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jueves, 23 de julio de 2026

UN TROCITO DE PLAZA PARA EL ÚLTIMO SUSPIRO DE UNA HISTORIA


Como digo muchas veces, hay ciertas fotografías antiguas a las que no damos importancia porque además nos parece haberlas visto repetidamente con referencia al lugar y la época, y las pasamos de largo como si se trataran de una más.

Todas, todas hay que observarlas con precisión y entusiasmo porque no hay ninguna que no hable, que no cuente. Y esta es una de ellas.

Bien pues, admiremos esta fotografía que es del año 1926. Congela en el tiempo el último suspiro de una tradición milenaria reflejando el comercio más humilde, ruidoso y popular de la ciudad de Valencia.

Fotografía de tarde, los puestos del mercado en la puerta de la Lonja estaban recogidos, tan solo quedaban de “les paraetes” los armazones de madera, caña y las lonas enrolladas en ellos, ya no tenían que tapar el género. Estaban en un buen sitio de la Plaza del Mercado por varias razones, una porque aprovechaban la sombra que les propiciaba los muros de la Lonja y por otra parte se beneficiaban del flujo constante de personas que subían y bajaban los escalones para pasar por la calle Escalones de la Lonja hasta la Plaza del Doctor Collado.

Por la tarde, en ese mismo lugar unos cuantos años atrás, bastantes, cuando todavía estaban los soportales, los hombres acudían a un mercadillo popular, “el baratillo”, donde se compraba y vendía, se cambiaban capas y prendas de vestir de uso diario.

Ya no estaban las tardes para ello en ese lugar pero siempre quedó la tradición del cambalache donde en la década de los años 20 se intercambiaban en ese mismo punto estilográficas, mecheros, relojes de bolsillo y cualquier pequeño objeto que pudiera salir de un bolsillo.

Dando la espalda a la foto, justo en ese año, se estaba levantando la estructura del Mercado Central con la monumental armadura de hierro, las cúpulas y los pilares de ladrillo. Después de tantos años poco les quedaba a esos armazones de madera y lonas enrolladas con la reurbanización de la plaza, que poco a poco irían siendo demolidas o trasladadas a otro lugar para despejar el entorno de la Lonja.

Pues nos fijamos ahora en uno de los detalles que se nos podría haber pasado desapercibido. Me refiero a la caseta de madera en los escalones y pegada al muro de la Lonja. Era un despacho e inspección del mercado, que también se le llamaba caseta de arbitrios o del mustasaf. Ahí se custodiaban los patrones oficiales de pesos y medidas, comprobando que los vendedores no engañaban a los compradores. También servía como oficina de recaudación de arbitrios municipales para los vendedores que ponían sus puestos todas las mañanas. Además de todo esto actuaba de puesto de vigilancia para las autoridades que organizaban el orden en la plaza.

¿Tenía yo razón o no? Una simple fotografía que podíamos pasar por alto y que muestra un trocito con mucha historia. Y les paraetes y la caseta dejaron un día de ensuciar la fachada gótica de la Lonja.

Texto de Amparo Zalve Polo

miércoles, 15 de julio de 2026

COMPRAR EN EL MERCADO CENTRAL DURANTE LA GUERRA CIVIL


Siendo Valencia la capital de la República durante gran parte de la Guerra Civil, el Mercado Central se convirtió en el eje principal para alimentar a la población y a los miles de refugiados que llegaban a la ciudad, aunque vendían en condiciones extremas debido al desabastecimiento, al estricto control militar y a los bombardeos.

La venta libre había desaparecido prácticamente, aunque como ahora vamos a ver existía sobre todo en la Plaza del Mercado y en las inmediaciones. En el interior del mercado se operaba con cartillas de racionamiento para distribuir lo poco que llegaba de la huerta.

La escasez de alimentos cada vez era mayor a medida que avanzaba el conflicto, obligando a la población a esperar horas en largas colas para adquirir los productos racionados básicos.

Podían perfectamente pasar la noche en la calle a la intemperie, bien sentados en sillas de enea o sobre mantas en el suelo, así guardando fila a la espera de los periódicos locales de cada mañana donde las autoridades publicaban el número de cupón que se iba a canjear ese día en el mercado, “cupón número 3 para 100 gramos de arroz”, aunque también se avisaba por bando. Todos bien atentos si no se querían perder la comida del día.

Pero ojo, que al ser Valencia zona republicana, el Ayuntamiento o la Junta de Defensa, imprimía sus propias cartillas. De tal modo que la que se imprimía en Valencia sólo servía para Valencia, en ningún otro pueblo ni ciudad de España. A veces las gestionaban los sindicatos, y en la portada se leía “Comisaría General de Abastecimiento ”o “Consejo Municipal de Valencia”

Se hacían en imprentas locales y el papel era de muy mala calidad. Hojas dobladas en dípticos o en trípticos con pequeñas casillas numeradas sin el nombre del producto, porque a saber qué alimentos iban a llegar ese día. Como había carencia de carnes y huevos, tan necesaria la proteína, en Valencia, se creó una cartilla especial, específica para regular la carne, aparte de la de los comestibles.

Los puestos de venta en el mercado perdieron la libertad de fijar precios. La comisaría de Abastecimientos controlaba con mucho rigor lo que se cobraba para evitar la especulación. Los mostradores los vigilaban los milicianos y los guardias para evitar saqueos, organizar turnos en las colas y que nadie comprara más de los estipulado por su cartilla.

Eran tan habituales estas colas y había tal cantidad de personas, que se hacían peligrosas, por lo que se diseñaron carteles alertando sobre la infiltración enemiga y los riesgos de los bombardeos.

Una vez logrado llegar al interior del mercado, en cuestión de minutos se agotaban los alimentos que llegaban de la huerta valenciana y tras pocas horas la mayoría de puestos tenían que cerrar por la falta de provisión, así que, tras pasar la noche esperando en la cola alguien se volvía a casa con las manos vacías.

La picaresca añadía que para duplicar turnos en diferentes puestos a la vez se utilizaban a niños y ancianos. Los había que con miga de pan borraban los sellos de las cartillas para ser despachada la comida por segunda vez.

Y que no estuviera a punto de terminarse algún producto, porque los empujones y discusiones, en parte debido al agotamiento físico y los nervios se hacían de notar.

El refugio más cercano al Mercado Central estaba en la calle Alta. Si sonaban las sirenas era el que más próximo les quedaba para los que allí estaban y para los vendedores, aunque a unos metros más tenían el del ayuntamiento o el de Serranos.

Los vendedores exteriores abandonan los puestos por negarse a vender el género a precio de tasa. ( Fot. Cabedo)

Pero tal y como se ve en la segunda fotografía, en el exterior del mercado, tanto en la propia plaza, como en las calles cercanas, habían muchas paradas clandestinas, debido a las estrictas regulaciones que sufrían los puestos del interior. La policía y los milicianos controlaban los precios y las cartillas dentro del edificio, por lo que muchos agricultores optaban por no entrar. Improvisaban pequeños puestos callejeros, incluso mantas en el suelo o directamente en los carros que habían transportado el género, y a precios libres, por supuesto más caro. Los guardias hacían la vista gorda en este caso. Pero como el Gobierno Republicano así los indicaba, de vez en cuando hacían redadas sorpresa en la zona exterior. De repente confiscaban toda la mercancía ilegal y detenían a los vendedores por delito de especulación.

Puede que la mayoría o no lo han vivido o no lo recuerden, mas bien sí la posguerra, pero se lo habrán contado que se hicieron muy populares los trampantojos culinarios. Tortilla sin huevo a base de harina, que la mayoría era de maíz o de almortas con agua, sal y un poco de bicarbonato, para que aquello subiera. Un toque de azafrán o colorante daría la ilusión amarillenta.

Aros de cebolla rebozados en harina y fritos recordarían a los calamares a la romana. Y sin dejar atrás la piel de plátano machacada como una excelente crema.

De café nada. El agua se infusionaba con cebada tostada, achicoria o algarrobas.

El chocolate era la pulpa de la algarroba seca y molida fina.

El pan era la mezcla de escasa harina de trigo con salvado, cebada, e incluso bellotas trituradas para cundir la masa.

En el campo se recolectaban plantas para cocinarlas en forma de gachas, tal como eran las tagarninas o las almortas.

Texto de Amparo Zalve Polo

martes, 24 de diciembre de 2024

HACIA EL NUEVO MERCADO

 

Este es el aspecto que ofrecia la zona cuando ya se habían iniciado las obras para la contrucción del Mercado Central. Tras los derribos, la primera piedra para su fábrica, y en presencia de los Reyes, se había colocado en Diciembre de 1915.

Un viejo proyecto que con mejor intención que fortuna se había iniciado 33 años antes. El ayuntamiento de aquellos años lo consideraba necesario para la Ciudad, pero al no prósperar la idea, se abandonó en el cajón de los recuerdos. Sería en el año 1910 cuando se retomó la idea, y con acertadas bases y la realización de un emprestito de cinco millones de pesetas, los problemas fueron superados a base de valentía y con merecido éxito. La vieja promesa se puso en marcha.

La foto que ofrecemos puede datarse avanzado el año 1916, en la que se aprecia los primeros trabajos tras la explanación del solar y la construcción de las necesarias columnas para creación del sotano para el servicio del mercado.

A la izquierda se observan los edificios recayentes a la calle Molina Na Robella, mientras a la derecha se corresponden con los de la plaza del Mercado. La Iglesia de los Santos Juanes centra la imagen. La Lonja luce garbosa con su torreón que había sido almenado tras su restauración de principio del siglo.

El Mercado Central fue inaugurado en 1928, convirtiendose con el paso de los años en uno de los lugares más visitado de la ciudad por los forasteros que nos visitan.

viernes, 25 de octubre de 2024

DE CAMINO AL MERCADO EN LOS AÑOS CUARENTA

       
    
Detrás de la Plaza del Mercado. Parte trasera de la Lonja. Calle de la Lonja.  
 
A horas de media mañana, en los recuerdos de los años cuarenta, por los alrededores del Mercado Central el alboroto llegaba a su máximo nivel. Como indicaba la época, las mujeres de oscuro, solo por eso, porque imperaba el luto o en todo caso el alivio luto. Delantal, muchas veces para que la muda durara más tiempo sin estropearse. Las cestas para la compra, los hatillos de tela de sarga, algunos de cuadros combinados de color amarillo y naranja, estos los solían llevar más los hombres.


El paso era apresurado por la Llotgeta, a tan solo unos metros se encontraba la larga escalinata que subía al interior del Mercado.


Al salir del Mercado llamaban la atención los varios puestos exteriores con multitud de cacharrería en hierro y casi siempre hacía falta renovar, una paella, una regadera, una sartén...Aunque si pasaban por la iglesia de los Santos Juanes, los bajos también estaban repletos de cacharrería.


Llegaban por la calle lateral entre la iglesia de los Santos Juanes y el Mercado, por la calle Vieja de la Paja, a un conglomerado de calles antes de que se formara la Avenida del Oeste. Los carros llenaban estas calles tanto para llevar, como para recoger género de cualquier puesto del Mercado.


También abundaban las paradas de frutos secos adosados a las paredes del Mercado frente a la Lonja, perfectamente colocados, y en abundancia, sobre telas blancas en grandes cestos a los que cubrían toldos para evitar el resecamiento por el sol.


El regreso a casa cargados de compra llenaba las calles de los alrededores, se hacían estrechas al paso de la gente, los carromatos y los carros.

Texto de Amparo Zalve

martes, 23 de julio de 2024

LA PRIMERA DEL MERCADO CENTRAL

 

Ya se han podido ver imágenes de este histórico edificio, pero esta fotografía tiene una connotación especial, la reciente construcción.

La Llotgeta de la fotografía debió ser del año en que se acabó y se inauguró. Siendo la primera pieza de todo el conjunto que iba a formar el Mercado Central, sirviendo como Oficina Municipal de Administración de Mercados, y albergó la vivienda y dependencias del administrador gerente.

Todo el conjunto del Mercado Central comenzó en 1914 y acabó en 1928, siendo este anexo el primero.

La descripción del edificio no tiene lugar en esta entrada, puesto que está ya en otras del blog. Me limito a decir lo que se ve en el momento de la fotografía y lo que no se ve.

Casi la totalidad la ocupa este edificio, dejando ver tras él la acelerada construcción del gran Mercado Central, carente todavía de las bóvedas y sus correspondientes y curiosas veletas, la “Cotorra” y el “Pescado”. Aquí la única que podía alternar con la veleta del dragón de la Llotgeta, y que no se ve, porque la tapa, era el “Pardal de Sant Joan” de la iglesia de los Santos Juanes, aunque sí que se ve la torre recayente a la fachada trasera de la iglesia.

En la entrada de medio punto recién estrenada aparece un pequeño grupo de personas, y todavía quedan los puestos de venta del Mercado Nuevo en la Plaza del Mercado, protegiendo los productos de venta con entoldados, pasando por delante de la lonja de los mercaderes que se aprecia a la derecha.

Cabe también resaltar que todavía no se había instalado la bonita valla que después rodearía el edificio.

A tenor de lo que se ve por la zona izquierda poco quedaba ya para que todo el conjunto del gran mercado estuviera a punto.

Texto de Amparo Zalve

sábado, 4 de mayo de 2024

POCO TIEMPO HABIA PASADO DESDE QUE SE INAUGURÓ

 

        
A primera hora de la mañana la tía Tomasa, como todas las mañanas por devoción, entraba en la plaza. No solo por llevarse los primeros cogollos y las primeras judías de la parada del mercado, no le gustaba el “rebuch“, sino que también era una de las únicas posibilidades para salir de casa. Enlutada desde hacía unos años cubría su cabello con un pequeño velo negro, porque del luto no se podía quitar, por su hermano que había fallecido hacía un año y por los dos meses pasados que el tío dejó tierra.

Disfrutaba de ver como un matrimonio pasaba contento muy cerca de ella. Afloraban los recuerdos a su mente, pero solo los bonitos, tal cual veía a la pareja reflejaba en sus caras la de su pobre Matías y la de ella, cuando tan solo hacía cinco meses pasaban casi a diario por la plaza.

No habían tenido hijos, pero le hubieran gustado. ¡Así sería como iaia! Exclamó al ver a un pequeño niño que se paraba delante de su abuela a la vuelta del mercado para observar una pequeñita chapa reluciente entre dos adoquines.

-¡Por ahí va la sirvienta de la Patro! Se cree que no la he visto porque sabe muy bien disimular. Que su señora la envía al mercado pronto para que llene la cesta con lo más fresco, pero ella, la muy avispada, la hace rápidamente, porque sabe que en la puerta de la camisería esta Leopoldo que la pretende.

Los puestos de flores adosados a la fachada estaban vacíos. Al menos los de la otra parte sí que los tenían abiertos, y ella hoy quería hacerse una copia de la llave de la puerta de su vecina, por eso de si les pasaba algo por estar solas y viudas. 

Y ahora tocaba subir las escalinatas, por la parte izquierda y bien agarrada.

Texto de Amparo Zalve

sábado, 20 de abril de 2024

ONOMÁSTICA DEL REY ALFONSO XIII

 

Archivo Municipal

1928 - Por parte del Ayuntamiento se había tenido la intención de la inauguración del nuevo Mercado Central y su puesta en marcha en el mismo día de la onomástica del rey Alfonso XIII, el 23 de enero de 1928, pero por retrasos en la adjudicación de los puestos, no pudo cumplirse con el deseo del alcalde Marqués de Sotelo.

Ello no significó que aquel lunes pasara por alto para los munícipes, con la celebración de diversos actos y con la participación del estamento militar, como lo fue una recepción en el Salón del Trono de la Capitanía General a la que asistieron las autoridades judiciales, municipales, religiosas, la Diputación en pleno y el cuerpo consular, sin faltar instituciones civiles, finalizando el acto con una desfile militar por la plaza de Tetuán.

Hubo una comida en el Mercado Central obsequiada a los pobres que fue servida por las señoritas de la burguesía valenciana, al tiempo que en el Hotel Reina Victoria tenía lugar el Banquete de la Nobleza.

Aquel 23 de enero se cerró con un concierto en el interior del Mercado a cargo de la Banda Municipal que lució, gracias a su alumbrado, un aspecto fantástico ante una gran concurrencia.

La curiosa fotografía del Archivo Municipal anuncia su celebración: “Mercado Central. Hoy 23 Enero 1928 con motivo de la fiesta onomástica de S.M. EL REY y terminación de las obras, concierto por la banda municipal de 11 a 12 noche”.

Para la puesta en marcha del mercado hubo que esperar al 15 de Marzo de aquel año.

jueves, 4 de abril de 2024

DE "MERCADO MORUNO" A MERCADO CENTRAL.

 

Este es el aspecto parcial que ofrecía la plaza del Mercado en la primera década del siglo XX. Años en los que desde el Ayuntamiento se barajaban las distintas opciones para la construcción de un mercado cubierto que modernizara la zona, dejando atrás, y ya desde época musulmana, el aspecto abigarrado de una zona que en los días de mercado se cubría en su totalidad a base de puestos portátiles cubiertos por lonas. Eran los años en los que Blasco Ibañez veía la necesidad de hacer desaparecer aquel mercado de aspecto moruno, para la construcción de uno nuevo cubierto a base de hierro y cristal.


Vemos la Iglesia de los Santos Juanes con su aspecto barroco de principios del XVIII que se adentra por la calle Vieja de la Paja en cuyo extremo se alza su campanario. Con las Covetes de San Juan de la primera década de aquel siglo. Y a su izquierda la “Casa del Principal” donde se alojaba una compañía militar de tiempos muy antiguos al cuidado de las ordenanzas municipales, en una zona que era el auténtico pulmón comercial de la ciudad.


Entre los diversos proyectos que se barajaban se decidió la construcción de un nuevo mercado cubierto en la zona limitada por las calles Vieja de la Paja, Molino de la Robella, Calabazas y Mercado de las Flores, dándose en febrero de 1910 el pistoletazo para el inicio de los derribos de todos los edificios situados en el entorno citado, en el que permanecía el Mercado Nuevo de 1839.


La primera piedra se colocó en noviembre de 1915 con la presencia de SSMM los Reyes de España.


Ya se pensaba en dos lonjetas anexas al mercado, una para alojar la administración del propio mercado y otra a la Guardia Municipal, cuyo edificio fue el último resistido a su derribo, toda vez que dificulta las obras ya iniciadas.


Por fin, en junio de 1917 el Capitán General aceptó el traslado de la Guardia a la Lonja de los Mercaderes enfrente, donde permanece la guarnición hasta marzo de 1922 con la recepción del nuevo Pabellón de la Guardia.


Una foto que nos informa que para el tranvía eléctrico aún no había llegado su hora y el “pardal de Sant Joan” en lo alto protagonizaba una bonita historia en el “Arroz y Tartana” de Blasco Ibañez.

martes, 8 de febrero de 2022

EL MERCADO EN LOS INICIOS DEL SIGLO

 


El Mercado en 1900

Con el cambio de siglo la zona del mercado torno a su plaza se había quedado pequeña. Por la demanda existente faltaban puntos de venta y el sitio disponible se disputaba por centímetros. Los enfrentamientos entre los vendedores era lo habitual y la Comisión de Mercados no podía atender las peticiones de los nuevos mercaderes para su ubicación. 

Se imponía pues la construcción de un gran mercado cuyo proyecto ya caminaba por los despachos municipales, en aras de conseguir  un Mercado Central con el reto de convertirse en el mejor de España.

Sin embargo, no opinaba así la prensa, que hacía hincapié en que "lo mejor suele ser enemigo de lo bueno" y un proyecto de tanta altura debía dejarse para tiempos mejores, aspirando, por consiguiente, a una esfera más modesta.


El ensanchamiento del mercado era lo aconsejable, situación al alcance mediante la expropiación de dos manzanas: la comprendida entre las calles de  Magdalenas y Conejos, y la situada entre ésta última y la Vieja de la Paja.

Con su ampliación podrían acudir nuevos vendedores con el logro de dos importantes mejoras: un mayor ingreso para el Ayuntamiento y una mayor baratura en los artículos, pues al coincidir mayor oferta y la misma demanda, con las leyes económicas vigentes, los productos bajan su precio, pregonaba el periodista.

Estimaba la prensa en un costo próximo al millón de pesetas para conseguir mayor superficie, al tiempo que abogaba por la construcción de pequeños mercados al estilo del de Ruzafa, que había tenido un costo de 54.000 pts. 

Con todo, y ya en 1910, bajo la alcaldía de Ernesto Ibáñez Rico, es cuando se toma la decisión de construir un monumental mercado. Tuvieron que pasar unos años para la colocación de la primera piedra del que sería Mercado Central, el 30 de diciembre de 1915, que entraría en funcionamiento cuando finalizaba la tercera década: el 23 de enero de 1928.

sábado, 16 de enero de 2021

MERCADO CENTRAL Y SANTOS JUANES

 MIRANDO HACIA ARRIBA

1928 - Archivo Municipal

Nuestra plaza del Mercado es un conjunto de valores artísticos y estéticos y en cuanto elevas la mirada tropiezas con tres edificios singulares de València. La Lonja de los Mercaderes desde la que vemos enfrente el Mercado Central y la Iglesia de los Santos Juanes, edificios estos últimos que vamos a mirar por todo lo alto.

Sobre las cúpulas y cupulines del modernista Mercado Central, inaugurado en enero de 1928, encontramos una serie de varillas y veletas metálicas decoradas con unos artísticos trabajos de muy buen gusto. La central y más alta representa una verde cotorra, que nos lleva a pensar en la “Cotorra del Mercat”. ¿A qué alguna vez habéis oído hablar de ella?

La “Cotorra del Mercat”. Foto E. Goñi, febrero 2019.

En la parte superior de la zona de pescadería, qué podemos esperar, pues naturalmente un pez con los tonos plateados de sus escamas.

Pez del Mercado. Foto E. Goñi, febrero 2020.

En los dos edificios auxiliares de ladrillo cara-vista rojizo que están en los laterales de la fachada principal vemos sobre unos vistosos cupulines cónicos de cerámica, muy atractivos, un dragón en cada lado, o a mi así me lo parece.

Dragón del Mercado. Foto E. Goñi, febrero 2020.

Dando una vuelta al Mercado, sobre unos pequeños templetes, a ambos lados de la puerta trasera encontramos lo que creo que son un perro en cada uno. Yo diría que estos dos últimos son veletas, de los dos primeros tengo alguna duda.

Templete con perro? Mercado. Foto E. Goñi, febrero 2020.

Cambiamos de edificio y miramos a lo alto de la fachada que da a la plaza del Mercado de la Iglesia de los Santos Juanes, cuya primitiva construcción se inició sobre 1240 y tras sufrir varios incendios en 1311, en 1592, cada reconstrucción aportó un cambio de estilo y por fin nos llega tras el incendio de 1936 con lo que quedó de su aspecto barroco.

Vemos en la fachada un excelente trabajo decorativo en forma de retablo, en el que prima la Virgen del Rosario, en lo alto del reloj se fijó una veleta con aspecto de pájaro, El “Pardal de San Joan” que ha dado paso a una curiosa leyenda: Se dice que cuando una familia de cualquier parte del Reino de València tenía algún grave problema económico y no podía mantener a alguno de sus hijos, lo traían desde cualquier lugar del Reino a la plaza y señalándole su padre la veleta le indicaba que mirase muy fijamente al “pardal” porque iba a verlo volar enseguida. Distraído el niño mirando el “pardal” aprovechaba el padre para huir rápidamente, abandonándolo, con la esperanza de que alguno de los mercaderes que había por la plaza lo recogiese como aprendiz y le diera un futuro. Realmente una muy, pero que muy triste leyenda.

Fachada a la plaza de la Iglesia. Foto E. Goñi, enero 2019.

En esta imagen se ve al pájaro en cuestión que lleva colgando de una cadenita un tintero con una pluma, supongo que representa a san Juan Evangelista.

 Cupulín metálico con el “pardal”. Foto E. Goñi, febrero 2020.

Tenemos además un buen trabajo en la cúpula del campanario de la Iglesia, en la fachada opuesta, plaza de la ciudad de Brujas donde podemos admirar en la veleta una flamígera flecha, trabajo bien cuidado, como el anterior.

 Veleta del campanario. Foto E. Goñi, marzo 2020.

Entre pájaros y veletas iba la mirada de hoy. 

Texto de Enrique Goñi Igual

domingo, 19 de julio de 2020

DE SAINETE CORTO CON EL PARDAL Y LA COTORRA



C-¡Bon día pardalet!
P-¡Bon día cotorreta!
C-¿Has visto hoy a la señora del porrat?
P-¿Aún no ha llegado?
C-Te noto algo callado.
P-No he dormido bien. En la calle Bolsería anoche hubo jaleo.
C-¡Pardalet! que no estás acostumbrado. 

¡Pepinos, tomates, lechugas!

P-¡Cómo no voy a estar acostumbrado si llevo aquí muchos más años que tú! He visto de todo, o casi de todo. Cuando tú no habías llegado aún, tenía que tragarme todo el griterío del mercado en la plaza.

C-¿Y por qué no les hacías callar?

P-La bola que llevo colgando del pico no me deja levantar la voz. No como tú.

C-Pero dime, ¿Ves por ahí al hombre del clavel rojo en la mano? ¿Tú crees que la de la falda roja será la destinataria, o será la del vestido blanco? 

¡Melones, sandías, melocotón!

P-¡“ Dotora”, más que “dotora


C-¡Eh, tú, pececito, despierta! ¿No ves que debes de cuidar tus bajos? Estás en tu veleta para que todos vean que custodias el pescado. ¡Muévete que haces falta! En vez de un "pez espada", pareces un "pez navaja". Luego dicen que con todos me meto.

 ¡Boquerón, merluza, calamar!

P-Parece que hoy la Lonja tiene abierta la puerta de las escaleras. 

C-¿Por qué? ¿Para qué? Dime qué sabes, que yo desde aquí no la veo. 

P-!Pregúntaselo a la Paquita, a la Asunción o a la Amparín!, que seguro que ellas lo saben bien. ¡“Dotoras”, más que “dotoras”!

C-Siempre vas con tus secretos. De lo que ves no cuentas. ¡Eres un estirado!

¡Aceitunas, salazones, bacalao!

P-Yo desde mi altura veo historia: desde el Tros Alt hasta la plaza del Doctor Collado, la Lonja, La Compañía y hasta la Plaza Redonda. Y si el viento me gira, el palacio de los Valeriola y la gran cúpula de las Escuelas Pías. Siempre con la cabeza bien recta y hacia donde el viento me la quiera girar. Elegante, culto, poeta y contador de historias.

C-Y... ¿Algo más? Creo que me miras demasiado. Claro que... teniendo delante las gárgolas picantonas de la Lonja...

 ¡Pollo, conejo, morcilla!

P-Siempre estás mirando hacia abajo. No puedes saber si te miro. Suficiente tienes ya con tus cotilleos del mercado.

C-¡Anda bonico! Que algún día, en alguna restauración, a mi me enderezarán el cuello, a ti te quitarán la bola y por fin podré mirarte... Como Dios manda. Un pardal y una cotorra...

¡Patatas, pimientos, cebollas!

Texto de Amparo Zalve Polo

lunes, 27 de enero de 2020

FUE CUESTIÓN DE TIEMPO

Archivo Municipal

Hablamos primero de cinco largos años, los que transcurrieron desde aquel 24 de octubre de 1910 cuando el monarca Alfonso XIII, simbólicamente, dio el inicio a los derribos en la zona para el futuro Mercado Central, hasta el 30 de diciembre de 1915, que se corresponde con la colocación de la primera piedra para construir en estilo modernista el más bello mercado en cuya fábrica no se iba a escatimar medios.

Una cuestión fue la lentitud en el día a día tras aquellas dos históricas fechas, y otra el tiempo empleado, con su problemática, para abrir sus puertas a los valencianos, que desde fecha inmemorial iban al mercado, abierto al sol y a las lluvias en la plaza de su nombre, para comprar los productos de la huerta en su proximidad al templo de los Santos Juanes, en una costumbre que venía de antiguo, desde cuando en época musulmana era una mezquita.

Mercado al descubierto, salvaguardado del sol mediante unas lonas individuales que dejaban su encanto, salvo la zona del Mercado Nuevo de 1839 a cuya entrada y a dos aguas, de madera, allí estaba el conocido como "de las flores", mercadillo que vería sus últimos días en la placita de San Sebastián, a donde había sido trasladado para su utilidad.

Archivo Municipal

Trece años desde la primera piedra  fueron los necesarios para su inauguración en 1928 en una fiesta gastronómica a la que asistieron 1400 pobres, para quienes se habían dispuesto 32 paellas y otras viandas.

Ya en 1884 se aceptó para su construcción el proyecto del arquitecto Adolfo Morales, que pasó al olvido.

Cuarenta y tres larguísimos años tuvieron que pasar para que Valencia tuviera su Mercado Central que ya camina hacia su primer centenario como una de las primeras atracciones turísticas de Valencia.

lunes, 21 de octubre de 2019

BOTIFARRONS, RARA AVIS

 20-02-2018 Botifarrons.- Esteban Gonzalo 

Una de las costumbres de nuestro gran novelista Vicente Blasco Ibáñez era descansar a mitad de la mañana en su cotidiano trabajo literario cuando estaba en su chalet de la playa de La Malvarrosa de Valencia, para almorzar, con frecuencia, un panet amb botifarrons de ceba.

Sin embargo, desde años atrás es un embutido difícil de encontrar en Valencia y no sé si ocurrirá lo mismo en otros municipios tanto a nivel provincial como de la Comunidad. El protagonismo lo tiene el hermano mayor, la morcilla, a pesar que con la misma composición, pero embutidos en tripa pequeña, alargado y con menor diámetro, el botifarró compagina mejor con longaniza y xoricet para los entrepanes.

03-12-2018 José González.- Mdo. Central .- Esteban Gonzalo

Harto de buscar, fue una sorpresa encontrar en 2008 este embutido delgado en José González, carnicería en los palcos 41-47 del Mercado Central de Valencia. Y allí, además de en las paradas 37-39 del Mercado de Ruzafa, continúan vendiendo sabrosos botifarrons junto con excelentes carnes y otros tipos de embutidos. Establecimientos donde José González Belda y sus hijas Sonia, Ana y Laura, son la cuarta y quinta generación de una saga de carniceros provenientes de Algemesí. 
03-12-2018 José González.- Mdo. Central .- Esteban Gonzalo

Texto de Esteban Gonzalo Rogel.

martes, 8 de octubre de 2019

LA CALLE DE NA ROBELLA


Con la llegada de la República el nombramiento de un nuevo alcalde no podía sorprender a nadie y Agustín Trigo Mezquita del Partido de Unión Republicana Autonomista tomó las riendas de un consistorio que se enfrentaba a nuevos retos, justo dos días después de la implantación del nuevo régimen.

Hacía más tres años, marzo de 1928, que el nuevo Mercado Central había abierto sus puertas, lo que supuso una radical transformación en todo su perímetro urbano, que aún sería de mayor calado en la siguiente década.

Dos circunstancias ocuparon la agenda del nuevo alcalde centradas en la calle de Na Robella, con anterioridad denominada como Molino Robella, de cuya problemática se hizo eco el periódico El Pueblo. Y así,  en agosto de 1931, se denunciaba por la prensa el cambio de su nombre.  

En su defensa, el Alcalde Agustín Trigo salía al paso informando que había sido una decisión de la antigua alcaldía que había encargado los nuevos rótulos, y que él había ordenado su colocación una vez recibidos. No obstante se estaba a la espera de un nuevo informe del cronista Luis Cebrián para su consideración.

Pero mayor perjuicio para los vecinos fue lo que ocurría en la calle de Na Robella, cuando todas las noches, antes de la una, se concentraban las huertanas ante la puerta del mercado para formar una larga cola con un saco de paja donde dormir, o sobre el duro suelo, con el objetivo de lograr el mejor puesto en el interior al abrir sus puertas tras el amanecer.

Y como muchas de ellas no podían dormir, se pasaban la noche entre gritos, charlas y discusiones, con las lógicas molestias para los vecinos de tan apretada calle, anexa al mercado.

Y este fue el motivo que una comisión de vecinos se presentará ante el periódico El PUEBLO en el mes de noviembre para su denuncia, y con la esperanza de que la misma llegaría al Alcalde.

De inmediato llegó la respuesta por parte del Presidente de la Comisión de Mercados, señor San Vicente, quien dijo que ese turno era obligatorio, por no tener puesto fijo las labradoras, y que lo único que procedía era dar parte a la Guardia Municipal para que guarde el orden en la cola, sin causar molestias a los vecinos.

Las nuevas ordenanzas para el mercado y la desaparición de la calle,  dejaron atrás este pequeño anecdotario resuelto con el paso del tiempo.

domingo, 21 de julio de 2019

LA ESPECTACULAR FERRETERÍA DE GUILLERMO PEDRÓS

Palcos en 1959.- Archivo Ferretería Guillermo Pedrós.

Acostumbrados a ver una ferretería ubicada en uno o dos bajos con objetos colgados en la fachada o colocados al pie de sus puertas, resulta llamativo para indígenas y visitantes la de Guillermo Pedrós Llevata que ocupa los palcos exteriores números 1 al 8 del Mercado Central, en la parte recayente a Vell de la Palla, calle que separa el edificio del mercado, inaugurado en 1928, de la iglesia de los Santos Juanes.

Cazuelas de barro y paelleras de numerosas medidas, juntas para ollas a presión, abridores para conservas en frascos de vidrio, pucheros de hierro fundido para cocinar sabrosos guisos, parrillas, barrales, exprimidores, porrones, menaje de cocina y de mesa, botas para vino, recuerdos cerámicos o metálicos de València, y un largo etcétera, con la amplia oferta repartida entre el interior y el exterior de los palcos, y en el espacio libre hasta la Llotjeta oeste.


Menaje de barro cocido.- Foto Ferretería Guillermo Pedrós.   

En los años sesenta del pasado siglo veinte Asunción Pedrós Villanova compró un palco (un par de metros de ancho) para vender herramientas para labradores y albañiles, menaje de cocina y utensilios de hojalata, y, paulatinamente fue adquiriendo los siete restantes, hasta conformar el extenso negocio con llamativa exposición que gestiona su sobrino Guillermo Pedrós con su empleado José Domingo, y aúna la oferta de entonces más las de productos posteriores, incluidos souvenirs, ya que es una calle muy transitada por turistas.


La exposición exterior actual   31-01-2019     Esteban Gonzalo

En la foto de 1959, que exhiben en el centro de una paella, se ven dos comercios de ferretería ocupando tres palcos que están separados por uno vació, y en la parte más cercana a la avenida del Oeste, el que regentaba un afilador y cerrajero.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel
   

domingo, 24 de diciembre de 2017

EL SÓTANO DEL MERCAT CENTRAL


Archivo Municipal

1935 Ca. - En los días previos a la Navidad de los años cincuenta no era este, precisamente, el aspecto que presentaba el sótano del Mercado Central que por lo que se observa en la foto no debía de hacer mucho tiempo de cuando su inauguración en 1928.

La década de los cincuenta se correspondió con los años de las estrecheces y las restricciones de luz, con los zapatos de media suela y los pantalones con remiendos, con los litines en la mesa y la zarza como refresco, mientras un vaso de Jumilla calentaba el cuerpo en la barra de un bar. El Rioja aún no había llegado a sus anaqueles, aunque el racionamiento había pasado al olvido, desaparecido en el año de 1952. 

Sin embargo, con la llegada de las fiestas navideñas y con ellas la noche de Nochebuena y la comida de Navidad, había que estirar de la manga al calor de la familia que se reunía con larga sobremesa afinando villancicos que siempre eran los mismos.

El suministro de gallinas y pavos vivos más algunas que otras viandas estaban gustosamente garantizados en los bajos del Mercado Central, donde también se ofrecían las zambombas y los “carrancs”.

Papadas y crestas rojas competían exultantes unas con otras ante los clientes que asistían con sus cestas de mimbres dispuestas para la mejor oferta a pesar de unos bolsillos que tanto en cuanto llegaba la Nochebuena estaban esquilmados.

Y pese a ello, aún había que hacer un aparte para las estrenas, en especial las de los padrinos a sus ahijados: una costumbre ya sin arraigo fustigada en su olvido. 

La cuesta de Enero presentaba sus primeros pasos.

miércoles, 24 de mayo de 2017

LA DESAPARECIDA CALLE MOLINO ROVELLA

Archivo Municipal

1935 Ca. - Con la construcción de la avenida del Oeste iniciada en los años cuarenta se puso fin a una calle que había permanecido en el nomenclátor de la ciudad desde muy antiguo. Su nombre, Molino Rovella, ya figuraba en el plano del Padre Tosca como continuación de la calle "Sabonería Nova".

Calle por lo tanto desaparecida cuyo nombre se establecía en recuerdo del "Molí de la Sequía de Rovella", allí mismo ubicado, del que se tiene conocimiento en la época de la Reconquista y que tras el amurallamiento cristiano de la ciudad, era el único que existía en su interior, cuyos restos afloraron en el año 2008 cuando se iniciaron las obras para la construcción de la futura línea del metropolitano.

Durante los siglos XVI y XVII el molino albergó la imprenta de Pedro Patricio Rey, de gran producción literaria valenciana. 

Vemos en la imagen de los años treinta una vez construido el Mercado Central (modernista: marquesinas, hierro y cristal en singular armonía) y en primer foco, la rampa de acceso a sus sótanos, y, a la vez, el aspecto que ofrecía la calle Molino Rovella, muy ceñida, de la que se asoma a la derecha la de Juan de Villarrasa. 

domingo, 30 de abril de 2017

AL MERCADO CENTRAL POR LA TARDE

Archivo Municipal

El Mercado Central se iba incorporando en la vida social valenciana y a poco más de dos meses de su inauguración, los puestos de venta estaban prácticamente otorgados. Ahora se trataba de reglamentar sus horas de servicio al público.

Atrás quedaban aquellos años de dificultades qué tanto retardaron su puesta en marcha y en su interior se concentraba la conexión huerta ciudad, principalmente, que hasta entonces y desde época moruna, se venía produciendo al aire libre en la plaza del Mercado, lugar también de fiestas y saraos, de justas y homenajes, con emplazamientos añadidos de fuente y horca útiles para distintos fines.

Un antes y un después que iba a convertir a la “nueva catedral de los sentidos” como epicentro de la vida comercial llamada a abastecer las mesas de las diferentes clases sociales, en cuyo interior, bajo veleta de la “cotorra del mercat”, estaban llamadas a mezclarse todas. 

No es de extrañar pues, que a partir de 30 de abril de 1928 y ante la demanda ciudadana, se modificara el horario para acceder a  sus productos. 

Y desde aquella fecha, y “por acuerdo de la Subcomisión correspondiente todas las tardes menos los domingos y hasta nueva orden se abrirá el Mercado Central a las 4,30 reanudándose la venta en los puestos cuyos ocupantes quieran realizarla”, tal y como se indicaba en la prensa de aquel día.


viernes, 31 de marzo de 2017

LA PRIMERA PIEDRA PARA EL MERCADO CENTRAL

Archivo Municipal

La cronología del Mercado Central comienza de forma oficial en 1884 con un concurso público que premiará al mejor diseño. Sin embargo, ya en el nuevo siglo y en su primera década, se acometieron nuevos proyectos que tuvieron su continuidad a los largo de los años siguientes.

Su ejecución lenta contrasta con la rapidez de las obras del Mercado de Colón, con seguridad por su influencia en el "primer ensanche", ejecutado en una zona que no presentaba la problemática de la situada frente a la Lonja, de origen moruno, donde se alternaban las dificultades de su construcción con la tramitación de los derribos, amén de los frecuentes enfrentamientos entre los munícipes.

Trece largos años fueron necesarios para su inauguración desde aquel día 30 de diciembre de 1915, cuando entre maceros, clarines, concejales, arquitectos, contratistas, cargos relacionados con el Mercado y bajo la presidencia del Sr. Prieto en representación de la Comisión de Mercados, se procedió a las diez de la mañana de aquel día a la colocación de la primera piedra que fue bendecida por el delegado del Arzobispo, asistido a su vez por el párroco de la iglesia de los Santos Juanes. Para el acto fue situada una tribuna frente a la Lonja, idéntica a la que se había utilizada el mes anterior y para el mismo acto de la futura Casa de Correos, con igual altar e idéntica efigie del Divino Crucificado.

La primera pala de cemento vino de las manos del  Sr. Prieto mediante una paleta de plata con la siguiente inscripción:

“Ante el señor alcalde  de Valencia, don Miguel Paredes García, se colocó la primera piedra del nuevo Mercado Central en 30 de diciembre de 1915”. 

Siendo aquel quien a continuación y en larga alocución, inició sus palabras mencionando los treinta y tres años que fueron necesarios para que el Ayuntamiento, con mayor o menor fortuna, lograría hacer realidad el proyecto que aquel día se iniciaba. 

Viejos edificios, lonas y "el Principal" -en su desaparición- iban a dar paso a un nuevo Mercado Central, que, en la actualidad y de camino a su primer centenario, es uno de los lugares que mayor atención presta al turista viajero cuando llega a nuestra ciudad.