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jueves, 9 de julio de 2020

EL V CENTENARIO DE LA CONQUISTA


1740 - Un libro de Joseph Vicente Orti

En el año 1738 se había celebrado con gran pompa el V Centenario de la conquista de Valencia por Jaime I. Y aquellos días de grandes solemnidades, debían quedar reflejados para la posteridad en el negro sobre blanco.

Con este fin, los Jurados encargaron dos años después a José Vicente Ortiz la recopilación en un libro que glosara la efeméride llevando a cabo una obra con más de quinientas páginas que, además encierran bellos grabados. La aceptación popular fue muy exitosa.

La descripción de las fiestas celebradas en todas las parroquias y casas  nobles de la ciudad dieron al libro un importante valor documental que se completaba con las estampas de los muchos altares que se levantaron. Tan espléndido trabajo tuvo la consecuencia de la publicación de muy bellos poemas que no sólo ensalzaban la fiesta, sino también el libro que fue confeccionado en el taller del impresor Antonio Bordazar, que a su vez lo era del Santo Oficio y del Ayuntamiento, de donde recibía sus encargos.

1238 - Valencia mora

Una de sus singularidades fue la presentación entre sus páginas de un plano de cómo era la Valencia de 1238, con la indicación de las ocho puertas de la muralla árabe en su cartela superior, confeccionado básicamente para este fin, con un imaginario trazado interior en su retícula urbana, que se corresponde con el plano más antiguo de la ciudad. 

martes, 19 de junio de 2018

EL ÉXTASIS DEL ROCOCÓ

Archivo Municipal

Por donación de Carlos II la familia de los Rabaça de Perellós obtuvo el Marquesado de Dos Aguas cuando vivían en una casa gótica que avanzado el siglo XVIII quisieron adecuarla a un nuevo estilo. Y el elegido sería el rococó en su variante del Barroco, cortesano y animalista, alejado de influencias religiosas.

Su reforma, por encargo, estuvo a cargo de Hipólito Rovira y Meri, valido del marqués, pintor y grabador. En 1740 ya causaba admiración a cuantos se recreaban ante el Palacio para observar su fachada pintada al estuco, en su imitación al mármol, por José Ferrer, en la que sobresalen unos balcones diseñados por el propio Rovira, realizados por Luis Domigo con gran acierto.

Pero lo que mayor éxtasis produce al espectador es su puerta principal a cargo de quien siendo joven tenía prestigio, el escultor Ignacio Vergara, fiel al diseño y a los deseos de Hipolito Rovira, quien fue el ideologo de la masa escultórica, triangular, rematada por una hornacina que, sin embargo, en esta ocasión sitúa la imagen de la Virgen del Rosario.

Y si en su lateral derecho fija sobre el zócalo dos cocodrilos, dos carcajes con flechas y una vasija, derramando agua con una gigantesca figura masculina desnuda, en escorzo y con una hiedra a cuyo tronco se enrosca una serpiente, a la izquierda, igualmente sobre  su zócalo, resaltan dos cabezas de león, otra vasija con la misma función, un escudo y un carcaj que dan sustento a  otra figura masculina y a una palmera datilera.

Arriba, dos figuras masculinas sostienen sobre el dintel el escudo del Marquesado.

El que cause mayor asombro al visitante su fantástica puerta no desmerece al resto del conjunto realizado en piedra alabastrina de Niñerola, cantera del Señorio de Dos Aguas.

 Asi pues, en tan maravillosa obra de arte, destaca el tema fundamental que no es otro que el de dos atlantes encima de unas cántaras que vierten agua simbolizando el título de Dos Aguas.