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viernes, 30 de diciembre de 2022

ACCIDENTE EN LA FERIA DE NAVIDAD


Son las fiestas navideñas, y como tradición en Valencia aparece la esperada Feria de Navidad. Estamos en el año 1926 y este año se ha instalado en los solares de la antigua Estación del Norte y la avenida de Amalio Gimeno.


La esperada atracción de los aeroplanos

Rellenan el espacio varios artilugios que hacen las delicias de la gente entre toboganes, barracas y circos. Habían traído un tiovivo del que curiosamente colgaban unos aeroplanos por medio de unos tirantes de hierro enganchados al techo.

La tragedia no tardó en llegar, porque en la tarde del 22 de enero, cuando ya las fiestas habían concluido y la feria llegaba próxima a su recogida, una de las vagonetas de ese tiovivo desprendió su aeroplano y todo el artefacto perdió el equilibrio cayendo violentamente al suelo. El impacto hizo que se convirtiera en pedazos.


Vagoneta causante del siniestro

Los ocupantes quedaron sepultados debajo de una maraña de hierro y madera, y como resultado hubo una veintena de heridos y cuatro muertos.

La prensa hizo eco de la noticia rápidamente. Como muestra, estas fotos de las revistas Mundo Gráfico y Nuevo Mundo.

Texto de Amparo Zalve

miércoles, 25 de diciembre de 2019

EN LAS NAVIDADES DE LOS CINCUENTA


Hacer la lista y buscar la libretita para revisar las direcciones de familiares y amigos, aunque vivieran a dos manzanas, para enviar las postales de Navidad. Es la primera tarea para empezar las fiestas. El deseo de compartir felicidad y de llenar los aparadores con decenas de tarjetas semiabiertas con vivos colores de gráficos, belenes infantiles para los mas jóvenes y otros algo más clásicos para los más mayores.

La televisión está preparada para que Pepe Isbert nos acompañe un año más en la película “La gran Familia”. El Belén con multitud de figuritas, cada año dos o tres a añadir, mientras que suena un tocadiscos “Dime niño de quien eres, todo vestidito de blanco...”. Otros prefieren cantarlos  ambientando con “carrancs y panderetas".











Para que no se diga, en Valencia tenemos una gran feria que ponen en la Alameda, en la que no faltan ni el Látigo, ni la Montaña Rusa, ni el “pringarnos” la cara con el algodón de azucar.

Llegado el día de Navidad, y después de la opípara comida de la que hablaremos ahora mismo, es costumbre en los niños dar la vuelta a la mesa y besar la mano cerrada de los mayores para que al abrirla puedan recoger las estrenas, cada uno lo que pueda dar, y en el mismo día gastarla en el kiosco cercano o en la feria por la tarde.

Habrá que preparar dos botellas, una de vino, y otra de champagne junto a una pastillita de turron del duro, el de Alicante, para el guardia urbano.

Nos sentaremos a la mesa habiendo preparado algun guiso con gallina, muy típico en Valencia de toda la vida. Al día siguiente, Navidad. Ahí tomaremos "puchero". Acompañaremos la comida con dulces, principalmente boniato y calabaza asada, turrón, frutas escarchadas y chocolates. Sin olvidar “el cascajillo” con avellanas, nueces, pasas, e higos secos.

Y a esperar al dia de Reyes y que no nos traigan carbón.

Texto de Amparo Zalve Polo

martes, 26 de enero de 2016

CATÁSTROFE EN LA FERIA

1926 - La fotografía de Barberá Masip nos ilustra acerca del fatal desenlace de un suceso en la Feria de Navidad en la tarde de aquel 22 de enero que ocupó las páginas de la prensa local durante unos días, catalogado como "una catástrofe en la feria"

Una de las piezas del "carrusel volador" repleta de gente tras soltar sus enganches salió desprendida, aunque de forma lenta, sobre el público que en gran número asistía a las instalacionesn situadas  en las inmediaciones de la plaza de toros, donde en aquellos años se concentraba la feria navideña, causando la muerte de dos jovencitas de unos veinte años y un niño de once, con más de veinte heridos, algunos de ellos en estado muy grave.

Los accidentados fueron trasladados mediante automóviles, carros y cuantos medios tenían a mano para ser atendidos en el Hospital General y en la Casa de Socorros de Ruzafa, con algunas primeras curas en la farmacia del doctor Frigols situada en la Gran Vía. La causa más probable del infortunio según los ingenieros municipales fue "la abertura de uno de los ganchos destinados a sostener uno de los coches, en el que, según parece, iban acumuladas doce personas".

El juez instructor ordenó la detención del dueño del aparato ferial, del mecánico y de su ayudante. Los comerciantes acordaron cerrar las casetas para no abrirlas hasta después del entierro de las víctimas, al que decidieron asistir.

martes, 15 de julio de 2014

ATRACCIONES PÉREZ

Feria de Valencia. Atracción, tranvía. 1951 Archivo de Rafael Solaz

En los años 50 “Atracciones Pérez” era todo un clásico de aquella feria de Navidad que se concentraba en el paseo de la Alameda, donde acudían sus fans de las manos de sus papás. Los niños en su afán de ser mayores, asían por un instante de gozo volantes y manivelas de aquellos vehículos que más les llamaban su atención, en especial coches de bomberos, ambulancias, trenes y tranvías para demostrar su pericia dando que dando vuelta tras vuelta, hasta que la sirena anunciaba el final del para ellos siempre corto viaje.

Casitas de madera que permanecen en nuestro recuerdo totalmente olvidadas en el baúl de un tiempo próximo a la Navidad, lo que hace que nos preguntemos qué mejor sitio sería el de un “museo infantil”, el que albergara aquellos vehículos en los que jamás faltaba una campana, dispuesta para anunciar el inicio y final a un viaje sin otro destino que el de hacernos felices en tan fugaz travesía.

sábado, 14 de junio de 2014

EL VIEJO TOBOGÁN

Tobogán. Feria de Valencia, ca. 1935
Archivo de Rafael Solaz
1935 Ca. - Esterillas a la cabeza y hacia arriba de balde cuando el aguinaldo mermaba. El viejo tobogán representa una página de nuestra infancia a velocidad de vértigo,  tanto en cuanto su bajada era como descubrir el placer por volar, acelerando en la caída y sin posibilidad de freno alguno.
La subida a pie no era un esfuerzo,  sino la ilusión por llegar a la cima para deslizarte a cielo abierto por el carril de la deriva, que, a su final, y en amortiguada llegada, te recogían en brazos.
Las nuevas tecnologías han desplazado al viejo tobogán al carrusel de nuestros recuerdos, y aquel andamiaje de madera y en espiral, con sus crujidos envueltos entre gritos de juventud, nos llegan en el recuerdo de esta foto de los años treinta, cuya atracción se mantuvo durante unas décadas para desaparecer tras ellas cual desecho amortizado.

jueves, 3 de abril de 2014

LA FERIA EN NAVIDAD

feria de navidad entre germanias y estacion del norte 1925

1925 - Tras los derribos que se fueron produciendo en el centro de la ciudad, motivados por el traslado de la Estación del Norte desde su anterior emplazamiento de la plaza Castelar a su nuevo enclave de la calle Játiva, irían apareciendo nuevos claros en el trazado urbano que llegados los días navideños, eran utilizados para ubicar durante unas semanas la conocida popularmente como Feria de Navidad, que desde las últimas décadas del XIX "andaba" errante por solares torno al Parterre y la Glorieta. De esta guisa, en los solares sitos a lo largo de la actual avenida Marqués de Sotelo y durante unos años más, se irían acoplando las atracciones con sus contornos diferentes. Urbanizada la zona y ya en servicio la nueva estación,  había que buscar un nuevo lugar que la acogiera. Y sería a sus espaldas y en el lateral izquierdo, donde se fue instalando, tal y como muestra la foto de 1925 en la que se observan numerosas atracciones con el frontal de la Gran Vía Germanías y la torre de San Valero al fondo.

Años después, tras el periodo bélico, sería en el paseo de la Alameda y hasta los años setenta donde se concentraron las atracciones; con posterioridad, se optaron por diversas ubicaciones en el viejo cauce del río, al igual que en el solar donde actualmente están las obras paralizadas del nuevo estadio del Valencia C.F., hasta que, finalmente y en la zona del Marítimo, sería el sitio elegido una vez se aproximan las fiestas de Navidad; y hasta nuestros días...

miércoles, 12 de marzo de 2014

EL LÁTIGO DE LA ALAMEDA

mARISOL RUMBO A RIO 1963

1963 - ¡Hoy nos vamos a la feria!

En la Gran Vía Fernando el Católico hay un carrusel, pero yo soy mayor y me aburre tanto subir y bajar de los caballitos. Hoy es mi día de suerte, mi tío va al fútbol y mientras, nosotros, a la feria de la Alameda.

Mi tía me ha prometido subirme al látigo y aquí estamos. ¿Cómo reaccionarán mis primos? El peque está disfrutando, nos oye reír y ríe.

Al mayor le gusta más el  tiovivo, se asusta con los giros rápidos del látigo en los extremos de la pista. Se va encogiendo a cada vuelta un poco más. Le parece que va a salir volando.

Pero los que vuelan son los pelos, el mío no, porque yo llevo el moñito de Marisol en “Rumbo a Río”.


Foto y texto de Pilar Martínez Olmos

martes, 24 de diciembre de 2013

TARDES DE CIRCO Y FERIA

Circo Regües. 1916
1916 - CIRCO REGÜES
La Navidad, de siempre, es y ha sido entre otras muchas ilusiones, de tardes de circo y de feria. Tardes en las que los padres o abuelos cogiendo de la mano a sus hijos o nietos les regalan un par de horas de sana alegría ante el disfraz holgado del sonriente payaso, de asombro ante trapecista que vuela al compás de un halo de luz, de terror por los rugidos de un león que abre la boca tan cándidamente como ellos, de magia por un festival de fantasía bajo la lona entre destellos de luz y silencios de confusión, que, por sus infantiles años, descubren ilusionados.
Feria de la Alameda. Enero, 1964 1964 – FERIA EN LA ALAMEDA
Y de tardes de feria con música de sirenas, y caballitos que suben y bajan abriéndose paso entre cochecitos de bomberos y carrozas de princesas, mientras anhelan llevar en sus manos unos globos henchidos de ilusión y alegría. Las sesiones en el circo Regües que en 1916 abrió sus puertas en la plaza Castelar junto a la vieja estación del tren, rivalizó durante años con la siempre ambulante “Feria de Navidad” que tuvo sus mejores momentos en el paseo de la Alameda, dispuesta para el disfrute del público, tanto para los niños como para quienes habían dejado de serlo.

Fotos de Rafael Solaz.

domingo, 27 de octubre de 2013

LA FERIA DE NAVIDAD EN LA ALAMEDA

feria de navidad años 50

(Con mi agradecimiento a Alberto Alós) 

Años 50 - Cuando se aproximaban las fiestas navideñas, el Paseo de la Alameda mutaba su piel y si en otro momento del año servía como ampliación de la Feria de Muestras Internacional, entre los meses de diciembre y enero se convertía en centro de ocio, de fiesta y de diversión. Un lateral servía para la instalación de las atracciones más diversas, tales como las de los autos de choque, las del látigo, las de la ola, las norias, las del tobogán, las casas de miedo, las que en su interior se mostraba a la mujer barbuda o las de atracciones diversas, siendo una de las que mayor impacto causaba ver desde unas gradas en lo alto a un osado motorizado cómo daba vueltas sin cesar en el interior de un cilindro conduciendo a toda marcha en sus verticales paredes. Y qué decir de las tómbolas en las que el jamón era el premio más preciado, tanto en cuanto era un manjar en compañía del pavo real, sin desmerecer a otros objetos domésticos o los juguetes para Reyes Magos cuando el Papá Noel era el gran desconocido. Y un largo etcétera de atracciones diversas que completaba el Paseo en el que entre una y otra atracción había siempre un hueco para el bufón, el mago, o el de la catapulta que a golpe de mazo daba premio a quien hiciera sonar un casco en lo alto.
Y en el otro lateral, una sucesión interminable de casetas de tiro con premios de todo tipo: desde el del vermut que se deslizaba por un canalillo, el de las pequeñas botellas de licores para coleccionistas, los de la obtención de puntos que daban ocasión a los aún mejores, el de la fotografía instantánea que se producía con el impacto del balín, así como los de tiros con arco, los de con dardo a mano y un sinfín de variantes, a cuyo reto, jóvenes y no tan jóvenes, padres y abuelos, afinando su puntería, disfrutaban de aquellas jornadas de las fiestas navideñas. Vemos en la foto de los años cincuenta el Paseo de la Alameda abarrotado de gente en busca de su atracción predilecta. Paseo que fue durante muchos años el lugar preferido para disfrutar de lo que en largo recorrido se ofrecía a sus visitantes.