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viernes, 14 de julio de 2023

LA VIEJA ESTACIÓN DEL NORTE


La foto de Barberá Masip de 1898 es la mejor instantánea para el buen conocimiento de cómo era el entorno de la estación de ferrocarril del Marqués de Campo que estaba situada en el punto exacto de la actual plaza del Ayuntamiento frente al que fuera Palacio de Correos y Comunicaciones y ceñida al inicio de la calle Ribera cuyo nombre ostentaba desde 1872.

A la izquierda se divisa el Palacio de Jura Real con sus seis pivotes en lo alto, que estaba ubicado entre las calles En LLop y Cotanda.

Se correspondía la zona con la plaza de San Francisco por la existencia de este convento demolido en 1891,nombre que ostentó hasta el año 1899 que pasó a ser nominada como plaza de Emilio Castelar.

A la derecha, y como extenso balcón corrido a la plaza, los edificios que daban vida al barrio de Pescadores, ya en fase de muy próxima demolición y en el centro una arboleda que oculta la Bajada de San Francisco.

La estación del Marqués de Campo, al perder su propiedad, tomó el nombre de Estación del Norte, por la nueva propiedad de la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, que en 1917 fue trasladada a su actual emplazamiento de la calle de Játiva.

El ingente gentío que llena la plaza, en un año convulso por las pérdidas de ultramar, posiblemente agrupada por el interés que suscita siempre la llegada a la ciudad de alguna personalidad, cita que con frecuencia se repetía en el lugar, al mismo tiempo se acredita por la expectación de los balcones con sus habitantes atentos al acto.

miércoles, 10 de noviembre de 2021

¡ LOS TRANVÍAS ELÉCTRICOS EN VALENCIA ! - I

1898 - Desde junio de 1876 eran las mulas y los caballos los que tirando de ellos desplazaban a los tranvías por las calles y plazas de la ciudad. 

Eran los que con el tiempo se han conocido como "tranvías de fuerza" que a paso lento trasladaban a los valencianos de un punto a otro de la ciudad. El camino al Grao marcaba el recorrido para su conexión con el Marítimo. 

La prensa cuando discurría el año 1898 lanzaba a la opinión pública que muy pronto iba a ser la electricidad la fuerza que los impulsará. Tendrían que pasar dos años, pues hasta marzo de 1900 no llegaría la ocasión del relevo.

Mediaba este año y la Compañía General de Tranvías presentaba su solicitud de servicio para la linea de Valencia al Cabañal; la Sociedad Plá Hermanos para la de Valencia a Torrente; la de los Tranvías del Norte para la de Valencia a Puebla de Farnals y la de Pascual Carles y Compañía para la de Valencia a Catarroja.

Y junto a las solicitudes, mostraban las Memorias, con su establecimiento, sus planos urbanos y la vigente reglamentación a la que se ajustaban.

Abundaban en sus deseos de mejorar el servicio, alentadas en especial, por la aceptación que han tenido los tranvías eléctricos en Madrid, Barcelona, San Sebastián, Bilbao, Murcia y otras ciudades.

Y para que los lectores supieran su alcance, el cronista citaba que si en la actualidad para cubrir el servicio Valencia-Torrente eran necesarios unos largos sesenta y cinco minutos, mediante la tracción eléctrica quedaría reducido a unos pocos treinta y cinco. 

Solo faltaba el tendido eléctrico que hiciera posible el avance por las calles. 

Y a la pregunta de:

¿Cuándo comenzarán a funcionar estos tranvías? las empresas respondían que en unos tres o cuatro meses, el tiempo que necesitaban para su adecuación, a falta, claro está, del permiso de la superioridad competente.

Sin embargo, eran los Ayuntamientos por donde discurrían en sus trazados quienes tenían la potestad para su autorización, para después y con el necesario informe de un ingeniero provincial, presentar los proyectos en Madrid, de donde debía llegar la aprobación definitiva.

Lo dicho: ¡dos años por delante esperando el visto bueno al avance del tranvía eléctrico! 

viernes, 13 de noviembre de 2020

COLECCIONISTAS DE LATAS DE CERVEZA

Hacia 1898.- La Esmeralda

En marzo de 1987 se creó en València la asociación nacional CELCE (COLECCIONISTAS ESPAÑOLES DE LATAS DE CERVEZA), con el número de registro 73.881, y para que se conocieran, intercambiaran e informaran todos los coleccionistas españoles que se pudiesen encontrar solos en este tipo de hobby.

A caballo entre final de ese año y principios de 1988 editaron su primera revista LATAS DE CERVEZA, con cadencia trimestral, tamaño cuartilla, saluda de inicio y un importante contenido: mantenimiento, orden y control de la colección, tipos de latas según tamaño (54 entonces), y breve historia de la lata de cerveza y su tardía llegada a España. 

Exposición 1993

La Asociación paralizó sus actividades en 1989, estuvo latente hasta que se revitalizó en 1992, y para atraer coleccionistas montaron una exposición de latas, etiquetas y carteles en la librería Crisol, que pudo ser visitada entre el 17 y el 30 de junio de 1993.

Exposición 1993

Al englobar a coleccionistas de todo tipo de material cervecero, optaron por cambiar el nombre del club, pero manteniendo las siglas, denominándole CELCE, CLUB ESPAÑOL DE COLECCIONISMO CERVECERO. Entidad con domicilio social en València y cuyo presidente actual es Pascual Merita.

De coleccionismo cervecero, ya que además de latas también los hay de chapas, etiquetas y posavasos.

Exposición 1993.- Cartel de cerveza El Alcázar.

En la primera época (1987-1989) editaron tres revistas, y de la segunda época (1992 en adelante) van por el número 99 de un magazine, actualmente trimestral, con amplio contenido, a todo color y tamaño DIN A4, para sus más de 300 asociados.

Además de las convenciones locales cada año celebran dos nacionales, aunque este año anuladas por el coronavirus.

 LA CERVEZA EN LATA

En su primera revista comentaban que la primera cerveza en lata apareció a la venta en Estados Unidos en el año 1934, cuando ese país estaba en plena recuperación después de superar la crisis de 1929.

Que la Segunda Guerra Mundial significó para los Estados Unidos un fuerte desarrollo en la producción de este tipo de envasado, pero para los países europeos y de otros continentes postergamiento de su comercialización en ellos.

De tal manera, que en los primeros años setenta del pasado siglo apareció en España la primera lata de cerveza, de la multinacional Skol y un contenido de 12 onzas líquidas (355 ml.).

Monopolio que duró poco ya que comenzaron la competencia El Águila Imperial y Mahou, ambas nacionales. Y las tres marcas cambiaron en la misma década al contenido tipo europeo de 330 ml. (el tercio), pauta que siguieron las siguientes empresas que comenzaron el enlatado.

En 1969 un periódico de Denver (EEUU), entrevistó al primer coleccionista conocido y calculan que actualmente hay más de un millón repartidos por todo el mundo.

Boutique de la Cerveza.- 2020.- Esteban Gonzalo

En València no hay museo, pero sí una Boutique de la Cerveza desde el año 2010 en el número 5 de la calle Luis Santángel, con centenares de botellas y latas de más de cuarenta países del mundo, pero con un apartado especial para las artesanas valencianas. 

Txema Millán en la boutique.- 2020.- Esteban Gonzalo

La creó Txema Millán, coleccionista de latas, chapas y posavasos de diferentes temáticas y a nivel internacional. Lugar para ver y si apetece tomar o comprar después de decidirse ante tan variada muestra, ya que hay hasta lámbicas, belgas con fermentación en atmósfera especial, y trapenses, hechas en monasterios. 

Las dos grandes fábricas de cerveza en València, El Turia y El Águila, comenzaron sus actividades en 1947 y 1949, respectivamente, pero estuvieron preludiadas por otras locales, como Cayol y La Esmeralda, de Bartolomé Hernández, que también producía hielo y gaseosas desde 1891 y se mantuvo hasta los años cuarenta del pasado siglo. Tuvo más larga vida que El Turia, que en 1986 fue comprada por Damm.

En cuanto a El Águila, empresa con sede en Madrid, en 1975 sustituyó su fábrica en El Cabanyal por otra con instalaciones modernas en Quart de Poblet, y en 1984 fue adquirida por la holandesa Heineken, que produce cerveza con marcas Amstel y con el nombre de la empresa.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

miércoles, 6 de mayo de 2020

MIRAR UNA FOTOGRAFIA DE 1898

Archivo Rafael Solaz

Una fotografía puede ser muy sencilla, con pocas líneas expresar y describir la belleza global del entorno, aunque yo diría los secretos históricos que ella encierra.

Debemos mirarla con los ojos de la emoción abiertos y los del corazón entornados. Observaremos los elementos por separado y llegaremos a todo el conjunto exclamando: ¡Precioso!

Entramos en ella, nos vestimos con la ropa de esa época, subimos al tranvía y caminamos por la senda llenándonos de la estela polvorienta que levanta a su paso, para después levantar la vista y saber lo que ocurría al pasar el puente. Por supuesto que respiraremos el aroma que desprenden los frondosos árboles de los Jardines del Real y escucharemos los sonidos de las aves que allí anidan.
  
Ahora estamos preparados para mirar la fotografía.

Estamos en 1898, la ciudad de Valencia rondaba los 203.000 habitantes, la plaza todavía se llamaba Plaza de San Francisco, la estación central era la de La Compañía del Norte en la calle del Sagrario de San Francisco, cuando la gente alquilaba un carruaje para desplazarse a distintos puntos de la ciudad, cuando el movimiento industrial estaba en auge con intercambios de mercancia en el extranjero y los bancos eran tres: El de España, el Credit Lyonnais, y el Hipotecario, junto a la Caja de Ahorros de Valencia, en la calle del Mar. La Catedral que tan solo hacía once años habia sido elevada a la categoría de Basílica, y la Lonja era el punto de contratación de toda clase de productos del país.

A la derecha vemos una arboleda perteneciente a los Jardines del Real  y una torre que asoma tras ellos, el Hospital Militar San Pio V.  El camino junto a la arboleda, el Camino del Cabañal.

El tranvía a vapor está girando porque viene del paseo de la Alameda.

¿Qué tranvía podría ser, con una locomotora, un coche imperial y un coche de una planta? Solo podía ser “El Ravachol”, que partía de la Plaza de Tetuán, cruzaba el Puente del Real, y llegaba hasta el Paseo de la Alameda, discurriendo hasta el Camino de la Soledad, y después por el Camino Viejo del Grao hasta la Playa de Levante en el Cabañal (6 Kilómetros se hacía de recorrido)

En la fotografía se observan dos personas en la explanada, que bien podían ser las protagonistas de nuestra foto.



Ahora toca cruzar el río, lo hacemos por el Puente del Real. Vamos recorriendo por el pretil del río, y por la calle Pintor Lopez. Lo primero que vemos es el conjunto formado por el Convento y la Iglesia de Nuestra Señora de Montesa, conocido poularmente como Iglesia y Palacio del Temple. En esta no, pero podemos imaginar también que en una época muy anterior, su lugar lo ocupaba un castro romano, que protegía la ciudad de las invasiones procedentes del mar, porque en aquel momento el río Turia era navegable hasta el mar.

Seguimos caminando y pasamos ante lo que en ese momento era el Colegio de Loreto, instalado en  lo que había sido el Palacio de los Condes de Carlet. Nos enfrentamos a él al salir de Puente de la Trinidad, pero la pena es que los árboles no dejan verlo.

¿Veis un edificio más pequeño que este último? El que le sigue a solo unos metros, el que asoma por detrás un viejo campanario. Pues estamos viendo el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús. Curioso pensar que tan solo llevaba construido siete años, ya que el edificio se levantó en 1891, atendido por las religiosas de la orden de la Caridad, sí, las que llevaban el típico hábito negro y largo con la gran toca blanca almidonada de forma alada. La torre campanario que se ve tras él es  de la iglesia San Lorenzo: la Pisa valenciana.

Y a pocos pasos las Torres de Serranos.

Lo que representa la imagen puede ser maravilloso y merece ser expuesto, pero también la ausencia representa lo que ya no es.

Texto de Amparo Zalve Polo

lunes, 20 de abril de 2020

VALENCIA MIRANDO AL MAR


Mirábamos al mar, sabiendo que estaba allí cerca, ¡pero tan lejos!

Caminando la larga avenida de Blasco Ibañez, nos detuvimos ante lo que para los ojos de una chica de dieciesis años iba a ser el sueño que desde niña quiso ser, médico. Un edificio grande, con una gran puerta, por la que algún día saldría orgullosa con un título bajo el brazo del que siempre había tenido gran vocación.

Mi madre lo conocía bien, mi abuelo ejerció como pediatra hasta los años ochenta y hablaban tantas cosas, desde que comenzó los estudios, los paseos entre clases por aquellos jardines frente a la Facultad, y por supuesto, recordaba muchas cosas que se quedaron grabadas en su mente de niña. Le pedí que me las contara y disfruté tanto como ella en su momento.


Había un gran deseo de conectar la ciudad con la zona marítima ya en el siglo XIX. Era un momento en el que la burguesía valenciana estaba ávida por tener una conexión confortable con la playa porque se había convertido en zona de veraneo. Proyectos se fueron presentando uno detrás de otro e iban pasando los años sin que se llevaran a término por una causa o por otra. 

Todo empezó cuando en el año 1863 , el empresario Manuel Gomez propuso la ejecución de un boulevard cuyo eje principal partiera del Palacio de la Exposición y desde allí se construyeran viviendas para clases burguesas. En 1865, fue Manuel Sorní, basando su proyecto en la rápida comunicación con los nuevos medios de transporte. Marcaba el punto de partida de la gran avenida desde los Viveros municipales. En 1883, Casimiro Meseguer plantea de nuevo uno que se haría llamar “Camino- paseo hasta el mar “. Tardo diez años en aprobarse (1893). La comunicación era directa con las playas del norte del rio Turia, aunque el camino del Grao quedaba para uso industrial. Mientras pasaba el tiempo para su ejecución, en 1897 se volvió a replantear este proyecto con una ancha avenida con ciudad jardín y la anexión con los poblados marítimos, dando como resultado final al proyecto en 1898.

La construcción de la Facultad de Ciencias y Medicina, y al tiempo el edificio para la Feria Muestrario, dieron el pistoletazo de salida para esta gran avenida. Ya en los años treinta, la tan deseada ciudad jardín comenzó con la construcción de chalets en dos manzanas, los de la Asociación valenciana de la Prensa que vulgarmente eran llamados: “los chalets de los periodistas”.


Un dato muy curioso que me contó: fue el que un día de noviembre de 1931, mi abuelo fue al cine y en pantalla salió un anuncio dando a conocer que Valencia iba a acercarse al mar y los textos anunciantes explicaban que en la realización del proyecto encontrarían trabajo más de quinientos obreros durante dos años. La zona de los terrenos sería de 3250 metros de longitud. 

El paseo consistiría en una calzada central de 100 metros, con un macizo central de 40 metros que separaba dos zonas de 30 metros de amplitud. Tendría dos urbanizaciones delimitadas: La Ciudad universitaria (ya estaban en construcción las Facultades de Medicina y Ciencias) y la Ciudad Jardín, con casas económicas en forma de chalets. Salieron del cine ya sabiendo como iba a cambiar Valencia hasta el mar.

Los tres proyectos que se explicaron aquel día en el cine, la reforma de la Plaza del Ayuntamiento, la Avenida del Oeste y el paseo de Valencia al Mar, crearon  un antes y un después en la urbanización de la ciudad.

Texto de Amparo Zalve Polo

miércoles, 27 de enero de 2016

miércoles, 21 de octubre de 2015

LA CALLE DE LA PAZ EN SU RECTA FINAL


1898 - Finalizaba el siglo y la calle de la Paz aún no encontraba su camino directo al Parterre. El primer tramo se había abierto en 1868 tras el derribo del Convento de Santa Tecla, aunque no con el citado nombre que se fijaría diez años después en homenaje al final de la guerra carlista. En la recta final del siglo faltaba el empujón que completara el proyecto. 

En 1898 el arquitecto municipal Sr. Ferrer era el encargado de valorar el justiprecio para la expropiación de los edificios que aún taponaban la zona.

Surgió la noticia del interés de una compañía de tranvías, no se citaba su nombre, en conseguir la modificación del trazado hasta ese momento para que desde la calle San Vicente y a través de la calle la Paz pudiera alcanzar la Glorieta. La empresa, al parecer, se hallaba dispuesta a anticipar el capital necesario que alcancen las expropiaciones, sin otro interés que el de facilitarle la citada ampliación.  

En la foto vemos el aspecto que ofrecía la calle de la Paz en aquellos años. Además era probable que la Comisión de Policía Urbana estudiara la conveniencia de transformar la Glorieta en un paseo abierto, a fin de facilitar el acceso a los apeaderos de tranvías, una vez abierta la nueva conexión desde la plaza de la Reina, que no sería hasta 1903.

domingo, 12 de abril de 2015

JULIO DERREY, FOTOGRAFO DE PRESTIGIO

1898 JULIO DERREY, FOTOGRAFO DE PRESTIGIO1898 - Archivo de Rafael Solaz 

Con el sistema del daguerrotipo la fotografía tuvo su implantación mundial pasado el primer tercio del siglo XIX. El nuevo invento llegó a Valencia, y a mitad del siglo existían en la ciudad un buen número de fotógrafos que ubicaban sus estudios en los pisos alos, buscando la luz.

Años después, en las décadas de los setenta y ochenta y ya con prestigiosos establecimientos de fotografía, se iban a significar como la “Edad de Oro del retrato profesional".

La falta de medios para disponer de una máquina de fotos, sólo posible en las familias adineradas, hizo que los “estudios fotográficos" continuaran in crescendo.

Fue el caso de Julio Derrey quien llegó a Valencia mediados los ochenta y se estableció, finalmente, en la Plaza Castelar como el “primer fotógrafo de Valencia”, según rotulaba en su fachada.

Julio Derrey emigró a Francia y de su gabinete se hizo cargo Francisco Gimeno Gil. Tras la reforma de la plaza Castelar, el estudio se trasladó a la avenida Amalio Gimeno, después rotulada Marques de Sotelo, en su chaflán con la calle Convento Santa Clara, donde se continuó fotografiando a la familia valenciana hasta los años 60/70.

viernes, 6 de febrero de 2015

BLASCO IBÁÑEZ ENCARCELADO EN EL CONVENTO DE SAN GREGORIO - VALENCIA LITERARIA

Blasco IbanŢez en la Carcel de San Gregorio

En el Convento de San Gregorio (1343), convertido tras la Desamortización en prisión, estuvo detenido Vicente Blasco Ibáñez, quien fue detenido el 27 de octubre de 1898 por publicar un manifiesto acerca de la cuestión local de la fábrica de gas. EL 1 de noviembre fue puesto en libertad.

En aquella época se publicó su libro Cuentos Valencianos, donde se recogían varios cuentos como Dimoni, Cosa de hombres y El dragón del Patriarca, y se comenzó a publicar su famosa obra La Barraca en el diario El Pueblo.

La cárcel (convento) de San Gregorio se encontraba en la calle San Vicente, en el lugar que ocupa en la actualidad el Teatro Olympia, regentado por la familia Fayos.

Y, otra curiosidad, cuando se demolió el convento en el año 1911, el reloj de su torre de instaló en la iglesia de Benimaclet, donde sigue en la actualidad.

Fuente:Vicente Blasco Ibáñez, de J.L. León Roca (Ed. Ayuntamiento de Valencia, 1997).


Texto de Mauro Guillén

miércoles, 12 de junio de 2013

lunes, 1 de noviembre de 2010

sábado, 14 de agosto de 2010

miércoles, 23 de junio de 2010