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lunes, 10 de febrero de 2025

ELS MIRACLES EN SUS INICIOS

                      Altar de San Vicente Ferrer en la calle Bolsería. 1927

Es la fiesta de aquel Apóstol del siglo XIV.


En los primeros días de primavera los balcones que habían permanecido cerrados durante el invierno se abrían, para colgar de ellos ondulantes cortinas, llenándose de macetas con flores. Se despojaban de los abrigos de invierno para cambiarlos por los de primavera y se echaban a la calle en busca de los Altares del Santo.

Altar de San Vicente Ferrer en la Plaza de la Congregación. 1927

La imagen de San Vicente Ferrer se alzaba sobre catafalcos muy bien ornamentados, cuidándolos las cofradías de la vecindad. Preparaban inscripciones y carteles, declamaban romances y coplas cantadas, y algún que otro villancico, todo en castellano. Toda una fiesta para un Santo.

Ese fue su comienzo hasta que sin fecha precisa se introdujo la escenificación de los hechos milagrosos de San Vicente Ferrer. De hecho hay una representación que aparece impresa en el año 1816, en la que se alude a la calle del Mar. En dicho altar un niño predicaba un sermón fingiendo ser San Vicente, y otros dos niños cantaban versos vestidos de ángeles.

Altar de San Vicente Ferrer en la Plaza del Pilar. Fuente pública aún existente.

A partir de ese año aparecen impresos muchos más Miracles. Estas representaciones, ya en valenciano, estaban a cargo de los Niños Huérfanos de San Vicente Ferrer y los de otros hospicios, que se colocaban en los altares la víspera y el día del Santo para declamar el Miracle en valenciano, pero el vulgar, haciéndolo de hora en hora. 

Con notas cómicas el lego o motiló acompañaba a Sant Vicent para que el público riera a carcajadas contrastando con la severa santidad de su compañero.

Año tras año nunca se agota el repertorio, porque de autores, de historia y de hechos portentosos el Santo va sobrado.

Texto de Amparo Zalve

lunes, 24 de abril de 2017

FESTEJOS VICENTINOS

Archivo Municipal


En abril de 1919 y con motivo del quinto aniversario del fallecimiento de San Vicente Ferrer la “Asociación del Mocadoret” anunciaba su programa de festejos para el año en curso. Del mismo, destacaba el propósito de bautizar a un  recién nacido de acuerdo con la exigencia de que sus padres, asociados o no, tuvieran su domicilio en una de las siguientes calles:

Plaza Lope de Vega, Sombrerería, Zaragoza, Correjería, Subida del Toledano, Cocinas, Zurradores, Zapatería de los Niños, Numancia, Ercilla, Embou, Purísima, Cadirers, Burguerins, Danzas, Plaza de la Compañía, Cenia, Estamenería Vieja, plaza de Collado, Derechos, Nueva, Mercado, Trench, Platerías, Tapenería, Verónica y Milagro de San Vicente.

Era condiciones básicas que fuera varón, haber nacido desde las 12 horas del día 28 de abril de aquel año, justificar los padres su legitimidad y estado de pobreza, éste, por supuesto, a juicio de la Junta. Además se debería aceptar el nombre de Vicente para el niño, mientras que los padrinos serían nombrados por la corporación vicentina, entidad que correría con los gastos del bautismo. Se comprometía también a abrir una libreta de ahorros en el Monte de Piedad con 25 pts a favor del niño, para su disposición al inscribirse en el servicio militar. 

Las últimas condiciones daban a la Junta la potestad de señalar el día y hora para el acto, al igual de que en el supuesto de que fueran dos los niños en igualdad de condiciones, sería de su juicio indicar el agraciado.

Las solicitudes debían de presentarse en la secretaría de la Corporación, calle del Milagro de San Vicente, número 2.

Entre los numerosos actos programados, era de mención la colocación de una placa conmemorativa situada en la casa donde se levanta habitualmente el altar vicentino de la calle de la Tapinería.

lunes, 28 de abril de 2014

FESTIVIDAD DE SAN VICENTE FERRER Y SUS “MIRACLES”

Naumaquia que se celebró en 1755 en Valencia, entre los puentes de la Trinidad y del Real, con motivo del centenario de la canonización de San Vicente Ferrer

1755 - Alfonso de Borja, quien había sido rector de la Iglesia de San Nicolás, tuvo un encuentro con el predicador Vicente Ferrer, quien dirigiéndose al Borja le predijo que estaba destinado para alcanzar el papado vaticano, desde donde procedería a su canonización. Efectivamente, se cumplió la profecía y una vez proclamado Papa como Calixto III, lo elevó a los altares en 1455, tal como el propio dominico le había anunciado.

Su III centenario se celebró en Valencia con mucha pompa en el cauce del rio Turia. Entre los puentes de la Trinidad y del Real, tuvo lugar una naumaquia ante la negativa de Carlos III de autorizar una corrida de toros. La batalla naval entre moros y cristianos se celebró en los días 12 y 13 de julio de 1755, y en el grabado de Carlos Francia se observa con todo lujo de detalles las diferentes embarcaciones de una contienda a la que asistieron como espectadores más 30.000 valencianos en homenaje a San Vicente Ferrer, quien sería nombrado patrón de la Comunidad Valenciana.
1917 miracle en el altar del mar
Su festividad se celebra el lunes siguiente a la octava de Pascua por decisión del papa Clemente VIII en el siglo XVI, y entre sus diversos actos destaca la teatralización de sus “miracles” en los tradicionales “Altars de Sant Vicent”, teatros montados sobre catafalcos en diversos puntos de la ciudad al aire libre, y a cargo de las respectivas asociaciones con la interpretación en Lengua Valenciana por niños de la barriada, siendo el más antiguo el conocido como del Mar, situado cerca del “Pouet de Sant Vicent”, del que se tiene constancia desde 1461. Igualmente destacan por su antigüedad y fama los que tienen lugar en el “Mercat” y en el “Tossal”, ambos del siglo XVI. También los de Ruzafa y del Pilar que vienen celebrándose desde el XIX, o el del Carmen, de principio del siglo XX. En la foto de 1917, vemos la escenificación de un “miracle” en el altar de Mar.