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domingo, 20 de diciembre de 2015

HIJO DE MIGUEL MATEU


Archivo Rafael Solaz

1930 Ca. - Miguel Mateu y Pla,  conocido por "Mateu dels Ferros ", hijo del creador del mítico Hispano-Suiza, fue líder en la industria del hierro. Desde la ciudad condal, con sedes en Madrid, Valencia y Bilbao, abasteció desde sus fundiciones a los empresarios de la construcción que optaban por las mejores obras de acuerdo con el estilo modernista que se había impuesto avanzada la segunda mitad del siglo XIX, con predominio del cristal y el hierro, en sus diseños de vanguardia para las llamadas a ser emblemáticas edificaciones del nuevo siglo construidas en sus primeras décadas.

Pero su mercado no tenía límites y desde sus fabricas y fundiciones atendía todas las peticiones del sector, desde el sencillo clavo a la más sofisticada herramienta. La industria de la construcción no podía estar ajena a las constantes innovaciones que en el primer tercio del nuevo siglo surgían de Hijo de Miguel Mateu.

Con domicilio en la calle Guillen de Castro número 5 y telefono 13000 redondo, la empresa iniciada por "Mateu dels Ferros" contaba en Valencia con apartadero ferroviario propio situado cerca de su almacen de viguetas y hierro existente en unos terrenos proximos a la playa de vías de la Estación del Norte.

El ciclista que vemos en la foto ha dejado atrás, a su izquierda, la Facultad de Medicina y el Mercado de Abastos y pedalea frente a la Iglesia de San Agustín, al tiempo que nos permite contemplar la publicitaria fachada de Hijo de Miguel Mateu, empresa al servicio de la construcción: hierros, aceros, tubos, ... clavos de hierro, se lee.

jueves, 15 de enero de 2015

ACERAS CONTRA EL BARRO

1834 aceras contra el barro

El adoquinado y el agua potable aún tardarían en llegar, pero se hacía necesario el enlosado de las aceras en calles y plazas de Valencia. Los aires de la revolución industrial llegaban a la ciudad tras la década ominosa (1823-1833) y en aquella Valencia desamortizadora el antiguo régimen veía el fin de sus días con la aparición de una burguesía dispuesta a sustituir las viejas costumbres, encaminándose hacia el progreso. Había que sustituir el convento por la tienda y el campanario por la chimenea.

La revolución burguesa iniciaba su andadura, el polvo y el barro no eran el mejor camino.

Desde el Gobierno Civil se instaba a que la ejecución y coste de la aceras recayeran sobre los propietarios de las casas, marcando un corto plazo para su ejecución. Ante su incumplimiento, sería el propio Ayuntamiento quien acometería las obras, embargando los alquileres el tiempo necesario.

De programar el ambicioso plan de aceras se encargó el Ayuntamiento, indicando las calles que en un principio iban a ser objeto de la mejora.

Fijando el Micalet como punto de salida, dieron prioridad a las calles de Zaragoza, Miguelete, Caballeros hasta las esquinas de Calatrava; plaza del Esparto, Bolsería, del Trenque a San Fernando, Porxets y Cajeros, San Vicente hasta su puerta; la Bajada y plaza de San Francisco, las calles de la Sangre, Barcas, de la Universidad y de la Nave, plaza Comedias, plaza del Colegio del Corpus Christi y de Villarrasa,  calle Culleretes, Mar, las plazas de Santo Domingo y Santa Catalina, Arzobispo, la Almoina, el pórtico de la Virgen, San Bartolomé y Manises, la calle de Serranos, la plaza de Mossen Sorell hasta la Corona; la calle puerta de San José, Alta y Baja de Alfondech, plaza del Carmen y calle de los Mártires hasta la puerta de Ruzafa, la de Cuarte, igualmente hasta su puerta con la plaza Santa Úrsula, que tal y como vemos en el plano, fueron las primeras calles y plazas de la Valencia amurallada instadas a enlosar sus aceras.

La epidemia del cólera en su primera aparición, obstaculizó el proyecto, con un nuevo intento después, aunque la poca predisposición de una gran parte de los vecinos hizo fracasar aquel avance que se consumó años más tarde, en 1845, con el inicio del empedrado de las calles.

La figura de José Campo aparecía en Valencia, y con él, la "revolución industrial" adquiriría un fuerte impulso.

Bibliografía: Valencia en la Revolución (1834-1843) de Ivana Frasquet.

miércoles, 21 de mayo de 2014

LA MAQUINISTA VALENCIANA, LA “REVOLUCIÓN INDUSTRIAL” EN LA CIUDAD

sala de tornos de la maquinistas valenciana  fuente alvarez rubio

Sala de tornos de La Maquinista Valenciana – Fuente: Álvarez Rubio

Ca. 1890 - La revolución industrial en Gran Bretaña, que se había iniciado lentamente ya avanzado el siglo XVII, no fue fruto de una estrategia previamente diseñada, sino por la espontanea coincidencia en el tiempo y lugar de una serie de circunstancias concatenadas que la hicieron posible, enmarcadas  en lo político, lo social y lo geológico, así como con el viento a su favor de las nuevas tecnologías y con su geografía fluvial favorable. 

Sus efectos tardaron en llegar al continente, y aún mucho más tardíamente a España, donde el convulso siglo XIX hacia de barrera infranqueable. 

Sin embargo, su empuje encontró resquicios por donde penetrar, y tras la Restauración, estos vientos favorecieron unos frutos que se exhibieron en Valencia años más tarde con la Exposición Regional de 1909, que iba a significar de forma clara un antes y un después en el nuevo tejido social de la industria manufacturera valenciana, que había buscado y encontrado su espacio en la sociedad agrícola hasta entonces imperante, en donde "La Maquinista Valenciana" fue una referencia relevante.