritmo de banda municipal. La que todavía no había dado a luz era la calle General San Martín, aunque sí que se ve ya el trazado en el gran solar que iba a ocupar la gran manzana. Junto a la plaza de Toros ya estaba el Museo Taurino desde 1929. Otras construcciones del solar eran el almacén de papel, La Papelera Española, y el almacén de Jarabes y Licores de Ayelo de Malferit.

Echamos en falta en la calle General San Martín el Frontón Valenciano de Goerlich, inaugurado en el año 1933, por lo que nos inclinamos por datar la fotografía en el año anterior.

Texto de Amparo Zalve

lunes, 14 de noviembre de 2022

PARECER LA BANDA DEL EMPASTRE


Un atardecer de agosto de 1915 amigos del pueblo valenciano de Catarroja, unos jóvenes que sabían de las rivalidades entre bandas de música que continuamente habían en el pueblo -como las de los otros pueblos en los que era difícil encontrar alguno que no la hubiera, ya que la tierra siempre ha dado grandes músicos- idearon crear entre ellos una nueva banda, que no iba a ser como las demás y pensando que con ello acabarían con las trifulcas.

No podían imaginar en ese momento lo que iba a suceder después. La gente del pueblo, al enterarse, con gran escepticismo y desconfianza comentaba: "Això serà un empastre”, nombre que por cierto se quedó como su seña de identidad: ¡La Banda del Empastre!.


¿Qué es lo que hacían? Pues cada uno ir a su bola, acabando por ser una payasada. Pero esta payasada gustó, y de lo que en su comienzo las representaciones eran en la Plaza de Toros de Valencia, pronto conocieron las del resto de España y de Iberoamérica. La banda igual tocaba música popular del momento que la combinaba con una pieza de ópera.



Fotografía del Museo Valenciano de Etnología

El caso es que el desbarajuste gustaba, hasta para llegar a ser conocidos por todo el mundo. En los carteles se anunciaban como “Banda cómico-taurina musical”. Su unión con el torero Rafael Dutrús, el Llapisera, conformaba un espectáculo único de toreo cómico, que hacía reir a generaciones de aficionados tanto taurinos como no.


Este artículo del diario ABC de la época nos explica perfectamente lo ocurrido una tarde en la plaza de Toros de las Ventas de Madrid:

“Rafael Dutrús, el popularísimo Llapisera, creador del toreo cómico, inspirado artista de fino ingenio, presentó en la Plaza de Toros de Madrid su ya famosa banda El Empastre, compuesta de veinticinco notables profesores, casi todos solistas, que ejecutan las más populares composiciones de nuestra música castiza. Todos los artistas de esta original banda son valencianos, dominan la mímica, y con sus dotes escénicas y vis cómica, encarnan graciosamente algunos personajes del teatro clásico que inmortalizaron, destacando el popular dúo de la Verbena de la Paloma. El público se entrega de lleno a tan notables artistas premiándoles con ovaciones contínuas.

En la última parte se da suelta a un becerro, que pone en dispersión a los músicos, sin que estos dejen de tocar un momento, atentos siempre a la batuta de su maestro y al gran Rafael, que cuidadosamente dirige la lidia, en la que también toman parte los músicos si el torillo reclama su intervención, dando pruebas de su gran pericia en lides taurinas.

Los espontáneos, bien tomando la forma de toro fantasma, de tipos populares o de bailadores regionales, hacen irrupción en el ruedo, y todos los artistas, en perfecta confusión, corren y danzan, sucediéndose escenas de gran comicidad, que producen en el público una hilaridad incontenible.Da fin al becerro uno de los músicos, maestro también en el arte de Pedro Romero.

Mientras se dispone la conducción de la víctima, se congregan en derredor de ella todos los artistas, y en correcta formación desfilan tocando una marcha fúnebre.

Como epílogo, y en justa correspondencia a los incesantes aplausos del público, la banda recorre el anillo tocando otras composiciones, y termina interpretando el himno a Valencia del maestro Serrano.

Y hasta aquí llegamos, porque en 2003 se deshizo "la Banda del Empastre".

Texto Amparo Zalve

miércoles, 5 de octubre de 2022

CONSTRUCCIÓN DE UNA GRAN PLAZA DE TOROS PARA VALENCIA



Construcción de la plaza de toros definitiva

La ciudad de Valencia estaba necesitada de una plaza de toros en condiciones que tuviera un buen proyecto para su ejecución. La tradición taurina estaba en gran apogeo, y atrás quedaban las plazas desmontables y peligrosas a las que a los carpinteros se les pagaba según los metros levantados.

Los festejos taurinos se realizaban ya en 1343 en la plaza del Mercado, en la plaza de Tetuán , en el Llano de Zaidía la del Palacio Real y la de Ronda.

El aquel entonces el Gobernador Civil de Valencia, Melchor Ordoñez, en colaboración con la Junta del Hospital encargó el proyecto definitivo al arquitecto valenciano Sebastián Monleón.



El lugar elegido fue el mismo donde ya se habían instalado dos cosos taurinos desde 1808, a unos 30 metros de la muralla entre las puertas de Ruzafa y San Vicente.

Allí comenzaron las obras en 1851 y terminaron en 1859.

Inspirada en la arquitectura civil romana, formando un polígono de 48 lados de 17´50 metros de altura y un ruedo de 52 metros de diámetro. Acabados en ladrillo cara vista. Cuatro piso, los dos últimos ocupados por palcos y nayas con estructura de madera y pilares pequeños de hierro fundido.



Invertidos 2.826.985 reales de vellón con 47 céntimos y con capacidad de 16.851 espectadores, a parte los palcos para las autoridades y los toriles.



Quedaba esperar los primeros festejos, que no tardaron en llegar en los días 3, 4 y 5 de agosto de ese mismo año en que se estaba construyendo. El chiclanero José Redondo estoqueó en solitario esos días toros de las ganaderías de Duque de Osuna, de Marqués de casa Gaviria, y de Duque de Veragua.


Para el día de la inauguración definitiva de la plaza el diestro escogido fue Francisco Arjona en los días 20, 21 y 22 de junio de 1859, que lidió a Cañamón, rojo claro y bien armado.

Texto de Amparo Zalve

jueves, 2 de abril de 2020

EL MUSEO TAURINO Y UNA BELLA POSTAL - y IV


1929 - El Pueblo

Datos, que en su conjunto, iban a documentar al futuro Museo Taurino en todo lo relacionado con la "fiesta nacional". Desde un capote en una vitrina, hasta el astado del toro bravo fijado en sus paredes. Trajes de luces, carteles, orejas y rabos, espadas y descabellos, sombreros y coletas, mantones de Manila. Historia viva. 

Setenta años después, el día de San Jaime de 1929, se inauguró el Museo Taurino, para continuar de nueva planta y con su "reinaguración" en julio de 1970, tras un largo periodo de más de diez años que había estado situado en un lugar poco adecuado: una antigua cuadra de caballos, lo que motivo la críticas de prensa y aficionados. 

"Nuestro edificio" había desaparecido, pero el Museo encontró un digno lugar con la construcción del Pasaje del Doctor Serra, prestigioso cirujano que durante muchos años estuvo al frente de la enfermería de la Plaza de Toros situada al inicio de la calle Castellón, donde había sido puesta en marcha en 1921, al derribar su anterior ubicación, para la apertura de la calle Alicante que demandaba el Ayuntamiento.

El Museo Taurino, el mejor de España, estaba compuesto en su inicio por 291 referencias fijadas en sus paredes, más nueve vitrinas donde se exponían recuerdos taurinos, siendo la gran mayoría del legado de Luis Moroder Peiro, completándose el museo con otras donaciones de aficionados a la tauromaquia.


Con estas palabras, el cronista de Las Provincias tras el día de San Jaime de 1929 daba su impresión del nuevo museo: 

"Estamos ya dentro del Museo. La luz entra a raudales por las ventanas que recaen al patio de caballos y desolladero de la plaza. La sala es amplia y de una sencillez muy simpática. Antiguamente estaba destinado a taller de escenografia. Todo el decorado se lo dan los objetos expuestos."

miércoles, 25 de marzo de 2020

EL MUSEO TAURINO Y UNA BELLA POSTAL - III


Ya en 1803, de madera, se había construido en su proximidad a la Puerta de Ruzafa de la Valencia amurallada una plaza de toros de vida efímera, derribada en 1808 por la guerra del francés para utilizar sus maderas para la construcción de barreras que dificultaran el paso de los franceses. Unos años despues tuvo gran actividad un coso construido también de madera cerca de las Torres de Quart.

La ya definitiva plaza del arquitecto Sebastián Monleón inició su construcción en el mismo lugar ruzafeño por orden del Gobernador Melchor Ordóñez, quien dio instrucciones a la Junta del Santo Hospital para su ejecución en 1850, iniciándose la obra de inmediato.

Muy pronto, en 1851, cuando apenas se había llegado a la cuarta grada, se celebraron las primeras corridas durante los días 3, 4 y 5 de agosto, toros lidiados por una cuadrilla al frente del célebre José Redondo "El Chiclanero", con una recaudación de 95.570 reales que venían muy bien para la construcción del coso, que fue terminado en 1860.

Periodo de diez años en el que se celebraron diversas corridas y otros festejos que supusieron una ganancia que alcanzó la nada despreciable cantidad de 930.031,75 reales. Junto a los donativos de personas de la vida social y mercantil valenciana, y de la instituciones se pudo terminar el coso taurino con un costo total de 2.826.985,47 reales, coste en el que no está incluido el valor de los terrenos, ni la valla de mampostería que la cerraba, ni el de las dependencias anexas, mientras que el arquitecto Monleón renunció a sus haberes. 

En su reconocimiento, en 1926, se colocó una placa de mármol en homenaje al creador, con su busto y una inscripción en el interior de las instalaciones, coincidiendo con la construcción de una nueva valla en sustitución de la vieja, más acorde a la plaza, mediante el recurso en esta ocasión del ladrillo propio del coliseo. 

La corrida inaugural y oficial tuvo lugar en los días de junio de 1859, cuando aún faltaban los últimos toques para la finalización de la obra que sería en 1860. 

domingo, 8 de marzo de 2020

EL MUSEO TAURINO Y UNA BELLA POSTAL- II



Un edificio, el que nos ocupa, que por la cartografía debió ser construido en fecha posterior a 1880; para su nuevo uso, tuvo que ser mejorado con la construcción de una amplia escalera. 


Junto al mismo, como se observa en la postal coloreada, se aglutinan corrales, toriles, patio de caballos, salas de despiece, caballerizas, con un amplio patio para que los caballos ejerciten su puesta a punto, mientras los toros esperan la hora de salir al albero, así como las dependencias para atender las necesidades de la plaza, incluso con vivienda para los encargados. 

Un conjunto a su servicio, abrazado al coso taurino, que separaba a la plaza de una serie de naves construidas por inmigrantes ingleses dedicados a la construcción de vagones, locomotoras y material ferroviario, dada la proximidad de las vías por donde discurrían los trenes que salían de la estación de José Campo, de Valencia al Grao, situada a espaldas del antiguo Convento de San Francisco. 


La foto desde San Valero, en la que se observa el edificio en el que se incide, nos informa además de que ferrocarril y revolución industrial iban de la mano, mientras que el mundo del toro y bajo la batuta del arquitecto Sebastián Monleón había ejecutado al fin el digno coliseo que la ciudad merecía, tras muchos años de afición a la tauromaquia, concretamente desde 1612 bajo la competencia del Hospital, ejercitando el toreo desde entonces en plazas temporales situadas en diferentes zonas de la ciudad, dada la pericia de los carpinteros valencianos.

domingo, 1 de marzo de 2020

EL MUSEO TAURINO Y UNA BELLA POSTAL - I

Biblioteca Valenciana (1916)

En 1929, el día de San Jaime, se inauguró el Museo Taurino en un local anexo a la plaza de toros que con anterioridad había sido utilizado como taller escenográfico al servicio del teatro Principal, que como la plaza taurina, era propiedad de la Diputación, bajo la tutela del Hospital Provincial. 

Ricardo Alós, quien residía en la calle Baja 26, del barrio del Carmen, escenógrafo de gran prestigio en la última década del XIX, prestó sus servicios en aquel taller, al tiempo que pintaba telones y decorados, con gran dominio del escenario en sus representaciones, encargos que recibía para los teatros de la ciudad, a la par que lo hacía con alcance no sólo provincial sino también nacional. Incluso en ultramar.

La postal coloreada de 1916, de cuando se está completando la cubierta de la estación de Demetrio Ribes, nos indica el toque indiano del edificio, muy adecuado para su función museística que tendría a partir de 1929.

El edificio que en su segunda planta albergaría el Museo Taurino, con la planta baja como almacén, disponía de amplios ventanales que iban a dar gran luminosidad a la colección taurina de Luis Moroder Peiró, quien ya había fallecido,  enriqueciendo sus objetos taurinos en su domicilio de la plaza Mirasol, y cuyos herederos donaron tan cuantioso legado a la Diputación. Depositado éste en un principio en el Hospital, para encontrar el lugar apropiado para exposición al público, según el compromiso alcanzado, que por su naturaleza no podía ser otro más que el ceñido al coso taurino.

jueves, 24 de octubre de 2019

LA VIEJA ENFERMERIA DE LA PLAZA DE TOROS

Colección Salvador Monmeneu - 1918

La puesta en marcha en 1917 de la nueva Estación del Norte diseñada por Demetrio Ribes suponía una amplia transformación de la zona. En el horizonte se pensaba en una nueva y ancha calle para el nomenclátor con el nombre de Gibraltar, flanqueada en su arranque por la plaza de toros y la estación. Pero la ubicación de la enfermería del coso taurino frenaba el propósito, surgiendo además la polémica que enfrentaba a la prensa, pues el Diario de Valencia optaba por el derribo y traslado de la misma plaza de toros. Nada más y nada menos.

Pero la cuestión se centraba entre el Municipio y la Diputación, en el derribo de la enfermería, con su traslado a un nuevo emplazamiento anexo a la plaza de toros, como no podía ser de otra manera. 


Y pintaba bien la cosa, toda vez que en el mes de junio de aquel año tuvo lugar una reunión en la Diputación entre su presidente sr. Paredes y el alcalde sr. Martínez Aloy, con la asistencia del sr. Albiñana como director del Hospital, para, a caballo de la inauguración de la Estación, tratar la apertura provisional y muy estrecha de la calle Gibraltar desde el lugar ocupado por la enfermería taurina, que como era necesaria para las corridas de la Feria de Julio, se iba a dejar en uso, pero cercada por una valla, llegando al acuerdo que a su término se procedería al derribo. Pero para tal fin era de necesidad construir la nueva enfermería y dispuesta para el uso.

Sin embargo, cuando finaliza 1917, el aspecto de la valla era deplorable y la enfermería seguía en pie, lo que imposibilitaba el ensanche de la nueva calle, y el decoro que merecía la zona. Tuvieron que pasar cuatro meses y ya en abril de 1918 la Diputación da vía libre para la adquisición de una parcela donde construir la enfermería. Pero transcurrió el año y en su último día seguía paralizada su construcción al quedar desierta la subasta para adjudicar su obra. La urbanización de la calle Gibraltar y el mal aspecto que ofrecia era motivo de una constante polémica que no beneficiaba ni a la Alcaldía, ni a la Diputación, más aún, cuando todo presagiaba que la solución estaba lejana en el tiempo.

Llegaría el mes de febrero de 1919 y es cuando la alcaldía entrega a la Diputación una parcela para la construcción de la nueva enfermería; como contrapartida una vez derribada la vieja, se entregaría el solar al municipio para el ensanche de la calle Gibraltar.

Se dice que cuando las cosas van mal, siempre tienden a peor y es lo que sucedió con la construcción de la nueva enfermería, necesaria para derribar la vieja. En junio de 1920 la Diputación ponía en entredicho al arquitecto provincial por la liquidación de las obras llevadas a cabo, por no estar acordes con lo presupuestado, para el que se pedía una amonestación, que retrasaba aún más su ejecución. 

Ya en su recta final, la construcción de la enfermería anexa a la plaza, cercana a los chiqueros, sin embargo, pese a que estaba dotada a la altura de las mejores, tuvo un fallo de gran importancia que la hacía inservible, al menos por el momento: la ausencia de un corto y fácil acceso al albero, para el traslado rápido del torero herido para su auxilio, toda vez que se había construido un camino largo, tortuoso y oscuro. 

La única solución y que demandaban los toreros, era la construcción de un túnel con un máximo de unos 15 metros, sin el cual, se negaban a torear el próximo día 13 de marzo, ya en 1921, por lo que la vieja enfermería debía seguir en pie, y por ello, con la calle Gibraltar que más parecía un triste pasadizo de cualquier olvidado arrabal.

Al final hubo acuerdo, y el 11 de marzo de 1921 el Inspector Provincial de Sanidad, tras reconocer la nueva instalación con sus modificaciones, certificó que estaba en condiciones de ser abierta para su cometido. Unos días después, el 15 concretamente, se procedió a su bendición por el Arcipreste de la Catedral don Mariano Herrera, quedando la enfermería a cargo del médico don Francisco Serra, quien da nombre al actual pasaje aledaño a la plaza.

La calle Gibraltar quedaba libre para que el Ayuntamiento procediera a su urbanización, tal y como correspondía. 

Con mi agradecimiento a Jorge Bolinches.

sábado, 23 de junio de 2018

CATÁSTROFE EN LA PLAZA DEL MERCADO


Archivo Municipal 

La plaza del Mercado fue durante muchos años el corazón de la ciudad, tanto en cuanto significó el más popular lugar de encuentro donde su función de mercado se alternaba con saraos y justas medievales, mientras que cuando la ocasión se cernía, la horca ponía el punto y final a los reos de las justicia. Lugar de fiestas por la amplitud que ofrecía en una ciudad de múltiples callejuelas y pequeñas plazuelas de una urbe amurallada, bastaba con desmontar puestos y lonas para que se abriera expedita a cualquier evento.

La plaza del Mercado era pues el lugar idóneo donde colocar un carafal útil como plaza de toros, que mediante unas extensas lonas libraban del calor a los asistentes, sujetas por maromas a las almenas de La Lonja en un espacio cercado por la Iglesia de los Santos Juanes.

Carafal del Mercado

Un fuerte viento en 1743 sacudió las lonas, cundió el pánico, cuando por la rotura de una de las almenas y su desprendimiento en plena corrida de toros causó muertes, principalmente por la estampida de las gentes que huían atropelladas por los escalones de la Lonja, causando docenas de personas afectadas entre muertos y heridos.

Aquella fecha tenía los antecedes de 1614 con el hundimiento de un tablado en la plaza con el resultado de sesenta muertos, que sería aún más grave en 1718 cuando se hundió el “carafals dels segos”.

Y por su reiteración, los Jurados dieron la orden de que no se celebraran más corridas de toros en la Plaza del Mercado, dirigiendo la mirada hacia la plaza del Convento de Santo Domingo como más propicia.

viernes, 27 de octubre de 2017

PLAZA DE TOROS: SU AFORO

Archivo Municipal

Fue aquella una década de grandes obras en la ciudad aún amurallada, al tiempo que iba a significar el primer derribo de un pequeño tramo de su lienzo: el suficiente para dar paso al ferrocarril que se había inaugurado el año 1852, cuyas vías se estiraban justo al lado donde ya se estaba construyendo el coso taurino que Valencia necesitaba, tanto en cuanto la afición por la fiesta nacional gozaba de gran entusiasmo.

Sebastián Monleón y Estellés, arquitecto municipal que venía distinguiéndose por otros logros arquitectónicos fue el encargado de su construcción y puso tanto interés en su cometido, que al ser el Hospital General el principal beneficiario, tuvo a bien renunciar a sus honorarios. Gesto que tuvo la correspondencia muchas décadas después, en 1926, por parte de la Diputación al dedicarle una placa de mármol con su imagen situada en el interior de las instalaciones, que ya matrimoniaban con la nueva estación de Demetrio Ribes desde hacía nueve años, justo al lado.


La imagen nos informa del aforo tras su inicio, de su distribución, con sus gradas, palcos y nayas, que en aras de la comodidad se ha visto reducido con el tiempo.

viernes, 26 de mayo de 2017

LA REGIÓN VALENCIANA TENÍA SU HIMNO

Archivo Municipal

La musicalidad del himno de la Exposición Regional de 1909 se había adueñado de los valencianos que la mantenían viva, y a su letra había que darle su verdadero sentido, cuyo contenido invitaba a más altas metas.

Desde su inicio al final, la exaltación a la región valenciana sellaba su contenido, por lo que su oficialidad como Himno de la Región estaba “cantada”. Sólo hacía falta el momento de su “puesta en sociedad”.

Llegó el día un 16 de mayo de 1925 y en la plaza de toros del “cap i casal”, presidieron el acontecimiento los alcaldes de Alicante, Castellón y Valencia. El aspecto de coso era magnífico y los balconcillos de la segunda naya estaban cubiertos por tapices con un delicioso barroquismo de motivos valencianos en los que se mencionaba a ilustres patricios de todos los tiempos.  Los nombres de Ausias March, Calixto III, Juan de Joanes, Luis Vives, Pinazo, Chapí ... completaban treinta y cuatro medallones que eran insuficientes para glosar a otros personajes de gran fama artística,  literaria o científica.  Sobre la baranda de la primera naya, los escudos de todas las cabezas de partido de las tres provincias, daban su plebiscito al acto oficial.

El centro del albero y sobre un tablado se ejecutó la pieza que desde aquel momento pasaba a ser reconocido como nuestro Himno Regional cuyos autores de música y letra, Serrano y Thous, habían ocupado el palco presidencial.

Cuando el maestro de Sueca cogió su batuta para su interpretación, en el exterior de la plaza tuvo lugar una estruendosa traca acompañada de carcasas, al tiempo que una lluvia de flores caía sobre las gradas desde lo alto de los tejadillos del coso entre grandes aplausos, que obligaron al maestro a repetir nuevamente el Himno.





El acto tuvo su inicio con una cabalgata en la que tres carrozas representativas de cada una de las provincias desfilaron por la la arena, previamente “enramá” por unos carros que la alfombraron de murta.

El Círculo de Bellas Artes y sus artistas contribuyeron a la ornamentación de un acto que unía a las tres provincias. O al menos lo intentaba. Pero Valencia tenía su himno. De ello se trataba.



Hubo su crítica, el precio de las entradas que más asequible hubiese reventado la plaza en la que se observaron algunos claros.

Fotos del Archivo Municipal

jueves, 12 de noviembre de 2015

PLACA A SEBASTIÁN MONLEÓN,



1926 - Sebastián Monleón  Estellés, el ilustre arquitecto constructor de nuestra plaza de toros y ya de lleno en el ambiente festivo de la Feria de Julio de ese año, tuvo su placa homenaje colocada en las instalaciones del coso taurino siendo inaugurada el domingo 25 de julio, por la mañana, en aquel día de San Jaime, obra de Arturo Boix, cuando se llevaban a cabo unas obras para la sustitución de su valla exterior.

Al acto inaugural hubo gran asistencia de gente, amenizado por la banda Unión Musical que en el momento del descubrimiento de la lápida interpretó "Lo cant del valensiá" entre grandes aplausos.

Se inició con la presencia del presidente de la Diputación, Sr. Carrau acompañado por diputados y el director del Hospital Provincial. Concurrieron los Sres. Llorente Falcó de Las Provincias, González Martí de Bellas Artes, el arquitecto Sr. Martorell que había sido delineante del Sr.  Monleón, Francisco Almenar de la Asociación de Arquitectos, Julio Jimenez de la Asociación de la Prensa Valenciana, y junto a otras personalidades, "los revisteros taurinos Aguaiyo, Menda, Tonico Alamares y Riaño".

Finalizó el acto con un breve discurso del Sr. Carrau ante la placa vertical de mármol gris, con la cabeza del Sr. Monleón en alto relieve y bronce, con el escudo de la provincia en la parte inferior. Y esta leyenda:

"Don Sebastián Monleón y Estellés, ilustre arquitecto valenciano, autor y director de las obras de esta Plaza de Toros, que cedió generosamente el importe de sus honorarios y derechos en beneficio del Hospital Provincial de Valencia. La Diputación Provincial le dedica este recuerdo, 12  Marzo 1926.- Comenzaron las obras en 1851. Terminaron en 1860"

Vemos la postal viajera de aquel año con un texto a su destino. 

lunes, 20 de abril de 2015

EL CADAFAL DE MARCHALENES

plaza de toros del llano de la Zaidia
Archivo Juan B. Viñals

La plaza de toros que se instalaba en el siglo XVIII en el típico arrabal de Marchalenes es un hecho posiblemente ignorado por muchos de los actuales vecinos de esta antaño típica barriada. Es digno de resaltar que desde siempre los valencianos han sentido una gran afición por la fiesta de los toros.

La plaza de toros del Pla de la Zaïdia o de Marchalenes según el historiador Orellana, por los años mil setecientos y pico fue el núcleo principal de las corridas de toros que se celebraban en la ciudad de Valencia.

Salvador Carreres, de manera jocosa también nos dejó escrito, que entre los días 22 hasta el 30 de de septiembre de 1755 se celebraron en este Cadafal (Plaza de Toros de Madera) diferentes festejos taurinos.

Donde de verdad más beneficios reportaba a los organizadores de los festejos taurinos era sin lugar a dudas era en el Mercado Central, pero las autoridades Municipales celosos de sus funciones en ocasiones eran reacios en conceder los permisos por las incomodidades que producían tanto a los vendedores, transeúntes y compradores del mercado. Por lo tanto los organizadores se vieron obligados ha instalar “els cadafals” en diferentes lugares de nuestra ciudad y es por eso que en algunas ocasiones las corrida de toros y festejos se trasladaron al barrio de Marchalenes y más concretamente en el conocido Pla de la Zaïdia, cuyo palco principal o de autoridades se encontraba frente la desaparecida Creu del camí de Marchalenes, que luego fue trasladada al camino de Paterna hasta el día de hoy.

1901 Cadafal de marchalenes_ coso calle jativ 1901_Album Barbera Masip_047 (1) 
1901 – Coso de la calle Játiva – V. Barberá Masip
Archivo de Rafael Solaz

En definitiva muchas son las dificultades y trasiegos tuvieron que soportar la Junta del Hospital General de Valencia, hasta que se consiguió ver realizada por fin, la flamante y actual plaza de la calle de Játiva.

”El origen de la fiesta de los toros en Valencia se pierde en la oscura noche de los tiempos. Las más autorizadas opiniones sostienen que los romanos importaron a España la afición al circo, la cual decayó casi por completo durante la dominación de los godos y visigodos, hasta que, ocupado posteriormente por los árabes el territorio español, volvió a renacer, si bien sustituyendo a la lucha de gladiadores y de fieras por la lidia de toros, en la que ostentaban su pujanza y brío los más esforzados adalides de las distintas tribus sarracenas. La nobleza española, que bajo todos los conceptos sostenía una rivalidad sin limites con la musulmana, tomó una parte muy activa en tales diversiones, no solo impulsando por el espíritu y la galantería dominante en aquella época, sino también que nadie cedía en serenidad, esfuerzo y valor. Muchos fueron por este motivo los caballeros cristianos que se distinguieron en la lidia de los toros y adquirieron gran celebridad y renombre, por su singular destreza y bizarría. Valencia que nunca ha podido contar con pastos para la cría de reses de tales condiciones, es acaso de los pueblos más antiguos en donde se ha ejercido la tauromaquia como ley caballeresca, o como fiesta popular. Mucho interés despertó la afición a la fiesta de los toros, así como apetencia de ganancias en la organización de los primitivos corros, pues el 27 de de enero de 1612, ya se solicitó a Felipe III, un privilegio del derecho de renta de los corros de los toros de la municipalidad de Valencia, celosa por sus intereses y también por la comodidad del publico, hizo siempre cuanto pudo para alejar del mercado esta diversión. El Hospital fue atendido por SM y, en Real Cédula de trece de julio de 1742, se revocó la del quince de julio de 1741, que mandaba hacer corridas en la Plaza de Santo Domingo. Esto no bastó para que el ayuntamiento cejara en sus instancias, en términos que en los intervalos e indecisiones tuvo el Hospital que buscar sitio en el Pla de la Zaïdia de Marchalenes”

Recordar que en otros lugares de la ciudad también se celebraron corridas de toros, pero por lo que a nosotros nos ataña, nos referirnos al importante cadafal del Pla de la Çaidia.

“La plaza del Llano de la Zaidia, siempre fue cuadrada; pero su situación varió según los cálculos y gusto de los maestros carpinteros, que tomaban por su cuenta la construcción de los tinglados (cadafals). Unas veces se hizo teniendo a su lado N. paralelo a la acequia de Algirós que pasa lamiendo el Monasterio de la Zaidia, apoyando el vértice N.O., sobre el puente antiguo frente la cruz que todavía existe. Otras se ladeaba toda ella de modo que este lado paralelo comenzando desde el mismo punto frente la cruz, tomaba la dirección oblicua al molino Villacampa, y en este caso cortaba la acequia, sobre la cual se construía la plaza. Generalmente, cada uno de los cuatro lados de esta plaza tenia doscientos veinte palmos valencianos; había tres puertas, una daba frente a Santa Mónica, a cuyo lado N. estaba el toril, otra frente al pretil del río y otra en el camino de Marchalenes, encima de la cual estaban los palcos de las autoridades”.

En el siglo dieciochesco, una tarde de toros o de cualquier otro festejo taurino de los que se celebraban en el cadafal de Marchalenes, suponía un espectáculo multicolor y toda una diversión para la época. El trasiego de los entablados y de la piezas para construir el Cadafal; el ir y venir dels mestres fusters (carpinteros) para dejarlo todo a punto y en su punto.

Antes de la hora programada la plaza quedaba engalanada en cada uno de sus rincones y cada empleado hacia lo propio para el posible y normal desarrollo del festejo (areneros, alguacilillos, torileros, porteros, etc.…).Primero el espectáculo de la arriesgada desencajonada de las reses bravas. Las colas para adquirir las entradas. El emerger de las gentes tanto de la ciudad como de la huerta formaban remolinos humanos entusiasmados por ver la llegada de los toreros, sus cuadrillas y los mozos de espadas; carruajes y calesas, portando a las guapas cupletistas de los más importantes teatros de la ciudad, quienes aparecían luciendo bonitos mantones de Manila, mantones, que después eran extendidos en sus barreras.

Mientras tanto la laureada Agrupación de la Música de La Vega, no cesaba de interpretar airosos pasodobles. Todo en sí, era festivo, por lo que los más curiosos no cesaban de ir de un sitio para otro, para no perderse nada de lo que por allí ocurría. La mayoría de la marejada de espectadores se trataba de huertanos venidos de los poblados limítrofes quienes aparecían ataviados con la clásica brusa negra del -diumenge i díes de festa- los labradores y los Gremios que aportaban más aficionados y que presumían conocer los secretos de la fiesta, eran tratants i corredors d`orella, carnissers y blanquers (curtidores). La mayoría de esos espectadores iban provistos de ostentosos puros habanos.

La fiesta la componían además de los empleados del Cadafal, la misma avalancha de espectadores provenientes de la ciudad y de los pueblos, además se congregaba toda una grey de vendedores y aiguders, portando el preciado líquido con botijos de arcilla, no faltaban tampoco los horchateros. Alrededor de la plaza como si de un mercadillo medieval se tratara se colocaban tenderetes con todo un sinfín de las más variadas chucherías, toda esa diversidad de vendedores con potente vocerío pregonaban las bondades de la mercancía, lo que impregnaba al ambiente, un bullicioso sabor festivo alrededor de la plaza de toros del Pla de la Zaïdia en aquel populoso y típico barrio de Marchalenes.

Texto de Juan B. Viñals

Bibliografía.
.Juan Miquel de San Vicente.”Memoria sobre la Plaza de Toros de Valencia”.-1861.
.Juan B. Viñals Cebriá.-“Marchalenes huerta y marjales (…)”2000.

lunes, 26 de enero de 2015

UNA PLAZA DE TOROS, EL “CIRCO OLÍMPICO”

1833 circo olimpico


1833 - Con anterioridad y por un proyecto de 1798 Valencia tuvo una plaza de toros, construida a base de mamposteria y de madera, tras la puerta de Ruzafa, extramuros, en el camino de este nombre que fue destruida en 1808 cuando la  invasión francesa.

Años después, por la década de los treinta, se disfrutaba de la fiesta taurina en una nueva  plaza,  en esta ocasión sólo de madera, situada  junto a las Torres de Quart, contigua al Matadero Municipal, conocida en sus principios como el "circo olímpico" por sus espectáculos circenses, que, entre algunas otras de efímera vida, estuvo funcionando hasta la construcción del coso taurino en 1859, obra de Sebastián Monleón.

Las corridas de toros se celebraban a beneficio del Hospital General que se encargaba de contratar las reses con ganaderías andaluzas, mientras que ocasionalmente lo hacía con tenderos de la ciudad que ofrecían toros. Igualmente ajustaba el precio con toreros y banderilleros necesarios para el espectáculo.

Su capacidad era para 6.000 personas y las entradas oscilaban desde 1 real hasta los 40 reales necesarios para ocupar un palco. Los llenos y la gran afluencia a sus gradas representaban un muy buen beneficio para el Hospital, lo que hizo que la calidad de la fiesta aumentase, al igual que el precio de las entradas.

Las corridas de toros tenían un gran éxito, con venta de abonos para sus aficionados.

Pronto tendrían su gran coliseo al estilo de los romanos.

Bibliografía: Valencia en la Revolución (1834-1843) de Ivana Frasquet

lunes, 27 de octubre de 2014

LA VALLA DE LA PLAZA DE TOROS

PLAZA TOROS AÑOS 40

Años 40 - El aspecto exterior de la plaza de Toros no siempre ha sido semejante al actual. Hoy, abierta a nuestra mirada, se disfruta en toda la riqueza de su estilo neoclásico semejante al de los coliseos romanos.

Pero no siempre ha estado libre a la calle de Játiva, pues a su límite, existía una valla que taponaba la visión de sus arcos hasta la enfermería sita en la calle de Alicante. 

Desde 1860 una valla lucida era la que evitaba la visión de su planta baja, que fue sustituida por otra de ladrillo y rejas en 1926, a la que se fueron adosando taquillas y oficinas, así como una cafetería en su chaflán frente al de la Estación del Norte, como se observa en la foto de los años cuarenta en la que reina la tranquilidad de la calle, sin tráfico, con la presencia de un carro, un camión de mudanza y un corrillo de personas en apacible espera, con sus cestas y delantales que retan a nuestra imaginación.

En 1968 y con la eliminación del vallado y de su cafetería, la Plaza de Toros quedó exenta, creando una perspectiva de gran belleza, en singular maridaje con la estación ferroviaria de Demetrio Ribes, que en esta ocasión y al fondo, escasamente se observa en la foto.

sábado, 18 de octubre de 2014

EL PRIMER CARTEL TAURINO


cartel primera corrida de toros Archivo de Pilar Martínez Olmos

(El original de esta foto pertenece a la ganadería Moreno de la Cova,
heredera de la que en 1859 ofreció sus reses)

1859 - Siempre  hay una primera vez para cualquier evento y la Plaza de Toros de Valencia tuvo su primer cartel.

Poco antes, se había culminado el proyecto de Sebastián Monleón y el estilo arquitectónico más genuino de Roma se había trasladado al "cap i casal" tras la muralla cristiana, justo al propio lado donde rompía su lienzo para dar paso a las vías del tren que salía de la Estación del Ferrocarril situada a espaldas del Convento de San Francisco.

El cartel taurino impreso en los talleres de Ferrer Orga de Valencia, anunciaba la primera corrida de aquel año 1859, dónde el diestro Francisco Arjona, “el Cúchares”, que diera su nombre para elevar a la categoría de arte nuestra fiesta nacional, con toros de la Viuda de Zalduendo y de Nazario Carriquiri, fue quien, por primera vez, iba a pisar el albero del coliseo valenciano.

EL nombre y la espada de Cúchares llenaron las gradas de quienes al reclamo del primer cartel taurino, acudieron en tarde memorable al hechizo que la sangre y la arena procuran.

jueves, 15 de mayo de 2014

VICENTE BLASCO IBAÑEZ, TARDE DE TOROS

vicente blasco ibañez TARDE DE TOROS

En 1908 Vicente Blasco Ibáñez publicó una de sus más famosas novelas “Sangre y Arena” llevada a la pantalla en varias ocasiones.

Atrás había quedado una gran parte de aquel Blasco Ibáñez revolucionario, rebelde, de amaneceres de revuelta y de noches de sombras entre las rejas de San Gregorio. Pródigo escritor, literato costumbrista, observa la sociedad del momento para llevarla a sus libros. No fue un amante de la fiesta de los toros porque no le entretenían, pero en ellas vio el reflejo de una sociedad ansiosa de una fiesta que a su vez estaba muy arraigada en la cultura española como así lo manifestaron intelectuales de diversas generaciones, tanto en en el campo de la poesía como en el de la narrativa.
1093_jpg

Desde la barrera de la plaza de toros de Valencia, pegado a los toriles como inicio de la fiesta, con sus prismáticos, Blasco Ibáñez se dispone a fijar el horizonte del toro y el torero, sin desdeñar unas gradas repletas de boina y sombreros, reflejo de una sociedad que llevará a sus libros con la maestría de su pluma. De sus anotaciones, surgió una de sus obras maestras “Sangre y Arena”. Y de aquellas, sus reflexiones:

“El país que esté libre de diversiones brutales, vergüenza de la especie humana, que avance y diga cuanto quiera contra las corridas de toros, que aunque para mí y para muchos son monótonas, siempre resultan más entretenidas y mas artísticas que ver correr jamelgos, deshacerse la cara a puñetazos dos gordos imbéciles o rasgarse a espolonazos unos gallos asquerosos de trasero pelado…Si alguna distinción debe hacerse dentro de la universal brutalidad, que ésta sea a favor de las corridas de toros, por ser el espectáculo menos peligroso para el público, ya que nadie se arruina con ellas, ni hay suicidios como en las carreras de caballos, donde los jacos se llevan entre las patas las fortunas de las familias y tal vez el honor”.

viernes, 9 de mayo de 2014

SOCIEDAD CORAL VALENCIANA EL MICALET

Rondalla de la Societat Coral El Micalet. Plaza de Toros de Valencia. Ca. 1920

Archivo de Rafael Solaz

Ca. 1920 - La Sociedad Coral Valenciana El Micalet es una entidad musical fundada en 1893 de carácter privado y utilidad pública. Inició su actividad por el impulso del compositor valenciano nacido en el barrio del Carmen, Salvador Giner, quien fue su primer director. Tras sus 120 años de vida, su actividad se ha visto refrendada en diversas manifestaciones culturales con sus distintos grupos musicales, corales, teatrales, de danza y rondallas, que desarrollan su afición en la sede de la calle Guillem de Castro donde también disponen de un teatro, así como en otros escenarios comunitarios. En la foto torno a 1920 y en la plaza de Toros de Valencia, ante la asistencia de numeroso público, -arraigo de gran tradición en nuestra región- y mostrando su estandarte, ofreció a los amantes de la música la actuación de su rondalla compuesta de un nutrido grupo de sus asociados.

viernes, 14 de febrero de 2014

EL TIRO A PICHÓN

tiro al pichon 1906

Foto de Barberá Masip

1906 - En la actualidad el deporte en general ocupa un lugar muy importante en la vida social y económica en la que los medios de comunicación son de suma importancia. No era así en el siglo XIX. La actividad deportiva desde mediados de éste siglo era prácticamente inexistente y tan sólo se limitaba, principalmente, al tiro de pichón y al juego de pelota, actividad ésta en la que Valencia junto a las provincias vascongadas eran las abanderadas, por no decir las únicas. El tiro de pichón en Valencia que ya era muy popular avanzado aquel siglo, cuya práctica se ejercitaba básicamente en el cauce del Turia en las zonas de la Pechina los festivos por la tarde y en la de Monteolivete, tuvo su continuidad en estos lugares en el siglo XX. Su afición la fue aumentando con la inauguración por parte de la Sociedad de Tiro al Pichón en 1909 de unas instalaciones junto a la dársena del puerto con la presencia del rey Alfonso XIII, al socaire de la Exposición Regional; alcanzando mayor difusión con la aparición de prensa deportiva en mayor grado en la década de los veinte. En el año 1906 se celebró un certamen de tiro al pichón en la “plaza de toros” que vemos en la foto, donde ocasionalmente también se practicaba esta actividad deportiva.

martes, 3 de septiembre de 2013

LA PLAZA DE TOROS

plaza de toros 1870

Foto – J. Laurent 

1870 - Desde el siglo XI se celebraban corridas de toros mediante cosos desmontables en diferentes lugares de la ciudad, siendo junto a la plaza del Mercado el más frecuentado. Debido al auge de la conocida como “fiesta nacional”, el Hospital General, que desde 1612 ostentaba determinados privilegios sobre la fiesta taurina, acometió la construcción de una plaza encargando al arquitecto Sebastián Monleón el proyecto de la misma. 

Fue inaugurada el 22 de junio de 1859 con toros de la ganadería de la Viuda de Zalduendo para el diestro Francisco Arjona "Cúchares". Anexo a la plaza y de forma provisional, en 1929 se instaló un Museo Taurino que con la construcción en los años sesenta del Pasaje del Dr. Serra se ubicó en el mismo, donde prevalece. 

Su ruedo de cincuenta y dos metros de diámetro es uno de los más grandes de España, siendo considerado Monumento Histórico Artístico desde 1983. Manteniendo su propiedad el Hospital General, su administración está al cargo de la Diputación Provincial. 

En la magnífica fotografía de J. Laurent, vemos su estilo neoclásico a semejanza de la arquitectura civil romana, así como la salidad de la red ferroviaria desde la Estación del Norte situada entonces junto la plaza de San Francisco.