sábado, 16 de diciembre de 2023
PAGANDO TASAS: FIELATO
miércoles, 23 de marzo de 2022
A TRAVÉS DE LA PUERTA DE SERRANOS
Era la manera de entrar a la ciudad. Llegaban con los carros repletos desde las huertas de alrededor o quizás de más lejos, dejando atrás los caminos polvorientos y sorteando las inclemencias meteorológicas que les traía desde la comarca de los Serranos, donde allí se unían dos caminos reales, como el de Zaragoza o Barcelona, teniendo que atravesar el vano de una puerta de dimensiones considerables.
Era la Edad Media, y como era común, cuando se atravesaba la muralla sabían que tenían que pagar un impuesto para mantener los feudos, algo que venía muy bien a la hora de recaudar ya que se habían convertido en las puertas que más viajeros pasaban. Un buen punto de cobro para las mercancías que entraban y salían de la ciudad.
Los “derechos de puertas“ que así se llamaban en los que se cobraba por penetrar por las puertas de las murallas, pagando una cantidad según la procedencia y los bienes que portaban pasaron a convertirse más tarde en Fielatos, palabra derivada del fiel o aguja de la balanza que se usaba para el pesaje, que surgieron en el siglo XIX y que estuvieron hasta los años sesenta del siglo pasado .
¿Hay algo que declarar? - “Dos huevos nada más”.
Evitar el cobro en el fielato hacía agudizar el ingenio, surgiendo los estraperlistas y los matuteros, que de ambos sexos eran, aunque las matuteras parece ser que eran más entregadas a la argucia.
Pronto obtuvieron denominaciones populares. Los matuteros eran los andarines, carreros, embaucadores, o caballistas. Ellas, las matuteras, eran las amas secas, corredoras, barbianas, o empetadas.
Los dobles fondos en las carretas. Fingir un embarazo para pasar género a través de cinturones con dobles pespuntes. Mezclar el sebo del jabón con resina. Al café, hasta completar el kilo, se le añadía sucedáneo.
¡De la leche no hablemos! Pronto se le añadía al gran caldero de 20 litros, 10 de leche y 10 de agua, Terminando con una copla picaresca del momento:
"Una señora muy gorda
por el fielato pasó,
con un sombrero muy grande
y el Guarda la sorprendió:
“ Oiga usted, buena señora,
haga el favor de venir,
que nuestro jefe la llama
y algo le querrá decir”.
Al registrarle el sombrero
tres jamones le encontró
treinta docenas de huevos,
y seis kilos de salchichón."
Texto de Amparo Zalve Polo
miércoles, 25 de febrero de 2015
AL MERCADO
La puerta de Serranos como alto trono, esbelta y con empaque, era la entrada a la ciudad para quienes acudían desde las cercanas huertas situadas al norte, o bien llegaban de la lejana serranía.
Y por su portal de rica tracería y rumbo al mercado, todos los días cruzaban legumbres, vinos, frutas y granos; aceites y carnes; esparto y miel; cestas y tinajas; maderas y leña para arder.
Con sus precisos puntos de venta, el aceite se dirigía hacia la Lonja de su nombre al que se accedía por la calle Nueva, entre otras, y que a su derribo, dio luz la plaza del Dr. Collado, mientras que los granos alargaban su camino al Almudín. Y el pescado hacia la plaza Redonda y su entorno.
Puertas hacia el mercado de madrugada, con retorno de vacío a la huerta
jueves, 23 de enero de 2014
LOS FIELATOS
La finalidad de los fielatos era recaudar un impuesto que gravaba sobre una serie de alimentos de forma directa al consumidor desde mediados del siglo XIX. Para tal fin, se situaban unas pequeñas casetas en lugares estratégicos de acceso a la ciudad donde los empleados municipales ejercían también su labor de control sanitario. Con la existencia de las murallas, los fielatos se situaban en las puertas de entrada, así como en la estación del tren sita en el centro. Tras su derribo se instalaron junto a los caminos de llegada a Valencia, como eran los puentes sobre el Turia, la ronda de circunvalación, así como en la posterior de tránsitos y las estaciones de ferrocarril, mediante unas casetas de obra que en ocasiones eran de madera, denominadas como “estación sanitaria”. Para cumplir con mayor eficacia su trabajo y cuando en su situación urbana coincidía con el paso del tranvía, el consumero subía a éste para ejercer su trabajo. Los productos que estaban sujetos al tributo, básicamente, eran los aceites y vinagres, vinos y bebidas, carnes y pescados, legumbres y frutas y otros de uso alimentario en un impuesto que estuvo vigente hasta el año 1963.
Vemos en una foto de ese año el fielato que había en la entonces avenida de Castilla, ya fuera de servicio por la derogación del impuesto y otro en servicio del siglo XIX ante las torres de Serranos una vez pasado el puente.
%20(1).jpg)
.jpg)
