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lunes, 13 de julio de 2020

BALANZÁ, BARRACHINA Y LAURIA

MIRANDO HACIA ARRIBA
La foto de autor desconocido por los años 60. Remember-València.

Disfrutamos de ellos durante una larga época, fueron las cafeterías punto de reunión o de quedada para los valencianos durante muchos años, en pleno centro; en la hoy plaza del Ayuntamiento, nacieron los tres antes de la guerra civil y ahora son un recuerdo, ya que el Balanzá de hoy está en otro mercado, me parece.

Aquí disfrutamos de varias fotos, que coinciden con ser nocturnas y en blanco y negro, pero nos devuelven a aquellos años 50, 60, 70. Todas ellas están tomadas desde tierra con la mirada hacia arriba, al anuncio luminoso del local.

Casa Balanzá nos muestra lo fácil que era sentarse a la fresca y disfrutar de sus sabrosas recomendaciones para tomar hacia mediodía un vermú, luego entrar a comer y más tarde rematar con un café, o un carajillo.

Disponemos de otra foto mucho más antigua, pero mirando hacia abajo, es decir en picado, también nocturna, en la que bajo a la derecha aparece la primitiva Casa Balanzá la situación geográfica era la misma, pero el tamaño infinitamente más reducido. Crecieron bien, tanto el negocio como el nuevo edificio.

Foto autor desconocido ca. 1915? Remember-València

En el caso de Barrachina la foto nos muestra una de las divisiones del amplísimo local de que disponía, la de pastelería y dulces, había restaurant, cafetería, heladería, incluso en la parte trasera, la del pasaje tenía su club nocturno. Podías pedir un bocadillo para comer fuera o allí mismo con su cervecita, era muy adaptable al consumidor. También Barrachina empezó en un edificio anterior al actual, situado en el mismo lugar, sirviendo a los viajeros de la entonces cercana estación de ferrocarril (hoy el edificio de Telefónica) bocadillos y avíos para comer.

Foto autor desconocido, años 60. Remember-València

Le toca ahora el turno a la inicialmente Lechería Lauria, en los bajos del Hotel Lauria-Roma, que luego era cafetería, pastelería, cervecería, etc. El edificio es el mismo que hoy cubre la esquina de Paseo Ruzafa-Roger de Lauria, ahora reformado. Podemos ver que igual que en los casos anteriores las aceras de València siempre sirvieron para sentarse, ver y dejarse ver, tomando una horchata, un café, leche, cerveza, helado o cualquier cosa apetecible.

Foto autor desconocido, años 60. Remember-València

Como prolongación natural de las anteriores fotos, y también con toma desde tierra mirando hacia arriba está el Paseo de Ruzafa, entre Lauria y Balanzá, donde a primera vista aparece la también desaparecida Cafetería Hungaria y los coches aparcados, muchos luminosos, más la gente que paseaba e iba a los cines y teatros ubicados en la entonces calle de Calvo Sotelo. 

Por cierto fijaos que en el conjunto de las fotos triunfa el Renault 4-4.

Foto autor desconocido, años 60. Remember-València.

Texto de Enrique Goñi Igual

martes, 5 de noviembre de 2019

LA "MOVIDA" VALENCIANA COMENZÓ EN LOS CINCUENTA

  
La noche valenciana quedaba escueta para los noctámbulos y los no noctámbulos, los trabajadores nocturnos que a la salida de su trabajo disfrutaban de tomar  un café, una copa o simplemente de una buena tertulia. Digamos que en su mayoría eran artistas que al terminar su función les apetecía reunirse: autores, cómicos, empresarios, o simplemente admiradores de la salida nocturna.

El caso es que no encontraban lugares donde no dieran el cierre a partir de las tres de la madrugada. Y es que había un horario de cierre establecido según legislación. En la entonces calle de Calvo Sotelo, y junto al cine Lys, la organización de los músicos dio puerta abierta, aunque ciertos incidentes hicieron que aquello acabara.

Después de continuadas reuniones gremiales, se llegó a un acuerdo con el entonces gobernador Jesús Posada Cacho, estableciéndose un turno de cafeterías que abrirían hasta las seis de la mañana, un turno de “bares de guardia”.

! Qué caramba! ¡pues no habían farmacias de guardia!


Se barajaron por proximidad al centro y por capacidad, tres de ellas: Barrachina, Lauria y Balanzá. Aunque también entró en juego la cafetería Hungaria, pero renunció a esa suerte, simplemente por temor a que se les llenara el local de señoritas de “mala reputación”, no fuera que se les acabaran las tarjetitas con las que por el día invitaban al abandono del lugar cuando aparecía una “dudosa”.
   
Las tres cafeterías se organizaron en turnos de manera que cada semana cerraba una de seis a seis y media de la  mañana para proceder a su limpieza. Ni que decir tiene estas reuniones nocturnas no estaban exentas de altercados, pero para eso estaba cerca la “pareja” de la puerta de Correos.
   


Esto duró hasta que se acabaron los turnos con el final de los cincuenta. Entonces, todos a la plaza del Caudillo, junto al cine Rialto, quinto piso, en el local de la Asociación Sindical de Músicos Españoles. Era solo para socios aunque todos tenían la puerta abierta. Grandes tertulias salieron de las noches en el Hogar del Músico.

Texto de Amparo Zalve Polo

martes, 29 de marzo de 2016

LA NUEVA CASA BALANZÁ

Archivo Rafael Solaz

1931 - Don Julio Balanzá, en este año, no pudo cumplir con el deseo de inaugurar su elegante Bar-Café justo cincuenta años después de un 2 de febrero de 1881, cuando su padre, Antonio Balanzá, había fundado la casa. Establecimiento que con el tiempo iba a adquirir tal fama, que su nombre conseguiría traspasar no solo el ámbito de la ciudad, sino el de la región valenciana. Y ello, pese al modesto recinto que ocupaba haciendo esquina con la calle Ribera.

Tuvieron que pasar casi dos meses y el 29 de marzo, Casa Balanzá, ocupando el bajo de un nuevo edificio, abría su local de diez puertas cuya curvatura completa un bello chaflán, dando vida y bullicio al comienzo de las calles Ribera y Pi y Margall ante la plaza Castelar. Centro urbano que en aquel año estaba consiguiendo su mayor superficie y a la vez esplendor, merced a su innovador diseño y bella urbanización a base de nuevos edificios proyectados por los más prestigiosos arquitectos de la ciudad.

Y si en su exterior lucía “su gallarda marquesina, la de mayores proporciones que existen en Valencia” -manifestaba el cronista de Las Provincias- no le iba a la zaga su interior, donde destacaban dos bellísimos retratos de doña Dolores Pascual y de don Antonio Balanzá, como recuerdo a los fundadores. A su planta elíptica se adaptaba un céntrico mostrador dispuesto con una exuberante decoración, donde a base de mármoles, de cristales de Venecia y con la exquisitez de sus dorados y mosaicos, el nuevo café iba a satisfacer a su clientela con la misma profesionalidad que lo había hecho en un pequeño recinto de la calle Pi y Margall durante sus dos años de parada, ahora en un lujoso local pleno de luz solar y con lámparas de moderno diseño para las noches de glamour. 

Como anécdota curiosa del nuevo establecimiento regido por Julio Balanzá junto a sus hermanos, destaca que mantuvo su carta de precios, excepto el del café, que “servido en las mesas costará diez céntimos más que hasta ahora”, con la novedad de ofrecer “la exquisita Leche Wissin, a 45 grados de densidad, única en España”, cuya elaboración a cargo de don Enrique Larruy “no reconoce rival

martes, 17 de febrero de 2015

CASA BALANZÁ

AÑOS 70 CASA BALANZA
Archivo de Rafael Solaz

El chaflán de Casa Balanzá tenía su prestigio. Y con él sigue. Su posición privilegiada ayudaba a ello y la "puerta de Balanzá" era el lugar de encuentro más utilizado, tanto para los ansiosos del ocio en las horas nocturnas, como para cerrar un trato comercial a cualquier hora del día, al igual que para celebrar tertulias de café, copa y puro. Y allí acudían los limpiabotas para dar lustre a los zapatos a quienes requerían de sus servicios desde la hora del café matinal a la de media tarde de cualquier día laborable.

Entrada entre dos calles al “broadway valenciano”, en su barra interior se ofrecía un amplio surtido de aperitivos que hacían las delicias de su fiel clientela, en una rivalidad culinaria que se establecía entre otros afamados establecimientos del centro lúdico de la ciudad.

Tal era el atractivo que ofrecía su fachada, que complementaba su servicio con la publicidad en un marco de gran visibilidad y concurrencia que lo convertían en el ideal para anunciar al Hipódromo El Saler, tal y como se observa en la foto de los 70,  que tras poco tiempo de uso, se quedó en un frustrado sueño de emular a otras prestigiosas carreras de caballos de gran repercusión nacional.

Las máquinas tragaperras se adueñaron del lugar, pero la "puerta de Balanzá" aún sigue fiel para cualquier cita cuando el reloj indique su hora.