Como digo muchas veces, hay ciertas fotografías antiguas a las que no damos importancia porque además nos parece haberlas visto repetidamente con referencia al lugar y la época, y las pasamos de largo como si se trataran de una más.
jueves, 23 de julio de 2026
UN TROCITO DE PLAZA PARA EL ÚLTIMO SUSPIRO DE UNA HISTORIA
Como digo muchas veces, hay ciertas fotografías antiguas a las que no damos importancia porque además nos parece haberlas visto repetidamente con referencia al lugar y la época, y las pasamos de largo como si se trataran de una más.
miércoles, 15 de julio de 2026
COMPRAR EN EL MERCADO CENTRAL DURANTE LA GUERRA CIVIL
La venta libre había desaparecido prácticamente, aunque como ahora vamos a ver existía sobre todo en la Plaza del Mercado y en las inmediaciones. En el interior del mercado se operaba con cartillas de racionamiento para distribuir lo poco que llegaba de la huerta.
La escasez de alimentos cada vez era mayor a medida que avanzaba el conflicto, obligando a la población a esperar horas en largas colas para adquirir los productos racionados básicos.
Podían perfectamente pasar la noche en la calle a la intemperie, bien sentados en sillas de enea o sobre mantas en el suelo, así guardando fila a la espera de los periódicos locales de cada mañana donde las autoridades publicaban el número de cupón que se iba a canjear ese día en el mercado, “cupón número 3 para 100 gramos de arroz”, aunque también se avisaba por bando. Todos bien atentos si no se querían perder la comida del día.
Pero ojo, que al ser Valencia zona republicana, el Ayuntamiento o la Junta de Defensa, imprimía sus propias cartillas. De tal modo que la que se imprimía en Valencia sólo servía para Valencia, en ningún otro pueblo ni ciudad de España. A veces las gestionaban los sindicatos, y en la portada se leía “Comisaría General de Abastecimiento ”o “Consejo Municipal de Valencia”
Se hacían en imprentas locales y el papel era de muy mala calidad. Hojas dobladas en dípticos o en trípticos con pequeñas casillas numeradas sin el nombre del producto, porque a saber qué alimentos iban a llegar ese día. Como había carencia de carnes y huevos, tan necesaria la proteína, en Valencia, se creó una cartilla especial, específica para regular la carne, aparte de la de los comestibles.
Los puestos de venta en el mercado perdieron la libertad de fijar precios. La comisaría de Abastecimientos controlaba con mucho rigor lo que se cobraba para evitar la especulación. Los mostradores los vigilaban los milicianos y los guardias para evitar saqueos, organizar turnos en las colas y que nadie comprara más de los estipulado por su cartilla.
Eran tan habituales estas colas y había tal cantidad de personas, que se hacían peligrosas, por lo que se diseñaron carteles alertando sobre la infiltración enemiga y los riesgos de los bombardeos.
Una vez logrado llegar al interior del mercado, en cuestión de minutos se agotaban los alimentos que llegaban de la huerta valenciana y tras pocas horas la mayoría de puestos tenían que cerrar por la falta de provisión, así que, tras pasar la noche esperando en la cola alguien se volvía a casa con las manos vacías.
La picaresca añadía que para duplicar turnos en diferentes puestos a la vez se utilizaban a niños y ancianos. Los había que con miga de pan borraban los sellos de las cartillas para ser despachada la comida por segunda vez.
Y que no estuviera a punto de terminarse algún producto, porque los empujones y discusiones, en parte debido al agotamiento físico y los nervios se hacían de notar.
El refugio más cercano al Mercado Central estaba en la calle Alta. Si sonaban las sirenas era el que más próximo les quedaba para los que allí estaban y para los vendedores, aunque a unos metros más tenían el del ayuntamiento o el de Serranos.
Los vendedores exteriores abandonan los puestos por negarse a vender el género a precio de tasa. ( Fot. Cabedo)
Pero tal y como se ve en la segunda fotografía, en el exterior del mercado, tanto en la propia plaza, como en las calles cercanas, habían muchas paradas clandestinas, debido a las estrictas regulaciones que sufrían los puestos del interior. La policía y los milicianos controlaban los precios y las cartillas dentro del edificio, por lo que muchos agricultores optaban por no entrar. Improvisaban pequeños puestos callejeros, incluso mantas en el suelo o directamente en los carros que habían transportado el género, y a precios libres, por supuesto más caro. Los guardias hacían la vista gorda en este caso. Pero como el Gobierno Republicano así los indicaba, de vez en cuando hacían redadas sorpresa en la zona exterior. De repente confiscaban toda la mercancía ilegal y detenían a los vendedores por delito de especulación.
Puede que la mayoría o no lo han vivido o no lo recuerden, mas bien sí la posguerra, pero se lo habrán contado que se hicieron muy populares los trampantojos culinarios. Tortilla sin huevo a base de harina, que la mayoría era de maíz o de almortas con agua, sal y un poco de bicarbonato, para que aquello subiera. Un toque de azafrán o colorante daría la ilusión amarillenta.
Aros de cebolla rebozados en harina y fritos recordarían a los calamares a la romana. Y sin dejar atrás la piel de plátano machacada como una excelente crema.
De café nada. El agua se infusionaba con cebada tostada, achicoria o algarrobas.
El chocolate era la pulpa de la algarroba seca y molida fina.
El pan era la mezcla de escasa harina de trigo con salvado, cebada, e incluso bellotas trituradas para cundir la masa.
En el campo se recolectaban plantas para cocinarlas en forma de gachas, tal como eran las tagarninas o las almortas.
Texto de Amparo Zalve Polo
martes, 24 de diciembre de 2024
HACIA EL NUEVO MERCADO
viernes, 25 de octubre de 2024
DE CAMINO AL MERCADO EN LOS AÑOS CUARENTA
El paso era apresurado por la Llotgeta, a tan solo unos metros se encontraba la larga escalinata que subía al interior del Mercado.
También abundaban las paradas de frutos secos adosados a las paredes del Mercado frente a la Lonja, perfectamente colocados, y en abundancia, sobre telas blancas en grandes cestos a los que cubrían toldos para evitar el resecamiento por el sol.
El regreso a casa cargados de compra llenaba las calles de los alrededores, se hacían estrechas al paso de la gente, los carromatos y los carros.
martes, 23 de julio de 2024
LA PRIMERA DEL MERCADO CENTRAL
sábado, 4 de mayo de 2024
POCO TIEMPO HABIA PASADO DESDE QUE SE INAUGURÓ
Texto de Amparo Zalve
sábado, 20 de abril de 2024
ONOMÁSTICA DEL REY ALFONSO XIII
jueves, 4 de abril de 2024
DE "MERCADO MORUNO" A MERCADO CENTRAL.
Este es el aspecto parcial que ofrecía la plaza del Mercado en la primera década del siglo XX. Años en los que desde el Ayuntamiento se barajaban las distintas opciones para la construcción de un mercado cubierto que modernizara la zona, dejando atrás, y ya desde época musulmana, el aspecto abigarrado de una zona que en los días de mercado se cubría en su totalidad a base de puestos portátiles cubiertos por lonas. Eran los años en los que Blasco Ibañez veía la necesidad de hacer desaparecer aquel mercado de aspecto moruno, para la construcción de uno nuevo cubierto a base de hierro y cristal.
Vemos la Iglesia de los Santos Juanes con su aspecto barroco de principios del XVIII que se adentra por la calle Vieja de la Paja en cuyo extremo se alza su campanario. Con las Covetes de San Juan de la primera década de aquel siglo. Y a su izquierda la “Casa del Principal” donde se alojaba una compañía militar de tiempos muy antiguos al cuidado de las ordenanzas municipales, en una zona que era el auténtico pulmón comercial de la ciudad.
Entre los diversos proyectos que se barajaban se decidió la construcción de un nuevo mercado cubierto en la zona limitada por las calles Vieja de la Paja, Molino de la Robella, Calabazas y Mercado de las Flores, dándose en febrero de 1910 el pistoletazo para el inicio de los derribos de todos los edificios situados en el entorno citado, en el que permanecía el Mercado Nuevo de 1839.
La primera piedra se colocó en noviembre de 1915 con la presencia de SSMM los Reyes de España.
Ya se pensaba en dos lonjetas anexas al mercado, una para alojar la administración del propio mercado y otra a la Guardia Municipal, cuyo edificio fue el último resistido a su derribo, toda vez que dificulta las obras ya iniciadas.
Por fin, en junio de 1917 el Capitán General aceptó el traslado de la Guardia a la Lonja de los Mercaderes enfrente, donde permanece la guarnición hasta marzo de 1922 con la recepción del nuevo Pabellón de la Guardia.
Una foto que nos informa que para el tranvía eléctrico aún no había llegado su hora y el “pardal de Sant Joan” en lo alto protagonizaba una bonita historia en el “Arroz y Tartana” de Blasco Ibañez.
martes, 8 de febrero de 2022
EL MERCADO EN LOS INICIOS DEL SIGLO
sábado, 16 de enero de 2021
MERCADO CENTRAL Y SANTOS JUANES
MIRANDO HACIA ARRIBA
1928 - Archivo Municipal
Sobre las cúpulas y cupulines del modernista Mercado Central, inaugurado en enero de 1928, encontramos una serie de varillas y veletas metálicas decoradas con unos artísticos trabajos de muy buen gusto. La central y más alta representa una verde cotorra, que nos lleva a pensar en la “Cotorra del Mercat”. ¿A qué alguna vez habéis oído hablar de ella?
La “Cotorra del Mercat”. Foto E. Goñi, febrero 2019.
En la parte superior de la zona de pescadería, qué podemos esperar, pues naturalmente un pez con los tonos plateados de sus escamas.
Pez del Mercado. Foto E. Goñi, febrero 2020.
En los dos edificios auxiliares de ladrillo cara-vista rojizo que están en los laterales de la fachada principal vemos sobre unos vistosos cupulines cónicos de cerámica, muy atractivos, un dragón en cada lado, o a mi así me lo parece.
Dragón del Mercado. Foto E. Goñi, febrero 2020.
Dando una vuelta al Mercado, sobre unos pequeños templetes, a ambos lados de la puerta trasera encontramos lo que creo que son un perro en cada uno. Yo diría que estos dos últimos son veletas, de los dos primeros tengo alguna duda.
Templete con perro? Mercado. Foto E. Goñi, febrero 2020.
Cambiamos de edificio y miramos a lo alto de la fachada que da a la plaza del Mercado de la Iglesia de los Santos Juanes, cuya primitiva construcción se inició sobre 1240 y tras sufrir varios incendios en 1311, en 1592, cada reconstrucción aportó un cambio de estilo y por fin nos llega tras el incendio de 1936 con lo que quedó de su aspecto barroco.
Vemos en la fachada un excelente trabajo decorativo en forma de retablo, en el que prima la Virgen del Rosario, en lo alto del reloj se fijó una veleta con aspecto de pájaro, El “Pardal de San Joan” que ha dado paso a una curiosa leyenda: Se dice que cuando una familia de cualquier parte del Reino de València tenía algún grave problema económico y no podía mantener a alguno de sus hijos, lo traían desde cualquier lugar del Reino a la plaza y señalándole su padre la veleta le indicaba que mirase muy fijamente al “pardal” porque iba a verlo volar enseguida. Distraído el niño mirando el “pardal” aprovechaba el padre para huir rápidamente, abandonándolo, con la esperanza de que alguno de los mercaderes que había por la plaza lo recogiese como aprendiz y le diera un futuro. Realmente una muy, pero que muy triste leyenda.
Fachada a la plaza de la Iglesia. Foto E. Goñi, enero 2019.
En esta imagen se ve al pájaro en cuestión que lleva colgando de una cadenita un tintero con una pluma, supongo que representa a san Juan Evangelista.
Tenemos además un buen trabajo en la cúpula del campanario de la Iglesia, en la fachada opuesta, plaza de la ciudad de Brujas donde podemos admirar en la veleta una flamígera flecha, trabajo bien cuidado, como el anterior.
Entre pájaros y veletas iba la mirada de hoy.
Texto de Enrique Goñi Igual
domingo, 19 de julio de 2020
DE SAINETE CORTO CON EL PARDAL Y LA COTORRA
¡Pepinos, tomates, lechugas!
P-¡Cómo no voy a estar acostumbrado si llevo aquí muchos más años que tú! He visto de todo, o casi de todo. Cuando tú no habías llegado aún, tenía que tragarme todo el griterío del mercado en la plaza.
C-¿Y por qué no les hacías callar?
¡Melones, sandías, melocotón!
C-¡Eh, tú, pececito, despierta! ¿No ves que debes de cuidar tus bajos? Estás en tu veleta para que todos vean que custodias el pescado. ¡Muévete que haces falta! En vez de un "pez espada", pareces un "pez navaja". Luego dicen que con todos me meto.
C-¿Por qué? ¿Para qué? Dime qué sabes, que yo desde aquí no la veo.
P-!Pregúntaselo a la Paquita, a la Asunción o a la Amparín!, que seguro que ellas lo saben bien. ¡“Dotoras”, más que “dotoras”!
¡Aceitunas, salazones, bacalao!
lunes, 27 de enero de 2020
FUE CUESTIÓN DE TIEMPO
Mercado al descubierto, salvaguardado del sol mediante unas lonas individuales que dejaban su encanto, salvo la zona del Mercado Nuevo de 1839 a cuya entrada y a dos aguas, de madera, allí estaba el conocido como "de las flores", mercadillo que vería sus últimos días en la placita de San Sebastián, a donde había sido trasladado para su utilidad.
lunes, 21 de octubre de 2019
BOTIFARRONS, RARA AVIS
martes, 8 de octubre de 2019
LA CALLE DE NA ROBELLA
En su defensa, el Alcalde Agustín Trigo salía al paso informando que había sido una decisión de la antigua alcaldía que había encargado los nuevos rótulos, y que él había ordenado su colocación una vez recibidos. No obstante se estaba a la espera de un nuevo informe del cronista Luis Cebrián para su consideración.
domingo, 21 de julio de 2019
LA ESPECTACULAR FERRETERÍA DE GUILLERMO PEDRÓS
domingo, 24 de diciembre de 2017
EL SÓTANO DEL MERCAT CENTRAL
La cuesta de Enero presentaba sus primeros pasos.
miércoles, 24 de mayo de 2017
LA DESAPARECIDA CALLE MOLINO ROVELLA
Vemos en la imagen de los años treinta una vez construido el Mercado Central (modernista: marquesinas, hierro y cristal en singular armonía) y en primer foco, la rampa de acceso a sus sótanos, y, a la vez, el aspecto que ofrecía la calle Molino Rovella, muy ceñida, de la que se asoma a la derecha la de Juan de Villarrasa.
domingo, 30 de abril de 2017
AL MERCADO CENTRAL POR LA TARDE
El Mercado Central se iba incorporando en la vida social valenciana y a poco más de dos meses de su inauguración, los puestos de venta estaban prácticamente otorgados. Ahora se trataba de reglamentar sus horas de servicio al público.
No es de extrañar pues, que a partir de 30 de abril de 1928 y ante la demanda ciudadana, se modificara el horario para acceder a sus productos.
Y desde aquella fecha, y “por acuerdo de la Subcomisión correspondiente todas las tardes menos los domingos y hasta nueva orden se abrirá el Mercado Central a las 4,30 reanudándose la venta en los puestos cuyos ocupantes quieran realizarla”, tal y como se indicaba en la prensa de aquel día.
viernes, 31 de marzo de 2017
LA PRIMERA PIEDRA PARA EL MERCADO CENTRAL
Siendo aquel quien a continuación y en larga alocución, inició sus palabras mencionando los treinta y tres años que fueron necesarios para que el Ayuntamiento, con mayor o menor fortuna, lograría hacer realidad el proyecto que aquel día se iniciaba.
Viejos edificios, lonas y "el Principal" -en su desaparición- iban a dar paso a un nuevo Mercado Central, que, en la actualidad y de camino a su primer centenario, es uno de los lugares que mayor atención presta al turista viajero cuando llega a nuestra ciudad.




























